Zapatillas de lona

El lunes visité el Hospital donde están recluidos los niños con cáncer, por un rato me separé de la compañía de mi tía Manie y entré a los lugares de recreación que las instalaciones tienen para quienes aún desean divertirse.

Tomada en una tienda en Ciudad de Panama

Cuando le pedí que me permitiera tomar una foto a sus zapatillas, sonrió con gracia, y casi con ternura dijo: Sí

Lo que vi no fue muy alentador, algo dentro de mí se conmovía violentamente, disimulando o tratando de hacerlo, salí de ese lugar sintiéndome tan pequeño como una semilla de helecho. Mientras me dirigía a la salida pasé por una sala pequeña donde un niño de aproximadamente 10 años miraba la pared, pasé tratando de ignorarlo, mas sentí que me estaba mirando y me detuve, regresé y me paré justo a la entrada.

Una acariciante sonrisa salió a recibir mi timidez, entré y me senté junto a él, quien estaba parado en la cama. Podía contar los poros de su cabeza con no mucha dificultad. Volvió a sonreír, parecía deseoso de romper el hielo. Fue entonces cuando le pregunté que si fuese a recibir un regalo de cumpleaños,

¿Qué le gustaría que fuera?

_No cumpliré más años, ya cumplí el último, solo espero para partir más allá

En  todo caso ¿Qué te gustaría?

_Una zapatillas de lona, color celeste como el cielo, de las que tienen dos hileras de ojos blancos atravesadas por unas agujetas anchas y que huelen a la calle después de la lluvia.

Sabía que no podía estar más tiempo allí sin dejar volar mis emociones, mas no era prudente, así que salí despidiéndome con un gesto elaborado.

Cuando caminaba hacia el automóvil le conté a mi tía lo sucedido haciéndole saber que quería regalarle las zapatillas al niño, estuvimos de acuerdo en volver la siguiente semana.

Fue en ese instante que casi escuché la voz del hombrecito decir “me iré mañana”

Negocié con mi tía y nos fuimos al Mall más cercano, compré las zapatillas, pero al salir de la tienda, sentí que deberían ser mejores, de mejor calidad. Rápidamente retorné y allí estaban, como esperándome, las cambié y volvimos al nosocomio.

Cuando me disponía a entrar el guarda me dijo que la hora de visitas había terminado, le expliqué la situación, pero él se negó cada vez.

Fue en ese instante que apareció una enfermera a la cual abordé y procedí a relatarle toda la historia, con un gesto de negación me dijo, lo único que puedo hacer es entregárselas por ti. Después de unos minutos accedí, me alejé unos pasos y volví a mirarla mientras con un gesto de repetido ruego le pedí que fuera hoy, que se las entregara hoy.

Al día siguiente fui de los primeros en entrar, deseoso de saber lo ocurrido casi corría hacia el lugar donde debía estar Kommi, pero antes de llegar encontré a la enfermera, quien me dijo _se fue anoche, dejó esto para ti.

En un fragmento de la caja escribió “_compartiremos el Cielo”.

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