A La Orilla Del Camino

A eso

A eso
de caer y volver a levantarte,
de fracasar y volver a comenzar,
de seguir un camino y tener que torcerlo,
de encontrar el dolor y tener que afrontarlo,
a eso, no le llames adversidad,
llámale SABIDURIA.
A eso
de sentir la mano de Dios y saberte impotente,
de fijarte una meta y tener que seguir otra,
de huir de una prueba y tener que encararla,
de planear un vuelo y tener que recortarlo,
de aspirar y no poder,
de querer y no saber,
de avanzar y no llegar,
a eso,

no le llames castigo,
llámale ENSEÑANZA.
A eso,
de pasar días juntos radiantes,
días felices y días tristes,
días de soledad y días de compañía,
a eso, no le llames rutina,
llámale EXPERIENCIA.
A eso,
de que tus ojos miren y tus oídos oigan,
y tu cerebro funcione y tus manos trabajen,
y tu alma irradie y tu sensibilidad sienta,
y tu corazón ame,
a eso,

no le llames poder humano,
llámale MILAGRO

reservas de frescura

Algo no anda bien

Yo tenía 16 años y estaba viviendo con mis padres en el instituto que mi abuelo había fundado a 18 millas en las afueras de la ciudad de Durban, en Sudáfrica, en medio de plantaciones de azúcar. Estábamos bien adentro del país y no teníamos vecinos, así que a mis dos hermanas y a mi siempre nos entusiasmaba el poder ir a la ciudad a visitar amigos o ir al cine.

Un día mi padre me pidió que le llevara a la ciudad para atender una conferencia que duraba el día entero y yo salté a la oportunidad. Como iba a la ciudad, mi madre me dio una lista de cosas del supermercado que necesitaba y, como iba a pasar todo el día en la ciudad, mi padre me pidió que me hiciera cargo de algunas cosas pendientes como llevar el auto al taller. Cuando despedí a mi padre el me dijo: “Nos vemos aquí a las 5 p.m. para irnos a casa”.

Después de muy rápidamente completar todos los encargos, me fui hasta el cine más cercano. Me enfoqué tanto con una película de John Wayne que me olvidé del tiempo. Eran las 5:30 p. m. cuando me acordé. Corrí al taller, conseguí el auto y me apuré hasta donde mi padre me estaba esperando. Eran casi las 6 p.m.

Él me preguntó con ansiedad: “¿Por qué llegas tarde?” Me sentía mal por eso y no le podía decir que estaba viendo una película de John Wayne; entonces le dije que el auto no estaba listo y tuve que esperar… esto lo dije sin saber que mi padre ya había llamado al taller.

Cuando se dio cuenta que había mentido, me dijo: “Algo no anda bien en la manera que te he criado que no te ha dado la confianza de decirme la verdad. Voy a reflexionar qué es lo que hice mal contigo. Voy a caminar las 18 millas a la casa y pensar sobre esto”. Así que vestido con su traje y sus zapatos elegantes, empezó a caminar hasta la casa por caminos de terracería, sin iluminación. No lo podía dejar solo… así que yo manejé 5 horas y media detrás de é l…viendo a mi padre sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había dicho.

Decidí desde ahí que nunca más iba a mentir.

Acuérdate de lo bueno:

Cuando el cielo esté gris. Acuérdate cuando lo viste profundamente azul. Cuando sientas frío: Piensa en un sol radiante que ya te ha calentado. Cuando sufras una temporal derrota: Acuérdate de tus triunfos y de tus logros. Cuando necesites amor: Revive tus experiencias de afecto y ternura. Acuérdate de lo que has vivido y de lo que has dado con alegría. Recuerda los regalos que te han hecho, los abrazos y besos que te han dado, los paisajes que has disfrutado y las risas que de ti han brotado. Si esto has tenido; lo puedes volver a tener y lo que has logrado, lo puedes volver a ganar. Alégrate por lo bueno que tienes y por lo bueno de los demás, acéptalos tal cual son; desecha los recuerdos tristes y dolorosos, y sobre todo no tengas ningún rencor, no te lastimes más. Piensa en lo bueno, en lo amable, en lo bello y en la verdad. Recorre tu vida y detente en donde haya bellos recuerdos y emociones sanas y vívelas otra vez. Visualiza aquel atardecer que te emocionó. Revive esa caricia espontánea que se te dio. Disfruta nuevamente de la paz que ya has conocido, piensa y vive el bien. Allí en tu mente están guardadas todas las imágenes; ¡Y sólo tú decides cuáles has de volver a mirar!

Alto en la ruta

Nuestra ruta es un cruce y entrecruce de caminos.

Pararse es:

Buscar el camino, o

confirmar la ruta, o

rectificar el rumbo, o

acelerar el ritmo.

Pararse, por consiguiente, es totalmente indispensable para llegar a la meta.

Amar es… No amar es…

Amar es…

Repartir pan donde no hay y suscitar el hambre allí donde la gente muere de inapetencia.

Es tender puentes y fletar barcos, construir casas y derribar las que amenazan ruina, serrar madera y plantar árboles que sólo han de dar sombra, consolar y castigar, orar y actuar.

Es enseñar a amar el sufrimiento y combatir la tristeza porque ésta se opone a toda acción productiva, al amor creador.

Amar es otorgar sentido a la impotencia voluntaria y otras veces es decir en voz alta y con recias palabras: la impotencia con que pretendes justificar tu inactividad es precisamente tu mayor pecado.

No amar es…

No actuar , no sentir inquietud, no tener preocupación, no leer los periódicos no contestar las cartas, no saber interpretar una mirada suplicante ; no sonreír, no dar confianza, no dar trabajo, no visitar a los enfermos; no colaborar en el proceso del mundo, no auxiliar a las víctimas que los carros dejaron medio muertas al borde de la carretera o no planear la forma de concluir cuanto antes con el bandidaje.

No amar es permanecer indiferente al amor de los demás, no ser accesible a los ruegos, a las confidencias, a las muestras de agradecimiento.

Es no esforzarse por comprender, no responder a la primera llamada, no ser lo bastante acogedor por falta de sencillez al dispensar la acogida.

No amar es no dar pan al que tiene hambre, no vestir al que está desnudo, no visitar al que está encarcelado.

No actuar.

Amor sin condición

Una historia que fue contada por un soldado que pudo regresar a casa después de haber peleado en la guerra de Vietnam. Le hablo a sus padres desde San Francisco.

- “Mama, Papa. Voy de regreso a casa, pero les tengo que pedir un favor: Traigo a un amigo que me gustaría que se quedara con nosotros”.

- “Claro,” le contestaron, “Nos encantaría conocerlo”.

- “Hay algo que deben de saber”, el hijo sigo diciendo, “el fue herido en la guerra. Piso en una mina de tierra y perdió un brazo y una pierna. El no tiene a donde ir, y quiero que el se venga a vivir con nosotros a casa.”

- “Siento mucho el escuchar eso hijo. A lo mejor podemos encontrar un lugar en donde él se pueda quedar”.

- “No, Mamá y Papá, yo quiero que él viva con nosotros.”

- “Hijo,” le dijo el padre, “tú no sabes lo que estás pidiendo. Alguien que este tan limitado físicamente puede ser un gran peso para nosotros. Nosotros tenemos nuestras propias vidas que vivir, y no podemos dejar que algo como esto interfiera con nuestras vidas. Yo pienso que tú deberías de regresar a casa y olvidarte de esta persona. Él encontrara una manera en la que pueda vivir el solo.”

En ese momento el hijo colgó la bocina del teléfono. Los padres ya no volvieron a escuchar de él. Unos cuantos días después, los padres recibieron una llamada telefónica de la policía de San Francisco. Su hijo había muerto después de que se había caído de un edificio, fue lo que les dijeron. La policía creía que era un suicidio. Los padres destrozados de la noticia volaron a San Francisco y fueron llevados a la morgue de la ciudad a que identificaran a su hijo. Ellos lo reconocieron, para su horror ellos descubrieron algo que no sabían, su hijo tan solo tenia un brazo y una pierna.

Los padres de esta historia son como muchos de nosotros. Encontramos muy fácil el amar esas personas que son hermosas por fuera o que son entretenedoras, pero no nos gusta la gente que nos hace sentir alguna inconveniencia o que nos hace sentir incómodos. Preferimos estar alejados de personas que no son muy saludables, hermosas o inteligentes como lo somos nosotros.

Afortunadamente, hay una persona que no nos trata de esa manera. Alguien que nos ama con un gran amor, que siempre nos recibirá en su familia, no importa que tan destrozados estemos, física o mentalmente. Ora a Dios para que él te de la fuerza para que puedas aceptar la gente tal y como es, y para que nos ayude a ser mas comprensivos con esas personas que son diferentes a nosotros.Entre Espinas

Asamblea en la Carpintería

Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias. El martillo ejerció la presidencia. Pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar ¿La causa? ¡Hacía demasiado ruido! Y además se pasaba el tiempo golpeando.

El martillo acepto su culpa, pero pidió que también fuera expulsado la garlopa. ¿Por qué? hacía todo su trabajo en la superficie. No tenía nunca profundidad en nada.

La garlopa aceptó a su vez, pero pidió la expulsión del tornillo. Adujo que había que darle muchas vueltas para que al fin sirviera de algo.

Ante el ataque, el tornillo acepto también. Pero a su vez pidió la expulsión del papel lija. Hizo ver que era muy áspero en su trato y que siempre tenia fricciones con los demás.

Y el papel de lija estuvo de acuerdo, a condición que fuera expulsado el metro, que siempre se pasaba midiendo a los demás con su medida, como si fuera el único perfecto.

En eso entro el carpintero, se puso el delantal y fue al banco para iniciar su trabajo. Utilizó el martillo, la garlopa, el papel lija, el metro y el tornillo. Finalmente la tosca madera inicial se convirtió un lindo mueble.

Cuando la carpintería quedo nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación, fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho y dijo “Señores, ha quedado demostrado que tendremos muchos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos más en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos”. La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, contundente, la garlopa suave, eficaz. Se dieron cuenta que el martillo tenía habilidad para unir y dar fuerza, y el papel lija era especial para afinar situaciones y limar asperezas. Y observaron que el metro era preciso y exacto.

Se sintieron entonces un equipo capaz de ayudar a producir muebles de calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas, y de poder trabajar juntos.

¿Ocurre lo mismo con los seres humanos? Observe a su alrededor y lo comprobará. Cuando en una empresa, o un hogar, o en una iglesia, club o asociación, sus miembros gastan su tiempo buscando defectos en los demás, la situación se vuelve densa y negativa. Y amenaza a la larga con su disolución.

En cambio cuando las energías son enfocadas positivamente a encontrar sus mejores valores individuales, cuando tratamos con sinceridad de percibir los puntos fuertes de los demás, es ahí donde florece los mejores logros humanos.

Y es que en verdad, nuestro aporte a cualquier grupo será en relación a nuestras cualidades. Esa es una buena razón para esforzarnos en encontrar cualidades en los demás.

Dale Carnegie advierte a este respecto: “Es fácil encontrar defectos. Cualquier tonto puede hacerlo. Y la mayoría de ellos se empeña incesantemente en esto. Pero encontrar cualidades, eso es para los espíritus superiores que son capaces de inspirar todos los éxitos humanos”.

No deje usted que le vayan a salir con que existe alguien que no tiene ninguna cualidad. Si esto ocurriera, el mal no estaría en la persona analizada, porque es imposible que un ser humano carezca irremisiblemente de valores. El problema será entonces, que quien niega ver cualidades se ha vuelto tan negativo que ya es incapaz de ver lo bueno en los demás.

¿Hará usted el esfuerzo mañana mismo por usar esta técnica de éxito?.

LO NEGATIVO: Buscar con afán los defectos ajenos.

LO POSITIVO: Centrarnos en las cualidades de quienes nos rodean.

Aunque no seas artista

Aunque no escribas libros, eres el escritor de tu vida. Aunque no seas Miguel Ángel, puedes hacer de tu vida una obra maestra. Aunque no entiendas de cine, ni de cámaras, tu existencia puede transformarse en un film primoroso con Dios de productor. Aunque cantes desafinado, tu existencia puede ser una linda canción, que cualquier afamado compositor envidiaría. Aunque no entiendas de música, tu vida puede ser una magnífica sinfonía que los clásicos respetarían. Aunque no hayas estudiado en una escuela de comunicaciones tu vida puede transformarse en un reportaje modelo. Aunque no tengas gran cultura puedes cultivar la sabiduría de la caridad. Aunque tu trabajo sea humilde, puedes convertir tu día en oración. Aunque tangas cuarenta, cincuenta, sesenta o setenta años, puedes ser joven de espíritu. Aunque las arrugas ya marquen tu rostro, vale más tu belleza interior. Aunque tus pies sangren en los tropiezos y piedras del camino, tu rostro puede sonreír. Aunque tus manos conserven las cicatrices de los problemas y de las incomprensiones, tus labios pueden agradecer. Aunque las lágrimas amargas recorran tu rostro, tienes un corazón para amar. Aunque no lo comprendas, en el cielo tienes reservado un lugar… Todo, todo… depende de tu confianza en Dios y de tu empeño en ser digno hijo suyo.

Auxilio bajo la lluvia

Una noche, a las 11:30 p.m., una mujer afro-americana, de edad avanzada estaba parada en el hombrillo de una autopista de Alabama, tratando de soportar una fuerte tormenta. Su carro se había descompuesto y ella necesitaba desesperadamente que la llevaran. Toda mojada, ella decidió detener el próximo carro. Un joven blanco se detuvo a ayudarla, a pesar de todo los conflictos que habían ocurrido durante los 60. El joven la llevó a un lugar seguro, la ayudo a obtener asistencia y la puso en un taxi.

Ella parecía estar bastante apurada. Ella anoto la dirección del joven, le agradeció y se fue. Siete días pasaron, cuando tocaron la puerta de su casa. Para su sorpresa, un televisor pantalla gigante a color le fue entregado por correo a su casa. Tenia una nota especial adjunta al paquete. Esta decía: Muchísimas gracias por ayudarme en la autopista la otra noche. La lluvia anego no solo mi ropa sino mi espíritu. Entonces apareció usted. Gracias a usted, pude llegar al lado de la cama de mi marido agonizante, justo antes de que muriera. Dios lo bendiga por ayudarme y por servir a otros desinteresadamente.

Sinceramente , La Señora de Nat King Cole.

Arriesgarse a vivir

Reír, es arriesgarse a parecer un tonto.

Llorar es arriesgarse a parecer un sentimental.

Hacer algo por alguien, es arriesgarse a involucrarse.

Expresar sentimientos, es arriesgarse a mostrar tu verdadero yo.

Exponer tus ideas y tus sueños, es arriesgarse a perderlos.

Amar, es arriesgarse a no ser correspondido.

Vivir, es arriesgarse a morir.

Esperar, es arriesgarse a la desesperanza.

Lanzarse, es arriesgarse a fallar.

Pero los riesgos deber ser tomados, porque el peligro más grande en la vida es no arriesgarse nada.

La persona que no arriesga, no hace, ni tiene nada.

Se pueden evitar sufrimientos y preocupaciones, pero simplemente no puede aprender, sentir, cambiar, crecer, amar y vivir… solo una persona que se arriesga es libre.

Baila como si nadie estuviera viendo

Nos convencemos a nosotros mismos de que la vida será mejor después de casarnos, después de tener un hijo, y entonces después de tener otro. Entonces nos sentimos frustrados de que los hijos no son lo suficientemente grandes y que seremos más felices cuando lo sean. Después de eso nos frustramos porque son adolescentes (difíciles de tratar). Ciertamente seremos más felices cuando salgan de esta etapa.

Nos decimos que nuestra vida estará completa cuando a nuestro esposo(a) le vaya mejor, cuando tengamos un mejor carro o una mejor casa, cuando nos podamos ir de vacaciones, cuando estemos retirados. La verdad es que no hay mejor momento para ser felices que ahora. Si no es ahora, ¿cuándo?

Tu vida siempre estará llena de retos. Es mejor admitirlo y decidir ser felices de todas formas. Una de mis frases favoritas es de Alfred D. Souza: “Por largo tiempo parecía para mí que la vida estaba a punto de comenzar -la vida de verdad-. Pero siempre había algún obstáculo en el camino, algo que resolver primero, algún asunto sin terminar, tiempo por pasar, una deuda que pagar.

Entonces la vida comenzaría. Hasta que me di cuenta de que estos obstáculos eran mi vida”. Esta perspectiva me ha ayudado a ver que no hay un camino a la felicidad. La felicidad “es” el camino. Así que, atesora cada momento que tienes, y atesóralo más cuando lo compartiste con alguien especial, lo suficientemente especial para compartir tu tiempo, y recuerda que el tiempo no espera por nadie…

Así que deja de esperar hasta que termines la escuela, hasta que vuelvas a la escuela, hasta que bajes 10 libras, hasta que tengas hijos, hasta que tus hijos se vayan de casa, hasta que te cases, hasta que te divorcies, hasta el viernes por la noche, hasta el domingo por la mañana, hasta la primavera, el verano, el otoño o el invierno, o hasta que mueras, para decidir que no hay mejor momento que éste para ser feliz…

La felicidad es un trayecto, no un destino.

Trabaja como si no necesitaras dinero.

Ama como si nunca te hubieran herido.

Y baila como si nadie te estuviera viendo.

Belleza relativa

Moses Mendelssohn distaba de ser guapo. Además de una estatura algo baja, tenía una grotesca joroba.

Un día visitó a un mercader de Hamburgo que tenía una hermosa hija llamada Frumtje. Moses se enamoró perdidamente de ella, pero a Frumtje le repelía su apariencia deforme.

Cuando llegó el momento de despedirse, Moses hizo acopio de valor y subió por las escaleras hasta el cuarto de Frumtje para tener una última oportunidad de hablar con ella. Era una visión de belleza celestial, pero a Moses le entristecía profundamente su negativa a mirarlo.

Después de varios intentos de conversar con ella, le preguntó tímidamente:

-¿Crees que los matrimonios se crean en el cielo?

- Si – respondió ella, todavía mirando al suelo-. ¿Y tú?

- Si, lo creo – contestó – verás. En el cielo, cada vez que un niño nace, el Señor anuncia con que niña se va a casar. Cuando yo nací, me fue señalada mi futura esposa. Entonces el Señor añadió: “Pero tu esposa será jorobada”. Justo en ese momento exclamé:

- “Oh, Señor, una mujer jorobada seria una tragedia. Por favor, Señor, dame a mi la joroba y permite que ella sea hermosa”.

Entonces Frumtje levantó la mirada para contemplar los ojos de Mendelssohn y un hondo recuerdo la conmovió. Alargó su mano y la dio a Mendelssohn, más adelante se convirtió en su devota esposa.

Belleza y fealdad

Un día soleado, dos hermanas llamadas Belleza y Fealdad decidieron salir juntas a pasear. Al pasar junto al río, sintieron deseos de tomar un baño, bajo el fuerte sol de verano; así que se despojaron de sus ropas y entraron lentamente a las aguas.

Juguetearon, salpicaron con sus saltos dentro del agua y rieron hasta ya avanzada la tarde. Al salir, se vistieron cometiendo una equivocación: Belleza se puso las ropas de Fealdad, y Fealdad se vistió con las ropas de Belleza …

Hoy en día la gente sigue confundiéndolas …

“La verdadera Belleza o Fealdad de una persona, se observa en su corazón”.

Besos en el aire

A menudo aprendemos mucho de nuestros hijos. Hace algún tiempo, un amigo castigó a su hija de tres años por desperdiciar un rollo completo de papel dorado para envolturas. Estaban escasos de dinero y el se puso furioso cuando la niña trató de decorar una caja para ponerla bajo el árbol de Navidad.

A pesar de todo, la pequeña niña le llevó el regalo a su papá la mañana siguiente y le dijo: “Esto es para ti, papi.” El se sintió avergonzado de su reacción anterior, pero su enojo volvió cuando vio la caja vacía.

El le gritó: “¿No sabes que cuando uno da un regalo, se supone que haya algo dentro de el?” La pequeña niña lo miró con lagrimas en sus ojos y dijo: “Papi, no esta vacía, yo tire besitos dentro de la caja, todos para ti, papito.”

El padre se sintió destrozado. El rodeo con sus brazos a su hijita y le rogó que lo perdonara. Mi amigo me dijo que él conservó aquella caja dorada junto a su cama por años. Cuando él se sentía desanimado, sacaba uno de aquellos besos en el aire y recordaba el amor con que una niña los había depositado allí.

Entendamos a nuestros hijos, tengamos paciencia. Ellos tienen algo muy importante que decirnos mediante sus actos o palabras.

Buscar lo mejor

Somos lo que elegimos, lo que optamos. Dios no impone nada,  solamente ofrece, dejando al hombre la libertad de decidir.

Muchos prefieren las joyas, los coches, los caminos fáciles.

Hay sendas para los más variados deseos, pero hay cosas que la herrumbre no corroe. Son los ideales nobles, el bien,  la fraternidad, la alegría, el Evangelio.

¿Por qué será tan difícil preferir la paz en lugar de la guerra;

el amor, en lugar del odio;

la generosidad, en lugar del egoísmo;

la acción, en lugar de la comodidad;

la confianza, en lugar del orgullo;

el perdón, en lugar de la envidia;

el desprendimiento y la pobreza, en lugar de la satisfacción;

el corazón de niño, en lugar de la vanidad?

¿Por qué será tan difícil elegir al Creador en lugar de la creación;

el sacrificio, la renuncia, lo correcto, lo humano, el deber, en lugar del placer?

Podemos siempre escoger las cosas mejores:

la luz, en lugar de las tinieblas;

la comunión de vida, en lugar de la soledad;

la unión, en lugar de las separaciones;

la verdad, en lugar de la mentira;

Dios, los hombres y la familia, en lugar de la evasión y de la irresponsabilidad.

Para ser feliz, decídete por lo verdadero, lo justo, lo difícil.

Felicidad es sinónimo de sacrificio, de renuncia, de abnegación.

En todo tiempo lleva a tus hermanos a vivir la fraternidad.

El mundo necesita de fraternidad, la que depende de ti y de tus elecciones.

Trata con amabilidad a todos.

El pasajero que viaja a tu lado no es tu enemigo ni tu competidor. Es un hermano a quien debes tratar con amabilidad.

No rezongues con el fin de desahogarte.

Busca consolar, más que ser consolado.

Y, aunque sea sin darte cuenta, serán recompensadas las benevolencias de tu corazón.

Nunca es tarde para hacer el bien, para ser hermano, para decir; cuenta conmigo.

La decisión es tuya.

Piensa y resuélvete siempre para lo mejor.

Si te ofuscas con facilidad es bueno que te sientes a examinar las fuentes de tu irritabilidad. Identifícalas y haz un programa para controlarlas en un proceso diario. Verás cómo logras progresos notorios.

Estas son las causas más frecuentes:

1. EGOISMO. Chocas con otros porque quieres que siempre se haga tu voluntad. Aprende a ceder y a valorar a los demás. Toma la decisión de escuchar a los otros y ponte en su lugar. Siendo tolerante evitarás discordias y heridas.

2. ORGULLO. Es grave que te creas más que nadie, que no aceptes tus fallas y que maltrates con tu arrogancia. Pide a Dios sencillez, haz una lista de todo lo que ganas siendo humilde, y esmérate por desterrar la soberbia.

3. PERFECCIONISMO. Es causa de continuas peleas porque no cuentas con los errores y buscas en todo calidad total. Aunque conviene huir de la mediocridad, es necesario presupuestar pérdidas. Hazlo si no quieres sufrir y hacer sufrir.

Calidoscopio

Existía un hombre que a causa de una guerra en la que había peleado de joven, había perdido la vista. Este hombre, para poder subsistir y continuar con su vida, desarrolló una gran habilidad y destreza con sus manos, lo que le permitió destacarse como un estupendo artesano; sin embargo, su trabajo no le permitía más que asegurarse el mínimo sustento.

Cierta Navidad quiso obsequiarle algo a su hijo de cinco años, quien nunca había conocido más juguetes que los trastos del taller de su padre con los que fantaseaba reinos y aventuras. Su papá tuvo entonces la idea de fabricarle, con sus propias manos un hermoso calidoscopio como alguno que él supo poseer en su niñez. Por las noches fue recolectando piedras de diversos tipos que trituraba en decenas de partes, pedazos de espejos, vidrios, metales, …

Al cabo de la cena de Noche Buena pudo, finalmente imaginar a partir de la voz del pequeño, la sonrisa de su hijo al recibir el precioso regalo. El niño no cabía en sí de la dicha y la emoción que aquella increíble Navidad le había traído de las manos rugosas de su padre ciego.

Durante los días y las noches siguientes el niño fue a todo sitio portando el preciado regalo, y con él regresó a sus clases en la escuela del pueblo. En el receso entre clase y clase, el niño exhibió y compartió lleno de orgullo su juguete con sus compañeros que se mostraban fascinados con aquella maravilla.

Uno de aquellos pequeños, tal vez el mayor del grupo, finalmente se acercó al hijo del artesano y le preguntó con mucha intriga: “Oye, que maravilloso calidoscopio te han regalado…¿dónde te lo compraron?, no he visto jamás nada igual en el pueblo…”

Y el niño, orgulloso de poder revelar aquella verdad emocionante desde su pequeño corazón, le contestó: “No, no me lo compraron en ningún sitio… me lo hizo mi papá”

A lo que el otro pequeño replicó con cierto tono incrédulo: “¿Tu padre?… imposible… si tu padre está ciego”

Nuestro pequeño amigo se quedó mirando a su compañero, y al cabo de una pausa de segundos, sonrió como solo un portador de verdades absolutas puede hacerlo, y le contestó: “Sí … mi papá esta ciego … pero de los ojos…solamente de los ojos…”

El amor solo se puede ver con el corazón …”lo esencial es invisible a los ojos”

Despedida

Parecía como si el Cielo estuviera siempre delante de mí

Cambiar el mundo

Llegó una vez un profeta a una ciudad y comenzó a gritar, en su plaza mayor, que era necesario un cambio de la marcha del país. El profeta gritaba y gritaba y una multitud considerable acudió a escuchar sus voces, aunque más por curiosidad que por interés.

Y el profeta ponía toda su alma en sus voces, exigiendo el cambio de las costumbres. Pero, según pasaban los días, eran menos cada vez los curiosos que rodeaban al profeta y ni una sola persona parecía dispuesta a cambiar de vida. Pero el profeta no se desalentaba y seguía gritando.

Hasta que un día ya nadie se detuvo a escuchar sus voces. Mas el profeta seguía gritando en la soledad de la gran plaza. Y pasaban los días. Y el profeta seguía gritando. Y nadie le escuchaba.

Al fin, alguien se acercó y le preguntó: “¿Por qué sigues gritando? ¿No ves que nadie está dispuesto a cambiar?”

“Sigo gritando” -dijo el profeta- “porque si me callara, ellos me habrían cambiado a mí.”

Cambiar el mundo

Llegó una vez una profesora a una ciudad y comenzó a gritar, en su plaza mayor, que era necesario un cambio de la marcha de la universidad.

La profesora gritaba y gritaba y una multitud considerable acudió a escuchar sus voces, aunque más por curiosidad que por interés.

Y la profesora ponía toda su alma en sus voces, exigiendo el cambio de las costumbres. pero, según pasaban los días, eran menos cada vez los curiosos que rodeaban a la profesora y ni una sola persona parecía dispuesta a cambiar sus costumbres corruptas. pero la profesora no se desalentaba y seguía gritando.

Hasta que un día ya nadie se detuvo a escuchar sus voces. mas la profesora seguía gritando en la soledad de la gran plaza, usando su aula como tribuna, su trabajo como ejemplo, su interés como testimonio.

Y pasaban los días, y la profesora seguía gritando. y nadie la escuchaba.

Al fin, alguien se acercó y le preguntó:

-           ¿Por qué sigues gritando?

¿No vez que nadie está dispuesto a cambiar?

-           Sigo gritando, dijo la profesora, – porque si me callara, ellos me habrían cambiado a mi.

Cambia al mundo

Cuando era joven era un revolucionario y mi oración a Dios era:

“Señor, dame la energía para cambiar al mundo.”

Al llegar a los cuarenta y darme cuenta de que la mitad de mi vida se había ido sin que yo hubiese cambiado una sola alma, modifiqué mi oración:

“Señor, dame la gracia para cambiar a todos aquellos con quines tengo contacto, solamente mi familia y mis amigos y estaré satisfecho.”

Ahora, que ya soy un anciano y mis días están contados, mi única oración es:

“Señor, dame la gracia de cambiarme a mi mismo.”

¡Si hubiera orado de esta forma desde el principio, no hubiese desperdiciado mi vida!

Camino al éxito

El camino al éxito no es recto. Hay una curva llamada falla, un periférico llamado confusión, topes llamados amigos, luces de precaución llamada familia, y tendrás ponchaduras llamados trabajos.

Pero… si tienes refracción llamada determinación, un motor llamado perseverancia, un seguro llamado fe, un conductor llamado Jesús, llegarás a un sitio llamado éxito.

Canción del corazón

Había una vez un gran hombre que se casó con la mujer de sus sueños. Con su amor, procrearon a una niñita. Era una pequeña brillante y encantadora, y el gran hombre la quería mucho.

Cuando era muy pequeñita, la alzaba, tarareaba una melodía y la hacía bailar por el cuarto, al tiempo que le decía: “Te quiero, chiquita”.

Mientras la niña crecía, el gran hombre solía abrazarla y decirle: “Te amo, chiquita”. La hijita protestaba diciendo que ya no era chiquita. Entonces el gran hombre se reía y decía: “Para mí, siempre vas a ser mi chiquita”.

La chiquita que ya no era chiquita, dejó su casa y salió al mundo. Al aprender más sobre sí misma, aprendió más sobre aquel hombre. Vio que era de veras grande y fuerte, pues ahora reconocía sus fuerzas. Una de esas fuerzas era su capacidad para expresar su amor a la familia. Sin importarle en qué lugar del mundo estuviera, el gran hombre la llamaba y le decía: “Te amo, chiquita”.

Llegó el día en que la chiquita que ya no era chiquita, recibió una llamada telefónica. El gran hombre estaba mal. Había tenido un derrame. No podía hablar y no estaban seguros que pudiera entender lo que decían. Ya no podía sonreír, reír, caminar, abrazar, bailar o decirle a la chiquita, que ya no era chiquita, que la amaba.

Y entonces fue a ver al gran hombre. Cuando entró en la habitación y lo vio, parecía más pequeño y ya, nada fuerte. El la miró y trató de hablar, pero no pudo.

La chiquita hizo lo único que podía hacer. Se acercó a la cama junto al gran hombre. Los dos tenían los ojos con lágrimas y ella rodeó con sus brazos los hombros inmóviles de su padre.

Con la cabeza apoyada en su pecho, pensó en muchas cosas. Recordó los momentos maravillosos que habían pasado juntos y cómo se había sentido siempre protegida y querida por el gran hombre. Sintió dolor por la pérdida que debía soportar, las palabras de amor que la habían confortado.

Y entonces oyó desde el interior del gran hombre, el latido de su corazón. El corazón que siempre había albergado música y palabras. El corazón seguía latiendo, desentendiéndose del daño del resto del cuerpo. Y mientras ella descansaba allí, obró la magia. Oyó lo que necesitaba oír.

Su corazón expresó las palabras que su boca ya no podían decir:

Te amo Te amo Te amo Chiquita Chiquita Chiquita

Y se sintió confortada.

Cerebro y pensamientos

Estaban un astronauta y un neurocirujano muy reconocido, discutiendo sobre la existencia de Dios.

El astronauta dijo: Tengo una convicción, no creo en Dios. He ido al espacio varias veces y nunca he visto ni siquiera un ángel.

El neurocirujano se sorprendió, pero disimuló. Luego de pensar unos instantes, comentó: Bueno, he operado muchos cerebros y nunca he visto un pensamiento.

Ceguera del alma

La familia Corona era una familia de seis hijos. El padre la mantenía unida por medio del amor y la comprensión, pero de un día para otro el papá faltó. Con la grande pena que tenían todos, dejaron que uno de los hijos arreglara los papeles del testamento y demás. Sin que se dieran cuenta este muchacho se apoderó de los negocios del señor, y no le importó dejar a la mamá sin nada. La familia no entiende a este hermano, y desde entonces ve con tristeza cómo su vida es totalmente vacía e incomprendida por los demás, pues lo único que lo mueve es el dinero y la ambición de ser muy rico. Para él cada peso es un peso, y se las ingenia para averiguar la manera de correr a sus trabajadores sin liquidación alguna, y cobra lo que él llama favores, descontando el sueldo o de alguna otra manera. Su mamá se ha acercado a él para decirle que su alma está vacía, y que está ciego de los dones que Dios le ha dado; que se está quedando solo, pues la gran inteligencia que tiene la usa en contra de los demás. Dios nos da las habilidades para ayudar y ver por el bien de los otros, no para cegarnos creyendo que sólo nosotros importamos y que el mundo es el que está mal.

En una reflexión familiar la mamá le dijo a los demás hermanos que los verdaderos ciegos son los que no encuentran la paz, porque ese afán de almacenar y almacenar dinero pese a quien le pese no es más que el vado que se tiene en el alma, y que no se llenará hasta que se dé cuenta que ése no es el camino, hasta que abra los ojos dejando la ceguera que se ha provocado y encuentre el camino de Dios amando a los demás, y entregándose, ayudando a salir adelante a quien más lo necesita, aportando su granito de arena para que todos los que colaboran con él tengan un mejor nivel de vida. La señora Corona pidió a sus hijos ayudar a su hermano a reflexionar cómo debemos ser con los demás, y por lo tanto, con nuestra familia, y a ver que esto depende de nosotros. Si entendemos que nuestro hermano está ciego, ayudémoslo como ayudaríamos a un ciego a cruzar la calle y sigamos el ejemplo de Jesús, que nos enseña a amarlos y a ayudarlos.

Cicatrices de amor

En un día caluroso de verano en el sur de la Florida un niño decidió ir a nadar en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró en el agua y nadaba feliz. No se daba cuenta de que un cocodrilo se le acercaba.

Su mamá desde la casa miraba por la ventana, y vio con horror lo que sucedía. Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo más fuerte que podía. Oyéndole, el niño se alarmó y viró nadando hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde. Desde el muelle la mamá agarró al niño por sus brazos justo cuando el caimán le agarraba sus piernitas. La mujer jalaba determinada, con toda la fuerza de su corazón. El cocodrilo era más fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada y su amor no la abandonaba.

Un señor que escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar con una pistola y mató al cocodrilo.

El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aún pudo llegar a caminar. Cuando salió del trauma, un periodista le preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus pies. El niño levantó la colcha y se las mostró. Pero entonces, con gran orgullo se remango las mangas y señalando hacia las cicatrices en sus brazos le dijo: “Pero las que usted debe ver son estas”.

Eran las marcas de las uñas de su mamá que habían presionado con fuerza. “Las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida”.

Nosotros también tenemos las cicatrices de un pasado doloroso. Algunas son causadas por nuestros pecados, pero algunas son la huella de Dios que nos ha sostenido con fuerza para que no caigamos en las garras del mal.

Ciento por uno

Iba yo por el camino de la aldea, cuando tu carroza apareció a lo lejos, magnífica y resplandeciente.

Y al pasar junto a mi se detuvo. Entonces tú me miraste a los ojos y bajaste sonriendo. Sentí que me invadía la felicidad de la vida y pensé que las penurias de mis días malos habían terminado.

Más luego tú me tendiste tu diestra y me dijiste: “¿Puedes darme alguna cosa?” ¡Ah, que ocurrencia la de tu realeza, pedirle a un mendigo!

Yo estaba confuso y no sabía que hacer, entonces saqué lentamente de mi saco un granito de trigo y te lo di.

Pero que tristeza la mía, cuando al caer la tarde y vaciar mi saco en la arena, encontré un granito de oro en la miseria del montón.

Qué amargamente lloré el no haber tenido corazón, para darme todo.

Como el lápiz

Todos conocemos los lápices, son largos y con un pequeño borrador… pues todos nos equivocamos, sin embargo, el borrador es mucho menor que el lápiz, indicando que a pesar de que nos equivocamos es más lo que escribimos correctamente que los errores que cometemos.

Esto nos lleva a entender que muchas veces creemos que nuestra vida no vale, o que nacimos para tener problemas, dificultades o simplemente para ser perdedores.

Las depresiones vienen cuando pensamos que es más lo malo que lo bueno en nuestras vidas, sin embargo, es más lo bueno que hay en nosotros que aquello que amerite llamarse error.

Adelante, no te detengas por un pequeño error, borra tus errores, escribe encima y continúa, pues Dios te ha dado mucho lápiz pues conoce tus habilidades, y cree en las cosas buenas que puedes hacer.

Tienes muchas cosas buenas que escribir, y si te detienes para pensar en lo poco que has tenido que borrar, dejarás de escribir tu parte en el libro de la historia en el cual Dios te ha permitido ser coautor.

Cómo es tu corazón

Un día un hombre joven se situó en el centro de un poblado y proclamo que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca.

Una gran multitud se congrego a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en el ni máculas ni rasguños.

Si, coincidieron todos que era el corazón más hermoso que hubieran visto. Al verse admirado el joven sé sintió más orgulloso aun, y con mayor fervor aseguro poseer el corazón más hermoso de todo el vasto lugar.

De pronto un anciano se acerco y dijo: ¿Porqué dices eso, si tu corazón no es tan hermoso como el mío?

Sorprendidos, la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, este estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos y estos habían sido reemplazados por otros que no correspondían, pues se veían bordes y aristas irregulares en su derredor.

Es mas, había lugares con huecos, donde faltaban trozos profundos. La mirada de la gente se sobrecogió – ¿cómo puede el decir que su corazón es más hermoso?, pensaron…

El joven contempló el corazón del anciano y al ver su estado desgarbado, se echó a reír.

“Debes estar bromeando”, dijo. “Comparar tu corazón con el mío… El mío es perfecto. En cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor.”

“Es cierto,” dijo el anciano, “tu corazón luce perfecto, pero yo jamás me involucraría contigo…

Mira, cada cicatriz representa una persona a la cual entregué todo mi amor. Arranqué trozos de mí corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lugar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes por los cuales me alegro, porque al poseerlos me recuerdan el amor que hemos compartido.”

“Hubo oportunidades, en las cuales entregué un trozo de mi corazón a alguien, pero esa persona no me ofreció un poco del suyo a cambio. De ahí quedaron los huecos – dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando y alimentan la esperanza, que algún día tal vez regresen y llenen el vacío que han dejado en mi corazón.”

“¿Comprendes ahora lo que es verdaderamente hermoso?”.

El joven permaneció en silencio, lagrimas corrían por sus mejillas. Se acercó al anciano, arrancó un trozo de su hermoso y joven corazón y se lo ofreció.

El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón, luego a su vez arrancó un trozo del suyo ya viejo y maltrecho y con el tapó la herida abierta del joven.

La pieza se amoldo, pero no a la perfección. Al no haber sido idénticos los trozos, se notaban los bordes.

El joven miró su corazón que ya no era perfecto, pero lucía mucho más hermoso que antes, porque el amor del anciano fluía en su interior.

Y tu corazón… ¿cómo es?

Cómo se mide la vida

La vida no se mide anotando puntos (como en un juego).

La vida no se mide por el número de amigos que tienes, ni por cómo te aceptan los otros.

No se mide según los planes que tienes para el fin de semana o por si te quedas en casa sólo.

No se mide según con quién sales, con quién solías salir, ni por el número de personas con quienes has salido, ni por si no has salido nunca con nadie.

No se mide por la personas que has besado.

No se mide por la fama de tu familia, por el dinero que tienes, por la marca de coche que manejas, ni por el lugar donde estudias o trabajas.

No se mide ni por lo guapo ni por lo feo que eres, por la marca de ropa que llevas, ni por los zapatos, ni por el tipo que música que te gusta.

La vida simplemente no es nada de eso.

La vida se mide según a quién amas y según a quién dañas.

Se mide según la felicidad o la tristeza que proporcionas a otros.

Se mide por los compromisos que cumples y las confianzas que traicionas.

Se trata de la amistad, la cual puede usarse como algo sagrado o como un arma.

Se trata de lo que se dice y lo que se hace y lo que se quiere decir o hacer, sea dañino o benéfico.

Se trata de los juicios que formulas, por qué los formulas y a quién o contra quién los comentas.

Se trata de a quién no le haces caso o ignoras adrede.

Se trata de los celos, del miedo, de la ignorancia y de la venganza.

Se trata del amor, el respeto o el odio que llevas dentro de ti, de cómo lo

cultivas y de cómo lo riegas. Pero por la mayor parte, se trata de sí usas la vida para alimentar el corazón de otros.

Tú y solo tú escoges la manera en que vas a afectar a otros y esas decisiones son de lo que se trata la vida.

Hacer un amigo es una Gracia.

Tener un amigo es un Don.

Conservar un amigo es una Virtud.

Ser un amigo es un Honor.

Como templar el acero

Se cuenta la historia del herrero que, después de una juventud llena de excesos, decidió entregar su alma a Dios.

Durante muchos años trabajó con ahínco, practicó la caridad, pero, a pesar de toda su dedicación, nada perecía andar bien en su vida, muy por el contrario sus problemas y sus deudas se acumulaban día a día.

Una hermosa tarde, un amigo que lo visitaba, y que sentía compasión por su situación difícil, le comentó: “Realmente es muy extraño que justamente después de haber decidido volverte un hombre temeroso de Dios, tu vida haya comenzado a empeorar. No deseo debilitar tu fe, pero a pesar de tus creencias en el mundo espiritual, nada ha mejorado.”

El herrero no respondió enseguida, él ya había pensando en eso muchas veces, sin entender lo que acontecía con su vida, sin embargo, como no deseaba dejar al amigo sin respuesta, comenzó a hablar, y terminó por encontrar la explicación que buscaba. He aquí lo que dijo el herrero:

“En este taller yo recibo el acero aún sin trabajar, y debo transformarlo en espadas. ¿Sabes tú cómo se hace esto? primero, caliento la chapa de acero a un calor infernal, hasta que se pone al rojo vivo, enseguida, sin ninguna piedad, tomo el martillo más pesado y le aplico varios golpes, hasta que la pieza adquiere la forma deseada, luego la sumerjo en un balde de agua fría, y el taller entero se llena con el ruido y el vapor, porque la pieza estalla y grita a causa del violento cambio de temperatura. Tengo que repetir este proceso hasta obtener la espada perfecta, una sola vez no es suficiente.”

El herrero hizo una larga pausa, y siguió: “A veces, el acero que llega a mis manos no logra soportar este tratamiento. El calor, los martillazos y el agua fría terminan por llenarlo de rajaduras. En ese momento, me doy cuenta de que jamás se transformará en una buena hoja de espada y entonces, simplemente lo dejo en la montaña de fierro viejo que ves a la entrada de mi herrería”.

Hizo otra pausa más, y el herrero terminó: “Sé que Dios me está colocando en el fuego de las aflicciones. Acepto los martillazos que la vida me da, y a veces me siento tan frío e insensible como el agua que hace sufrir al acero. Pero la única cosa que pienso es: Dios mío, no desistas, hasta que yo consiga tomar la forma que Tú esperas de mí. Inténtalo de la manera que te parezca mejor, por el tiempo que quieras, pero nunca me pongas en la montaña de fierro viejo de las almas”.

Como yo

Mi hijo hace poco llegó a este mundo, de manera normal. Pero yo tenía que trabajar, tenía tantos compromisos.

Mi hijo aprendió a comer cuando menos lo esperaba. Comenzó a hablar cuando yo no estaba.

Mi hijo a medida que crecía, me decía: “Papi, algún día seré como tú ¿Cuándo regresas a casa papi?” -“No lo sé, pero cuando regrese jugaremos juntos… ya lo verás”.

Un río después del río.

Un río después del río.

A La Orilla Del Camino gfr

Mi hijo cumplió diez años hace pocos días y me dijo: “Gracias por la pelota papá, ¿quieres jugar conmigo? -“Hoy no hijo; tengo mucho que hacer” -“Esta bien papá, otro día será”. Se fue sonriendo y siempre en sus labios las palabras: “Yo quiero ser como tú. ¿Cuándo regresas a casa, papá? -“No lo sé, pero cuando regrese jugaremos juntos… ya lo verás”

Mi hijo regresó de la universidad el otro día, hecho todo un hombre. “Hijito, estoy muy orgulloso de ti. Siéntate y hablemos un poco de ti” -“Hoy no papá, tengo compromisos… por favor préstame el carro para ir a visitar a unos amigos”.

Ya me jubilé y mi hijo vive en otro lugar. Hoy lo llamé: “Hola hijo, quiero verte” -“Me encantaría papá, pero es que no tengo tiempo… tú sabes, el trabajo, los niños… pero gracias por llamar, fue increíble escuchar tu voz.”

Al colgar el teléfono me di cuenta que mi hijo había cumplido su deseo, era exactamente como yo.

Comodidad

Un día, un hombre sabio y piadoso clamo al cielo por una respuesta. El hombre aquel encabezaba un grupo de misioneros que oraban por la paz del mundo, para lograr que las fronteras no existieran y que toda la gente viviera feliz. La pregunta que hacían era: ¿Cual es la clave, Señor, para que el mundo viva en armonía?

Entonces, los cielos se abrieron y después de un magnifico estruendo, la voz de Dios les dijo: Comodidad

Todos los misioneros se veían entre si, sorprendidos y extrañados de escuchar tal termino de la propia voz de Dios. El hombre sabio y piadoso pregunto de nuevo: ¿Comodidad Señor? ¿que quieres decir con eso?

Dios respondió: La clave para un mundo pleno es: Como di, dad. Es decir, así como yo les di, dad vosotros a vuestro prójimo. Como di, dad vosotros fe; como di, dad vosotros esperanza; como di, dad vosotros caridad; como di, sin limites, sin pensar en nada mas que dar, dad vosotros al mundo… y el mundo, será un paraíso. Sigamos la clave.

Comparte tu maíz

En cierta ocasión, un reportero le preguntó a un agricultor si podía divulgar el secreto de su maíz, que ganaba el concurso al mejor producto, año tras año. El agricultor confesó que se debía a que compartía su semilla con los vecinos.

- “¿Por qué comparte su mejor semilla de maíz con sus vecinos, si usted también entra al mismo concurso año tras año?” preguntó el reportero.

- “Verá usted, señor,” dijo el agricultor.

- “El viento lleva el polen del maíz maduro, de un sembradío a otro. Si mis vecinos cultivaran un maíz de calidad inferior, la polinización cruzada degradaría constantemente la calidad del mío. Si voy a sembrar buen maíz debo ayudar a que mi vecino también lo haga”.

Lo mismo es con otras situaciones de nuestra vida. Quienes quieran lograr el éxito, deben ayudar a que sus vecinos también tengan éxito. Quienes decidan vivir bien, deben ayudar a que los demás vivan bien, porque el valor de una vida se mide por las vidas que toca. Y quienes optan por ser felices, deben ayudar a que otros encuentren la felicidad, porque el bienestar de cada uno se halla unido al bienestar de todos.

Compasión

La compasión es una virtud que se deriva del valor del amor. La verdadera compasión consiste en percibir la angustia ajena y hacerla nuestra.

La compasión no puede esperar, hay que actuar en el preciso instante en que alguien nos necesita. Muchas veces es más cómodo no involucrarnos en la angustia de los demás, bajo pretexto de que somos discretas y prudentes; cuando en realidad lo que sucede es que estamos siendo controladas por nuestro egoísmo.

Las siguientes palabras, resumen de una manera poética, en que consiste la compasión:

No es lo que has hecho, sino lo que no has hecho lo que causa congoja al caer el sol.

La tierna palabra olvidada, la carta que no escribiste, las flores que no enviaste, son fantasmas en la noche.

La piedra que no apartaste del camino de un hermano, el consejo alentador que no te atreviste a dar, esa caricia afectuosa, esa palabra amorosa en la que nunca pensaste, sumido en tus propias penas.

Compromiso

El muchacho entro con paso firme a la joyería y pidió al dueño le mostrara el mejor anillo de compromiso que tuviera. El joyero le presento uno… La hermosa piedra, solitaria brillaba como un diminuto sol resplandeciente.

El muchacho contemplo el anillo y con una sonrisa lo aprobó. Preguntó luego el precio y se dispuso a pagarlo.

¿Se va usted a casar pronto? -le pregunto el joyero-.

No, -respondió el muchacho-. Ni siquiera tengo novia.

La muda sorpresa del joyero divirtió al comprador.

Es para mi mama -dijo el muchacho-. Cuando yo iba a nacer estuvo sola. Alguien le aconsejo que me matara antes de que naciera, así se evitaría problemas. Pero ella se negó y me dio el don de la vida. Y tuvo muchos problemas, muchos. Fue padre y madre para mi, y fue amiga y hermana, y fue maestra.

Me hizo ser lo que soy. Ahora que puedo le compro este anillo de compromiso. Ella nunca tuvo uno. Yo se lo doy como promesa de que si ella hizo todo por mi, ahora yo haré todo por ella. Quizá después entregue yo otro anillo de compromiso, pero será el segundo.

El joyero no dijo nada. Solamente ordeno a su cajera que le hiciera al muchacho el descuento aquel que se hacia solo a los clientes importantes.

Con creces para la vida eterna

Hace días leía en la calle un anuncio que decía con grandes letras negras: “Tú puedes emprender grandes empresas”. No había más palabras, ni imágenes. Esta frase abarcaba todo el espacio publicitario.

Nunca supe si se anunciaba algún producto, negocio o empleo. Pero la realidad es que se trataba de un mensaje necesario de aplicar a nuestra propia vida. Era, a mi parecer, para sacudir nuestra mente.

Hay muchos jóvenes que se lanzan a grandes ideales. Tienen la firme decisión de no descansar hasta lograr sus objetivos. Son los emprendedores, los decididos, los que no se dejan intimidar por pequeños o grandes obstáculos.

Pero también hay jóvenes que creen no poder hacer nada. Desilusionados de sí mismos, no intentan nada más que pasar la vida por encima. Otros no quieren ni mover un dedo, sino sólo divertirse. Les haría muy bien ver ese gran cartel.

Esta frase debería ser repetida continuamente. Muchas veces.

Siempre me impresionó el ejemplo de un amigo mío. Vivía trabajando. Existía para trabajar. Le decíamos el “hiperactivo”. Era el clásico muchacho de dieciocho años: alegre, entusiasta, amable. Con sus cualidades físicas atraía a todas las chicas. Era alto, rubio, delgado y con una simpatía extraordinaria.

Tenía diversos proyectos. Organizaba las fiestas del colegio. Participaba en torneos de tenis y, para ello, entrenaba todas las tardes. Trabajaba en las oficinas de un banco. Recogía a sus hermanos menores del colegio. Asistía a todas las clases sin falta y, además, se ofrecía para explicar a quien no entendía las materias.

No descansaba y siempre estaba dispuesto a ayudar. Una vez le pedí si podía ir a buscar unos artículos que necesitaba de la papelería. Todavía no terminaba de decirle cuando él ya estaba en su auto.

En el último año de preparatoria los doctores le descubrieron cáncer cerebral. Un cáncer fulminante que en menos de seis meses terminó con su vida.

¿A dónde se fue tanto esfuerzo que él puso por hacer algo en su vida? ¿Dónde quedo todo el deseo que él tenía por emprender y finalizar grandes proyectos? ¿Qué sucedió con toda su caridad, amabilidad y simpatía?

Mi amigo se llevó todo consigo. Lo sembró, lo cosechó y lo guardó para el cielo.

Todos hemos sido dotados de grandes cualidades. Sólo que a algunos nos hace falta aprovecharlas. A veces pensamos que viviremos muchos años y que ya tendremos tiempo para hacerlo después.

Este triste acontecimiento nos golpeó muy duro. Algunos de mis compañeros y yo caímos en la cuenta de que nada vale nuestra vida si no la vivimos bien. No podemos “pasarla” nada más; hay que meterse de lleno.

El primer paso es el más difícil. Después nos sentiremos motivados por hacer más y ser mejores. Nuestro mundo actual exige competencia. Se necesitan muchachos emprendedores y entusiastas.

No sólo por el hecho de haber estudiado medicina y poner tu consultorio la gente vendrá a verte. Debes mostrar tu habilidad y competencia en tu profesión y eso no sólo requiere un “diez” en el examen.

Sácale “jugo” a esos dones recibidos. Mucho te ha dado Dios. No los guardes para que sean vistos en el “baúl de los recuerdos” después de tu muerte.

Para triunfar hay que emprender. Y sólo logra llegar a la cima de la montaña quien desde un inicio está decidido a hacerlo.

Muchos han podido. ¿Quién dice que tú no puedes?

Aquí se trata de tu vida y eres tú el “director de la compañía”. Es una empresa y hay que saberla administrar. Inviértela en grandes negocios y hazla fructificar con creces. Con creces para la vida eterna.

Con el dinero

El dinero tiene el valor que usted le asigne. Puede ser su amigo, como también su enemigo. Puede producirle momentos agradables y también tristeza incalculable.

El dinero puede darle una vida aparentemente exitosa.

Tiene la facultad de producir amigos sin verdadera amistad.

Lo único que el dinero no puede darle es la salvación de su alma. Esta sólo la puede obtener a través de la Sangre de Jesucristo.

Tenga presente lo que el dinero puede comprar:

Una cama, pero no sueños.

Medicinas, pero no salud.

Libros, pero no inteligencia y sabiduría.

Tranquilidad económica, pero no la paz espiritual.

Diversión, pero no la felicidad.

Compañeros de parranda, pero no amigos leales.

Pasiones y lujuria, pero no amor y cariño sincero.

Con el dinero II

Con el dinero se puede comprar…

La cama, pero no el sueño.

La comida, pero no el apetito.

El libro, pero no la inteligencia.

Una casa, pero no el hogar.

El lujo, pero no la belleza.

El remedio, pero no la salud.

La convivencia, pero no el amor.

La diversión, pero no la felicidad.

La Biblia, pero no la FE.

Un lugar en el cementerio, pero no el cielo.

Preocúpate primero por las cosas de Dios. No siempre te va a dar lo que pidas, pero siempre te va a dar lo que necesites.

Con el tiempo

Con el tiempo te das cuenta que si estas al lado de una persona solo para acompañar tu soledad, irremediablemente acabaras deseando no volver a verla.

Con el tiempo te das cuenta de que los amigos verdaderos valen mucho mas que cualquier cantidad de dinero.

Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado solo de falsas amistades.

Con el tiempo aprenderás que disculpar cualquiera lo hace, y perdonar es solo de almas grandes.

Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado incierto para hacer planes.

Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás terriblemente a los que ya estaban contigo y ahora se han marchado.

Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo… ante una tumba… ya no tiene ningún sentido… pero desafortunadamente… SOLO CON EL TIEMPO.

Coraje

En mi dual profesión de educadora y trabajadora de la salud, he tenido contacto con mucho niños infectados por el virus del sida. Las relaciones que mantuve con esos niños especiales han sido grandes dones en mi vida. Ellos me enseñaron muchas cosas, pero descubrí, en especial el gran coraje que se puede encontrar en el más pequeño de los envoltorios. Permíteme que te hable de Tyler.

Tyler nació infectado con el HIV; su madre también lo tenía. Desde el comienzo mismo de su vida, el niño dependió de los medicamentos para sobrevivir. Cuando tenía cinco años, le insertaron quirúrgicamente un tubo en una vena del pecho. Ese tubo estaba conectado a una bomba, que él llevaba a la espalda, en una pequeña mochila. Por allí se le suministraba una medicación constante que iba al torrente sanguíneo. A veces también necesitaba un suplemento de oxígeno para complementar la respiración. Tyler no estaba dispuesto a renunciar un solo momento de su infancia por esa mortífera enfermedad.

No era raro encontrarlo jugando y corriendo por su patio, con su mochila cargada de medicamentos y arrastrando un carrit

o con el tubo de oxígeno. Todo los que lo conocíamos nos maravillamos de su puro gozo de estar vivo y la energía que eso le brindaba. La madre solía bromear diciéndole que, por lo rápido que era, tendría que vestirlo de rojo para poder verlo desde la ventana cuando jugaba en el patio.

Con el tiempo, esa temible enfermedad acaba de gastar hasta a pequeñas dinamos como Tyler. El niño enfermó de gravedad. Por desgracia, sucedió lo mismo con su madre, también infectada con el HIV.

Cuando se tornó evidente que Tyler no iba a sobrevivir, la mamá le habló de la muerte. Lo consoló diciéndole que ella también iba a morir y que pronto estarían juntos en el cielo.

Pocos días antes del deceso, Tyler hizo que me acercara a su cama del hospital para susurrarme:

- Es posible que muera pronto. No tengo miedo. Cuando me muera vísteme de rojo, por favor. Mamá me prometió venir al cielo. Cuando ella llegue yo estaré jugando y quiero asegurarme de que pueda encontrarme.

Creatividad ante los problemas

Cuenta una antigua leyenda que en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer.

En realidad el verdadero autor era una persona muy influyente del reino y por eso desde el primer momento se procuró un chivo expiatorio para encubrir al culpable.

El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas o nulas oportunidades de escapar al terrible veredicto …¡la horca!

El Juez, también coludido, cuidó no obstante de dar todo el aspecto de un juicio justo por ello dijo al acusado: “Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor vamos a dejar en manos de Él tu destino vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente tú escogerás y será la mano del Dios la que decida tu destino”.

Por supuesto el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: “CULPABLE” y la pobre víctima aún sin conocer los detalles se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria.

El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados. Éste respiro profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse abrió los ojos y con una extraña sonrisa tomo uno de los papeles y llevándolo a su boca lo engulló rápidamente. Sorprendidos e indignados los presentes le reprocharon airadamente:

“¿Pero que hizo?, ¿y ahora? ¿cómo vamos a saber el veredicto?”.

“Es muy sencillo, respondió el hombre. Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos lo que decía el que me tragué”.

Con rezongos y enojo mal disimulado debieron liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo.

Se creativo. Cuando todo parezca perdido, usa la imaginación.

“En los momentos de crisis solo la imaginación es mas importante que el conocimiento.” Albert Einstein

Cuál es tu naturaleza

Había una vez un maestro oriental que vio cómo un alacrán se estaba ahogando.

Decidió sacar al animalito del agua, pero cuando lo hizo, el alacrán lo picó.

Ante el dolor lo soltó, por lo que el animal de nuevo se estaba ahogando… entonces intentó sacarlo y otra vez lo volvió a picar.

La escena se repitió varias veces: Sacarlo del agua, ser picado y soltarlo. Alguien que observa le dice: “¡Cómo es terco! ¿No entiende que cada vez que lo saque del agua lo va a picar?”.

Entonces el maestro oriental le respondió: “La naturaleza del alacrán, que es picar… no va a cambiar mi naturaleza, que es ayudar”. ¿Cuál es tu naturaleza?

Cuando callas

Cuando callas también hablas de ti mismo.
Cuando callas un secreto conozco tu fidelidad de amigo.
Cuando callas tu propio dolor conozco tu fortaleza.
Cuando callas ante el dolor ajeno conozco tu impotencia y tu respeto.
Cuando callas ante la injusticia conozco tu miedo y tu complicidad.
Cuando callas ante lo imposible conozco tu madurez y dominio.
Cuando callas ante la estupidez ajena conozco tu sabiduría.
Cuando callas ante los fuertes y poderosos conozco tu temor y cobardía.
Cuando callas ante lo que ignoras conozco tu prudencia.
Cuando callas tus propios meritos conozco tu humildad y grandeza.

El Silencio es el tiempo donde el sabio medita,
La cárcel de la que huye el necio
Y el refugio donde se esconden los cobardes.
Siembra para ser tú mismo…

Cuando creíste que no veía

Cuando creíste que no veía, te vi poner mi primer dibujo en el refrigerador, y quise pintar uno más.

Cuando creíste que no veía, te vi alimentar a un pájaro herido, y pensé que era bueno ser gentil con los animales.

Cuando creíste que no veía, te vi prepararme mi pastel favorito, y supe que las pequeñas cosas son cosas especiales.

Cuando creíste que no veía, te escuche decir una oración, y creí que existe un Dios al que siempre le podré hablar.

Cuando creíste que no veía, sentí que me diste un beso en la noche, y me sentí amado.

Cuando creíste que no veía, vi lágrimas caer de tus ojos, y aprendí que algunas veces hay cosas que duelen, y que llorar esta bien.

Cuando creíste que no veía, te vi preocuparte por mi y quise ser todo lo posible que yo pudiera ser.

Cuando creíste que no veía, vi… y quise decir Gracias (*) por todas las cosas que vi mientras tu creías que yo no estaba viendo.

(*) Gracias: Mama, Papa, Hermana, Hermano, Amigo, Amiga, Esposa, Esposo, Abuela, Prima, Compañera, etc… A quien le das las gracias…. quien te dará las gracias…

Cuando hay que insistir

En el camino aprendí, que llegar alto no es crecer, que mirar no siempre es ver, ni escuchar es oír. Ni lamentarse es sentir, ni acostumbrarse es querer.

En el camino aprendí, que andar solo no es soledad, que cobardía no es paz, ni ser feliz sonreír. Y que peor que mentir, es silenciar la verdad.

En el camino aprendí, que puede un sueño de amor abrirse como una flor, y cómo esa flor morir, pero en su breve existir, es todo aroma y color.

En el camino aprendí, que la humildad no es sumisión, la humildad es ese Don que suele confundir: No es lo mismo ser servil, que ser un buen servidor.

Cuando vayan mal las cosas como a veces suelen ir, cuando ofrezca tu camino sólo cuestas que subir, cuando tengas poco haber pero mucho que pagar, y precises sonreír aún teniendo que llorar, cuando el dolor te agobie y no puedas ya sufrir… descansar acaso debes, pero nunca desistir. Cuando todo esté peor… más debemos insistir.

Cuando la fruta no alcance

Una vez un grupo de tres hombres se perdieron en la montaña, y había solamente una fruta para alimentarlos a los tres, quienes casi desfallecían de hambre. Se les apareció entonces Dios y les dijo que probaría su sabiduría y que dependiendo de lo que mostraran les salvaría. Les preguntó entonces Dios qué podían pedirle para arreglar aquel problema y que todos se alimentaran.

El primero dijo: “Pues aparece mas comida”, Dios contestó que era una respuesta sin sabiduría, pues no se debe pedir a Dios que aparezca mágicamente la solución a los problemas sino trabajar con lo que se tiene.

Dijo el segundo entonces: “Entonces haz que la fruta crezca para que sea suficiente”, a lo que Dios contestó que No, pues la solución no es pedir siempre multiplicación de lo que se tiene para arreglar el problema, pues el ser humano nunca queda satisfecho y por ende nunca sería suficiente.

El tercero dijo entonces: “Mi buen Dios, aunque tenemos hambre y somos orgullosos, haznos pequeños a nosotros para que la fruta nos alcance”. Dios dijo: “Has contestado bien, pues cuando el hombre se hace humilde y se empequeñece delante de mis ojos, verá la prosperidad”.

Saben, se nos enseña siempre a que otros arreglen los problemas o a buscar la salida fácil, siempre pidiendo a Dios que arregle todo sin nosotros cambiar o sacrificar nada. Por eso muchas veces parece que Dios no nos escucha pues pedimos sin dejar nada de lado y queriendo siempre salir ganando. Muchas veces somos egoístas y siempre queremos de todo para nosotros.

Seremos felices el día que aprendamos que la forma de pedir a Dios es reconocernos débiles, y ser humildes dejando de lado nuestro orgullo. Y veremos que al empequeñecernos en lujos y ser mansos de corazón veremos la prosperidad de Dios y la forma como Él si escucha.

Pídele a Dios que te haga pequeño… Haz la prueba.

Cuando sea viejo

El día que este viejo y ya no sea el mismo, ten paciencia y compréndeme.

Cuando derrame comida sobre mi camisa y olvide como atarme mis zapatos, recuerda las horas que pase enseñándote a hacer las mismas cosas.

Si cuando conversas conmigo, repito y repito las mismas palabras que sabes de sobra como termina, no me interrumpas y escúchame. Cuando eras pequeño(a) para que te durmieras tuve que contarte miles de veces el mismo cuento hasta que cerrabas los ojitos.

Cuando estemos reunidos y sin querer haga mis necesidades, no te avergüences y compréndeme que no tengo la culpa de ello, pues ya no puedo controlarlas. Piensa cuantas veces cuando niño(a) te ayude y estuve paciente a tu lado esperando a que terminaras lo que estabas haciendo.

No me reproches porque no quiera bañarme; no me regañes por ello. Recuerda los momentos que te perseguí y los mil pretextos que te inventaba para hacerte mas agradable tu aseo. Acéptame y perdóname. Ya que soy el niño ahora.

Cuando me veas inútil e ignorante frente a todas las cosas tecnológicas que ya no podré entender, te suplico que me des todo el tiempo que sea necesario para no lastimarme con

tu sonrisa burlona. Acuérdate que yo fui quien te enseño tantas cosas. Comer, vestirte y tu educación para enfrentar la vida tan bien como lo haces, son producto de mi esfuerzo y perseverancia por ti.

Cuando en algún tiempo mientras conversamos me llegue a olvidar de que estamos hablando, dame todo el tiempo que sea necesario hasta que yo recuerde, y si no puedo hacerlo no te burles de mi; tal vez no era importante lo que hablaba y me conforme con que me escuches en ese momento.

Si alguna vez ya no quiero comer, no me insistas. Se cuanto puedo y cuanto no debo. También comprende que con el tiempo ya no tengo dientes para morder ni gusto para sentir.

Cuando me fallen mis piernas por estar cansadas para andar, dame tu mano tierna para apoyarme como lo hice yo cuando comenzaste a caminar con tus débiles piernas.

Por último, cuando algún día me oigas decir que ya no quiero vivir y solo quiero morir, no te enfades. Algún día entenderás que esto no tiene que ver con tu cariño o cuanto te ame. Trata de comprender que ya no vivo sino que sobrevivo, y eso no es vivir.

Siempre quise lo mejor para ti y he preparado los caminos que has debido recorrer. Piensa entonces que con el paso que me adelanto a dar estaré construyendo para ti otra ruta en otro tiempo, pero siempre contigo.

No te sientas triste o impotente por verme como me ves. Dame tu corazón, compréndeme y apóyame como lo hice cuando empezaste a vivir. De la misma manera como te he acompañado en tu sendero te ruego me acompañes a terminar el mío. Dame amor y paciencia, que te devolveré gratitud y sonrisas con el inmenso amor que tengo por ti.

Cuando yo me vaya

Cuando yo me vaya, madre, estaremos juntas. Y no te hará falta que te cuente nada.

Mis pecados, mis tristezas y mis culpas, te habrán sido ya por alguien revelados.

Búscame en una estrella, me dijiste, cuando ya tus ojos no veían nada. Y a pesar de mis años vividos sigo buscando cada noche tu mirada. Cuando yo me vaya, madre, estaremos juntas. . . Y no hará falta que te cuente nada.

Cuanto cuesta un helado

En los días en que un helado costaba mucho menos, un niño de 10 años entró en un establecimiento y se sentó a una mesa. La mesera puso un vaso de agua en frente de él.

“¿Cuánto cuesta un helado de chocolate con almendras?”, preguntó el niño.

“Cincuenta centavos”, respondió la mesera.

El niño sacó su mano de su bolsillo y examinó un número de monedas. “¿Cuánto cuesta un helado solo?”, volvió a preguntar. Algunas personas estaban esperando por una mesa y la mesera ya estaba un poco impaciente.

“Treinta y cinco centavos”, dijo ella bruscamente. El niño volvió a contar las monedas. “Quiero el helado solo”, dijo el niño. La mesera le trajo el helado, y puso la cuenta en la mesa y se fue. El niño terminó el helado, pagó en la caja y se fue. Cuando la mesera volvió, ella empezó a limpiar la mesa y entonces le costó tragar saliva con lo que vio.

Allí, puesto ordenadamente junto al plato vacío, había veinticinco centavos… su propina.

Jamás asumas saber…

Cuestionario

¿Cuál es el día más bello?

Hoy

¿Cuál es la cosa más fácil?

Equivocarse

¿Cuál es el obstáculo más grande?

El Miedo

¿Cuál es el mayor error?

Abandonarse

¿Cuál es la raíz de todos los males?

El egoísmo

¿Cuál es la distracción más bella?

El trabajo

¿Cuál es la peor derrota?

El desaliento

¿Quiénes son los mejores profesores?

Los niños

¿Cuál es la primera necesidad?

Comunicarse

¿Qué es lo que hace más feliz?

Ser útil a los demás

¿Cuál es el misterio más grande?

La muerte

¿Cuál es el peor defecto?

El mal humor

¿Cuál es la persona más peligrosa?

La (el) mentirosa (o)

¿Cuál es el sentimiento más ruin?

El rencor

¿Cuál es el regalo más bello?

El perdón

¿Qué es lo más imprescindible?

El hogar

¿Cuál es la ruta más rápida?

El camino recto

¿Cuál es la sensación más grata?

La paz interior

¿Cuál es el resguardo más eficaz?

El optimismo

¿Cuál es el mayor satisfacción?

El deber cumplido

¿Cuál es la fuerza más potente del mundo?

La fe

¿Quiénes son las personas más necesarias?

Los padres

¿Cuál es la cosa más bella de todas?

El amor

Cuida tus pensamientos

“Ten cuidado con tus pensamientos; que se volverán palabras.

Ten cuidado con tus palabras; que se volverán actos.

Ten cuidado con tus actos; que se volverán costumbres.

Cuidado con tus costumbres; que será tu carácter.

Cuida tu carácter; que será tu destino, será tu vida…”

Culpar a otros

Una noche al llegar a nuestra casa encontré que la persona que me ayuda en las labores domesticas había lavado la nevera y cambió la posición de todas las parrillas.

Como la nevera es pequeña, cuando quise guardar algo no pude, me llene de rabia y saque las parrillas con todo lo que tenían encima; poco después se resbaló un tarro con agua y se partió el vidrio que esta abajo en la nevera.

Me puse más furiosa de lo que ya estaba y comencé a culpar a la muchacha por lo ocurrido y así se lo hice saber a mi esposo, a nuestros hijos y a mi mamá.

Le doy gracias a Dios por que yo solamente la veo los fines de semana y no tuve la oportunidad de decirle nada, pues al día siguiente que reflexioné en lo que había pasado, me di cuenta que estaba buscando culpar a alguien por algo que había hecho yo, que lo había hecho por estar furiosa, porque es muy fácil decir que otro tuvo la culpa y no yo.

Ahora trato en todo lo posible de no buscar culpables sino soluciones, porque casi siempre somos ciegos para ver nuestros errores y buscamos culpar a otros de lo que nosotros hacemos.

Da sin que te pidan

Uno de los santos más entrañables en la historia de la iglesia es San Francisco de Asís. Todos sabemos de él algo importante: su humildad y su alegría de vivir. Cuentan de él y de la comunidad en la que vivía, que en cuaresma realizaban tremendos ayunos. Una noche, cuando todos los frailes se encontraban retirados en las celdas del convento, escuchó los gemidos de un hermano; se levantó y fue donde estaba el hermano que lloraba. Se acercó  y le preguntó:

- Hermano, ¿qué te pasa?

El fraile respondió:

- Lloro porque me muero de hambre.

Francisco ni corto ni perezoso, despertó a todos los hermanos y les explicó que el ayuno está muy bien, pero que no pueden dejar que un hermano se muera de hambre. Pero como no está bien que dejen al hermano comer solo, para que éste no pase vergüenza, todos deben acompañarle. Así que los hizo levantarse a todos y se dirigieron al comedor. Y la comida se convirtió en una fiesta. Es verdad que en la mesa no había más que un pan y unos pocos rábanos, pero, eso sí, estaban bien regados por la alegría común. Está bien dar de comer al hambriento; está mucho mejor compartir todos juntos la humilde alegría que tenemos.

Es verdad que uno se pone a pensar que repartir un pan hoy, me reporta un sano gozo cristiano, pero nos inunda la desesperación de cómo vamos a realizarlo mañana.

Es evidente que nadie, nunca, será capaz de curar todo el mal del mundo, pero yo me atrevo a decirte: si importante es compartir el pan, más importante lo es si éste lo acompañamos con alegría.

“Quien tenga pan, que lo reparta; quien tenga pan y una sonrisa, que distribuya los dos. Quien tenga sólo una sonrisa, que no se sienta pobre e impotente: que reparta sonrisa y amor”. Esto lo dice José Luis Martín Descalzo.

No pierdas en tu vida la capacidad de amar, no pierdas en tu vida la capacidad de apreciar el amor; porque el planeta Tierra es redondo como el dinero, bueno, el de antes, y todo ello te indica que el mundo da muchas vueltas y todo corre muy aprisa; hoy eres tú el que da el pan, mañana puede ser que seas tú quien lo está recibiendo. Pero si hay algo que no cambia e irá donde vaya tu destino, será la sonrisa y el amor con que tú das lo que recibes. Porque el hambre volverá mañana, pero el recuerdo de haber sido querido por alguien permanecerá floreciendo en el alma.

El hambre del buen fraile seguro que volvió, pero de lo que nunca se olvidará será del gesto de amor que tuvieron sus hermanos al compartir con él la mesa a esas horas de la noche.

Dar o recibir

El pequeño Chad era un muchachito tímido y callado. Un día, al llegar a casa, dijo a su madre que quería preparar una tarjeta de San Valentín para cada chico de su clase. Ella pensó, con el corazón oprimido: “Ojalá no haga eso”, pues había observado que, cuando los niños volvían de la escuela, Chad iba siempre detrás de los demás. Los otros reían, conversaban e iban abrazados, pero Chad siempre quedaba excluido.

Así y todo, por seguirle la corriente compró papel, pegamento y lápices de colores. Chad, dedicó tres semanas a trabajar con mucha paciencia, noche tras noche, hasta hacer treinta y cinco tarjetas.

Al amanecer del Día de San Valentín, Chad no cabía en sí de entusiasmo. Apiló los regalos con todo cuidado, los metió en una bolsa y salió corriendo a la calle. La madre decidió prepararle sus pastelitos favoritos, para servírselos cuando regresara de la escuela. Sabía que llegaría desilusionado y de ese modo esperaba aliviarle un poco la pena. Le dolía pensar que él no iba a recibir muchos obsequios. Ninguno, quizá.

Esa tarde, puso en la mesa los pastelitos y el vaso de leche. Al oír el bullicio de los niños, miró por la ventana. Como cabía esperar, venían riendo y divirtiéndose en grande. Y como siempre, Chad venía último, aunque caminaba algo más deprisa que de costumbre.

La madre supuso que estallaría en lágrimas en cuanto entrara. El pobre venía con los brazos vacíos. Le abrió la puerta, haciendo un esfuerzo por contener las lágrimas.

-Mami te preparó leche con pastelitos -dijo.

Pero él apenas oyó esas palabras, pasó a su lado con expresión radiante, sin decir más que: -¡Ninguno! ¡Ninguno!

Ella sintió que el corazón le daba un vuelco.

Y entonces el niño agregó: -¡No me olvidé de ninguno! ¡De ninguno!

Dar vale más que recibir

Todo hombre que te busca va a pedirte algo…

El rico aburrido, la amenidad de tu conversación;

el pobre, tu dinero;

el triste, un consuelo;

el débil, un estímulo;

el que lucha, una ayuda moral.

Todo hombre que te busca, de seguro va a pedirte algo.

¡Y tú te vuelves impaciente!,

y tú piensas, ¡ qué fastidio !¡ Infeliz!

La ley escondida que reparte misteriosamente las excelencias, se ha dignado otorgarte el privilegio de los privilegios, el bien de los bienes, la prerrogativa de las prerrogativas: ¡dar! ¡tú puedes dar!

¡En cuantas horas tiene el día, tú das, aunque sea una sonrisa, aunque sea un apretón de manos, aunque sea una palabra de aliento!¡En cuántas horas que tiene el día te pareces a Jesús, que no es sino donación perpetua y regalo perpetuo! Debieras caer de rodillas ante el Padre y decirle: “Gracias porque puedo dar, Padre mío! ¡Nunca más pasará por mi semblante la sombra de una impaciencia!” ¡ en verdad os digo que vale mas dar que recibir!

De todos modos

Si las personas son irrazonables, inconsecuentes y egoístas, ámalas de todos modos.

Si haces el bien, te acusarán de tener oscuros motivos egoístas, haz el bien de todos modos.

Si tienes éxito y te ganas falsos amigos y enemigos verdaderos, lucha de todos modos.

El bien que hagas hoy será olvidado mañana, haz el bien de todos modos.

La sinceridad y la franqueza te hacen vulnerables, se sincero y franco de todos modos.

Lo que has tardado años en construir puede ser destruido en una noche, vuélvelo a construir de todos modos.

Alguien que necesita ayuda de verdad puede atrasarte si le ayudas, ayúdale de todos modos.

Da al mundo lo mejor que tienes y te golpearán a pesar de ello, da al mundo lo mejor que tienes de todos modos, Dios conoce nuestras debilidades y nos ama de todos modos.

Anyway

The Paradoxical Commandments
by Dr. Kent M. Keith

El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.

Decálogo de la Serenidad

1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.

2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mi mismo.

3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en éste también.

4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.

5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando que, como alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.

7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer, y me sintiera ofendido en mis sentimientos, procuraré que nadie se entere.

8. Sólo por hoy haré un programa detallado. Quizás no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré, y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

9. Sólo por hoy creeré firmemente, aunque las circunstancias demuestren lo contrario, que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.

10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.

Decálogo del optimista

1 – Los optimistas se aman, procuran un alto nivel de autoestima, se valoran y aprovechan lo mejor posible sus talentos personales innatos.

2 –  Los optimistas aceptan a los demás como son, y no malgastan energías queriendo cambiarlos, sólo influyen en ellos con paciencia y tolerancia.

3 –  Los optimistas son espirituales, cultivan una excelente relación con Dios y tienen en su fe una viva fuente de luz y de esperanza.

4 – Los optimistas disfrutan del “aquí” y el “ahora”, no viajan al pasado con el sentimiento de culpa ni el rencor, ni al futuro con angustia.

Disfrutan con buen humor y con amor.

5 – Los optimistas ven oportunidades en las dificultades, cuenta con la lección que nos ofrecen los errores y tienen habilidad para aprender de los fracasos.

6 – Los optimistas son entusiastas, dan la vida por sus sueños y están convencidos de que la confianza y el compromiso personal obran milagros.

7 – Los optimistas son íntegros y de principios sólidos, por eso disfrutan de paz interior

y la irradian y comparten, aún en medio de problemas y crisis.

8 – Los optimistas no se desgastan en la crítica destructiva y ven la envidia como un veneno.

No son espectadores de las crisis sino protagonistas del cambio.

9 – Los optimistas cuidan sus relaciones interpersonales con esmero, saben trabajar en equipo y son animosos sembradores de fe, esperanza y alegrías.

10 – Los optimistas también tienen épocas difíciles, pero no se rinden ni se dejan aplastar por su peso, ya que saben que aún la noche más oscura tiene un claro amanecer y que por encima de las nubes más densas sigue brillando el sol; que todo túnel, por más largo y oscuro que sea siempre tendrá otra salida y que todo río siempre tiene dos orillas.

Demostrar el amor

El amor nos lleva a hacer felices a los demás, a querer el bien de todos. Sin embargo, muchas veces no demostramos el amor que sentimos hacia las personas, sean de casa o de fuera. Es tan sencillo hacer feliz a una persona. Somos susceptibles para recibir la bondad, el amor. Cualquier detalle, por pequeño que sea, nos llena de felicidad: una llamada por teléfono dándole a alguien las gracias por el favor que nos hizo; enviar una nota en un momento determinado ya sea de alegría, o de tristeza, hace tanto bien a quien lo recibe…

El otro día me llego una llamada telefónica que por extraña me hizo impacto. Me dijo la persona: “no me conoce usted pero le llamo para decirle que diariamente rezo por usted… quiero hacerle sentir mi cariño”…

Le di las gracias cortésmente, y cuando colgué el audífono mi alma estaba invadida de felicidad. ¿Quien era aquella alma que me “hacia sentir” su cariño y su oración? No lo supe; sin embargo me lleno el día de paz, de amor para dar porque “me hizo sentirme amada”.

En los noviazgos es muy común que se lleven serenatas; se manden flores, se den tarjetitas. ¿Por qué después de casados dejan de hacerlo? ¿El amor muere entonces?

Considero que el amor es como una plantita a la que hay que ir regando diariamente para que florezca. Y la forma de irla abonando es hacer sentir a quien amamos que lo amamos.

Siempre me ha impresionado el día 2 de noviembre porque los panteones se abarrotan de gentes que lavan tumbas, las llenan de flores y se pasan el día allí. En vida de aquellos seres ¿como se llevarían con ellos? Se llenan los panteones de flores. ¿En vida también llegaría el esposo con un ramo para demostrar su amor a la esposa?

Creo sinceramente que el “amor debe ser demostrado” con hechos día a día, momento a momento.

Afortunado el ser que tiene tiempo de decir: “te quiero”…

Depende de la forma

Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un Sabio para que interpretase su sueño.

- ¡Qué desgracia mi señor! – exclamó el Sabio – Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra majestad.

- ¡Qué insolencia! – gritó el Sultán enfurecido – ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!

Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.

Más tarde ordenó que le trajesen a otro Sabio y le contó lo que había soñado.

Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:

- ¡Excelso señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes.

Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro.

Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

- ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer Sabio. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.

- Recuerda bien amigo mío – respondió el segundo Sabio – que todo depende de la forma en el decir… uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse.

- De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, mas la forma con que debe ser comunicada es lo que provoca en algunos casos, grandes problemas.

- La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura ciertamente será aceptada con agrado.

Desgracia o bendición

En un pequeño pueblo vivía un anciano con su hijo de 17 años. Un día, el único caballo blanco con que trabajaba saltó la reja y se fue con varios caballos salvajes. La gente del pueblo murmuraba: “¡qué desgracia la suya, Don Cipriano!”, y él, tranquilo, contestaba: “quizás una desgracia o quizás una bendición”.

Días después, el caballo blanco volvió junto a un hermoso caballo salvaje, y la gente saludaba al anciano diciéndole: “¡qué bendición!”, a lo que Don Cipriano replicaba: “quizás una desgracia o quizás una bendición”.

A los pocos días, el hijo adolescente, mientras montaba el caballo salvaje para domarlo, fue derribado y se fracturó una pierna, a raíz de lo cual empezó a cojear, y la gente le decía al anciano; “¡qué desgracia la suya, buen hombre”, a lo que él replicaba: “quizás una desgracia o quizás una bendición”.

Días después inició la guerra y todos los jóvenes del pueblo fueron llevados al frente de batalla, pero a su hijo no lo llevaron por su cojera, y toda la gente del pueblo saludaba al anciano y le comentaba: “¡qué bendición la suya, Don Cipriano!”. Y él, con su fe inquebrantable, contestó una vez más diciendo: “sólo Dios lo sabe, quizás sea una bendición o quizás una desgracia”.

Efectivamente, sólo Dios sabe, y Él nunca se equivoca.

Día o noche

¿Día o noche? Preguntó un maestro a sus discípulos si sabrían decir cuándo acababa la noche y empezaba el día.

Uno de ellos dijo: “Cuando ves a un animal a distancia y puedes distinguir si es una vaca o un caballo.”

“No”, dijo el maestro.

Otro dijo: “Cuando miras un árbol a distancia y puedes distinguir si es un mango o un anacardo.”

“Tampoco” dijo el maestro.

“Está bien”, dijeron los discípulos, “dinos cuándo es”.

“Cuando miras a un hombre al rostro y reconoces en él a tu hermano; cuando miras a la cara a una mujer y reconoces en ella a tu hermana.

Si no eres capaz de esto, entonces, sea la hora que sea, para ti aún es de noche.”

Dichosos

DICHOSOS los que saben reírse de sí mismos, porque no terminaran nunca  de divertirse.

DICHOSOS los que saben distinguir una montaña de una piedra, porque se  evitaran muchos inconvenientes.

DICHOSOS los que saben descansar y dormir sin buscarse excusas: llegaran a ser sabios.

DICHOSOS los que saben escuchar y callar: aprenderán cosas nuevas.

DICHOSOS los que son suficientemente inteligentes como para no tomarse en serio: serán apreciados por sus vecinos.

DICHOSOS los que están atentos a las exigencias de los demás, sin sentirse indispensables: serán fuente de alegría.

DICHOSOS ustedes cuando sepan mirar seriamente a las cosas pequeñas  y tranquilamente a las cosas importantes: llegaran lejos en esta vida.

DICHOSOS ustedes cuando sepan apreciar una sonrisa y olvidar un desaire:  vuestro camino estará lleno de sol.

DICHOSOS ustedes cuando sepan interpretar con benevolencia las actitudes de los demás, aún contra las apariencias: serán tomados por ingenuos, pero es el precio justo de la caridad.

DICHOSOS los que piensan antes de actuar y oran antes de pensar: evitaran  muchas tonterías.

DICHOSOS ustedes sobre todo cuando sepan reconocer al señor en todo los  que se encuentran: habrán logrado la verdadera luz y sabiduría.

Dios lo Sabe

Cuando has llorado en angustia y dolor… Dios ha contado tus lágrimas. Cuando crees que tu vida se ha detenido y el tiempo solo pasa… Dios espera contigo. Cuando estás solo y tus amigos están muy ocupados, aún para una llamada telefónica… Dios está a tu lado. Cuando has tratado todo y no sabes hacia donde ir… Dios te mostrará el camino Cuando nada tiene sentido y estás frustrado sin saber hacia dónde ir… Dios tiene la respuesta. Si de repente tu mirada al mundo exterior se hace más brillante y encuentras senderos de luz… Dios te ha susurrado en el oído. Cuando las cosas van bien, y tienes mucho que agradecer… Dios te ha bendecido. No importa si te sientes bien o mal, Dios siempre está contigo y te acompaña en las buenas y en las malas. Nunca dejes de hablar con Dios y contarle tus problemas, pues muchas personas buscan a alguien con quien hablar y desahogarse, sin embargo no hablan con el único que siempre va a escuchar con misericordia y paciencia, sin sacar a relucir tus errores. Busca a Dios de corazón y cuéntale tus problemas, pues El siempre te acompaña y te cuida, lo creas o no, te guste o no. Él nunca te abandona, porque te ama.

Dios mío me duele

Dije: “Dios, me duele.”  Y Dios dijo: “Lo sé.”

Dije: “Dios, he llorado tanto …”  Y Dios dijo: “Para eso es que te di lágrimas.”

Dije: “Dios, estoy tan deprimida …”  Y Dios dijo: “Por eso es que te di el brillo del sol.”

Dije: “Dios, la vida es dura.”  Y Dios dijo: “Por eso es que te di a seres queridos.”

Dije: “Dios, mi ser más querido murió … ”  Y Dios dijo: “El mío también.”

Dije: “Dios, es una pérdida tan grande … ” Y Dios dijo: “Vi al mío clavado en una cruz.”

Dije: “Dios, pero tu ser más querido vive … ”  Y Dios dijo: “El tuyo también.”

Dije: “Dios, duele.”  Y Dios dijo: “Lo sé.”

Estas palabras estaban en una pared en la ciudad de Oklahoma, en el lugar donde se había producido un tiroteo.

Dios sabe lo que hace

Se cuenta que alguna una vez, en Inglaterra, existía una pareja que gustaba de visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres. Una de sus tiendas favoritas era una en donde vendían vajillas antiguas. En una de sus visitas a la tienda vieron una hermosa tacita. “Me permite ver esa taza?”, preguntó la Señora, “nunca he visto nada tan fino como eso”

En cuanto tuvo en sus manos la taza, escuchó que la tacita comenzó a hablar.

La tacita le comentó:

“Usted no entiende! Yo no siempre he sido esta taza que usted está sosteniendo! Hace mucho tiempo yo sólo era un montón de barro amorfo. Mi creador me tomó entre sus manos y me golpeó y me amoldó cariñosamente. Llegó un momento en que me desesperé y le grité: “Por favor! !Ya déjame en Paz!”. Pero sólo me sonrió y me dijo: “aguanta un poco más, todavía no es tiempo”.

Después me puso en un horno. Yo nunca había sentido tanto calor! Me pregunté por qué mi creador querría quemarme, así que toqué la puerta del horno.

A través de la ventana del horno pude leer los labios de mi creador que me decían: “aguanta un poco más, todavía no es tiempo.” Finalmente se abrió la puerta. Mi creador me tomó y me puso en una repisa para que me enfriara. “Así está mucho mejor” me dije a mí misma, pero apenas y me había refrescado cuando mi creador ya me estaba cepillando y pintándome. El olor de la pintura era horrible. Sentía que me ahogaría. “Por favor detente” le gritaba yo a mi creador, pero él sólo movía la cabeza haciendo un gesto negativo y decía  “aguanta un poco más, todavía no es tiempo”

Al fin dejó de pintarme; pero esta vez me tomó y me metió nuevamente a otro horno. No era un horno como el primero, sino que era mucho más caliente! Ahora sí estaba segura que me sofocaría. Le rogué y le imploré que me sacara. Grité, lloré, pero mi creador sólo me miraba diciendo “aguanta un poco más, todavía no es tiempo.”

En ese momento me di cuenta que no había esperanza! Nunca lograría sobrevivir a ese horno! Justo cuando estaba a punto de darme por vencida se abrió la puerta y mi creador me tomó cariñosamente y me puso en una repisa que era aún más alta que la primera. Allí me dejó un momento para que me refrescara.

Después de una hora de haber salido del segundo horno, me dio un espejo y me dijo: “Mírate! Esta eres tú!” Yo no podía creerlo! Esa no podía ser yo!

Lo que veía era hermoso! Mi creador nuevamente me dijo: “Yo sé que te dolió haber sido golpeada y amoldada por mis manos, pero si te hubiera dejado como estabas, te hubieras secado. Sé que te causó mucho calor y dolor estar en el primer horno, pero de no haberte puesto allí, seguramente te hubieras estrellado. También sé que los gases de la pintura te provocaron muchas molestias, pero de no haberte pintado tu vida no tendría color. Y si yo no te hubiera puesto en ese segundo horno, no hubieras sobrevivido mucho tiempo, porque tu dureza no habría sido la suficiente para que subsistieras. Ahora tú eres un producto terminado! Eres lo que yo tenía en mente cuando te comencé a formar!”.

Igual pasa con nosotros.

Dios nunca nos va a tentar ni a obligar a que vivamos algo que no podamos soportar. Dios sabe lo que está haciendo con cada uno de nosotros. Él es el artesano y nosotros somos el barro con el cual Él trabaja. Él nos amolda y nos da forma para que lleguemos a ser una pieza perfecta y podamos cumplir con su voluntad.

Dios sabe lo que necesito

Le pedí a Dios que me quitara el dolor.

Dios dijo, NO. Yo no te lo debo quitar, sino tú lo tienes que dejar.

Le pedí a Dios que hiciera que mi niño paralítico fuera completamente sano. Dios dijo, NO. Su espíritu esta completo, su cuerpo es solo temporal.

Le pedí a Dios que me concediera paciencia.

Dios dijo, NO. La Paciencia viene como resultado de las tribulaciones, no se concede, se gana.

Le pedí a Dios que me diera felicidad.

Dios dijo, NO. Te doy bendiciones. Tu decides si quieres ser feliz.

Le pedí a Dios que me librara del sufrimiento.

Dios dijo, NO. Los sufrimientos te alejan de los afanes del mundo y te acercan a mí.

Le pedí a Dios que hiciera crecer mi espíritu. Dios dijo, NO. Debes crecer por ti mismo, y yo te voy a podar para hacerte dar fruto.

Le pedí a Dios por todas las cosas que podría disfrutar en la vida. Dios dijo, No. Te doy vida para que disfrutes de todas las cosas.

Le pedí a Dios que me ayudara a amar a otros, con el amor con que él me ama a mí. Dios me dijo… Ahhh, finalmente estas empezando a entender.

Dios si existe

Un hombre fue a una barbería a cortarse el cabello y recortarse la barba. Como es costumbre en estos casos entabló una amena conversación con la persona que le atendía. Hablaban de tantas cosas y tocaron muchos temas, de pronto tocaron el tema de Dios, el barbero dijo: Fíjese caballero que yo no creo que Dios exista, como usted dice… – ¿Pero?, ¿porqué dice usted eso? – Pregunto el cliente. – Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe, o dígame, acaso si Dios existiera, habrían tantos enfermos, habría niños abandonados, si Dios existiera no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad, yo no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas. El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una discusión. El barbero terminó su trabajo y el cliente salió del negocio. Recién abandonaba la barbería cuando vio en la calle a un hombre con la barba y el cabello largo, al parecer hacía mucho tiempo que no se lo cortaba y se veía muy desarreglado. Entonces entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero: – ¿Sabe una cosa? los barberos no existen… – ¿Cómo que no existen? – pregunto el barbero – Si aquí estoy yo, y soy barbero. – ¡No! – dijo el cliente – No existen porque si existieran no habría personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre que va por la calle. – Ahh, los barberos sí existen, lo que pasa es que esas personas no vienen hacia mí. – ¡Exacto! – dijo el cliente – ese es el punto, Dios sí existe, lo que pasa es que las personas no van hacia El y no le buscan, por eso hay tanto dolor y miseria…

Dios siempre presente entre nosotros

Cierto hombre susurró: ¡Dios, háblame! y el árbol cantó. Pero el hombre no oía.

Luego el hombre, habló más fuerte, pidiendo: ¡Dios, háblame!, y un rayo cruzó el cielo. Pero el hombre no oía.

El hombre miró a su alrededor y dijo: ¡Dios, permite que te vea! y una estrella se iluminó con gran resplandor, pero el hombre no la notó.

Entonces el hombre gritó: ¡Dios, muéstrame un milagro! y en ese minuto nació un bebé. Pero el hombre no lo supo.

Luego el hombre pide a gritos, en desesperación:

¡Tócame Dios y hazme saber que estás aquí!. Dicho esto, Dios bajo y tocó al hombre, pero éste espantó a la mariposa que volaba a su alrededor y continuó caminando.

No te pierdas de una bendición sólo porque no viene envuelta del modo en que tú esperas.

La actitud lo es todo. Los amigos son ángeles que levantan nuestros pies de la tierra, cuando nuestras alas han olvidado cómo volar.

Dios te espera

Cuando te levantabas esta mañana, te observaba y esperaba que me hablaras aunque fuera unas cuantas palabras, preguntando mi opinión o agradeciéndome por algo bueno que te haya sucedido ayer. Pero note que estabas muy ocupado buscando la ropa adecuada para ponerte e ir al trabajo.

Seguía esperando de nuevo, mientras corrías por la casa arreglándote, supe que habría unos cuantos minutos para que te detuvieras y me dijeras “HOLA”, pero estabas demasiado ocupado(a). Por eso encendí el cielo para ti, lo llene de colores y dulces cantos de pájaros para ver si así me oías pero ni siquiera te diste cuenta de esto.

Te observé mientras ibas rumbo al trabajo y esperé pacientemente todo el día. Con todas tus actividades supongo que estabas demasiado ocupado(a) para decirme algo. De regreso vi tu cansancio y quise rociarte un poco para que el agua se llevara tu estrés, pensé en agradarte para pensaras en mí pero enfurecido ofendiste mi nombre, deseaba tanto que me hablaras, aun quedaba mucho tiempo.

Después encendiste el televisor, espere pacientemente, mientras veías el televisor, cenabas, pero nuevamente te olvidaste de hablar conmigo y nada. Te note cansado y entendí tu silencio asó que opaque el resplandor del cielo, pero no te deje a oscuras, lo cambie por un lucero, en verdad fue hermoso, pero no estuviste interesado en verlo.

A la hora de dormir, creo que ya estabas agotado(a). Después de decirle buenas noches a tu familia, caíste en tu cama y casi de inmediato te dormiste, acompañe con música tu sueño, mis animales nocturnos se lucieron, no hay problema, porque quizás no te das cuenta que siempre estoy ahí para ti.

Tengo más paciencia de la que te imaginas. También quisiera enseñarte como tener paciencia para con otros.

TE AMO tanto que espero todos lo días por una oración, el paisaje que hago es solo para ti. Bueno te estabas levantando de nuevo, y otra vez esperar sin nada más que mí amor por ti, esperando que el día de hoy me dediques un poco de tiempo.

Dirección

Recibo dirección de la luz radiante de Dios de amor y entendimiento.

Un reflector en un teatro es usado para enfocar la atención de una audiencia en un artista o un escenario. Siguiendo el reflector, la audiencia enfoca su atención en lo que es más importante para ver y oír.

Obtengo mayor entendimiento de cualquier situación poniéndola en la luz de Dios, su manera de pensar, su manera de actuar. Y como el reflector en el teatro, la luz de Dios toma mi mente fuera de distracciones y en lo que necesito saber. Con la dirección de Dios, se que las palabras y acciones que tomo son sabias y compasivas.

La dirección de Dios es una luz de amor y entendimiento que brilla en la gente y eventos que son una parte importante de mi vida.

“No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de sol, porque Dios el Señor los iluminará”.(Apocalipsis 22,5)

Disciplina

Jugando con su niñez, un niño dejó de hacerlo para dirigirse a su padre y preguntarle:

¿Porqué a mi compañero de juegos siempre lo reprende su padre y tu conmigo no haces lo mismo?

-Porque la disciplina se impone a quien no cumple con su deber.

Pero… ¿No crees que después de tanto tiempo, mi amigo ya debería ser como su padre quiere?

- Hijo, la disciplina como muchas otras cosas, solo se puede ejemplificar en el ser humano; lo que te quiero decir es que si quien imparte disciplina no es a la vez disciplinado, no puede ser obedecido, a menos que lo haga por la fuerza, pero entonces, sobre el camino del tiempo, lo que va sembrando es rebeldía.

Disfruta las frutillas

Una persona caía por un barranco y se sostuvo en las raíces de un árbol. Arriba del barranco había un oso inmenso queriendo devorarlo. El oso roznava, mostraba los dientes, babeaba de ansiedad por el plato que tenía delante suyo. Y abajo, listos para tragarlo cuando cayera, estaban seis tigres tremendamente hambrientos.

El levantaba la cabeza, miraba hacia arriba y veía el oso roznando. Cuando el oso daba una tregua, oía el rugir de los tigres, próximos de sus pies. Los tigres abajo querían comerlo, y el oso arriba quería devorarlo.

En determinado momento, el miró al costado izquierdo y vio una frutilla roja, linda, reflejando el sol. En un esfuerzo supremo, apoyó su cuerpo, sostenido solamente por la mano derecha y, con la izquierda, tomó la frutilla.

Cuando pudo mirarla mejor quedó admirado con su belleza. Entonces llevó la frutilla a la boca y disfrutó su sabor dulce y suculento. Fue un placer supremo comer aquella frutilla tan rica.

Quizá me preguntes: “Pero, ¿y el oso?” . Olvida el oso y come las frutillas! ¿Y los tigres? Mala suerte de los tigres, ¡come la frutilla!

Siempre existirán osos queriendo comer nuestras cabezas y tigres queriendo arrancar nuestros pies. Eso hace parte de la vida, pero es importante saber comer las frutillas, siempre. Nosotros no podemos dejar de comerlas sólo porque existen osos y tigres.

Los problemas no impiden a nadie de ser feliz. El hecho de tu jefe vivir “menospreciándote” no es motivo para que dejes de querer y disfrutar de tu trabajo.

El hecho de tu cliente vivir continuamente probándote no es razón para que no des un paseo por el campo y disfrutes la naturaleza.

Come la frutilla, no dejes que ella escape. Podrá no haber otra oportunidad para experimentar algo tan sabroso. Relaja y vive un día a la vez: ¡come la frutilla! Los problemas ocurren en la vida de todos, pero la gran verdad es que el mejor momento para ser feliz es ahora!

Donando sangre

“Hace muchos años, cuando trabajaba como voluntario en un Hospital de Stanford, conocí a una niñita llamada Liz quien sufría de una extraña enfermedad. Su única oportunidad de recuperarse era una transfusión de sangre de su hermano de 5 años, quien había sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado anticuerpos necesarios para combatir la enfermedad.

El doctor explicó la situación al hermano de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a dar su sangre para su hermana.

Yo lo vi dudar por sólo un momento antes de tomar un gran suspiro y decir: “Sí; yo lo haré, si eso salva a Liz.”

Mientras la transfusión continuaba, el estaba acostado en una cama al lado de la de su hermana; y sonriente mientras nosotros lo asistíamos a él y a su hermana, viendo retornar el color a las mejillas de la niña.

Entonces la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció. El miró al doctor y le pregunto con voz temblorosa: ¿A qué hora empezaré a morirme?

Siendo sólo un niño, no había comprendido al doctor; él pensaba que le daría toda su sangre a su hermana; y aun así estuvo dispuesto a dársela.”

Dos amigos

“Dos amigos se encontraban tomando un café y uno le comenta en tono de queja al otro: – Mi mamá me llama mucho por teléfono para pedirme que vaya a conversar con ella. Yo voy poco y en ocasiones siento que me molesta su forma de ser. Ya sabes como son los viejos: Cuentan las mismas cosas una y otra vez. Además, nunca me faltan compromisos: que el trabajo, que los amigos… Yo en cambio – le dijo su compañero- converso mucho con mi mamá. Cada vez que estoy triste, voy con ella; cuando me siento solo, cuando tengo un problema y necesito fortaleza, acudo a ella y me siento mejor. – Caramba – se apenó el otro -. Eres mejor que yo. – No lo creas, soy igual que tu – respondió el amigo con tristeza -. Visito a mi mamá en el cementerio. Murió hace tiempo, pero mientras estuvo conmigo, tampoco yo iba a conversar con ella y pensaba lo mismo que tu. No sabes cuánta falta me hace su presencia, cuánto la echo de menos y cuánto la busco ahora que ha partido. Si de algo te sirve mi experiencia, conversa con tu mamá hoy que todavía la tienes, valora su presencia resaltando sus virtudes que seguro las tiene y trata de hacer a un lado sus errores, que de una forma u otra ya forman parte de su ser. No esperes a que esté en un cementerio porque ahí la reflexión duele hasta el fondo del alma, porque entiendes que ya nunca podrá hacer lo que dejaste pendiente, será un hueco que nunca podrás llenar. No permitas que te pase lo que me paso a mi. En el automóvil, iba pensando en las palabras de su amigo. Cuando llegó a la oficina, dijo a su secretaria: Comuníqueme por favor con mi mamá, no me pase más llamadas y también modifique mi agenda porque es muy probable que este día, ¡se lo dedique a ella!

¿Tú crees que esto solo se refiere a los padres? Desafortunadamente no. Siempre estamos devaluando el cariño o la amistad que otras personas nos ofrecen y en ocasiones los perdemos porque no sabíamos cuán importantes eran, hasta que ya no están a nuestro lado.

Dos hermanos

La historia cuenta que había dos hermanos que se querían con toda el alma. Ambos eran agricultores. Uno se casó y el otro permaneció soltero. Decidieron seguir repartiendo toda su cosecha a medias. Una noche el soltero soñó: ¡No es justo! Mi hermano tiene mujer e hijos y recibe la misma proporción de cosecha que yo que estoy solo. Iré por las noches a su montón de trigo y le añadiré varios sacos sin que él se de cuenta. A su vez el hermano casado soñó también una noche: ¡No es justo! Yo tengo mujer e hijos y mi futuro estará con ellos asegurado. A mi hermano, que está solo, ¿quién lo ayudará? Iré por las noches a su montón de trigo y le añadiré varios sacos sin que sé de cuenta. Así lo hicieron ambos hermanos. Y ¡oh, sorpresa!, Ambos se encontraron en el camino, una misma noche, portando sacos una para el otro. Se miraron, comprendieron lo que pasaba y se abrazaron con un abrazo de hermano, aún más fuerte, y para siempre.

A veces, es necesario hacer un alto en nuestra vida y revalorar las bendiciones que tenemos al contar con un hermano, es esencial, como cristianos, amarnos y procurarnos como tales. No podemos dar testimonio de Vida, si no amamos a los que están más cerca de nosotros. El Señor nos pide caridad y entrega. Hoy es un buen día para empezar.

Dos Maneras

Mirando un Cristo sobre la pared, me puse a pensar y me di cuenta de que tenemos dos maneras de observarlo:

Ver el clavo que sostiene el Cristo, o ver el cuerpo del Cristo que con los clavos se sostiene.

Ver el clavo que se esconde detrás del Cristo, o ver el cuerpo del Cristo que esconde todos los clavos.

Ver el clavo cuya cabeza se levanta para que no caiga el Cristo, o ver la cabeza del Cristo que mira hacia abajo su pesada carga para que el mundo no caiga.

Ver la grieta que hizo el clavo en la pared detrás del Cristo, o ver las grietas que se levantan en cada parte del cuerpo del Cristo.

Cuando vemos un Cristo sostenido por tres clavos, en un cuerpo agotado que esconde en su interior nuestras culpas y penas, con los brazos extendidos en señal de perdón, con graves heridas en cada rincón de su cuerpo y con una mirada de compasión, no nos queda mas que agradecer todo ese AMOR que nos ha tenido al estar ahí en la Cruz.

El alpinista

Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Aconcagua, inició su travesía, después de años de preparación, pero quería la gloria para él sólo, por lo tanto subió sin compañeros.

Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo decidido a llegar a la cima, le obscureció.

La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas eran cubiertas por las nubes.

Subiendo por un acantilado, a solo 100 metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires… caía a una velocidad vertiginosa, solo podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.

Seguía cayendo…en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos sus gratos y no tan gratos momentos de su vida, él pensaba que se iba a morir, más sin embargo, de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos… Sí, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarrada de la cintura.

En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedó más que gritar: “ayúdame, dios mío”, “ayúdame, Dios mío”…

De repente una voz grave y profunda de los cielos le contestó: ¿Qué quieres que haga?

“Sálvame, Dios mío”.

¿Realmente crees que te pueda salvar?

“Por supuesto, Dios mío”.

¡entonces corta la cuerda que te sostiene!…

Hubo un momento de quietud y silencio. El hombre se aferró más a la cuerda y reflexionó.

Cuenta el equipo de rescate que al otro día encontró colgado al alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza con las manos a la cuerda… a dos metros del suelo…

El amigo del hijo

Era la reunión del domingo por la noche de un grupo apostólico en una iglesia de la comunidad. Después que cantaron los himnos, el sacerdote de la iglesia se dirigió al grupo y presentó a un orador invitado; se trataba de uno de sus amigos de la infancia, ya entrado en años.

Mientras todos lo seguían con la mirada, el anciano ocupó el púlpito y comenzó a contar esta historia:

“Un hombre junto con su hijo y un amigo de su hijo estaban navegando en un velero a lo largo de la costa del Pacífico, cuando una tormenta les impidió volver a tierra firme. Las olas se encresparon a tal grado que el padre, a pesar de ser un marinero de experiencia, no pudo mantener a flote la embarcación, y las aguas del océano arrastraron a los tres”.

Al decir esto, el anciano se detuvo un momento y miró a dos adolescentes que por primera vez desde que comenzó la plática estaban mostrando interés; y siguió narrando:

“El padre logró agarrar una soga, pero luego tuvo que tomar la decisión más terrible de su vida: Escoger a cuál de los dos muchachos tirarle el otro extremo de la soga. Tuvo sólo escasos segundos para decidirse. El padre sabía que su hijo era un buen cristiano, y también sabía que el amigo de su hijo no lo era. La agonía de la decisión era mucho mayor que los embates de las olas”.

“Miró en dirección a su hijo y le gritó: ¡TE QUIERO, HIJO MIO! y le tiró la soga al amigo de su hijo. En el tiempo que le tomó al amigo halar hasta el velero volcado en campana, su hijo desapareció bajo los fuertes oleajes en la oscuridad de la noche. Jamás lograron encontrar su cuerpo”.

Los dos adolescentes estaban escuchando con suma atención, atentos a las próximas palabras que pronunciara el orador invitado.

“El padre” -continuó el anciano- “sabía que su hijo pasaría la eternidad con Cristo, y no podía soportar el hecho de que el amigo de su hijo no estuviera preparado para encontrarse con Dios. Por eso sacrificó a su hijo. ¡Cuán grande es el amor de Dios que lo impulsó a hacer lo mismo por nosotros!”

Dicho esto, el anciano volvió a sentarse, y hubo un tenso silencio. Pocos minutos después de concluida la reunión, los dos adolescentes se encontraron con el anciano. Uno de ellos le dijo cortésmente:

“Esa fue una historia muy bonita, pero a mí me cuesta trabajo creer que ese padre haya sacrificado la vida de su hijo con la ilusión de que el otro muchacho algún día decidiera seguir a Cristo.”

“Tienes toda la razón”, le contestó el anciano mientras miraba su Biblia gastada por el uso. Y mientras sonreía, miró fijamente a los dos jóvenes y les dijo:

“Pero esa historia me ayuda a comprender lo difícil que debió haber sido para Dios entregar a su Hijo por mí. A mí también me costaría trabajo creerlo si no fuera porque el amigo de ese hijo era yo.”

El amor es ciego

Estaban todas las VIRTUDES y DEFECTOS reunidos en un Parque. Un día se sentían bastante aburridos y la “ANIMACION” propuso jugar a las escondidas.

La “ORGANIZACION” inmediatamente delimitó el Área de Juego y puso las reglas.

Como nadie quería quedarse a contar, sino todos querían esconderse, le tocó al ” SACRIFICIO” hacerlo. Empezó a contar y todas las VIRTUDES y los DEFECTOS corrieron a esconderse:

La “PEREZA” lo hizo detrás del árbol mas cercano.

La “PERSEVERANCIA” intentaba subirse a una alta palmera.

La “CREATIVIDAD” se pintó de verde y se acostó sobre el pasto.

La “INGENUIDAD” se escondió tras el “SACRIFICIO”; pensando que éste no lo vería.

El “AMOR” se escondió en un rosal, y así todos los demás.

Cuando el “SACRIFICIO” terminó de contar salió a buscar a todas las “VIRTUDES y los DEFECTOS”. Subió a los árboles, escarbaba la tierra, revisaba el pasto y los fue encontrando a todos, uno por uno. Pero le faltaba uno: el “AMOR”.

Buscó por todas partes, hasta que se le ocurrió ir al rosal. Se metió por entre las rosas y las espinas. Lo herían, pero no le importaba. De pronto, bajó una de las rosas con tanta fuerza, que una de sus espinas se clavó en los ojos del “AMOR”, que se encontraba ahí escondido.

Como el “AMOR” no podía ver; el “SACRIFICIO” se ofreció a ser su lazarillo. Desde entonces se dice que el “AMOR” es ciego y que siempre va de la mano del “SACRIFICIO”.

El amor frente al odio

El amor alienta, el odio abate;

el amor sonríe, el odio gruñe;

el amor atrae, el odio rechaza;

el amor confía, el odio sospecha;

el amor enternece, el odio enardece;

el amor canta, el odio espanta;

el amor tranquiliza, el odio altera;

el amor guarda silencio, el odio vocifera;

el amor edifica, el odio destruye;

el amor siembra, el odio arranca;

el amor espera, el odio desespera;

el amor consuela, el odio exaspera;

el amor suaviza, el odio irrita;

el amor aclara, el odio confunde;

el amor perdona, el odio intriga;

el amor vivifica, el odio mata;

el amor es dulce; el odio es amargo;

el amor es pacífico; el odio es explosivo;

el amor es veraz, el odio es mentiroso;

el amor es luminoso, el odio es tenebroso;

el amor es humilde, el odio es altanero;

el amor es sumiso, el odio es jactancioso;

el amor es manso, el odio es belicoso;

el amor es espiritual, el odio es carnal.

El amor es sublime, el odio es triste.

El amor no espera

Había una vez un viejito que estaba enfermo y cansado. El tenía cuatro hijos, y de ninguno de ellos recibía la menor atención.

Vivía en una abundante pobreza. A duras penas lograba sobrevivir. En su pequeñísima granja deambulaban unas cuantas gallinas flacas, que existían casi de milagro, y por lo menos, no dejaban de poner un par de huevos diariamente. El resto de la dieta que el viejito consumía, eran unas cuantas frutas silvestres que cada día le costaba mucho esfuerzo recolectar.

Un día, buscando entre sus escasas pertenencias, encontró dos monedas de plata y se le ocurrió una genial idea. En el pueblo las intercambió con un mercader de artículos antiguos quien le dio un viejo baúl.

Como pudo, se las arregló y lo trasladó a su casa. Una vez en ella, lo dejó a la vista en el centro de su humilde choza. Por casualidad uno de sus hijos lo visitó e intrigado le preguntó: “¿Qué guardas ahí?” -“Un secreto”, le contestó, “que solamente conocerán tú y tus hermanos el día en que me muera, pues ahí está toda mi herencia”. Al día siguiente lo enterró debajo de su lecho.

Cual fue su sorpresa que a partir de entonces, un hijo al menos lo visitaba durante el día. Le llevaban leche y miel, y entre los cuatros hijos le mantenían su choza bastante limpia.

Un día al viejo se le detuvo el tiempo muriendo en su granja. De inmediato los hijos se dieron cita, no tanto para velarlo, por supuesto, sino para ver a cuanto ascendía su herencia.

Y cual fue su sorpresa que una vez desenterrado y abierto el cofre, lo único que encontraron fue un trozo de papel que decía de su puño y letra, un poco torcida y temblorosa: “Hijos míos: el auténtico amor no espera, se entrega generosamente sin esperar recompensa. Mi única herencia es que aprendan a amar; hubiera deseado dejarles más, pero mi único legado es darles las gracias por lo que me dieron en vida.”

Los cuatro hermanos al fin comprendieron que un buen padre puede dar la vida por sus hijos, pero algunos no entregan nada en vida a sus padres. En profunda reflexión y con lágrimas en los ojos, le dieron finalmente una digna sepultura, y uno de ellos, cuando arrojó el último puñado de tierra, le despidió diciendo: “te prometo amar sin esperar”.

El anillo

Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro sin mirarlo, le, dijo: -Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después…- y haciendo una pausa agregó- si quisieras ayudarme tú a mi, yo podría resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

E…encantado, maestro- titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado, y sus necesidades postergadas.

Bien, asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño y dándoselo al muchacho, agregó- toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado.

Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.

En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó. Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda. Entró en la habitación.

Maestro- dijo- lo siento, no se puede conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

Qué importante lo que dijiste, joven amigo- contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y luego le dijo: -Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender YA, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

-58 monedas! Exclamó el joven. -Sí, replicó el joyero- yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… si la venta es urgente.

El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.

Siéntate- dijo el maestro después de escucharlo- Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor? Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño.

El árbol confundido

Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.

Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: “No sabía quién era.”

Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano, si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. “¿Ves que fácil es?”

No lo escuches, exigía el rosal. Es más sencillo tener rosas y “¿Ves que bellas son?”

Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:

- No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: “No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas… Sé tu mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior.” Y dicho esto, el búho desapareció.

¿Mi voz interior…? ¿Ser yo mismo…? ¿Conocerme…? Se preguntaba el árbol desesperado, cuándo de pronto, comprendió… Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole: “Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje… Tienes una misión “cúmplela”.

Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.

El árbol de las manzanas

Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de él. Trepaba al árbol hasta el tope y el le daba sombra. El amaba al árbol y el árbol amaba al niño.

Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y el nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol.

Un día el muchacho regresó al árbol y escuchó que el árbol le dijo triste: “¿Vienes a jugar conmigo?” pero el muchacho contestó “Ya no soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes árboles. Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos”.

“Lo siento, dijo el árbol, pero no tengo dinero… Te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas. De esta manera tú obtendrás el dinero para tus juguetes”.

El muchacho se sintió muy feliz. Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero y el árbol volvió a ser feliz. Pero el muchacho nunca volvió después de obtener el dinero y el árbol volvió a estar triste.

Tiempo después, el muchacho regresó y el árbol se puso feliz y le preguntó: “¿Vienes a jugar conmigo?” “No tengo tiempo para jugar. Debo de trabajar para mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?”… “Lo siento, pero no tengo una casa, pero… tú puedes cortar mis ramas y construir tu casa”.

El joven cortó todas las ramas del árbol y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió desde esa vez y el árbol volvió a estar triste y solitario.

Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el árbol estaba encantado. “Vienes a jugar conmigo? le preguntó el árbol. El hombre contestó “Estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?”. El árbol contestó: “Usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz”. El hombre cortó el tronco y construyó su bote. Luego se fue a navegar por un largo tiempo.

Finalmente regresó después de muchos años y el árbol le dijo: “Lo siento mucho, pero ya no tenga nada que darte ni siquiera manzanas”. El hombre replicó “No tengo dientes para morder, ni fuerza para escalar…Por ahora ya estoy viejo”.

Entonces el árbol con lágrimas en sus ojos le dijo, “Realmente no puedo darte nada… la única cosa que me queda son mis raíces muertas”. Y el hombre contestó: “Yo no necesito mucho ahora, solo un lugar para descansar. Estoy tan cansado después de tantos años”. “Bueno, las viejas raíces de un árbol, son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven siéntate conmigo y descansa”.

El hombre se sentó junto al árbol y este feliz y contento sonrió con lágrimas.

Esta puede ser la historia de cada uno de nosotros. El árbol son nuestros padres. Cuando somos niños, los amamos y jugamos con papá y mamá… Cuando crecemos los dejamos …sólo regresamos a ellos cuando los necesitamos o estamos en problemas… No importa lo que sea, ellos siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices. Tú puedes pensar que el muchacho es cruel contra el árbol, pero es así como nosotros tratamos a nuestros padres…

Valoremos a nuestros padres mientras los tengamos a nuestro lado y si ya no están, que la llama de su amor viva por siempre en tu corazón y su recuerdo te dé fuerza cuando estás cansado…

El árbol de los problemas

El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar mi vieja granja, acababa de finalizar su primer día de trabajo muy duro. Su cortadora eléctrica se había dañado y le había hecho perder una hora de su trabajo y ahora su antiguo camión se negaba a arrancar.

Mientras lo llevaba a su casa, permaneció en silencio. Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia.

Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.

Al entrar en su casa, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara sonreía plenamente. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. Posteriormente me acompañó hasta el auto.

Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo visto cuando entramos.

“ese es mi árbol de los problemas”, contestó. “Sé que yo no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero hay algo que es seguro: los problemas no pertenecen a mi casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego. Luego a la mañana los recojo otra vez.”

“Lo divertido es… -dijo sonriendo- que cuando salgo a la mañana a recogerlos, ni remotamente encuentro tantos como los que recuerdo haber dejado la noche anterior”.

Si tiene solución, ¿para qué te vas a hacer problema?

Si no tiene solución, ¿Para qué te vas a hacer problema?

El barbero y Dios

Un hombre fue a una barbería a cortarse el cabello y recortarse la barba. Como es costumbre en estos casos entabló una amena conversación con la persona que le atendía.

Hablaban de tantas cosas y tocaron muchos temas, de pronto tocaron el tema de Dios y el barbero dijo:

- Fíjese caballero que yo no creo que Dios exista, como usted dice.

Pero, ¿por qué dice usted eso? – preguntó el cliente.

Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe, o dígame, ¿acaso si Dios existiera, habrían tantos enfermos, habrían niños abandonados? Si Dios existiera no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad, yo no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas.

El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una discusión. El barbero terminó su trabajo y el cliente salió del negocio. Recién abandonaba la barbería cuando vio en la calle a un hombre con la barba y el cabello largo, al parecer hacía mucho tiempo que no se lo cortaba y se veía muy desarreglado.

Entonces entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero. – ¿Sabe una cosa?, los barberos no existen.

¿Cómo que no existen? – preguntó el barbero – si aquí estoy yo y soy barbero. -¡No! -dijo el cliente – no existen porque si existieran no habría personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre que va por la calle.

-¡Ah!, los barberos sí existen, lo que pasa es que esas personas no vienen hacia mí.

-¡Exacto! -dijo el cliente – ese es el punto, Dios si existe; lo que pasa es que las personas no van hacia Él y no le buscan? por eso hay tanto dolor y miseria.

El buscador

Esta es la historia de un hombre que yo definiría como un buscador… Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debería ir a la ciudad de Kammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, de modo que dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó a lo lejos la ciudad de Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores bellas. La rodeaba por completo una especie de valla de madera lustrada … Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.

De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspasó el portal y caminó lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor. Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió sobre una de las piedras, aquella inscripción: “Aquí yace Abdul Tareg. Vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días.” Se sobrecogió un poco al darse cuenta que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lapida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estuviera enterrado en ese lugar. Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta que la piedra de al lado tenía también una inscripción. Se acercó a leerla; decía: “Aquí yace Yamir Kalib. Vivió 5 años, 8 meses y tres semanas.”

El buscador se sintió terriblemente abatido. Ese hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una leyó las lapidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que más lo conecto con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años. Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio, que pasaba por ahí, se acercó. Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. “No, ningún familiar” dijo el buscador. ¿Qué pasa con este pueblo? ¿Qué cosa terrible hay en esta ciudad? ¿Porqué tantos niños muertos enterrados en este lugar…? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente que los ha obligado a construir un cementerio de niños…?”

El anciano respondió: “Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que sucede es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré … Cuando un joven cumple quince años sus padres le regalan una libreta como ésta que tengo aquí colgando del cuello. Y es tradición entre nosotros que a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en ella, a la izquierda, que fue lo disfrutado y a la derecha, cuanto tiempo duro el gozo. “Conoció a su novia, y se enamoro de ella. ¿Cuánto tiempo duro esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿una semana…? ¿dos…? ¿tres semanas y media…? Y después, la emoción del primer beso, la fiesta de bodas, ¿cuánto duró la alegría del matrimonio? ¿dos días…? ¿una semana..? ¿Y el casamiento de sus amigos…? Y el viaje mas deseado…? ¿Y el encuentro con quien vuelve de un país lejano…? ¿Cuánto tiempo duro el disfrutar de esas sensaciones…?

¿Horas..? ¿días…?

Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos. Cuando alguien muere es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo anotado, para escribirlo sobre su tumba, porque es, amigo caminante, el único y verdadero tiempo VIVIDO.”

Vive intensamente, y sanamente, el presente…

El caminante

Muchas veces había sentido que el tiempo se le escurría entre los dedos, pero le inquietaba saber que aún ni le dejaba huella.

Para él, eso era como haber sentido de cerca la muerte, ahora deseaba saberse intensamente vivo; quería andar sin prisas, descalzo , por algún camino de árboles inmensos, contemplativos de aquella verde felicidad. Tenía la gana de caminar así, sin ninguna clase de permiso, de modo que sus pies pálidos y desnudos olieran al pastizal, percibieran cómo éste se transformaba en tierra en arena, hasta llegar al mar…

Una mañana se despidió de su casa y salió : iba a probar andar hasta donde termina el río.

En realidad, éste sería su quinto intento, pero esta vez lo animaba no sólo un objetivo en la mente : tenía ahora en el corazón un anhelo.

Caminó pues. Su sendero comenzó siendo hostil y se fue haciendo cada vez más estrecho, más de lo que él y su imaginación habían, hábilmente acordado. El calor era, a ratos, asfixiante y sólo por momentos muy breves soplaba hasta su frente un ligero airecillo que le regalaba de pronto un poco de consuelo.

Cómo lo imaginó, tuvo varias caídas; sin embargo, cuantas veces estuvo a punto de desistir llegaba de repente a un lugar enteramente distinto. Así conoció los sitios más lejanos y hermosos, rebosantes de árboles y pájaros, parajes húmedos inmensamente bellos. Pero se preguntaba, cada vez, cuánto faltaba para llegar a su destino.

Un día , fatigado y molesto, con vagas esperanzas, él no quiso seguir: sus pies encallecidos, ulcerados, se negaron a hacerlo. Deseó abandonar el camino y olvidarse de todo y de sí mismo. En ese instante apareció la aurora. Miró hacia el horizonte y leyó: “Vivir no es fácil; sin embargo , es una experiencia maravillosa”.

Cada noche, en la íntima paz de su lecho, él se detiene y eleva la mirada : luego se inclina, cierra los ojos y sus labios esbozan un suave y vehemente “GRACIAS”.

Ahora sabe que cuanta tierra pisa, ahí es su destino.

Mientras sus ojos traducían con paciencia el horizonte, su inteligencia rústica recibió el suave y dulce roce de la mano de DIOS.

Reflexión : Nunca pongas un signo de interrogación donde DIOS ha puesto un punto final.

El carpintero

Un carpintero ya entrado en años estaba listo para retirarse. Le dijo a su Jefe de sus planes de dejar el negocio de la construcción para llevar una vida más placentera con su esposa y disfrutar de su familia. El iba a extrañar su cheque mensual, pero necesitaba retirarse. Ellos superarían esta etapa de alguna manera.

El Jefe sentía ver que su buen empleado dejaba la compañía y le pidió que construyera una sola casa más como un favor personal. El carpintero accedió, pero se veía fácilmente que no estaba poniendo el corazón en su trabajo: utilizaba materiales de inferior calidad y el resultado era deficiente; era una desafortunada manera de terminar su carrera.

Cuando el carpintero terminó su trabajo y su Jefe fue a inspeccionar la casa, el Jefe le extendió al carpintero las llaves de la puerta principal.

“Esta es tu casa”, dijo, “es mi regalo para ti”.

Qué tragedia! Qué pena!, si solamente el carpintero hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, la hubiera hecho de manera totalmente diferente. Ahora tendría que vivir en la casa que construyó “no muy bien” que digamos…

Así que está en nosotros. Construimos nuestras vidas de manera distraída, reaccionando cuando deberíamos actuar, dispuestos a poner en ello menos que lo mejor. En puntos importantes, no ponemos lo mejor de nosotros en nuestro trabajo. Entonces, con pena vemos la situación que hemos creado y encontramos que estamos viviendo en la casa que hemos construido.

Como si fueran el carpintero, piensen en su casa. Cada día clavamos un clavo, levantamos una pared o edificamos un techo. Construyan con sabiduría. Es la única vida que podrán construir. Inclusive si solo la viven por un día más, ese día merece ser vivido con gracia y dignidad.

Su vida, ahora, es el resultado de sus actitudes y elecciones del pasado. Su vida, mañana, será el resultado de sus actitudes y elecciones hechas hoy.

El clavadista

Un joven que fue criado como ateo estaba entrenando para un salto de clavados a nivel olímpico. La única influencia religiosa que recibió en su vida, le llegó a través de un amigo. El deportista no prestó mayor atención a los sermones de su amigo, aunque los escuchaba con frecuencia.

Una noche, fue a la piscina de la universidad a la que pertenecía. Las luces estaban todas apagadas, pero como la noche estaba clara y la luna brillaba, había suficiente luz para practicar. El joven se subió al trampolín más alto, y en lo que volvió la espalda a la piscina al filo de la rampa y extendió sus brazos, vio su propia sombra en la pared.

La sombra de su cuerpo tenía la forma exacta de una cruz. En lugar de saltar, se arrodilló y finalmente le pidió a Dios que entrara en su vida.

Mientras el joven permanecía quieto, el personal de limpieza ingresó y encendió las luces para trabajar en la piscina, la cual habían vaciado horas antes para repararla.

El cuarto Rey Mago

Cuenta la historia que hubo un cuarto rey mago, que llego tarde a la cita con los otros tres por ayudar a un anciano.

Por sus medios se desplazo a Belén, pero la Sagrada Familia había partido a Egipto, en donde intento buscarlos fructuosamente, pero siempre se enredaba ayudando a algún necesitado.

Vuelto a su lugar de origen, los tres Reyes Magos le contaron sobre el niño Jesús, y en su corazón prometió encontrarle.

Cuando después de 30 años oyó del profeta de Galilea, quiso verle. Desafortunadamente, nunca llegaba en el momento oportuno por arreglar las miserias que iba encontrando en el camino.

Por fin, ya anciano alcanzo a Jesús subiendo al Gólgota, y de dijo: “Toda mi vida te he buscado sin poder encontrarte”. Jesús contesto: “No necesitabas buscarme, porque tu siempre estuviste a mi lado”.

El Deportista

Un joven que fue criado como ateo estaba entrenando para salto ornamental a nivel olímpico.

La única influencia religiosa que recibió en su vida le llegó a través de un amigo cristiano. El deportista no prestó mayor atención a los sermones de su amigo, aunque los escuchaba con frecuencia. Una noche fue a la piscina de la universidad a la que pertenecía. Las luces estaban todas apagadas, pero como la noche era clara y la luna brillaba, el deportista se animó a practicar.

El joven se subió al trampolín más alto, en donde se colocó de espalda a la piscina al filo de la rampa y extendió sus brazos. Al hacer esto, vio su propia sombra en la pared. La sombra de su cuerpo tenía la forma exacta de una cruz.

En lugar de saltar, se arrodilló y, finalmente, le pidió a Dios que entrara en su vida. Mientras el joven oraba, el personal de limpieza ingresó y encendió las luces. Habían vaciado la piscina para repararla.

El día en que Dios me enseño a vivir

Hace aproximadamente 2 años tuve una experiencia que nunca olvidaré por el resto de mi vida.

Era una chica con muchos problemas tanto familiares como en lo sentimental, había terminado con una relación que duró siete años, y yo estaba muy deprimida, a mis 25 años yo no quería seguir viviendo.

De pronto, en una tarde que decidí salir con una amiga, un sujeto subió al autobús, con un arma amenazó a todos y empezó a disparar… mi vida pasó en un segundo como una película: lo bueno y lo malo, mi familia, mi niñez, mi adolescencia y mi corta juventud.

¡Yo no quería morir así!… le pedí a Dios que me protegiera a mi y a todos los que estábamos en medio del tiroteo, de repente corrí hacia atrás del autobús y vi como el sujeto cayó muerto de un disparo en la cabeza. Inexplicablemente, otro sujeto que estaba afuera fue el que lo mató. Afortunadamente terminó la pesadilla, irónicamente con la pérdida de la vida de un joven que no merecía haber terminado de esa forma.

Al día siguiente, aun con la amarga experiencia, de repente comenzó a llover y salió el sol en todo su esplendor y pude apreciar dos arco iris al mismo tiempo. Y me dije: ¡Dios, gracias por el regalo que me acabas de enviar!

Desde entonces me di cuenta que Dios me dio una señal para seguir viviendo, para apreciarme y quererme tal y como soy, de aceptarme con mis virtudes y defectos, que no importa lo que pase o sufra, tengo que seguir viviendo, con la diferencia de que ahora el peso se ha vuelto ligero, ya que él me ayuda a cargarlo.

El eco

Jorge, que no sabía lo que era el eco, un día se divertía en el campo en ir montado sobre un palo de escoba, como si fuera un asno y en gritar:

-¡Arre! ¡Arre!

Pero inmediatamente oyó las mismas palabras en el bosque cercano. Creyendo que algún niño se hubiera escondido en él, le preguntó admirado:

-¿Quién eres tú?

La voz misteriosa repitió inmediatamente:

-¿Quién eres tú?

Jorge, lleno de furor, le gritó entonces:

- Tú eres un necio.

Enseguida la misteriosa voz repitió las mismas palabras.

Entonces Jorge montó en cólera y lanzó palabras cada vez más injuriosas contra el desconocido que suponía escondido; pero el eco se las devolvía con la máxima fidelidad. Jorge corrió al bosque para descubrir al insolente y vengarse de él, pero no encontró a nadie. Entonces marchó a su casa, y fue a consolarse con su mamá de lo que le había sucedido, diciéndole que un bribonzuelo, escondido en el bosque, lo había colmado de injurias.

Esta vez te has engañado, pues lo que has oído ha sido el eco de tus mismas palabras – le dijo la madre -. Si tú hubieras dicho en alta voz una palabra afectuosa, la voz de que hablas te hubiera respondido también en términos afectuosos.

Lo mismo sucede en la vida ordinaria. Por lo común, el proceder de los demás para con nosotros es el eco de nuestra conducta para con ellos. Si somos educados con los demás, los demás lo serán con nosotros. Si, en cambio, somos descorteses, ruines y groseros con nuestros semejantes, no tenemos derecho a esperar ser tratados de diferente manera.

El elefante del circo

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales.

También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de tajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía cinco o seis años, pregunté a algún maestro, a mi padre o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:

“El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño”.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvía a probar, y también al otro y al que seguía…hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso no escapa porque cree que no puede.

El tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que se siente poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás… Jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez…

Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón de cosas “no podemos hacer” simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestro recuerdo “no puedo… no puedo y nunca podré”, perdiendo una de las mayores bendiciones con que puede contar un ser humano: la fe.

La única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento todo nuestro corazón y todo nuestro esfuerzo como si todo dependiera de nosotros, pero al mismo tiempo, confiando totalmente en Dios como si todo dependiera de él.

El equilibrista

En Nueva York se han construido dos rascacielos impresionantemente altos, a treinta metros de distancia uno del otro. Un famoso equilibrista tendió una cuerda en lo más alto de estos edificios gemelos con el fin de pasar caminando sobre ella. Antes dijo a la multitud expectante:

-“Me subiré y cruzaré sobre la cuerda, pero necesito que ustedes crean en mí y tengan confianza en que lo voy a lograr…” – Claro que sí, respondieron todos al mismo tiempo. Subió por el elevador y ayudándose de una vara de equilibrio comenzó a atravesar de un edificio a otro sobre la cuerda floja. Habiendo logrado la hazaña bajó y dijo a la multitud que le aplaudía emocionada: -“Ahora voy a pasar por segunda ocasión, pero sin la ayuda de la vara. Por tanto, más que antes, necesito su confianza y su fe en mí.” El equilibrista subió nuevamente por el elevador y luego comenzó a cruzar lentamente de un edificio hasta el otro. La gente estaba muda de asombro y aplaudía. Entonces el equilibrista bajó y en medio de las ovaciones por tercera vez dijo: – “Ahora pasaré por última vez, pero empujaré una carretilla sobre la cuerda… necesito, más que nunca, que crean en mí y confíen en mí”. La multitud guardaba un tenso silencio. Nadie se atrevía a creer que esto fuera posible… -Basta que una sola persona confíe en mí y lo haré, afirmó el equilibrista. Entonces uno de los que estaba atrás gritó: -Sí, sí, yo creo en ti; tú puedes. Yo confío en ti… El equilibrista para certificar su confianza, lo retó: -“Si de veras confías en mí, vente conmigo y súbete a la carretilla…”

Cuando en verdad le creemos a Jesús nos subimos a su cruz, muriendo a todo aquello que no nos deja vivir. Este tipo de fe nos permite ver lo invisible y tener esperanza, ya que todo es posible para el que cree.

El escultor

“Estoy tratando de esculpir una Virgen; no soy escultor, lo hago por afición y por descanso; la madera es dura, las herramientas inadecuadas; me canso, pierdo las esperanzas, me dan ganas de tirar la madera al fuego.

Pienso Señor, que también la vida es así.

¡Cuántas obras emprendemos sin saber cómo van a concluir!

Sí, toda la historia humana es así, como una escultura que lentamente va tomando forma; golpe tras golpe la van labrando.

¡Cuántos golpes nos va propinando la vida! con frecuencia dolorosos y crueles, incomprensibles a veces, pero necesarios para hacernos madurar y crecer.

Que reconozca, Señor, tu mano cariñosa y paternal de artista que va labrando mi vida. Algunos golpes no los entiendo, me parecen sin sentido; otros me llegan de donde menos lo espero y me hieren profundamente.

Haz que sea un madero dócil en tus manos, que no esquive los golpes; sé que quieres hacer algo útil de mí. Quizás es tu propia figura, la que quieres esculpir en mí.”

El Espantapájaros

En mi huerto tengo cuatro hileras de fresas, una verdad que evidentemente ha sido proclamada desde los techos a todos los pajarillos del vecindario. Por eso pase bastante tiempo construyendo un espantapájaros con palos de escoba, un abrigo viejo, un par de pantalones y un sombrero blanco.

Lo que me esperaba era una sorpresa, porque una mañana, poco tiempo después, un sabio petirrojo se hallaba situado encima del sombrero y parecía estar cantando a voz en cuello: Aquí hay fresas gratis!

Vi dos clases de pajarillos: los sabios y los necios. Los necios se sentaron en los árboles,

temerosos del espantapájaros. Los sabios sabían que el espantapájaros era simplemente un aviso disfrazado.

La Biblia nos dice que hay personas sabias y personas necias. Moisés envió a 12 espías a reconocer la tierra prometida, una tierra de frutos y bendiciones fabulosas. Diez de ellos tuvieron temor de los “espantapájaros”: los gigantes y las ciudades amuralladas. Dos “pajarillos” sabios, Caleb y Josué, creyeron que Dios les había dado la tierra. No se confundieron.

Caleb calmo al pueblo que murmuraba contra Moisés.

“Subamos, les dijo, y conquistemos ese país, que somos capaces de mas” (Números 13,30)

Dios bendice ricamente a los que viven por fe y no se detienen ante los espantapájaros de la duda y el temor.

El globo negro

Cierta ocasión Martín Luther King se encontraba a punto de dar una de sus famosas conferencias acerca de los derechos humanos, cuando noto que un pequeño niño de color negro se encontraba al frente de su auditorio.

Se sintió sorprendido y preguntó a uno de sus ayudantes, al respecto, este le indico que había sido el primero en llegar.

Cuando termino su discurso se soltaron globos de diferentes colores al cielo, los cuales el pequeño no dejaba de mirar.

Esto llamo la atención de Martín Luther King, quien abrazándolo lo levanto en brazos.

El pequeño lo miro fijamente y le pregunto si los globos negros también volaban hacia el cielo, Martín lo vio dulcemente y le contesto:

Los globos no vuelan al cielo por el color que tengan, sino por lo que llevan dentro…

Recuerda esto cada vez que veas a alguien que intelectualmente, afectivamente o físicamente no sea afín a ti. Todos tenemos la misma dignidad.

El heredero

Érase una vez, de acuerdo con la leyenda, que un reino europeo estaba regido por un rey muy cristiano, y con fama de santidad, que no tenía hijos. El monarca envió a sus heraldos a colocar un anuncio en todos los pueblos y aldeas de sus dominios. Este decía que cualquier joven que reuniera los requisitos exigidos, para aspirar a ser posible sucesor al trono, debería solicitar una entrevista con el Rey. A todo candidato se le exigían dos características:

1. Amar a Dios.

2. Amar a su prójimo.

En una aldea muy lejana, un joven leyó el anuncio real y reflexionó que él cumplía los requisitos, pues amaba a Dios y, así mismo, a sus vecinos. Una sola cosa le impedía ir, pues era tan pobre que no contaba con vestimentas dignas para presentarse ante el santo monarca. Carecía también de los fondos necesarios a fin de adquirir las provisiones necesarias para tan largo viaje hasta el castillo real.

Su pobreza no sería un impedimento para, siquiera, conocer a tan afamado rey. Trabajó de día y noche, ahorró al máximo sus gastos y cuando tuvo una cantidad suficiente para el viaje, vendió sus escasas pertenencias, compró ropas finas, algunas joyas y emprendió el viaje.

Algunas semanas después, habiendo agotado casi todo su dinero y estando a las puertas de la ciudad se acercó a un pobre limosnero a la vera del camino. Aquél pobre hombre tiritaba de frío, cubierto sólo por harapos. Sus brazos extendidos rogaban auxilio.

Imploró con una débil y ronca voz: – Estoy hambriento y tengo frío, por favor ayúdeme… ¿por favor?

El joven quedó tan conmovido por las necesidades del limosnero que de inmediato se deshizo de sus ropas nuevas y abrigadas y se puso los harapos del limosnero. Sin pensarlo dos veces le dio también parte de las provisiones que llevaba.

Cruzando los umbrales de la ciudad, una mujer con dos niños tan sucios como ella, le suplicó: – ¡Mis niños tienen hambre y yo no tengo trabajo!

Sin pensarlo dos veces, nuestro amigo se sacó el anillo del dedo y la cadena de oro de cuello y junto con el resto de las provisiones se los entregó a la pobre mujer. Entonces, en forma titubeante, continuó su viaje al castillo vestido con harapos y carente de provisiones para regresar a su aldea.

A su llegada al castillo, un asistente del Rey le mostró el camino a un grande y lujoso salón. Después de una breve pausa, por fin fue admitido a la sala del trono.

El joven inclinó la mirada ante el monarca. Cuál no sería su sorpresa cuando alzó los ojos y se encontró con los del Rey. Atónito y con la boca abierta dijo: – ¡Usted… usted! ¡Usted es el limosnero que estaba a la vera del camino!

En ese instante entró una criada y dos niños trayéndole agua al cansado viajero, para que se lavara y saciara su sed. Su sorpresa fue también mayúscula:

-¡Ustedes también! ¡Ustedes estaban en la puerta de la ciudad!

- Sí –replicó el Soberano con un guiño– yo era ese limosnero, y mi criada y sus niños también estuvieron allí.

- Pero… pe… pero… ¡usted es el Rey! ¿Por qué me hizo eso?- Tartamudeo tragando saliva, después de ganar un poco de confianza.

- Porque necesitaba descubrir si tus intenciones eran auténticas frente a tu amor a Dios y a tu prójimo –dijo el Monarca– Sabía que si me acercaba a ti como Rey, podrías fingir y actuar no siendo sincero en tus motivaciones. De ese modo me hubiera resultado imposible descubrir lo que realmente hay en tu corazón. Como limosnero, no sólo descubrí que de verdad amas a Dios y a tu prójimo, sino que eres el único en haber pasado la prueba.

- ¡Tú serás mi heredero! –sentenció el Rey– ¡Tú heredarás mi reino!

El hombre mas rico

Soy un hombre rico

“Me propongo demandar a la revista `Fortune´, pues me hizo víctima de una omisión inexplicable.

Resulta que publicó la lista de los hombres más ricos del planeta y en esta lista no aparezco yo. Aparecen, sí, el sultán de Brunei, que tiene una fortuna estimada en 37 mil millones de dólares, y aparecen también los herederos de Sam Walton, con 24 mil y Takichiro Mori, con 14 mil.

Figuran ahí también personalidades como la Reina Isabel de Inglaterra, con 11 mil millones de dólares; Stavros Niarkos con 4 mil, y los mexicanos Carlos Slim, con 2 mil y Emilio Azcárraga, con 2,600. Sin embargo a mí no me menciona la revista. Y yo soy un hombre rico, inmensamente rico.

Y si no, vean ustedes.

Tengo vida, que recibí no sé por qué, y salud, que conservo no sé cómo. Tengo una familia: esposa adorable que al entregarme su vida me dio lo mejor de la mía; hijos maravillosos de quienes no he recibido sino felicidad; nietos con los cuales ejerzo una nueva y gozosa paternidad, ahora totalmente irresponsable. Tengo hermanos que son como mis amigos, y amigos que son como mis hermanos. Tengo gente que me ama con sinceridad a pesar de mis defectos, y a la que yo amo con sinceridad a pesar de mis defectos. Tengo cuatro lectores a los que cada día les doy gracias porque leen bien lo que yo escribo mal.

Tengo una casa, y en ella muchos libros (mi esposa diría que tengo muchos libros, y entre ellos una casa).

Poseo un pedacito del mundo en la forma de un huerto que cada año me da manzanas que habrían acortado aún más la presencia de Adán y Eva en el Paraíso. Tengo un perro que no se va a dormir hasta que llego, y que me recibe como si fuera yo el dueño de los cielos y la tierra.

Tengo ojos que ven y oídos que oyen; pies que caminan y manos que acarician; cerebro que piensa cosas que a otros se les habían ocurrido ya, pero que a mí no se me habían ocurrido nunca.

Soy dueño de la común herencia de los hombres: alegrías para disfrutarlas y penas para hermanarme a los que sufren. Y tengo fe en un Dios bueno que guarda para mí infinito amor. ¿Puede haber mayores riquezas que las mías? ¿Por qué haber, entonces, no me puso la revista `Fortune´ en la lista de los hombres más ricos del planeta?

El hombre sin rostro

Hace unos años un trabajador se le presentó una oportunidad de mejor empleo y por ello emigró con su familia desde New York hasta Australia. En la familia de este hombre, había un joven muy apuesto, su hijo, quien tenia aspiraciones de convertirse en un famoso trapecista de algún circo o ser un gran actor.

Este joven, mientras esperaba que llegara su oportunidad con algún circo o incluso como ayudante de cualquier escenario, trabajaba en los embarcaderos locales, que bordeaban los peores sectores de la ciudad.

Caminando a casa, una tarde, este joven fue atacado por cinco delincuentes que querían robarle. En lugar de simplemente darles el dinero que traía, el joven se resistió. Sin embargo, los cinco maleantes lo sometieron con facilidad y procedieron a golpearlo salvajemente. Con sus botas y manoplas de acero golpearon su rostro y todo su cuerpo, dejándolo al borde de la muerte.

Cuando la policía lo encontró tirado en el camino, asumieron que el ya estaba muerto y llamaron a la camioneta de la morgue. En el trayecto hacia la morgue uno de los policías lo escucho aspirar roncamente buscando aire y de inmediato lo trasladaron a la unidad de emergencia del hospital.

Cuando fue colocado en una de las camillas, una de las enfermeras mencionó con horror que este joven ya no tenía rostro. Sus ojos habían sido golpeados terriblemente, su cráneo, sus piernas y sus brazos estaban fracturados, su nariz estaba, literalmente, colgando de su cara, todos sus dientes habían desaparecido y los huesos de su mandíbula fueron separados de la estructura del cráneo.

Aunque salvo su vida, paso un año en el hospital. Cuando finalmente salió del hospital, su cuerpo, a pesar de que había curado, tenía un rostro que producía rechazo ante los que se le cruzaban. Ya no era aquel joven apuesto que todos habían admirado.

Cuando el joven empezó a buscar trabajo fue rechazado repetidamente en todos lados, debido al aspecto repulsivo de su apariencia. Un posible empleador le sugirió que se uniera al circo bajo el nombre de “El Hombre sin Rostro”. El tuvo que hacer esto por un tiempo. Aun así, seguía siendo rechazado y casi nadie quería acercarse o acompañarle. Tuvo pensamientos suicidas. La situación no cambió por cinco años.

Un día, este joven pasó frente a una iglesia y buscando algo de paz, entró. Después de escuchar sus lamentos un sacerdote se le acerca. Este sacerdote sintió mucha lástima por él y lo llevó hasta la rectoría donde hablaron por largo tiempo.

El sacerdote se impresionó tanto con este joven que le dijo que haría todo lo que estuviera a su alcance para ayudar a restaurarle el rostro, su dignidad y su vida, siempre y cuando el joven prometiera convertirse en un católico ejemplar y que confiara que la piedad de Dios lo liberaría de ese tormento.

El joven asistió, desde entonces, cada día a los servicios religiosos donde le agradecía a Dios por salvarle la vida y le pedía, tan solo, que le diera paz mental y la gracia para convertirse en el mejor hombre que él pudiera llegar a ser a los ojos de Dios.

El sacerdote, a través de sus contactos personales, consiguió los servicios del mejor cirujano plástico en Australia. No habría costo alguno para el joven, debido a que el doctor era un gran amigo del sacerdote. El doctor también se impresionó tanto por el joven, quién miraba ahora a la vida con tanta alegría, esperanza y amor a pesar de la horrible experiencia que había sufrido.

La cirugía fue todo un éxito. Se le hizo también el mejor trabajo de reconstrucción dental. Este joven se convirtió en todo lo que le prometió a Dios que sería.

También fue bendecido abundantemente con una hermosa y maravillosa esposa y muchos hijos. Además alcanzó un éxito impresionante en una carrera en la que sin duda hubiese sido el último en encontrar éxito sino hubiese sido por la Gracia de Dios y el amor de las personas que se preocupaban por él.

Esta experiencia él la hizo pública. Este joven era MEL GIBSON, y su vida ha servido de inspiración para la película “El hombre sin rostro”, que él mismo produjo.

Es una persona de admirar por nosotros como un hombre temeroso de Dios y un ejemplo del verdadero valor de un hombre.

Esto nos enseña que Dios siempre está dispuesto a ayudarnos en las pruebas y en las situaciones más difíciles, El siempre se encuentra ahí para fortalecernos en cada lugar, en cada persona que encontramos en nuestro camino, por eso cada día hay que orar, ya que al final de cada sendero espinoso encontraremos nuestra recompensa mas grande, que será el de reconocer la obra y el rostro de Dios …

El hombre y el mundo

Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas. Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar.

El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lugar. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle con el objetivo de distraer su atención. De repente se encontró con una revista en donde venía el mapa del mundo, ¡justo lo que precisaba!

Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: “Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto, para que lo repares sin ayuda de nadie”.

Entonces calculó que al pequeño le llevaría días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente. “Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo”.

Al principio el padre no dio crédito a las palabras del niño. Pensó que sería imposible que, a su edad, haya conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?

- Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lograste armarlo? – Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que di vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía como era. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta la hoja y vi que había arreglado al mundo.

Esta reflexión nos confirma aquella idea de que “si yo cambiara, cambiaría el mundo”. Sed de tal manera y vive una vida tal, que si todos los hombres fueran como tú y vivieran como tú, nuestro mundo sería un paraíso terrenal.

El incendio

Una vez se estaba incendiando un edificio de 9 pisos en el centro de una ciudad muy importante, las personas del edificio al enterarse de que el edificio estaba en llamas rápidamente salieron de sus departamentos, a excepción de un niño de 8 años de edad que dormía en el octavo piso, pues su papá había salido a comprar y su mama estaba de viaje, el fuego crecía cada vez mas e iba subiendo piso por piso, los bomberos intentaban apagarlo sus esfuerzos eran cada vez imposibles el edificio estaba totalmente en llamas y los bomberos pidieron refuerzos a otras unidades de la ciudad y de ciudades vecinas.

El drama aumento cuando los bomberos se dieron cuenta que había un niño en el octavo piso, el fuego crecía iba ya por el quinto piso, de repente aparece el padre del niño preocupado por el niño, viendo este cuadro, los bomberos hacen un ultimo intento, pero las escaleras no podían llegar hasta las paredes del edificio por haber fuego en todas ellas, entonces se escucha los llantos del niño, gritando:

- Papi! Tengo miedo!

El padre lo escucha y llorando le dice:

- Hijo! No tengas miedo yo estoy aquí abajo, No tengas miedo.

Pero el niño no lo miraba:

- Papi no te veo, solo veo humo y fuego.

Pero el Padre sabe que esta ahí en la ventana porque el fuego lo ilumina.

- Pero yo si te veo, Hijo.

- Hijo Sabes que debes de hacer, tírate que aquí te agarramos todos los que estamos abajo, tírate!

El hijo le dice:

- Pero yo no te veo.

EL Padre contesta.

- Sabes como debes de hacer, cierra los ojos, tírate y lánzate!

El niño dice:

- PAPI no te veo, pero allá voy !

Y cuando el niño se lanzo abajo lo rescatan.

Entonces el Padre lo abraza, llora con el hijo juntos pero muy contentos.

El hijo comprende que hay veces que el Padre no se lo ve pero sus palabras son suficientes para confiar en él.

Así es nuestra vida, muchas veces hay muchos incendios, sentimos problemas parecidos a este niño, y nuestro padre DIOS nos dice: TÍRATE! CONFIA EN MI, y nosotros tenemos que lanzarnos así no miremos nada, ni sintamos nada, en FE tienes que salir adelante!! Por que sólo su palabra nos basta!

El Inventario

Aquel día lo vi distinto. Tenía la mirada enfocada en lo distante. Casi ausente. Pienso ahora que tal vez presentía que ese era el último día de su vida. Me aproximé y le dije: -¡Buen día, abuelo!

Y él extendió su silencio. Me senté junto a su sillón y luego de un misterioso instante, exclamó: -¡Hoy es día de inventario, hijo! -¿Inventario? – pregunté sorprendido. -Sí. ¡El inventario de las cosas perdidas!- me contestó con cierta energía y no sé si con tristeza o alegría.

Y prosiguió: -Del lugar de donde yo vengo, las montañas quiebran el cielo como monstruosas presencias constantes. Siempre tuve deseos de escalar la más alta. Nunca lo hice, no tuve el tiempo ni la voluntad suficientes para sobreponerme a mi inercia existencial. Recuerdo también a Mara, aquella chica que amé en silencio por cuatro años; hasta que un día se marchó del pueblo, sin yo saberlo. ¿Sabes algo? También estuve a punto de estudiar ingeniería, pero mis padres no pudieron pagarme los estudios. Además, el trabajo en la carpintería de mi padre no me permitía viajar. ¡Tantas cosas no concluidas, tantos amores no declarados, tantas oportunidades perdidas!

Luego, su mirada se hundió aún más en el vacío y se humedecieron sus ojos. Y continuó: -En los treinta años que estuve casado con Rita, creo que sólo cuatro o cinco veces le dije “te amo”.

Luego de un breve silencio, regresó de su viaje mental y mirándome a los ojos me dijo: -Este es mi inventario de cosas perdidas, la revisión de mi vida. A mí ya no me sirve. A ti sí. Te lo dejo como regalo para que puedas hacer tu inventario a tiempo.

Y luego, con cierta alegría en el rostro, continuó con entusiasmo y casi divertido: -¿Sabes qué he descubierto en estos días? -¿Qué, abuelo?

Aguardó unos segundos y no contestó, sólo me interrogó nuevamente: -¿Cuál es el pecado más grave en la vida de un hombre?

La pregunta me sorprendió y sólo atiné a decir, con inseguridad: -No lo había pensado. Supongo que matar a otros seres humanos, odiar al prójimo y desearle el mal. ¿Tener malos pensamientos, tal vez?

Su cara reflejaba negativa. Me miró intensamente, como remarcando el momento, y en tono grave y firme me señaló: -El pecado más grave en la vida de un ser humano es el pecado por omisión. Y lo más doloroso es descubrir las cosas perdidas sin tener tiempo para encontrarlas y recuperarlas.

Al día siguiente, regresé temprano a casa, luego del entierro del abuelo, para realizar en forma urgente mi propio inventario de las cosas perdidas.

El expresarnos nos deja muchas satisfacciones, así que no tengan miedo, y procuren no quedarse con las ganas de nada… Antes de que sea demasiado tarde…

El juego de fútbol

Un muchacho vivía solo con su padre, ambos tenían una relación extraordinaria y muy especial. El joven pertenecía al equipo de fútbol americano de su colegio, usualmente no tenía la oportunidad de jugar, bueno, casi nunca, sin embargo su padre permanecía siempre en las gradas haciéndole compañía. El joven era el más bajo de la clase cuando comenzó la secundaria e insistía en participar en el equipo de fútbol del colegio; su padre siempre le daba orientación y le explicaba claramente que “él no tenía que jugar fútbol si no lo deseaba en realidad”… pero el joven amaba el fútbol, ¡no faltaba a una práctica ni a un juego!, estaba decidido en dar lo mejor de sí, ¡se sentía felizmente comprometido! Durante su vida en secundaria lo recordaron como el “calentador de la banca”, debido a que siempre permanecía sentado… su padre con su espíritu de luchador, siempre estaba en las gradas, dándole compañía, palabras de aliento y el mejor apoyo que hijo alguno podría esperar. Cuando comenzó la Universidad, intentó entrar al equipo de fútbol, todos estaban seguros que no lo lograría, pero a todos venció, entrando al equipo. El entrenador le dio la noticia, admitiendo que lo había aceptado además por como él demostraba entregar su corazón y su alma en cada una de las prácticas y al mismo tiempo le daba a los demás miembros del equipo el entusiasmo perfecto. La noticia llenó por completo su corazón, corrió al teléfono más cercano y llamó a su padre, quien compartió con él la emoción. Le enviaba en todas las temporadas todas las entradas para que asistiera a los juegos de la Universidad. El joven atleta era muy persistente, nunca faltó a una práctica ni a un juego durante los cuatro años de la Universidad, y nunca tuvo la oportunidad de participar en ningún juego. Era el final de la temporada y justo unos minutos antes que comenzara el primer juego de las eliminatorias, el entrenador le entregó un telegrama. El joven lo tomó y luego de leerlo se quedó en silencio…temblando le dijo al entrenador: “Mi padre murió esta mañana, ¿no hay problema de que falte al juego hoy?”. El entrenador lo abrazó y le dijo “Toma el resto de la semana libre, hijo. Y no se te ocurra venir el sábado”. Llegó el sábado, y el juego no estaba muy bien, en el tercer cuarto, cuando el equipo tenía 10 puntos de desventaja, el joven entró a los vestidores y calladamente se colocó el uniforme y corrió hacia donde estaba el entrenador y su equipo, quienes estaban impresionados de ver a su luchador compañero de regreso. “Entrenador por favor, permítame jugar… yo tengo que jugar hoy”, imploró el joven. El entrenador pretendió no escucharle, de ninguna manera podía permitir que su peor jugador entrara en el cierre de las eliminatorias. Pero el joven insistió tanto, que finalmente el entrenador sintiendo lástima lo aceptó: “Bien hijo, puedes entrar, el campo es todo tuyo”. Minutos después el entrenador, el equipo y el público, no podían creer lo que estaban viendo. El pequeño desconocido, que nunca había participado en ningún juego, estaba haciendo todo perfectamente brillante, nadie podía detenerlo en el campo, corría fácilmente como toda una estrella. Su equipo comenzó a ganar, hasta que empató el juego. En los segundos de cierre el muchacho interceptó un pase y corrió todo el campo hasta ganar con un touchdown. La gente que estaba en las gradas gritaba emocionada y su equipo lo llevó cargado por todo el campo. Finalmente cuando todo terminó, el entrenador notó que el joven estaba sentado calladamente y solo en una esquina, se acercó y le dijo: “Muchacho no puedo creerlo, ¡estuviste fantástico! Dime, ¿cómo lo lograste?”. El joven miró al entrenador y le dijo: “Usted sabe que mi padre murió… pero no sabía que mi padre era ciego”. El joven hizo una pausa y trató de sonreír. “Mi padre asistió a todos mis juegos, pero hoy era la primera vez que podía verme jugar… y yo quise demostrarle que sí podía hacerlo”.

¡Demostremos que podemos hacerlo!

El juego de la vida

Imagina la vida como un juego en el cual tú te encuentras haciendo malabares con 5 pelotas en el aire. Las nombras: trabajo, familia, salud, amigos y espíritu, y las mantienes todas en el aire. Tú entenderás que la pelota del trabajo es de hule, y si la dejas caer, regresará a ti, pero las otras 4 pelotas (familia, salud, amigos y espíritu) son de cristal; si dejas caer alguna de ellas, éstas serán irremediablemente marcadas, maltratadas, cuarteadas, dañadas o hasta rotas, y jamás volverá a ser lo mismo.

Debes entender esto y lograr un balance en tu vida, ¿cómo?

- No te menosprecies comparándote con otros, todos somos diferentes y cada uno tiene algo especial.

- No traces tus metas y objetivos basado en lo que resulta importante para la demás gente, sólo tú sabes qué es lo mejor para ti.

- No des por olvidadas las cosas que se encuentran cerca de tu corazón, aférrate a ellas como de la vida porque sin ellas la vida carece de significado.

- No dejes que tu vida se te resbale de los dedos viviendo en el pasado o para el futuro, vive tu vida un día a la vez y ¡vivirás todos los días de tu vida!

- No te des por vencido cuando aún tengas algo que dar, nada se da por terminado hasta el momento en que dejas de intentarlo.

- Que no te dé miedo admitir que eres menos que perfecto, pues ésta es la frágil línea que nos mantiene unidos a los demás.

- No tengas miedo a enfrentar los riesgos, es tomando estas oportunidades que aprendemos a ser valientes.

- No saques el amor de tu vida diciendo que es imposible de encontrar: la manera mas rápida de recibir amor es darlo; la manera mas rápida de perderlo es apretarlo a nosotros demasiado, y la mejor manera de mantenerlo es darle alas.

- No pases por la vida tan rápido que no solamente olvides de dónde vienes, sino también a dónde vas.

- Nunca olvides que la necesidad emocional más grande de una persona es sentirse apreciada.

- No tengas miedo de aprender, el conocimiento es liviano, es un tesoro que siempre cargarás fácilmente.

- No uses el tiempo ni las palabras sin cuidado, ninguna de las dos es remediable.

- La vida no es una carrera, es una jornada para saborear cada paso del camino.

El lente de contacto

Brenda era una joven mujer que fue invitada a escalar rocas. Aunque esto le causaba mucho miedo, fue con su grupo a un tremendo risco de granito. A pesar de su miedo, se colocó el equipo, tomó un extremo de la cuerda y comenzó a enfrentar la roca. En determinado momento, llego a un borde, donde pudo tomar un respiro.

Mientras estaba ahí, la cuerda de seguridad golpeó contra un ojo de Brenda y le saco su lente de contacto. Bueno, ahí estaba ella en el borde de la roca, con cientos de metros bajo ella y cientos de metros sobre ella. Por supuesto que buscó y buscó, esperando que hubiera caído en el borde, pero simplemente no estaba el lente. Ahí estaba ella, lejos de casa, con su vista borrosa.

Estaba desesperada y comenzó a enfadarse, por lo que oró al Señor para que la ayudase a encontrar su lente. Cuando llegó a la cima, un amigo examinó su ojo y su ropa buscando el lente, pero no lo pudieron encontrar. Ella se sentó, desalentada, con el resto de la gente, esperando a que los demás llegaran a la cima.

Ella miró a través de las montañas, pensando en el verso de la Biblia acerca de que los ojos del Señor observan alrededor de toda la tierra. Ella pensó: “Señor, Tu puedes ver estas montañas. Tu conoces cada piedra y cada hoja, y Tu sabes exactamente dónde esta mi lente de contacto. Por favor ayúdame.”

Finalmente, bajaron. Al pie de la montaña había un nuevo grupo de alpinistas comenzando a enfrentar el risco. Uno de ellos gritó: “Oigan, jóvenes! ¿Alguien perdió un lente de contacto?”. Bueno, esto hubiera sido suficientemente inquietante, pero… ¿Sabes cómo el alpinista vio el lente de contacto? Una hormiga se movía lentamente a través de la roca, cargando el lente.

Brenda me dijo que su padre era caricaturista. Cuando ella le platicó esta increíble historia de la hormiga, la oración y el lente de contacto, él dibujó una caricatura de una hormiga cargando un lente de contacto, diciendo: “Señor, no sé por qué Tu quieres que yo cargue esta cosa. No puedo comérmela, y está extremadamente pesada. Pero si eso es lo que Tu quieres que yo haga, yo la cargaré para ti.”

Creo que probablemente nos haría bien a algunos de nosotros decir ocasionalmente: “Señor, no sé por qué quieres que yo lleve esta carga. No veo nada bueno en ello y es bastante pesada. Pero si Tu quieres que yo la cargue, lo haré.”

El libro de tu vida

Hoy cierras un volumen mas del libro de tu vida. Cuando comenzaste este libro todo era tuyo, te lo puso Dios en las manos, podías hacer con el lo que quisieras: un poema, una pesadilla, una blasfemia, un sistema, una oración.

Podías… Hoy ya no puedes; no es tuyo, ya lo has  escrito, ahora es de Dios. Te lo va a leer todo Dios el mismo día en que te mueras, con todos sus detalles. Ya no puedes corregirlo. Ha pasado al dominio de la eternidad.

Piensa unos momentos en esta ultima noche del año. Toma tu libro y hojéalo despacio, deja pasar sus paginas por tus manos y por tu conciencia. Ten el gusto de verte a ti mismo. Lee todo. Repite aquellas paginas de tu vida en las que pusiste tu mejor estilo.

No olvides que uno de tus mejores maestros eres  tu mismo. Lee también aquellas paginas que nunca quisieras haberlas escrito. No… no intentes arrancarlas, es inútil. Ten valor para leerlas, son tuyas. No puedes arrancarlas, pero puedes anularlas cuando escribas tu siguiente libro. Si lo haces, Dios pasara estas de corrida cuando te lea tu libro en el ultimo día.

Lee tu libro viejo en la ultima noche del Año. Hay en el trozos de ti mismo; es un drama apasionado en el que el primer personaje eres tu. Tu en escena con Dios, con tu familia, con tu trabajo, con la sociedad. Tu lo has escrito con el instrumento asombroso de tu libre albedrío sobre la superficie inmensa y movediza del mundo. Es un libro misterioso, que en su mayor parte, la mas interesante, no puede leerlo nadie mas que Dios y tu. Si tienes ganas de besarlo, bésalo, si tienes ganas de llorar, llora fuerte sobre tu viejo libro en esta ultima noche del año.

Pero, sobre todo, reza sobre tu libro viejo. Cojéelo en tus manos, levántalo hacia el cielo y dile a Dios solo dos palabras: Gracias! Perdón!. Después daselo a Cristo. No importa como este, aunque tenga paginas negras, Cristo sabe perdonar. Esta noche te ha de dar Dios otro libro completamente blanco y nuevo. Es todo tuyo. Vas a poder escribir en el lo que quieras.

Pon el nombre de Dios en la primera pagina. Después dile que no te deje escribirlo solo. Dile que te tenga siempre de la mano… y del corazón.

El mejor regalo

Hace tiempo, un hombre castigó a su pequeña de tres años por desperdiciar un rollo de papel de envoltura dorado. El dinero era escaso en esos días, por lo que explotó en furia cuando vio a la niña tratando de envolver una caja para ponerla debajo del árbol de Navidad. Sin embargo, la niña le llevó el regalo a su padre la siguiente mañana y le dijo: “Esto es para ti, Papito”. El se sintió avergonzado de su reacción de furia, aunque después volvió a explotar cuando vio que la caja estaba vacía. Se volvió diciéndole: “¿Qué no sabes que cuando das un regalo a alguien se supone que debe haber algo dentro?”. La pequeñita volteo hacia arriba con lágrimas en los ojos y dijo: “No, Papito, no está vacía, yo soplé besos adentro de la caja…todos para ti.” El Padre se sintió morir; puso sus brazos alrededor de su niña y le pidió que lo perdonara, diciéndole que era el regalo más hermoso que había recibido en su vida. El hombre guardó esa caja dorada bajo su cama por años y siempre que se sentía derrumbado, tomaba de su caja dorada un beso imaginario y recordaba el amor que su hijita había puesto ahí.

De alguna manera, cada uno de nosotros hemos recibido alguna vez una caja dorada, llena de amor incondicional y besos de nuestros seres queridos de donde debemos, como el hombre de esta historia, sacar fortaleza en los momentos de mayores vicisitudes. Nadie podría tener una propiedad o posesión más hermosa que ésta.

El misterio del Amor

“El amor es el misterio más grande del mundo. Todos los hombres quieren ser amados y saber que su vida tiene un significado. Todos creen saber lo que es el amor, porque, de algún modo, han sido amados por sus padres o por otros. Aun en el peor de los casos, el amor ha sido quizá anunciado por su ausencia, como un bien deseado de todo corazón. Pero, no obstante el aparente conocimiento universal de amor, éste sigue siendo un misterio porque su don se substrae al control de la persona amada. La razón no puede imponer que el amor sea dado, ni explicarlo una vez que es dado. Ningún hombre que sea objeto de amor puede encontrar una justificación al hecho de recibir una dedicación total, un compromiso, en el cual, quien ama, garantice ser fiel, hasta el punto de preferir al amado antes que a sí mismo, incluso hasta la muerte. Todos los hombres buscan el amor, y sin embargo el don del amor es siempre más de lo que aguardaban o esperaban. En su sentido pleno, implica una participación en la misma vida de Dios, una infinidad de auto-donación al amado. Ningún deseo o esperanza del hombre puede permanecer incumplido cuando Dios se entrega a sí mismo a los hombres en el amor. Los hombres deben solo abrirse al amor y dejar que éste penetre aún más profundamente en su corazón. Al final, los justificados serán asidos sin reserva al misterio del amor sin límites y les será dada la fuerza de responder sin reservas, vaciándose plenamente de sí mismos para encontrarse plenamente con Dios.”

El mundo de los espejos

No eres responsable de la cara que tienes, eres responsable la cara que pones.

Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada. Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logró meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa. El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera. Al terminar de subir las escaleras se topó con una puerta semiabierta; lentamente se adentró en el cuarto. Para su sorpresa, se dio cuenta que dentro de ese cuarto habían 1000 perritos observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos. El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco. Los 1000 perritos hicieron lo mismo. Posteriormente sonrió y le ladró alegremente a uno de ellos. El perrito se quedó sorprendido al ver ¡que los 1000 perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él!.

Cuando el perrito salió del cuarto se quedó pensando para sí mismo: ¡Qué lugar tan agradable! ¡Voy a venir más seguido a visitarlo!”

Tiempo después, otro perrito callejero entró al mismo sitio y se encontró entrando al mismo cuarto. Pero a diferencia del primero, este perrito al ver a los otros 1000 perritos del cuarto se sintió amenazado ya que lo estaban viendo de una manera agresiva. Posteriormente empezó a gruñir; obviamente vio como los 1000 perritos le gruñían a él. Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros 1000 perritos le ladraron también a él.

Cuando este perrito salió del cuarto pensó: “¡Qué lugar tan horrible es éste! ¡Nunca más volveré a entrar allí!”

En el frente de dicha casa se encontraba un viejo letrero que decía:

“La casa de los 1000 espejos”.

“Todos los rostros del mundo son espejos”… Decide cuál rostro mostrarás y lo llevarás por dentro. Las cosas más bellas del mundo no se ven ni se tocan, sólo se sienten con el corazón.

Antes de ver un arcoiris, tiene que llover.

El Náufrago

El único sobreviviente de un naufragio llegó a la playa de una diminuta y deshabitada isla.

El oró fervientemente a Dios pidiéndole ser rescatado, y cada día escudriñaba el horizonte buscando ayuda, pero no parecía llegar.

Cansado, finalmente optó por construirse una cabaña de madera para protegerse de los elementos y almacenar sus pocas pertenencias.

Un día, tras de merodear por la isla en busca de alimento, regresó a casa para encontrar su cabañita envuelta en llamas, con el humo ascendiendo hasta el cielo. Lo peor había ocurrido… lo había perdido todo. Quedó anonadado con tristeza y rabia.

“Dios: como me pudiste hacer esto a mi!” se lamentó. Temprano al día siguiente, sin embargo, fue despertado por el sonido de un barco que se acercaba a la isla. Había venido a rescatarlo.

“Como supieron que estaba aquí?” preguntó el cansado hombre a sus salvadores.

“Vimos su señal de humo”, contestaron ellos.

Es fácil descorazonarse cuando las cosas marchan mal. Pero no debemos desanimarnos, porque Dios trabaja en nuestras vidas, aún en medio del dolor, la incertidumbre y el sufrimiento.

¡Ten fe! ¡Dios esta contigo y te ayudará a salir adelante.

El no lo recuerda

Había un hombre maduro de 41 años llamado Juan, que un día me dijo que había cargado consigo y mantenía en secreto un pesada carga por un error cometido hacía muchos años atrás. Cuando tenia 21 años había cometido el “grave error”. A nadie nunca se lo había compartido, pero sus amigos mas cercanos sabían que él se había arrepentido. Aún así, el llevaba el gran peso de la falta de perdón a si mismo, que no podía comprender la raíz de su situación.

Su carga era pesada y vivía su falta aún que en muchas ocasiones se había enfrentado con las enseñanzas bíblicas sobre el perdón, el arrepentimiento y la libertad que eso nos trae. El lo sabía, pero entendía que esa verdad no le era suficiente a él.

Una mujer anciana que el conocía, compartía en su iglesia sobre algunas visiones donde Dios le hablaba directamente a ella. Algunos escépticos de sus declaraciones entre ellos Juan, le pidió lo siguiente: La próxima vez que le hable a Dios, podría usted preguntarle a El, cual fue el error que yo cometí hace años? La anciana le dijo con gusto que lo haría.

Pasados los días, ella se encontró con Juan y éste le preguntó:

“¿La visitó Dios estos días pasados?” – Ella le dijo que si!

“¿Y usted le preguntó que error había yo cometido?” – Si! Le dijo ella.

“¿Y que le contestó Dios?”- Ella le respondió: Me dijo que no lo recordaba!

Probablemente tú estas llevando una carga pesada de hace años o tiempo atrás. No has encontrado la verdadera libertad que una confesión en arrepentimiento delante de Dios te puede dar. Es necesario entender que no hay error por mas grande que este sea que Dios no pueda perdonar y una ves confesado y nunca lo recordará.

Nosotros debemos perdonarnos de la misma forma. Solo hace falta estar genuinamente arrepentido (Un arrepentimiento genuino, simplemente es desear no volver a cometerlo y asegurarse de hacer algunos cambios para no volver a cometerlo), y una vez hecho esto, deshacernos de la carga. Tal vez lo recordarás de vez en vez pero no te será una carga pesada.

No tiene sentido llevar una vida sin perdón, sin perdonarse uno mismo. Una vida así, es una vida llena de amargura, sinsabores y desgracia. Al ir viviendo de esa manera, con el tiempo el corazón se endurece y lo que era una carga se hace parte de nosotros mismos, vamos viviendo con un sobrepeso que no se ve, pero se siente en lo mas profundo del corazón.

El paquete de galletas

En el andén de la vida…

Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren en el que ella viajaría se retrasaría aproximadamente una hora. La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo. Buscó un banco en él anden central y se sentó preparada para la espera.

Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario. Imprevistamente, la señora observó como aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.

La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquella situación o hacer de cuenta que nada había pasado; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos.

Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrió. La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y, con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho. El dialogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta.

La señora cada vez mas irritada, y el muchacho cada vez más sonriente.

Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete solo quedaba la última galleta. “- No podrá ser tan descarado”, pensó mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas. Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad. Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco.

¡Gracias! – dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad.

“De nada” – contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad.

Entonces el tren anunció su partida…

La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en el anden y pensó: “¡Que insolente, que mal educado, que ser de nuestro mundo!”. Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas intacto.

Cuantas veces nuestros prejuicios, nuestras decisiones apresuradas nos hacen valorar erróneamente a las personas y cometer las peores equivocaciones. Cuántas veces la desconfianza, ya instalada en nosotros, hace que juzguemos, injustamente, a personas y situaciones, y sin tener aun por qué, las encasillamos en ideas preconcebidas, muchas veces tan alejadas de la realidad que se presenta. Así, por no utilizar nuestra capacidad de autocrítica y de observación, perdemos la gracia natural de compartir y enfrentar situaciones, haciendo crecer en nosotros la desconfianza y la preocupación. Nos inquietamos por acontecimientos que no son reales, que quizás nunca lleguemos a contemplar, y nos atormentamos con problemas que tal vez nunca ocurrirán.

Dice un viejo proverbio…

Peleando, juzgando antes de tiempo y alterándose no se consigue jamás lo suficiente, pero siendo justo, cediendo y observando a los demás con una simple cuota de serenidad, se consigue mas de lo que se espera.

El perro fiel

Una pareja de jóvenes tenia varios años de casados y nunca pudieron tener hijos. Para no sentirse solos, compraron un cachorro pastor alemán y lo amaron como si fuera su propio hijo. El cachorro creció hasta convertirse en un grande y hermoso pastor alemán.

El perro salvo, en mas de una ocasión, a la pareja de ser atacada por ladrones. Siempre fue muy fiel, quería y defendía a sus dueños contra cualquier peligro.

Luego de siete años de tener al perro, la pareja logro tener el hijo tan ansiado. La pareja estaba muy contenta con su nuevo hijo y disminuyeron las atenciones que tenían con el perro. Este se sintió relegado y comenzó a sentir celos del bebe y no era el perro cariñoso y fiel que tuvieron durante siete anos.

Un día la pareja dejo al bebe placidamente durmiendo en la cuna y fueron a la terraza a preparar una carne asada. Cual fue su sorpresa cuando se dirigían al cuarto del bebe y ven al perro en el pasillo con la boca ensangrentada, moviéndoles la cola.

El dueño del perro pensó lo peor, saco un arma que llevaba y en el acto mato al perro. Corre al cuarto del bebe y encuentra una gran serpiente degollada.

El dueño comienza a llorar y exclama: he matado a mi perro fiel!

Cuantas veces no hemos juzgado injustamente a las personas?. Lo que es peor, las juzgamos y condenamos sin investigar a que se debe su comportamiento, cuales son sus pensamientos y sentimientos.

Muchas veces las cosas no son tan malas como parecen, sino todo lo contrario.

La próxima vez que nos sintamos tentados a juzgar y condenar a alguien recordemos la historia del perro fiel, así aprenderemos a no levantar falsos contra una persona hasta el punto de dañar su imagen ante los demás.

El pescador

Un banquero de inversión estaba en el muelle de un pueblito caribeño cuando llegó un botecito con un solo pescador. Dentro del bote había varios atunes amarillos de buen tamaño. El banquero elogió al pescador por la calidad del pescado y le preguntó cuánto tiempo le había tomado pescarlos.

El pescador respondió que sólo un poco tiempo. El banquero luego le preguntó porqué no permanecía más tiempo y sacaba más pescado. El pescador dijo que él tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de su familia.

El banquero luego preguntó: “Pero, ¿qué haces con el resto de tu tiempo?”

El pescador dijo: “Duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, hago siesta con mi señora, María, caigo todas las noches al pueblo donde tomo vino y toco guitarra con mis amigos. Tengo una vida placentera y ocupada.”

El banquero replicó: “Soy un MBA de Harvard y podría ayudarte. Deberías gastar más tiempo en la pesca y con los ingresos comprar un bote más grande, con los ingresos del bote más grande podrías comprar varios botes, eventualmente tendrías una flota de botes pesqueros. En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías hacer directamente a un procesador, eventualmente abrir tu propia procesadora. Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución. Deberías salir de este pequeño pueblo e irte a la Capital, donde manejarías tu empresa en expansión.”

El pescador preguntó: “Pero, ¿cuánto tiempo tarda todo eso?” A lo cual respondió el banquero: “Entre 15 y 20 años.”

“¿Y luego qué?” El banquero se rió y dijo que esa era la mejor parte. “Cuando llegue la hora deberías anunciar un IPO (Oferta inicial de acciones) y vender las acciones de tu empresa al público. Te volverás rico, tendrás millones.”

“Millones… y ¿luego qué?” Dijo el banquero: “Luego te puedes retirar. Te mueves a un pueblito en la costa donde puedes dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, hacer siesta con tu mujer, caer todas las noches al pueblo donde tomas vino y tocas guitarra con tus amigos.”

El pescador respondió: “¿Acaso eso no es lo que tengo ya?”

Cuántas vidas desperdiciadas buscando lograr una felicidad que ya se tiene pero que muchas veces no vemos.

El peso del rencor

El tema del día era El Resentimiento y el maestro nos había pedido que lleváramos papas y una bolsa de plástico. Ya en clase elegimos una papá por cada persona a la que guardábamos resentimiento. Escribimos su nombre en ella y la pusimos dentro de la bolsa. Algunas bolsas eran realmente pesadas. El ejercicio consistía en que durante una semana lleváramos con nosotros a todos lados esa bolsa de papas. Naturalmente la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo. El fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento me mostró claramente el peso espiritual que cargaba a diario y como, mientras ponía mi atención en ella para no olvidarla en ningún lado, desatendía cosas que eran mas importantes para mi.

Todos tenemos papas pudriéndose en nuestra “mochila” sentimental. Este ejercicio fue una gran metáfora del precio que pagaba a diario por mantener el resentimiento por algo que ya había pasado y no podía cambiarse. Me di cuenta que cuando hacia importantes los temas incompletos o las promesas no cumplidas me llenaba de resentimiento, aumentaba mi stress, no dormía bien y mi atención se dispersaba.

Perdonar y dejarlas ir me llenó de paz y calma, alimentando mi espíritu. La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario a gotas pero que finalmente nos termina envenenando. Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos.

El perdón es una expresión de amor. El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo.

No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes. Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo.

El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó.

La falta de perdón te ata a las personas con el resentimiento. Te tiene encadenado. La falta de perdón es el veneno mas destructivo para el espíritu ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes.

El perdón es una declaración que puedes y debes renovar a diario.

Muchas veces la persona mas importante a la que tienes que perdonar es a ti mismo por todas las cosas que no fueron de la manera que pensabas.

“La declaración del Perdón es la clave para liberarte”.

¿Con qué personas estas resentido? ¿A quienes no puedes perdonar? ¿Tu eres infalible y por eso no puedes perdonar los errores ajenos?

Perdona para que puedas ser perdonado, recuerda que con la vara que mides, serás

medido…

“Aliviana tu carga y estarás mas libre para moverte hacia tus objetivos”.

El poder de una oración

Luisa Ríos, una mujer pobremente vestida y con una expresión de derrota en el rostro, entró en una tienda de abarrotes. Se acercó al dueño de la tienda y de una forma muy humilde le preguntó si podía fiarle algunas cosas. Hablando suavemente, le explicó que su esposo estaba muy enfermo y no podía trabajar, que tenían siete hijos y que necesitaban comida. Juan Longoria, el abarrotero, se mofó de ella y le pidió que saliera de la tienda. Recordando las necesidades de su familia, la mujer le dijo: “Por favor señor, le traeré el dinero tan pronto como pueda” Juan le dijo que no podía darle crédito, ya que no tenía cuenta en la tienda. Junto al mostrador había un cliente que estaba escuchando la conversación. El cliente se acercó al mostrador y le dijo al abarrotero que él respondería por lo que necesitara la mujer para su familia. El abarrotero, no muy contento con lo que pasaba, le preguntó de mala gana a la señora si traía una lista. Luisa respondió: “Sí, señor” “Está bien”, le dijo el tendero, “ponga su lista en la balanza y lo que pese la lista, eso le daré en mercancía”. Luisa pensó un momento con la cabeza baja, sacó una hoja de papel de su bolso y escribió algo en ella. Después puso la hoja de papel cuidadosamente sobre la balanza, todo esto con la cabeza baja. Los ojos del tendero se abrieron de asombro, al igual que los del cliente, cuando el plato de la balanza bajó hasta el mostrador y se mantuvo abajo. El tendero, mirando fijamente la balanza, se volvió hacia el cliente y le dijo: “¡No puedo creerlo!” El cliente sonrió mientras el abarrotero empezó a poner la mercancía en el otro plato de la balanza. La balanza no se movía, así que siguió llenando el plato hasta que ya no cupo más. El tendero vio lo que había puesto, completamente disgustado. Finalmente, quitó la hoja de papel del plato y la vio con mayor asombro. No era una lista de mercancía, era una oración que decía: “Señor mío, tú sabes mis necesidades y las pongo en tus manos”. El tendero le dio las cosas que se habían juntado y se quedó de pie, frente a la balanza, atónito y en silencio. Luisa le dio las gracias y salió de la tienda. El cliente le dio a Juan un billete de 50 dólares y le dijo: Realmente valió cada centavo. Fue un tiempo después que Juan descubrió que la balanza estaba rota. En consecuencia, solo Dios sabe cuánto pesa una oración.

El porvenir

Augusto y Laureano eran hermanos mellizos, jóvenes y fuertes, recién salidos del colegio. Tal cual como anda un joven cuando termina un ciclo de escolaridad, Augusto y Laureano andaban como distraídos del mundo, vueltos hacia dentro de sí mismos averiguando cómo embarcarse hacia el incierto porvenir de la madurez.

Una mañana Laureano gritó que por fin había encontrado su verdadera vocación y que iba estudiar medicina. Diez minutos después Augusto anunció: “Encontré mi vocación, voy a ser asaltante.”

Laureano se zambulló en la anatomía, la fisiología y la cirugía. Mientras Augusto perdió el sueño estudiando los movimientos de las casas de la gente rica, anotando características de los comercios y merodeando Bancos en sus momentos clave.

No es por decir y sin desmerecer a nadie, pero ambos mellizos se quemaron las pestañas estudiando: Laureano escrutando el microscopio, Augusto revisando combinaciones de cajas fuertes. Uno memorizaba fármacos y fórmulas de química; el otro aprendía precios y lugares para reventa de joyas, electrodomésticos y obras de arte. Apenas dormían.

“Voy a la facultad para dar un final de histología. No me esperen para comer, además que estoy con una práctica de fisiología.”

“A mí tampoco me esperen. Hoy tengo un curso de tiro al blanco y de cerrajería, además tengo que visitar e inspeccionar la zona.”

Un día Laureano recibió su título de médico, y al día siguiente Augusto hizo su primer robo a mano armada. Mientras uno cumplía guardias hospitalarias agotadoras, el otro hacía rondas nocturnas interminables a la pesca de incautos.

“Esta mañana salve a una anciana”, decía uno.

“Esta mañana me salvé de los policías”, decía el otro.

La fama del médico crecía, lo mismo que la fama de su hermano. Pero mientras al médico el trabajo se le hacía cada vez más llevadero por el cariño y el reconocimiento de la gente, al otro la vida se le volvía cada vez más solitaria y desconfiada. El día que nombraron a Laureano director del hospital, los vecinos hicieron un asado. El día que llevaron preso a Augusto, la familia le llevó a la comisaría unos versos de José Hernández: “Más cuesta aprender un vicio que aprender a trabajar.”

El problema

Cierto día en un Castillo de Guerreros Chinos, se encontraron con la muerte de uno de sus guardianes y fue preciso encontrar un substituto. El Gran Maestro convocó a todos los discípulos para determinar quien sería el nuevo centinela.

El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, dijo: “Asumirá el puesto el primer guerrero que resuelva el problema que voy a presentar”. Entonces colocó una magnifica mesita en el centro de la enorme sala en que estaban reunidos y encima de ésta, colocó un jarrón de porcelana muy raro, con una rosa amarilla de extraordinaria belleza en él y dijo así: “¡Aquí está el problema!”

Todos quedaron asombrados mirando aquella escena: Un jarro de extremo valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro. ¿Qué representaría?, ¿Qué hacer?, ¿Cuál es el enigma? En ese instante, uno de los discípulos sacó una espada, miró al Gran Maestro, y a todos sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y… ¡ZAZ! … Destruyó todo de un solo golpe.

Tan pronto el discípulo retornó a su lugar, el Gran Maestro dijo: “Usted será el nuevo Guardián del Castillo”.

El progreso

Hoy tenemos edificios más altos y autopistas más anchas, pero temperamento más cortos y puntos de vistas más estrechos. Gastamos más, pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes, pero familias más chicas. Tenemos más compromisos, pero menos tiempo. Tenemos más conocimientos, pero menos criterio. Tenemos más medicinas, pero menos salud. Hemos multiplicado nuestras posesiones, pero hemos reducido nuestros valores. Hablamos mucho, amamos poco y odiamos demasiado. Hemos llegado a la Luna y regresamos, pero tenemos problemas para cruzar la calle y conocer a nuestro vecino. Hemos conquistado el espacio exterior pero no el interior. Tenemos mayores ingresos, pero menos moral. Estos son tiempos con más libertad, pero menos alegría. Con más comida, pero menos nutrición. Son días en los que llegan dos sueldos a casa, pero aumentan los divorcios. Son tiempos de casas más lindas, pero más hogares rotos. Por todo esto, en este año: No guardes nada “Para una ocasión especial”, porque cada día que vives es una ocasión especial. Lee más, siéntate en la terraza y admira la vista sin fijarte en las malas hierbas. Pasa más tiempo con tu familia y con tus amigos, come tu comida preferida, visita los sitios que ames. La vida es una sucesión de momentos para disfrutar, no es sólo para sobrevivir. Usa tus copas de cristal, no guardes tu mejor perfume, úsalo cada vez que te den ganas de hacerlo. Las frases “Uno de estos días”, “Algún día”, quítalas de tu vocabulario. Hagamos aquella carta que pensábamos escribir, “uno de estos días”. Digamos hoy a nuestros familiares y amigos, cuanto los queremos. Por eso no retardes nada que agregaría risa y alegría, a tu vida. Cada día, hora, minutos son especiales, vívelos al máximo.

El racimo de uvas

Un día llamaron a la puerta de un convento, y abrió el hermano portero llamado Barragán, este vio con asombro que un hortelano de las tierras de al lado le entregaba un hermoso racimo de uvas tan grande que le causó admiración, diciéndole: hermano te regalo este racimo de uvas en agradecimiento por la buena atención que me prestas cada vez que vengo al convento, sin pensarlo dos veces el hermano portero le dio las gracias por tan precioso regalo y le dijo que no tardarían mucho en dar cuenta de él.

Apenas salió el hortelano del convento ya se relamía pensando en que se lo comería el solo y no decir nada a los demás, al fin y al cabo se lo habían regalado para él.

Lo lavó y dejó escurrir en un clavo que había colgado en la pared, mirándolo con alegría por el gran festín que le esperaba.

Pero la viva conciencia del hermano portero le hizo pensar que en el convento había un hermano enfermo que no gustaba de comer nada, debido a su enfermedad. Este pensó para sí que sería una buena obra alegrarle el día a este enfermo y de paso llenarle el estómago, tan necesitado de alimento.

Sin pensarlo mucho descolgó el racimo de uvas y se fue a la enfermería a regalárselo a tan delicado enfermo. El enfermo al ver el racimo abrió los ojos sobresaltado al ver su gran tamaño, y el portero le dijo: Hermano Matías me han regalado este racimo para mí, pero pensando en tu enfermedad y sabiendo que no e apetece comer nada, quizás estas uvas te abran el apetito, el hermano Matías se lo agradeció de corazón que se hubiese acordado de él, diciéndole que si se iría le tendría muy presente cuando estuviera en el cielo con Nuestro Señor.

El portero le buscó una fuente donde le colocó el racimo para que fuera picando cuando gustara. Dejándolo solo, se fue para la portería pensando en la gran obra que había hecho por su hermano Matías.

El enfermo cogió el racimo como pudo e iba a dar buena cuenta del, pero pensó que si lo dejaba haría un buen sacrificio para remisión de sus pecados y bien de su alma y decidió no comerlo y dárselo al hermano enfermero que le atendía con tanta caridad y se desvivía por él por las noches.

Gritó al hermano enfermero pensando este que le sucedía algo por la insistencia en que le llamaba. Hermano Esteban me ha traído el hermano portero este racimo para que lo degustara pensando en mi enfermedad, pero pensé que, ya que no me entra nada en el estómago y pudiérase que me hiciera daño he pensado que te lo comas tú, que te portas tan bien conmigo. El Hermano Esteban insistía en que lo intentara comérselo pero cuanto más insistía el enfermero mas lo rechazaba el enfermo. Este decidió comérselo en su celda dándole las gracias por tan precioso regalo.

Y mientras caminaba hacia su celda, pensó que mejor que comérselo él, se lo daría al Hermano cocinero que bien se esmeraba para que todos lo frailes comieran lo poco que les llegaba de la huerta y de donativos. Bajó a la cocina y encontrándose con Buenaventura el hermano cocinero y topándose de bruces con él y el racimo le dijo: mira, lo que me han regalado, pero te lo regalo a ti para que saborees estas uvas tan hermosas, como hermoso es tu corazón, el hermano Buenaventura quitándole importancia a lo que decía, le insistió que se lo diera mejor al prior ya que era tan responsable con la comunidad.

Y así fue pasando el racimo de hermano en hermano por todo el convento, hasta que llegó de nuevo a la portería donde el hermano portero, extrañado y perplejo por el suceso decidió que no diera más vueltas el racimo de uvas, y ni corto ni perezoso se lo comió con tal gusto que le pareció las uvas más sabrosas que jamás hubiera comido.

El ramo de flores

Un camión iba traqueteando por un camino de tierra en un pueblo del sur de Estados Unidos. En un asiento iba un anciano delgado que sostenía un ramo de flores recién cortadas. Al otro lado del pasillo estaba una jovencita cuyos ojos volteaban una y otra vez hacia las flores del hombre. Al anciano le llegó el momento de bajar. Impulsivamente puso las flores en el regazo de la joven.

- “Me di cuenta de que le encantaron las flores”, explicó, y creo que a mi esposa le gustaría que tú las tuvieras. Le voy a decir que te las di”.

La joven acepto las flores, y luego observó al anciano mientras bajaba del camión y atravesaba la puerta de un pequeño cementerio.

El amor que damos a nuestros semejantes no se compara con el valor material de las cosas.

El Reto

“Pocos son los hombres que construyen ciudades, la gran mayoría las habita”. “Pocos son los hombres que proyectan la construcción de un puente, la gran mayoría lo utiliza”. “Pocos son los hombres que levantan rascacielos y fábricas, la gran mayoría trabaja en ellos”.

Igual que esos pocos privilegiados, la felicidad llegará a ti cuando TE ATREVAS a explorar… cuando TE ATREVAS a echar los cimientos de grandes estructuras para satisfacer las necesidades de tus semejantes.

Desarrolla dentro de ti la magnífica obsesión de ayudar a tus semejantes a que se ayuden a sí mismos. Motiva a los hombres a que desarrollen y utilicen todo su potencial, y así les estarás ayudando a levantar los cimientos más sólidos y a hacer estructuras gigantescas de sus vidas. Cuando te hayas atrevido a desarrollar esta obsesión de ayudar a tus semejantes, habrás descubierto el significado de una vida más rica y abundante. ¡ Te reto a que lo hagas!

El río helado

Un viajero muy cansado llegó a la orilla de un río. No había un puente por el cual se pudiera cruzar.

Era invierno y la superficie del río se hallaba congelada. Obscurecía y deseaba llegar pronto al pueblo que se encontraba a poca distancia del río, mientras hubiera suficiente luz para distinguir el camino.

Llegó a preguntarse si el hielo sería lo suficientemente fuerte para soportar su peso. Como viajaba solo y no había nadie más en los alrededores, una fractura y caída en el río helado significaría la muerte; pero pasar la noche en ese hostil paraje representaba también el peligro de morir por hipotermia.

Por fin, después de muchos titubeos y miedos, se arrodilló y comenzó, muy cauteloso, a arrastrase por encima del hielo. Pensaba que, al distribuir el peso de su cuerpo sobre una mayor superficie, sería menos probable que el hielo se quebrara bajo su peso. Después de haber recorrido la mitad del trayecto en esta forma lenta y dolorosa, de pronto escuchó el sonido de una canción detrás de sí.

De la noche salió un carruaje tirado por cuatro caballos, lleno de carbón y conducido por un hombre que cantaba con alegría mientras iba en su despreocupado camino.

Allí se encontraba nuestro cauteloso viajero. arrastrándose con manos y pies, mientras, a su lado, como un viento invernal, pasó el conductor con su carruaje, caballos y pesada carga ¡por el mismo río!

(Herb Smith)

Esta historia nos ilustra cómo muchas personas pasan por las dificultades que les presenta la vida:

* Muchos se quedan en la orilla de la indecisión, incapaces de decidir qué camino tomar.

* Otros prefieren permanecer allí, tratando de reunir suficiente valor para llegar al otro lado del problema en que se encuentran.

* Algunas personas se arrastran en la vida por temor a que las dificultades se les vuelvan adversas (se les rompa el hielo). Su fe no es lo bastante fuerte para sostenerlos de pie en medio de la adversidad.

* Existen los que van silbando por el camino. Saben en quién tienen puesta su confianza y su fe es inquebrantable.

Mi querido amigo, cuando se te presenten por la vida, ríos de adversidades, no debes temer, ni arrastrarte por la vida. Dios nos ha prometido ayuda y con ésta, podemos enfrentar la dificultad y llegar con alegría al otro lado. Ya San Pablo nos lo decía:

“Fiel es Dios que nunca nos va a dejar ser tentados más allá que nuestras propias fuerzas. Sino que junto con la prueba, nos dará la fortaleza para poder resistir”

El rostro del amor

Y cuando pienso, que este mundo a mi alrededor, existió una vez, solo en tu imaginación.

Cada vez que levanto los ojos al cielo azul, entre tantas estrellas bañándome con su luz, que pequeño soy.

Cuando entiendo que vivimos de la eternidad, porque en realidad no hay principio ni final; esas cosas que todos deseamos alguna vez, esos sueños de gloria, riquezas y de poder, que pequeño soy.

Y regreso a ti, porque veo por fin, que no hay otro camino.

Tu eres la vida, la semilla, el fruto y la paz. La chispa divina que encendió en las tinieblas el sol, el espíritu de la creación, el rostro del amor.

Cuantas veces nos asesinamos sin razón, por la pequeñez de una idea o un color, cuanta sangre inocente costo nuestra estupidez, cuantas lágrimas hemos llorado hasta entender cual es la lección.

Y volvemos por fin, por que llevan a ti, todos nuestros caminos.

Tu eres la vida, manantial que no se agota jamás, la luz encendida que nos guía en el camino a la paz, la esperanza de un futuro mejor, el rostro del amor.

Tú eres la vida, la semilla, el fruto y la paz, la chispa divina que encendió en las tinieblas el sol.

El ruido de la carroza

Cierta mañana, mi padre me invito a dar un paseo por el bosque y acepte con placer.

El se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:

Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más?

Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí:

Estoy escuchando el ruido de una carroza.

Eso es -dijo mi Padre-. Es una carroza vacía.

Pregunté a mi Padre: ¿Cómo sabes que es una carroza vacía, si aun no la vemos?

Entonces mi padre respondió: Es muy fácil saber cuando una carroza esta vacía, por causa del ruido. Cuanto mas vacía la carroza, mayor es el ruido que hace.

Me convertí en adulto y hasta hoy cuando veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todo el mundo, inoportuna, presumiendo de lo que tiene (y lo mas seguro no tiene nada), de sentirse prepotente y haciendo menos a la gente, tengo la impresión de oír a voz de mi padre diciendo:

“Cuanto mas vacía la carroza, mayor es el ruido que hace”

El sabio

Mi amigo me señalo un ciego en la sombra de un templo.

Mi amigo me dijo: “este es el hombre más sabio del mundo”.

Nos acercamos, y le pregunté: ¿Desde cuándo usted es ciego?”

“Desde que nací”.

“Soy un astrónomo”, comenté.

“Yo también”, respondió el ciego. Y, colocando su mano sobre el pecho, dijo:

“Observo aquí dentro los muchos soles y las muchas estrellas”.

Lo esencial es invisible a los ojos. Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios.

El sabio de la isla

Había una vez un rey en una remota isla, dicho rey aburrido por todo lo que veía y todo lo que hacía y que ya no encontraba gracia a nada, decidió hacer una visita a la isla vecina donde habitaba un gran sabio que de todo te daba razón y esto le llamo mucho, que ni tarde ni perezoso salió en su busca.

Fueron varios los días de viaje, tan cansados que el rey durmió todo el viaje soñando y pensando con encontrar las respuestas mas sinceras y seguras del mundo, las respuestas de cómo ser mas alegre, divertido y sobre todo ser mejor gobernante cada día.

Así pasaron los días y este rey pensando de todo; le pregunta a su capitán que cuando arribarían a la otra isla y este le contesto que ya estaban en las orillas de la famosa isla del sabio, el rey se alegró tanto que tan pronto encallaron bajo y corrió por el puerto preguntando por el sabio tan famoso que tantas cosas había escuchado de él.

Se encuentra con un anciano de ropas rasgadas y de aspecto muy humilde y le dice: “oye tú, mendigo, donde esta el sabio que habita esta isla”. El anciano contesta “no lo sé todo mundo viene preguntando por ése sabio y en esta isla hay tan solo unas cuantas gentes como yo”.

Él rey le dice: “¿cómo? ¿que no hay ningún sabio en esta isla?”, el anciano le vuelve a contestar: “no, no hay ningún sabio que yo sepa, ¿bueno para que quiere ver a ese sabio?”,le cuestiona el anciano. El rey molesto replico: “para que me diga el secreto de cómo ser más feliz, como ser mejor gobernante y todo lo bueno de la vida”.

Entonces el anciano le dice “pregúntame a mí, que yo te ayudaré”, a lo que el rey se ríe con tremenda carcajada y de pronto se queda serio, y le dice: “¿tú un anciano mal vestido y por lo que veo, mucho muy ignorante me vas ha decir lo que solo un sabio me puede decir?”.

Él anciano le contesta: “No necesito traer ropas lujosas como tú, ni necesito riquezas o tropas para ser sabio, lo único que yo necesito es mí cabeza y mí paciencia. Tú, rey de la isla vecina, me preguntaste por un sabio y aquí no lo hay. Han venido cientos de reyes y demás gobernantes a buscarlo y no lo han encontrado. Sólo han hablado conmigo. Tan pronto terminan de hablar conmigo se retiran riéndose y diciendo que viajaron tanto que tuvieron tiempo para pensar muchas formas de solucionar sus problemas y que yo termine dándoles la llave para ser mejores, pero ¿no se porque?”. Termina diciéndole el viejo al rey.

El rey se da la media vuelta y se dirige pensativo hacia su barco pero tan pronto da unos pasos se voltea hacia el anciano y le dice: “Gracias famoso sabio de la isla, me haz dado la llave de cómo ser mejor gobernante, de cómo ser mas divertido, de cómo tener más paciencia. Me haz enseñado que primero me debo de encontrarme a mí mismo con mis pensamientos, con mis actos y mis deseos, sólo así seré mejor. Gracias, famoso sabio de la isla vecina”.

El anciano, atónito se rasca la cabeza y se dice a sí mismo: “Por eso no salgo de esta isla, afuera todos deben de estar locos, con eso de estar pensando como ser mejores y aliviar sus penas. No, no, no, yo estoy mejor aquí con mi ignorancia y mi humilde persona, lo único que hago es escuchar a toda esa gente que viene y preguntarles. Solo por eso me dicen sabio”.

Este relato lo escuche hace mas de 20 años, por parte de mi abuelo Daniel García, lo curioso es que mi abuelo no sabía leer, ni escribir y nunca salió de un pueblito encallado en las faldas de una montaña, nació, creció y murió en esas tierras y nunca me platicó como supo de ese relato, pero me ha servido tanto en la vida para ser mejor, porque para mí el era el sabio de la isla vecina, que visitaba cada año en vacaciones, que me entrego la llave para descubrirme a mi mismo.

El saco de plumas

Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado.

Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:

“Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?”, a lo que el hombre respondió: “Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta una donde vayas”.

El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día las había soltado todas.

Volvió donde el sabio y le dijo: “Ya he terminado”, a lo que el sabio contestó: “Esa es la parte más fácil. Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste. Sal a la calle y búscalas”.

El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna. Al volver, el hombre sabio le dijo: “Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste”.

Despedida

El último día

Viviré este día como si fuese el último de mi existencia.

Hoy acariciaré a mis hijos mientras son niños aún; mañana se habrán ido, y yo también.

Hoy abrazaré a mi mujer dulcemente y la besaré; mañana ya no estará, ni yo tampoco.

Hoy le prestaré ayuda al amigo necesitado; mañana ya no aclamará pidiendo ayuda, ni tampoco yo podré oír su clamor.

Hoy me sacrificaré y me consagraré al trabajo; mañana no tendré nada que dar, y no habrá nada que recibir.

Viviré este día como si fuese el último de mi existencia.

Y si no lo es, daré gracias a Dios…

El valor de la vida

“Un rico industrial estaba horrorizado de encontrarse a un pescador que yacía tranquilamente junto a su bote, jugando con unos niños. “¿Porqué no estás afuera pescando?” Le preguntó el industrial. “Por que ya he atrapado suficientes peces para el día”, dijo el pescador. “¿Porqué no atrapas unos cuántos más?”. “Y que haría con ellos?”. “Podrías ganar más dinero”, fue la respuesta del industrial. “Con eso podrías ponerle un motor a tu bote e ir a aguas mas profundas y atrapar más peces. Entonces tendrías suficiente dinero para comprar redes de nylon. Éstas te traerían más peces y más dinero. Pronto podrías tener suficiente dinero para tener dos botes… quizás incluso una flotilla de botes. Entonces serías un hombre rico como yo.” “¿Y entonces qué haría?”, preguntó el pescador. “Entonces podrías disfrutar la vida realmente.” “¿Y… qué crees que estoy haciendo en este momento?”, respondió el pescador.

Aprende a buscar para que en las pequeñas cosas encuentres el verdadero valor de la vida…¡Disfruta realmente este día!.

El valor de las cosas pequeñas

Aprende a escuchar el valor de las pequeñas cosas, de los acontecimientos.

Verás que todo habla, todo se comunica contigo.

Con cada falta de delicadeza, hiero un poco a aquellos que me aman.

Con cada desatención, no soy ni educado ni cristiano.

Con cada mirada de desprecio, alguien resulta golpeado.

Con cada gesto de impaciencia, doy una bofetada invisible a los que viven a mi lado.

Con cada perdón que niego, va un pedazo de mi egoísmo.

Con cada resentimiento que esbozo, revelo algo de mi amor propio herido.

Con cada palabra áspera que digo, pierdo algunos puntos para el cielo.

Con cada omisión que practico, rasgo una hoja del evangelio.

Con cada limosna que niego, alejo más triste a un pobre.

Con cada juicio malicioso, aflora mi lado mezquino.

Con cada oración que no hago, pierdo un mundo de gracia.

Con cada burla que hago, peco contra el silencio.

Con cada llanto que enjuago, hago más feliz a mi hermano.

Con cada acto de fe, canto un himno a la vida.

Con cada sonrisa que desparramo, planto una esperanza.

Con cada espina que clavo, lastimo el corazón de un semejante.

Con cada espina que arranco, alguien besará mi mano.

Con cada rosa que ofrezco los Ángeles dicen amen.

El valor del valor

Dos semillas yacen lado a lado en el fértil suelo de la primavera. La primera semilla dijo:

-¡Quiero crecer! Quiero impulsar a mis raíces hondo dentro del suelo que esta debajo de mi, y expulsar a mis retoños a través de la corteza de la tierra que esta sobre mi… quiero desplegar mis tiernos brotes como  banderas que anuncien la llegada de la primavera… ¡quiero sentir el calor del sol sobre mi rostro y la bendición del roció matinal sobre mis pétalos!

Y creció.

La segunda semilla dijo:

-Tengo miedo. Si impulso mis raíces dentro del suelo que esta debajo de mi, no se lo que encontrare en la oscuridad. Si me abro paso por el suelo duro que esta sobre mi, puedo dañar a mis delicados retoños… ¿qué tal si al dejar que mis brotes se abran, un caracol trata de comérselos? Y si abriera mis capullos, un niño pequeño podría arrancarme de la tierra. No, será mejor que espere hasta que no haya peligro. Y espero.

Una gallina de corral que buscaba comida afanosamente entre la tierra de comienzos de primavera encontró a la semilla en espera y rápidamente se la comió.

Moraleja de este relato: Aquellos de nosotros que nos negamos a arriesgarnos a crecer y no tenemos el valor para ello, podríamos ser tragados por la vida.

El vendedor de semillas

Un joven soñó que entraba en un supermercado recién  inaugurado  y,  para  su sorpresa, descubrió que Jesucristo se encontraba atrás del mostrador.

- ¿Que vendes aquí? – le preguntó.
– Todo lo que tu corazón desee – respondió Jesucristo.

Sin atreverse a creer lo que estaba oyendo,  el  joven  emocionado se decidió  a  pedir  lo mejor que un ser humano podría desear:

- Quiero tener amor, felicidad, sabiduría, paz de espíritu y ausencia de todo temor – dijo el joven-. Deseo que en el mundo se  acaben  las guerras,  el terrorismo,  el narcotráfico, las injusticias sociales, la corrupción y las violaciones a los derechos humanos.

Cuando el joven terminó de hablar, Jesucristo le dice:

- Amigo, creo que no me has entendido. Aquí no vendemos frutos; solamente vendemos semillas.

“Convierte en frutos las semillas que hay en ti”.

El verdadero amor

Mis padres vivieron cincuenta y cinco años casados. Una mañana mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno y sufrió un infarto. Cayó. Mi padre la alcanzó, la levantó como pudo y casi a rastras la subió a la camioneta.

A toda velocidad, rebasando, sin respetar los altos, condujo hasta el hospital. Cuando llegó, por desgracia, ya había fallecido. Durante el sepelio mi padre no habló, su mirada estaba perdida. Casi no lloró. Esa noche sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas anécdotas. Él pidió a mi hermano teólogo que le dijera dónde estaría mamá en ese momento. Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte, conjeturó cómo y dónde se encontraría ella. Mi padre escuchaba con gran atención.

De pronto pidió: “Llévenme al cementerio”. “Papá”, respondimos, “¡son las once de la noche! No podemos ir al cementerio ahora.” Alzó la voz y con una mirada vidriosa dijo: “No discutan conmigo, por favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa por cincuenta y cinco años”.

Se produjo un momento de respetuoso silencio. No discutimos más. Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador, con una linterna llegamos a la lapida.

Mi padre la acaricio, lloró, y nos dijo a sus hijos, que veíamos la escena conmovidos:

“Fueron cincuenta y cinco buenos años… ¿Saben?, Nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así” .

Hizo una pausa y se limpió la cara.

“Ella y yo estuvimos juntos en aquella crisis. Cuando cambié de empleo”, continuó. Hicimos el equipaje cuando vendimos la casa y nos mudamos de ciudad. Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos uno al lado del otro la partida de seres queridos, rezamos juntos en la sala de algunos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos en cada Navidad y perdonamos nuestro errores…Hijos, ahora se ha ido y estoy contento ¿saben por qué? Porque se fue antes que yo; no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso y le doy gracias a Dios. La amo tanto que no me hubiera gustado que sufriera…”

Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado por las lagrimas. Lo abrazamos y el nos consoló. “Todo esta bien, hijos, podemos irnos a casa; ha sido un muy buen día…”

Esa noche entendí lo que es el verdadero amor.

El verdadero triunfo

El verdadero triunfo, es lograr la familia que anhelas, es mostrar la bondad que recibes y tener verdaderos amigos.

La verdadera sabiduría, es aprender a escuchar y saber cuando opinar, es comprender los problemas y saberlos resolver, y poder brindar al mundo lo que realmente sabes.

La verdadera fe, es pedir y saber que nos escucha, es saborear los momentos que comparto con Él, es poder cerrar los ojos y sentir a Dios junto a mí.

La verdadera amistad, es sentir la hermandad que une a personas de sangres diversas, es saber que su mano siempre estará contigo, es saber brindarle tu ayuda en todo momento, es sentirte más valiente en los momentos que con ellos compartes, es saber compartir ideas y mejorar tu carácter, es tener ese apoyo en los momentos importantes.

El verdadero amor, es poder oler el aire que respira tu pareja, es encontrar la otra mitad de tu alma, es sentir necesaria su presencia, y más que nada, saber esperar a su llegada.

Disfruten cada día como si fuera el último ya que uno nunca sabe cuando llegara el último día de nuestras vidas, y recuerden la satisfacción de llegar a la meta no es llegar a la meta sino todo lo que se vive en el camino para poder llegar a ésta.

El verdadero valor de las cosas

Solo faltaban cinco días para la Navidad. Aun no me había atrapado el espíritu de estas fiestas. Los estacionamientos llenos, y dentro de las tiendas el caos era mayor. No se podía ni caminar por los pasillos.

¿Porqué vine hoy? Me pregunté.

Me dolían los pies lo mismo que mi cabeza. En mi lista estaban los nombres de personas que decían no querer nada, pero yo sabia que si no les compraba algo sé resentirían.

Llené rápidamente mi carrito con compras de último minuto y me dirigí a las colas de las cajas registradoras. Escogí la más corta, calcule que serian por lo menos 20 minutos de espera.

Frente a mi habían dos niños, un niño de 10 años y su hermanita de 5 años. El estaba mal vestido con un abrigo raído, zapatos deportivos muy grandes, a lo mejor 3 tallas más grande. Los jeans le quedaban cortos. Llevaba en sus sucias manos unos cuantos billetes arrugados. Su hermanita lucía como él, sólo que su pelo estaba enredado. Ella llevaba un par de zapatos de mujer dorados y resplandecientes.

Los villancicos navideños resonaban por toda la tienda y yo podía escuchar a la niñita tararearlos. Al llegar a la caja registradora, la niña le dio los zapatos cuidadosamente a la cajera, como si se tratara de un tesoro. La cajera les entregó el recibo y dijo: son $6.09. El niño puso sus arrugados billetes en el contador y empezó a rebuscarse los bolsillos. Finalmente contó $3.12. Bueno pienso que tendremos que devolverlos, volveremos otro día y los compráremos, añadió. Ante esto la niña dibujó un puchero en su rostro y dijo: “Pero a Jesús le hubieran encantado estos zapatos”. Volveremos a casa trabajaremos un poco mas y regresaremos por ellos. No llores, vamos a volver. Sin tardar yo le alcancé los tres dólares que faltaban a la cajera. Ellos habían estado esperando en la cola por largo tiempo y después de todo era Navidad. Y en eso un par de bracitos me rodearon con un tierno abrazo y una voz me dijo, muchas gracias señor.

Aproveche la oportunidad para preguntarle que había querido decir cuando dijo que a Jesús le encantarían esos zapatos. Y la niña con sus grandes ojos redondos me respondió, mi mamá está enferma y yéndose al cielo. Mi papá nos dijo que se iría antes de Navidad para estar con Jesús. Mi maestra de escuela dominical dice que las calles del cielo son de oro reluciente tal como estos zapatos. ¿No se le verá a mi mamá hermosa caminando por esas calles con estos zapatos?

Mis ojos se inundaron al ver una lágrima bajar por su rostro radiante. Por supuesto que sí le respondí. Y en silencio le di gracias a Dios por usar a estos niños para recordarme el verdadero valor de las cosas.

El violín

Se cuenta que con un viejo violín, un pobre hombre se ganaba la vida. Iba por los pueblos, comenzaba a tocar y la gente se reunía a su alrededor. Tocaba y al final pasaba entre la concurrencia una agujereada boina con la esperanza de que algún día se llenara.

Cierto día comenzó a tocar como solía, se reunió la gente, y salió lo de costumbre: unos ruidos más o menos armoniosos. No daba para más ni el violín ni el violinista. Y acertó a pasar por allí un famoso compositor y virtuoso del violín. Se acercó también al grupo y al final le dejaron entre sus manos el instrumento. Con una mirada valoró las posibilidades, lo afinó, lo preparó… y tocó una pieza asombrosamente bella. El mismo dueño estaba perplejo y lleno de asombro. Iba de un lado para otro diciendo:

- es mi violín…!, es mi violín…!, es mi violín…!- Nunca pensó que aquellas viejas cuerdas encerraran tantas posibilidades.

No es difícil que cada uno de nosotros, profundizando un poco en sí mismo, reconozca que no está rindiendo al máximo de sus posibilidades. Somos en muchas ocasiones como un viejo violín estropeado, y nos falta incluso alguna cuerda. Somos… un instrumento flojo, y además con frecuencia desafinado. Si intentamos tocar algo serio en la vida, sale eso…unos ruidos faltos de armonía. Y al final, cada vez que hacemos algo, necesitamos también pasar nuestra agujereada boina; necesitamos aplausos, consideración, alabanzas… Nos alimentamos de esas cosas; y si los que nos rodean no nos echan mucho, nos sentimos defraudados; viene el pesimismo. En el mejor de los casos se cumple el refrán: “Quien se alimenta de migajas anda siempre hambriento”: no acaban de llenarnos profundamente las cosas.

Que diferencia cuando dejamos que ese gran compositor, Dios, nos afine, nos arregle, ponga esa cuerda que falta, y dejemos ¡que El toque.

Pero también en la vida terrena existen violinistas que nos pueden afinar; un amigo, un compañero, un maestro, nuestro Director Espiritual, o cualquier persona de la que podamos obtener conocimientos, un consejo, una buena idea, una corrección fraterna, y quedaremos sorprendidos de las posibilidades que había encerradas en nuestra vida.

Comprobamos que nuestra vida es bella y grandiosa cuanto que somos instrumentos perfectibles y, si nos proponemos ser mejores, lucharemos constante e incansablemente por ser: un violín cada vez mejor afinado.

El zapatero pobre

Un día bajó el Señor a la tierra en forma de mendigo y se acerco a casa del zapatero y le dijo: “Hermano, hace tiempo que no como y me siento muy cansado, aunque no tengo ni una sola moneda quisiera pedirte que me arreglaras mis sandalias para poder seguir caminando”.

El zapatero le respondió: “Yo soy muy pobre y ya estoy cansado que todo el mundo viene a pedir y nadie viene a dar!”.

El Señor le contestó: “Yo puedo darte lo que tu quieras”.

El zapatero le pregunto: “Dinero inclusive?”.

El Señor le respondió: “Yo puedo darte 10 millones de dólares, pero a cambio de tus piernas”.

“Para que quiero yo 10 millones de dólares si no voy a poder caminar, bailar, moverme libremente?”, dijo el zapatero.

Entonces el Señor replico: ” Esta bien, te podría dar 100 millones de dólares, a cambio de tus brazos”.

El zapatero le contesto: “Para que quiero yo 100 millones de dólares si no voy a poder comer solo, trabajar, jugar con mis hijos, etc.?.

Entonces el Señor le dijo: “En ese caso, yo te puedo dar 1000 millones de dólares a cambio de tus ojos”.

El zapatero respondió asustado: “Para que me sirven 1000 millones de dólares si no voy a poder ver el amanecer, ni a mi familia y mis amigos, ni todas las cosas que me rodean?”.

Entonces el Señor le dijo: “Ah hermano mío, ya ves que fortuna tienes y note das cuenta”.

Empiezo hacer las cosas hoy

Thomas Carlyle había terminado el tremendo manuscrito de la Revolución Francesa. Se lo pasó a su vecino para que lo leyera, John Stuart Mill. Unos días después, John fue a casa de Thomas pálido y nervioso. Su sirviente había usado el manuscrito para encender la chimenea. El pensamiento de iniciar de nuevo el manuscrito había sido paralizante.

Pero un día, en que Thomas transitaba por las calles, observó como un albañil construía un muro, de un ladrillo a la vez.

Tomó la inspiración de esta experiencia y decidió hacer una página hoy y otra mañana. Comenzó, despacio. La tarea fue tediosa, pero el resultado grandioso: ¡una mejor obra que la previa!

Decido hacer las cosas hoy. Me digo a mi mismo: “Tengo una tarea de gran importancia, no debo detenerme. El solo hecho de haber empezado, me pone a mitad del camino. Puedo sentir la energía, al iniciar ésta tarea que el Señor me ha instruido. Muy dentro de mí, tengo la conciencia de que he tomado la decisión correcta y que voy en la dirección acertada.

No voy a dejar que nadie ni nada me detenga, distraiga o desanime. Doy Gracias a Dios ya que Su Espíritu en mí es el sustento y sostén que me da la energía y dirección para terminar lo que he iniciado”.

“El que mira al viento, no siembra, y el que mira a las nubes, no cosecha.”

Eclesiastés 11,4

Empuja

Cuentan que un muy buen hombre vivía en el campo pero tenía problemas físicos, cuando un día se le apareció Jesús y le dijo: “Necesito que vayas hacia aquella gran roca de la montaña, y te pido que la empujes día y noche durante 1 año”. El hombre quedó perplejo cuando escuchó esas palabras, pero obedeció y se dirigió hacia la enorme roca de varias toneladas que Jesús le mostró.

Empezó a empujarla con todas sus fuerzas, día tras día, pero no conseguía moverla ni un milímetro. A las pocas semana llegó el diablo y le puso pensamientos en su mente: “¿Por qué sigues obedeciendo a Jesús? Yo no seguiría a alguien que me haga trabajar tanto y sin sentido. Debes alejarte, ya que es estúpido que sigas empujando esa roca, nunca la vas a mover”. El hombre trataba de pedirle a Jesús que le ayudara para no dudar de su voluntad, y aunque no entendía se mantuvo en pié con su decisión de empujar.

Con los meses, desde que se ponía el sol hasta que se ocultaba aquel hombre empujaba la enorme roca sin poder moverla, mientras tanto su cuerpo se fortalecía, sus brazos y piernas se hicieron fuertes por el esfuerzo de todos los días. Cuando se cumplió el tiempo el hombre elevó una oración a Jesús y le dijo: “Ya he hecho lo que me pediste, pero he fracasado, no pude mover la piedra ni un centímetro” . Y se sentó a llorar amargamente pensando en su muy evidente fracaso. Jesús apareció en ese momento y le dijo: “¿Por qué lloras? ¿Acaso no te pedí que empujaras la roca? Yo nunca te pedí que la movieras, en cambio mírate, tu problema físico ha desaparecido. NO has fracasado, yo he conseguido mi meta, y tú fuiste parte de mi plan”.

Muchas veces al igual que este hombre, vemos como ilógicas las situaciones, problemas y adversidades de la vida, y empezamos a buscarle lógica, nuestra lógica, a la voluntad de Dios y viene el enemigo y nos dice que no servimos, que somos inútiles o que no podemos seguir. El día de hoy es un llamado a “empujar” sin importar qué tantos pensamientos de duda ponga el enemigo en nuestras mentes, pongamos todo en las manos de Jesús, y El por medio de su voluntad nunca nos hará perder el tiempo, mas bien, nos hará ser mas fuertes!

En el lugar y tiempo correcto

Estaba caminando en una calle poco iluminada una noche ya tarde, cuando escuché unos gritos que trataban de ser silenciados que venían de atrás de un grupo de arbustos.

Alarmado, disminuí mi velocidad para escuchar y me aterroricé cuando me di cuenta de que lo que estaba escuchando eran los inconfundibles sonidos de una lucha: fuertes gruñidos, pelea desesperada y tela rasgándose. A solo unos metros de donde yo estaba parado, una mujer estaba siendo atacada.

¿Me debería involucrar? Yo estaba asustado por mi propia seguridad y me maldije a mí mismo por tener que decidir repentinamente el tomar una nueva ruta a casa esa noche. ¿Y si me convertía en otra estadística? ¿No debería tan solo correr al teléfono más cercano y llamar a la policía? Aunque me pareció una eternidad, las deliberaciones en mi cabeza habían tomado solo segundos, y los chillidos ya habían aumentado poco a poco.

Yo sabía que tenía que actuar rápido. ¿Cómo podría alejarme de esto?. No, finalmente me decidí. No podría darle la espalda a esta mujer, aún si esto significaba arriesgar mi propia vida. No soy un hombre valiente, ni soy atlético. No sé donde encontré el coraje moral y la fuerza física, pero una vez que había decidido finalmente ayudar a la chica, me volví extrañamente transformado. Corrí detrás de los arbustos y jalé al asaltante lejos de la mujer.

Forcejeando, caímos al piso, donde luchamos durante unos minutos, hasta que el atacante se puso en pie de un salto y escapó.

Jadeando fuertemente, me levanté con dificultad, y me acerqué a la chica, que estaba en cuclillas detrás de un árbol, sollozando. En la oscuridad, apenas pude ver su silueta, pero ciertamente pude percibirla temblando y en shock. No queriendo asustarla de nuevo, primero le hablé a distancia.

“Está bien”, dije en tono tranquilizador, “El ladrón huyó, estás a salvo ahora”.

Hubo una prolongada pausa, y entonces oí las palabras, pronunciadas maravillosa, sorprendentemente: -¿Papi, eres tú?

Y entonces de atrás del árbol, salió caminando mi hija más joven, Katherine.

Dios tiene la manera de permitirnos estar en el lugar adecuado en el momento indicado.

En la diversidad esta la perfección

Dios estaba en el cielo mirando como actuaban los hombres en la tierra, entre ellos la desolación reinaba. ¡Más de 5 mil millones de seres humanos son pocos para alcanzar la magnificencia divina del amor ! (suspira el Señor)

El Padre vio a tantos hermanos en guerra, esposos y esposas que no completaban sus carencias, ricos y pobres apartados, sanos y enfermos distantes, libres y esclavos separados, que un buen día reunió un ejercito de ángeles y les dijo:

-¿ Veis los seres humanos? ¡Necesitan ayuda! Tendréis que bajar vosotros a la tierra.

-¿Nosotros?-, dijeron los ángeles ilusionados, asustados y emocionados, pero llenos de fe.

- Si vosotros sois los indicados. Nadie más podría cumplir esta tarea. ¡Escuchad!: cuando cree al hombre, lo hice a imagen y semejanza mía, pero con talentos especiales para cada uno. Permití diferencias entre ellos, para que juntos formasen el reino. Así lo planee. Unos alcanzarían riquezas para compartir con los pobres, otros gozarían de buena salud, para cuidar a los enfermos. Unos serian sabios y otros, muy simples para procurar entre ellos sentimientos de amor, admiración y respeto. Los buenos tendrían que rezar por los que actuaran como si fueran malos. El paciente toleraría al neurótico. En fin mis planes deben cumplirse para que el hombre goce, desde la tierra, la felicidad eterna. Y para hacerlo, ¡vosotros bajareis con ellos!.

-¿De que se trata? Los ángeles preguntaron inquietos.

Entonces el señor explica su saber.

- Como los hombres se han olvidado de que los hice distintos, para que se complementasen los unos a otros y así formaron el cuerpo de mi hijo amado, como parece que no se dan cuenta de que los quiero diferentes, para lograr la perfección, bajaran ustedes con francas distinciones.

Y dio a cada uno su tarea:

* tu tendrás memoria y concentración de excelencia: serás ciego,

* tu serás elocuente con tu cuerpo y muy creativo para expresarte: serás sordomudo,

* tu tendrás pensamientos profundos, escribirás libros, serás poeta: tendrás parálisis cerebral,

* a ti té daré el don del amor y serás su persona, habrá muchos otros como ti en la tierra y no habrá distinción de raza, porque tendrás la cara, los ojos, las manos y el cuerpo como si fueran hermanos de sangre, tendrás síndrome de down;

* tu serás muy bajo de estatura y tu simpatía y sentido del humor llegaran hasta el cielo: serás gente pequeña;

* tu disfrutaras de la creación tal como lo planee para los hombres. Tendrás discapacidad intelectual y mientras otros se preocupan por los avances científicos y tecnológicos, tu disfrutaras mirando una hormiga, una flor. Serás muy feliz porque amaras a todos y no harás juicio de ninguno.

* Tu vivirás en la tierra pero tu mente se mantendrá en el cielo preferirás escuchar mi voz a la de los hombres, tendrás autismo;

* tu serás hábil como ninguno, te faltaran los brazos y harás todo con las piernas y la boca; al ultimo ángel le dijo:

* serás genio; te quitare las alas antes de llegar a la tierra y bajaras con la espalda ahuecada; los hombres repararan tu cuerpo; pero tendrás que ingeniártelas para triunfar. Tendrás mielomeningocele, que significa: miel que vino del cielo.

Los ángeles se sintieron felices con la distinción del señor, pero les causaba enorme pena tener que apartarse del cielo para cumplir su misión.

- ¿Cuánto tiempo viviremos sin verte? ¿Cuánto tiempo lejos de ti?, preguntaron los ángeles.

No os preocupéis, estaré con vosotros todos los días. Además esto durara entre 60 y 80 años terrenos.

- Esta bien padre será como dices, 80 años son un instante en el reloj eterno. Aquí nos vemos en “un ratito” no más-; dijeron los ángeles y bajaron a la tierra emocionados.

Cada uno llego al vientre de una madre. Allí se formaron durante 6,7,8 y 9 meses. Al nacer fueron recibidos con profundo dolor, causaron miedo y angustia. Algunos padres rehusaron la tarea; otros la asumieron enojados; otros se echaron culpas hasta disolver el matrimonio y otros mas lloraron con amor y aceptaron el deber. Sea cual fuere el caso, como los ángeles saben su misión, y sus virtudes son la fe, la esperanza y la caridad, además de otras, todas gobernadas por el amor, ellos han sabido perdonar y con paciencia pasan la vida iluminando a todo aquel que los ha querido amar. Siguen bajando ángeles a la tierra con espíritus en cuerpos limitados y seguirán llegando mientras haya humanidad en el planeta.

En la diversidad esta la perfección, Dios quiere que estén entre nosotros para darnos la oportunidad de trabajar por ellos, para aprender de ellos y, trabajar es servir, servir es vivir y vivir es amar, porque la vida se nos dio para eso.

El que no vino para servir no sirve para vivir.

“-Maestro, ¿quién peco para que este naciera ciego? ¿El o sus padres? -ni él ni sus padres; nació así para que se viera en él la obra de Dios” Juan 9,1

En la espera

Señor:

Se que puedo hablarte, se que puedo confiarte cosas grandes y cosas pequeñas porque Tu eres mi Señor.

Quiero pedirte hoy algo muy especial.

Quiero poner en tus manos a la persona de la que algún día estaré enamorada(o), aquella persona con quien compartiré mi vida entera.

Te pido que la bendigas, la cuides y la ayudes. Donde quiera que ande, bendice su camino, conserva su animo, guía sus pasos, fortalece su corazón, muéstrale tu misericordia… No permitas que nada dañe su capacidad de amar.

Aunque muy probablemente no conozco a esta persona todavía, llénalo de alegría, hazlo generoso, y a mí ayúdame a ser mejor, hazme digna(o) de estar a su lado..

Señor, que cuando vivamos juntos, seamos un verdadero Matrimonio, que podamos ser esposos en Tu nombre…

Donde quiera que se encuentre, bendice a esa persona tan especial y llénala de amor. Y finalmente te pido que me ayudes a encontrarla…

Es bueno saber

Es bueno saber que hay hombres de ciencia, pero es mejor que seamos hombres y mujeres de conciencia.

Es bueno saber lo que tenemos que hacer, pero es mejor hacer lo que debemos hacer.

Es bueno hacer planes y fijarse un propósito, pero es mejor llevarlos a cabo.

Es bueno desear el éxito pero es mejor realizar las cosas necesarias para lograrlo.

Es bueno hacer promesas, pero es mejor cumplirlas Es bueno tener dignidad, pero es mejor no pisar la de otros.

Es bueno tenerlo todo, pero es mejor compartir con el que no tiene nada.

Es bueno saberse amado y comprendido, pero es mejor amar y comprender.

Es bueno procurar no fracasar, pero es mejor ayudar al fracasado.

Es bueno buscar la verdad, pero es mejor hablar siempre con ella.

Es bueno tener fe, pero es mejor sembrarla en los que aún no conocen a Dios.

Pero hazlo ya, porque el tiempo pasa.

Escuchar el amor

Hay momentos en que somos tímidos para expresar el amor que sentimos, por temor a avergonzar a la otra persona o avergonzarnos nosotros mismos,  dudamos de decir “Te quiero” y tratamos de comunicar la idea en otras palabras.

Decimos “Cuídate”, “No manejes rápido”, “Pórtate bien”. Pero realmente, estas son diferentes maneras de decir “te quiero” “eres importante para mí” “me importa lo que te suceda”, “No quiero que estés mal”.

A veces somos muy extraños. La única cosa que queremos decir y la única cosa que debemos decir, es la única cosa que no decimos. Y muchas veces el significado nunca se comunica del todo, y la otra persona se siente ignorada y no-querida.

Por ello, debemos ESCUCHAR EL AMOR en las palabras que las otras personas nos dicen. Las palabras explícitas son necesarias, pero con mayor frecuencia, la manera de decir las cosas es aún más importante. Un apodo dicho cariñosamente porta mayor afecto y amor que los sentimientos que son expresados de manera poco sincera. Un abrazo o un beso impulsivos dicen “TE AMO”, aún cuando las palabras digan algo diferente. Cualquier expresión de preocupación de una persona por otra dice “te quiero”.

A veces debemos mirar y escuchar muy atentamente el amor que contienen las palabras. El problema de escuchar el amor es que no siempre entendemos el lenguaje de amor que la otra persona está usando. La gente rara vez se escucha. Oyen las palabras, pero no escuchan en las acciones que acompañan a esas palabras o en las facciones del rostro. O la gente sólo escucha el rechazo o el malentendido. No ven el amor que está allí, debajo de la superficie, aún cuando las palabras sean amargas.

Si escuchamos atentamente, descubriremos que somos muchísimo más amados de lo que pensamos. Escuchemos al amor, y descubriremos que, después de todo, el mundo es un lugar muy amoroso. No es un asunto de estar presente CON alguien. El asunto es estar presente PARA alguien. Así que recuerda: Si amas a alguien díselo. Recuerda siempre decir lo que sientes. Nunca tengas temor de expresarte a ti mismo.

Ese es Dios

Alguna vez te haz sentado allí y de repente sientes deseos de hacer algo agradable por alguien a quien tienes cariño….ESE ES DIOS…. Él te habla a través del Espíritu Santo.

Alguna vez te has sentido derrotado y nadie parece estar alrededor tuyo para hablarte… ESE ES DIOS… Él quiere hablar contigo.

Alguna vez has estado pensando en alguien que no has visto por largo tiempo y la próxima cosa que pasa es verlo o recibir una llamada … ESE ES DIOS… No hay cierta cosa como “coincidencia”.

Alguna vez haz recibido algo maravilloso que ni siquiera pediste como dinero en el correo, una deuda que misteriosamente ha sido aclarada, o un cupón de supermercado donde viste las cosas que deseabas pero no lo podías tener… ESE ES DIOS.. él conoce los deseos de tu corazón.

Alguna vez has estado en una situación y no tenias indicios de como se iba a resolver ahora solo miras hacia atrás en eso….ESE ES DIOS.. él nos prueba a través de la adversidad para ver luego un día brillante..

Piensas que este mensaje te fue enviado accidentalmente?

Estaba pensando ESPECIALMENTE en ti.

Esfuérzate

Nadie alcanza la meta con un solo intento, ni perfecciona la vida con una sola rectificación, ni alcanza altura con un solo vuelo. Nadie camina la vida sin haber pisado en falso muchas veces…nadie recoge cosecha sin probar muchos sabores, enterrar muchas semillas y abonar mucha tierra. Nadie mira la vida sin acobardarse en muchas ocasiones, ni se mete en el barco sin temerle a la tempestad, ni llega a puerto sin remar muchas veces.

Nadie siente el amor sin probar sus lágrimas, ni recoge rosas sin sentir sus espinas. Nadie hace obras sin martillar sobre su edificio, ni cultiva amistad sin renunciar a sí mismo… Ni se hace hombre sin sentir a Dios! Nadie llega a la otra orilla sin haber ido haciendo puentes para pasar. Nadie deja el alma lustrosa sin el pulimento diario de Dios. Nadie puede juzgar sin conocer primero su propia debilidad. Nadie consigue su ideal sin haber pensado muchas veces que perseguía un imposible. nadie conoce la oportunidad hasta que ésta pasa por su lado y la deja ir. Nadie encuentra el pozo de DIOS hasta caminar por la sed del desierto. Pero nadie deja de llegar, cuando se tiene la claridad de un don, el crecimiento de su voluntad, la abundancia de la vida, el poder para realizarse y el impulso de DIOS. Nadie deja de arder con fuego dentro … nadie deja de llegar cuando de verdad se lo propone. Si sacas todo lo que tienes y estás con DIOS…Vas a llegar!

Espera, no tan rápido

Cuentan que una vez un científico soberbio fue con Dios y le dijo:

- Señor, convocamos a una junta científica mundial y hemos decidido que ya no te necesitamos.

El señor con su infinita paciencia oyó al hombre y le preguntó:

-¿Ah sí? ¿Y cómo llegaron a esa decisión?

- Pues ya hacemos trasplantes de prácticamente cualquier miembro del cuerpo, podemos hacer bebes para parejas que no pueden tener hijos, crear vida artificial, clonar a la gente y hacer todas esas cosas que antes se consideraban milagrosas.

Dios sólo lo escuchaba y luego atinó a decir:

- ¿Pueden crear vida?

- Así es. Respondió el científico.

- ¿Qué te parece si hacemos un concurso de crear vida? Lo hacemos del modo antiguo, así como yo formé a Adán; tú sabes.

- Me parece bien. Contestó el científico.

- Está bien, pues comencemos. Exclamó Dios.

Entonces el científico tomó un puño de tierra, y le dice Dios:

- Espera, no tan rápido; consíguete tu propia tierra.

Esperando un día especial

Mi cuñado abrió el cajón del buró de mi hermana y levantó un paquete envuelto en papel.

-“Esto” -dijo

- “no es un collar es una obra de arte”.

Tiro el papel que lo envolvía y me paso el collar. Estaba exquisito. La etiqueta del precio mostraba una cantidad astronómica.

-“Jan compró esto la primera vez que fuimos a Nueva York, hace al menos 8 o 9 años. Nunca lo uso. Lo estaba guardando para una ocasión especial. Bueno, creo que esta es la ocasión.”

Me pidió el collar y lo pusimos en la cama junto con la ropa que íbamos a llevara la funeraria. Sus manos tocaron un momento el oro y cerro de golpe el cajón y volviéndose hacia mí me dijo:

-“¡No guardes nada para una ocasión especial… Cada día que vives es una ocasión especial!” Recordé esas palabras durante el funeral de Jan mi hermana y los días que siguieron, cuando lo ayude a él y a mi sobrina a atender todas las obligaciones tristes que siguen a una muerte inesperada. Pensé en ellos en el vuelo de regreso a California. Pensé acerca de todas las cosas que ella no vio, escucho o hizo. Pensé acerca de las cosas que ella hizo sin darse cuenta que eran especiales.

Todavía estoy pensando en esas palabras, y han cambiado mi vida. Ahora estoy leyendo mas y limpiando menos. Me siento en el porsche y admiro la vista sin fijarme en las malas hierbas del jardín. Estoy pasando mas tiempo con mi familia y amigos y menos tiempo en juntas de trabajo.

Cuando sea posible, la vida debe ser un patrón de experiencias para disfrutar, no para sobrevivir.

Estoy tratando de reconocer estos momentos ahora y disfrutarlos. Ya no estoy guardando nada; usamos nuestra vajilla de lujo por cualquier evento especial como bajar una libra, destapar el baño o la primera flor de la primavera.

Uso mi blazer nuevo para ir al supermercado, si me dan ganas. Mi teoría es que si me veo prospera, puedo gastar 280 pesos en una bolsa pequeña despensa sin preocuparme. Ya no guardo mi mejor perfume para fiestas especiales; lo empleados de las tiendas y lo cajeros de los bancos tienen narices que funcionan tan bien como las de mis amigos en las fiestas.

Las frases “Algún día” y “Uno de estos días” van desapareciendo de mi vocabulario. Si vale la pena verlo, escucharlo o hacerlo lo quiero ver, oír y hacer AHORA. No estoy seguro de lo que hubiera hecho mi hermana si hubiera sabido que no estaría aquí para el mañana que todos tomamos a la ligera. Creo que hubiera llamado a algunos miembros de la familia y a amigos cercanos. A lo mejor hubiera llamado a algunos ex-amigos para disculparse y hacer las paces por posibles enojos del pasado. Me gusta pensar que hubiera ido a comer comida China, su favorita. Pero solo estoy pensando, nunca lo sabré.

Son esas pequeñas cosas dejadas sin hacer las que me harían enojar si supiera que mis horas están limitadas. Enojada porque deje de ver a buenos amigos con los que me iba a poner en contacto “algún día”.

Enojada, porque no escribí ciertas cartas que intente escribir “uno de estos idas”. Enojada y triste porque no les dije a mi esposo y a mí hija con la suficiente frecuencia cuanto realmente los amo.

Estoy tratando no retardar, detener o guardar nada que agregaría risa y alegría a nuestras vidas. Y cada mañana cuando abro mis ojos, me digo a mi misma que es especial. Cada ida, cada minuto, cada respiro.

La vida misma es un regalo de Dios.

Espinas

¡No empieces el día de hoy con las espinas de ayer!

El día de ayer y todos los días y años anteriores han pasado ya, están enterrados en el Tiempo.

Y no puedes cambiar ya nada en ellos.

¿Te han quedado espinas?

¡No las traigas arrastrando!

Porque seguirán pinchándote cada día hasta no dejarte vivir.

Hay espinas que puedes sacudirte echándoselas en las manos a Dios.

Hay heridas de espinas que puedes curar si sabes perdonar de veras.

Pero hay heridas que no podrás ya curar con todo el amor de este mundo.

¡Olvídate de que existen!

¡Quita el cristal de aumento de encima de tus calamidades!

Estaba seguro que vendrías

“Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor solicito permiso para ir a buscarlo”. Permiso denegado, replico el oficial: No quiero que arriesgue su vida por un hombre que probablemente ha muerto. El soldado haciendo caso omiso de la prohibición, salió y una hora mas tarde regreso mortalmente herido, trasportando el cadáver de su amigo. El oficial estaba furioso: Ya le dije yo que había muerto. Ahora he perdido a dos hombres, Dígame merecía la pena salir allá para traer un cadáver. Y el soldado moribundo respondió: Claro que si señor! Cuando lo encontré, todavía estaba vivo y pudo decirme: Juan estaba seguro de que vendrías.

“Nadie tiene más amor que quien da su vida por sus amigos”

Fleming

Todo lo que damos a los que nos rodean regresa a nosotros…

Su nombre era Fleming y el era un pobre agricultor ingles. Un día, mientras trataba de ganarse la vida para su familia, escuchó a alguien pidiendo ayuda desde un pantano cercano. Inmediatamente soltó sus herramientas y corrió hacia el pantano. Allí, enterrado hasta la cintura en el lodo negro, estaba un niño aterrorizado, gritando y luchando tratando de liberarse del lodo. El agricultor Fleming salvó al niño de lo que pudo ser una muerte lenta y terrible.

Al día siguiente, un carruaje muy pomposo llegó hasta los predios del agricultor. Un noble inglés, elegantemente vestido, bajó del vehículo y se presentó a sí mismo como el padre del niño que Fleming había salvado.

- “Yo quiero recompensarlo”, dijo el noble inglés. “Usted salvó la vida de mi hijo”. – “No, yo no puedo aceptar una recompensa por lo que hice”, respondió el agricultor inglés, rechazando la oferta. En ese momento el propio hijo del agricultor salió a la puerta de la casa de la familia. – “¿Es ése su hijo?”, preguntó el noble inglés. – “Sí”, respondió el agricultor lleno de orgullo. – “Le voy a proponer un trato, déjeme llevarme a su hijo y ofrecerle una buena educación… si él es parecido a su padre, crecerá hasta convertirse en un hombre del cual usted estará muy orgulloso”. El agricultor aceptó.

Con el paso del tiempo, el hijo de Fleming se graduó de la Escuela de Medicina de St. Mary´s Hospital en Londres, y se convirtió en un personaje conocido a través del mundo: el notorio Sir Alexander Fleming, descubridor de la Penicilina.

Algunos años después, el hijo del noble inglés enfermó de pulmonía.

¿Qué lo salvo?: La Penicilina.

¿El nombre del noble inglés?: Randolph Churchill. ¿El nombre de su hijo?: Sir Winston Churchill.

Fortaleza

Para tener Fortaleza, hay que practicarla todos los días, aplica para ello esfuerzo, lucha y trabajo:

Niégate a lo fácil (generalmente en las tentaciones es fácil caer).

Exígete perfección.

No te dejes vencer por el desánimo.

Esfuérzate en comprender el valor positivo de las mortificaciones.

Cuida las pequeñas cosas, los detalles.

Afronta con serenidad los acontecimientos.

Acepta con paz y alegría las contrariedades de la jornada.

Siente la responsabilidad de ser eslabón de una misma cadena.

No dejes que te domine la pereza.

Responde noblemente a tus propias acciones.

Sobretodo, se valiente para defender tu fe.

Fracaso

FRACASO NO SIGNIFICA QUE SOMOS UNOS FRACASADOS.

Significa que todavía no hemos tenido buen éxito.

FRACASO NO SIGNIFICA QUE NO HEMOS LOGRADO NADA.

Significa que hemos aprendido algo.

FRACASO NO SIGNIFICA QUE HEMOS ACTUADO COMO NECIOS.

Significa que hemos tenido mucha fe.

FRACASO NO SIGNIFICA QUE HEMOS SUFRIDO EL DESCREDITO.

Significa que estuvimos dispuestos a probar.

FRACASO NO SIGNIFICA FALTA DE CAPACIDAD.

Significa que debemos hacer las cosas de distinta manera.

FRACASO NO SIGNIFICA QUE SOMOS INFERIORES.

Significa que no somos perfectos.

FRACASO NO SIGNIFICA QUE HEMOS PERDIDO NUESTRA VIDA.

Significa que tenemos buenas razones para empezar de nuevo.

FRACASO NO SIGNIFICA QUE DEBEMOS ECHARNOS ATRAS.

Significa que tenemos que luchar con mayor ahínco.

FRACASO NO SIGNIFICA QUE JAMAS LOGRAREMOS NUESTRAS METAS. Significa que tardaremos un poco más en alcanzarlas.

FRACASO NO SIGNIFICA QUE DIOS NOS HA ABANDONADO.

¡Significa que Dios tiene una mejor idea y un plan de salvación mejor para nosotros!

Formas de ver la vida

Hay dos formas de ver la vida, de manera positiva o de manera negativa. Tú eliges.

Hay que agradecer a Dios…

*Por todo lo que tengo que limpiar después de la fiesta, porque significa que estoy rodeado de familiares y amigos.

*Por los impuestos que pago, porque quiere decir que tengo empleo.

*Por la ropa que me aprieta un poco, porque significa que como lo suficiente.

*Por la sombra que me vigila trabajando, porque significa que tengo luz del sol.

*Por el patio que tengo que limpiar y arreglar, las ventanas que tengo que limpiar y las goteras que tengo que reparar, porque significa que tengo un hogar.

*Por todas las quejas que escucho acerca de mi gobierno, pues significa que tenemos libertad de palabra.

*Por el espacio más lejano que encuentro en el estacionamiento, porque significa que soy capaz de caminar.

*Por la viejita que canta desentonada detrás mío en misa, porque significa que puedo oír.

*Por los cerros de ropa que tengo que lavar y planchar, pues significa que tengo con qué vestirme a diario.

*Por el cansancio y dolores musculares al final del día, pues significa que estuve muy productivo.

*Por el despertador que suena a diario muy temprano en la mañana, pues significa que estoy VIVO.

*Por el mal recuerdo en mi mente de aquel accidente, pues significa que aún conservo mi vida, mi memoria y mi razón.

*Por los celos, producto del miedo de perder a esa persona, pues significa que tengo a alguien a quien amar y que me ama.

*Por aquellos sueños que no se han cumplido, pues significa que aún tengo ilusiones.

*Por recibir tanto correo electrónico y postales que me abruman a diario, porque así sé que tengo muchos amigos y gente que piensan en mí.

¡Elige vivir este día de manera positiva!

Fe y paraguas

En un pueblito de zona rural en los años 50, se produjo una larga sequía que amenazaba con dejar en la ruina a todos sus habitantes, debido a que subsistían con el fruto del trabajo del campo. A pesar de que la mayoría de sus habitantes eran creyentes, ante la situación límite, marcharon a ver al cura párroco y le dijeron:

- “Padre, si Dios es tan poderoso, pidámosle que envíe la lluvia necesaria para revertir esta angustiante situación.”

- “Está bien, le pediremos al Señor, pero deberá haber una condición indispensable.”

- “¡Díganos cuál es!”, respondieron todos.

- “Hay que pedírselo con fe, con mucha fe, contestó el sacerdote.”

- “¡Así lo haremos, y también vendremos a Misa todos los días!”

Los campesinos comenzaron a ir a Misa todos los días, pero las semanas transcurrían y la esperada lluvia no se hacía presente. Un día, fueron todos a enfrentar al párroco y reclamarle:

- “Padre, usted nos dijo que si le pedíamos con fe a Dios que enviara las lluvias, El iba a acceder a nuestras peticiones. Pero ya van varias semanas y no obtenemos respuesta alguna.”

- “¿Han ustedes pedido con fe verdadera?”, les preguntó el párroco.

- “¡Sí, por supuesto!”, respondieron al unísono.

- “Entonces, si dicen haber pedido con fe verdadera… ¿porqué durante todos estos días ni uno solo de ustedes ha traído el paraguas?”

Felicidad

La felicidad no depende de lo que pasa a nuestro alrededor… sino de  lo que pasa dentro de nosotros.

La felicidad se mide por el espíritu con el cual nos enfrentamos a  los problemas de la vida.

La felicidad… ¡es un asunto de valentía!; es tan fácil sentirse  deprimido y desesperado…

La felicidad… ¡es un estado de ánimo!; no somos felices en tanto no  decidamos serlo.

La felicidad… ¡no consiste en hacer siempre lo que queramos!; pero  sí en querer todo lo que hagamos.

La felicidad nace de poner nuestro corazón en el trabajo… y de  hacerlo con alegría y entusiasmo.

La felicidad, no tiene recetas… cada quien la cocina con el sazón  de su propia meditación.

La felicidad… ¡no es una posada en el camino… sino una forma de  caminar por la vida!

Ganador y perdedor

Cuando un ganador comete un error, dice: “Yo me equivoqué”

Cuando un perdedor comete un error, dice: “No fue mi culpa”.

Un ganador trabaja más fuerte que el perdedor y tiene más tiempo; un perdedor siempre esta “muy ocupado” para hacer lo necesario.

Un ganador enfrenta y supera su problema, un perdedor le da vueltas y nunca logra pasarlo.

Un ganador se compromete; un perdedor hace promesas.

Un ganador dice: “yo soy bueno, pero no tan bueno como a mí me gustaría ser”.

Un perdedor dice: “Yo soy tan malo como lo es mucha otra gente u otros son peor que yo”.

Un ganador escucha, comprende y responde. Un perdedor sólo espera hasta que le toque su turno de hablar.

Un ganador respeta aquellos que son superiores a él y trata de aprender algo de ellos.

Un perdedor se resiente con aquellos que son superiores a él y trata de encontrarles defectos.

Un ganador se siente responsable por algo más que su trabajo; un perdedor no colabora y siempre dice: ” Yo sólo hago mi trabajo”.

Un ganador dice, “Debe haber una mejor forma de hacerlo”.

Un perdedor dice: “Esta es la manera en que siempre lo hemos hecho”.

¿Y tú con quién de los dos te identificas?

Gotitas de Dios

“La oración es la respiración de la esperanza. Quien deja de orar deja de esperar”.

“La oración no cambia las cosas. La oración cambia a las personas y son éstas las que hacen cambiar las cosas”.

“El señor cumple cada anhelo de nuestros corazones, pero hay que esperar el tiempo exacto que Él tiene para nosotros, ni antes ni después”.

“Del tamaño de tu fe serán las bendiciones que recibas… Señor, ¡aumenta mi fe!”

“Recuerda que cuando abandones esta Tierra no podrás llevar contigo nada de lo que has recibido, solamente lo que has dado; un corazón enriquecido por el servicio honesto, el amor, el sacrificio y el valor”.

Gracias Señor

Gracias Señor por todo cuanto me diste en el año que termina, gracias por los días de sol y los nublados tristes; por las tardes tranquilas y las noches oscuras, por la salud y por la enfermedad, por las penas y las alegrías; gracias por todo lo que me  prestaste y luego me pediste;  gracias Señor por la sonrisa  amable y por la mano amiga, por el amor y por todo lo  hermoso y por todo lo dulce, por las flores y las estrellas, por la existencia de los niños y las almas buenas; gracias por la soledad, por el trabajo, por las inquietudes, por las dificultades  y las lágrimas, por todo lo que me acercó a ti.

Gracias por haberme conservado la vida y haberme dado techo, abrigo y sustento.

Gracias Señor.

¿Que nos traerá el año que empieza? lo que tú quieras Señor, pero te pido fe para mirarte en todo, esperanza para no desfallecer y caridad para amarte cada día más y para

hacerte amar de los que me rodean, dame paciencia y humildad, desprendimiento y generosidad; Señor lo que tu sabes que me conviene y yo no se pedir. Que tenga el corazón alerta, el oído atento, las manos y la mente activas y que me halle siempre dispuesto a hacer tu santa voluntad; derrama Señor tus gracias sobre todos los que amo y concede tu paz al mundo entero.

Gracias Señor por lo que “ignoras”

Hola Señor, soy yo ¿me recuerdas? Estoy seguro de que sí. Siempre te he agradecido por lo que me has dado y porque me has respondido cuando te lo he pedido, pero hoy quiero agradecerte por las peticiones que “ignoras”…

Así es, aunque suene extraño quiero agradecerte por no hacer caso de esas peticiones absurdas que muchas veces en momentos tristes o angustias en mi vida he hecho.

Gracias por no darme el dinero extra que me hubiera quitado la paz.

Gracias por no darme ese trabajo lejano que me hubiera alejado de mi familia.

Gracias por no darme fortunas ni fama que me hubieran hecho insensible y frío.

Gracias por no darme el conocimiento que me hubiera hecho pensar que no te necesitaba.

Gracias Señor, pues no me das lo que no es bueno para mí, no me das aquello con lo que me puedo lastimar o alejar de Ti, aunque en el momento me halla enojado.

Ahora te doy gracias, pues no me das lo que no me es útil.

Gracias Señor por lo que “ignoras”…

Grandes metas

Un maestro que quería enseñarles una lección a sus alumnos. Les dio la oportunidad de escoger entre tres exámenes, uno de 50 preguntas, otro de 40 y un último de 30. A los que escogieron el de 30 les puso una “C” sin importar que hubieran contestado todas bien. A los que escogieron el de 40, les puso una “B” aún y cuando más de la mitad estuvieran incorrectas. Y a los que escogieron el de 50, les puso una “A” no obstante que se hubieran equivocado en casi todas. Los estudiantes no entendían. El maestro respondió:

“Queridos alumnos, no estaba examinando sus conocimientos, pero “sí” su determinación de apuntarle a lo alto.”

Le apunto a lo alto, sabiendo que así estaré más cerca de mis sueños, que si me conformo con pequeños objetivos.

Le apunto a lo alto, sabiendo que Dios me ha capacitado para florecer donde estoy ahora, si busco dar mi mayor esfuerzo.

Le apunto a lo alto, con fe en que Dios terminará la obra que comenzó en mí, si prosigo adelante con determinación y no me doy por vencido.

“Dios, según su bondadosa determinación, es quien hace nacer en ustedes los buenos deseos y quien los ayuda a llevarlos acabo.”—Filipenses 2,13:

Gratitud de amigo

Por la amistad que me manifiestas, por mis defectos que no percibes, por mis valores que tú acrecientas, por mi fe que tú alimentas, por esta paz que nos trasmitimos, por este pan de amor que repartimos, por el silencio que lo dice casi todo, por esa mirada que dice:

Amigo, sigue adelante, porque tú no callas y no consientes; por la pureza de esos sentimientos, por la presencia en todos los momentos, por estar presente aunque estés ausente, por ser feliz cuando me ves contento, por entristecerte cuando estoy triste, por reír conmigo cuando estoy risueño, por reprenderme cuando cometo errores, por mi secreto siempre bien guardado, por tu secreto que sólo yo conozco y por parecerte que sólo yo merezco, por dirigirte a Dios en todo instante, por ese amor fraterno tan constante, por todo eso y mucho más, yo digo: gracias amigo.

Hablar y callar

HABLAR oportunamente, es acierto.

HABLAR frente al enemigo, es civismo.

HABLAR ante una injusticia, es valentía.

HABLAR para rectificar, es un deber.

HABLAR para defender, es compasión.

HABLAR ante un dolor, es consolar.

HABLAR para ayudar a otros, es caridad.

HABLAR con sinceridad, es rectitud.

HABLAR de sí mismo, es vanidad.

HABLAR restituyendo fama, es honradez.

HABLAR aclarando chismes, es estupidez.

HABLAR disipando falsos, es de conciencia.

HABLAR de defectos, es lastimar.

HABLAR debiendo callar, es necedad.

HABLAR por hablar, es tontería.

HABLAR de Dios, significa mucho amor.

CALLAR cuando acusan, es heroísmo.

CALLAR cuando insultan, es amor.

CALLAR las propias penas, es sacrificio.

CALLAR de sí mismo, es humildad.

CALLAR miserias humanas, es caridad.

CALLAR a tiempo, es prudencia.

CALLAR en el dolor, es penitencia.

CALLAR palabras inútiles, es virtud.

CALLAR cuando hieren, es santidad.

CALLAR para defender, es nobleza.

CALLAR defectos ajenos, es benevolencia.

CALLAR debiendo hablar, es cobardía.

Hacer con lo que tenemos

En Noviembre 18 de 1995, el violinista Itzhatk Perlman, subió al escenario para dar un concierto en el salón Avery Fisher del “Lincoln Center” en la ciudad de Nueva York. Si usted alguna vez ha estado en un concierto de Perlman, sabe que subir al escenario no es un logro pequeño para él.

Él fue afligido de polio cuando era niño, tiene abrazaderas en ambas piernas y camina con la ayuda de muletas. Verlo caminar sobre el escenario de un lado al otro, paso a paso, lenta y penosamente, es una escena impresionante. Él camina penosamente pero majestuosamente, hasta que alcanza su silla.

Después se sienta y lentamente pone las muletas sobre el piso, abre los broches de las abrazaderas en sus piernas, recoge un pie y extiende el otro hacia adelante. Después se inclina y recoge el violín, lo pone bajo su barbilla, hace seña al Director y procede a tocar.

Hasta ahora, la audiencia ya estaba acostumbrada a este ritual. Permanecían silenciosamente sentados mientras él caminaba por el escenario hasta su silla. Permanecían respetuosamente en silencio hasta que él estuviera listo para tocar; pero esta vez, algo ocurrió. Justo cuando él terminaba de tocar sus primeras barras, una cuerda de su violín se rompió. Uno podía oír el estallido. Salió disparada como bala por el salón. No había duda de lo que ese sonido significaba. No había duda de lo que él tendría que hacer.

Los que estaban ahí esa noche tal vez pensaron: “Para esta, él va a tener que ponerse de pie, abrocharse las abrazaderas, recoger las muletas, y cojear hasta a fuera del escenario para encontrar otro violín u otra cuerda.”

Pero no fue así. En su lugar, el espero un momento, cerró sus ojos y después hizo seña al Director para empezar a tocar. La orquesta empezó y él tocó desde donde había parado. El tocó con tanta pasión, con tanto poder y con una claridad que nunca antes nadie había escuchado.

Claro, cualquiera sabe que es imposible tocar una obra sinfónica con sólo tres cuerdas. Lo sé yo y lo sabe usted, pero esa noche Itzhak Perlman se rehusó a saberlo. Uno podía observar como modulaba, cambiaba y recomponía esa pieza en su cabeza. En una instancia, sonaba como que él estuviera desentonando las cuerdas para obtener sonidos que estas ellas habían hecho.

Cuando él termina, había un silencio impresionante en el salón. Después la gente se levanto y lo aclamó. Había una explosión de aplausos desde cada rincón del auditorio. Todos estábamos de pie, gritando y aclamando, haciendo todo lo posible para mostrar cuanto apreciábamos lo que él había hecho.

Él sonrió, se secó el sudor de sus cejas, alzó su arco para callarnos, y después dijo, no presumidamente, pero en un tono tranquilo, pensativo, y reverente: “Ustedes saben, algunas veces la tarea del artista es la de averiguar cuanta música podemos producir con lo que nos queda.”

Qué renglón tan poderoso. Se ha quedado en mi mente desde que lo oí. ¿Y quien sabe? Tal vez esa sea la definición de la vida, no sólo para los artistas pero para todos nosotros. He aquí un hombre que se ha preparado por toda su vida para producir música con un violín de cuatro cuerdas, quien, se encuentra de repente en medio de un concierto con solo tres cuerdas; y entonces produce música con tres cuerdas, y la música que él produjo esa noche con sólo tres cuerdas era más bonita y más memorable, que cualquier otra que él haya producido con cuatro cuerdas.

Entonces, tal vez nuestra tarea en este mundo inestable, cambiante, y perplejo en el que vivimos es la de producir música, primero con lo que tenemos, y después, cuando esto ya no sea posible, producir música con lo que nos queda.

Háganlo ahora

Si descubriéramos que solo nos quedan cinco minutos para decir todo lo que deseamos decir, todas las casetas telefónicas estarían ocupadas por personas que llaman a otras para decirles que las aman. Christopher Morley

En una clase que doy a personas adultas, recientemente hice lo “imperdonable”. Deje tarea a los alumnos! La tarea era “acercarse durante la siguiente semana a alguien a quien amen y decirle que lo aman. Tiene que ser alguien a quien nunca le hayan dicho esas palabras con anterioridad o, al menos, con quien no las hayan compartido desde hace mucho tiempo”.

No parece una tarea muy difícil, hasta que nos detenemos a analizar que la mayoría de los hombres en ese grupo tienen mas de 35 años y fueron criados en la generación a la que le enseñaron que expresar las emociones no es de “machos”. El demostrar los sentimientos o llorar (ni Dios lo quiera!) no se hacia. Por lo tanto, fue una tarea muy amenazante para algunos.

Al principio de nuestra siguiente clase, pregunte si alguien deseaba compartir lo sucedido cuando confesaron a alguna persona que la amaban. Esperaba plenamente que una de las mujeres se ofreciera como voluntaria, como casi siempre era el caso, pero esa noche, uno de los hombres levanto la mano. Parecía bastante conmovido y un poco impresionado. Cuando se puso de pie (su estatura es de 1.88 metros) empezó a decir: “Dennis, la semana pasada me enfade bastante contigo cuando nos dejaste esta tarea. No sentí que tuviera a alguien a quien decir esas palabras; además, Quien eras tu para sugerirme que hiciera algo tan personal? Sin embargo, cuando conducía hacia mi casa, mi conciencia empezó a hablarme. Me dijo que sabia con exactitud a quien necesitaba decir “te amo”. Hace cinco años, mi padre y yo tuvimos un altercado y nunca lo solucionamos desde entonces. Evitamos vernos, a no ser que sea absolutamente necesario, como en Navidad y en otras reuniones familiares. Incluso entonces, apenas si nos hablamos. Por lo tanto, el martes pasado, cuando llegue a casa, me había convencido a mi mismo que le diría a mi padre que lo amaba. “Es extraño, pero el solo hecho de tomar esa decisión pareció quitarme un peso de encima. “Cuando llegue a casa, me apresure a entrar para comunicarle a mi esposa lo que iba a hacer. Ella ya estaba en la cama, pero la desperté. Cuando se lo dije, no solo se levanto, sino que lo hizo con rapidez, me abrazo y, por primera vez en nuestra vida matrimonial, me vio llorar. Permanecimos levantados hasta la medianoche, bebiendo café y charlando. Fue maravilloso! “A la mañana siguiente, me levante temprano y alegre. Estaba tan entusiasmado que apenas si pude dormir. Llegue temprano a la oficina y logre hacer mas en dos horas que lo que hacia antes en todo un día”. “A las 9:00, llame a mi papa para ver si podía visitarlo después del trabajo. Cuando contesto el teléfono, solo dije: “Papa, puedo visitarte esta noche después del trabajo? Tengo algo que decirte”. Mi papá respondió malhumorado: “y ahora que? Le asegure que no tomaría mucho tiempo y finalmente acepto. “A las 5:30, estaba en la casa de mis padres y llamaba a la puerta, orando para que papa abriera la puerta. Temía que si mama la abría, yo me acobardara y se lo dijera a ella en vez de a el. Sin embargo, por suerte papa abrió la puerta”. “No perdí tiempo. Di un paso y dije: “Papa, solo vine a decirte que te amo.” “Fue como si mi papa se transformara. Ante mis ojos, su rostro se suavizo, las arrugas parecieron desaparecer y empezó a llorar. Extendió los brazos, me abrazo y dijo: “También te amo, hijo, pero nunca he podido decírtelo”. “Era un momento tan precioso que no quería moverme. Mama se acerco con lagrimas en los ojos. Yo solo moví la mano para saludarla y le di un beso. Papa y yo nos abrazamos durante un momento mas y después me fui. Hacia mucho tiempo que no me sentía tan maravillosamente”. “No obstante, ese no es mi punto. Dos días después de esa visita, mi papa, que tenia problemas cardiacos, pero que no me lo había dicho, sufrió un ataque y termino en el hospital, inconsciente. No se si lograra recuperarse”. “Por lo tanto, mi mensaje para todos ustedes en la clase es este: no esperen para hacer las cosas que saben necesitan hacer. Que habría sucedido de haber esperado para decírselo a mi papá? Tal vez no vuelva a tener la oportunidad! Tomen tiempo para hacer lo que necesitan hacer y háganlo ahora!

Hay que mirar para arriba

Iba un barquito pesquero saliendo de la orilla del mar, ¡Vaya movimiento que se siente en ese lugar!, se necesita ser muy del mar para no sentir el  mareo y las ganas de bajarse y echar a correr; la barquilla se movía graciosamente al ritmo de las olas, pero los marineros sufrían las consecuencias de aquel vaivén… uno de ellos recibió órdenes de subir a un mástil, y a medida que más subía se sentía peor … el capitán de aquel barco le gritó: si no quieres sentirte mal, mira hacia arriba…

Que bello cuentito y que bien nos viene a todos los seres humanos, si no queremos marearnos con las cosas atractivas de éste mundo, debemos mirar hacia arriba, implorar al cielo que nos llene de deseos espirituales, que veamos claro que en la vida no-solo se vive para comprar cosas y satisfacernos en todo para así estar contentos y felices; que muy por el contrario, las cosas que llenan plenamente la vida no se pueden comprar… porque no tienen precio.

Que bien nos haría en nuestra vida MIRAR HACIA ARRIBA implorando humildad para aceptar nuestra vida como es y conformarnos con lo que tenemos y con lo que somos, sin desear querer tener mucho…

MIRAR HACIA ARRIBA y pedirle a Dios que nos llene el alma de AMOR para poder vivir una vida digna, para poder darle momentos bellos a los  demás… Mirar hacia arriba y pedirle a Dios ayuda para ser mejores, que nos ayude a ser sencillos de corazón, alegres, a saber darme a los demás con verdadera entrega y desprendimiento, sin esperar que ellos me den, a dar AMOR, a comprender que tenemos que compartir todo lo que El nos ha dado, como nuestros talentos, virtudes; no apegarnos a las cosas materiales, a nada ni a nadie, porque: todo, lo que tenemos en esta vida es prestado por Dios, y al final solo las obras buenas, la alegría de haber vivido una vida llena de Dios, solo eso podemos llevarnos de este mundo.

Hay que saber elegir

Jerry era el tipo de persona que siempre estaba de buen humor y siempre tenia algo positivo que decir. Cuando alguien le preguntaba como le iba, él respondía: “Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo”.

Él era un gerente único porque tenia varias meseras que lo habían seguido de restaurante en restaurante. La razón por la que las meseras seguían a Jerry era por su actitud. Él era un motivador natural: Si un empleado tenia un mal día, Jerry estaba ahí para decirle al empleado como ver el lado positivo de la situación.

Ver este estilo realmente me causo curiosidad, así que un día fui a buscar a Jerry y le pregunte: “No lo entiendo… no es posible ser una persona positiva todo el tiempo… como lo haces…

“Jerry respondió: Cada mañana me despierto y me digo a mí mismo, Jerry, tienes dos opciones hoy: Puedes escoger estar de buen humor o puedes escoger estar de mal humor. Escojo estar de buen humor. Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una víctima o aprender de ello. Escojo aprender de ello. Cada vez que alguien viene a mí para quejarse, puedo aceptar su queja o puedo señalare el lado positivo de la vida. Escojo el lado positivo de la vida.

” Si… claro… pero no es tan fácil” (proteste).

” Si lo es” dijo Jerry. “Todo en la vida es acerca de elecciones. Cuando quitas todo lo demás, cada situación es una elección. Tu eliges como reaccionas a cada situación. Tu eliges como la gente afectara tu estado de animo. Tu eliges estar de buen humor o mal humor. En resumen:”tú eliges como vivir la vida”.

Reflexione en lo que Jerry me dijo. Poco tiempo después, deje la industria restaurantera para iniciar mi propio negocio. Perdimos contacto, pero con frecuencia pensaba en Jerry cuando tenia que hacer una elección en la vida en vez de reaccionar a ella.

Varios años más tarde, me entere que Jerry hizo algo que nunca debe hacerse en un negocio de restaurante. Dejo la puerta de atrás abierta una mañana y fue asaltado por tres ladrones armados. Mientras trataba de abrir la caja fuerte, su mano temblando por el nerviosismo, resbalo de la combinación. Los asaltantes sintieron pánico y le dispararon. Con mucha suerte, Jerry fue encontrado relativamente pronto y llevado de emergencia a una clínica. Después de 18hs. de cirugía y semanas de terapia intensiva, Jerry fue dado de alta aun con fragmentos de bala en su cuerpo.

Me encontré con Jerry seis meses después del accidente y cuando le pregunte como estaba, me respondió: “Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo”.

Le pregunte que paso por su mente en el momento del asalto.

Contesto: “Lo primero que vino a mi mente fue que debí haber cerrado con llave la puerta de atrás. Cuando estaba tirado en el piso recordé que tenia 2 opciones: Podía elegir vivir o podía elegir morir. Elegí vivir”.”

No sentiste miedo “, le pregunte.

Jerry continuo: “Los médicos fueron geniales. No dejaban de decirme que iba a estar bien. Pero cuando me llevaron al quirófano y vi las expresiones en las caras de médicos y enfermeras, realmente me asuste… podía leer en sus ojos: Es hombre muerto. Supe entonces que debía tomar acción…”

“Que hiciste” pregunte.

“Bueno… uno de los médicos me pregunto si era alérgico a algo y respirando profundo grite Sí!, a las balas…

Mientras reían les dije: Estoy escogiendo vivir… opérenme como si estuviera vivo, no muerto”.

Jerry vivió por la maestría de los médicos pero sobre todo por su asombrosa actitud. Aprendí de que cada día tenemos la elección de vivir plenamente. La actitud, al final, lo es todo.

Dios nos dio la libertad de elegir. Elige la mejor parte. Él siempre estará contigo.

Hay que seguir cantando

Como cualquier buena mamá, cuando Karen supo que estaba esperando un bebé, hizo lo que pudo para ayudar a su hijo Michael de tres años a prepararse para una nueva etapa en su vida.

Supieron que el nuevo bebe iba a ser una niña, y día y noche, Michael le cantaba a su hermanita en el vientre de su madre. El estaba encariñándose con su hermanita aun antes de conocerla.

El embarazo de Karen progresó normalmente. A tiempo empezó su labor de parto, pronto los dolores eran cada cinco, cada tres y finalmente cada minuto. Pero una complicación se presentó de repente y Karen tuvo horas de labor de parto.

Finalmente, después de muchas horas de lucha, la hermanita de Michael nació, pero en muy malas condiciones. La llevaron inmediatamente en una ambulancia a la Unidad de Cuidados Intensivos, sección neonatal del Hospital St. Mary en Knoxville, Tennessee.

Los días pasaron y la niña empeoraba. Los pediatras tuvieron que decirle finalmente a los padres las terribles palabras: “Hay muy pocas esperanzas, prepárense para lo peor”. Karen y su esposo contactaron al cementerio local para apartar un lugar para su hijita. Ellos habían creado un cuarto nuevo para su hija y ahora se encontraban haciendo arreglos para un funeral.

Sin embargo, Michael, les rogaba a sus padres que le dejaran ver a su hermanita. “Quiero cantarle”, decía una y otra vez.

Estuvieron dos semanas en Terapia Intensiva y parecía que el funeral vendría antes de que acabara la semana. Michael siguió insistiendo que quería cantarle a su hermanita, pero le explicaban que no se permitía la entrada de niños a Terapia Intensiva.

De pronto Karen se decidió. Llevaría a Michael a ver a su hermanita, ¡la dejaran o no! Si no veía a su hermanita en ese momento, tal vez no la vería viva nunca.

Ella le puso un overol inmenso y lo llevo a Terapia Intensiva, Michael parecía una enorme canasta de ropa sucia. Pero la jefa de enfermeras se dio cuenta de que era un niño y se enfureció. “¡Saquen a ese niño de aquí ahora mismo! No se admiten niños aquí” El carácter de Karen afloró y, olvidándose de sus lindos modales de dama, que siempre la habían caracterizado, miró con ojos de acero a la enfermera, sus labios eran una sola línea y con firmeza dijo: Él no se va hasta que le cante a su hermanita” y levantó a Michael y lo llevó a la cama de su hermanita.

El miró a la pequeñita, perdiendo la batalla por conservar la vida. Después de un momento empezó a cantar con la voz que le salía del corazón de un niño de tres años. Michael le cantó: “Eres mi luz del sol, mi única luz, tú me haces feliz cuando el cielo es gris….” (conocida canción en inglés “You´re my sunshine”).

Instantáneamente, la bebé pareció responder al estímulo de la voz de Michael, su pulso se empezó a volver normal.

“Sigue cantando, Michael” le pedía desesperadamente su mamá con lágrimas en los ojos. Y el niño seguía: “Tú no sabrás nunca, querida, cuanto te amo, por favor no te lleves mi luz del sol… “Al tiempo que Michael cantaba a su hermana, la bebé se movía y su respiración se volvía tan suave como la de un gatito cuando lo acarician. “Sigue cantando, cariño” le decía su mamá y él continuaba haciéndolo como cuando todavía su hermanita estaba en el vientre de su madre. “La otra noche, querida, cuando dormía, soñé que te abrazaba en mis brazos…” seguía cantando el niño; la hermanita de Michael

empezó a relajarse y a dormir con un sueño reparador que parecía que la mejoraba por segundos. “Sigue cantando Michael”… ahora era la voz de la enfermera que, con lágrimas en los ojos, no dejaba de pedirle al niño que continuara.

“Tú eres mi luz del sol, mi única luz del sol, por favor no te lleves mi sol…” Al día siguiente… el mismísimo día siguiente… la niña estaba en perfectas condiciones para irse a casa.

La revista “Woman’s Day” lo llamó “El Milagro de la canción del Hermano”.

Los doctores le llamaron simplemente un milagro. Karen le llamó “El Milagro del amor de Dios”.

“Nunca te rindas por la gente que Amas…. El Amor es increíblemente Poderoso.”

La vida es demasiado buena como para desperdiciarla…

Confía en que Dios sabe que estas exactamente donde debes estar.

Nunca olvides las infinitas posibilidades que nacen de la fe.

Hay una mujer

Que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor, y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados.

Una mujer que siendo joven, tiene la reflexión de una anciana y en la vejez trabaja con el vigor de la juventud.

Una mujer, que si es ignorante, descubre con mas acierto los secretos de la vida que un sabio, y si es instruida se acomoda a la simplicidad de los niños.

Una mujer, que siendo pobre se satisface con los que ama, y siendo rica daría con gusto sus tesoros por no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud.

Una mujer que siendo vigorosa, se estremece con el llanto de un niño, y siendo débil se reviste a veces con la bravura de un león.

Una mujer que mientras vive no la sabemos estimar, porque a su lado todos los dolores se olvidan, pero después de muerta daríamos todo lo que poseemos por mirarla de nuevo un solo instante, por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar un solo acento de sus labios.

De esa mujer no me pidas el nombre, si no quieres que empape en lágrimas el pañuelo… esa mujer yo la vi por el camino. Es mi madre!

Hazlo

En muchas ocasiones tenemos miedo,

Miedo de lo que tal vez no podamos hacer,

Miedo de lo que pensaría la gente si tratamos.

Permitimos que nuestros miedos se interpongan en nuestros sueños.

Decimos NO, cuando queremos decir SI

Murmuramos cuando queremos gritar

Y después gritamos con quién no debíamos hacerlo.

POR QUE?

Después de todo, cruzamos por esta vida una vez, no hay tiempo para tener miedo.

ASI QUE

Intenta aquello que nunca has intentado.

ARRIESGATE

Habla en contra de lo que no te gusta.

Llámale y dile cuanto le amas.

Participa en el Maratón, escribe aquella carta, visita pueblos que no conozcas.

Enfréntate como ganador a las cosas cotidianas.

El tiempo no regresa

Haznos dignos

Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que tenga necesidad de alimento.

Cuando tenga sed, mándame a alguien que necesite de bebida.

Cuando tenga frío, mándame a alguien para que lo abrigue.

Cuando tenga un disgusto, ofréceme alguien para que lo consuele.

Cuando mi cruz se vuelva pesada, hazme compartir la cruz de otro.

Cuando me sienta pobre, condúceme hasta alguien que esté necesitado.

Cuando tenga tiempo, dame alguien a quien pueda ayudar unos momentos.

Cuando me sienta humillado, haz que tenga a alguien a quien alabar.

Cuando esté desanimado, mándame a alguien a quien dar ánimos.

Cuando sienta necesidad de comprensión de otros, mándame a alguien que necesite de la mía.

Cuando necesite que se ocupen de mí, mándame a alguien de quien tenga que ocuparme.

Cuando pienso sólo en mí mismo, atrae mi atención sobre otra persona.

Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos que, en todo el mundo, viven y mueren pobres y hambrientos.

He aprendido

He aprendido… que no puedes hacer que alguien te ame.

Todo lo que puedes hacer es ser alguien amoroso. El resto depende de los demás.

He aprendido… que no importa cuánto me preocupe o interese por la gente, algunas personas simplemente no actúan recíprocamente.

He aprendido… que lo que cuenta no es lo que tienes en la vida, sino a quien tienes en tu vida.

He aprendido… que toma años construir una confianza, y sólo segundos para destruirla.

He aprendido… que no debes compararte a ti mismo con lo mejor que los otros pueden hacer.

He aprendido… que en un instante puedes hacer algo que hará doler tu corazón el resto de tu vida.

He aprendido… que toma su tiempo llegar a ser la persona que quiero ser.

He aprendido… que siempre puedo seguir adelante mucho después de que pensaba que ya no podía.

Recuerda que… La vida es un aprendizaje constante, y aprendes muchas veces de quien menos te imaginas.

He aprendido II

Con el correr de los años…

He aprendido… que cuando estas enamorado, se te nota.

He aprendido… Que una persona diciéndome, “Me alegraste el día”… alegra mi día.

He aprendido… Que ser niño es más importante, que estar en lo correcto.

He aprendido… Que siempre puedo rezar por alguien, cuando no tengo otro modo de ayudarlo.

He aprendido… Que no importa que tan serio requiera la vida que seas, todos necesitamos un amigo con el que podamos reír a carcajadas.

He aprendido… Que algunas veces, todo lo que una persona necesita, es una mano que sostener y un corazón que entender.

He aprendido… Que la vida es como una espiral. Mientras más se acerca al final, más rápido camina.

He aprendido… Que debemos estar felices porque Dios no nos da todo lo que pedimos.

He aprendido… Que el dinero no compra la clase.

He aprendido… Que esas pequeñas cosas que pasan diariamente, son las que hacen la vida espectacular.

He aprendido… Que debajo de el duro escudo de las personas, hay alguien que quiere ser apreciado y amado.

He aprendido… Que Dios no hizo todo en un solo día… ¿Qué me hace pensar que yo puedo?

He aprendido… Que ignorar lo hechos… no cambia los hechos.

He aprendido… Que es el amor, no el tiempo… el que cura todas las heridas.

He aprendido… Que cada persona a la que conoces, merece ser obsequiada con una sonrisa.

He aprendido… Que nadie es perfecto… hasta que te enamoras de alguien.

He aprendido… Que las oportunidades nunca se pierden, alguien mas tomara aquella que tu dejaste pasar.

He aprendido… Que uno debe decir palabras suaves y tiernas, porque mas adelante puedo tener que tragarme las ofensas.

He aprendido… Que una sonrisa, es la manera más barata, de lucir mucho mejor.

He aprendido… Que no puedo elegir como me siento, pero puedo elegir que hacer con respecto a eso.

He aprendido… Que todos quieren estar en la cima de la montaña, pero que toda la felicidad y experiencias agradables, suceden mientras se escala hacia ella.

Helado para el alma

La semana pasada llevé a mis niños a un restaurante. Mi hijo de 6 años de edad preguntó si podía dar las gracias. Cuando inclinamos nuestras cabezas el dijo: “Dios es bueno, Dios es grande. Gracias por los alimentos, yo estaría aún más agradecido si Mamá nos diese helado para el postre. Libertad y Justicia para todos. Amén”

Junto con las risas de los clientes que estaban cerca, escuché a una señora comentar: “Eso es lo que está mal en este país, los niños de hoy en día no saben como orar, pedir a Dios helado… ¡Nunca había escuchado esto antes!” Al oír esto, mi hijo empezó a llorar y me preguntó: “¿Lo hice mal? ¿Está enojado Dios conmigo?

Sostuve a mi hijo y le dije que había hecho un estupendo trabajo y Dios seguramente no estaría enojado con él.

Un señor de edad se aproximó a la mesa. Guiñó su ojo a mi hijo y le dijo: “Llegué a saber que Dios pensó que aquella fue una excelente oración”.

¿En serio? – Preguntó mi hijo. – ¡Por supuesto! Luego en un susurro dramático añadió, indicando a la mujer cuyo comentario había iniciado aquel asunto: “Muy mal, ella nunca pidió helado a Dios. Un poco de helado, a veces es muy bueno para el alma”.

Como era de esperar, compré a mis niños helado al final de la comida. Mi hijo se quedó mirando fijamente el suyo por un momento y luego hizo algo que nunca olvidaré por el resto de mi vida. Tomó su helado y sin decir una sola palabra avanzó hasta ponerlo frente a la señora. Con una gran sonrisa le dijo: “Tómelo, es para usted. El helado es bueno para el alma y mi alma ya está bien”.

Heroína moderna

La Sra. Kumari, dueña de una tienda de ropa en Kanpur, cuenta cómo poco después de casarse, a los dieciocho años, su marido contrajo una grave enfermedad. Sin otros medios de subsistencia se dedicó a la costura, lo que hizo durante los restantes treinta y cinco años de la vida de su esposo.

Durante aquellos duros primeros días, muchos de sus amigos la incitaron a una separación, pero ella rehusó indignada. Ni una sola vez pensé en la separación. No podía decir a los demás: Sé fuerte, si yo misma no tenía fuerzas para resistir. Fue durante aquellos primeros años de matrimonio, cuando la Sra. Kumari, en lugar de sentir lástima de ella misma, se hizo del valor y del carácter que la espoleó con alegría para ayudar a otros en sus problemas. “Mi madre, dijo una vez, me enseñó a decir la verdad, y recuerden que la gente bien nacida no lloriquea”.

Historia de dos ciudades

Un viajero que se aproximaba a una gran ciudad le preguntó a una mujer que se encontraba a un lado del camino:

-¿Cómo es la gente de esta ciudad?

-¿Cómo era la gente del lugar de donde vienes?- Le inquirió ella a su vez.

-Terrible- Respondió el viajero. -Mezquina. No se puede confiar en ella. Detestable en todo los sentidos.

-¡Ah!-, Exclamó la mujer. -Encontrarás lo mismo en la ciudad a donde te diriges.

Apenas había partido el primer viajero cuando otro se detuvo y también preguntó acerca de la gente que habitaba en la ciudad cercana. De nuevo la mujer le preguntó al viajero por la gente de la ciudad de donde provenía.

-Era gente maravillosa; honesta, trabajadora y extremadamente generosa. Lamento haber tenido que partir.- Declaró el segundo viajero.

La sabia mujer le respondió: -Lo mismo hallarás en la Ciudad adonde te diriges.

En ocasiones no vemos las cosas como son, las vemos como somos.

Historia de un samurai

Cerca de Tokio vivía un gran samurai ya anciano, que se dedicaba a enseñar a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.

Cierta tarde, un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: Esperaba a que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para reparar en los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante.

El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha. Con la reputación del samurai, se fue hasta allí para derrotarlo y aumentar su fama.

Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo acepto el desafío.

Juntos, todos se dirigieron a la plaza de la ciudad y el joven comenzaba a insultar al anciano maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió en la cara, le gritó todos los insultos conocidos -ofendiendo incluso a sus ancestros-.

Durante horas hizo todo por provocarlo, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.

Desilusionados por el hecho de que el maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron: -¿Cómo pudiste, maestro, soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usaste tu espada, aún sabiendo que podías perder la lucha, en vez de mostrarte cobarde delante de todos nosotros?

El maestro les preguntó: -Si alguien llega hasta ustedes con un regalo y ustedes no lo aceptan, ¿a quién pertenece el obsequio? -A quien intentó entregarlo- respondió uno de los alumnos.

- Lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos -dijo el maestro-.

Cuando no se aceptan, continúan perteneciendo a quien los llevaba consigo.

Hola, soy Jaime

Se cuenta de un anciano andrajoso que cada día a las doce entraba a la Iglesia, permanecía unos pocos minutos dentro y se iba. El cuidador estaba preocupado por los valiosos adornos del altar. Todos los días lo vigilaba cuidadosamente para estar seguro que nada se llevara.

Un día el cuidador se le acerco: – “Oiga amigo, ¿A qué viene todos los días a la Iglesia?” – “Vengo a orar” – contestó cortésmente el anciano. – “Pero …” – dijo cautelosamente el cuidador- ” …usted no se queda tanto tiempo para orar.” – “Solamente lo necesario. No sé hacer largas oraciones, pero todos los días vengo y digo: “Hola Jesús, soy Jaime”. Entonces espero un minuto, y me voy. Pienso que Él me escucha aunque sea corta la oración.”

Un día, cuando cruzaba la calle, un vehículo arrolló a Jaime, y éste fue hospitalizado con una pierna quebrada. La sala donde lo pusieron era un lugar molesto para las enfermeras encargadas. Algunos de los hombres estaban malhumorados y en actitud miserable y otros no hacían mas que quejarse y gruñir desde la mañana hasta la noche.

Poco a poco los hombres fueron dejando sus rezongos hasta que llegaron a demostrar alegría y conformidad. Un día cuando la enfermera recorría la sala oyó reír a los hombres.

- “Qué les ha pasado? !Se ven tan contentos!” – “Es el viejo Jaime” -contestaron-, “siempre está alegre, jamás se queja aunque padece de fuertes dolores.” – La enfermera fue hasta la cama de Jaime, donde con su cabeza de plata, yacía acostado con una sonrisa en el rostro:

- “Bien, estos hombres dicen que eres el causante de la transformación de esta sala. Dicen que estás siempre feliz.” – “Es verdad enfermera. Pero no puedo evitarlo. Usted comprenderá, enfermera, es mi visitante, él me hace feliz.”

- “¿Visitante?” – La enfermera estaba asombrada, porque no había notado que alguien estuviera visitando a Jaime. Su silla estaba siempre vacía en las horas de visita, “¿Cuándo viene la visita?”

- “Todos los días” -contestó Jaime. – “Sí, todos los días a las doce, él viene y se para junto a mi cama. Él me sonríe y me dice:”

- “Hola Jaime, soy Jesús”

Homenaje a un padre especial

Un día, acudí a mi padre con uno de mis muchos problemas de aquel entonces…

Me contestó como Cristo a sus discípulos, con una parábola:

“Hijo(a), ya no eres más una simple y endeble rama; has crecido y te has transformado, eres ahora un árbol en cuyo tronco un tierno follaje empieza a florecer. Tienes que darle vida a esas ramas. Tienes que ser fuerte, para que ni el agua, ni el día, ni los vientos te embatan. Debes crecer como los de tu especie, hacia arriba. Algún día, vendrá alguien a arrancar parte de ti, parte de tu follaje. Quizá sientes tu tronco desnudo, más piensa que esas podas siempre serán benéficas, tal vez necesarias, para darte forma, para fortalecer tu tronco y afirmar sus raíces. Jamás lamentes las adversidades, sigue creciendo, y cuando te sientas más indefenso(a), cuando sientas que el invierno ha sido crudo, recuerda que siempre llegará una primavera que te hará florecer… Trata de ser como el Roble, nunca un Bonsai.”

Ahora quisiera tener a mi padre conmigo, y darle las gracias por haber nacido, por haber sido, por haber tenido, por haber triunfado, y por haber fracasado.

Si acaso tuviera mi padre a mi lado, podría agradecerle su preocupación por mi, podría agradecerle sus tiernas caricias, que no por escasas, sinceras sentí.

Si acaso tuviera a mi padre conmigo, le daría las gracias por estar aquí, le agradecería mis grandes tristezas, sus sabios regaños, sus muchos consejos, y los grandes valores que sembró en mi.

Si acaso mi padre estuviera conmigo, podríamos charlar como antaño fue, de cuando me hablaba de aquello del árbol, que debe ser fuerte y saber resistir, prodigar sus frutos, ofrecer su sombra, cubrir sus heridas, forjar sus firmezas … y siempre seguir.

Seguir luchando, seguir perdonando, seguir olvidando, y siempre …  seguir.

Si acaso tuviera a mi padre a mi lado, le daría las gracias … porque de él nací.

Hospital del Señor

Fui al Hospital del Señor a hacerme una revisión de rutina y constaté que estaba enfermo. Cuando Jesús me tomó la presión vio que estaba baja de ternura. Al medirme la temperatura el termómetro registró 40 grados de egoísmo.

Hizo un electrocardiograma y el diagnóstico fue que necesitaba varios “by-pases” de amor porque mis venas estaban bloqueadas y no abastecían mi corazón vacío.

Pasé hacia ortopedia: no podía caminar al lado de mi hermano, y tampoco podía abrazarlo porque me había fracturado al tropezar con mi vanidad. También me encontraron miopía, ya que no podía ver más allá de las apariencias; cuando me quejé de sordera Jesús me diagnosticó quedarme sólo en las palabras vacías de cada día.

GRACIAS SEÑOR, porque las consultas son gratuitas, por tu gran misericordia. Prometo, al salir de aquí, usar solamente los remedios naturales que recetas en el Evangelio… Al levantarme tomaré un vaso de AGRADECIMIENTO.

Al llegar al trabajo, una cucharada sopera de BUEN DIA. Cada hora un comprimido de PACIENCIA y una copa de HUMILDAD. Al llegar a casa, SEÑOR, voy a tener diariamente una inyección de AMOR, y al irme a acostar dos cápsulas de CONCIENCIA TRANQUILA.

Hoy comienza mi vida de nuevo…

No importa cuanto lo quiera o cuanto intente que suceda, no soy el mismo de un día al otro. En cada día tengo nuevos pensamientos, experiencias, puntos de vista y revelaciones que me afectan en forma mínima o profunda en algunos casos.

Entonces cada día es un comienzo nuevo para mí. Así que cada pensamiento del pasado de mi familia, trabajo, limitación o frustración lo pongo donde pertenece en el pasado! Y las noticias maravillosas son: Dios esta dentro de mí y de otros. Dios esta encada situación, ayudándome y ayudando a otros para tener un comienzo nuevo en nuestras vidas, metas o relaciones. En este día comienzo de nuevo en mi vida!

Hoy hablé con mi padre

Mi padre me llama mucho por teléfono -decía un hombre joven-, para pedirme que vaya a platicar con él. Yo voy poco. Ya sabes cómo son los viejos; cuentan las mismas cosas una y otra vez.

Además nunca faltan bretes: que el trabajo, que mi mujer, que los amigos…

En cambio -le dijo su compañero-, yo platico mucho con mi papá. Cada vez que estoy triste voy con él; cuando me siento solo, cuando tengo un problema y necesito fortaleza, acudo a él y me siento mejor.

Caray -se apenó el otro-, eres mejor que yo.

Soy igual -respondió el amigo con tristeza-. Lo que pasa es que visito a mi papá en el cementerio. Murió hace tiempo. Mientras vivió tampoco yo iba a platicar con él.

Ahora me hace falta su presencia, y lo busco cuando ya se me fue. Platica con tu padre hoy que lo tienes; no esperes a que esté en el panteón, como hice yo.

En su automóvil iba pensando el muchacho en las palabras de su amigo. Cuando llegó a la oficina dijo a su secretaria: -Comuníqueme por favor con mi papá.

Hoy tengo ganas de volar

Hoy tengo ganas de volar con las alas de amor y deslizarme por el cielo sintiendo en mi rostro el viento y pensando que hoy es el día de volar y vivir la aventura del amor.

Hoy tengo ganas de volar sin tener preocupaciones hoy voy a aceptar el reto de vivir la aventura del amor.

Hoy seré un pájaro al que tu alimentas proteges, cuidas y descansare en el árbol que tu me des para encontrar la paz después de mis largos viajes. Hoy adornare la vida con la belleza de un pájaro perfecto luciré el plumaje que tu has escogido para mi.

Hoy Dios acepto el reto de vivir de tu amor confiar en ti para volar en la aventura de tu amor.

Hubo un momento

Hubo un momento en el que creías que la tristeza sería eterna; pero volviste a sorprenderte a ti mismo riendo sin parar.

Hubo un momento en el que dejaste de creer en el amor; y luego apareció esa persona y no pudiste dejar de amarla cada día más.

Hubo un momento en el que la amistad parecía no existir; y conociste a ese amigo que te hizo reír y llorar, en los mejores y en los peores momentos.

Hubo un momento en el que estabas seguro que la comunicación con alguien se había perdido; y fue luego cuando el cartero visitó el buzón de tu casa.

Hubo un momento en el que una pelea prometía ser eterna; y sin dejarte ni siquiera entristecerte terminó en un abrazo.

Hubo un momento en el que un examen parecía imposible de pasar; y hoy es un examen más que aprobaste en tu carrera.

Hubo un momento en el que dudaste de encontrar un buen trabajo; y hoy puedes darte el lujo de ahorrar para el futuro.

Hubo un momento en el que sentiste que no podrías hacer algo: y hoy te sorprendes a ti mismo haciéndolo.

Hubo un momento en el que creíste que nadie podía comprenderte; y te quedaste boquiabierto mientras alguien parecía leer tu corazón.

Así como hubo momentos en que la vida cambió en un instante, nunca olvides que aún habrá momentos en que lo imposible se tornará un sueño hecho realidad.

Nunca dejes de soñar, porque soñar es el principio de un sueño hecho realidad.

Recuerda: “Todo lo que sucede, sucede por una razón.”

Humanos de un ala

Un día un ángel se arrodilló a los pies de Dios y habló:

“Señor, visité toda tu creación. Estuve en todos los lugares.

Vi que eres parte de todas las cosas. Y por eso vine hasta Ti Señor para tratar de entender.

¿Por qué cada una de las personas sobre la tierra tiene apenas un ala? Los ángeles tenemos dos.

Podemos ir hasta el Amor que el Señor representa siempre que lo deseamos.

Podemos volar hacia la libertad siempre que queramos.

Pero los humanos con su única ala no pueden volar.

No podrán volar con apenas un ala…”

Dios respondió:

“Sí, ya se eso”. “Sé que hice a los humanos solamente con un ala…”

Intrigado el ángel quería entender y preguntó:

” ¿ Pero, por qué el Señor dio a los hombres solamente un ala cuando son necesarias dos alas para que puedan volar?”

Sin prisa, Dios respondió:

“Ellos si pueden volar, mi ángel. Di a los humanos una sola ala para que ellos pudiesen volar más y mejor que nuestros Arcángeles…

Para volar, mi pequeño amigo, tu precisas de tus dos alas…

Y aunque libre, tú estas solo… Mas los humanos…

Los humanos con su única ala precisaran siempre dar las manos a alguien a fin de tener sus dos alas. Cada uno ha de tener un par de alas…

Cada uno ha de buscar su segunda ala en alguien, “en algún lugar del mundo”… para que se complete su par.

Así todos aprenderán a respetarse y a no quebrar la única ala de la otra persona porque pueden estar acabando con su oportunidad de volar. Así mi ángel, ellos aprenderán a amar verdaderamente a la otra persona…

Aprenderán que solamente permitiéndose amar, ellos podrán volar.

Tocando el corazón de otra persona, ellos podrán encontrar el ala que les falta y podrán finalmente volar.

“Solamente a través del amor podrán llegar hasta donde estoy…

Así como lo haces Tú, mi ángel. “Ellos nunca, nunca estarán solos al volar.”

Que Tú, encuentres tu otra ala, la encuentres muy pronto, y si la has hallado…que se alcen las dos en magnifico vuelo.

Humildad , camino para crecer

1.INTRODUCCION:

Todos soñamos con llegar alto, muy alto. Desde pequeños nos han enseñado que debemos “prepararnos” para el futuro y que debemos prepararnos bien, con buenos estudios, con una buena carrera para conseguir un buen trabajo y no quedarse atrás. Sin embargo, hoy enseñamos a trepar y no a prepararse, a estar por encima. Muy pocas veces enseñamos a estar por debajo, pero creciendo. La humildad, para muchos, ya no es un valor. Nos gusta hacernos notar y queremos estar por encima: yo, para mí, sobre todo lo mío… ¿y los demás?

2.-REFLEXIONANDO:

La humildad no es no tener nada, “qué humilde es, mira dónde vive”.

La humildad no es no poder vestirse o faltarle a alguien lo necesario.

Tampoco es ser un pobre “cuitado”, tímido, que no habla y nunca dice nada, ser humilde no es sinónimo de “tonto” ni de persona introvertida.

No confundamos los términos, ni humildad con falta de recursos, ni humildad con falta de personalidad.

3.-LA HUMILDAD ES ACEPTAR:

Para ser humilde, debemos saber aceptar y aceptarnos. Aceptar nuestras limitaciones para luchar por superarse pero sin negar que tenemos limitaciones. Hay que saber decir hasta aquí he llegado, ahora debo seguir por este camino. Debemos saber aceptar lo que la vida nos presenta pero luchando, luchando no por apartar a otros, sino por compartir en la vida los fracasos y las victorias. Aceptarnos y aceptar a los demás. Permitir que mi compañero de clase o de trabajo sea más inteligente que yo, aceptar que no todo es fácil y hay que saber elegir, luchar y caminar.

4.-LA HUMILDAD ES OBEDECER:

Hoy que queremos mandar y mandar debemos también aprender a obedecer. Obedecer es respetar, es saber realizar aquello que me mandan con cariño y amor. Los hijos deben obedecer a sus padres, pero con amor no porque se lo mandan, las personas debemos obedecer las leyes justas que regulan nuestra sociedad y protegen los derechos humanos. ¿Cuántas veces ponemos en peligro la vida de los demás en la carretera por exceso de velocidad o una señal que no dimos importancia? Mentimos y no acatamos lo justo y pisoteamos los derechos de los demás. Ser humilde es obedecer y saber mandar.

5.-LA HUMILDAD ES SACRIFICIO Y AMOR:

Hoy lo que nos cuesta lo dejamos a un lado. Las dificultades no queremos tenerlas. Vamos pasando por la vida con el menor esfuerzo, además, decimos “no están los otros, que lo hagan ellos” o “para qué lo voy hacer si no sirve para nada” . Nos cuesta sacrificarnos. Humildad es sacrificarse, realizar aquello que nos cuesta y no nos gusta pero que sabemos que con ello hacemos un bien. Si hoy me quedo sin comer y con lo que me iba a costar la comida hago un donativo a las personas necesitadas, estoy sacrificándome y consiguiendo crecer como persona.

6.-HUMILDAD COMO LA DE JESUS DE NAZARET

Nos cuesta entender que Dios se hace hombre. ¡qué grandeza!. Jesús acepta con humildad su misión, “se hace obediente hasta la cruz”.

En Jesús vemos las cualidades que hemos presentado de la humildad:

Jesús ACEPTA ser hombre, ser uno como nosotros y lo hace con todas las consecuencias: nace niño y crece en la sencillez de Nazaret

Jesús OBEDECE y su obediencia le lleva a la Cruz.

Jesús se SACRIFICA: sacrifica su futuro como carpintero por la misión de evangelizar, Jesús sacrifica su divinidad por darnos su salvación.

Jesús AMA desde la humildad “que tu mano derecha no sepa lo que ha hecho la izquierda” “ora en lo escondido”.

Jesús se pone a lavar los pies a sus discípulos, tiene ese acto de amor humilde y generoso porque así coloca ante sus amigos un camino: SERVICIO y amor.

7.-CONCLUSION: HUMILDAD: EL CAMINO PARA CRECER.

Aquel que sabe hacerse servicial de los demás crece, crece en generosidad y amor. Crece en amistad. Tus amigos te recordarán por lo que has hecho por ellos. Los que te rodean sabrán que les has amado si te has puesto a su nivel o incluso por debajo de ellos ayudando. Eso no quiere decir que debamos perder nuestros papeles: el padre debe tener autoridad sobre sus hijos pero con cariño, con sencillez, sabiendo servirle en sus cosas y guiándole en su camino.

Camino de la humildad, saber sacrificar mi tiempo, saber ser pacífico y solidario. Servir para crecer, amar por amar. Y a la vez aceptar nuestras limitaciones para superarnos.

“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestra almas, porque mi yugo es suave y mi carga ligera”(Mt 11,29-30)

Hundirse y levantarse

Una paloma ya no aguantó la curiosidad de saber que era un pantano. Aquella tarde aterrizó en medio de un pantano extenso y de color oscuro.

Sus alas y blancas plumas quedaron enlodadas y sucias.

Un sapo la vio y complacido le dijo:

- Con que, comadre, veo que también caes en el lodo.

- Pero yo no me quedo aquí como tú – contestó la paloma- y se remontó al cielo.

“El justo cae siete veces, pero se levanta; en cambio, el malo se hunde” (Pr 24, 16).

Intimidad

¿Me amas?… preguntaste dulcemente y me miraste con ojos mansos.

Yo, inundado de amor, temblando dije: Sí, mi Señor, Tú sabes que te amo.

Entonces sígueme, te necesito: serás un jornalero de mis campos. Sólo carga  la cruz sobre los hombros y deja a los demás…Anda mis pasos.

Te necesito para andar por el mundo predicando mi Palabra por tus labios,  quiero seguir a los hombres por tus manos…Si me dices que sí, no habrá  retorno, los que se vuelven no sirven en mi arado.

Yo respondí: Señor, estoy dispuesto a dar la vida si fuera necesario.

Y dejando atrás miles de cosas salí a recorrer el mundo de tu mano. Debí aprender a dar la otra mejilla, a bendecir a quien me hiciera daño, a ser cordero en medio de lobos; debí aprender a amar sin ser amado; debí moldear mi corazón y ser siempre pobre, paciente y manso.

También debí aprender a ser valiente cuando un día descubrí que ser cristiano no es andar con la cruz colgada al pecho o transportar la Biblia bajo el brazo…Ser cristiano, aprendí, es más que eso, es arriesgarlo todo a cada paso, es jugarse la vida, dar la cara, y en buena o mala, estar siempre de tu lado.

Me imaginé un camino hecho de rosas, pero encontré un camino hecho de cardo.

En busca de los triunfos resonantes probé el vino amargo del fracaso…

¡Cómo costó entender cuando decías!: No esperes bien si a mí me han hecho daño. Mil veces me caí…pero mil veces seguí tu ejemplo, camino del calvario.

El mundo me atacó como fiera, y yo esperé encontrar un mundo manso…

Por caminar tus pasos fui agredido; queriendo hacer el bien fui rechazado, queriendo dar amor fui herido, queriendo la paz…me hicieron daño.

¡Cuántas veces…no sabes cuantas!…pensé volver atrás sobre mis pasos.

Pero a pesar de todo lo vivido aún sigo caminando a tu lado. A veces cuando arrecia la tormenta, ya sin fuerzas… me suelto de tu mano…

Entonces, Tú te vuelves…y me miras…¿Me amas? me preguntas muy despacio.

Y yo igual que ayer…siempre respondo: “sí mi Señor, tú sabes que te amo”.

Inventario de generosidad

Un hombre renegaba diciendo que Dios no había sido generoso con él. Entonces un amigo suyo, millonario, le propuso un negocio : “Quieres venderme tu pie izquierdo por $ 5″000,000 para injertárselo a uno que lo perdió en un accidente”?. A ti te pondrán uno de caucho muy fácil de lidiar. No …jamás, respondió el que renegaba. Y no quisieras venderme tu mano izquierda que es la que menos usas por $ 10″000,000 para colocársela a uno que la perdió en una caída?. Nunca..jamás – respondió el otro. Y no quisieras vender un riñón por $15″000,000 para injertarlo a uno que se está muriendo en un hospital? Te lo pagamos al contado porque el que lo necesita es sumamente rico. Pero ..qué es eso que me propones? – contestó el amigo. Si yo no vendo mis riñones. Bueno, añadió el interlocutor, ahora te hago una última oferta. Conozco un millonario que ofrece US$5″000,000 por un ojo para que le cambien a él uno que ha perdido. Quieres venderlo?.. te queda otro ojo y te pondrán uno de vidrio, muy hermoso. Ya te he dicho que no -digo el renegante. Por ningún dinero del mundo vendo yo parte alguna de mi organismo.

Bueno, bueno le dijo entonces su amigo, pero de hoy en adelante no digas que Dios no ha sido generoso contigo. Te ofrecí $ 80″000,000 al contado por la décima parte de tu organismo y no quisiste. Y todavía te parece poco lo que Dios te ha regalado. El otro nunca había pensado en los valores que el Señor le había concedido.

¿Por qué no hacer el inventario de los bienes que hemos recibido para así vivir con mayor alegría y optimismo?

¿Por qué vivir pensando en el 10 por ciento de las cosas que nos hacen sufrir y no recordar el noventa por ciento de las cosas que nos sucede bien?

Invierno

Recuerdo que un invierno mi padre necesitaba leña, así que buscó un árbol muerto y lo cortó. Pero luego, en la primavera, vio desolado que al tronco marchito de ese árbol le brotaron renuevos.

Mi padre dijo: “Estaba yo seguro de que ese árbol estaba muerto. Había perdido todas las hojas en el invierno. Hacía tanto frío, que las ramas se quebraban y caían como si no le quedara al viejo tronco ni una pizca de vida. Pero ahora advierto que aún alentaba la vida en aquel tronco”.

Y volviéndose hacia mí, me aconsejó: “Nunca olvides esta importante lección. Jamás cortes un árbol en invierno. Jamás tomes una decisión negativa en tiempo adverso. Nunca tomes las más importantes decisiones cuando estés en tu peor estado de ánimo. Espera. Sé paciente. La tormenta pasará. Recuerda que la primavera volverá”.

Irradiar a Cristo

Oh Jesús!, Ayúdame a esparcir tu fragancia donde quiera que vaya. Inunda mi alma de tu espíritu y vida. Penétrame y aduéñate tan por completo de mí, que toda mi vida sea una irradiación de la tuya. Ilumina por mi medio y de tal manera toma obsesión de mí, que cada alma con la que yo entre en contacto pueda sentir tu presencia en mi alma. Que al verme no me vea a mí sino a Ti en mí. Permanece en mí. Así resplandeceré con tu mismo resplandor, y que mi resplandor sirva de luz para los demás, Mi luz toda de Ti vendrá, Jesús; ni el más leve rayo será mío. Serás Tú el que iluminarás a otros por mi medio.

Sugiéreme la alabanza que más te agrada, iluminando a otros a mi alrededor. Que no lo pregone con palabras sino con mi ejemplo, con el influjo de lo que yo lleve a cabo, con el destello visible del amor que mi corazón saca de Ti.

Jeremías

Jeremías nació con problemas en su físico, con problemas de entendimiento, y una enfermedad crónica que estaba matando poco a poco su joven vida. Aún así, sus padres habían intentado darle una vida lo más normal posible y lo enviaron a la Escuela Primaria Santa Teresa. A los 12 años de edad, Jeremías estaba en el segundo año, al parecer inhabilitado para aprender. Su maestra Doris siempre se desesperaba con él. El se retorcía en su silla, se le salía la saliva de su boca y hacía unos gruñidos. Algunas veces hablaba tan claramente como si un rayo de luz penetrara a su oscuro cerebro, pero la mayoría del tiempo Jeremías hacía sentir mal a la maestra. Un día ella llamó a sus padres y les pidió que fueran a la escuela para hablar acerca de Jeremías. Mientras que los padres se sentaban lentamente en el salón vacío, Doris les dijo: “Jeremías realmente debería estar en una escuela especial para niños con problemas de su tipo, no es justo para él estar con unos niños que no tienen problemas de aprendizaje, además hay una gran diferencia de edad entre él y los demás niños”. La mamá de Jeremías comenzó a llorar, mientras que su esposo hablaba: “no hay una escuela de ese tipo cerca de aquí, sería una gran tristeza para Jeremías si lo sacamos de esta escuela, estamos seguros que a él le gusta estar aquí”. Doris estuvo sentada por un largo tiempo después de que ellos se fueron, quería no ser tan dura con ellos. Después de todo, Jeremías solamente tenía una enfermedad crónica, pero no era justo mantenerlo en su clase. Ella tenía 18 alumnos para enseñarles y Jeremías era una distracción para ellos, además él nunca aprendería a leer ni a escribir. ¿Porqué perder el tiempo intentándolo? Mientras reflexionaba la situación, hubo un sentimiento de culpa sobre ella. “¡Oh Dios, aquí estoy yo quejándome cuando mis problemas no son nada, comparándolos con los de esta pobre familia! Por favor ayúdame a ser más paciente con Jeremías”. Así que después de ese día se esforzó para ignorar los gruñidos de Jeremías. Un día Jeremías cojeando fue hacia el escritorio de la maestra, arrastrando su piernita enferma detrás de él. Acercándose a ella le dijo: “TE AMO” y lo dijo tan alto que todos en la clase lo oyeron. Los demás niños comenzaron a reírse disimuladamente. La cara de Doris se puso roja de vergüenza y dijo tartamudeando: “eso es muy bonito, Jeremías pero anda y vuelve a tu silla por favor”. La primavera se acercaba y los niños emocionados hablaban de la pascua. Doris les contó la historia de la muerte y resurrección de Jesús y les habló del renacer de la naturaleza en la primavera, le dio a cada uno de los niños un huevo de plástico grande y les dijo: “quiero que se lleven este huevo a sus casas y me lo traigan mañana con algo adentro, algo que muestre nueva vida, ¿entendieron todos?” “¡Sí!”. Los niños respondieron emocionados. Todos menos Jeremías, él solamente escuchó atentamente y sus ojos nunca se apartaron de la cara de la maestra. Curiosamente él no había hecho sus extraños gruñidos. ¿Acaso había él entendido lo que ella había dicho acerca de la muerte y resurrección de Jesucristo? ¿Acaso entendió la tarea que la maestra les pidió para mañana? La siguiente mañana, 19 alumnos fueron a la clase, sonriendo y hablando mientras dejaban sus huevos a un lado del escritorio de la maestra en una canastilla de tela. Después de que terminaron la clase de matemáticas, era tiempo de abrir los huevos. En el primer huevo Doris encontró una flor, “Oh sí, una flor es una señal de nueva vida, cuando las plantas comienzan a salir sabemos que la primavera esta aquí”. Una pequeña niña levantando su mano decía: “hey, ese es el mío”. El siguiente huevo tenía una mariposa de plástico la cual se miraba real. Doris la levantó y dijo: “todos nosotros sabemos que la oruga cambia y crece y se convierte en una linda mariposa y eso es una nueva vida también”. La pequeña Judith orgullosamente gritaba: “ese es el mío”. Entonces Doris abrió el tercer huevo. Ella se sorprendió. ¡El huevo estaba vacío!. Ella pensó: “seguramente éste ha de ser de Jeremías y pues claro, no entendió las instrucciones”. Para no avergonzar a Jeremías, despacio puso el huevo a un lado del escritorio e iba a sacar otro huevo, cuando de repente Jeremías habló alto: “¿no va hablar de mi huevo, maestra?” Doris le contestó, “¡pero Jeremías, tu huevo esta vacío!” Jeremías mirando fijamente a los ojos de la maestra dijo suavemente: “¡sí, pero la tumba de JESUS ESTABA VACIA también!”. El tiempo como que se detuvo antes de que hablara la maestra de nuevo. Doris le preguntó: ¿Tú sabes porqué la tumba estaba vacía?”. “¡Sí!”, exclamó Jeremías, “Jesús fue crucificado y puesto en una tumba y su Padre lo resucitó!” La campana de receso sonó. Mientras los niños salieron corriendo al patio, Doris comenzó a llorar. Un escalofrío comenzó a estremecerla completamente. Tres meses después Jeremías murió. Todos aquellos que estaban en el funeral estaban sorprendidos de ver 19 huevos arriba de la tumba de Jeremías, todos ellos VACIOS.

Jesús guardó silencio

Aún no llego a comprender cómo ocurrió, si fue real o un sueño. Sólo recuerdo que de pronto me encontré en aquel inmenso salón con una pared llena de tarjeteros, como los que tienen las grandes bibliotecas. Los ficheros parecían interminables.

Al acercarme, me llamó la atención un cajón titulado: “Muchachas que me han gustado”. Lo abrí y empecé a pasar las fichas. Tuve que detenerme por la impresión, había reconocido el nombre de cada una de ellas. ¡Se trataba de las muchachas que a MI me habían gustado!

En el resto de los ficheros estaban escritas las acciones de cada momento de mi vida, pequeños y grandes detalles, momentos que mi memoria había ya olvidado. Algunos me trajeron alegría y otros, por el contrario, un sentimiento de vergüenza y culpa.

El archivo “Amigos” estaba al lado de “Amigos que traicioné” y “Amigos que abandoné cuando más me necesitaban”. Los títulos iban de lo mundano a lo ridículo: “Libros que he leído”, “Mentiras que he dicho”, “Consuelo que he dado”, “Chistes que conté”; otros títulos eran: “Asuntos por los que he peleado con mis hermanos”, “Cosas hechas cuando estaba molesto”, “Videos que he visto”…

Cada tarjeta confirmaba la verdad y llevaba mi firma. Cuando llegué al archivo “Pensamientos lujuriosos”, un escalofrío recorrió mi cuerpo. Sólo abrí el cajón unos centímetros. Me avergonzaría conocer su tamaño. Saqué una ficha al azar y me conmoví por su contenido.

Un pensamiento dominaba mi mente: Nadie debe de ver estas tarjetas jamás. ¡Tengo que destruir este salón! Pero descubrí que no podía siquiera sacar los cajones. Me desesperé y traté de tirar con más fuerza, pero fue inútil.

En eso, el título de un cajón pareció aliviar en algo mi situación:

“Personas a las que les he compartido el Evangelio”. Al abrirlo encontré menos de 10 tarjetas. Caí al suelo llorando amargamente de vergüenza.

Y mientras me limpiaba las lágrimas, lo vi. ¡Oh no! ¡Por favor no! ¡Cualquiera menos Jesús! Impotente vi como Jesús abría los cajones y leía cada una de mis fichas. Intuitivamente se acercó a los peores archivos. Con tristeza en sus ojos, buscó mi mirada y yo me llevé las manos al rostro y empecé a llorar de nuevo.

Pudo haber dicho muchas cosas, pero El no dijo una sola palabra. Allí estaba junto a mí, en silencio.

Fue el día en que Jesús guardó silencio… y lloró conmigo. Volvió a los archivadores y, desde un lado del salón, empezó a abrirlos, uno por uno, y en cada tarjeta firmaba su nombre sobre el mío. Me miró con ternura a los ojos y me dijo:

“He terminado, yo he cargado con tu vergüenza y culpa”. En eso salimos juntos del salón, que aún permanece abierto porque todavía faltan más tarjetas que escribir.

Aun no sé si fue un sueño, una visión, o una realidad… De lo que sí estoy convencido es que la próxima vez que Jesús vuelva a ese salón encontrará mas fichas de que alegrarse, menos tiempo perdido y menos fichas vanas y vergonzosas.

Juicio injusto

Cuenta una antigua leyenda, que en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer. En realidad, el verdadero autor era una persona muy influyente del reino, y por eso, desde el primer momento se procuró un “chivo expiatorio”, para encubrir al culpable. El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas o nulas esperanzas de escapar al terrible veredicto: ¡La horca! El juez, también comprado, cuidó no obstante, de dar todo el aspecto de un juicio justo, por ello dijo al acusado: “Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor, vamos a dejar en manos de El tu destino: Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras ‘culpable’ e ‘inocente’. Tú escogerás y será la mano de Dios la que decida tu destino”. Por supuesto, el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: ‘CULPABLE’. Y la pobre víctima, aún sin conocer los detalles, se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria. El juez ordenó al hombre tomar uno de los papeles doblados. Este respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados, y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña sonrisa, tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca, lo engulló rápidamente. Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon… “pero, ¿qué hizo…?, ¿y ahora…?, ¿cómo vamos a saber el veredicto…?” “Es muy sencillo, respondió el hombre… es cuestión de leer el papel que queda, y sabremos lo que decía el que me tragué”. Con un gran coraje disimulado, tuvieron que liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo…

Por más difícil que se nos presente una situación, nunca dejemos de buscar la salida, ni de luchar hasta el último momento. Muchas veces creemos que los problemas no tienen solución y nos resignamos a perder y no luchar, olvidando aquellas palabras de: “Lo que es imposible para el ser humano, es posible para Dios”.

Juventud

La juventud no es un período de vida. Es un estado del espíritu, es el producto de una voluntad. Una cualidad de la imaginación y una intensidad emotiva es, la victoria del coraje sobre la timidez, de la aventura sobre el confort. No se envejece por haber vivido una cantidad de años. Se envejece por haber desertado un ideal. Los años arrugan la piel, pero renunciar a un ideal arruga el alma. Las preocupaciones, las dudas, los temores y la falta de esperanza son los enemigos que lentamente nos hacen inclinarnos hacia la tierra y convertirnos en polvo antes de la muerte. Joven es aquel que se asombra y maravilla. El que se pregunta como un chico insaciable: “¿y después?”… El que desafía los acontecimientos y encuentra alegría en el juego de la vida. Uno es tan joven como su fe. Y tan viejo como su duda. Tan joven como su confianza en sí mismo. Tan joven, como su esperanza. Y tan viejo como su abatimiento.

La actitud hacia ti

Había un vendedor de globos es una esquina de Nueva York.

El sabía cómo atraer a una multitud antes de ofrecer su mercancía a la venta. Tomó un globo blanco, lo infló y lo dejó elevarse. Después infló uno rojo y uno amarillo.

Al ver que el globo blanco, el amarillo y el rojo flotando por encima de su cabeza, varios niños pequeños se agruparon a su alrededor llenos de entusiasmo e interés. Un meditabundo niño negro miró los globos y finalmente preguntó: “Si inflara un globo negro, ¿también se elevaría?”

El hombre miró al pequeño y dijo: “Pero, ¡claro! Lo que cuenta no es el color del globo, sino lo que tiene dentro”.

“Muy bien”, podrá decir tu,“pero, ¿cómo aprendo yo (o mi esposa(o), hijos o amigos) a apreciar y sentirnos orgullosos de lo que está dentro? ¿Cómo se construye el autoestima?, recuerda quién y qué eres tu: hijo de Dios, hecho a su imagen y semejanza,

“¡Dios no hace porquerías!”,decídete que hoy vas a ser feliz.

La aguja de oro

Existió una señora que desconfiaba mucho de todas las personas, siempre estaba culpándolas por cualquier cosa así que ella vivía sola, pero tenia de ayudante a una muchachita.

Una de las cosas que mas quería esa señora era una aguja de oro con la que cosía todas las tardes, hasta que un día por más que la buscaba no la encontraba, así que acuso muy duro a la muchacha y le dijo que ella era la que le había robado su aguja de oro, así que la despidió.

Un día por la tarde la señora decidió ir al patio y encontró un lindo nido el cual le llamo la atención, subió a ver a los pajaritos y sorpresa!! encontró que su aguja de oro estuvo ahí todo el tiempo, la señora se sintió muy mal por haber despedido a la única persona que en verdad la cuidaba y quería.

Nosotros debemos aprender a no juzgar a las personas antes de saber la verdad porque nos podemos equivocar y puede ser que esa equivocación nos duela mucho.

La bendición del perdón

El Perdón es una bendición que puedo darme y dar a otros.

A veces puedo encontrar que es más fácil perdonar a otros que a mí mismo. Esto puede ser porque he encontrado repetidamente mis errores pasados.

Puedo terminar este ciclo tan improductivo al recordar que soy un estudiante de la vida, siempre aprendiendo y adquiriendo sabiduría de las situaciones a medida que ocurren. Entonces me perdono a mí mismo.

Reconozco que he alcanzado éxitos y que ¡puedo lograr más en el futuro!

¡Me perdono a mí mismo! Afirmar estas palabras me libera de las cargas del pasado. Estoy libre de limitaciones pasadas porque me he tratado con el mismo amor y respeto que he demostrado a los demás al perdonarlos. ¡Qué bendición es el perdón, el cual despeja el camino a un futuro exitoso!

“Oh Dios, ¡pon en mí un corazón limpio!, ¡dame un espíritu nuevo y fiel!”—Salmo 51,9

La cerca

En enero pasado reparamos la cerca del potrero, (la tierra descansa en el invierno, pero nosotros no). Sobró un rollo de alambre de púas, y lo dejamos en el granero, fijo con una estaca a la pared. Cuando llegó la primavera una pareja de chileros hizo su nido en el interior de aquel rollo de alambre. No detuvo a las grises avecillas la dureza y frialdad del metal, no las asustó lo feroz y erizado de las púas, con briznas de hierba seca y con plumitas formaron ahí su propio mundo, tibio y suave, y en él perpetuaron su pequeña vida.

Yo encuentro una lección en ese cuadro que bien pudo haber sido una acuarela de Andrew Wyeth: “Aún en las adversidades puede la vida continuar; aún en medio de los más grandes sufrimientos puede florecer el milagro del amor”.

La choza celestial

Doña Carlota fue una mujer muy trabajadora ; ella misma tuvo que salir de la pobreza trabajando duramente , al punto que amasó una gran fortuna y vivió con toda clase de comodidades. Fue muy severa con sus trabajadores y les exigía sobretiempos de trabajo con amenazas de no despedirlos.

Sabía que solo podía mantener su riqueza si cuidaba de cada centavo. Así le podría legar a sus hijos las comodidades que ella nunca tuvo. Jamás faltó domingo a la Iglesia, se consideraba una mujer piadosa pues tenía muchas devociones particulares, pero poca sensibilidad social. En la canasta de la limosna arrojaba las monedas mas pequeñas que encontraba. Cuando alguien en la calle le pedía una moneda ella invariablemente les decía : Trabajen ociosos !!

Tachaba también de ociosas a su circulo de amigas por estar perdiendo el tiempo en asociaciones y obras de caridad en vez de trabajar. Era pues conocida como una mujer avara y mezquina.

Cuando doña Carlorta murió, le hicieron un funeral a todo lujo, como siempre acostumbraba vivir. En el cielo fue recibida por San Pedro, que de inmediato dio orden a un ángel para que la llevara a su morada celestial antes de entrevistarse con Dios Padre.

El Ángel la condujo primero junto a unas preciosas mansiones de oro y piedras preciosas con bellos jardines entre calles de oro y cristal : Doña Carlota se preguntaba cual de ellas sería la suya. Pasaron otra calle también de bellas casas con finos acabados. Doña Carlota preguntó al Ángel:

- Y Cuál de éstas es mi casa?

A lo que el Ángel le respondió :

- Te toca todavía mas allá.

Doña Carlota reconoció dentro de si misma que no había sido la mejor cristiana , y se conformaría con una casa buena y “digna”. Sin embargo fueron pasando por otros cada vez mas sencillos pero siempre “celestiales”. Llegaron a las afueras de la Ciudad Celestial donde habían casitas populares y apartamentos pequeños construidos en serie. Para su sorpresa, el Ángel siguió derecho hacia un villorrio tugurizado en uno de los cerros circundantes de la ciudad celestial y se detuvo frente a una choza de esteras y latas cuya entrada estaba amarrada con una soga.

- Esta es su casa – le dijo el Ángel

Esta? – dijo Doña Carlota – No es posible ! debe haber un error !Yo no podría vivir aquí!

- Lo lamento – respondió el Ángel – pero fue todo lo que pudimos hacer con los materiales que usted misma nos envió durante toda su vida en la Tierra.

La cuenta del tiempo

Imagínate un banco que te da un crédito diario cada mañana de $86,400 pesos. El banco no traslada tu saldo de un día a otro. Cada noche borra de tu cuenta cualquier suma que no hayas usado durante el día anterior. ¿Qué harías? ¿Retirar cada centavo? Por supuesto !Cada uno de nosotros tiene ese banco. Su nombre es TIEMPO. Cada mañana te da un crédito de 86,400 segundos. Cada noche borra, como si fuera pérdida, todo lo que no hayas invertido en un buen propósito. No traslada saldos, no permite sobregiros. Cada día abre una cuenta nueva para ti y en las noches quema el sobrante del día. Si no usas el depósito diario, tú pierdes. No se puede volver atrás. No permite retiros a cuenta del “mañana”.

Debes vivir en el presente de los depósitos de hoy. Inviértelos como si fueras a obtener lo máximo en salud, felicidad y éxito. El reloj está andando. Obtén lo máximo del día de hoy. Para darte cuenta del valor de UN AÑO, pregúntale a un estudiante que no pasó de grado. Para darte cuenta del valor de UN MES, pregúntale a una madre que haya dado a luz a un bebé prematuro. Para darte cuenta del valor de UNA SEMANA, pregúntale al editor de un periódico semanal lo que significan las fechas de cierre. Para darte cuenta del valor de UNA HORA, pregúntale a los novios que esperan encontrarse. Para darte cuenta del valor de UN MINUTO, pregúntale a una persona que perdió el avión. Para darte cuenta del valor de UN SEGUNDO, pregúntale a una persona que acaba de evitar un accidente.

Para darte cuenta del valor de UN MILISEGUNDO, pregúntale a un atleta que haya ganado una medalla de plata en lugar de una de oro en las Olimpiadas.

Valora cada momento que tengas, y valóralo más cuando lo compartas con alguien especial, lo suficientemente especial para que quieras gastar tu tiempo con esa persona. Y recuerda que el tiempo no espera a nadie. El ayer es historia. El mañana es un misterio. El hoy es un regalo, por eso mismo se llama “presente”.

La demora de Dios, no es una negativa

Dios responde todas las ocasiones, aunque no siempre de la manera esperada. Rara vez Dios tiene prisa o esta apurado, lo cual se ve en su Creación: tarda en hacer un bebé, una flor, un árbol o un atardecer, o incluso una brizna de hierba. No se puede apurar a Dios.

Hay que aguardar a que llegue el momento determinado por Dios. A veces Dios demora la respuesta a una oración hasta que hayas aprendido algo que Él quiere enseñar. O a veces espera hasta que se produzcan las condiciones propicias para el resultado que quiere lograr: Como el caso de aquel hombre de la Biblia que era ciego de nacimiento. Tuvo que ser ciego toda su vida para que todos lo supieran, y así llegar cierto día Jesús lo sanara prodigiosamente, y Dios fuese glorificado.

En ciertos casos, tal vez transcurran años hasta que sepan porque Dios no respondió del modo que esperabas, o cuando se lo pediste, ¡ pero el día llegara, y sabrás que Dios actúo acertadamente! ¡Espera en el Señor!¡La oscuridad más densa es antes del amanecer, y la mayor desesperación ocurre justo antes de la Salvación! ¡La más profunda desesperanza ataca justo antes de ser rescatado! Por eso, no dudes ni por un instante de que Dios te contestara ¡Ya veras que lo hace! ¡Confía en El y dale gracias por la respuesta aunque no la veas de inmediato! después te alegraras de haber confiado en Él.

La diferencia

Cuentan que una vez un hombre mayor caminaba por la playa contemplando el mar, cuando a lo lejos vio una figura de un hombre que parecía bailar. Se apresuró para acercarse más a esa persona y ver exactamente lo que hacía. Cuando se acercó se dio cuenta que no estaba bailando sino tomando estrellas de mar y arrojándolas mar adentro tan fuerte como podía. Le pregunta entonces: “¿Qué haces mi joven amigo?”. Este respondió: “La tarde está cayendo y la marea bajando, si no arrojo estas estrellas al mar morirán, así que las estoy enviando dentro del mar otra vez”. El hombre mayor sonrió irónicamente y le dijo: “Pero hay miles de playas en todo el mundo, donde miles de estrellas de mar morirán. ¿Crees tú que con eso harás la diferencia?”. El joven se detuvo por un momento, suspiró, tomó otra estrella, la arrojó y dijo: “¡Bueno, acabo de hacer la diferencia para esa!”.

La elección de vivir

Jerry era el tipo de persona que te encantaría odiar. Siempre estaba de buen humor y siempre tenía algo positivo que decir. Cuando alguien le preguntaba como le iba, el respondía “Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo”. El era un gerente especial porque tenia varias meseras que lo habían seguido de restaurante en restaurante. La razón porque las meseras seguían a Jerry era por su actitud.

El era un motivador natural: Si un empleado tenia un mal día, Jerry estaba ahí para decirle al empleado como ver el lado positivo de la situación.

Ver este estilo realmente me causo curiosidad, así que un día fui a buscar a Jerry y le pregunte: ¿No lo entiendo? No es posible ser una persona positiva todo el tiempo… ¿Cómo lo haces?. Jerry respondió: Cada mañana me despierto, saludo a Dios con una oración, le doy gracias por permitirme estar vivo un día mas y me digo a mi mismo, Jerry, tienes dos opciones hoy, puedes escoger estar de buen humor o puedes escoger estar de mal humor. Escojo estar de buen humor. Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una victima o aprender de ello. Escojo aprender de ello.

Cada vez que viene alguien a mi para quejarse, puedo aceptar su queja o puedo señalarle el lado positivo de la vida. Escojo el lado positivo de la vida.

Si… claro… pero no es tan fácil (proteste) “Si lo es” dijo. “Todo en la vida es acerca de elecciones”. Cuando quitas todo lo demás, cada situación es un elección. Tu eliges como la gente afectara tu estado de animo. Tu eliges estar de buen humor o mal humor. En resumen: “tú eliges como vivir la vida”. DIOS nos concedió ese don.

Reflexione en lo que me dijo Jerry. Poco tiempo después, deje la industria de restaurantes para iniciar mi propio negocio. Perdimos contacto, pero con frecuencia pensaba en Jerry cuando tenia que hacer un elección en la vida en vez de reaccionar a ella.

Varios años mas tarde, me entere que Jerry hizo algo que nunca debe hacerse en un negocio de restaurante. Dejo la puerta de atrás abierta una mañana y fue asaltado por 3 ladrones armados. Mientras trataba de abrir la caja fuerte, su mano temblando por el nerviosismo, resbalo de la combinación. Los asaltantes sintieron pánico y le dispararon.

Con mucha suerte, Jerry fue encontrado relativamente pronto y llevado de emergencia a una clínica. Después de 18hrs. de cirugía y semanas de terapia intensiva, Jerry fue dado de alta aun con fragmentos de bala en su cuerpo. Me encontré con Jerry 6 meses después del accidente y cuando le pregunte como estaba, me respondió: “Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo”.

Le pregunte que paso por su mente en el momento del asalto. Contesto: Lo primero que me vino a la mente fue que debí haber cerrado con llave la puerta de atrás. Cuando estaba tirado en el piso recordé que tenia 2 opciones: “Podía elegir vivir o podía elegir morir. Elegí vivir. No sentiste miedo, le pregunte. Jerry continuo: Los médicos fueron geniales. No dejaban de decirme que iba a estar bien. Pero cuando me llevaron al quirófano y vi las expresiones en las caras de médicos y enfermeras, realmente me asuste… podía leer en sus ojos es hombre muerto. Supe entonces que debía tomar acción.

¿Que hiciste? Pregunte. Bueno… primero le di gracias a DIOS por que hasta ahora me había dejado vivir y le dije, quiero seguir viviendo pero que se haga tu voluntad, no la mía. Después uno de los médicos me pregunto si era alérgico a algo y respirando profundo grité si, a las balas… Mientras reí les dije: Estoy escogiendo vivir… opérenme como si estuviera vivo, no muerto y no se preocupen DIOS decide el resto.

Jerry vivió sin lugar a duda gracias a DIOS, EL le dio maestría a los médicos para no fallar en la operación… y la asombrosa actitud y decisión de Jerry fue crucial.

La Escalera

Un carpintero se puso un día a construir una escalera. Pasó un vecino, vio lo que estaba haciendo y le dijo: si me regalas un pequeño pedazo, a mí me servirá mucho y a tu obra casi no le perjudicará, ¿pudieras regalarme un tramo de tu escalera? El carpintero se rascó la cabeza y se lo dio. El vecino se lo agradeció y se fue contento. Después vino otra persona y le explicó que, permitiéndole usar unos peldaños, trabajaría y alimentaría a sus hijos. El carpintero accedió y le regaló unos peldaños. El hombre se retiró contento y agradecido. El carpintero continuó trabajando en su obra. Pasó por allí una pobre mujer y le pidió que le regalara un pedazo de madera, ya que era urgente arreglar una pared de su casa por la que se colaba el viento. El carpintero accedió. La mujer se alejó contenta y agradecida. Vinieron muchos más y el carpintero seguía accediendo. El invierno era duro, la miseria muy grande y el carpintero daba a todos pedazos de su escalera, aun para quemarlos como leña.

Y decía:

No comprendo, mujer. Mi escalera es cada vez más chica y, sin embargo, ¡subo por ella al cielo!

Que este día subas un escalón más de tu escalera para llegar al cielo.

La escultura

“Estoy tratando de esculpir una Virgen; no soy escultor, lo hago por afición y por descanso; la madera es dura, las herramientas inadecuadas; me canso, pierdo las esperanzas, me dan ganas de tirar la madera al fuego.

Pienso Señor, que también la vida es así. ¡Cuántas obras emprendemos sin saber cómo van a concluir! Sí, toda la historia humana es así, como una escultura que lentamente va tomando forma; golpe tras golpe la van labrando.

¡Cuántos golpes nos va propinando la vida! con frecuencia dolorosos y crueles, incomprensibles a veces, pero necesarios para hacernos madurar y crecer.

Que reconozca, Señor, tu mano cariñosa y paternal de artista que va labrando mi vida.

Algunos golpes no los entiendo, me parecen sin sentido; otros me llegan de donde menos lo espero y me hieren profundamente.

Haz que sea un madero dócil en tus manos, que no esquive los golpes; sé que quieres hacer algo útil de mí.

Quizás es tu propia figura, la que quieres esculpir en mí.”

La esencia del éxito

A veces creemos que el éxito está en la fama y la fortuna. No es así.

El éxito está en las manos de quien vive feliz, de quien ha amado y reído mucho y ha logrado merecer el respeto de grandes y pequeños.

El éxito es de quien ha hecho del mundo un lugar mejor que el que encontró al llegar a él.

La persona de éxito es la que siempre ha respetado a los hombres y a la naturaleza y ha sabido ver lo bueno en todo y en todos.

Tener éxito es ser capaz de dar lo mejor de uno mismo.

La esencia del ser

Sabrás del dolor y de la pena de estar con muchos, pero vacío.

Sabrás de la soledad de la noche y de la longitud de los días.

Sabrás de la espera sin paz y de aguardar con miedo.

Sabrás de la soberbia de aquellos que detentan el poder y someten sin compasión

Sabrás de la deserción de los tuyos y de la impotencia del adiós.

Sabrás que ya es tarde y casi siempre imposible.

Sabrás que eres tú el que siempre da y sientes que pocas veces te toca recibir.

Sabrás que a menudo piensas distinto y tal vez no te entiendan.

Pero sabrás también:

Que el dolor redime.

Que la soledad cura.

Que la fe agranda.

Que la esperanza sostiene.

Que la humildad ennoblece

Que la perseverancia templa

Que el olvido mitiga.

Que el perdón fortalece.

Que el recuerdo acompaña.

Que la razón guía,

Que el Amor dignifica…

Porque lo único que verdaderamente vale es aquello que está dentro de ti, y por encima de todo esta Dios, solo tienes que descubrirlo y así hallaras la verdadera Paz.”

La esperanza

Tomás es un chico de siete años que vive con su mamá, un pobre costurera, en su solo cuarto, en una pequeña ciudad del norte de Escocia. La víspera de Navidad, en su cama, el chico espera, ansioso, la venida de Papá Noel. Según la costumbre de su país, ha colocado en la chimenea una gran media de lana, esperando encontrarla, a la mañana siguiente, llena de regalos. Pero su mamá sabe que no habrá regalos de Navidad para Tomás, por su falta de dinero. Para evitar su desilusión, le explica que hay bienes visibles, que se compran con dinero, y bienes invisibles, que no se compran, ni se venden, ni se ven, pero que lo hacen a uno muy feliz: como el cariño de la mamá, por ejemplo.

Al día siguiente, Tomás despierta, corre a la chimenea y ve su media vacía. La recoge con emoción y alegría y se la muestra su mamá:”¡Está llena de bienes invisibles!”, le dice, y se le ve feliz.

Por la tarde va Tomás al salón parroquial donde se reúnen los chicos, cada cual mostrando orgulloso su regalo. “¿Y a ti, Tomás, qué te ha traído Papá Noel?”, le preguntan.

Tomás muestra feliz su media vacía:”¡A mí me ha traído bienes invisibles!”, contesta. Los chicos se ríen de él. Entre ellos Federico un niño consentido, tiene el mejor regalo pero no es feliz. Por envidia sus compañeros le hacen burla porque su lindo auto a pedal no tiene marcha atrás (reversa), y enfurecido destruye el valioso juguete. El papá de Federico se aflige, ¿Cómo dar el gusto a su hijo?. En eso ve a Tomás sentado en un rincón, feliz con su media vacía. ¿Que te ha traído Papá Noel?, a mí bienes invisibles, contesta ante la sorpresa del papá de Federico, y le explica que no se ven, ni se compran, ni se venden, como el cariño de una mamá.

El papá de Federico comprendió. Los muchos regalos visibles y vistosos no habían logrado la felicidad de su hijo. Tomás había descubierto, gracias a su mamá, el camino a la Felicidad.

La esperanza de un sueño

Un pequeño gusanito caminaba un día en dirección al sol. Muy cerca del camino se encontraba un chapulín. “¿Hacia dónde te diriges?”, le preguntó. Sin dejar de caminar, la oruga contestó: “Tuve un sueño anoche, soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo”.

Sorprendido, el chapulín dijo mientras su amigo se alejaba: “¡Debes estar loco! ¿Cómo podrás llegar hasta aquel lugar? ¡Tú, una simple oruga! Una piedra será una montaña, un pequeño charco un mar, y cualquier tronco una barrera infranqueable”. Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó. Sus diminutos pies no dejaron de moverse.

De pronto se oyó la voz de un escarabajo: “¿Hacia dónde te diriges con tanto empeño?”. Sudando ya el gusanito, le dijo jadeante: “Tuve un sueño y deseo realizarlo, subiré a esa montaña y desde ahí contemplaré todo nuestro mundo”.

El escarabajo no pudo soportar la risa, soltó la carcajada y luego dijo: “Ni yo, con patas tan grandes, intentaría una empresa tan ambiciosa”. El se quedó en el suelo tumbado de la risa mientras la oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros. Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor aconsejaron a nuestro amigo a desistir. “¡No lo lograrás jamás!”, le decían, pero en su interior había un impulso que lo obligaba a seguir. Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pernoctar. “Estaré mejor”, fue lo último que dijo, y murió.

Todos los animales del valle por días fueron a mirar sus restos. Ahí estaba el animal más loco del pueblo. Había construido como su tumba un monumento a la insensatez. Ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió por querer realizar un sueño irrealizable.

Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una advertencia para los atrevidos. De pronto quedaron atónitos.

Aquella concha dura comenzó a quebrarse y, con asombro, vieron unos ojos y una antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta. Poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas arco iris de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos: una mariposa.

No hubo nada que decir, todos sabían lo que haría: se iría volando hasta la gran montaña y realizaría un sueño; el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir. Todos se habían equivocado.

Dios nos ha creado para realizar un sueño, vivamos por él, intentemos alcanzarlo, pongamos la vida en ello y, si nos damos cuenta que no podemos, quizá necesitemos hacer un alto en el camino y experimentar un cambio radical en nuestras vidas. Y entonces, con otro aspecto, con otras posibilidades y con la gracia de Dios, lo lograremos.

Es buscando lo imposible como los hombres han encontrado y alcanzado lo posible, y aquéllas que se limitaron a lo que visiblemente era posible, nunca dieron un paso.

La fortaleza de un hombre

- La fortaleza de un hombre no está en el ancho de sus hombros.

- Está en el tamaño de sus brazos cuando abrazan.

- La fortaleza un hombre no está en lo profundo del tono de su voz.

- Está en la gentileza que usa en sus palabras.

- La fortaleza de un hombre no está en la cantidad de amigos que tiene.

- Está en lo buen amigo que se vuelve de sus hijos.

- La fortaleza de un hombre no está en como lo respetan en su trabajo.

- Está en como es respetado en su casa.

- La fortaleza de un hombre no está en lo duro que puede golpear.

- Está en lo cuidadoso de sus caricias.

- La fortaleza de un hombre no está en su cabello o su pecho.

- Está en su corazón.

- La fortaleza de un hombre no está en las mujeres que ha conquistado.

- Está en poder ser verdaderamente de una mujer.

- La fortaleza de un hombre no está en el peso que pueda levantar.

- Está en las cargas que puede llevar a cuestas.

- La fuerza de intención de nuestros actos.

Dios Siempre sabe lo que te conviene…

Una de las causas de nuestros desalientos son esas caídas que tenemos, aunque no sea en cosas graves. Si aplicamos la mirada, encontramos que esa amargura y desaliento no provienen muchas veces del puro amor a Dios sino del puro amor a nosotros mismos; de esa secreta estimación, tan sutil y tan sagaz, que nos hace orientar nuestra intención a la búsqueda de la gloria y la santidad por nosotros y para nosotros, y no por Dios ni para Dios.

Pues bien, en estos casos no hay que desalentarse, hay que saber volver a empezar. El enemigo de nuestras almas, el desaliento, junto con nuestro propio aprecio y estima, nos hacen ver todo negro y nos presentan el fracaso sin remedio.

Pero no es así. Con Dios siempre existen recursos. Todo se puede reparar mientras dura la vida. Volver a empezar; no huir corriendo al primer golpe. Recuerda siempre podemos ser mejores, ¡Siempre podemos volver a empezar!

La fuerza del amor

El núcleo del amor es la fuerza, el valor que mostramos para luchar por lo que amamos, la fortaleza para defender lo que más apreciamos, enfrentar desafíos, superar barreras, derribar obstáculos.

Cuando el amor es auténtico surge con la fuerza de la audacia, el atrevimiento, la osadía que nos lanza a correr riesgos para conquistar lo que amamos; es en esa entrega sin condiciones donde surgen fortalezas donde antes no las había.

El amor nos da el valor de:

- Luchar por nuestros sueños.

- Dar la vida por los que llevamos en el corazón.

- Modificar nuestra propia existencia.

- Cambiar nuestro ser.

- Rebasar el límite de nuestras potencialidades.

El amor nos da la fuerza:

- Para respetar a los seres que amamos.

- Para sonreír a pesar de las adversidades.

- De la humildad para pedir perdón.

- La grandeza de la comprensión.

- La nobleza de perdonar.

El amor nos da el poder:

- Para manifestar nuestras emociones.

- Para alcanzar estrellas.

- Para convertir nuestros sueños en realidades.

- Entregar nuestra vida por un ideal.

El amor nos transforma en seres superiores, nos despierta nuestra capacidad de asombro, nos da la sensibilidad de la contemplación, nos impulsa a niveles infinitos, nos da la fuerza para recorrer nuestra vida con un espíritu invencible y nos impulsa a alcanzar lo imposible.

El amor es la fuerza que Dios deposita en el corazón de todos los seres humanos, a cada uno corresponde decidir vivir como un paladín o un cobarde, como un conquistador o un conformista, como un ser excelente o un mediocre, como un ser lleno de luz o quien permanece por siempre en la oscuridad, el amor hace nacer la fuerza para atrevernos a ser auténticos colaboradores en la grandeza de la creación.

Pregúntate: Si de verdad amas, ¿estás luchando con todas tus fuerzas para conquistar lo que deseas?

- El valor para luchar por tus hijos.

- Cuidar de tus padres.

- Hacer feliz a tu pareja.

- Conceder el perdón a tu enemigo.

- Pedir humildemente perdón a quien ofendiste.

Pregúntate:

¿Tienes la fuerza para amarte a ti mismo, de convertirte en el ser que estás llamado a ser?

¿Te atreverías a hacer de tu vida una obra magistral digna de las manos que te crearon?

¿Tendrás el valor de ser un auténtico hijo de Dios?

¿Tienes la fuerza del amor?

La historia de John y Hollis

John Blanchard entró a una biblioteca en Florida, tomó un libro de un estante y se sintió intrigado, no por el contenido del libro, sino por las notas escritas a lápiz en el margen. La suave letra reflejaba un alma pensativa y una mente lúcida. En la primera página del libro descubrió el nombre de la antigua propietaria del libro, Miss Hollis Maynell. Invirtiendo tiempo y esfuerzo, consiguió su dirección. Ella vivía en la ciudad de Nueva York. Le escribió una carta presentándose e invitándola a cartearse.

Al día siguiente, sin embargo, fue embarcado a ultramar para servir en la Segunda Guerra Mundial. Durante el año y el mes que siguieron, ambos llegaron a conocerse a través de su correspondencia. Cada carta era una semilla que caía en un corazón fértil; un romance comenzaba a nacer. Blanchard le pidió una fotografía, pero ella se rehusó. Ella pensaba que si él realmente estaba interesado en ella, su apariencia no debía importar. Cuando finalmente llegó el día en que él debía regresar de Europa, ambos fijaron su primera cita a las siete de la noche, en la estación de trenes de Nueva York.

Ella escribió: “Me reconocerás por la rosa roja que llevaré puesta en la solapa”. El escribió: “Levaré el libro en mis manos”. Así que a las siete en punto, él estaba en la estación, buscando a la chica cuyo corazón amaba, pero cuya cara desconocía. De pronto, una joven se dirigía a John, su figura era larga y delgada, su cabello rubio caía hacia atrás en rizos, sus ojos eran tan azules como flores, sus labios y su barbilla tenían una firmeza amable y, enfundada en su traje verde claro, era como la primavera encarnada.

Comenzó a caminar hacia ella, olvidando por completo que debía buscar una rosa roja en su solapa. Al acercarse, una pequeña y provocativa sonrisa curvó sus labios. “¿Vas en esa dirección, marinero?””, le dijo. Casi incontrolablemente, John dio un paso para seguirla y en ese momento vio a Hollis Maynell. Estaba parada casi detrás de la chica. Era una mujer de más de cuarenta años, con cabello entrecano que asomaba bajo un sombrero gastado. Era bastante llenita y sus pies, anchos como sus tobillos, lucían unos zapatos de tacón bajo.

La chica del traje verde se alejaba rápidamente. Se sintió como partido en dos, tan vivo era su deseo de seguirla y, sin embargo, tan profundo era su anhelo por conocer a la mujer cuyo espíritu le había acompañando tan sinceramente y que se confundía con el de él.

Y ahí estaba ella. Su faz pálida y regordeta era dulce e inteligente y sus ojos grises tenían un destello cálido y amable. No dudó más. Sus dedos afianzaron la gastada cubierta de piel azul del pequeño volumen que haría que ella lo identificara. “Esto no sería amor, pero sería algo precioso, algo quizá aún mejor que el amor: una amistad por la cual yo estaba y debía estar siempre agradecido”, pensó John. Se cuadró, saludó y le extendió el libro a la mujer, a pesar de que sentía que, al hablar, le ahogaba la amargura de su desencanto. “Soy John Blanchard, y usted debe ser Hollis. Estoy muy contento de que pudiera usted acudir a nuestra cita. ¿Puedo invitarla a cenar?” La cara de la mujer se ensanchó con una sonrisa tolerante. “No sé de qué se trata todo esto, muchacho”, respondió, “pero la señorita del traje verde que acaba de pasar me suplicó que pusiera esta rosa en la solapa de mi abrigo. Y me pidió que, si usted me invitaba a cenar, por favor le dijera que ella lo está esperando en el restaurante que está cruzando la calle. Dijo que era algo así como una prueba””.

Reflexión: No es difícil entender y admirar la sabiduría de Miss Maynell. La verdadera naturaleza del corazón se descubre en su respuesta a lo que no es atractivo. No nos dejemos guiar únicamente por las apariencias. “Dime a quién amas y te diré quién eres.”

La historia de Marcos

Un día Marcos iba caminando de regreso de la escuela y se dirigía a su casa. Al poco rato de caminar se dio cuenta de que el chico que iba delante de él se había tropezado y habían caído unos libros y una pequeña grabadora que llevaba cargando. Marcos se acercó y lo ayudó a pararse y a recoger las cosas que habían tirado. Como se dirigían por el mismo rumbo, Marcos le ayudó a cargar parte de las cosas. Mientras caminaban, Marcos se enteró que aquél chico se llamaba Bill y que amaba los juegos de video, el béisbol y contó que había estado viviendo muchos problemas. Problemas en la escuela por bajas calificaciones, problemas con sus padres y, para rematar, había terminado con su novia. Primero llegaron a la casa de Bill y Marcos fue invitado a pasar y tomar un refresco mientras veían la televisión. Pasaron la tarde muy a gusto entre risas y pequeñas charlas. Después Marcos se fue a su casa. Ellos continuaron viéndose en la escuela, almorzaban juntos dos o tres veces a la semana, y ambos se graduaron de la secundaria. Más adelante coincidieron en la misma preparatoria en donde seguían teniendo contacto aunque en forma más esporádica. Finalmente llegó el momento tan esperado de terminar la preparatoria y tres semanas antes de la graduación, Bill le preguntó a Marcos si podían hablar. Bill le recordó el día en que se conocieron tantos años atrás. – “¿Alguna vez te preguntaste por qué iba cargando tantas cosas ese día? “. Le preguntó Bill. – Verás, yo había limpiado mi locker porque no quería dejar ningún relajo para nadie más. Había tomado a escondidas las pastillas para dormir de mi mamá e iba camino a casa decidido a quitarme la vida. Pero después de haber pasado la tarde juntos platicando y riéndonos, me di cuenta que si me mataba me hubiese perdido de esos momentos y de tantos que pudiesen haber seguido. Como puedes ver, Marcos, al ayudarme a recoger aquellos libros, hiciste mucho más, salvaste mi vida.

“Cada saludo, cada sonrisa, cada mano que damos, pueden ayudar a salvar un corazón herido”. Con este mensaje te quiero decir que CADA UNO ES ESPECIAL PARA ALGUIEN! Hay un milagro llamado AMISTAD que se abriga en el corazón. No sabes cómo ocurre o cómo es que comienza, pero sabes que UN AMIGO ES ALGUIEN que te levanta el ánimo y es cuando te das cuenta que la AMISTAD es uno de los regalos más preciosos de DIOS!!!. Los amigos son una joya muy rara y escasa. Ellos te hacen sonreír y te animan a que tengas éxito en lo que deseas. Saben escucharte, comparten sus palabras de aprecio y ellos siempre quieren abrir su corazón hacia nosotros… a fin de cuentas, para eso los puso Dios en nuestro camino. Muestra a tus amigos lo mucho que los quieres y respetas.

La historia de Pedrito

El primer día de clase que Doña Tomasa se enfrentó a sus alumnos de quinto grado, les dijo que ella trataba a todos los alumnos por igual y que ninguno era su favorito. En la primera fila sentado estaba Pedrito, un niño antisociable, con una actitud intolerable, el cual siempre andaba sucio y todo despeinado. El año anterior, Doña Tomasa había tenido a Pedrito en una de sus clases. Doña Tomasa veía a Pedrito como un niño muy antipático.

A ella le daba mucho gusto poder marcar con lápiz rojo todo el trabajo que Pedrito entregaba con una “F”. En la escuela donde Doña Tomasa enseñaba se le requería revisar el archivo de historia de cada alumno y el de Pedrito fue el último que ella revisó.

Cuando empezó a leer el archivo de Pedrito, se encontró con varias sorpresas. La maestra de Pedrito de primer grado había escrito “Pedrito es un niño muy brillante y muy amigable, siempre tiene una sonrisa en sus labios. El hace su trabajo a tiempo y tiene muy buenos modales. Es un placer tenerlo en mi clase”.

La maestra de segundo grado: “Pedrito es un alumno ejemplar, muy popular con sus compañeros, pero últimamente muestra tristeza porque su mamá padece de una enfermedad interminable”.

La maestra de tercer grado: “La muerte de su mamá ha sido muy difícil para él. El trata de hacer lo mejor que puede, pero sin interés. El papá no demuestra ningún interés en la educación de Pedrito. Si no se toman pasos serios, esto va afectar la vida de Pedrito”.

La maestra de cuarto grado: “Pedrito no demuestra interés en la clase. Cada día se cohíbe más. No tiene casi amistades y muchas veces duerme en clase”.

Después de leer todo esto, Doña Tomasa sintió vergüenza por haber juzgado a Pedrito sin saber las razones de su actitud. Se sintió peor cuando todos sus alumnos le entregaron regalos de Navidad envueltos en fino papel, con excepción del regalo de Pedrito, que estaba envuelto en un cartucho de la tienda. Doña Tomasa abrió todos lo regalos y cuando abrió el de Pedrito, todos los alumnos se reían al ver lo que se encontraba dentro. En el cartucho había una botella con un cuarto de perfume y un brazalete al cual le faltaban algunas de las piedras preciosas. Para suprimir las risas de sus alumnos, se puso inmediatamente aquel brazalete y se echó un poco del perfume en cada muñeca. Ese día Pedrito se quedó después de la clase y le dijo a la maestra: “Doña Tomasa, hoy usted huele como mi mama”.

Después de haberse ido todos, Doña Tomasa se quedó llorando por una hora. Desde ese día cambió su materia. En vez de enseñar lectura, escritura y aritmética, escogió enseñar a los niños. Doña Tomasa empezó a ponerle más atención a Pedrito. Ella notaba que mientras más ánimos le daba a Pedrito, más entusiasmado reaccionaba él. Al final del año, Pedrito se convirtió en el más inteligente de la clase y a pesar de que Doña Tomasa había dicho el primer día de clase que todos los alumnos iban a ser tratados por igual, Pedrito era su preferido.

Pasaron cuatro años y Doña Tomasa recibió una nota de Pedrito, la cual decía que se había graduado de la secundaria y que había terminado en tercer lugar. También le decía que ella era la mejor maestra que él había tenido.

De ahí pasaron seis años cuando Doña Tomasa volvió a recibir noticias de Pedrito.

Esta vez le escribía que se le había hecho muy difícil, pero que muy pronto se graduaría de la universidad con honores y le aseguró a Doña Tomasa que todavía ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido en su vida. Pasan cuatro años más, cuando Doña Tomasa vuelve a saber de Pedrito. En esta carta él le explicaba que había adquirido su postgrado y que había decidido seguir su educación. En esta carta Pedrito también le recordaba que ella era la mejor maestra que había tenido en su vida. Esta vez la carta estaba firmada por “Dr. Pedro Altamira”. Bueno, el cuento no termina ahí. En la primavera, Doña Tomasa volvió a recibir una carta de Pedrito donde le explicaba que había conocido a una muchacha con la cual se iba a casar y quería saber si Doña Tomasa podía asistir a la boda y tomar el lugar reservado usualmente para los padres del novio. También le explicaba que su papá había fallecido varios años atrás. Claro que Doña Tomasa aceptó con mucha alegría y el día de la boda se puso aquel brazalete sin brillantes que Pedrito le había regalado y también el perfume que la mamá de Pedrito usaba.

Cuando se encontraron, se abrazaron muy fuerte y el Dr. Altamira le dijo en el oído muy bajito “Doña Tomasa, gracias por haber creído en mí. Gracias por haberme hecho sentir que era importante y que yo podía hacer la diferencia”.

Doña Tomasa, con lágrimas en los ojos, le respondió: “Pedro, estás equivocado. Tú fuiste el que me enseñó que yo podía hacer la diferencia.

¡Yo no sabía enseñar hasta que te conocí a ti!”

¡Podemos hacer la diferencia!

La historia del burro

Un día, el burro de un campesino se cayó en un pozo. El animal lloró fuertemente por horas, mientras el campesino trataba de buscar algo que hacer. Finalmente, el campesino decidió que el burro ya estaba viejo y el pozo ya estaba seco y necesitaba ser tapado de todas formas; que realmente no valía la pena sacar al burro del pozo.

Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarle. Cada uno agarró una pala y empezaron a tirarle tierra al pozo. El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró horriblemente. Luego, para sorpresa de todos, se aquieto después de unas cuantas paladas de tierra.

El campesino finalmente miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio… con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble: se sacudía la tierra y daba un paso encima de la tierra. Muy pronto todo el mundo vio sorprendido como el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando…

La vida va a tirarte tierra, todo tipo de tierra… el truco para salir del pozo es sacudírsela y usarla para dar un paso hacia arriba. Cada uno de nuestros problemas es un escalón hacia arriba. Podemos salir de los más profundos huecos si no nos damos por vencidos… Usa la tierra que te echan para salir adelante.

Recuerda las 5 reglas para ser feliz:

1- Libera tu corazón del odio.

2- Libera tu mente de las preocupaciones.

3- Simplifica tu vida.

4- Da más y espera menos.

5- Ama más y… sacúdete la tierra porque en esta vida hay que ser solución, no problema.

La isla de los sentimientos

Érase una vez una isla donde habitaban todos los sentimientos: la alegría, la tristeza y muchos más, incluyendo el amor.

Un día les fue avisado a sus moradores que la isla se iba a hundir, por lo que todos los sentimientos se apresuraron a abandonarla. Abordaron sus barcos y se prepararon a partir apresuradamente. Sólo el AMOR permaneció en ella; quería estar un rato más en la isla que tanto amaba, antes de que desapareciera.

Al fin, con el agua al cuello y casi ahogado, el AMOR comenzó a pedir ayuda. Se acercó la RIQUEZA que pasaba en un lujoso yate y el AMOR dijo:

¡RIQUEZA llévame contigo! La RIQUEZA contestó: “no puedo, hay mucho oro y plata en mi barco, no tengo espacio para ti”.

Le pidió ayuda a la VANIDAD, que también venía pasando: “VANIDAD, por favor ayúdame”. Le respondió: “Imposible AMOR, estás mojado y arruinarás mi barco nuevo”.

Pasó la SOBERBIA, que al pedido de ayuda contestó: “=A1éjate de mi camino o te paso por encima!”.

Como pudo, el AMOR se acercó al yate del ORGULL0 y, una vez más, solicitó ayuda. La respuesta fue una mirada despectiva y una ola casi lo asfixia.

Entonces, el AMOR pidió ayuda a la TRISTEZA: “¿me dejas ir contigo?”. La TRISTEZA le dijo: “Ay AMOR, tu sabes que siempre ando sola y prefiero seguir así”.

Pasó la ALEGRIA y estaba tan contenta que ni siquiera oyó al AMOR llamarla.

Desesperado, el AMOR comenzó a suspirar, con lágrimas en sus ojos. Fue entonces cuando una voz le dijo: “Ven, AMOR, yo te llevo”. Era un anciano el que le decía eso. El AMOR estaba tan feliz que se olvidó preguntarle su nombre. Fue llevado a la tierra de la SABIDURIA y, una vez allí, el AMOR preguntó a ésta: “=¿Quién era el anciano que me trajo y salvó mi vida?”.

La SABIDURIA respondió: “era el TIEMPO”.

“¿El tiempo? Pero ¿por qué el tiempo me quiso ayudar?”, dijo el AMOR.

La SABIDURIA le respondió: “Porque sólo el TIEMPO es capaz de ayudar y entender a un gran amor”.

No importa cuánto TIEMPO esperemos, si existe el AMOR el TIEMPO nos ayudará a esperar aquello que más deseamos. Todo es hermoso en el tiempo exacto que Dios tiene para nosotros, ni antes ni después.

Aunque este relato trata al amor como un sentimiento, hay quien dice que el amor no es un sentimiento, sino una decisión, de tal manera que independientemente de cómo te sientas, buscas las cosas que le hagan bien a esa persona a quien le brindas tu amor.

El amor verdadero es una decisión y, como proviene de Dios, está llamado a la eternidad.

La jaula vacía

Una vez había un hombre llamado Jorge Thomas, sacerdote en un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra.

Un domingo de Pascua llegó a la iglesia cargando una jaula de pájaros mohosa, doblada y vieja, y la colocó sobre el púlpito. Se fruncieron varios ceños y, a manera de contestación, el sacerdote Thomas comenzó a hablar.

“Estaba caminando por el pueblo ayer, cuando vi un joven caminando hacia mí meciendo esta jaula de pájaros. En el fondo de la jaula, habían tres pequeños pajarillos salvajes, temblando de frío y de miedo.

Detuve al muchacho y le pregunté, “¿Qué llevas ahí, hijo?” “Son tan solo unos viejos pájaros”, fue la respuesta. “¿Y qué vas a hacer con ellos?” le pregunté. “Los voy a llevar a casa y me voy a divertir con ellos”, me contestó”.

“Voy a molestarles y a sacarles las plumas y hacerles pelear. Voy a pasar un buen rato”. “Pero te vas a cansar de esos pajarillos tarde o temprano. ¿Qué harás con ellos entonces?” “Tengo unos gatos”, dijo el muchacho. “Les gustan los pájaros. Se los llevaré a ellos.”

El sacerdote estuvo callado un momento. “¿Cuánto quieres por esos pájaros, hijo?”

“¡Eh! ¿Usted no quiere estos pájaros, señor?. Son tan solo unos simples pájaros viejos del campo. No cantan. ¡Ni siquiera son bonitos!”

“Y … cuánto?”, preguntó el sacerdote otra vez.

El joven miró al sacerdote como si estuviera loco y le dijo: “$10″

El sacerdote buscó en su bolsillo y sacó un billete de diez dólares. Lo colocó en la mano del muchacho. En un segundo, el muchacho desapareció.

El sacerdote levantó la jaula y suavemente la llevo al final del callejón, donde había un árbol y un césped. Poniendo la caja en el piso, abrió la puerta y, golpeando suavemente los barrotes, convenció a los pájaros que salieran, liberándoles.

Bueno, eso explicaba la jaula vacía sobre el púlpito, y entonces el sacerdote comenzó a contar su historia.

“Un día Satanás y Jesús estaban conversando. Satanás acababa de venir del Jardín del Edén y estaba jactándose y vanagloriándose.”

“Si, señor, acabo de capturar al mundo lleno de gente allá abajo. Me hice una trampa, utilice carnada que sabía que ellos no podían resistir. ¡Los agarre a todos!”

“¿Qué vas a hacer con ellos?” Preguntó Jesús.

Satanás respondió, ¡Me voy a divertir! Voy a enseñarles como odiarse y abusarse mutuamente, como beber y fumar y maldecir. Les voy a enseñar como inventar las armas y bombas y que se maten unos a otros. ¡Me voy a divertir de verdad!”

¿Y qué harás cuando termines con ellos?” Preguntó Jesús. “Oh, los mataré”, exclamo Satanás orgullosamente.

¿Cuánto quieres por ellos?” Preguntó Jesús.

“Oh, tú no quieres a esas personas. No valen nada. Los tomarás y simplemente te odiarán. ¡Te escupirán, te maldecirán y te matarán! ¡Tú no quieres a esa gente!”

“¿Cuánto?” Preguntó nuevamente. Satanás miró a Jesús y, mofándose, dijo, “Todas tus lágrimas y toda tu sangre”.

Jesús dijo: “¡HECHO!” Entonces El pagó el precio.”

El sacerdote levantó la jaula, abrió la puerta, y se fue del púlpito.

La lección

Un esposo fue a visitar a un sabio consejero y le dijo que ya no quería a su esposa y que pensaba separarse.

El sabio lo escuchó, lo miró a los ojos y solamente le dijo una palabra: ámela. Luego se calló.

- Pero es que ya no siento nada por ella.

- Ámela, repuso el sabio.

Y ante el desconcierto del señor, después de un oportuno silencio, agregó lo siguiente:

“Amar en un decisión, no un sentimiento; amar es dedicación y entrega. Amar es un verbo y el fruto de esa acción es el amor. El amor es un ejercicio de jardinería: arranque lo que hace daño, prepare el terreno, siembre, sea paciente, riegue y cuide. Esté preparado porque habrá plagas, sequías o excesos de lluvia, mas no por eso abandone su jardín. Ame a su pareja, es decir, acéptela, valórela, respétela, dele afecto y ternura, admírela y compréndala. Eso es todo, ámela”.

La lección de la mariposa

Un día, una pequeña abertura apareció en un capullo; un hombre se sentó y observó a la mariposa por varias horas, mientras ella se esforzaba para hacer que su cuerpo pasase a través de aquel pequeño agujero.

En tanto, parecía que ella había dejado de hacer cualquier progreso.

Parecía que había hecho todo lo que podía, pero no conseguía agrandarlo.

Entonces el hombre decidió ayudar a la mariposa: el tomó una tijera y abrió el capullo. La mariposa pudo salir fácilmente, pero su cuerpo estaba marchito, era pequeño y tenía las alas arrugadas.

El hombre siguió observándola porque esperaba que, en cualquier momento, las alas se abrieran y estirasen para ser capaces de soportar el cuerpo, y que éste se hiciera firme.

Nada aconteció! En verdad, la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose con un cuerpo marchito y unas alas encogidas. Ella nunca fue capaz de volar.

Lo que el hombre, en su gentileza y su voluntad de ayudar no comprendía, era que el capullo apretado y el esfuerzo necesario para que la mariposa pasara a través de la pequeña abertura, era la forma en que Dios hacía que el fluido del cuerpo de la mariposa, fuese a sus alas, de tal modo que ella estaría lista para volar, una vez que se hubiese liberado del capullo.

Algunas veces, el esfuerzo es exactamente lo que necesitamos en nuestra vida. Si Dios nos permitiese pasar por nuestras vidas sin encontrar ningún obstáculo, nos dejaría limitados. No lograríamos ser tan fuertes como podríamos haber sido.

Nunca podríamos volar.

Pedí fuerza… y Dios me dio dificultades para hacerme fuerte.

Pedí sabiduría… y Dios me dio problemas para resolver.

Pedí prosperidad… y Dios me dio cerebro y músculos para trabajar.

Pedí valor… y Dios me dio obstáculos para superar.

Pedí amor… y Dios me dio personas con problemas a las cuales ayudar.

Pedí favores… y Dios me dio oportunidades.

Yo no recibí nada de lo que pedí…

Pero he recibido todo lo que necesitaba.

Vive la vida sin miedo, enfrenta todos los obstáculos y demuestra que puedes superarlos.

La liebre y el tigre

Que gran decepción tenía el joven de esta historia, su amargura absoluta era por la forma tan inhumana en que se comportaban todas las personas, al parecer, ya a nadie le importaba nadie. Un día dando un paseo por el monte, vio sorprendido.

Que una pequeña liebre le llevaba comida a un enorme tigre malherido, el cual no podía valerse por sí mismo.

Le impresionó tanto al ver este hecho, que regresó al siguiente día para ver si el comportamiento de la liebre era casual o habitual. Con enorme sorpresa pudo comprobar que la escena se repetía: la liebre dejaba un buen trozo de carne cerca del tigre.

Pasaron los días y la escena se repitió de un modo idéntico, hasta que el tigre recuperó las fuerzas y pudo buscar la comida por su propia cuenta.

Admirado por la solidaridad y cooperación entre los animales, se dijo: “no todo está perdido. Si los animales, que son inferiores a nosotros, son capaces de ayudarse de este modo, mucho más lo haremos las personas”. Y decidió hacer la experiencia: Se tiró al suelo, simulando que estaba herido, y se puso a esperar que pasara alguien y le ayudara.

Pasaron las horas, llegó la noche y nadie se acercó en su ayuda. Estuvo así durante todo el otro día, y ya se iba a levantar, mucho más decepcionado que cuando comenzamos a leer esta historia, con la convicción de que la humanidad no tenía el menor remedio, sintió dentro de sí todo el desespero del hambriento, la soledad del enfermo, la tristeza del abandono, su corazón estaba devastado, sí casi no sentía deseo de levantarse, entonces allí, en ese instante, lo oyó…

¡Con qué claridad, qué hermoso!, una hermosa voz, muy dentro de él le dijo: “si quieres encontrar a tus semejantes, si quieres sentir que todo ha valido la pena, si quieres seguir creyendo en la humanidad, para encontrar a tus semejantes como hermanos, deja de hacer de tigre y simplemente se la liebre”.

La limosna

Cuenta San Francisco de Sales que en el campo, a algunas gallinas les sucede que apenas ponen los huevos llega la comadreja y se los come.

¿Por que? Porque la gallina comete la imprudencia de ponerse a cacarear y su enemiga, esa especie de ratón grande que se llama comadreja, apenas oye el cacareo se da por informada de que hay huevos puestos y se viene para devorarlos.

Y el Santo saca esta conclusión. Así le pasa a quien anda contando, publicando y cacareando las limosnas que reparte, viene su enemigo, que es la vanidad, y le roba los premios que se iba a conseguir para el cielo, y las bendiciones de Dios.

La lucha de la mariposa

Un hombre encontró un capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder ver a la mariposa cuando saliera del capullo. Un día vio que había un pequeño orificio y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por poder salir de capullo.

El hombre vio que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño orificio en el capullo , hasta que llego un momento en el que pareció haber cesado de forcejear, pues aparentemente no progresaba en su intento. Pareció que se había atascado. Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del orificio del capullo para hacerlo mas grande y así fue que por fin la mariposa pudo salir.

Sin embargo al salir la mariposa tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.

El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba. Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas…Nunca pudo llegar a volar.

Lo que el hombre en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo y la lucha requerida por la mariposa, para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar.

Libertad y el volar solamente podrán llegar luego de la lucha. Al privar a la mariposa de la lucha, también le fue privada su salud.

Algunas veces las luchas son lo que necesitamos en la vida. Si Dios nos permitiese progresar por nuestras vidas sin obstáculos, nos convertiría en inválidos. No podríamos crecer y ser tan fuertes como podíamos haberlo sido.

¡Cuánta verdad hay en esto! Cuántas veces hemos querido tomar el camino corto para salir de dificultades, tomando esas tijeras y recortando el esfuerzo para poder ser libres.

Necesitamos recordar que nunca recibimos más de lo que podemos soportar y que a través de nuestros esfuerzos y caídas, somos fortalecidos, así como el oro es refinado con el fuego.

Nunca permitamos que las cosas que no podemos tener, o que no tenemos, o que no debemos tener, interrumpan nuestro gozo de las cosas que tenemos y podemos tener.

No pensemos ni nos enfoquemos en lo que no tenemos, disfrutemos cada instante de cada día por lo que tenemos y nos ha sido dado.

La mano

Un editorial del periódico hablaba de una maestra que le pidió a sus alumnos de primer año de primaria que hicieran un dibujo de algo por lo cual estuvieran agradecidos.

Pensó en cuan poco tendrían que estar agradecidos estos niños de barrios pobres, pero sabía que la mayoría de ellos dibujaría pavos o mesas con comida. La maestra quedó desconcertada con el dibujo que Douglas le entregó… Una simple mano infantilmente dibujada.

Pero …la mano de quién? La clase quedó cautivada por la imagen abstracta. “Creo que debe ser la mano de Dios que nos da la comida”, dijo un niño. “Un granjero, sugirió otro, “porque el cría pavos”.

Finalmente, cuando los otros niños estaban trabajando, la maestra se acercó al pupitre de Douglas y le preguntó de quien era la mano. “Es su mano, maestra”, balbuceó.

Ella recordó que, frecuentemente, en el recreo había llevado de la mano a Douglas, un niño bajito y solitario. A menudo hacía eso con los niños, pero para Douglas significaba mucho, Quizás en esto consistió la acción de gracias de todos, no por las cosas materiales que se nos dan, sino por la oportunidad, por pequeña que sea, de dar a otros.

La Medalla Olímpica

Cuando Susan se enteró que estaba embarazada, se preocupó mucho, pues hacía dos años que había superado la barrera de los 40 años y era consciente de los riesgos que entrañaba su embarazo. Aunque vivía en Estados Unidos, donde es permitido el aborto, como cristiana comprometida desechó las insistentes voces de sus amigos y junto a su esposo Michael confiaron el embarazo al Señor. Kenneth nació aparentemente como un niño normal, sin embargo, las conclusiones del pediatra fueron contundentes: había nacido con Síndrome de Down, aunque no presentaba los típicos rasgos “mongoloides” que conllevan los que sufren este mal. Desde ese día sus padres decidieron darle todas las estimulaciones y esfuerzos para que pudiera valerse por sí mismo, además de una fe en Dios y en su palabra. En la escuela especial, conoció a Benny que se convirtió en su compañero de aventuras y juntos destacaban entre el resto de los niños. Fueron creciendo y ambos se convirtieron en jóvenes atléticos y generosos. La disciplina con la que los formaron les permitió entrar en el equipo de atletismo para las Olimpiadas Especiales de Atlanta. No les fue difícil clasificar para los 100, 200 y 400 metros. El día de las competencias, mientras los padres de Kenneth lo observaban expectantes desde las gradas, él hizo una oración, corrió con todas sus fuerzas y ganando así los 100 metros. Michael y Susan lloraron de alegría cuando se entonó el himno de la Unión mientras contemplaban el listón y la medalla de oro que colgaba en el pecho de su hijo. En los 400 metros, salió en primer lugar y se mantuvo así hasta la recta final, sin embargo, a pocos metros de la meta se detuvo y se retiró de la pista ante el asombro de la multitud. Sus padres le preguntaron con cariño: – ¿Por qué hiciste eso, Kenneth? Si hubieras seguido, habrías ganado otra carrera y por lo tanto otra medalla! – Pero mamá –contestó Kenneth con inocencia– yo ya tengo una medalla; En cambio Benny, todavía no tenía una.

La media cobija

Don Roque era ya un anciano cuando murió su esposa, durante largos años había trabajado con ahínco para sacar adelante a su familia.

Su mayor deseo era ver a su hijo convertido en un hombre de bien, respetado por los demás, ya que para lograrlo dedicó su vida y su escasa fortuna.

A los 70 años Don Roque se encontraba sin fuerzas, sin esperanzas, solo y lleno de recuerdos. Esperaba que su hijo, brillante profesionista, le ofreciera su apoyo y comprensión, pero veía pasar los días sin que este apareciera y decidió por primera vez en su vida pedir un favor a su hijo.

Don Roque tocó la puerta de la casa donde vivía su hijo con su familia.

-¡Hola papá! ¡Que milagro que vienes por aquí!

- Ya sabes que no me gusta molestarte, pero me siento muy solo, además estoy cansado y viejo.

- Pues a nosotros, nos da mucho gusto que vengas a visitarnos, ya sabes que esta es tu casa.

- Gracias hijo, sabía que podía contar contigo, pero temía ser un estorbo.

- Entonces ¿no te molestaría que me quedara a vivir con ustedes? ¡me siento tan solo!

-¿Quedarte a vivir aquí?, si…..claro……pero no se si estarías a gusto, tu sabes, la casa es chica mi esposa es muy especial…..y luego los niños…

- Mira hijo, si te causo muchas molestias olvídalo, no te preocupes por mi, alguien me tenderá la mano.

- No padre no es eso, solo que…, no se me ocurre dónde podrías dormir. No puedo sacar a nadie de su cuarto, mis hijos no me lo perdonarían…,o solo que no te moleste dormir en el patio?

- Dormir en el patio esta bien.

- El hijo de Don Roque llamó a su hijo Luis de 12 años.

- Dime papá.

Mira hijo, tu abuelo se quedará a vivir con nosotros. Tráele una cobija para que se tape en la noche.

- Si con gusto…¿y donde va a dormir?

-En le patio, no quiere que nos incomodemos por su culpa.

Luis subió por la cobija, tomó unas tijeras y la cortó en dos. En ese momento llegó su padre

-¿Que haces Luis? ¿porque cortas la manta de tu abuelo?

- Sabes papá, estaba pensando…

-¿Pensando en que?

- En guardar la mitad de la cobija para cuando tu seas viejo y vayas a vivir a mi casa.

Un padre mantiene a diez hijos, pero diez hijos no mantienen a un padre Mt 15,14; Ef 6,2.

La mejor noticia

Lo más bello de la vida no aparece en los periódicos.

Les interesan los grandes titulares que causan sensación.

La belleza de cada día, de cada hogar, se ignora. No es noticia. No causa impacto.

Por eso Señor, hoy deseo pedirte me ayudes a VIVIR mi familia. A ver el amor que me tienes a través en mi esposa o esposo. A ver tu grandeza a través de mis hijos. A ver que lo más bello que tengo en este mundo son ellos, pues ahí estás tú. No quiero que al final de mi jornada, me diga a mí mismo: “Lástima que perdí lo fundamental por alcanzar el complemento, lástima que no VIVI a mi familia, por tratar de tener mejor posición laboral, económica o profesional”.

Ayúdame Señor a prestar más atención a las noticias de mi VIDA que a las noticias del radio o la televisión.

Ayúdame Señor a mantener en mi corazón al tesoro que tu me encargaste. No lo quiero esconder bajo la tierra.¡ Gracias Señor por ese grandioso tesoro !.

La mesa

Había una vez un matrimonio joven. El 38 años, su mujer de 36 y un pequeño de 6 años. Vivía también en la casa una anciana de 80 años, madre del padre de familia.

Todo transcurría con normalidad salvo a la hora del almuerzo y cena, en donde la anciana sin querer tropezaba las cosas, tirando a veces las copas servidas o ensuciando el mantel.

Después de un tiempo, ella le pidió a su marido que comprara una mesa para poner a su madre separada de donde ellos comían. Y así fue. A partir del siguiente día la “abuela” empezó a comer sola sin molestarlos a ellos.

Pasó algún tiempo, hasta que un día el hijo de la anciana se preparaba para almorzar cuando notó que su propio hijo tenía en el piso del comedor un par de maderas, clavos sueltos y martillo.

Se acerco a él y le preguntó:

“¿qué es lo que estas haciendo con esas cosas, hijo?”.

Y el niño le respondió:

“estoy haciendo una mesa para cuando tú y mamá sean grandes como la abuela”.

Que esta historia nos sirva para entender que la paciencia, el amor y la presencia son fundamentales en nuestra relación con nuestros familiares mayores.

La mirada de Jesús

Siempre tuve la incómoda sensación de que él deseaba que lo mirara a los ojos…cosa que yo no hacía. Yo le hablaba pero desviaba mi mirada cuando sentía que el me estaba mirando. Yo miraba siempre a otra parte. Y sabía por qué: tenía miedo. Pensaba que en sus ojos iba a encontrar una mirada de reproche por algún pecado del que no me hubiera arrepentido. Pensaba que en sus ojos iba a descubrir una exigencia; que había algo que Él deseaba de mí. Al fin, un día, reuní el valor suficiente y lo miré. No había en sus ojos reproche ni exigencia. Sus ojos se limitaban a decir: “Te quiero”. Me quedé mirando fijamente durante largo tiempo. Y allí seguía el mismo mensaje: “Te quiero”. Y, al igual que Pedro, salí fuera y lloré.

La muerte de Héctor

La semana pasada falleció mi padre. Al terminar la misa de cuerpo presente mi madre nos dirigió unas palabras a todos los asistentes. El gran amor que le profesó a mi padre no permitió que su voz se quebrantara al dirigirnos el mensaje. Reproduzco las palabras que nos dirigió mi madre:

Le doy gracias a Dios porque nos dio la oportunidad a Héctor y a mí de conocernos, amarnos, unirnos en matrimonio, fundar y establecer una familia. En su proyecto de amor nos unió con el fin de caminar juntos y compartir nuestro amor con cuatro nuevos seres y muchas personas más; a través de la fe nos ha hecho ver que en la vida todo tiene sentido: alegrías, tristezas, cosas grandes y pequeñas, nacimiento y muerte. A través de la esperanza nos ha permitido ponernos metas y luchar por ellas, brindándonos la fuerza necesaria para trabajar y esforzarnos por seguir adelante siempre. A través del amor nos ha concedido como lo dijimos en el día de nuestra boda Héctor y yo permanecer fieles en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad durante todos estos días. Héctor: delante de Dios, de nuestros hijos y nietos, de nuestros familiares y amigos aquí presentes, en este día tan importante también a ti te doy las gracias. Gracias por el apoyo que siempre me brindaste durante los 37 años de nuestro matrimonio. Gracias por confiar en mi, ya que esto me ayudó a confiar yo en mí misma y a transmitir esta confianza en nuestros hijos, gracias por la libertad que siempre experimenté a tu lado, pues esto nos ha permitido a mí, a nuestros hijos y nietos, ser y hacer lo que se debe. Muchas gracias, Héctor, por ser tan buen padre y esposo; esto nos da a todos los que pertenecemos a la familia un ejemplo que recordar y seguir. Gracias por tu bondad, con tu testimonio nos enseñas que así se debe ser en la vida, buscando siempre el bien. Muchas gracias Héctor por tu sencillez que ha hecho que todos la tengamos y que nos ha permitido verdaderas amistades. Gracias a todos ustedes los que hoy nos acompañan. Su presencia aquí es un signo invaluable de su amistad y cariño. Gracias por la oración que hoy han elevado a Dios por Héctor. Gracias por estar con nosotros en estos momentos que marcan para siempre mi vida y la de mi familia. Gracias también a todos ustedes los que nos apoyaron durante la enfermedad de Héctor: que Dios les pague. Finalmente me dirijo a ustedes: mamá, hermanos, hijos, nietos y a todos mis familiares: he comprobado que los lazos de la familia son fuertes y que tengo en quienes confiar y apoyarme de ahora en adelante. Con la ayuda de Héctor, desde el cielo, sigamos formando una familia en la que vivamos la unidad y en donde todos encontremos lo que tanto necesitamos: el amor. Muchas gracias.

La necesidad de Dios

Me llamaron para visitarlo en su casa. Era un caso distinto a todos los demás.

Se llama…No importa el nombre, sí es vital su historia. No es la historia de todos pero si de muchos. No es fácil mirar al futuro teniendo 23 años y una columna vertebral partida en mil pedazos… Me llamaron para visitar a un joven que hacía un año había tenido un grave accidente. No salía de su casa y es por ello que yo me acerqué a verlo. Me esperaba en su sala de estar, una casa espaciosa, con un bien cuidado jardín a la entrada. El silencio que allí reinaba era sepulcral. Nadie hablaba. La luz entraba tenue por entre las cortinas que, entreabiertas, daban la visión de otro jardín, enorme, con árboles y flores, con piscina y una cancha de tenis bien cuidada. En medio de la sala un joven fortachón, pelo largo, ojos apagados, sentado en una silla de ruedas, me miró. Intentó sonreír, pero no pudo.

“Pablo… -me dijo- ¿para qué mi colegio, mi universidad, mis inicios de postgrado en Inglaterra? ¿para qué mis clases de fútbol, de ajedrez?… Nunca me prepararon para caerme de una moto y quedar inválido. Mis padres me decían: “Tenemos un hijo que va a ser nuestro orgullo. Tu será el continuador de mi imperio y tú serás temido entre mis competidores, porque yo estoy te estoy preparando para ser un triunfador”…Tenía todo… me faltaba una moto, también la tuve. La mejor: 750 centímetros cúbicos. ¡Una bala! Tuve la moto y con ello lo creí tener todo… Nunca tuve a Dios. No lo necesitaba. No estaba en mis planes ni en los planes de mi padre. Nuestra ruta era la del triunfo, no quedaba de camino Dios.

Un día había llovido toda la noche. La pista estaba mojada. Yo quise arriesgar y vivir el límite de mis posibilidades, pero…la moto rodó por el asfalto y yo me golpeé contra el suelo. Mi columna se partió en cien pedazos. Meses de hospital, recuperaciones, futuro incierto. Nunca me prepararon para esto. Se olvidaron y me olvidé de mi alma.

Díselo tú a la gente. A mí no me van a creer. Simplemente descríbeme y mi imagen es la más clara necesidad de Dios.

Para ser un triunfador en la vida, hay que empezar; seguir y terminar en Dios. Sólo así, con un espíritu fortalecido en la fe, podrás sentirte un hombre triunfador.

Quise contarte retazos de un cuadro de la vida. Amigo lector, tú serás ahora quien le dé color, luz e imagen. Las fuerzas están en tus manos. De ellas sacarás la imagen que tú quieras y que, por supuesto, más necesites.

Uno hace una casa para que cuando llueva no nos mojemos. Hacemos una casa para construir un hogar y, cuando llueva, si llegara a llover, tendremos dónde resguardarnos. Uno no tiene a Dios en su alma para cuando te accidentes, o te dé cáncer, o te despidan del trabajo… No. Tienes a Dios para ser feliz y, si te pasa algo, Él te resguarda del peligro.

La noche de las noches

Cuando suenen las 12 campanadas deja, que tu Corazón se envuelva en una alegría inmensa, dulce … tierna.

Nos ha nacido un Salvador

No permitas jamás, que algo te lastime o te duela, recuerda que hay alguien, con el pañuelo en la mano dispuesto a consolarte y aliviarte y a darte su amor.

Nos ha nacido un Salvador

Piensa a cuantos le gustaría que tu, le regalaras una sonrisa. Piensa cuantos esperarían que tu le estrecharas las manos con ternura. Cuantos esperarían una palabra de cariño de tus labios pues quizás estén más solos que tu.

Si tienes Familia, estréchalos contra tu corazón, apriétalos fuerte.

Perdónalo todo, dale paz a tu corazón y disfruta del instante… la vida es tan corta, no hay tiempo que perder. Regálales tu amor  y agradece a Dios por tenerlos esta noche junto a ti.

Pues nos ha nacido un Salvador

Cuando el insomnio te haga dar vueltas desesperadamente en la cama,  recuerda que hay alguien que puede sembrar sueños de paz en tu alma.

Cuando tu cruz te pese recuerda que alguien ya la llevó por ti.

Cuando te sientas humillado y burlado, recuerda alguien ya lo sufrió por ti. Levanta tu cabeza mira hacia el cielo, mira la belleza de ese manto de estrellas y siente la ternura de ese Dios que se hizo Niño para habitar en tu corazón, para que vuelvas a nacer en esta Noche, con una mirada distinta… llena de ternura… con un corazón distinto, lleno de amor, con el alma llena de regocijo y cubierta de esplendor pues esta noche …

La nueva bondad

Un capellán, cuentan, se aproximo a un herido en medio del fragor de la batalla y le pregunto:

- Quieres que te lea la Biblia?

- Primero dame agua que tengo sed, dijo el herido.

El capellán le convido el ultimo trago de su cantimplora, aunque sabia que no había mas agua en kilómetros a la redonda.

- ¿ Ahora?, pregunto de nuevo.

- Primero dame de comer, suplico el herido.

El capellán le dio el ultimo mendrugo de pan que atesoraba en su mochila.

- Tengo frío, fue el siguiente clamor, Y el hombre de Dios se despojo de su abrigo de campaña pese al frío que calaba y cubrió amorosamente al lesionado.

- Ahora si, le dijo al capellán. Habla de ese Dios que te hizo darme tu ultima agua, tu ultimo mendrugo, y tu único abrigo. Quiero conocerlo en su bondad.

En la crisis, como en la batalla, se espera del Cristiano moderno que predique la Buena Nueva. Pero antes hay que partir, repartir y compartir lo que tenemos, sea mucho o poco, como el brebaje del capellán de la historia. Porque hablar, cualquiera puede.

Un capellán, cuentan, se aproximo a un herido en medio del fragor de la batalla y le pregunto:

- Quieres que te lea la Biblia?

- Primero dame agua que tengo sed, dijo el herido.

El capellán le convido el ultimo trago de su cantimplora, aunque sabia que no había mas agua en kilómetros a la redonda.

- ¿ Ahora?, pregunto de nuevo.

- Primero dame de comer, suplico el herido.

El capellán le dio el último mendrugo de pan que atesoraba en su mochila.

- Tengo frío, fue el siguiente clamor, Y el hombre de Dios se despojo de su abrigo de campaña pese al frío que calaba y cubrió amorosamente al lesionado.

- Ahora si, le dijo al capellán. Habla de ese Dios que te hizo darme tu ultima agua, tu ultimo mendrugo, y tu único abrigo. Quiero conocerlo en su bondad.

En la crisis, como en la batalla, se espera del Cristiano moderno que predique la Buena Nueva

La oruga

Una pequeña oruga caminaba un día en dirección al sol. Muy cerca del camino se encontraba un saltamontes. “¿Hacia donde te diriges?” – le preguntó -. Sin dejar de caminar, la oruga contestó: “Tuve un sueño anoche: soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo”. Sorprendido, el saltamontes dijo mientras su amigo se alejaba: “¡debes estar loco!, ¿cómo podrás llegar hasta aquel lugar?, ¿tú?, ¿una simple oruga? …. una piedra será una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco una barrera infranqueable”… pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó, su diminuto cuerpo no dejó de moverse. De pronto se oyó la voz de un escarabajo: “¿Hacia dónde te diriges con tanto empeño?” Sudando ya el gusanito, le dijo jadeante: “Tuve un sueño y deseo realizarlo, subir a esa montaña y desde ahí contemplar todo nuestro mundo”. El escarabajo no pudo soportar la risa, soltó la carcajada y luego dijo: “Ni yo, con patas tan grandes, intentaría realizar algo tan ambicioso”, y se quedó en el suelo tumbado de la risa mientras la oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros. Del mismo modo la araña, el topo y la rana le aconsejaron a nuestro amigo desistir. “¡No lo lograrás jamás!” le dijeron, pero en su interior había un impulso que lo obligaba a seguir. Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pernoctar. “Estaré mejor”, fue lo último que dijo y murió.

Todos los animales del valle fueron a mirar sus restos, ahí estaba el animal más loco del campo, había construido como su tumba un monumento a la insensatez, ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió por querer realizar un sueño irrealizable. Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una advertencia para los atrevidos. De pronto quedaron atónitos, aquella concha dura comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y unas antenas que no podían ser las de la oruga que creían muerta, poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas de mariposa de aquel impresionante ser que tenían en frente, el que realizaría su sueño, el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir. Todos se habían equivocado…

Dios nos ha creado para conseguir un ideal, vivamos por él, intentemos alcanzarlo, pongamos la vida en ello y si nos damos cuenta que no podemos, quizá necesitemos hacer un alto en el camino y experimentar un cambio radical en nuestras vidas y entonces, con nuevos bríos y con la gracia de Dios, lo lograremos.

“El éxito en la vida no se mide por lo que has logrado, sino por los obstáculos que has tenido que enfrentar en el camino”.

La otra mejilla

Existía un monasterio que estaba ubicado en lo alto de la montaña. Sus monjes eran pobres, pero conservaban en una vitrina tres manuscritos antiguos, muy piadosos. Vivían de su esforzado trabajo rural y fundamentalmente de las limosnas que les dejaban los fieles curiosos que se acercaban a conocer los tres rollos, únicos en el mundo. Eran viejos papiros, con fama universal de importantes y profundos pensamientos.

En cierta oportunidad un ladrón robó dos rollos y se fugó por la ladera. Los monjes avisaron con rapidez al abad. El superior, como un rayo, buscó la parte que había quedado y con todas sus fuerzas corrió tras el agresor y lo alcanzó: “¿Qué has hecho? Me has dejado con un solo rollo. No me sirve. Nadie va a venir a leer un mensaje que está incompleto. Tampoco tiene valor lo que me robaste. O me das lo que es del templo o te llevas también este texto. Así tienes la obra completa.” “Padre, estoy desesperado, necesito urgente hacer dinero con estos escritos santos”.El abad le dijo “Bueno, toma el tercer rollo. Si no se va a perder en el mundo algo muy valioso. Véndelo bien. Estamos en paz.” y lo dejó ir con el tesoro.

Los monjes no llegaron a comprender la actitud del abad. Estimaron que se había comportado débil con el rapaz, y que era el monasterio el que había perdido. Pero guardaron silencio, y todos dieron por terminado el episodio.

Cuenta la historia que a la semana , el ladrón regresó. Pidió hablar con el Padre Superior: ” Aquí están los tres rollos, no son míos. Los devuelvo. Te pido en cambio que me permitas ingresar como monje. Cuando me alcanzaste, todo me esperaba menos que tuvieras la generosidad como para darme el tercer rollo, la confianza en mí como para creer el valor de mi necesidad y que todavía me dijeras que estábamos en paz, perdonándome con mucha sinceridad. Eso me ha hecho cambiar. Mi vida se ha transformado”.

Nunca ese hombre, había sentido la grandeza del perdón, la presencia de la generosidad excelente. El abad recuperó los tres manuscritos para beneficio del monasterio, ahora mucho más concurrido por la leyenda del robo y del resarcimiento. Y además consiguió un monje trabajador y de una honestidad a toda prueba.

El agresor espera agresión, no una respuesta creativa, inesperada, insólita. No sospecha, la conmoción, del poder incalculable de poner la otra mejilla.

La paciencia

Una osa dio a luz un pequeño cachorro horriblemente feo.

No se reconocía en él ninguna forma de animal; era como una masa informe y repugnante. La osa, bien apesadumbrada teniendo tal hijo, fue en busca de su vecina la corneja, la cual cantaba a la sombra de un árbol murmurando de lo lindo.

-¡Mi buena comadre! -le dijo. ¿Qué he de hacer con mi cachorro? ¡Ganas me vienen de estrangularlo!

-¡Guardaos de hacerlo! -contestó la murmuradora. Yo he visto a otras osas en la misma situación embarazosa que vos. Id, pues; lamed dulcemente a vuestro hijo y le veréis hermoso y agraciado y os honrará.

La osa creyó fácilmente lo que le dijo la corneja su comadre en favor de su hijo y se esmeró cuidándolo; y el cachorro, poco a poco, pareció menos disforme.

Yendo luego a dar gracias a su comadre, le habló de esta suerte.

-Si no hubieseis moderado mi impaciencia hubiera desgarrado con seguridad al hijo que al presente constituye el placer de mi vida.

¿Cuál sería la moraleja de esta fábula?

El autor dice: ¡Cuánto bien impide la impaciencia y cuántos males causa!

La paloma y la hormiga

Obligada por la sed, una hormiga bajó a un manantial, y arrastrada por la corriente, estaba a punto de ahogarse.

Viéndola en esta emergencia una paloma, desprendió de un árbol una ramita y la arrojó a la corriente, montó encima a la hormiga salvándola.

Mientras tanto un cazador de pájaros se adelantó con su arma preparada para cazar a la paloma. Le vio la hormiga y le picó en el talón, haciendo soltar al cazador su arma. Aprovechó el momento la paloma para alzar el vuelo.

Siempre corresponde en la mejor forma a los favores que recibas. Debemos ser agradecidos.

La Perla

Jenny era una linda niña de cinco años de ojos relucientes. Un día mientras ella con su mamá visitaban la tienda, Jenny vio un collar de perlas de plástico que costaba 2.50 dólares. ¡Cuánto deseaba poseerlo! Preguntó a su mamá si se lo compraría, y su mamá le dijo: Hagamos un trato, yo te compraré el collar y cuando lleguemos a casa haremos una lista de tareas que podrás realizar para pagar el collar, ¿está bien? Jenny estuvo de acuerdo, y su mamá le compró el collar de perlas.

Jenny trabajó con tesón todos los días para cumplir con sus tareas. En poco tiempo Jenny canceló su deuda. ¡Jenny amaba sus perlas! Ella las llevaba puestas a todas partes: al kinder, a la cama, y cuando salía con su mamá.

Jenny tenía un padre que la quería muchísimo. Cuando Jenny iba a su cama, él se levantaba de su sillón favorito para leerle su cuento preferido. Una noche, cuando terminó el cuento, le dijo: “Jenny, ¿tú me quieres?”, “Oh, sí papá”. “Entonces, regálame tus perlas,” le pidió él. “¡Oh, papá! No mis perlas,” dijo Jenny. “Pero te doy a Rosita, mi muñeca favorita. ¿La recuerdas?, tú me la regalaste el año pasado para mi cumpleaños. Y te doy su ajuar también, ¿está bien, papá?”, “Oh, no hijita, está bien, no importa”, dándole un beso en la mejilla. “Buenas noches, pequeña”.

Una semana después, nuevamente su papá le preguntó al terminar el diario cuento: “Jenny, ¿tú me quieres?”, “Oh, sí papá, ¡tú sabes que te quiero!”, le dijo ella. “Entonces regálame tus perlas”. “¡Oh, papá! No mis perlas; pero te doy a Lazos, mi caballo de juguete. Es mi favorito, su pelo es tan suave y tú puedes jugar con él y hacerle trencitas”. “Oh, no hijita, está bien,” le dijo su papá en la mejilla, “Felices sueños.”

Algunos días después, cuando el papá de Jenny entró a su dormitorio para leerle un cuento, Jenny estaba sentada en su cama y le temblaban los labios, “toma papá” dijo, y estiró su mano. La abrió y en su interior estaba su tan querido collar, el cual entregó a su padre. Con una mano él tomó las perlas de plástico y con la otra extrajo de su bolsillo una cajita de terciopelo azul. Dentro de la cajita había unas hermosas perlas genuinas. Él las había tenido todo este tiempo, esperando que Jenny renunciara a la baratija para poder darle la pieza de valor.

Y así es también con nuestro Padre Celestial. Él está esperando que renunciemos a las cosas sin valor en nuestras vidas para darnos preciosos tesoros. ¿No es bueno el Señor? Esto me hace pensar las cosas a las cuales me aferró y me pregunto: ¿qué es lo que Dios me quiere dar en su lugar?

La puerta

Muchos de nosotros hemos visto la pintura de Cristo que lo representa llamando a la puerta de una casa con las siguientes palabras inscritas debajo de la figura: ” Mira que estoy a la puerta y llamo”.

Pero hay otra historia detrás de la pintura de ese cuadro. Cuando el artista lo terminó de pintar, llevó a su pequeño hijo a su estudio :

Hijito – le dijo – tu papito acaba de pintar éste cuadro. Te gusta?

El muchachito lo miró seriamente por unos momentos. ” Oh, sí, dijo el chiquillo, es muy bonito pero has cometido un error papito. Te has olvidado de algo.”

“He cometido un error.. me he olvidado de algo? dime qué fue lo que olvidé y dónde estás el error que cometí?”

“Bueno” respondió el hijo triunfalmente, “te olvidaste de colocar una perilla en la puerta pero está en la parte de adentro”.

El Señor ha dado el gran regalo de la libertad. La opción de decir sí o no a todo. Jesús, como en el cuadro, nos dice: “Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguien escucha mi voz y me abre, entraré a su casa, yo con él y él conmigo” .

Jesús, como todo un caballero, toca y espera y no se cansa de esperar que le abramos … por qué no pruebas y abres la puerta de tu corazón para que Jesús entre a morar contigo?

La puerta del corazón

Un hombre había pintado un lindo cuadro. El día de la presentación al público, asistieron las autoridades locales, fotógrafos, periodistas, y mucha gente, pues se trataba de un famoso pintor, reconocido artista.

Llegado el momento, se tiró el paño que revelaba el cuadro. Hubo un caluroso aplauso. Era una impresionante figura de Jesús tocando suavemente la puerta de una casa. Jesús parecía vivo. Con el oído junto a la puerta, parecía querer oír si adentro de la casa alguien le respondía.

Hubo discursos y elogios. Todos admiraban aquella preciosa obra de arte. Un observador muy curioso, encontró una falla en el cuadro. La puerta no tenía cerradura.

Y fue a preguntar al artista: “Su puerta no tiene cerradura, ¿Cómo se hace para abrirla?”

“Así es,” respondió el pintor. “Porque esa es la puerta del corazón del hombre. Sólo se abre por el lado de adentro”.

La raíz

Cerca de un arroyo de aguas frescas, había un pequeño bosque. Los árboles eran muy variados. Todos gastaban las energías en ser más altos y grandes, con muchas flores y perfumes, pero quedaban débiles y tenían poca fuerza para echar raíz.

En cambio un laurel dijo: “Yo, mejor voy a invertir mi savia en tener una buena raíz; así creceré y podré dar mis hojas a todos los que me necesiten”.

Los otros árboles estaban muy orgullosos de ser bellos; ¡en ningún lado había tantos colores y perfumes! Y no dejaban de admirarse y de hablar de los encantos de unos y otros, y así, todo el tiempo, mirándose y riéndose de los demás.

El laurel sufría a cada instante esas burlas. Se reían de él, presumiendo sus flores y perfumes, meneando el abundante follaje. -“¡Laurel!”, le decían, “¿para qué quieres tanta raíz? Mira, a nosotros, todos nos alaban porque tenemos poca raíz y mucha belleza. ¡Deja de pensar en los demás! ¡Preocúpate sólo de ti!”

Pero el laurel estaba convencido de lo contrario; deseaba amar a los demás y por eso tenía raíces fuertes.

Un buen día, vino una gran tormenta, y sacudió, sopló y resopló sobre el bosque. Los árboles más grandes, que tenían un ramaje inmenso, se vieron tan fuertemente golpeados que por más que gritaban no pudieron evitar que el viento los volteara. En cambio el pequeño laurel, como tenía pocas ramas y mucha raíz, apenas si perdió unas cuantas hojas. Entonces todos comprendieron que lo que nos mantiene firmes en los momentos difíciles, no son las apariencias, sino lo que está oculto en las raíces, dentro de tu corazón… allí en tu alma.

La Roca

Se le pidió a un célebre artista pintar un cuadro que representara la verdadera paz. El artista tomó su pincel y plasmó en el lienzo un mar agitado por una estruendosa tormenta. Las olas se levantaban en forma gigantesca y arrolladora. Entre las furiosas olas se alzaba una roca inmensa e inconmovible, en una de cuyas grutas había un pequeño nido. En el nido se veía echada, con serenidad y calma, una inocente avecilla que le brindaba calor y protección a sus polluelos. La tranquilidad de aquel nido, en medio de un embravecido mar es la manera más elocuente de describir la paz que disfrutan los que confían en el Señor. No es que no haya peligros, sino que en medio de la adversidad se levanta la roca invencible de nuestra salvación.

Cualquiera que sea la situación por la que estás atravesando, ten la plena confianza de que el Señor se levantará en medio de ese problema y será tu refugio, así que no pierdas la paz, sino que CONFIA EN DIOS.

Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; sé tú mi roca fuerte y fortaleza para salvarme, porque tú eres mi roca y mi castillo. Por tu nombre me guiarás y me encaminarás. Salmo 31.2-3

La sabiduría de un águila

El águila es el ave con mayor longevidad de esas especies. Llega a vivir 70 años, pero para llegar a esa edad, a los 40, debe tomar una seria y difícil decisión.

A los 40 años, sus uñas están apretadas y flexibles y no consigue tomar a sus presas de las cuales se alimenta. Su pico largo y puntiagudo, se curva, apuntando contra el pecho. Sus alas están envejecidas y pesadas y sus plumas gruesas. Volar se hace ya tan difícil! Entonces, el águila tiene solamente dos alternativas: morir o enfrentar un dolorido proceso de renovación que durara 150 días. Ese proceso consiste en volar hacia lo alto de una montaña y quedarse ahí, en un nido cercano a un paredón, en donde no tenga la necesidad de volar. Después de encontrar ese lugar, el águila comienza a golpear su pico en la pared hasta conseguir arrancarlo. Luego debe esperar el crecimiento de uno nuevo con el que desprenderá una a una sus uñas.

Cuando las nuevas uñas comienzan a nacer, comenzará a desplumar sus plumas viejas. Después de cinco meses, sale para su vuelo de renovación y a vivir 30 años más.

En nuestras vidas, muchas veces tenemos que resguardarnos por algún tiempo y comenzar un proceso de renovación para continuar un vuelo de victoria, debemos desprendernos de costumbres, tradiciones y recuerdos que nos causaron dolor. Solamente libres del peso del pasado podremos aprovechar el resultado valioso que una renovación siempre trae.

La senda

Una mujer y su hijo vivían entre las colinas; este era su primer y único hijo. Un día el niño enfermó y murió de una fiebre, mientras el médico lo vigilaba.

La madre, desconsolada por la tristeza, gritó al médico:

-Dime, dime, ¿qué es lo que debilitó su fortaleza y silenció su canción?

El médico respondió: -Fue la fiebre.

Y la madre insistió: -¿Qué es la fiebre?

Y también el médico respondió:-No puedo explicártelo. Es algo infinitamente pequeño que entra en el cuerpo y que es invisible a nuestros ojos humanos.

Luego el médico se fue y ella continuó repitiendo para sí:

-Algo infinitamente pequeño que es invisible a nuestros ojos humanos.

Por la tarde, el sacerdote llegó para consolarla. Y ella lloró y se lamentó diciendo: -¡Oh!¿Porqué he perdido a mi hijo, mi único hijo, mi primer hijo?

Y el sacerdote respondió: -Hija mía, es la voluntad de Dios.

-¿Qué es Dios y dónde está Dios? -preguntó entonces la mujer-.

“Quiero ver a Dios y rasgarme el pecho delante de El y hacer brotar a sus pies, sangre de mi corazón. Dime dónde encontrarlo.”

-Dios es infinitamente grande -contestó el sacerdote-. Es invisible a nuestro ojos humanos.

-¡Lo infinitamente pequeño asesinó a mi hijo por voluntad de lo infinitamente grande! -gritó la mujer-… Dime, ¿qué somos nosotros?

En ese momento entró la madre de la mujer, con el sudario para el niño muerto, y al oír las palabras del sacerdote y el llanto de su hija, depositó el sudario

y tomó entre sus manos la mano de su hija, diciéndole:

-Hija mía, nosotros mismos somos lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande, y también nosotros mismo somos la senda entre ambos.

La silla

La hija de un hombre le pidió al sacerdote que fuera a su casa a hacer una oración para su padre que estaba muy enfermo. Cuando el sacerdote llegó a la habitación del enfermo, encontró a este hombre en su cama con la cabeza alzada por un par de almohadas. Había una silla al lado de su cama, por lo que el sacerdote asumió que el hombre sabía que vendría a verlo.

“Supongo que me estaba esperando”, le dijo.

“No, ¿quién es usted?”, dijo el hombre.

“Soy el sacerdote que su hija llamó para que orase con usted; cuando vi la silla vacía al lado de su cama supuse que usted sabía que yo estaba viniendo a verlo”.

“Oh sí, la silla”, dijo el hombre enfermo, ¿le importa cerrar la puerta?” El sacerdote sorprendido la cerró. “Nunca le he dicho esto a nadie, pero toda mi vida la he pasado sin saber cómo orar. Cuando he estado en la iglesia he escuchado siempre al respecto de la oración, que se debe orar y los beneficios que trae,  pero siempre esto de las oraciones me entró por un oído y salió por el otro pues no tengo idea de cómo hacerlo. Entonces hace mucho tiempo abandoné por completo la oración.”

“Esto ha sido así en mí hasta hace unos cuatro años, cuando conversando con mi mejor amigo me dijo: José, esto de la oración es simplemente tener una conversación con Jesús. Así es como te sugiero que lo hagas: te sientas en una silla y colocas otra silla vacía enfrente tuyo, luego con fe miras a Jesús sentado delante de ti. No es algo alocado el hacerlo pues él nos dijo: “Yo estaré siempre con ustedes”. Por lo tanto, le hablas y lo escuchas, de la misma manera como lo estás haciendo conmigo ahora mismo”.

“Es así que lo hice una vez y me gustó tanto que lo he seguido haciendo unas dos horas diarias desde entonces”. Siempre tengo mucho cuidado que no me vaya a ver mi hija pues me internaría de inmediato en la casa de los locos.”

El sacerdote sintió una gran emoción al escuchar esto y le dijo a José que era muy bueno lo que había estado haciendo, y que no cesara de hacerlo,. Luego hizo una oración con él, le extendió una bendición y se fue a su parroquia.

Dos días después, la hija de José llamó al sacerdote para decirle que su padre había fallecido. El sacerdote le preguntó: “¿Falleció en paz?”

“Sí, cuando salí de la casa a eso de las dos de la tarde me llamó y fui a verlo a su cama, me dijo lo mucho que me quería y me dio un beso. Cuando regresé de hacer compras una hora más tarde ya lo encontré muerto.”

“Pero hay algo extraño al respecto de su muerte, pues aparentemente justo antes de morir se acercó a la silla que estaba al lado de su cama y recostó su cabeza en ella, pues así lo encontré. ¿Qué cree usted que pueda significar esto?”

El sacerdote se secó las lágrimas de emoción y le respondió: “Ojalá que todos nos pudiésemos ir de esa manera.”

La taza

“… Se cuenta que alguna una vez, en Inglaterra, existía una pareja que gustaba de visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres. Una de sus tiendas favoritas era una en donde vendían vajillas antiguas. En una de sus visitas a la tienda vieron una hermosa tacita. “Me permite ver esa taza?”, Preguntó la Señora, “nunca he visto nada tan fino como eso!” En cuanto tuvo en sus manos la taza, escuchó que la tacita comenzó a hablar. La tacita le comentó:”Usted no entiende! Yo no siempre he sido esta taza que usted está sosteniendo! Hace mucho tiempo yo sólo era un montón de barro amorfo. Mi creador me tomó entre sus manos y me golpeó y me amoldó cariñosamente. Llegó un momento en que me desesperé y le grité: “Por favor!! Ya déjame en Paz!”. Pero sólo me sonrió y me dijo: “aguanta un poco más, todavía no es tiempo.”Después me puso en un horno. Yo nunca había sentido tanto calor! Me pregunté por qué mi creador querría quemarme, así que toqué la puerta del horno. A través de la ventana del horno pude leer los labios de mi creador que me decían: “aguanta un poco más, todavía no es tiempo.” Finalmente se abrió la puerta. Mi creador me tomó y me puso en una repisa para que me enfriara.”Así está mucho mejor!” me dije a mí misma, pero apenas y me había refrescado cuando mi creador ya me estaba cepillando y pintándome. El color de la pintura era horrible! Sentía que me ahogaría! “Por favor detente!” le gritaba yo a mi creador, pero él sólo movía la cabeza haciendo un gesto negativo y decía “aguanta un poco más, todavía no es tiempo.”Al fin dejó de pintarme; pero esta vez me tomó y me metió nuevamente a otro horno! No era un horno como el primero, sino que era mucho más caliente! Ahora sí estaba segura que me sofocaría! Le rogué y le imploré que me sacara! Grité, lloré, pero mi creador sólo me miraba diciendo “aguanta un poco más, todavía no es tiempo.”En ese momento me di cuenta que no había esperanza! Nunca lograría sobrevivir a ese horno! Justo cuando estaba a punto de darme por vencida se abrió la puerta y mi creador me tomó cariñosamente y me puso en una repisa que era aún más alta que la primera. Allí me dejó un momento para que me refrescara. Después de una hora de haber salido del segundo horno, me dio un espejo y me dijo: “Mírate! Esta eres tú!” Yo no podía creerlo! Esa no podía ser yo! Lo que veía era hermoso! Mi creador nuevamente me dijo: “Yo sé que te dolió haber sido golpeada y amoldada por mis manos, pero si te hubiera dejado como estabas, te hubieras secado. Sé que te causó mucho calor y dolor estar en el primer horno, pero de no haberte puesto allí, seguramente te hubieras estrellado. También sé que los gases de la pintura te provocaron muchas molestias, pero de no haberte pintado tu vida no tendría color. Y si yo no te hubiera puesto en ese segundo horno, no hubieras sobrevivido mucho tiempo, porque tu dureza no habría sido la suficiente para que subsistieras. Ahora tú res un producto terminado! Eres lo que yo tenía en mente cuando te comencé a formar!”.

Igual pasa con nosotros.

Dios nunca nos va a tentar ni a obligar a que vivamos algo que no podamos aportar. Dios sabe lo que está haciendo con cada uno de nosotros. Él es el artesano y nosotros somos el barro con el cual Él trabaja. Él nos amolda y nos da forma para que lleguemos a ser una pieza perfecta y podamos cumplir con su voluntad.

La tienda

Hace mucho tiempo caminaba por el sendero de la vida, y encontré un letrero que decía “La Tienda del Cielo”.

Me acerqué y la puerta se abrió lentamente. Cuando me di cuenta, ya estaba adentro. Vi muchos ángeles parados en todas partes. Uno de ellos me entregó una canasta, y me dijo “Ten… compra con cuidado, todo lo que un cristiano necesita está en la tienda”.

Primero compré PACIENCIA, el AMOR estaba en la misma fila. Más abajo había COMPRENSION que se necesita por donde yo vaya. Compré dos cajas de SABIDURIA y dos bolsas de FE. Me encantó el paquete del PERDÓN. Me detuve a comprar FUERZA y CORAJE para ayudarme en esta carrera que es la vida. Yo tenía casi lista la canasta cuando recordé que necesitaba GRACIA y que no podía olvidar la SALVACION, que la ofrecían gratis. Entonces, tomé bastante para salvarme a mi y salvarte a ti. Camine hacia abajo para pagar la cuenta, pues creí que ya tenía todo lo que el cristiano necesita. Pero cuando iba a llegar a la caja, vi la ORACION y la puse en mi canasta repleta, porque sabía que cuando saliera, la iba a usar…

La PAZ y la FELICIDAD estaban en los estantes pequeños a lado de la caja, y aproveché para tomarlas. La ALEGRIA colgaba del techo y arranqué una para mí.

Al fin llegué al cajero y le pregunté:- ¿Cuánto le debo? Él sonrió y me contestó “Lleva tu canasta a donde vayas”

-¿Sí, pero cuanto le debo?- le repliqué.

El otra vez me sonrió y me dijo- No te preocupes, Jesús pagó tu deuda hace mucho tiempo.

La tristeza y la furia

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta…

En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas…

Había una vez un estanque maravilloso.

Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente…

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia. Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos, entraron al estanque. La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua. Pero la furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró… Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza… Y así vestida de tristeza, la furia se fue. Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque. En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba. Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta, es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia. Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos, es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad está escondida la tristeza.

La vaquita

Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de las visitas, también de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que tenemos de estas experiencias.

Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes, una pareja y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado; entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó: En este lugar no existen señales de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?

El señor calmadamente respondió: “Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros generoso alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo.”

El sabio agradeció la información, contemplo el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. En medio del camino, volteó hacia su fiel discípulo y le ordenó: “Busque la vaquita, llévela al precipicio de allá enfrente y empújela al barranco.”

El joven espantado vio al maestro y le cuestionó. Mas como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedo grabada en la memoria de aquel joven durante algunos años.

Un día el joven resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con carro en el garaje de tremenda casa y algunos niños jugando en el jardín.

Espantado el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hace algunos años con el maestro. Elogió el lugar y le pregunto al señor (el dueño de la vaquita): “¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?”

El señor entusiasmado le respondió: “Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió; de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora.”

La Ultima Cena

La Ultima Cena fue pintada por Leonardo Da Vinci, el tiempo que le llevo terminar de pintar el cuadro fue de siete años y las figuras que le sirvieron como modelo para representar a los doce y al mismo Cristo fueron personas, escogiéndose primeramente a la figura que seria Judas Iscariote.

Recordaran que este fue el apóstol que traiciono a su Maestro, por treinta pesos de plata, semana tras semana Da Vinci busco un rostro marcado por las huellas de la deshonestidad, avaricia, hipocresía, y crimen. Una cara que reflejara el carácter de alguien, quien traicionaría a su mejor amigo.

Después de pasar de por muchas experiencias desalentadoras, en su búsqueda por el tipo de persona requerida para presentar a Judas, información vino a Da Vinci, de un hombre cuya apariencia satisfacía completamente todas las respuestas, se le había encontrado en Roma, sentenciado a morir por una vida de vileza y crimen.

Da Vinci emprendió el viaje sin demora a Roma y se llevo a este hombre de la prisión a plena luz de sol. Era un joven de piel obscura, sucio y su pelo lucia largo y descuidado, representaba perfectamente el papel de Judas para su pintura.

Mediante un permiso especial del Rey, se traslado al prisionero a Milán, donde se pintaría el cuadro, durante meses este hombre poso para Da Vinci y continuamente se esforzaba por plasmar en su pintura a este modelo.

Al terminar volvió la mirada a los guardias, y dijo “He terminado, se pueden llevar al prisionero”, al llevárselo los guardias, el prisionero se soltó repentinamente y corrió hacia Da Vinci y llorando amargamente le dijo: Por Favor dame una oportunidad, verdaderamente me sentí Judas Iscariote, por la vida que he llevado, no me pagues nada solamente déjame en libertad, a Leonardo le sorprendió la cara de arrepentimiento de este hombre y lo dejo libre.

Aproximadamente durante seis años, Da Vinci continuo laborando en su sublime obra de arte, uno a uno se seleccionaron los personajes cuyas características se asemejaran a las de los doce apóstoles, dejando de lado a la figura que representaría a Jesús, el cual seria el personaje mas importante de su pintura.

Se examinaron detalladamente a ciertos jóvenes que podían representar a Jesús, esforzándose por encontrar un rostro cuya personalidad reflejara inocencia y pureza, que estuviera libre de las huellas del pecado, un rostro que emanara belleza, finalmente después de semanas de intensa búsqueda se selecciono a un joven de 33 años de edad, el representaría a Cristo, durante seis meses Leonardo trabajo en el personaje principal de su obra.

Al terminar se acerco al joven para pagarle por sus servicios, este no aceptándole el dinero y con una sonrisa le dijo ¿Que no me reconoces?, Da Vinci contestándole le dijo en mi vida te he visto, acepta este dinero, ¿Cómo podría cobrarte? Si hace seis años, me diste una oportunidad y yo la aproveche para entregársela a Cristo.

Abandonándonos en el amor de Cristo puede transformar nuestra vida por completo, esta es una historia que si bien quisieras podría ser tu historia.

La vasija agrietada

Un cargador de agua en la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo que el llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía una grieta, mientras que la otra era perfecta y entregaba el agua completa al final del largo camino a pie desde el arroyo hasta la casa de su patrón.

Cuando llegaba, la vasija rota solo contenía la mitad del agua. Por dos años completos esto fue así diariamente. Desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, perfecta para los fines para la cual fue creada.

Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque solo podía conseguir la mitad de lo que se suponía debía hacer. Después de dos años le habló al aguador diciéndole: “Estoy avergonzada de mi misma y me quiero disculpar contigo”… por qué? le preguntó el aguador.

Porque debido a mis grietas, solo puedes entregar la mitad de mi carga. Debido a mis grietas, solo obtienes la mitad del valor de lo que deberías. El aguador se sintió muy apesadumbrado por la vasija y con gran compasión le dijo: “cuando regresemos a la casa del patrón quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.

Así lo hizo y en efecto vio muchísimas flores hermosas a todo lo largo, pero de todos modos se sintió muy apenada porque al final solo llevaba la mitad de su carga. El aguador le dijo: Te diste cuenta de que las flores solo crecen en tu lado del camino?, siempre he sabido de tus grietas y quise obtener ventaja de ello, sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde tú vas y todos los días tú las has regado. Por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi maestro. Sin ser exactamente como eres, El no hubiera tenido esa belleza sobre su mesa.

Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas, pero si le permitimos a Dios utilizar nuestras grietas para decorar la mesa de su Padre…” En la gran economía de Dios, Nada se desperdicia”.

La vela y el sol

La noche del 5 de abril de 1754 moría Catalina Thomas en la ciudad de Palma, Mallorca. En el cuarto había tal oscuridad que alguien suplicó:

- A ver quien trae una vela por favor.
La moribunda aclaró: – Traigan alguna vela para ustedes; por lo que a mí respecta, el sol como nunca esta brillando.

“La luz del sol se volverá siete veces más brillante” (Is 30, 26; Mt 13, 24ss; Hechos 26, 1ss) ¿Qué tan grande es tu fe? ¿Vas caminando en la vida en busca de esa Luz?

La ventana

Había una vez dos hombres, los dos con enfermedades graves, en la misma pequeña habitación de un gran hospital. Pese a ser una habitación minúscula, tenía una ventana que miraba al mundo. A uno de los hombres, como parte de su tratamiento, se le permitía sentarse en la cama durante una hora por la tarde(algo relacionado con la extracción de liquido de sus pulmones). Su cama estaba junto a la ventana. Pero el otro hombre debía pasar todo el tiempo acostado boca arriba. Todas las tardes, cuando el hombre que estaba al lado de la ventana se instalaba para su hora, pasaba el tiempo describiendo lo que veía afuera. Al parecer, la ventana daba a un parque en el que había un lago. En el había patos y cisnes y los chicos se acercaban para arrojarles pan y hacer navegar sus barquitos. Los enamorados caminaban tomados de la mano junto a los árboles y había flores y canteros de césped y juegos. Y al fondo, detrás de la hilera de árboles, se veía un espléndido panorama de la ciudad recortada contra el cielo.

El hombre acostado escuchaba las descripciones que le hacia el otro hombre, disfrutando cada minuto. Oía que un chico casi se había caído al lago y que lindas estaban las chicas con sus vestidos de verano. Las descripciones de su amigo, en definitiva, le hacían sentir que prácticamente podía ver lo que pasaba afuera.

Una tarde muy agradable, se le ocurrió: ¿Por qué el hombre de la ventana debía tener todo el placer de ver que pasaba?, ¿Por qué no iba a tener el una oportunidad? Se sintió avergonzado, pero cuanto mas trataba de no pensar así, más quería el cambio.- ¡Haría cualquier cosa! Una noche, mientras miraba el techo, el otro hombre se despertó de repente con tos y ahogos, y trato desesperadamente de alcanzar el botón para llamar a la enfermera. Pero el hombre lo observo sin moverse, incluso cuando el sonido de la respiración se detuvo.

A la mañana, la enfermera encontró al otro hombre muerto y en silencio se llevaron su cadáver. Cuando lo considero oportuno, el hombre preguntó si no podían cambiarlo a la cama que estaba al lado de la ventana. Lo trasladaron, lo instalaron y lo pusieron cómodo. En cuanto se hubieron ido, con dificultad y laboriosamente se incorporó y se asomó por la ventana.¡Enfrente había una pared blanca…!

!Muchas veces hacemos daño a gente sin motivo, cuando lo único que trata es de animarnos y de que veamos la vida de la mejor manera.

La verdad llega con su luz

Les preguntó Hu-Ssong a sus discípulos:

-¿Que opinión debe importarle más a un hombre?

-La de los otros hombres-respondió uno.

-La de su familia-opinó otro.

-La de sus amigos-aventuró un tercero.

Dijo Hu-Ssong:

-Todas esas opiniones son muy importantes, pero ninguna más que la propia opinión. A los demás los podemos engañar, a nosotros mismos no. Tarde o temprano la verdad llega con su luz.

Entonces nos vemos cuales somos y nos juzgamos sin error. Tal es el juicio final.

No importa nada que todos los hombres digan bien de mí si de mí mismo pienso mal. Y nada importa que todo el mundo piense mal de mí si yo aprobé mi examen de conciencia.

Los estudiantes quedaron en silencio. Entendieron que el tribunal superior lo lleva cada quien dentro de sí.

La vida

La vida es oportunidad, aprovéchala.

La vida es belleza, admírala.

La vida es beatitud, saboréala.

La vida es un sueño, hazlo realidad.

La vida es un reto, afróntalo.

La vida es un deber, cúmplelo.

La vida es un juego, juégalo.

La vida es preciosa, cuídala.

La vida es riqueza, consérvala.

La vida es amor, gózalo.

La vida es un misterio, devélalo.

La vida es promesa, cúmplela.

La vida es tristeza, supérala.

La vida es un himno, cántalo.

La vida es un combate, acéptalo.

La vida es una tragedia, domínala.

La vida es aventura, arrástrala.

La vida es felicidad, merécela.

La vida es vida, defiéndela.

La vida con amor lo es todo

La justicia con Amor te hace justo, sin Amor te hace duro.

La amabilidad con Amor te hace agradecido, sin Amor te hace hipócrita.

La inteligencia con Amor te hace servicial, sin Amor te hace cruel.

La agudeza con Amor te hace agradable, sin Amor te hace agresivo.

La autoridad con Amor te hace amable, sin Amor te hace déspota.

La amistad con Amor te hace generoso, sin Amor te hace interesado.

El apostolado con Amor te hace un maestro, sin Amor te hace un tipo extraño.

La alegría con Amor te hace altruista, sin Amor te hace egoísta.

La libertad con Amor te hace libre, sin Amor te hace despiadado.

Tus éxitos con Amor te hacen crecer, sin Amor te hacen orgulloso.

Tus enseñanzas con Amor te hacen admirable, sin Amor te hacen arrogante.

La vida con amor, lo es todo, sin amor, no vale nada.

La vida duele…

La vida duele. Si, sin duda, la vida duele muchas veces. Para la sociedad y en lo individual, la vida esta cargada de momentos difíciles donde lo único que queda es seguir adelante; no simplemente en darle la vuelta a la gran piedra que nos estorba en el camino, sino en cargar la piedra, empujarla a un lado, llevarla adonde no estorbe a los viajeros que vienen detrás.

“La vida”, escuche decir hace muchos años a mi anciano profesor de historia, “son dos pelotas rebotando en las paredes de un cuarto cerrado; es el movimiento de verlas, y sentirlas, en su viaje constante y ante el siempre inminente peligro de chocar entre ellas y salir disparadas en dirección contraria adonde iban, para continuar el movimiento, para volver a nueva cuenta a ese juego de desplazamiento y a la siguiente interrogante del momento del futuro choque; eso es la vida, el drama de las consecuencias, y cuando estas pelotas finalmente pierden el impulso, cuando terminan por quedarse quietas, una de ellas en el rincón izquierdo y la otra, quizás, en el centro de la habitación, entonces ha concluido el drama, todo es quietud y silencio, y la vida ya no existe entonces ahí”. Si, sin duda, la inmovilidad y el silencio es lo contrario de la vida, y por consecuencia lo es también el no afrontar los riesgos o alzar la voz para negarse a aquellas circunstancias que a su vez detienen el desarrollo de la vida humana y su entorno, sean estos animales, vegetación, limpieza de la atmósfera o conocimiento, pues durante todos los días transcurridos desde la aparición del ser humano sobre la tierra de nuestro planeta, una y mil causas continuamente han surgido también para rechazar la continuidad de la especie. Y quizás sean precisamente esos momentos difíciles, tanto en lo individual como en lo social, los que, al ser superados, le han proporcionado valor al hecho de poder seguir contemplando el día de mañana, con dignidad.

La labor del ser humano sobre la tierra en la cual habita, entonces, no puede ser otra que la de aportar día a día su esfuerzo y entusiasmo personales de la mejor manera posible; cumplir con las obligaciones de cada quien según sus capacidades, el grano de conocimiento y el grano de talento y el grano de alegría que permitan llegar al final de la jornada con la satisfacción de haber cumplido el cometido. Mañana otra vez aparecerán los momentos difíciles, no podemos esperar lo contrario, sin embargo esos serán los del día de mañana, y entonces, si se ha cumplido a satisfacción con cada hora transcurrida, sabremos que también a esos, cuando lleguen, los podremos superar.

La vida es preciosa

El profesor pidió silencio y la total atención de la clase.“Damas y caballeros”, comenzó, “pronto serán doctores. Ahora, vamos a suponer que tienen frente a ustedes a una pareja que necesita consejos. El esposo tiene sífilis y la esposa tiene tuberculosis. Ellos tienen 4 hijos que viven: uno es ciego, otro es sordo y mudo, otro tiene tuberculosis y el cuarto está deforme”.

“Ahora la madre está esperando de nuevo. Ambos el esposo y la esposa aceptan la posibilidad de un aborto, pero les dejan la decisión final a ustedes.” “Doctores, ¿qué les aconsejarían? Bajo tales circunstancias, ¿deberían tener el aborto?”

Se dejó que la clase tuviera unos minutos para meditarlo y luego se hizo una votación. La mayoría de los estudiantes estaban en favor del aborto en dichas circunstancias.“Felicidades”, dijo el profesor a los estudiantes, “acaban ustedes de abortar a Beethoven.

Una madre de tres hijos llega con el médico para decirle que quiere abortar al niño que lleva en su vientre. “No tengo con que mantener a cuatro” dijo despreocupada.

El médico dijo, “porque no deja que nazca su hijo, y ya que veamos cual de los cuatro es el más feo, ¡lo matamos!

Ladrillazo

Un joven y exitoso ejecutivo paseaba a toda velocidad en su auto Jaguar último modelo, con precaución de no toparse con un chico cruzando la calle sin mirar, y al bajar la velocidad; sintió un estruendoso golpe en la puerta, y al bajarse vio que un ladrillo le había estropeado la pintura, carrocería y vidrio de la puerta de su lujoso auto.

Trancó los frenos, dio un brusco giro de 180 grados; y regresó a toda velocidad a donde vio salir el ladrillo que acababa de desgraciar lo hermoso que lucía su exótico auto.

Salió del auto de un brinco y agarró por los brazos a un chiquillo, y empujándolo hacia un auto estacionado; le gritó a toda voz: ¿Qué rayos fue eso?

¿Quién eres tú? ¿Qué crees que haces con mi auto? Y enfurecido casi botando humo, continuó gritándole al chiquillo: !Es un auto nuevo, y ese ladrillo que lanzaste va a costarte caro! ¿Por qué hiciste eso?

“Por favor, Señor, por favor. Lo siento mucho! no sé que hacer”, suplicó el chiquillo.” Le lancé el ladrillo porque nadie se detenía..lágrimas bajaban por sus mejillas hasta el suelo, mientras señalaba hacia alrededor del auto estacionado.

“Es mi hermano”, le dijo. Se descarriló su sillón de ruedas y se cayó al suelo y no puedo levantarlo”. Sollozando, el chiquillo le preguntó al ejecutivo: “Puede usted, por favor; ayudarme a sentarlo en su silla? Está golpeado, y pesa mucho para mí solito”. Soy pequeño.

Visiblemente impactado por las palabras del chiquillo, el ejecutivo tragó grueso el taco que se le formó en su garganta.

Indescriptiblemente emocionado por lo que acababa de pasarle, levantó al joven del suelo y lo sentó en su silla nuevamente sacando su pañuelo de seda para limpiar un poco las cortaduras y el sucio de sobre las heridas del hermano de aquel chiquillo especial. Luego de verificar que se encontraba bien, miró; y el chiquillo le dio las gracias con una sonrisa que no tiene posibilidad de describir nadie… “Dios lo bendiga, señor… y muchas gracias” le dijo.

El hombre vio como se alejaba el chiquillo empujando trabajosamente la pesada silla de ruedas de su hermano, hasta llegar a su humilde casita.

El ejecutivo no ha reparado aún la puerta del auto, manteniendo la hendidura que le hizo el ladrillazo; para recordarle el no ir por la vida tan de prisa que alguien tenga que lanzarle un ladrillo para que preste atención.

DIOS nos susurra en el alma y en el corazón. Hay veces que tiene que lanzarnos un ladrillo a ver si le prestamos atención.

Escoge: Escucha el susurro… o el ladrillazo.

Las cajas de Dios

Tengo en mis manos dos cajas que Dios me ha dado para que sostenga. El me dijo: “Pon todas tus penas en la negra y todas tus alegrías en la dorada”.

Yo escuché sus palabras y en ambas cajas guardé mis alegrías y mis tristezas. Pero la dorada se fue poniendo más pesada y la negra estaba tan liviana como antes.

Con curiosidad abrí la caja negra para saber por qué seguía tan liviana y encontré, en el fondo de la caja, un hueco por el cual se habían caído todas mis tristezas. Mostré a Dios el hueco y reflexioné en voz alta: “¿Me pregunto dónde habrán ido mis penas?.

El me sonrió: “Hijo mío, todas tus penas están conmigo”. Le pregunté: “Señor, ¿por qué me has dado las cajas, por qué la dorada y la negra con un hueco?. “Hijo mío, la dorada es para que cuentes tus bendiciones, la negra es para que olvides todas tus penas”.

Las cosas importantes

Un experto de empresas en Gestión del Tiempo quiso sorprender a los asistentes a su conferencia. Sacó de debajo del escritorio un frasco grande de boca ancha; lo colocó sobre la mesa junto a una bandeja que contenía piedras del tamaño de un puño y preguntó: ¿ Cuántas piedras creen que caben en el frasco? Luego que los asistentes hicieron sus conjeturas, empezó a meter piedras que llenaron el frasco. De nuevo preguntó el experto: ¿está lleno?. Todo el mundo lo miró y asintió. Entonces, sacó de debajo de la mesa un cubo con piedras más pequeñas, metió parte de esas piedras en el frasco, y lo agitó; las piedrecillas penetraron por los espacios que dejaban las piedras grandes.

El experto sonrió con ironía y repitió: ¿está lleno?, esta vez los oyentes dudaron: ¡tal vez no!. ¡Bien! y puso en la mesa un cubo con arena que comenzó a volcar en el frasco. La arena se filtró en los pequeños recovecos que dejaban las piedrecillas y la grava. ¿está lleno?, preguntó de nuevo, ¡No! exclamaron los asistentes; bien dijo, y cogió una jarra con un litro de agua y la comenzó a verter en el frasco. El frasco aún no rebosaba. Bueno, preguntó: ¿qué hemos demostrado hoy?, un participante respondió: que no importa lo llena que esté tu agenda, si lo intentas, siempre puedes hacer que quepan más cosas. ¡No!, concluyó el experto: lo que esta demostración nos enseña es que si no colocas las piedras grandes primero, no podrás colocarlas después. ¿Cuáles son las grandes piedras en tu vida, Dios, tu fe y práctica religiosa, tus valores morales, tus hijos, padres, amigos, tus sueños, tu salud, la persona amada, tus hermanos carnales y tus semejantes más próximos?. Recuerda ponlas primero, y el resto encontrará su lugar.

Las cosas no siempre son lo que parecen

Dos ángeles que viajaban pararon a pasar la noche en el hogar de una familia rica. La familia era grosera y rechazo la estancia de los ángeles en el cuarto de huéspedes de la mansión. En su lugar, los ángeles fueron hospedados en un espacio frío del sótano. Hicieron su cama en el suelo duro, entonces, el ángel mas viejo vio un agujero en la pared y lo reparó.

Cuando el ángel más joven le preguntó por qué lo hizo, el ángel viejo le contestó que “las cosas no son siempre lo que parecen”.

La noche siguiente, los ángeles se hospedaron en un hogar muy pobre, pero el granjero y su esposa eran muy hospitalarios. Después de compartir el poco alimento que tenían, los esposos dejaron dormir a los ángeles en la cama de ellos para que estuvieran cómodos el resto de la noche. Cuando el sol salió a la mañana siguiente los ángeles encontraron al granjero y a su esposa hechos pedazos: su única vaca, de la cual obtenían dinero por su leche, posaba muerta en el campo.

El ángel joven se molestó y le preguntó al ángel viejo por qué dejó que esto sucediera. El primer hombre tenía todo y le ayudaste, la segunda familia tenía muy poco y estaban dispuestos a compartir todo y dejaste morir a su única vaca. “Las cosas no siempre son lo que aparentan” le contestó el viejo ángel.

Cuando permanecíamos en el sótano de la mansión, noté que había oro en ese agujero de la pared. Puesto que el propietario era tan obsesionado, avaro y poco dispuesto a compartir su buena fortuna, selle la pared para que el jamás lo encuentre.

Entonces, ayer en la noche cuando nos dormimos en la cama de los granjeros, el ángel de la muerte vino por su esposa. Le di la vaca en lugar de ella.

“Las cosas no son siempre lo que parecen”.

Esto es a veces exactamente lo que sucede cuando las cosas no resultan de la manera que esperamos.

Si tienes fe, necesitas confiar en ese resultado y esta será tu única ventaja.

Puede ser que no lo sepas hasta tiempo más adelante.

Piensa de esto:

- Si te es difícil conseguir dormir esta noche, apenas recuerda a la familia sin hogar que no tiene ninguna ni una cama para dormir.

- Si te encuentras atorado en el tráfico no te desesperes, hay gente en este mundo para la cual conducir seria un privilegio.

- Si tienes un mal día en el trabajo piensa en el hombre que lleva tres meses buscando trabajo.

- Si te desesperas por lo mal que te ha ido con tu pareja, piensa en la persona que nunca ha conocido el amor.

- Si te afliges pasar de otro fin de semana, piensa en la mujer en los estrechos calamitosos, trabajando doce horas al día, siete días a la semana, para que $50 pesos alimenten a su familia.

- Si tu coche te deja millas lejos de pedir ayuda. Piensa en el paralítico quien pedía la oportunidad de tomar esa caminata.

- Si notas un pelo gris nuevo en el espejo; Piensa en el paciente con cáncer que desea tener pelo.

- Si te encuentras víctima de la amargura de la gente, ignorancia, pequeñez o inseguridades; Recuerda que las cosas podrían ser peores. Tu podrías ser una de ellas.

Las ejecutivas del hogar

En cierta ocasión, un grupo de mujeres reunidas una tarde tomando café, presumían un poco de sus logros profesionales.

Una hablaba de la maestría que estaba sacando, otra del puesto en una compañía importante, otra de su propio negocio y así todas fueron hablando de sus ascensos y logros.

Entre el grupo había una señora muy callada a la que le preguntaron a qué se dedicaba; ella con un tono de vergüenza respondió que se dedicaba al hogar, era Ama de Casa.

Una psicóloga que estaba presente salió inmediatamente en su defensa y le dijo: “¿Qué sería de este mundo si se hubieran extinguido esas valientes Madres de Familia?” y le recordó que la empresa de la que ella era presidenta, gerente y operaria jamás se podría igualar. Una madre en el único lugar que es insustituible es en su propio hogar.

Profesión de una Madre: Es la constructora de la base de la sociedad. Cualquier mujer puede ser sustituida en cualquier cargo laboral, menos en su propio hogar.

La sociedad consumista ha hecho que se menosprecie su labor porque aparentemente no produce ingresos a la familia. No hay nada más equivocado, pues una madre es la cabeza de la institución que representa la base de la sociedad. La Empresa que dirige se llama FAMILIA y su producción es nada menos que todos los hombres y mujeres profesionales del futuro..

De esta FAMILIA salen los futuros profesionistas.

Cuando una madre cura las raspaduras de su hijo en las rodillas o es chofer de ellos en las tardes o va al supermercado para que todos tengan algo que comer, es en ese momento que ocupa el cargo de “GERENTE DE SERVICIOS GENERALES”.

Cuando la vemos explicando difíciles divisiones con decimales a sus hijos o enseñándoles educación y respeto ocupa el cargo de “GERENTE DE RECURSOS HUMANOS”

Cuando se le oye hablar de todas las cualidades de sus hijos, es una “GERENTE DE MERCADEO”, pues nadie cree tanto en su producto como una madre de sus hijos.

Su Horario: ILIMITADO

Su turno laboral puede empezar en la madrugada con el llanto del bebe con hambre, puede seguir el resto del día encargándose de que todo en la casa funcione bien.

Por la tarde es chofer, la profesora de sus hijos. Por la noche, la esposa amorosa que escucha y atiende a su esposo y ella puede seguir levantada esperando a que su hijo adolescente llegue de la fiesta.

Cuando tiene un rato de descanso, no deja de pensar en sus funciones. No puede delegar su trabajo porque al imprimirle tanto cariño es casi imposible encontrar personal capacitado para igualarla.

Ella no puede encargarle a la secretaria la transmisión de valores, de moral, de principios, ni mandar por fax el beso de las buenas noches.

Su Salario: INALCANZABLE

De hecho, ella misma no concibe la idea de recibir nada a cambio porque lo hace por amor.

Algún día de las madres recibe una flor, un dibujo con brillantes crayolas o la estrellita en la frente de su hijo? con esto siente que le han dado el mejor de los ascensos.

Pensión de Jubilación: Nada de esto recibirá, más bien después de 14 o 18 años de inalcanzable trabajo será aparentemente despedida sin prestaciones cuando le dicen:

“Por favor mamá, no te metas? es mi vida”.

Queda aparentemente despedida porque solo la presencia de una madre es importante, aunque en esos momentos no se den cuenta.

Monumento o Diploma: ¿Dónde está el monumento o diploma a estas EMPRESARIAS que no se cansan de ejercer su profesión?

El médico, empresario, artista, sacerdote, ingeniero, abogado, doctora, licenciada, arquitecto, etc., que entregan sus vidas a otros han salido de esas empresas llamadas “FAMILIAS”.

Esos grandes profesionistas son sus logros, honores, trofeos y diplomas.

¡que Dios bendiga a las ejecutivas del hogar!

Las espinas de la vida

No empieces el día de hoy, con las espinas del ayer,

los días y horas pasados, ya no los podrás cambiar.

Si te han quedado espinas, no las sigas arrastrando

pues te seguirán lastimando, hasta no dejarte vivir.

Hay heridas que puedes curar, si sabes perdonar…

Pero hay espinas que no hay otro remedio que removerlas: depositándolas en las manos de Dios.

Las huellas

Una noche un hombre tuvo un sueño. Soñó que caminaba a la orilla del mar, descalzo por la arena, con el Señor, y vio en el firmamento dibujadas escenas de su vida….

En cada escena se dio cuenta que en la arena iban quedando marcadas las huellas de los pies de dos personas: los suyos y los del Señor. Cuando apareció en el firmamento la última escena de su vida, volvió la cabeza para ver las huellas en la arena… y se dio cuenta que muchas veces, a lo largo del sendero de su vida, aparecían solamente las huellas de una sola persona, y esto sucedía en los momentos más tristes y difíciles de su vida. Esto comenzó a preocuparle y un día le preguntó al Señor:

“Señor, tú me dijiste una vez que si decidía seguirte caminarías conmigo siempre, hasta el final. Sin embargo, he visto que en los años más turbulentos de mi vida, solo aparecían las pisadas de una sola persona. No entiendo por qué me abandonas cuando más te necesito…”

Le contestó el Señor:”… Querido hijo mío, te amo y nunca te he abandonado. En los tiempos de prueba y sufrimiento, cuando solo ves un par de pisadas, es porque te estoy llevando, en ese preciso momento, en mis brazos…”

Las manos de Dios

Cuando observo el campo sin arar, cuando los aperos de labranza están olvidados, cuando la tierra está quebrada y abandonada me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?

Cuando observo la injusticia, la corrupción, el que explota al débil; cuando veo al prepotente pedante enriquecerse del ignorante y del pobre, del obrero, del campesino carente de recursos para defender sus derechos, me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?

Cuando contemplo a esa anciana olvidada; cuando su mirada es nostalgia y balbucea todavía algunas palabras de amor por el hijo que la abandonó, me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?

Cuando veo al moribundo en su agonía llena de dolor; cuando observo a su pareja deseando no verle sufrir; cuando el sufrimiento es intolerable y su lecho se convierte en un grito de súplica de paz, me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?

Cuando miro a ese joven antes fuerte y decidido, ahora embrutecido por la droga y el alcohol, cuando veo titubeante lo que antes era una inteligencia brillante y ahora harapos sin rumbo ni destino, me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?

Cuando a esa chiquilla que debería soñar en fantasías, la veo arrastrar su existencia y en su rostro se refleja ya el hastío de vivir, y buscando sobrevivir se pinta la boca, se ciñe el vestido y sale a vender su cuerpo, me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?

Cuando aquel pequeño a las tres de la madrugada me ofrece su periódico, su miserable cajita de dulces sin vender, cuando lo veo dormir en la puerta del zaguán titiritando de frío, con unos cuantos periódicos que cubren su frágil cuerpecito, cuando su mirada me reclama una caricia, cuando lo veo sin esperanzas vagar con la única compañía de un perro callejero, me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?

Y me enfrento a Él y le pregunto: ¿dónde están tus manos, Señor? para luchar por la justicia, para dar una caricia, un consuelo al abandonado, rescatar a la juventud de las drogas, dar amor y ternura a los olvidados.

Después de un largo silencio escuché su voz que me reclamó: “no te das cuenta que tú eres mis manos, atrévete a usarlas para lo que fueron hechas, para dar amor y alcanzar estrellas”.

Y comprendí que las manos de Dios somos “TU y YO”, los que tenemos la voluntad, el conocimiento y el coraje de luchar por un mundo más humano y justo, aquellos cuyos ideales sean tan altos que no puedan dejar de acudir a la llamada del destino, aquellos que desafiando el dolor, la crítica y la blasfemia se retienen a sí mismos para ser las manos de Dios.

Señor, ahora me doy cuenta que mis manos están sin llenar, que no han dado lo que deberían de dar, te pido ahora perdón por el amor que me diste y no he sabido compartir, las debo usar para amar y conquistar la grandeza de la creación.

El mundo necesita de esas, manos llenas de ideales y estrellas, cuya obra magna sea contribuir día a día durante este año que estamos comenzando, a forjar una nueva civilización que busque valores superiores, que compartan generosamente lo que Dios nos ha dado y puedan llegar al final vacías, porque entregaron todo con amor, para lo que fueron creadas. Y Dios seguramente dirá: ¡ESAS SON MIS MANOS!

Las manos más hermosas

Una leyenda cuenta que hace mucho tiempo vivían en un palacio real tres hermosas damas. Una mañana, mientras paseaban por el maravilloso jardín con sus fuentes y rosales, empezaron a preguntarse cuál de las tres tenía las manos más hermosas. Elena, que se había teñido los dedos mientras sacaba las deliciosas fresas, pensaba que las suyas eran las más hermosas. Antonieta había estado entre las rosas fragantes y sus manos habían quedado impregnadas de perfume. Para ella las suyas eran las más hermosas. Juana había metido los dedos en el claro arroyo y las gotas de agua daban resplandores como si fueran diamantes. Ella pensaba que sus manos eran las más hermosas.

En esos momentos, llegó una muchacha menesterosa que pidió que le dieran una limosna, pero las damas reales apartaron de ella sus vestiduras reales y se alejaron. La mendiga, pasó a una cabaña que se hallaba cerca de allí y una mujer tostada por el sol y con las manos manchadas por el trabajo, le dio pan. La mendiga, continúa diciendo la leyenda, se transformó en un ángel que apareció en la puerta del jardín y dijo: Las manos más hermosas son aquellas que están dispuestas a bendecir y ayudar a sus semejantes. Ojalá todos tuviéramos manos tan hermosas como éstas.

Las personas son los regalos que Dios me ha dado

Las personas son los regalos que Dios me ha dado.

Algunas vienen bellamente envueltas y otras, sabe Dios cómo.

Algunas han sido maltratadas en el correo; otras llegan flamantes y sin una arruga;

Algunas llegan encerradas como ostras escondidas en sus valvas, otras se transparentan en su envoltura.

A veces los regalos se abren fácilmente, otras, se necesita la ayuda de alguien.

Tal vez es por que tienen miedo.

Quizá hayan sido heridas antes y no quieren ser lastimadas de nuevo.

Puede ser que alguna vez se abrieron y luego se encerraron.

Quizá ahora se sienten más bien como “cosas” que como “seres humanos”.

Yo soy una persona.

Como todas las demás personas, también soy un regalo.

Dios me lleno de una bondad que es solo mía.

Y, sin embargo, algunas veces tengo miedo de mirar dentro de mi envoltura.

Tal vez temo decepcionarme: quizá no confío en lo que llevo dentro.

O pudiera ser que en realidad, nunca he aceptado el regalo que soy.

Cada encuentro y comunicación entre personas, es un intercambio de regalos.

Mi regalo soy yo y tú eres tu regalo.

Somos obsequios unos para otros.

Las puertas de la vida

1. No salgas de la infancia apresuradamente; luego querrás recuperar esos años.

2. No entres a la adolescencia convencido de que dominaras al mundo; la vida te llevara por camino que todavía no sospechas.

3. No salgas de la adolescencia desperdiciando tu juventud; la juventud pertenece a todos pero no es de nadie, ni en nadie queda.

4. No entres en la madurez creyendo que has vencido todas las etapas y que el triunfo llegará mañana; la felicidad, único triunfo, se encuentra en disfrutar todas las etapas de un camino, no al final de la ruta.

5. No recorras la madurez sin crear un tesoro del espíritu; los tesoros de la tierra no son herencia para tus hijos.

6. No salgas de la madurez convencido que has triunfado; tu triunfo lo medirá el recuerdo que dejes.

7. No salgas de la madurez creyendo haber sido derrotado; algo siempre se deja, por pequeño que sea.

8. No entres a la vejez creyendo que el destino te ha sido adverso; has sido tú quien ha elaborado ese destino.

9. No salgas de la vejez sin entregar tus consejos; otros infantes, otros adolescentes, otros maduros y otros mayores te han mirado y querrán imitarte.

Las ranitas

Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de crema. Inmediatamente sintieron que se hundían; era imposible nadar o flotar mucho tiempo, en esa masa espesa como arenas movedizas.

Al principio, las dos patalearon en la crema para llegar al borde del recipiente pero era inútil, solo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sintieron que cada vez era mas difícil salir a la superficie a respirar.

Una de ellas dijo en voz alta:

“No puedo mas. Es imposible salir de aquí, esta materia no es para nadar. Ya que voy a morir, no veo para que prolongar este dolor. No entiendo que sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril”

Y dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez siendo literalmente tragada por el espeso liquido blanco.

La otra rana, mas persistente o quizás mas tozuda, se dijo:

“¡No hay caso! Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo, ya que la muerte me llega, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quisiera morir un segundo antes de que llegue mi hora”.

Y siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar un centímetro. ¡Horas y horas!

Y, de pronto….de tanto patalear y agitar y agitar y patalear…

…la crema, se transformo en manteca..

La rana sorprendida dio un salto y patinando llego hasta el borde del bote.

Desde allí, solo le quedaba ir croando alegremente de regreso a casa.

Las semillas del rey

En un pueblo lejano, el rey convocó a todos los jóvenes a una audiencia privada con él, en dónde les daría un importante mensaje.

Muchos jóvenes asistieron y el rey les dijo: “Os voy a dar una semilla diferente a cada uno de vosotros, al cabo de 6 meses deberán traerme en una maceta la planta que haya crecido, y la planta más bella ganará la mano de mi hija, y por ende el reino”.

Así se hizo, pero había un joven que plantó su semilla y ésta no germinaba; mientras tanto, todos los demás jóvenes del reino no paraban de hablar y mostrar las hermosas plantas y flores que habían sembrado en sus macetas.

Llegaron los seis meses y todos los jóvenes desfilaban hacia el castillo con hermosísimas y exóticas plantas. El joven estaba demasiado triste pues su semilla nunca germinó, ni siquiera quería ir al palacio, pero su madre insistía en que debía ir pues era un participante y debía estar allí.

Con la cabeza baja y muy avergonzado, desfiló al último hacia el palacio, con su maceta vacía. Todos los jóvenes hablaban de sus plantas, y al ver a nuestro amigo soltaron en risa y burla; en ese momento el alboroto fue interrumpido por el ingreso del rey, todos hicieron su respectiva reverencia mientras el rey se paseaba entre todas las macetas admirando las plantas.

Finalizada la inspección hizo llamar a su hija, y llamó de entre todos al joven que llevó su maceta vacía; atónitos, todos esperaban la explicación de aquella acción.

El rey dijo entonces: “Este es el nuevo heredero del trono y se casará con mi hija, pues a todos ustedes se les dio una semilla infértil, y todos trataron de engañarme plantando otras plantas; pero este joven tuvo el valor de presentarse y mostrar su maceta vacía, siendo sincero, real y valiente, cualidades que un futuro rey debe tener y que mi hija merece”.

Las tres bardas

Un discípulo llegó muy agitado a la casa de Sócrates y empezó a hablar de esta manera:

- ¡Maestro! Quiero contarte cómo un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…

Sócrates lo interrumpió diciendo:

- ¡Espera! ¿Ya hiciste pasar a través de las Tres Bardas lo que me vas a decir?

- ¿Las Tres Bardas?

- Sí -replicó Sócrates- La primera es la VERDAD. ¿Ya examinaste cuidadosamente si lo que me quieres decir es verdadero en todos sus puntos?

- No… lo oí decir a unos vecinos…

- Pero al menos lo habrás hecho pasar por la segunda barda, que es la BONDAD. ¿Lo que me quieres decir es por lo menos bueno?

- No, en realidad no… al contrario…

- ¡Ah! – interrumpió Sócrates.- Entonces vamos a la última barda. ¿Es NECESARIO que me cuentes eso?

- Para ser sincero, no…. Necesario no es.

- Entonces -sonrió el sabio- Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario… sepultémoslo en el olvido…

¿Tienes algo que decir a otra persona?. Recuerda pasarlo por la VERDAD, la BONDAD y la NECESIDAD antes de decirlo.

Las tres pipas

Una vez un miembro de la tribu se presento furioso ante su jefe para informarle que estaba decidido a tomar venganza de un enemigo que lo había ofendido gravemente.

Quería ir inmediatamente y matarlo sin piedad. El jefe lo escuchó atentamente y luego le propuso que fuera a hacer lo que tenía pensado, pero antes de hacerlo llenara su pipa de tabaco y la fumara con calma al pie del árbol sagrado del pueblo.

El hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol. Tardó una hora en terminar la pipa. Luego sacudió las cenizas y decidió volver a hablar con el jefe para decirle que lo había pensado mejor, que era excesivo matar a su enemigo pero que si le daría una paliza memorable para que nunca se olvidara de la ofensa.

Nuevamente el anciano lo escuchó y aprobó su decisión, pero le ordenó que ya que había cambiado de parecer, llenara otra vez la pipa y fuera a fumarla al mismo lugar. También esta vez el hombre cumplió su encargo y gastó media hora meditando.

Después regreso a donde estaba el cacique y le dijo que consideraba excesivo castigar físicamente a su enemigo, pero que iría a echarle en cara su mala acción y le haría pasar vergüenza delante de todos.

Como siempre, fue escuchado con bondad pero el anciano volvió a ordenarle que repitiera su meditación como lo había hecho las veces anteriores. El hombre medio molesto pero ya mucho más sereno se dirigió al árbol centenario y allí sentado fue convirtiendo en humo, su tabaco y su problema.

Cuando termino, volvió al jefe y le dijo: “Pensándolo mejor veo que la cosa no es para tanto. Iré donde me espera mi agresor para darle un abrazo. Así recuperare un amigo que seguramente se arrepentirá de lo que ha hecho”.

El jefe le regaló dos cargas de tabaco para que fueran a fumar juntos al pie del árbol, diciéndole: “Eso es precisamente lo que tenía que pedirte, pero no podía decírtelo yo; era necesario darte tiempo para que lo descubrieras tú mismo”.

Las tres rejas

El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa y dice:

-Maestro, un amigo estuvo hablando de ti con malevolencia… – ¡Espera! – lo interrumpe el filósofo – ¿hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?-

-¿Las tres rejas? Preguntó el discípulo.

-Si, la primera es la verdad. ¿Estás seguro de lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

-No. Lo oí comentar a unos vecinos – dice el joven.

-Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?

-No, en realidad no. Al contrario

-¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta? – pregunta el filósofo

-A decir verdad, no ! – comenta apesadumbrado el discípulo.

-Entonces – dijo el sabio sonriendo – si no es verdad, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

Le pedí a Dios

Le pedí a Dios que me quitara el dolor.

Dios dijo: -“NO. Yo no te lo debo quitar, sino tu lo tienes que dejar”.

Le pedí a Dios que hiciera que mi niño paralítico fuera completamente sano.

Dios dijo: -“NO. Su espíritu esta completo, su cuerpo es solo temporal”.

Le pedí a Dios que me concediera paciencia.

Dios dijo: -“NO. La Paciencia viene como resultado de las tribulaciones, no se concede, se gana”.

Le pedí a Dios que me diera felicidad.

Dios dijo: -“NO. Te doy bendiciones. Tu decides si quieres ser feliz”.

Le pedí a Dios que me librara del sufrimiento.

Dios dijo: -“NO. Los sufrimientos te alejan de los afanes del mundo y te acercan a mi”.

Le pedí a Dios que hiciera crecer mi espíritu.

Dios dijo: -“NO. Debes crecer por ti mismo, y yo te voy a podar para hacerte dar fruto”.

Le pedí a Dios por todas las cosas que podría disfrutar en la vida…

Dios dijo: -“NO. Te doy vida para que disfrutes de todas las cosas”.

Le pedí a Dios que me ayudara a amar a otros, con el amor con que el me ama a mi.

Dios me dijo: … – “Ah, finalmente estas empezando a entender…”

Levanta los guijarros

Iba un hombre caminando por el desierto cuando oyó una voz que le dijo: “Levanta unos guijarros, mételos a tu bolsillo y mañana te sentirás a la vez triste y contento”.

Aquel hombre obedeció. Se inclinó, recogió un puñado de guijarros y se los metió en el bolsillo.

A la mañana siguiente, vio que los guijarros se habían convertido en diamantes, rubíes y esmeraldas.

Y se sintió feliz y triste.

Feliz, por haber recogido los guijarros; triste, por no haber recogido más.

Lo mismo ocurre con la educación.

Tú que eres joven y no tan joven, recuerda que aún es tiempo de enderezar el camino.

Los mil perritos

Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada. Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logro meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa.

El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera. Al terminar de subir las escaleras se topo con una puerta semiabierta; lentamente se adentro en el cuarto. Para su sorpresa, se dio cuenta que dentro de ese cuarto había 1000 perritos mas observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos. El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco. Los 1000 perritos hicieron lo mismo. Posteriormente sonrió y le ladro alegremente a uno de ellos. El perrito se quedo sorprendido al ver que los 1000 perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él.

Cuando el perrito salió del cuarto se quedo pensando para sí mismo: ¡Que lugar tan agradable! ¡Voy a venir más seguido a visitarlo! Tiempo después, otro perrito callejero entro al mismo sitio y se encontró entrando al mismo cuarto. Pero a diferencia del primero, este perrito al ver a los otros 1000 perritos del cuarto se sintió amenazado ya que lo estaban viendo de una manera agresiva.

Posteriormente empezó a gruñir; obviamente vio como los 1000 perritos le gruñían a él. Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros 1000 perritos le ladraron también a él. Cuando este perrito salió del cuarto pensó: ¡Que lugar tan horrible es este! ¡Nunca más volveré a entrar allí!

En el frente de dicha casa se encontraba un viejo letrero que decía: “La casa de los 1000 espejos”.

“Todos los rostros del mundo son espejos”.

Llegar a la meta

Nadie alcanza la meta con un solo intento, ni perfecciona la vida con una sola rectificación, ni alcanza altura con un solo vuelo.

Nadie camina la vida sin haber pisado en falso muchas veces… nadie recoge cosechas sin probar muchos sabores, enterrar muchas semillas y abonar mucha tierra.

Nadie mira la vida sin acobardarse en muchas ocasiones, ni se mete en el barco sin temerle a la tempestad, ni llega al puerto sin remar muchas veces.

Nadie siente el amor sin probar sus lagrimas, ni recoge rosas sin sentir sus espinas. Nadie hace obras sin martillar sobre su edificio, ni cultiva amistad sin renunciar a sí mismo… Ni se hace hombre sin sentir a Dios!

Nadie llega a la otra orilla sin haber ido haciendo puentes para pasar.

Nadie deja el alma lustrosa sin el pulimento diario de Dios.

Nadie puede juzgar sin conocer primero su propia debilidad.

Nadie consigue su ideal sin haber pensado muchas veces que perseguía un imposible.

Nadie conoce la oportunidad hasta que esta pasa por su lado y la deja ir.

Nadie encuentra el pozo de DIOS hasta caminar por la sed del desierto.

Pero nadie deja de llegar, cuando se tiene la claridad de un don, el crecimiento de su voluntad, la abundancia de la vida, el poder para realizarse y el impulso de Dios.

Nadie deja de arder con fuego dentro nadie deja de llegar cuando de verdad se lo propone. Si sacas todo lo que tienes y estas con Dios…Vas a llegar!

Llena tu copa

La vida es una copa plena de felicidad, pero nunca se te da llena.

Te dan un sorbito de vez en cuando, un sorbito que tienes que ir llenando gota a gota todos los días, para sobrevivir.

No te la pases agitando tus desgracias, pronosticando tragedias imaginarias, asustado por posibles males que a lo mejor no llegan nunca.

Nacemos para luchar por la felicidad… casi para crearla, para hacerla a pesar de la tristeza, los desencantos, los errores, las malas jugadas y los irremediables imprevistos.

La felicidad no se va buscando en bienes y placeres.

Se actúa bien y ella sola se nos va presentando.

La felicidad no es estar añorando y extrañando todo lo que nos falta sino encajar en todo lo que tenemos.

No vendas tu felicidad…¡regálala!

No busques para ella fórmulas sencillas ni baratas…

Cuesta trabajo, son caros los ingredientes:

Compartir lo que tienes

Amar sin exigencias

Perdonar sin cicatrices

Aceptar sin perfecciones

Agradecer lo que te dan

¡Y no rendirte nunca!

Todo tiene que ir armonizando…

Del panal, un poquito de miel

Del mar un poquito de sal

De la vida un toquecito de optimismo

De la imaginación, algo de sueño

Del dolor, algo de raíz

¡ Y de la fe, algo de roca!

No somos felices, porque no sabemos como llenar nuestra copa porque no sabemos dar a la vida un máximo de calidad y rendimiento, porque miramos al mundo como un esclavo, al camino empedrado como un imposible, a la mala suerte como una sombra  que nos persigue, ¡ al ideal como algo inalcanzable !

No olvides que la más linda manera de ser Feliz es ocuparse de que otros lo sean.

Da mucho de ti mismo y la felicidad llegará SOLA.

Llena tu copa…! y salda tu cuenta siendo Feliz.

Abecedario de la amistad

¿Usan este abecedario tus amigos?

Acepta como eres tú

Busca como apoyar tus sueños

Cree en ti

Da lo mejor de sí cuando lo necesitas

Escucha con atención tus problemas

Frena tus insensateces

Grita cuando no escuchas

Habla bien de ti

Influye constructivamente en tu vida

Juguetea y te hace reír, aun en los momentos difíciles

K-alla aunque esté a punto de explotar

Lamenta tus fracasos (así te los haya advertido)

Mantiene y cultiva la amistad en las buenas y en las malas

No te juzga

Ofrece su apoyo incondicional

Perdona tus errores

Quiere lo mejor para ti

Recuerda y aprecia lo que eres para él

Se alegra con tus éxitos

Tiene la valentía de decirte lo que necesitas escuchar

Utiliza sus mejores recursos para apoyarte

Valora lo que eres

W-uarda con agrado el recuerdo de los buenos momentos

X veces intenta explicarte de forma que entiendas

Y…

Zambulle su conciencia en tus adversidades.

Llénalo de amor

Siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor.

Adolescente, joven, viejo: siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor.

En cuanto sepas que tienes delante de ti un tiempo baldío, ve a buscar el amor.

No pienses: “Sufriré”

No pienses: “Me engañarán”

No pienses: “Dudaré”

Ve simplemente, diáfanamente, regocijadamente, en busca del amor.

¿Qué índole de amor? No importa: todo amor está lleno de excelencia y de nobleza.

Ama como puedas, ama a quien puedas, ama todo lo que puedas…, pero ama siempre.

No te preocupe de la finalidad de tu amor; él lleva así mismo su finalidad.

No te juzgues incompleto porque no responden a tus ternuras; el amor lleva en sí su propia plenitud.

Siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor.

Lo demás lo hará Dios

Tú no fuerzas una flor a que abra,

la flor la abre Dios,

tú la plantas, la riegas, la resguardas,

lo demás lo hace Dios.

Tú no obligas a un amigo a que te ame,

el amor lo da Dios,

tú le sirves, le ayudas, en ti la amistad arde,

lo demás lo hace Dios.

Tú no obligas a un alma a que crea,

la fe la da Dios,

tú obras, trabajas, confías y esperas,

lo demás lo hace Dios.

Así que no trates de adelantarte a su plan de amor,

Trabaja, Ayuda, Vive para Amarle,

lo demás lo hará Dios.

Lo dice Dios

Usted dice: “Estoy muy cansado.”

Dios dice: Yo te haré descansar. (Mateo 11:28-30)

Usted dice: “Nadie me ama en verdad.”

Dios dice: Yo te amo. ( Juan 3:16 y Juan 13:34)

Usted dice: “No puedo seguir.”

Dios dice: Mi gracia es suficiente. (II Corintios 12:9 y Salmos 91:15)

Usted dice: “No puedo resolver las cosas.”

Dios dice: Yo dirijo tus pasos. (Proverbios 3:5-6)

Usted dice: “Yo no lo puedo hacer.”

Dios dice: Todo lo puedes hacer. (Filipenses 4:13)

Usted dice: “Yo no soy capaz.”

Dios dice: Yo soy capaz. (II Corintios 9:8)

Usted dice: “No vale la pena.”

Dios dice: Si valdrá la pena. ( Romanos 8:28)

Usted dice: “Es imposible”

Dios dice: Todo es posible. (Lucas 18:27)

Usted dice: “No me puedo perdonar.”

Dios dice: YO TE PERDONO. (I Juan 1:9 y Romanos 8:1)

Usted dice: “No lo puedo administrar.”

Dios dice: Yo supliré todo lo que necesitas. (Filipenses 4:19)

Usted dice: “Tengo miedo.”

Dios dice: No te he dado un espíritu de temor. (I Timoteo 1:7)

Usted dice: “Siempre estoy preocupado y frustrado.” Dios dice: Hecha tus cargas sobre mí. (I Pedro 5:7)

Usted dice: “No tengo suficiente fe.”

Dios dice: Yo le he dado a todos una medida de fe. (Romanos 12:3)

Usted dice: “No soy suficientemente inteligente.” Dios dice: Yo te doy sabiduría. (I Corintios 1:30)

Usted dice: “Me siento muy solo.”

Dios dice: Nunca te dejare, ni te desampararé. (Hebreos 13:5)

Lo más importante de mi vida

En cierta ocasión, durante una charla que di ante un grupo de abogados, me hicieron esta pregunta: “¿Qué es lo más importante que ha hecho en su vida?”

La respuesta me vino a la mente en el acto, pero no fue la que di, porque las circunstancias no eran las apropiadas. En mi calidad de Abogado de la industria del espectáculo, sabía que los asistentes deseaban escuchar anécdotas sobre mi trabajo con las celebridades.

Pero, he aquí la verdadera, la que surgió de lo más recóndito de mis recuerdos.

Lo más importante que he hecho en la vida, tuvo lugar el 8 de Octubre de 1990.

Comencé el día jugando golf con un ex-condiscípulo y amigo mío al que no había visto en mucho tiempo.

Entre jugada y jugada, conversamos acerca de lo que estaba pasando en la vida de cada cual. Me contó que su esposa y él acababan de tener un bebé.

Mientras jugábamos, llegó el padre de mi amigo, que consternado, le dijo que su bebé había dejado de respirar y lo habían llevado de urgencia al hospital.

En un instante, mi amigo subió al auto de su padre y se marchó.

Por un momento me quedé donde estaba, sin acertar a moverme, pero luego traté de pensar qué debía hacer: ¿Seguir a mi amigo al hospital? Mi presencia allí, me dije, no iba a servir de nada, pues la criatura seguramente estará al cuidado de médicos y enfermeras, y nada de lo que yo hiciera o dijera iba a cambiar las cosas. ¿Brindarle mi apoyo moral? Eso, quizás, pero tanto él como su esposa provenían de familias numerosas, y sin duda estarán rodeados de parientes, que les ofrecerán consuelo y el apoyo necesario, pasara lo que pasara. Lo único que haría será estorbar. Así, decidí reunirme con ellos e ir más tarde a ver a mi amigo.

Al poner en marcha el auto que había rentado, me percaté que mi amigo había dejado su camioneta, con las llaves puestas, estacionada junto a las canchas.

Decidí pues, cerrar el auto e ir al hospital a entregarle las llaves. Como supuse, la sala de espera estaba llena de familiares que trataban de consolarlos. Entré sin hacer ruido y me quedé junto a la puerta, tratando de decidir qué hacer.

No tardó en presentarse un médico, que se acerca a la pareja y, en voz baja les comunica que su bebé había fallecido. Durante lo que pareció una eternidad, estuvieron abrazados, llorando, mientras todos los demás los rodeamos en medio del silencio y el dolor.

El médico les preguntó si deseaban estar unos momentos con su hijo. Mi amigo y su esposa se pusieron de pie, y caminaron resignadamente hacia la puerta.

Al verme allí, en un rincón, la madre se acercó, me abrazó y comenzó a llorar.

También mi amigo se refugió en mis brazos. “Gracias por estar aquí, me dijo”.

Durante el resto de la mañana, permanecí sentado en la sala de urgencias del hospital, viendo a mi amigo y a su esposa sostener en brazos a su bebé y despedirse de él.

Eso, es lo más importante que he hecho en mi vida.

Aquella experiencia me dejó tres enseñanzas:

Primera: Lo más importante que he hecho en la vida, ocurrió cuando no había absolutamente nada que yo pudiera hacer. Nada de lo que aprendí en la universidad, ni en los seis años que llevaba ejerciendo mi profesión, ni todo lo racional que fui para analizar mis alternativas, me sirvió en tales circunstancias. A dos personas les sobrevino una desgracia, y yo era impotente para remediarla. Lo único que pude hacer fue acompañarlos y esperar el desenlace. Pero estar allí en esos momentos, en que alguien me necesitaba, era lo principal.

Segunda: Estoy convencido, que lo más importante que he hecho en mi vida, estuvo

a punto de no ocurrir, debido a las cosas que aprendí en la universidad, al concepto inculcado de ser racional, así como en mi vida profesional. Al aprender a pensar, casi me olvidé de sentir. Hoy, no tengo duda alguna que debí haber subido al coche sin titubear, y seguir a mi amigo al hospital.

Tercera: Aprendí que la vida puede cambiar en un instante. Intelectualmente, todos sabemos esto, pero creemos que las desdichas les pasan a otros. Así pues, hacemos planes y concebimos nuestro futuro como algo tan real, que pareciera que va a ocurrir. Pero, al ubicarnos en el mañana, dejamos de advertir todos los presentes que pasan junto a nosotros, y olvidamos que perder el empleo, sufrir una enfermedad grave o un accidente, toparse con un conductor ebrio y miles de cosas más, pueden alterar ese futuro en un abrir y cerrar de ojos. En ocasiones, a uno le hace falta vivir una tragedia, para volver a poner las cosas en perspectiva.

Desde aquel día, busqué un equilibrio entre el trabajo y la vida; aprendí que ningún empleo, por gratificante que sea, compensa perderse unas vacaciones, estar con la pareja o pasar un día festivo lejos de la familia.

Y aprendí que lo más importante en la vida, no es ganar dinero, ni ascender en la escala social, ni recibir honores… Lo más importante en la vida, es el tiempo que dedicamos a cultivar una amistad.

Lo pobre que somos

Una vez, un padre de una familia acaudalada llevó a su hijo a un viaje por el campo con el firme propósito de que su hijo viera cuán pobres eran las gentes del campo.

Estuvieron por espacio de un día y una noche completos en una granja de una familia campesina muy humilde. Al concluir el viaje y de regreso a casa el padre le pegunta a su hijo:

-¿Qué te pareció el viaje?

-¡Muy bonito Papá!

-¿Viste qué tan pobre puede ser la gente?

-Si

-¿Y qué aprendiste?

-Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una alberca que llega de una barda a la mitad del jardín, ellos tienen un arroyo que no tiene fin. Nosotros tenemos unas lámparas importadas en el patio, ellos tienen las estrellas. El patio llega hasta la barda de la casa, ellos tienen todo un horizonte de patio.

Al terminar el relato, el padre se quedó mudo … y su hijo agregó:

¡Gracias Papá por enseñarme lo pobre que somos!

Lo prefiero ahora

1. Prefiero que compartas conmigo unos pocos minutos ahora que estoy vivo y no una noche entera cuando yo muera.

2. Prefiero que estreches suavemente mi mano ahora que estoy vivo, y no apoyes tu cuerpo sobre mí cuando ya muera.

3. Prefiero que hagas una sola llamada ahora que estoy vivo y no emprendas un inesperado viaje cuando yo muera.

4. Prefiero que me regales una sola flor ahora que estoy vivo y no me envíes un hermoso ramo cuando yo muera.

5. Prefiero que elevemos al cielo una oración ahora que estoy vivo y no una misa cantada y concelebrada cuando yo muera.

6. Prefiero que me digas unas palabras de aliento ahora que estoy vivo y no un desgarrador poema cuando yo muera.

7. Prefiero escuchar un solo acorde de guitarra ahora que estoy vivo, y no una conmovedora serenata cuando yo muera.

8. Prefiero me dediques una leve plegaria ahora que estoy vivo y no un polémico epitafio sobre mi tumba cuando yo muera.

9. Prefiero disfrutar de los más mínimos detalles ahora que estoy vivo y no de grandes manifestaciones cuando yo muera…

Aprovechemos a nuestros seres queridos, ahora que están entre nosotros…

Lo primero y lo último

El obispo y escritor francés Francisco Fenelón llamó a sus tres criados y les dijo:

- Es Nochebuena, y quiero entregarles mis regalos. Aquí sobre mi escritorio ustedes ven tres monedas de oro, y tres libros muy buenos; escoja cada quien lo que prefiere.

Dos criados tomaron inmediatamente cada quien una moneda de oro; el tercer criado tomó un libró. Fenelón sonrió y dijo al tercer criado:

- Abre por favor, el libro. Allí en el reverso de la portada estaban pegadas tres monedas de oro.

Fenelón concluyó:- Busquen en primer lugar el Reino de Dios y su justicia; y lo demás se los dará por añadidura.

“Ya que fuiste fiel en cosas pequeñas, te daré cosas grandes” (Mt 25, 24; 6, 33; 19, 21)

Lo puedes lograr

Cuenta una leyenda que había dos niños patinando sobre una laguna congelada. Era una tarde nublada y fría, pero los niños jugaban sin preocupación; cuando de pronto, el hielo se reventó y uno de los niños cayó al agua. El otro niño viendo que su amiguito se ahogaba debajo del hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró quebrarlo y así salvar a su amigo.

Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaron: ¿Cómo lo hizo? El hielo está muy grueso, ¡es imposible que lo haya podido quebrar con esa piedra y sus manos tan pequeñas!

En ese instante apareció un anciano y dijo: “Yo se cómo lo hizo”.

“¿Cómo?”, le preguntaron al anciano , y él contestó: “No había nadie a su alrededor que le dijera que no se podía hacer”…

“Si lo puedes imaginar, lo puedes lograr “

Lo que vale el tiempo

* Para darse cuenta del valor de un año: preguntarle a un estudiante que ha fallado en un examen final.

* Para darse cuenta del valor de un mes: preguntarle a una madre que ha dado a luz a un bebe prematuro.

* Para darse cuenta del valor de una semana: preguntarle al editor de un diario semanal.

* Para darse cuenta del valor de una hora: preguntarle a amantes que esperan para verse.

* Para darse cuenta del valor de un minuto: preguntarle a una persona que ha perdido el tren, el ómnibus o el avión.

* Para darse cuenta del valor de un segundo: preguntarle a una persona que ha sobrevivido de un accidente.

* Para darse cuenta del valor de un milisegundo: preguntarle a la persona que ha ganado una medalla de plata en las olimpiadas.

El tiempo no espera para ninguno. Atesora cada momento que tengas. Lo atesoras más cuando puedas compartirlo con alguien especial. Dios nos dio el Don de la Vida, el cual es temporal. Es decir cuando nacemos a esta vida humana, lo único seguro que tenemos es la muerte. Cada segundo es irrepetible. Por eso, VIVE el momento, y mejor aún, VIVE en la GRACIA de Dios.

Lo realmente verdadero

El verdadero Triunfo, es lograr la familia que anhelas, es mostrar la bondad que recibes, y tener verdaderos amigos.

La verdadera Sabiduría,  es aprender a escuchar y saber cuando opinar, es comprender los problemas y saberlos resolver, y poder brindar al mundo lo que realmente sabes.

La verdadera Creencia,  es pedir y saber que nos escucha, es saborear los momentos que comparto con El, es poder cerrar los ojos y sentir a Dios junto a mi.

La verdadera Amistad,  es sentir la hermandad que une a personas de sangres diversas, es saber que su mano siempre estará contigo, es saber brindarle tu ayuda en todo momento, es sentirte mis valiente en los momentos que con ellos compartes, es saber compartir ideas y mejorar tu carácter. es tener ese apoyo en los momentos

importantes.

El verdadero Amor,  es poder oler el aire que respira tu pareja, es encontrar la otra mitad de tu alma, es sentir necesaria su presencia, y mas que nada saber esperar a su llegada.

Lo único que recuerdo

Cuando mi padre me hablaba, siempre empezaba la conversación diciendo: “¿Ya te dije cuánto te adoro?” La expresión de amor era correspondida y en sus últimos años, cuando su vida empezó a decaer, nos acercamos aún más… si es que era posible.

A los 82 años estaba dispuesto a morirse y yo estaba dispuesto a dejarlo partir para que su sufrimiento terminara. Nos reímos, lloramos, nos tomamos de las manos, nos dijimos nuestro amor y estuvimos de acuerdo en que era el momento.  Dije: “Papá, una vez que te hayas ido, quiero que me envíes una señal para saber que estás bien”.

Mi padre y yo estábamos ligados tan profundamente, que en el momento de su muerte, sentí su infarto en mi pecho. Día tras día rezaba para saber algo de él, pero no pasaba nada. Pasaron 4 meses y lo único que sentía era el dolor de su pérdida. Mamá había muerto 5 años antes, del mal de Alzheimer.

Un día, mientras estaba tranquilamente tendido sobre una mesa de masajes, en un cuarto oscuro esperando mi turno, me invadió una ola de nostalgia por mi padre.  Noté que mi mente se hallaba en un estado de hiperagudeza. Sentí una claridad desconocida. Cada pensamiento era como una gota de agua que caía en una fuente tranquila y me maravilló la paz de cada momento que pasaba.

De repente, apareció la cara de mi madre, como había sido antes que la enfermedad de Alzheimer la privara de su juicio, de su humanidad y de 25 kilos.  Era tan real y estaba tan cerca que daba la impresión de poderla tocar, si quería. Se la veía como era unos 12 años atrás, cuando el deterioro no había empezado. Hasta olía la fragancia de su perfume favorito. Me pregunté cómo era posible que estuviera pensando en mi padre y apareciera mi madre, sintiéndome culpable por no haber pedido una señal de ella también.

Dije: “Oh, madre, lamento tanto que hayas tenido que sufrir con esa horrible enfermedad” Inclinó levemente la cabeza hacia un lado, como para confirmar lo que había dicho de su sufrimiento. Luego sonrió y dijo de una manera muy clara: “Pero lo único que recuerdo es el amor”. Y desapareció.

Empecé a temblar en un cuarto que de pronto se había vuelto frío. Supe en lo más profundo, que el amor que damos y recibimos, es lo único que cuenta y lo único que se recuerda. El sufrimiento se olvida; el amor permanece.

Sus palabras son las más importantes que he oído en mi vida y ese momento quedó grabado para siempre en mi corazón. Todavía no he visto ni oído a mi padre, pero no tengo ninguna duda que, algún día, cuando menos lo espere, aparecerá y dirá: “¿Ya te dije hoy que te quiero?”

Lo verdadero

El verdadero Triunfo,

es lograr la familia que anhelas, es mostrar la bondad que recibes, y tener  verdaderos amigos.

La verdadera Sabiduría,

es aprender a escuchar y saber cuando opinar, es comprender los problemas y  saberlos resolver, y poder brindar al mundo lo que realmente sabes.

La verdadera Creencia,

es pedir y saber que nos escucha, es saborear los momentos que comparto con El,  es poder cerrar los ojos y sentir a Dios junto a mi.

La verdadera Amistad,

es sentir la hermandad que une a personas de sangres diversas, es saber que su  mano siempre estará contigo, es saber brindarle tu ayuda en todo momento, es  sentirte mis valiente en los momentos que con ellos compartes, es saber  compartir ideas y mejorar tu carácter. Es tener ese apoyo en los momentos importantes.

El verdadero Amor, es poder oler el aire que respira tu pareja, es encontrar la otra mitad de tu  alma, es sentir necesaria su presencia, y mas que nada saber esperar a su  llegada.

Los clavos

Había un joven que tenia muy mal carácter. Un día su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que perdiera la calma debería clavar un clavo en la cerca de atrás de la casa. El primer día el joven clavó 37 clavos en la cerca… Pero poco a poco fue calmándose porque descubrió que era mucho mas fácil controlar su carácter que clavar los clavos en la cerca.

Finalmente llegó el día cuando el muchacho no perdió la calma para nada… y se lo dijo a su padre y entonces el papá le sugirió que por cada día que controlara su carácter debería sacar un clavo de la cerca.

Los días pasaron y el joven pudo finalmente decirle a su padre que ya había sacado todos los clavos de la cerca… entonces el papá llevo de la mano a su hijo a la cerca de atrás…Mira hijo, has hecho bien… pero fíjate en todos los agujeros que quedaron en la cerca… Ya la cerca nunca será la misma de antes…

Cuando dices o haces cosas con coraje, dejas una cicatriz como este agujero en la cerca… Es como meterle un cuchillo a alguien, aunque lo vuelvas a sacar, la herida ya quedo hecha… No importa cuantas veces pidas disculpas, la herida esta ahí. Una herida física es igual de grave que una herida verbal… Los amigos son verdaderas joyas a quienes hay que valorar… Ellos te sonríen y te animan a mejorar… Te escuchan, comparten una palabra de aliento y siempre tienen su corazón abierto para recibirte… Demuéstrales a tus familiares y amigos cuanto los quieres…

Los dos halcones

Un rey recibió como obsequio dos pichones de halcón y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara. Pasando unos meses, el instructor comunicó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente educado, pero que al otro no sabía que le sucedía, no se había movido de la rama desde el día de su llegada al palacio, a tal punto que había que llevarle el alimento hasta allí.

El rey mandó llamar a curanderos y sanadores de todo tipo, pero nadie pudo hacer volar el ave. Encargó entonces la misión a miembros de la corte, pero nada sucedió.

Por la ventana de sus habitaciones, el monarca podía ver que el pájaro continuaba inmóvil. Publicó por fin un bando entre sus súbditos y, a la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente en los jardines.

“Traedme al autor de ese milagro”, dijo. Enseguida le presentaron a un campesino.

“¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago, acaso?”

Entre feliz e intimidado, el hombrecito solo explicó: “No fue difícil, su Alteza: sólo corté la rama. El pájaro se dio cuenta que tenía alas y se lanzó a volar.”

Los dos hermanos

No hace mucho tiempo, dos hermanos que vivían en granjas adyacentes cayeron en un conflicto. Este fue el primer conflicto serio que tenían en 40 años de cultivar juntos hombro a hombro, compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y bienes en forma continua. Esta larga y beneficiosa colaboración termino repentinamente. Comenzó con un pequeño malentendido y fue creciendo hasta llegar a ser una diferencia mayor entre ellos, hasta que explotó en un intercambio de palabras amargas seguido de semanas de silencio.

Una mañana alguien llamó a la puerta de Luis. Al abrir la puerta, encontró a un hombre con herramientas de carpintero. “Estoy buscando trabajo por unos días”, dijo el extraño, “quizás usted requiera algunas pequeñas reparaciones aquí en su granja y yo pueda ser de ayuda en eso”. “Sí”, dijo el mayor de los hermanos, “Tengo un trabajo para usted. Mire al otro lado del arroyo aquella granja, ahí vive mi vecino, bueno, de hecho es mi hermano

menor. La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros y el tomó su bulldozer y desvió el cauce del arroyo para que quedara entre nosotros. Bueno, el pudo haber hecho esto para enfurecerme, pero le voy a hacer una mejor. ¿Ve usted aquella pila de desechos de madera junto al granero? Quiero que construya una cerca, una cerca de dos metros de alto, no quiero verlo nunca más.”

El carpintero le dijo: “Creo que comprendo la situación. Muéstreme donde están los clavos y la pala para hacer los hoyos de los postes y le entregaré un trabajo que lo dejará satisfecho.”

El hermano mayor le ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja por el resto del día para ir por provisiones al pueblo. El carpintero trabajo duro todo el día midiendo, cortando, clavando. Cerca del ocaso, cuando el granjero regresó, el carpintero justo había terminado su trabajo.

El granjero quedó con los ojos completamente abiertos, su quijada cayó. ¡No había ninguna cerca de dos metros! En su lugar había un puente -¡un puente que unía las dos granjas a través del arroyo!- Era una fina pieza de arte, con todo y pasamanos.

En ese momento, su vecino, su hermano menor, vino desde su granja y abrazando a su hermano le dijo: “¡Eres un gran tipo, mira que construir este hermoso puente después de lo que he hecho y dicho!”.

Estaban en su reconciliación los dos hermanos, cuando vieron que el carpintero tomaba sus herramientas. “¡No, espera!”, le dijo el hermano mayor.

“Quédate unos cuantos días. Tengo muchos proyectos para ti” , le  dijo el hermano mayor al carpintero. “Me gustaría quedarme”, dijo el carpintero, “pero tengo muchos puentes por construir”.

Los dos perritos

Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada.

Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logró meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa. El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera. Al terminar de subir las escaleras se topó con una puerta semiabierta; lentamente se adentró en el cuarto. Para su sorpresa, se dio cuenta que dentro de ese cuarto habían 1000 perritos más observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos. El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco. Los 1000 perritos hicieron lo mismo. Posteriormente sonrió y le ladró alegremente a uno de ellos. El perrito se quedó sorprendido al ver que los 1000 perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él! Cuando el perrito salió del cuarto se quedó pensando para si mismo: “¡ Qué lugar tan agradable ! ¡ Voy a venir más seguido a visitarlo!”

Tiempo después, otro perrito callejero entró al mismo sitio y se encontró entrando al mismo cuarto. Pero a diferencia del primero, este perrito al ver a los otros 1000 perritos del cuarto se sintió amenazado ya que lo estaban viendo de una manera agresiva. Posteriormente empezó a gruñir; obviamente vio como los 1000 perritos le gruñían a él. Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros 1000 perritos le ladraron también a él. Cuando Este perrito salió del cuarto pensó: “¡ Qué lugar tan horrible es este ! ¡ Nunca volveré a entrar allí!” En el frente de dicha casa se encontraba un viejo letrero que decía: “La casa de los 1000 espejos”.

Varias veces he escuchado que “todos los rostros del mundo son espejos”…Cómo te gustaría enfrentar al mundo? Decide cuál rostro mostrarás y decide llevarlo por dentro.

Los efectos de un cántico

Una noche clara y serena, subía un vaporcito la corriente del Potomac, en América del Norte. La naturaleza estaba en calma, y sólo el ruido de la máquina de vapor quebrantaba el silencio de la noche.

“Cantad alguna cosa, señor Sankey”, dijeron algunas personas al célebre compañero y amigo de Moody, que estaba a bordo.

“¿Cantar?” Respondió Sankey. “No sé mas que himnos”.

“Pues bien, un himno, por favor”, dijeron todos.

Sankey, se arrimó a la gran chimenea, se quitó el sombrero, y concentrándose algunos segundos en pie, comenzó a elevar un canto precioso. Su voz se elevaba pura, espléndida, emocionante; una de estas voces cuyos acentos deben llegar hasta el trono de Dios. Había escogido el popular cántico Jesús, sé mi fortaleza.

El silencio era profundo y cuando se extinguió la nota final del himno, todos los creyentes estaban estáticos bajo la impresión del cántico.

De repente, de la extremidad del vapor, un hombre tostado por los rayos del sol, con aspecto de bandido se adelante hacia Sankey, y con voz entrecortada, sobrecogido, le dice:

“¿Sirvió usted en el ejército del Sur?” Aludía a la guerra entre el Norte y el Sur de los Estados Unidos, en los años 1861 a 1865. “Sí”, respondió Sankey.

“¿Estuvo usted en tal batallón y en tal regimiento?”

“Sí, sí pero ¿por qué estas preguntas?”

“Escuche usted. ¿No estuvo usted en los puestos avanzados en la noche del plenilunio de mayo de 1862?”

“Sí, allí estuve, me acuerdo perfectamente”.

“Y yo también, dijo el hombre de tez bronceada. Aquella noche fue para mí la más extraordinaria, la más memorable de mi vida, y de la de usted también señor, a pesar de que no sabe nada a su respecto”.

“Yo servía como usted en esa guerra, en el ejército del Norte, enemigo vuestro.

Estaba yo en los puestos de avanzada aquella noche, cuando al resplandor de la luna vi a un hombre, un enemigo. -¡Ah, ah joven!,- dije, -tú por lo menos no escapas. Pobre hombre, no tiene mas que segundos de vida.- Tenía su cabeza descubierta y yo me ocultaba en la sombra. Mis dedos ya se posaban en el gatillo… El bulto hizo movimiento, levantó sus ojos fijándose en una pequeña estrella que brillaba en el cielo, y empezó a cantar… ¡Qué queréis! Cada uno tiene sus flaquezas, la mía es gustarme apasionadamente la música.

“¡Oh, qué voz tiene este condenado! Dejémosle vivir dos o tres minutos- dije para mí y siguió cantando: Jesús, sé mi fortaleza.

“Cuando llegó a la segunda estrofa, noté que algo me sujetaba; yo no sé lo que fue, pues nunca sentí cosa igual; yo estaba perturbado.

“Debo decirle a usted que cuando era niño mi madre me cantaba este cántico. Ella murió muy joven, si hubiese vivido más tiempo, yo sería otro hombre. Y he aquí en aquel momento, durante aquella noche de luna llena, repentinamente sentí como un beso en mi frente, como en los tiempos en que era niño. Esto me tocó el corazón. -Es su espíritu- pensé, -ella está aquí, ha venido para impedirme que tirara sobre este creyente, este hijo de otra madre, ahora expuesto al cañón de mi fusil. Hubo aún más; una voz me decía con fuerza: -Este Jesús debe ser fuerte y poderoso para salvar a este hombre de muerte tan segura-. Y cuando le he visto a usted ahora, como en aquella noche, con la cabeza descubierta, al resplandor de la luna cuando he oído el cántico, el cántico de mi madre, mi corazón se ha enternecido.

“La primera vez quedé bien impresionado; ahora estoy enteramente decidido.

¿Quiere usted ayudarme a encontrar a este Jesús que es tan poderoso, y que le ha enviado dos veces cerca de mí, sin duda para hacerme cambiar de camino?”

Sankey abrió los brazos y los dos hombres se abrazaron temblando de emoción.

Los extras

El esfuerzo EXTRA es lo que separa al ser superior del mediocre;

al profesional del aficionado;

al héroe del general;

al desprendido del caritativo;

al ganador del competidor;

al amigo del conocido;

al sabio del culto;

al invencible del perdedor.

En ese EXTRA que se saca de donde nadie sabe, cuando ya las fuerzas no alcanzan, cuando la noche acecha y la soledad quiere invadir el espíritu, es cuando los hombres se crecen. Ahí es donde se prueban las voluntades y donde el hombre se hace más hombre porque reconoce el poder divino de la esperanza y el valor inquebrantable de la fe.

Pero hay también aquellos que en su diario y común vivir hacen de sus horas libres un continuo EXTRA.

EXTRA son los días cuando en un anonimato voluntario comparte su tiempo con unos

ancianos o con unos enfermos;

las horas que un maestro aporta en su tiempo libre para preparar mejor una clase; los momentos que un médico batalla en silencio para salvar a un paciente que no conoce.

EXTRA es salirse de las comunicación técnica y preguntarle al compañero por sus hijos y su familia.

EXTRA es el detalle de dar gracias, sonreír y saludar a aquel con el que te cruzas.

EXTRA es decir una palabra agradable, es ceder el paso, es no solo acordarse del cumpleaños de alguien, sino hacerle saber que no lo olvidas.

EXTRA son muchos actos que distinguen al hombre educado del cortés, al generoso del egoísta, al social del huraño.

EXTRA es bendecir al universo con sus bondades, por habernos enviado la lluvia que calma la sed y nutre las plantas, por ser capaces de disfrutar de la belleza del mar y del sol, que son regalos de la naturaleza para nuestros ojos y espíritu.

EXTRA es alabar cada amanecer porque nos brinda un comienzo limpio y nuevo, diferente del de ayer.

EXTRA es terminar cada día dando gracias por el hoy a Dios, que nos permitió unas horas con nuestros compañeros de viaje, y que tal vez estuvo pleno de retos.

EXTRAS que nos sirvieron para saborear en toda su extensión las recompensas implícitas de nuestros actos EXTRAS.

Los gansos

” El próximo otoño, cuando veas los gansos dirigiéndose hacia el sur para el invierno, fíjate que vuelan formando una “V”. Tal vez te interese saber lo que la ciencia ha descubierto acerca del porque vuelan en esa forma.

Se ha comprobado que cuando el pájaro bate sus alas, produce un movimiento en el aire que ayuda al pájaro que va de tras de él. Volando en “V” la bandada completa aumenta por la menos un 71% más de su poder que si cada pájaro volara solo.

Las personas que comparten una dirección común y tienen sentido de comunidad puede llegar a donde deseen más fácil y rápidamente porque van apoyándose mutuamente.

Cada vez que un ganso se sale de la formación siente inmediatamente la resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de hacerlo solo y rápidamente regresa a su formación para beneficiarse de poder del compañero que va adelante. Si nosotros tuviéramos la inteligencia de un ganso nos mantendríamos con aquellos que se dirigen en nuestra misma dirección. Cuando el líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los puestos de atrás y otro ganso toma su lugar. Obtenemos mejores resultados si tomamos turnos haciendo los trabajos difíciles. Los gansos que van atrás graznan para alentar a los que van adelante y mantener la velocidad. Una palabra de aliento produce grandes beneficios. Finalmente, cuando un ganso se enferma o cae herido por un disparo, otros dos gansos se salen de la formación y lo siguen para ayudarlo y protegerlo. Se quedan acompañándolo hasta que esta nuevamente en condiciones de volar o hasta que muere, y sólo entonces los dos acompañantes vuelven a su bandada o se unen a otro grupo. Si nosotros tuviéramos la inteligencia de un ganso nos mantendríamos uno al lado del otro apoyándonos y acompañándonos.

Los Girasoles

Han visto los girasoles?

Se trata de una flor, que gira siempre en busca del sol. Y es por esa razón que es popularmente llamada girasol. Cuando una pequeña y frágil semilla de dicha flor brota en medio de otras plantas, busca inmediatamente la luz solar. Es como si supiera, instintivamente, que la claridad y el calor del sol le harán posible la vida. ¿Y qué le sucedería a la flor si la colocáramos en un lugar bien cerrado y oscuro? Seguramente, en poco tiempo, se moriría. Tal cual los girasoles, nuestro cuerpo físico también necesita de la luz y del calor solar, de la lluvia y de la brisa, para mantenernos vivos. Pero, no es sólo es el cuerpo el que necesita de cuidados para proseguir firme. El espíritu, igualmente necesita de la luz divina para mantener encendida la llama de la esperanza. Precisa del calor del afecto, de la brisa de la amistad, de la lluvia de bendiciones que viene desde lo alto. Sin embargo, es necesario que hagamos esfuerzos para respirar el aire puro, por encima de las circunstancias desagradables que nos rodean. Muchos de nosotros permitimos que los vicios ahoguen nuestras ganas de buscar la luz y nos debilitamos día tras día como una planta mustia y sin vida y es entonces cuando nos dejamos enredar en el zarzal de la haraganería, de la desidia y reclamamos de la suerte sin hacer esfuerzos para salir de la situación que nos desagrada. Y es allí, donde debemos recordar que para poder crecer de acuerdo con los planes divinos, el Creador coloca a nuestra disposición todo lo que necesitamos. Es en el amparo de la familia, donde recibimos, sustentación y seguridad en todos los momentos… La presencia de los amigos en las horas de alegría o de tristeza, impulsándonos hacia adelante. Son las posibilidades de aprendizaje que surgen a cada instante en el recorrido, haciéndonos más claros y preparados para decidir cuál es el mejor camino a tomar. Pero, ¿qué sucede con nosotros cuando nos encerramos en la oscuridad de la depresión o de la melancolía y así permanecemos por voluntad propia?. Debemos entender que Dios tiene un plan de felicidad para cada uno de nosotros y que para alcanzarlo, es preciso que busquemos los recursos disponibles. Es preciso que imitemos al girasol. Que busquemos siempre la luz, incluso cuando las tinieblas insistan en rodearnos. Es necesario buscar el apoyo de la familia en los momentos en que nos sentimos desanimar. Es necesario buscar la ayuda de los verdaderos amigos cuando sentimos nuestras fuerzas debilitándose. Es necesario, antes que nada, buscar la luz divina que consuela y aclara, ampara y anima en todas las situaciones.

***

Cuando las nubes negras de los pensamientos tormentosos cubran con oscuro manto el horizonte de tus esperanzas, y la depresión te asedie el alma, imita a los girasoles y trata de respirar el aire puro, más allá de las circunstancias desagradables.

Cuando las dificultades y los problemas se hagan insoportables, intentando sofocar la disposición para la lucha, recuerda a los girasoles y busca la luz divina a través de la oración sincera.

Los hijos no esperan

Hay un tiempo para anticipar la llegada del bebé, un tiempo para consultar al médico. Un tiempo para soñar lo que será este niño cuando crezca. Un tiempo para pedirle a Dios que me enseñe a criar al hijo que llevo en mis entrañas. Un tiempo para preparar mi alma, para alimentar la suya, pues muy pronto llegará el día en que nacerá. Porque los hijos no esperan.

Hay un tiempo para alimentarlo durante la noche, para cólicos y biberones. Hay un tiempo para mecerlo y un tiempo para pasearlo por la habitación, con paciencia y abnegación. Un tiempo para mostrarle que su nuevo mundo es un mundo de amor, de bondad y de dependencia. Hay un tiempo para maravillarme de lo que él es: una persona, un ser creado a imagen de Dios. He resuelto hacer lo máximo a mi alcance. Porque los hijos no esperan.

Hay un tiempo para tenerlo entre mis brazos y contarle la historia más hermosa que jamás haya oído. Un tiempo para hablarle de Dios y enseñarle a maravillarse y sentir asombro. Hay un tiempo para llevarlo al parque a columpiarse, de correr con él una carrera, hacerle un dibujo y darle compañerismo lleno de alegría. Hay un tiempo para enseñarle el camino y enseñarle a orar con sus labios de niño y enseñarle a amar la palabra de Dios. Porque los hijos no esperan.

Hay un tiempo para cantar en vez de renegar, sonreír en vez de fruncir el ceño, un tiempo para compartir con él mis mejores actitudes, mi amor por la vida, mi amor por Dios, mi amor por los míos. Hay un tiempo para contestar a todas sus preguntas, porque quizá vendrá el momento en que no querrá escuchar mis respuestas. Hay un tiempo para enseñarle muy pacientemente a obedecer, a poner en su lugar los juguetes, hay un tiempo para mostrarle lo hermoso del deber cumplido, de adquirir el hábito de leer la Biblia, de gozarse en la comunión, de conocer la paz que viene por la oración, Porque los hijos no esperan.

Hay un tiempo para verlo partir valientemente a la escuela y extrañar su manera de estar siempre alrededor mío, de saber que estaré allí para responder a su llamado cuando vuelva de la escuela y escuchar con interés sus descripciones de lo acontecido en ese día. Hay un tiempo para enseñarle a ser independiente, a tener responsabilidad, de saber disciplinarlo con amor, porque pronto llegará el momento de dejarlo partir y de soltar los lazos que lo sujetan a mi falda, Porque los hijos no esperan.

Hay un tiempo para atesorar cada instante fugaz de su niñez, para inspirarlo y prepararlo. No voy a cambiar este derecho natural por ese “plato de lentejas” llamado posición social o reputación profesional o por un cheque de sueldo. Una hora de dedicación hoy, podrá salvar años de dolor mañana. La casa puede esperar, los platos pueden esperar, la pieza nueva puede esperar, Porque los hijos no esperan.

Llegará el momento en que ya no habrá más puertas que golpean, ni juguetes, ni peleas entre ellos, ni marcas en las paredes; entonces podré mirar atrás con gozo y saber que estos años de ser madre no se desperdiciaron. Pido a Dios que llegue el momento en que pueda ver al retoño un ser íntegro, amando a Dios y sirviendo a los demás. Dios mío, dame la sabiduría para saber que hoy es el día de mis hijos, no existen los momentos de poca importancia en sus vidas. Que sepa comprender que no hay carrera mejor, ni trabajo más remunerador, ni tarea más urgente. Que yo no postergue ni descuide esta labor, que pueda aceptarla con gozo, y que con la ayuda del Espíritu Santo me dé cuenta que el tiempo es breve y que mi tiempo es hoy, Porque los hijos no esperan.

Los leones crecen

Un inglés, oficial del ejército del “Servicio de la India”, al regresar un día de una campaña, encontró un cachorro de león. Poniéndoselo en el brazo, lo llevó a su casa. Al pasar el tiempo, el oficial se encariñó tanto con el animal, que lo tenía en su propia tienda. Sin embargo, una noche se despertó el oficial con un sudor frío. El pequeño león, tratando de mostrar su cariño, le estaba golpeando con sus patas, que ahora tenían un juego de garras recién salidas. ¡La mano del oficial estaba cubierta de sangre! Con decisión, el oficial hizo la única cosa posible en esas circunstancias. Tomó el pequeño revólver que guardaba bajo la almohada y mató a su favorito. Al principio, la práctica de algún pequeño defecto, puede parecer inofensiva. “Es tan poca cosa y no hace daño a nadie”. Pero los pequeños defectos tienen una forma de convertirse en carne y músculo, crecer hasta ser enormes defectos destructivos.

Los límites de ser padres

Te di la vida, pero no puedo vivirla por ti.

Puedo enseñarte muchas cosas, pero no puedo obligarte a aprender.

Puedo dirigirte, pero no responsabilizarme por lo que haces.

Puedo llevarte a la Iglesia, pero no puedo obligarte a querer.

Puedo instruirte en lo malo y lo bueno, pero no puedo decidir por ti.

Puedo darte amor, pero no puedo obligarte a aceptarlo.

Puedo enseñarte a compartir, pero no puedo forzarte a hacerlo.

Puedo hablarte del respeto, pero no te puedo exigir que seas respetuoso.

Puedo aconsejarte sobre las buenas amistades, pero no puedo escogértelas.

Puedo educarte acerca del sexo, pero no puedo mantenerte puro.

Puedo platicarte acerca de la vida, pero no puedo edificarte una reputación.

Puedo decirte que el licor es peligroso, pero no puedo decir no por ti.

Puedo advertirte acerca de las drogas, pero no puedo evitar que las uses.

Puedo exhortarte a la necesidad de tener metas altas, pero no puedo alcanzarlas por ti.

Puedo enseñarte acerca de la bondad, pero no puedo obligarte a ser bondadoso.

Puedo amonestarte en cuanto al pecado, pero no puedo hacerte una persona moral.

Puedo amarte como niño, pero no puedo colocarte en la familia de Dios.

Puedo hablarte de Jesús, pero no puedo hacer que Jesús sea tu Señor.

Puedo explicarte cómo vivir, pero no puedo darte vida eterna.

Los mares de Palestina

Hay dos mares en Palestina.

Uno es fresco y lleno de peces, hermosas plantas adornan sus orillas; los árboles extienden sus ramas sobre el y alargan sus sedientas raíces para beber sus saludables aguas y en sus playas los niños juegan.

El rió Jordán hace este mar con burbujeantes aguas de las colinas, que ríen en el atardecer. Los hombres construyen sus casas en la cercanía y los pájaros sus nidos y toda clase de vida es feliz por estar allí.

El rió Jordán corre hacia el sur a otro mar.

Aquí no hay trazas de vida, ni murmullos de hojas, ni cantos de pájaros ni risas de niños. Los viajeros escogen otra ruta, solamente por urgencia lo cruzan. El aire es espeso sobre sus aguas y ningún hombre ni bestias, ni aves la beben. ¿Que hace esta gran diferencia entre mares vecinos?

No es el rió Jordán. El lleva la misma agua a los dos No es el suelo sobre el que están, ni el campo que los rodea, la diferencia es esta: El mar de Galilea recibe al rió pero no lo retiene. Por cada gota que a el llega, otra sale.

El dar y recibir son en igual manera.

El otro mar es un AVARO… guarda su ingreso celosamente, No tiene un generoso impulso Cada gota que llega, allí queda. El mar de Galilea da y VIVE, El otro mar no da nada. Le llaman el mar MUERTO

Los niños aprenden lo que viven

Si los niños viven con la crítica, aprenden a condenar.

Si los niños viven con hostilidad, aprenden a pelear.

Si los niños viven con miedo, aprenden a ser aprensivos.

Si los niños viven con lástima, aprenden a compadecerse a sí mismos.

Si los niños viven con ridiculez, aprender a ser tímidos.

Si los niños viven con celos, aprenden qué es la envidia.

Si los niños viven con vergüenza, aprenden a sentirse culpables.

Pero, si los niños viven con tolerancia, aprenden a ser pacientes.

Si los niños viven con estímulos, aprenden a ser confiados.

Si los niños viven con elogios, aprenden a apreciar.

Si los niños viven con aprobación, aprenden a quererse a sí mismos.

Si los niños viven con aceptación, aprenden a encontrar amor en el mundo.

Si los niños viven con reconocimiento, aprenden a tener un objetivo.

Si los niños viven compartiendo, aprenden a ser generosos.

Si los niños viven con honestidad y equidad, aprenden qué es la verdad y la justicia.

Si los niños viven con seguridad, aprenden a tener fe en sí mismos y en quienes los rodean.

Si los niños viven en la amistad, aprenden que el mundo es un bello lugar para vivir.

Si los niños viven con serenidad, aprenden a tener paz espiritual.

Los otros siete pecados capitales

1 – Riqueza sin trabajo

2 – Placer sin conciencia

3 – Conocimiento sin carácter

4 – Comercio sin moral

5 – Ciencia sin humanidad

6 – Culto sin sacrificio

7 – Política sin principios.

Gandhi

Los pequeños detalles

El alumno, según él, había terminado el cuadro. Llamó a su maestro para que lo evaluara. Se acercó el maestro y observó la obra con detenimiento y concentración durante un rato. Entonces, le pidió al alumno la paleta y los pinceles. Con gran destreza dio unos cuantos trazos aquí y allá. Cuando el maestro le regresó las pinturas al alumno el cuadro había cambiado notablemente. El alumno quedó asombrado; ante sus propios ojos la obra había pasado de mediocre a sublime. Casi con reverencia le dijo al maestro: “¿Cómo es posible que con unos cuantos toques, simples detalles, haya cambiado tanto el cuadro?”. El maestro le contesto: “Es que en esos pequeños detalles está el arte”.

Si lo vemos despacio, nos daremos cuenta que todo en la vida son detalles. Los grandes acontecimientos nos deslumbran tanto que a veces nos impiden ver esos pequeños milagros que nos rodean cada día. Un ave que canta, una flor que se abre, el beso de un hijo en nuestra mejilla, son ejemplos de pequeños detalles que al sumarse pueden hacer diferente nuestra existencia.

Todas las relaciones -familia, matrimonio, noviazgo o amistad- se basan en detalles. Nadie espera que remontes el Océano Atlántico por él, aunque probablemente sí que le hables el día de su cumpleaños. Nadie te pedirá que escales el Monte Everest para probar tu amistad, pero sí que lo visites durante unos minutos cuando sabes que está enfermo. Hay quienes se pasan el tiempo esperando una oportunidad para demostrar de forma heroica su amor por alguien. Lo triste es que mientras esperan esa gran ocasión dejan pasar muchas otras, modestas pero significativas. Se puede pasar la vida sin que la otra persona necesitara jamás que le donaras un riñón, aunque se quedó esperando que le devolvieras la llamada. Se piensa a veces que la felicidad es como sacarse la lotería, un suceso majestuoso que de la noche a la mañana cambiará una vida miserable por una llena de dicha. Esto es falso, en verdad la felicidad se finca en pequeñeces, en detalles que sazonan día a día nuestra existencia.

Nos dejamos engañar con demasiada facilidad por la aparente simpleza. NO desestimes jamás el poder de las cosas pequeñas: una flor, una carta, una palmada en el hombro, una palabra de aliento o unas cuantas líneas en una tarjeta. Todas estas pueden parecer poca cosa, pero no pienses que son insignificantes. En los momentos de mayor dicha o de mayor dolor se convierten en el cemento que une los ladrillos de esa construcción que llamamos relación. La flor se marchitará, las palabras quizá se las llevará el viento, pero el recuerdo de ambas permanecerá durante mucho tiempo en la mente y el corazón de quien las recibió. ¿Qué esperas entonces? Escribe esa carta, haz esa visita, levanta el teléfono. Hazlo ahora, mientras la oportunidad aún es tuya. NO lo dejes para después por parecerte poca cosa. En las relaciones no hay cosas pequeñas, únicamente existen las que se hicieron y las que se quedaron en buenas intenciones…

Los tres ancianos

Una mujer salió de su casa y vio a tres ancianos con largas barbas blancas sentados al frente de su casa. No los reconoció y dijo:

“Creo que no los conozco, pero deben estar hambrientos. Por favor, entren y tengan algo de comer”.

¿Está el hombre de la casa dentro?” preguntaron.

“No”, dijo ella. “El esta fuera”.

“Entonces no podemos entrar”, replicaron.

Al anochecer, cuando su esposo llegó a casa, le contó lo que había ocurrido. “Ve a decirles que estoy en casa e invítalos a entrar”. La mujer salió e invitó a los hombres a entrar.

“Nosotros no entramos a casa juntos”, replicaron.

“¿Por qué?”, quiso saber ella.

Uno de los ancianos explicó: “su nombre es Abundancia” dijo señalando a uno de sus amigos y luego dijo señalando al otro: “él es Éxito y yo soy Amor”.

Luego agregó: “ahora entra en tu casa y conversa con tu esposo sobre a cuál de nosotros quieren en su casa”.

La mujer fue y le contó a su esposo lo que le habían dicho. ¡Su esposo estaba encantado!

“Ya que éste es el caso, invitemos a la Abundancia.

Déjalo entrar y que llene nuestra casa de abundancia”. Su esposa no estuvo de acuerdo.

“Querido, ¿por qué no invitamos a Éxito?”

Su hija estaba escuchando desde el otro lado de la casa. Saltó con su propia sugerencia:

“¿No sería mejor invitar a Amor? Nuestra casa se llenaría de amor”.

“Escuchemos el consejo de nuestra hija”, dijo el hombre a su esposa.

“Ve, e invita a Amor para que sea nuestro invitado”.

La mujer salió y le preguntó a los tres ancianos: “¿Quién de ustedes es Amor? Por favor entre y sea nuestro invitado”. Amor se levantó y empezó a caminar hacia la casa. Los otros dos se pararon y lo siguieron.

Sorprendida, la señora le preguntó a Abundancia y a Éxito: “Sólo invité a Amor, ¿por qué vienen ustedes?” Los ancianos replicaron juntos: “Si tú hubieras invitado a Abundancia o a Éxito, los otros dos nos hubiéramos quedado afuera, pero como invitaste a Amor, a dondequiera que él vaya, vamos nosotros con él”.

Reflexión: Donde quiera que haya Amor hay también Abundancia y Éxito.

Los tres árboles

Érase una vez en la cumbre de una montaña, tres pequeños árboles juntos y soñando sobre lo que querían llegar a ser cuando fueran grandes.

El primer arbolito miró hacia las estrellas y dijo, “yo quiero guardar tesoros. Quiero estar repleto de oro y ser llenado de piedras preciosas, yo seré el baúl de tesoros más hermoso del mundo”

El segundo arbolito miró un pequeño arroyo realizando sus camino al océano y dijo, “yo quiero viajar a través de aguas temibles y llevar reyes poderosos sobre mi. Yo seré el barco más importante del mundo”.

El tercer arbolito miro hacia el valle que estaba abajo de la montaña y vio a hombres y mujeres trabajando en un pueblo trabajador, “yo no quiero irme de la cima de la montaña nunca, yo quiero crecer tan alto que cuando la gente del pueblo se pare a mirarme, ellos levantaran su mirada al cielo y pensaran en Dios, yo seré el árbol mas alto del mundo”.

Los años pasaron. Llovió, brillo el sol y los péquenos árboles crecieron alto. Un día, tres leñadores subieron a la cumbre de la montaña. El primer Leñador miró al primer árbol y dijo “que árbol tan hermoso es este”, y con la Arremetida de su hacha brillante el primer árbol cayó.” Ahora me deberán convertir en un baúl hermoso, deberé contener tesoros maravillosos”, dijo el primer árbol. El segundo leñador miro al segundo árbol y dijo: “este árbol es muy fuerte, es perfecto para mi”, y con la arremetida de su hacha brillante, el segundo árbol cayó, “ahora deberé navegar aguas temibles”, pensó el segundo árbol, “deberé ser un barco importante para reyes temidos y poderosos”.

El tercer árbol sintió su corazón sufrir cuando el ultimo leñador lo miro. El árbol se paro derecho y alto y apuntando ferozmente al cielo. Pero el leñador ni siquiera miro hacia arriba, y dijo “cualquier árbol es bueno para mi”, y con la arremetida de su hacha brillante, el tercer árbol cayo.

El primer árbol se emociono cuando el leñador lo llevo a una carpintería. Pero el carpintero lo convirtió en una caja de alimento para animales de granja, aquel árbol hermoso no fue cubierto con oro, ni llenado de tesoros sino que fue cubierto con polvo de cortadora y llenado con alimento para animales de granja hambrientos.

El segundo árbol sonrío cuando el leñador lo llevo cerca de un embarcadero, pero ningún barco imponente fue construido ese día. En lugar de eso aquel árbol fuerte fue cortado y convertido a un simple bote de pesca era demasiado chico y débil para navegar en el océano, ni siquiera en un río, y fue llevado a un pequeño lago.

El tercer árbol estaba confundido cuando el leñador lo corto para hacer tablas fuertes y lo abandono en un almacén de madera. “Que estará pasando”, fue lo que se pregunto el árbol, “yo todo lo que quería era quedarme en la cumbre de la montaña y apuntar a Dios…”

Muchísimos días y noches pasaron. a los tres árboles ya casi se les habían olvidado sus sueños.

Pero una noche, una luz de estrella dorada alumbro al primer árbol cuando una joven mujer puso a su hijo recién nacido en la caja de alimento. “Yo quisiera haberle podido hacer una cuna al bebe”, le dijo su esposo a la mujer, la madre le apretó la mano a su esposo y sonrío mientras la luz de la estrella alumbraba a la madera suave y fuerte de la cuna. y la mujer dijo, “este pesebre es hermoso”. Y de repente, el primer árbol supo que contenía el tesoro mas grande del mundo.

Una tarde, un viajero cansado y sus amigos se subieron al viejo bote de pesca. El viajero se quedo dormido mientras el segundo árbol navegaba tranquilamente hacia adentro del lago. De repente, una impresionante y aterradora tormenta llego al lago, el pequeño árbol se lleno de temor, el sabia que no tenia la fuerza para llevar a todos esos pasajeros a la orilla a salvo con ese viento y lluvia. El hombre cansado se levanto, el se paro y alzando su mano dijo, “calma”. La tormenta se detuvo tan rápido como comenzó. Y de repente el segundo árbol supo que el llevaba navegando al rey del cielo y de la tierra.

Un viernes en la mañana el tercer árbol se extrañó cuando sus tablas fueron tomadas de aquel almacén de madera olvidado. Se asusto al ser llevado a través de una impresionante multitud de personas enojadas, se lleno de temor cuando unos soldados clavaron las manos de un hombre en su madera. Se sintió feo, áspero y cruel. Pero un domingo en la mañana, cuando el sol brillo y la tierra tembló con Jubilo debajo de su madera, el tercer árbol supo que el amor de Dios había Cambiado todo. Esto hizo que el árbol se sintiera fuerte, y cada vez que la gente pensara en el tercer árbol, ellos pensarían en Dios. Eso era mucho mejor que ser el árbol mas alto del mundo. La próxima vez que te sientas deprimido porque no sucedió lo que tu querías, solo siéntete firme, y se feliz porque Dios esta pensando en algo mejor para darte.

Los verdaderos milagros

Tres personas iban caminando por una vereda de un bosque: un sabio con fama de hacer milagros, un poderoso terrateniente del lugar y, un poco atrás de ellos y escuchando la conversación, iba un joven estudiante alumno del sabio.

Poderoso: “me han dicho en el pueblo que eres una persona muy poderosa, inclusive puedes hacer milagros”.

Sabio: “soy una persona vieja y cansada… ¿cómo crees que yo podría hacer milagros?”.

Poderoso: “pero me han dicho que sanas a los enfermos, haces ver a los ciegos y vuelves cuerdos a los locos….. esos milagros sólo los puede hacer alguien muy poderoso”.

Sabio: “¿te referías a eso?, tú lo has dicho, esos milagros sólo los puede hacer alguien muy poderoso… no un viejo como yo; esos milagros los hace Dios, yo sólo pido se conceda un favor para el enfermo, o para el ciego ,todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer lo mismo”.

Poderoso: “yo quiero tener la misma fe para poder realizar los milagros que tú haces… muéstrame un milagro para poder creer en tu Dios”.

Sabio: “Esta mañana ¿volvió a salir el sol?”.

Poderoso: “sí, claro que sí”.

Sabio: “pues ahí tienes un milagro….. el milagro de la luz”.

Poderoso: “No, yo quiero ver un VERDADERO milagro, oculta el sol, saca agua de una piedra…. mira hay un conejo herido junto a la vereda, tócalo y sana sus heridas”.

Sabio: “¿quieres un verdadero milagro?, ¿no es verdad que tu esposa acaba de dar a luz hace algunos días?”.

Poderoso: “sí!, fue varón y es mi primogénito”.

Sabio: “ahí tienes el segundo milagro…. el milagro de la vida”.

Poderoso: “sabio, tú no me entiendes, quiero ver un verdadero milagro…”

Sabio: “¿acaso no estamos en época de cosecha?, ¿no hay trigo y sorgo donde hace unos meses sólo había tierra?”.

Poderoso: “sí, igual que todos los años”.

Sabio: “pues ahí tienes el tercer milagro…”

Poderoso: “creo que no me he explicado, lo que yo quiero…” (el sabio lo interrumpe)

Sabio: “te has explicado bien, yo ya hice todo lo que podía hacer por ti… si lo que encontraste no es lo que buscabas, lamento desilusionarte, yo he hecho todo lo que podía hacer”.

Dicho esto, el poderoso terrateniente se retiró muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba. El sabio y su alumno se quedaron parados en la vereda; cuando el poderoso terrateniente iba muy lejos como para ver lo que hacían el sabio y su alumno, el sabio se dirigió a la orilla de la vereda, tomó al conejo, sopló sobre él y sus heridas quedaron curadas; el joven estaba algo desconcertado.

Joven: “maestro: te he visto hacer milagros como éste casi todos los días, ¿por qué te negaste a mostrarle uno al caballero?, ¿por qué lo haces ahora que no puede verlo?”.

Sabio: “lo que él buscaba no era un milagro, era un espectáculo. Le mostré 3 milagros y no pudo verlos…. para ser rey primero hay que ser príncipe, para ser maestro primero hay que ser alumno… no puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se te muestran día a día. El día que aprendas a reconocer a Dios en todas las pequeñas cosas que ocurren en tu vida, ese día comprenderás que no necesitas más milagros que los que Dios te da todos los días sin que tú se los hayas pedido”.

Cuando estamos en problemas siempre pedimos ayuda a Dios y eso está bien porque no hay nadie que pueda ayudarnos más que Él, pero pídele la cordura para pensar claramente, la paciencia necesaria para mantenerte tranquilo y actuar bien, la fortaleza necesaria para afrontar los retos y la fe suficiente para seguirlo amando sin importar lo que pase…. Pídele esos milagros, no le pidas simplemente que resuelva tus problemas sólo porque te da miedo afrontarlos por ti mismo…

Las mil canicas

Entre más envejezco, más disfruto de las mañanas de sábado. Tal vez es la quieta soledad que viene con ser el primero en levantarse, o quizá el increíble gozo de no tener que ir al trabajo. De todas maneras, las primeras horas de un sábado son en extremos deleitosas.

Hace unas cuantas semanas, me dirigía hacia mi equipo de radioaficionado en el sótano con una humeante taza de café en una mano y el periódico en la otra. Lo que comenzó como una típica mañana de sábado se convirtió en una de esas lecciones que la vida parece darnos de vez en cuando. Déjenme contarles.

Sintonicé mi equipo de radio a la porción telefónica de mi banda para entrar en una red de intercambio de sábado en la mañana. Después de un rato, me topé con un compañero que sonaba un tanto mayor, con buena señal y voz. Pueden imaginarse al tipo, sonaba como si estuviese en el negocio de las comunicaciones. Él le estaba diciendo a quien estuviese conversando con él algo acerca de “unas mil canicas”.

Quedé intrigado y me detuve para escuchar lo que tenía que decir. “Bueno, Tom, de veras que parece que estás ocupado con tu trabajo. Estoy seguro de que te pagan bien pero es una lástima que tengas que estar fuera de casa y lejos de tu familia tanto tiempo. Es difícil imaginar que un hombre joven tenga que trabajar sesenta o setenta horas a la semana para sobrevivir. Qué triste que te perdieras la presentación teatral de tu hija”. Continuó: “Déjame decirte algo, Tom, algo que me ha ayudado a mantener una buena perspectiva sobre mis propias prioridades”. Y entonces fue cuando comenzó a explicar su teoría sobre unas “mil canicas”.

“Ves, me senté un día e hice algo de aritmética. La persona promedio vive unos setenta y cinco años. Yo sé, algunos viven más y otros menos, pero en promedio, la gente vive unos setenta y cinco años”. “Entonces, multipliqué 75 por 52 y obtuve 3,900 que es el número de sábados que la persona promedio habrá de tener en toda su vida. Mantente conmigo, Tom, que voy a la parte importante”.

“Me tomó hasta que casi tenía cincuenta y cinco años pensar todo esto en detalle”, continuó, “y para ese entonces ya había vivido más de dos mil ochocientos sábados. Me puse a pensar que si llegaba a los setenta y cinco, sólo me quedarían unos mil más que disfrutar”: “Así que fui a una tienda de juguetes y compré cada canica que tenían. Tuve que visitar tres tiendas para obtener 1,000 canicas. Las llevé a casa y las puse dentro de un gran envase plástico claro junto a mi equipo de radioaficionado. Cada sábado a partir de entonces, he tomado una canica y la he botado”.

“Descubrí que al observar cómo disminuían las canicas, enfocaba más sobre las cosas verdaderamente importantes en la vida. No hay nada como ver cómo se te agota tu tiempo en la tierra para llevarte a ajustar tus prioridades”.

“Ahora déjame decirte una última cosa antes que nos desconectemos y lleve a mi bella esposa a desayunar. Esta mañana, saqué la última canica del envase. Me di cuenta que si vivo hasta el próximo sábado, entonces me habrá sido dado un poquito de tiempo adicional. Y si hay algo que todos podemos usar es un poco más de tiempo”.

“Me gustó conversar contigo, Tom, espero que puedas estar más tiempo con tu familia y espero volver a encontrarnos aquí en la banda, el hombre de 75 años, este es K9NZQ, cambio y fuera, ¡buen día!”

Uno pudiera haber oído un alfiler caer en la banda cuando este amigo se desconectó. Creo que nos dio a todos bastante sobre lo qué pensar. Había planeado trabajar en la antena aquella mañana, y luego iba a reunirme con unos cuantos radioaficionados para preparar la nueva circular del club. En vez de aquello, subí las escaleras y desperté a mi esposa con un beso.

“Vamos, querida, te quiero llevar a ti y los muchachos a desayunar fuera”.

“¿Qué mosca te picó?” Preguntó sonreída. “Oh, nada; es que no hemos pasado un sábado juntos con los muchachos en mucho tiempo. Hey, ¿pudiésemos parar en la tienda de juguetes mientras estamos fuera? Necesito comprar algunas canicas”.

Luz para el camino

Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida.

La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella.

En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce.

Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice:

- ¿Qué haces Guno, tú ciego, con una lámpara en la mano? Si tú no ves…

Entonces, el ciego le responde:

- Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi…

- No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella.

Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite.

Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil… Muchas veces en vez de alumbrar oscurecemos mucho más el camino de los demás…¿Cómo? A través del desaliento, la crítica, el egoísmo, el desamor, el odio, el resentimiento…

¡Qué hermoso sería sí todos ilumináramos los caminos de los demás!

Madre

Partió el pan en dos trozos y lo dio a sus hijos, que comieron con avidez. “No guardó nada para ella”, refunfuñó el sargento. “Porque no tiene hambre”, dijo el soldado. “Porque es una madre”, dijo el sargento.

***

Un día, le preguntaron a un niño: ¿Qué parte del pollo te gusta más?, – mmmm, a ver, pues… la pechuga!, esa es la que más me gusta. – Y ¿a ti?, le preguntaron al hermano menor- Pues… la piernita… me gusta mucho!. Y así siguieron con cada uno de los seis hermanos. Cada uno disfrutaba decir e imaginar que era lo que más les gustaba.  ¿Y, a su mamá?, ¿Cuál parte come?, ¿Le gusta también la pechuga?. – No- le contestaron, a ella lo que más le gusta son el pescuezo y las patas!…

***

Muchas veces, olvidamos que en amor incondicional, nadie puede superar al amor de una madre. Cuando crecemos, llegamos a sentirnos autosuficientes y ajenos a nuestros padres. La lejanía y la distancia amorosa, depende, en gran medida, cuando somos mayores, sólo de nosotros mismos. Si tienes la bendición de tenerla contigo, ámala ahora que puedes, y no asumas tontamente que ya lo sabe. Llénala de besos, como cuando eras pequeño. No dejes pasar este día si haberle dicho, cuánto la quieres.

Madre mía

Madre mía…

Uno recibe todo de su madre y pone su confianza en ella y uno ve el proceso de nuestro desarrollo gracias a la presencia de la madre. Esto es normal, ya que hemos nacido de ella y hemos estado con ella desde entonces. Pero, si no conociéramos ha esta señora y nos llegara y dijera que es nuestra madre, ¿qué pasaría? ¿Cómo aceptar que es nuestra madre?.

Hay un ejemplo de esta caso:

” Una niña la cual escogió Dios para ser la madre de su Hijo, no lo amo como de ella solamente, sino que lo dono al mundo y esta donación se convirtió en gracia para ella y por esto es que su Hijo, nos muestra a su Madre para que sea nuestra madre. Y ¿qué hizo ella para ser así?, solo hizo lo que debió hacer (ser mujer) y obedeció a Dios; gracias a esto, ella es nuestra madre y guía al cielo.”

Si todas las mujeres del mundo, pudiesen amar así o tratar de seguir sus pasos; seria una forma de cambiar el mundo desde nuestras posiciones, desde nuestro yo; por que como dice el relato de las bodas de Canaan: “El Hijo obedece a su Madre, aunque el sabe que no es la hora, confía en las intenciones de su madre y cambia las cosas”, también se podría experimentar esta situación en nuestras vidas teniendo una madre como esta y confiando en la madre que nos han donado.

Con estas mujeres, que decidieron ser mujeres, es que hoy podemos festejar y contar con nuestras madres.

Madurar es opcional

El primer día en la universidad nuestro profesor se presentó y nos pidió que procuráramos llegar a conocer a alguien a quien no conociéramos todavía.

Me puse de pie y miré a mi alrededor, cuando una mano me tocó suavemente el hombro.

Me di la vuelta y me encontré con una viejita arrugada cuya sonrisa le alumbraba todo su ser. Hola, buen mozo. Me llamo Rose. Tengo ochenta y siete años. ¿Te puedo dar un abrazo?. Me reí y le contesté con entusiasmo:

¡Claro que puede!” Ella me dio un abrazo muy fuerte. ¿Por qué está usted en la universidad a una edad tan temprana, tan inocente?, le pregunté.

Riéndose, contestó: “Estoy aquí para encontrar un marido rico, casarme, tener unos dos hijos, y luego jubilarme y viajar.”

“Se lo digo en serio”, le dije. Quería saber qué le había motivado a ella a afrontar ese desafío a su edad.

“Siempre soñé con tener una educación universitaria y ahora la voy a tener!”, me dijo.

Después de clases caminamos al edificio de la asociación de estudiantes y compartimos un batido de chocolate. Nos hicimos amigos enseguida.

Todos los días durante los tres meses siguientes salíamos juntos de la clase y hablábamos sin parar. Me fascinaba escuchar a esta “máquina del tiempo”.

Ella compartía su sabiduría y experiencia conmigo. Durante ese año, Rose se hizo muy popular en la universidad; hacía amistades a donde iba. Le encantaba vestirse bien y se deleitaba con la atención que recibía de los demás estudiantes. Se lo estaba pasando de maravilla.

Al terminar el semestre le invitamos a Rose a hablar en nuestro banquete de fútbol.

No olvidaré nunca lo que ella nos enseñó en esa oportunidad.

Luego de ser presentada, subió al podio. Cuando comenzó a pronunciar el discurso que había preparado de antemano, se le cayeron al suelo las tarjetas donde tenía los apuntes. Frustrada y un poco avergonzada se inclinó sobre el micrófono y dijo simplemente, “disculpen que esté tan nerviosa. Dejé de tomar cerveza por cuaresma y ¡este whisky me está matando!”

“No voy a poder volver a poner mi discurso en orden, así que permítanme simplemente decirles lo que sé.”

Mientras nos reíamos, ella se aclaró la garganta y comenzó: “No dejamos de jugar porque estamos viejos; nos ponemos viejos porque dejamos de jugar. Hay sólo cuatro secretos para mantenerse joven, ser feliz y triunfar.”

Tenemos que reír y encontrar el buen humor todos los días. Tenemos que tener un ideal. Cuando perdemos de vista nuestro ideal, comenzamos a morir.

¡Hay tantas personas caminando por ahí que están muertas y ni siquiera lo saben!”

Hay una gran diferencia entre ponerse viejo y madurar.

Si ustedes tienen diecinueve años y se quedan en la cama un año entero sin hacer nada productivo se convertirán en personas de veinte años. Si yo tengo ochenta y siete años y me quedo en la cama por un año sin hacer nada tendré ochenta y ocho años.

Todos podemos envejecer. No se requiere talento ni habilidad para ello. Lo importante es que maduremos encontrando siempre la oportunidad en el cambio. “No me arrepiento de nada. Los viejos generalmente no nos arrepentimos de lo que hicimos sino de lo que no hicimos. Los únicos que temen la muerte son los que tienen remordimientos.

Terminó su discurso cantando “La Rosa”. Nos pidió que estudiáramos la letra de la canción y la pusiéramos en práctica en nuestra vida diaria.

Rose terminó sus estudios. Una semana después de la graduación, Rose murió tranquilamente mientras dormía.

Más de dos mil estudiantes universitarios asistieron a las honras fúnebres para rendir tributo a la maravillosa mujer que les enseñó con su ejemplo que nunca es demasiado tarde para llegar a ser todo lo que se puede ser.

Madurez

Madurez es la habilidad de controlar la ira y resolver las discrepancias sin violencia o destrucción.

Madurez es paciencia; es la voluntad de posponer el placer inmediato a favor de un beneficio a largo plazo.

Madurez es perseverancia; es la habilidad de sacar un proyecto o una situación adelante, a pesar de fuerte oposición y retrocesos decepcionantes.

Madurez es la capacidad de encarar disgustos y frustraciones, incomodidades y derrotas, sin queja ni abatimiento.

Madurez es humildad; es ser suficientemente grande para decir me equivoqué; y cuando se está en lo correcto, la persona madura, no necesita la satisfacción de decir: “Te lo dije”.

Madurez es la capacidad de tomar una decisión y sostenerla; los inmaduros pasan sus vidas explorando posibilidades, para al fin no hacer nada.

Madurez significa confiabilidad; mantener la propia palabra, superar la crisis; los inmaduros son maestros de la excusa, son los confusos y desorganizados, sus vidas son una mezcla de promesas rotas, amigos perdidos, negocios sin terminar, y buenas intenciones que nunca se convierten en realidad.

Madurez es el arte de vivir en paz con lo que es imposible cambiar.

Mamá no tiene novio

De visita en casa de mis tíos, me divierte ver a mi prima grande prepararse cuando espera a su novio; toda contenta se peina, perfuma y pinta los labios, se viste muy guapa y corre de un lado a otro de la casa, arreglando todo con detalle para que su “mi amor” no encuentre defecto alguno en el entorno.

Entonces llega el novio oliendo a mucha loción y cuando se miran…¡uff!, parece que flotan en el aire. Se abrazan con ternura y ella le ofrece algo de tomar junto con las galletas que le preparó durante la tarde. Además, el celebra todo lo que ella le prepara para cenar con esmero. Luego se sientan a platicar tontería y media por horas, después de lograr que los niños desaparezcamos de la sala; se escuchan el uno al otro sin perder detalle ni soltarse sus manos, hasta que al susodicho no le queda mas remedio que despedirse cuando mi tío empieza a rondar con la almohada bajo el brazo.

Al día siguiente le pregunto a mi mamá quién es su novio, y me dice muy sonriente que su novio es mi papá. – “No mami en serio…” pero ella insiste.

¿Cómo va a ser mi papá su novio?. ¡En primera, él nunca llega con un ramo de flores, ni chocolates; sí le da un regalo a mamá en su cumpleaños y navidad, pero nunca he visto que el novio de mi prima se presente con una licuadora o dinero para que se compre algo. Además mamá no pone cara de Blanca Nieves cuando papá llega del trabajo, ni él sonríe como príncipe azul cuando la mira. Mamá no corre a arreglarse el peinado, ni a pintarse los labios cuando suena el timbre de la puerta y apenas voltea a verlo para decir “hola” porque está revisando las tareas.

El saludo de mi papá, en vez de “hola mi vida” es “Hola ¡que día!” y de inmediato se pone en la peores fachas para estar cómodo.

En lugar de “¿qué se te antoja de cenar?”; Mi mamá le pregunta temerosa “Qué, ¿quieres cenar?” y cuando creo que papá le va a decir “Que bonita te ves hoy”, le pregunta “¿no viste donde quedó el control de la televisión?”.

Los novios se dicen cosas románticas como “¡cuánto te amo!”, en vez de “¿fuiste al banco?”.

Mi prima y su novio no pueden dejar de mirarse. Cuando mamá pasa delante de papá, el inclina la cabeza para no perder detalle de lo que hay en la tele. A veces, papá le da un abrazo sorpresa a mamá, pero ella tiene que zafarse por que siempre está a las carreras.

Además, mis papás solo se dan la mano cuando en Misa el padre dice “dense fraternalmente la paz”.

Yo creo que ella me dice que son novios para que no me entere de que “cortaron” cuando se casaron. La verdad es que mi mamá no tiene novio y mi papá no tiene novia.

Qué aburrido… ¡SOLO SON ESPOSOS!

Mañana puede ser muy tarde

¿Ayer?…¡Eso hace tiempo!…

¿Mañana?… No nos es permitido saber…

Mañana puede ser muy tarde…

Para decir que amas, para decir que perdonas, para decir que disculpas, para decir que quieres intentar nuevamente…

Mañana puede ser muy tarde…

Para pedir perdón, para decir: ¡Discúlpame, el error fue mío…!

Tu amor, mañana, puede ser inútil;

Tu perdón, mañana, puede no ser preciso;

Tu regreso, mañana, puede que no sea esperado;

Tu carta, mañana, puede no ser leída;

Tu cariño, mañana, puede no ser más necesario;

Tu abrazo, mañana, puede no encontrar otros brazos…

Porque mañana puede ser muy, muy tarde!

No dejes para mañana para decir: ¡Te amo!¡Te extraño!, ¡Perdóname!, ¡Discúlpame! ¡Esta flor es para ti!, ¡Te encuentras muy bien!

No dejes para mañana

Tu sonrisa, Tu abrazo, Tu cariño, Tu trabajo, Tu sueño, Tu ayuda…

No dejes para mañana para preguntar:

¿Puedo ayudarte?

¿Por qué estás triste?

¿Qué te pasa?

¡Oye!…ven aquí, vamos conversar.

¿Dónde está tu sonrisa?

¿Aún me das la oportunidad?

¿Percibiste que existo?

¿Por qué no empezamos nuevamente?

Estoy contigo. ¿Sabes que puedes contar conmigo?

¿Dónde están tus sueños?

Recuerda: ¡Mañana puede ser tarde… muy tarde!

¡Busca!, ¡Pide!, ¡Insiste!, ¡Intenta una vez más!

¡Solamente el “hoy” es definitivo!

¡Mañana puede ser tarde… muy tarde!

Mañana se lo diré

Había una vez una hormiguita . Esta hormiguita era como toda buena hormiga, trabajadora y servicial.

Se la pasaba acarreando hojitas de día y de noche: casi no tenia tiempo para descansar.

Y así transcurría su vida, trabajando y trabajando. Un día fue a buscar comida a un estanque que estaba un poco lejos de su casa, y para su sorpresa al llegar al estanque vio como un botón de lirio se abría y de el surgía una hermosa y delicada florecilla.

Se acercó: – ¿Hola, sabes? ¿eres muy bonito…. que eres ?

Y la florecita contesto : – Soy un lirio. Gracias, sabes eres muy simpático, que eres?

- Soy una hormiga, gracias también.

Y así la hormiguita y el lirio siguieron conversando todo el día, haciendo grandes amigos. Cuando iba anochecer la hormiga regreso a su casa, no sin antes prometer al lirio que volvería al día siguiente mientras iba caminando a su casa, la hormiga descubrió que admiraba a su amigo, que lo quería muchísimo y se dijo:

“Mañana le diré que me encanta su forma de ser”

Y el lirio al quedarse solo se dijo: ” Me gusta la amistad de la hormiga, mañana cuando venga se lo diré”

Pero al día siguiente la hormiguita se dio cuenta de que no había trabajado nada el día anterior. Así que decidió quedarse a trabajar y se dijo: “Mañana iré con el lirio ; hoy no puedo , estoy demasiado ocupado , mañana y le diré además, que lo extraño”.

Al día siguiente amaneció lloviendo y la hormiga no pudo salir de su casa y de dijo,

- Que mala suerte hoy tampoco veré al lirio.

Bueno no importa mañana le diré todo lo especial que es para mi.”

Y al tercer día la hormiguita se despertó muy temprano y se fue al estanque, pero al llegar encontró al lirio en el suelo, ya sin vida.

La lluvia y el viento habían destrozado su tallo . Entonces la hormiga pensó, que tonta fui, desperdicie demasiado tiempo, mi amigo se fue sin saber cuanto lo quería, en verdad me arrepiento.

Y así fue como ambos nunca supieron lo importantes que eran. No esperes el mañana para soñar, y por ningún motivo dejes de decirle a una persona que la amas.

Manos que oran

Durante el siglo XV, en una pequeña aldea cercana a Nuremberg, vivía una familia con 18 niños. Para poder poner pan en la mesa para tal prole, el padre, y jefe de la familia, trabajaba casi 18 horas diarias en las minas de oro, y en cualquier otra cosa que se presentara.

A pesar de las condiciones tan pobres en que vivían, dos de los hijos de Albrecht Durer tenían un sueño. Ambos querían desarrollar su talento para el arte, pero bien sabían que su padre jamás podría enviar a ninguno de ellos a estudiar a la Academia.

Después de muchas noches de conversaciones calladas entre los dos, llegaron a un acuerdo. Lanzarían al aire una moneda. El perdedor trabajaría en las minas para pagar los estudios al que ganara. Al terminar sus estudios, el ganador pagaría entonces los estudios al que quedara en casa, con las ventas de sus obras, o como fuera necesario.

Lanzaron al aire la moneda un domingo al salir de la Iglesia. Albretch Durer gano y se fue a estudiar a Nuremberg. Albert comenzó entonces el peligroso trabajo en las minas, donde permaneció por los próximos cuatro años para sufragar los estudios de su hermano, que desde el primer momento fue toda una sensación en la Academia.

Los grabados de Albretch, sus tallados y sus oleos llegaron a ser mucho mejores que los de muchos de sus profesores, y para el momento de su graduación, ya había comenzado a ganar considerables sumas con las ventas de su arte.

Cuando el joven artista regresó a su aldea, la familia Durer se reunió para una cena festiva en su honor. Al finalizar la memorable velada, Albretch se puso de pie en su lugar de honor en la mesa, y propuso un brindis por su hermano querido, que tanto se había sacrificado para hacer sus estudios una realidad.

Sus palabras finales fueron: “Y ahora, Albert hermano mío, es tu turno. Ahora puedes ir tú a Nuremberg a perseguir tus sueños, que yo me haré cargo de ti”.  Todos los ojos se volvieron llenos de expectativa hacia el rincón de la mesa que ocupaba Albert, quien tenía el rostro empapado en lágrimas, y movía de lado a lado la cabeza mientras murmuraba una y otra vez: “No… no… no…”.

Finalmente, Albert se puso de pie y secó sus lágrimas. Miró por un momento a cada uno de aquellos seres queridos y se dirigió luego a su hermano, y poniendo su mano en la mejilla de aquel le dijo suavemente: “No, hermano, no puedo ir a Nuremberg. Es muy tarde para mí. Mira lo que cuatro años de trabajo en las minas han hecho a mis manos. Cada hueso de mis manos se ha roto al menos una vez, y últimamente la artritis en mi mano derecha ha avanzado tanto que hasta me costó trabajo levantar la copa durante tu brindis… mucho menos podría trabajar con delicadas líneas el compás o el pergamino y no podría manejar la pluma ni el pincel. No, hermano… para mí ya es tarde”.

Mas de 450 años han pasado desde ese día. Hoy en día los grabados, oleos, acuarelas, tallas y demás obras de Albretch Durer pueden ser vistos en museos alrededor de todo el mundo. Pero seguramente usted, como la mayoría de las personas, sólo recuerde uno. Lo que es más, seguramente hasta tenga uno en su oficina o en su casa.

Un día, para rendir homenaje al sacrificio de su hermano Albert, Albretch Durer dibujó las manos maltratadas de su hermano, con las palmas unidas y los dedos apuntando al cielo. Llamó a esta poderosa obra simplemente “Manos”, pero el mundo entero abrió de inmediato su corazón a su obra de arte y se le cambió el nombre a la obra por el de “Manos que oran”.

La próxima vez que vea una copia de esa creación, mírela bien. Permita que sirva de recordatorio, si es que lo necesita, de que nadie, nunca, triunfa solo.

Mantén la boca cerrada

Una rana se preguntaba como podía alejarse del clima del frió del invierno. Unos gansos le sugirieron que emigrara con ellos. Pero el problema era que la rana no sabia volar.

Déjenmelo a mi – dijo la rana -. Tengo un cerebro espléndido. Lo pensó y luego pidió a dos gansos que la ayudaran a recoger una caña fuerte, cada uno sosteniéndola por un extremo. La rana pensaba agarrarse a la caña por la boca.

A su debido tiempo, los gansos y la rana comenzaron su travesía. Al poco rato pasaron por una pequeña ciudad, y los habitantes de allí salieron para ver el inusitado espectáculo. Alguien pregunto: A quien se le ocurrió tan brillante idea?

Esto hizo que la rana se sintiera tan orgullosa y con tal sentido de importancia que exclamo: A MI! Su orgullo fue su ruina, porque al momento en que abrió la boca, se soltó, cayo al vació, y murió.

Hay ocasiones en que la falta de humildad o el exceso de orgullo, pueden echar abajo planes excelentes.

Mantén la paz

“Hay demasiado ruido en nuestras vidas y no suficiente silencio.” ” Hay demasiado ruido y no suficiente quietud. “Hay demasiada confusión y no suficiente tranquilidad.” Hay demasiada actividad y no suficiente oración.” Hay demasiado del mundo y no suficiente de Dios”. Como resultado, la gente ha llegado a estar tan habituada al sonido, al ruido, a la confusión y a las distracciones, que el silencio , la quietud, la tranquilidad y Dios ocupan poco lugar en las vidas de muchas personas, quizá la mayoría. “El silencio ha llegado a ser implacable, la quietud, casi insoportable, la tranquilidad, anormal, y Dios, un extraño. La gente quiere ir a lugares y hacer cosas; no están contentos con permanecer dentro de si mismos y pensar o meditar u orar. ” Y sin embargo , necesitamos las cosas que tenemos y rechazamos. Necesitamos silencio en ocasiones con objeto de oír la voz de Dios, precisamos quietud para ejercitar la parte racional de nuestra naturaleza; nos hace falta tranquilidad. “Necesitamos ser liberados de distracciones , al menos ocasionalmente , con el fin de poder dedicar un serio pensamiento y concentración al verdadero fin de nuestra existencia”.

María José

“El día que mi hija María José nació, en verdad no sentí gran alegría porque la decepción que sentía parecía ser más grande que el gran acontecimiento que representa tener hijo. Yo quería un varón. A los dos días de haber nacido, fui a buscar a mis dos mujeres, (mi esposa y mi hija) una lucía pálida y la otra radiante y dormilona. En pocos meses me dejé cautivar por la sonrisa de María José y por el negro de su mirada fija y penetrante, fue entonces cuando empecé a amarla con locura, su carita, su sonrisa y su mirada no se apartaban ni un instante de mi pensamiento; todo se lo quería comprar, la miraba en cada niño o niña, hacía planes, todo sería para mi María José”.

Este relato era contado a menudo por Randolf, el padre de María José: Yo también sentía gran afecto por la niña que era la razón más grande para vivir de Randolf, según decía él mismo. Una tarde estábamos mi familia y la de Randolf haciendo un picnic a la orilla de una laguna cerca de casa y la niña entabló una conversación con su papá; todos escuchábamos.

Papi, cuando cumpla quince años, ¿Cuál será mi regalo?.

- Pero mi amor si apenas tienes diez añitos, ¿No te parece que falta mucho para esa fecha?.

- Bueno papi, tu siempre dices que el tiempo pasa volando, aunque yo nunca lo he visto por aquí.

La conversación se extendía y todos participamos de ella. Al caer el sol regresamos a nuestras casas.

Una mañana me encontré con Randolf enfrente del colegio donde estudiaba su hija quien ya tenía catorce años. El hombre se veía muy contento y la sonrisa no se apartaba de su rostro. Con gran orgullo me mostró el registro de calificaciones de María José, eran notas impresionantes, ninguna bajaba de veinte puntos y los estímulos que les habían escrito sus profesores eran realmente conmovedores, felicité al dichoso padre y le invité a un café.

María José ocupaba todo el espacio en casa, en la mente y en el corazón de la familia, especialmente en el de su padre. Fue un domingo muy temprano cuando nos dirigíamos a misa, cuando María José tropezó con algo, eso creímos todos, y dio un traspié, su papá la agarró de inmediato para que no cayera. Ya instalados en nuestros asientos, vimos como María José fue cayendo lentamente sobre el banco y casi perdió el conocimiento. La tomé en brazos mientras su padre buscaba un taxi y la llevamos al hospital. Allí permaneció por diez días y fue entonces cuando le informaron que su hija padecía de una grave enfermedad que afectaba seriamente su corazón, pero no era algo definitivo, que debía practicarle otras pruebas para llegar a un diagnóstico firme.

Los días iban transcurriendo, Randolf renunció a su trabajo para dedicarse al cuidado de María José, su madre quería hacerlo pero decidieron que ella trabajaría, pues sus ingresos eran superiores a los de él. Una mañana Randolf se encontraba al lado de su hija cuando ella le preguntó:

- ¿Voy a morir, no es cierto?. Te lo dijeron los médicos.

- No mi amor, no vas a morir, Dios que es tan grande, no permitiría que pierda lo que más he amado en el mundo. -respondió el padre.

- Los que mueren… ¿Van a algún lugar?… ¿Pueden ver desde lo alto a las personas queridas? ¿Sabes si pueden volver?

- Bueno hija, respondió, en verdad nadie ha regresado de allá a contar algo sobre eso, pero si yo muriera, no te dejaría sola. Estando en el mas allá buscaría la manera de comunicarme contigo, en última instancia utilizaría el viento para venir a verte.

- ¿Al viento? Replicó María José. ¿Y como lo harías?

- No tengo la menor idea hija, sólo sé que si algún día muero, sentirás que estoy contigo cuando un suave viento roce tu cara y una brisa fresca bese tus mejillas.

Ese mismo día por la tarde, llamaron a Randolf. El asunto era grave, su hija estaba muriendo, necesitaban un corazón pues el de ella no resistiría sino unos quince o veinte días más. ¡Un corazón! ¿Dónde hallar un corazón?

Lo vendían en la farmacia acaso, en el supermercado, o en una de esas grandes tiendas que hacen propaganda por radio y televisión. ¡Un corazón! ¿Dónde?

Ese mismo mes, María José cumpliría sus quince años. Fue el viernes por la tarde cuando consiguieron un donante, las cosas iban a cambiar. El domingo por la tarde, ya María José estaba operada. Todo salió como los médicos lo habían planeado. ¡Éxito total! Sin embargo, Randolf no había vuelto por el hospital y María José lo extrañaba muchísimo. Su mamá le decía que ya que todo estaba bien, sería él quien trabajaría para sostener la familia.

María José permaneció en el hospital por quince días mas, los médicos no habían querido dejarla ir hasta que su corazón estuviera firme y fuerte y así lo hicieron. Al llegar a casa todos se sentaron en un enorme sofá y su mamá con los ojos llenos de lágrimas le entregó una carta de su padre.

-” María José, mi gran amor: Al momento de leer mi carta, debes tener quince años y un corazón fuerte latiendo en tu pecho; esa fue la promesa de los médicos que te operaron. No puedes imaginarte ni remotamente cuánto lamento no estar a tu lado en este instante. Cuando supe que ibas a morir, decidí dar respuesta a una pregunta que me hiciste cuando tenias diez años y la cual no respondí. Decidí hacerte el regalo más hermoso que nadie jamás ha hecho. Te regalo mi vida entera sin condición alguna, para que hagas con ella lo que quieras, ¡Vive hija! ¡Te amo!”.

María José lloró todo el día y toda la noche. Al día siguiente, fue al cementerio y sentándose sobre la tumba de su papá lloró como nadie lo ha hecho, y susurró: Papi ahora puedo comprender cuánto me amabas, yo también te amaba aunque nunca te lo dije. Por eso también comprendo la importancia de decir te amo. Y te pediría perdón por haber guardado silencio.

En ese instante las copas de los árboles se movieron suavemente, cayeron algunas flores y una suave brisa rozó las mejillas de María José. Alzo la mirada al cielo, sonrió sintiendo a su papá a su lado, se levantó y caminó a casa.

¡Qué hermoso gesto al imitar a Jesús y dar la vida por quien se ama!

Marque el 91:1

La mayoría de la gente sabe que si uno marca en el teléfono los números 911 en los Estados Unidos obtiene ayuda en una emergencia. Es tan simple que hasta los niños en edad preescolar han salvado vidas marcándolos. Tres números lo hacen todo.

En una emergencia, la ayuda está a la corta distancia de tres teclas que se marcan en el teléfono.

Siempre es necesario en nuestras crisis y emergencias, buscar ayuda divina. Cuando eso sucede podemos marcar los mismos números en la Biblia: el Salmo  91:1. Allí encontramos la ayuda y la protección de nuestro Dios todopoderoso. Este salmo nos recuerda que Dios es nuestro “refugio” y que podemos descansar bajo su sombra.

Cuando enfrentamos las crisis de la vida, a menudo tratamos de sobrevivir por nuestra propia cuenta. Olvidamos que lo que más necesitamos es, la protección de Dios y el consuelo de su presencia, y que están disponibles con sólo pedirlos.

La próxima vez que el peligro espiritual amenace, marca el Salmo 91.1 : “Tú que habitas al amparo del Altísimo, a la sombra del Todopoderoso, dile al Señor: Mi amparo, mi refugio; en ti, mi Dios, yo pongo mi confianza”.

Más allá del dinero

Se cuenta una preciosa historia de una familia pobre que tenía la facultad de tomar todas las cosas por su mejor lado. Una mujer rica se interesó por ayudarlos. Un día la visitó un vecino de la familia pobre y le dijo que la estaban embaucando.

Los niños de aquella familia siempre comen cosas deliciosas, lujos que ni yo puedo permitirme – dijo el vecino.

La mujer rica fue a visitar esta familia al mediodía. Estaba parada junto a la puerta, a punto de llamar, cuando oyó que una de las niñitas le preguntaba a otra:

- ¿Te vas a servir asado hoy?

- No, creo que comeré pollo asado – respondió la otra niña.

Al oír eso la mujer golpeó la puerta y entró inmediatamente. Vio a las dos niñas sentadas a la mesa en la que habían unas pocas rebanadas de pan seco, dos

papas frías, un jarro de agua y nada más.

A sus preguntas contestaron que se hacían de cuenta que su pobre comida era toda

suerte de manjares y el juego hacía que la comida les fuera un verdadero festín.

Usted no sabe lo delicioso que es el pan cuando una lo llama torta de frutillas.

- Pero es mucho más rico si lo llamas helado de crema – dijo la otra niña.

La señora rica salió de allí con una nueva idea de lo que significa el contentamiento. Descubrió que la felicidad no está en las cosas, sino en los pensamientos. Acababa de aprender lo que Salomón había dicho tanto tiempo antes, que “El ánimo del hombre lo sostiene en su enfermedad; pero perdido el ánimo, ¿quién lo levantará?”

No pidamos que cambie nuestra suerte, pidamos ser transformados nosotros. Entonces, veremos que hay bendiciones que nos aguardan en la suerte que nos ha correspondido.

Mas que un anillo de compromiso

El muchacho entró con paso firme a la joyería y pidió que le mostraran el mejor anillo de compromiso que tuviera. El joyero le presentó uno. La hermosa piedra, solitaria, brillaba como un diminuto sol resplandeciente. El muchacho contempló el anillo y con una sonrisa lo aprobó. Pregunto luego el precio y se dispuso a pagarlo.

¿Se va usted a casar pronto? – le preguntó el joyero.

No – respondió el muchacho – Ni siquiera tengo novia.

La muda sorpresa del joyero divirtió al comprador.

-Es para mi mamá – dijo el muchacho – Cuando yo iba a nacer estuvo sola. Alguien le aconsejó que me matara antes de que naciera, así se evitaría problemas. Pero ella se negó y me dio el don de la vida. Y tuvo muchos problemas. Muchos.

Fue padre y madre para mí, y fue amiga y hermana, y fue maestra. Me hizo ser lo que soy. Ahora que puedo le compro este anillo de compromiso. Ella nunca tuvo uno. Yo se lo doy como promesa de que si ella hizo todo por mí, ahora yo haré todo por ella. Quizá después entregue otro anillo de compromiso. Pero será el segundo.

El joyero no dijo nada. Solamente ordenó a su cajera que hiciera al muchacho el descuento aquel que se hacía nada más a los clientes importantes.

Me llamas

Me llamas Señor, y no me obedeces.

Me llamas Luz, y no me ves.

Me llamas el Camino, y no me sigues.

Me llamas la Vida, y no me deseas.

Me llamas Sabio, y no me escuchas.

Me llamas Rico, y no me pides.

Me llamas Amigo, y en Mí no confías.

Me llamas Rey, y no me sirves.

Me llamas Bondadoso, y me temes.

Me llamas Maestro, y no me preguntas.

Me llamas la Verdad, y no me crees.

Me llamas el Amor, y no te dejas amar.

Me llamas Médico, y no permites que te cure.

Me llamas Puerta, y te quedas fuera.

Me llamas el Todo, y no tiene un espacio para Mí.

Me llamas el Buen Pastor, y huyes de mí.

Me llamas el Único, y vives como si no existiera.

Me llamas Dios, y no me amas ni temes.

Y… si te condenas, no me culpes.

Me quejé…

Pensaba que mi vida no estaba bien, hablé entonces con Dios y:

.- Me quejé de lo que me salió mal en el trabajo, pero no agradecí mis manos para trabajar.

.- Me quejé de tener que soportar el ruido de mis hermanos, mas no agradecí por tener una familia.

.- Me quejé cuando no había lo que más me gustaba para comer, pero olvidé agradecer por tener que comer.

.- Me quejé por mi salario, cuando miles ni siquiera tienen uno.

.- Me quejé porque no apagaban la luz de mi cuarto al buscar unos libros, pero no pensé en que muchos no tienen hogar donde tener las luces encendidas.

.- Me quejé por no poder dormir 10 minutos más, olvidando a quienes darían todo por tener su cuerpo sano para poder levantarse.

.- Me quejé por tener que trabajar al día siguiente, olvidando que muchos no tienen trabajo que les permita llevar sustento a su familia.

.- Me quejé porque mi madre me reprendía, cuando millones desearían tenerla viva para poder honrarla y abrazarla.

.- Me quejé pues tenía que dar una charla sobre Jesús a unos jóvenes, olvidando el privilegio que es poder hablar a otros de Jesús.

Dios me mostró en aquel momento la verdad y entonces comprendí lo ingrato que había sido con Él, y comencé a agradecer por las cosas que había olvidado, y aún más aquellas por las que tanto me quejaba.

Espero que tú no cometas el mismo error que yo estaba cometiendo.

“Donde desees ver el rostro de Dios, lo verás. Y si no quieres verlo, no hace la más mínima diferencia, siempre que tu obra sea buena. “

Mecánica del alma

Una vez iba un hombre en su auto por una larga y muy solitaria carretera cuando de pronto su auto comenzó a detenerse hasta quedar estático. El hombre bajó, lo revisó, trató de averiguar qué era lo que tenía. Pensaba que pronto podría encontrar el desperfecto que tenía su auto pues hacía muchos años que lo conducía; sin embargo, después de mucho rato se dio cuenta de que no encontraba la falla del motor. En ese momento apareció otro auto, del cual bajó un señor a ofrecerle ayuda. El dueño del primer auto dijo: – Mira este es mi auto de toda la vida, lo conozco como la palma de mi mano. No creo que tú sin ser el dueño puedas o sepas hacer algo. El otro hombre insistió con una cierta sonrisa, hasta que finalmente el primer hombre dijo: – Está bien, haz el intento, pero no creo que puedas, pues este es mi auto. El segundo hombre echó manos a la obra y en pocos minutos encontró el daño que tenía el auto y lo pudo arrancar. El primer hombre quedó atónito y preguntó: – ¿Cómo pudiste arreglar el fallo si es MI auto? El segundo hombre contestó – Verás, mi nombre es Felix Wankel… Yo inventé el motor rotativo que usa tu auto.

Cuántas veces decimos: Esta es MI vida; Este es MI destino, esta es MI casa… Déjenme a mí, sólo yo puedo resolver el problema!. Al enfrentarnos a los problemas y a los días difíciles creemos que nadie nos podrá ayudar pues “esta es MI vida”.

Pero… Te voy a hacer una pregunta: ¿Quién hizo la vida? ¿Quién hizo el tiempo? ¿Quién creó la familia? Sólo aquel que es el autor de la vida y el amor, puede ayudarte cuando te quedes tirado en la carretera de la vida. Te doy sus datos por si alguna vez necesitas un buen “mecánico”:

Nombre del mecánico del alma: DIOS

Dirección: El Cielo Horario: 24 horas al día, 365 días al año por toda la eternidad Garantía: Por todos los siglos Respaldo: Eterno Teléfono: No tiene. Pero basta con que pienses en Él con fe, además de que esta línea no está nunca ocupada.

Mensaje

La siguiente reflexión fue escrita por mi Padre unos meses antes de morir. Su última voluntad fue que tuviera mucha difusión. Espero que tomemos conciencia de ello.

Joven Amigo, eres Fumador y/o Bebedor “Social”

Hace años yo fui las dos cosas, en ese entonces dije las dos mentiras más grandes que he dicho en mi vida: 1) Cuando yo quiera dejaré de fumar y 2)Cuando yo quiera dejaré de beber.

Estaba completamente equivocado. Por aquel tiempo mi abuelo me dio un sabio consejo, que yo no supe valorar completamente, por el cual, actualmente, estoy pagando el precio. Mi abuelo me dijo: ” Hijo: debes saber que DIOS perdona siempre, los HUMANOS perdonamos sólo a veces, la NATURALEZA no perdona jamás y tarde o temprano, se presenta a cobrar la “factura” por los abusos que cometemos con nuestro cuerpo”. ¿Cuáles Abusos? Pues tabaco, alcohol, comida o cualquier sustancia tóxica ajena al cuerpo humano.

Hoy he querido compartir contigo esto que mi abuelo me dijo hace años y que es una gran verdad. Amigo, recuerda que todas las carreras se inician con el primer paso; debes tomar una decisión AHORA o resignarte a pagar el precio, ¡UN ALTO PRECIO!, te lo aseguro.

Mensaje de una madre

Algún día, cuando mis hijos sean suficientemente grandes para entender la lógica que motiva a las madres, les diré:

Te ame lo suficiente, como para preguntarte a dónde ibas, con quién, y a qué hora regresarías a la casa.

Te ame lo suficiente, como para insistir en que ahorraras dinero para comprarte una bicicleta aunque nosotros tus padres pudiéramos comprarte una.

Te ame lo suficiente, como para callarme y dejarte descubrir que tu nuevo y mejor amigo era un patán.

Te ame lo suficiente, como para fastidiarte y estar encima de ti, durante dos horas, mientras arreglabas tu cuarto, un trabajo que me hubiese tomado a mí sólo 15 minutos.

Te ame lo suficiente, como para dejarte ver mi ira, desilusión y lágrimas en mis ojos. Los hijos también deben entender que no somos perfectas.

Te ame lo suficiente, como para dejar que asumieras la responsabilidad de tus acciones, aunque los castigos eran tan duros que rompían mi corazón.

Pero sobre todo, te ame lo suficiente, como para decirte que “NO” cuando sabía que me ibas a odiar por ello.

Esas fueron las batallas más difíciles para mí.

Pero estoy contenta por haberlas ganado porque, al final, también las ganaste tú.

Y algún día, cuando tus hijos sean suficientemente grandes para entender la lógica que motiva a los padres, tu les dirás: “Te amé lo suficiente, como para hacer todo lo que hice por ti”.

Mensajes para recordar

“Todos somos ángeles de una sola ala, la única manera que tenemos de volar es abrazándonos unos a otros”.

“Vale mas fracasar por intentar un triunfo, que dejar de triunfar por temor a un fracaso”.

La cosa mas fácil: equivocarse.

El obstáculo más grande: el miedo.

El error mayor: abandonarse.

La raíz de todos los males: el egoísmo.

La distracción mas bella: el trabajo.

La peor derrota: el desaliento.

Los mejores profesores: los niños.

La primera necesidad: comunicarse.

Lo que nos hace más feliz: ser útiles a los demás.

El misterio más grande: la muerte.

El peor defecto: el malhumor.

La persona más peligrosa: la mentirosa.

La mayor satisfacción: el deber cumplido.

El sentimiento más ruin: el rencor.

El mejor remedio: el optimismo.

El regalo mas bello: el perdón.

El resguardo más eficaz: la sonrisa.

Lo imprescindible: el hogar.

La ruta mas rápida: el camino correcto.

La sensación mas grata: la paz interior.

La fuerza más potente del mundo: la fe.

Las personas mas necesarias: los padres.

La cosa más bella de todas: el amor

Por: Madre Teresa de Calcuta

“El amor no se conquista, se siembra se abona con pequeños detalles de amor, de ternura”.

Tomate tiempo para trabajar, Porque es el precio del éxito

Tomate tiempo para pensar, Porque es el manantial de la fuerza

Tomate tiempo para jugar con tus hijos, Porque es el secreto de la juventud

Tomate tiempo para leer, Porque es la base de la ciencia y de tu conocimiento

Tomate tiempo para ser amable, Porque es la fuerza de la felicidad

Tomate tiempo para amar, Porque es el verdadero placer de vivir

Tomate tiempo para estar alegre, Porque es la música del alma

Pero sobre todo y sobre todas las cosas

Tomate tiempo para soñar Porque es el camino hacia las estrellas

“Amor no es mirarse el uno al otro sino mirar juntos en la misma dirección”

“Los verdaderos amigos son como la sangre acuden a la herida sin necesidad de llamarlos”

Mi antigua maquina de escribir

Aunqux mi máquina dx xscribir xs un modxlo antiguo, trabaja bixn, xxcxpto por una txcla qux lx falta.

Hay 45 txclas trabajando bixn; sin xmbargo, una sola qux no funcionx trax consigo una gran difxrxncia.

Algunas vxcxs mx parxcx qux xn nuxstro mundo hay pxrsonas qux sx asxmxjan a mi máquina dx xscribir y no trabajan como dxbxrían.

Ustxd dirá: “Buxno, al fin y al cabo, yo soy una sola pxrsona, no crxo qux sin mí sx obstruirá la marcha dx los proyxctos dxl mundo. Nadix notará mi falta dx ayuda y xntusiasmo. Sin xmbargo, para qux un proyxcto sxa xfxctivo y obtxnga xxito, rxquixrx la participación activa dx todos los mixmbros.

La próxima vxz qux ustxd pixnsx qux sus xsfuxrzos no sx nxcxsitan, rxcuxrdx mi máquina dx xscribir y dígasx: “Yo soy una dx las txclas importantxs xn nuxstro mundo y los dxmás mx nxcxsitan mucho.”

(No pienses que este mensaje llegó mal. Solamente lo tienes que leer sustituyendo las “x” por la letra “e”)

Mi bambú amado

Había una vez, un maravilloso jardín, situado en el centro de un campo. El dueño acostumbraba pasear por él al sol de mediodía.

Un esbelto bambú era el más bello y estimado de todos los árboles de su jardín. Este bambú crecía y se hacía cada vez más hermoso. El sabía que su Señor lo amaba y que él era su alegría.

Un día, su dueño pensativo, se aproximó a su amado bambú y, con sentimiento de profunda veneración el bambú inclinó su imponente cabeza. El Señor le dijo: -“Querido bambú, Yo necesito de ti.”

El bambú respondió: -“Señor, estoy dispuesto; haz de mí lo que quieras. “

El bambú estaba feliz. Parecía haber llegado la gran hora de su vida: su dueño necesitaba de él y él iría a servirle.

Con su voz grave, el Señor le dijo: -“Bambú, sólo podré usarte podándote.”

-“¿Podar? ¿Podarme a mí, Señor?…¡Por favor, no hagas eso! Deja mi bella figura. Tú vez cómo todos me admiran.”

-“Mi amado bambú,” -la voz del Señor se volvió más grave todavía.- “No importa que te admiren o no te admiren… si yo no te podara, no podría usarte.”

En el jardín, todo quedó en silencio… el viento contuvo la respiración.

Finalmente el bello bambú se inclinó y susurró: -“Señor, si no me puedes usar sin podar, entonces haz conmigo lo que quieras.”

-“Mi querido bambú, también debo cortar tus hojas…”

El sol se escondió detrás de las nubes… unas mariposas volaron asustadas…

El bambú temblando y a media voz dijo: -“Señor, córtalas…”

Dijo el Señor nuevamente: -“Todavía no es suficiente, mi querido bambú, debo además cortarte por el medio y sacarte el corazón. Si no hago esto, no podré usarte.”

-“Por favor Señor” -dijo el bambú- “yo no podré vivir más… ¿Cómo podré vivir sin corazón?”

-“Debo sacarte el corazón, de lo contrario no podré usarte.”

Hubo un profundo silencio… algunos sollozos y lágrimas cayeron. Después el bambú se inclinó hasta el suelo y dijo: -“Señor, poda, corta, parte, divide, saca mi corazón… tómame por entero.”

El Señor deshojó, el Señor arrancó, el Señor partió, el Señor sacó el corazón.

Después llevó al bambú y lo puso en medio de un árido campo y cerca de una fuente donde brotaba agua fresca. Ahí el Señor acostó cuidadosamente en el suelo a su querido bambú; ató una de las extremidades de su tallo a la fuente y la otra la orientó hacia el campo.

La fuente cantó dando la bienvenida al bambú. Las aguas cristalinas se precipitaron alegres a través del cuerpo despedazado del bambú… corrieron sobre los campos resecos que tanto habían suplicado por ellas. Ahí se sembró trigo, maíz, soya y se cultivó una huerta. Los días pasaron y los sembradíos brotaron, crecieron y todo se volvió verde… y vino el tiempo de cosecha.

Así, el tan maravilloso bambú de antes, en su despojo, en su aniquilamiento y en su humildad, se transformó en una gran bendición para toda aquella región.

Cuando él era grande y bello, crecía solamente para sí y se alegraba con su propia imagen y belleza.

En su despojo, en su aniquilamiento, en su entrega, él se volvió un canal del cual el Señor se sirvió para hacer fecundas sus tierras. Y muchos, muchos hombres y mujeres encontraron la vida y vivieron de este tallo de bambú podado, cortado, arrancado y partido.

Mi día en la corte

Después de haber vivido “decentemente” en la tierra, mi vida llegó a su fin. Lo primero que recuerdo es que estaba sentado sobre una banca, en la sala de espera de lo que imaginaba era una Sala de Jurados. La puerta se abrió y se me ordenó entrar y sentarme en la banca de los acusados. Cuando miré a mi alrededor vi al “Fiscal”, quien tenía una apariencia de villano y me miraba fijamente, era la persona más demoníaca que había visto jamás.

Me senté, miré hacia la izquierda y allí estaba mi abogado, un caballero con una mirada bondadosa cuya apariencia me era familiar. La puerta de la esquina se abrió y apareció el Juez, vestido con una túnica impresionante. Su presencia demandaba admiración y respeto. Yo no podía quitar mis ojos de El, se sentó y dijo “Comencemos”. El Fiscal se levantó y dijo ” Mi nombre es Satanás y estoy aquí para demostrar por qué este individuo debe ir al Infierno”.

Comenzó a hablar de las mentiras que yo había dicho, de cosas que había robado en el pasado cuando engañaba a otras personas. Satanás habló de otras horribles cosas y perversiones cometidas por mi persona, y entre más hablaba, más me hundía en mi silla de acusado. Me sentía tan avergonzado que no podía mirar a nadie, ni siquiera a mi Abogado, a medida que Satanás mencionaba pecados que hasta había totalmente olvidado. Estaba tan molesto con Satanás por todas las cosas que estaba diciendo de mí, e igualmente molesto con mi Abogado, quien estaba sentado en silencio sin ofrecer ningún argumento de defensa a mi favor. Yo sabía que era culpable de las cosas que me acusaban, pero también había hecho algunas cosas buenas en mi vida, ¿no podrían esas cosas buenas por lo menos equilibrar lo malo que había hecho?

Satanás terminó con furia su acusación y dijo “Este individuo debe ir al Infierno, es culpable de todos los pecados y actos que he acusado, y no hay ninguna persona que pueda probar lo contrario. Por fin se hará justicia este día”.

Cuando llegó su turno, mi Abogado se levantó y solicitó acercarse al Juez, quien se lo permitió, haciéndole señas para que se acercara, pese a las fuertes protestas de Satanás. Cuando se levantó y empezó a caminar lo pude ver en todo su esplendor y majestad.

Hasta entonces me di cuenta por qué me había parecido tan familiar, era Jesús quien me representaba, Mi Señor y Salvador. Se paró frente al Juez y se volvió para dirigirse al Jurado: “Satanás está en lo correcto al decir que este hombre ha pecado, no voy a negar esas acusaciones. Reconozco que el castigo para el pecado es muerte y este hombre merece ser castigado. Respiró Jesús fuertemente, se volteó hacia su “Padre” y con los brazos extendidos proclamó: “Sin embargo, Yo di mi vida en la cruz para que esta persona pudiera tener vida eterna, y él me ha aceptado como su Salvador, por lo tanto es mío”.

Mi Salvador continuó diciendo “Su nombre está escrito en el libro de la vida y nadie me lo puede quitar. Satanás todavía no comprende que este hombre no merece justicia, sino misericordia.” Cuando Jesús se iba a sentar, hizo una pausa, miró a su Padre y suavemente dijo “No se necesita hacer nada más, lo he hecho todo”.

El Juez levantó su poderosa mano y golpeando la mesa fuertemente las siguientes palabras salieron de sus labios: “Este hombre es libre, el castigo para él ha sido pagado en su totalidad… caso concluido”.

Cuando mi Salvador me conducía fuera de la Corte, pude oír a Satanás protestando enfurecido: “No me rendiré jamás, ganaré el próximo juicio”. Cuando Jesús me daba instrucciones hacia donde me debía dirigir, le pregunté “¿Ha perdido algún caso?” Cristo sonrió amorosamente y dijo: “Todo aquel que ha recurrido a mí para que lo represente, ha obtenido el mismo veredicto tuyo… Pagado en su totalidad”.

Mi mejor amigo me dio una bofetada

Dice una linda leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron. El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena: “hoy, mi mejor amigo me dio una bofetada.”

Continuaron su camino y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomó un cincel y escribió en una piedra: “hoy, mi mejor amigo me salvo la vida”.

Intrigado, el amigo preguntó: “¿Por que después de que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?”

Sonriendo, el otro amigo respondió:

“Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena, donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y desaparecerlo.

Por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento del mundo podrá borrarlo”.

Mi viaje al futuro

Mi comportamiento era un poco grosero debido a varios problemas que me sucedían en estos días, pero le pedía a Dios que me ayude a superarlos ya que mi cambio de carácter era muy notable y causaba molestias y discusiones que a la larga afectaban en el corazón a varias personas, en especial el de mi novia.

Un día después de varias horas de ensayo junto a ella en el grupo juvenil cristiano de danzas, nos recordamos que teníamos un cumpleaños al cual habíamos sido invitados, recordé que en mi mochila llevaba ropa y los implementos necesarios para bañarme y cambiarme, pero mi novia no, entonces, era necesario que ella fuera a su casa para bañarse y cambiarse; y así decidimos ir a casa de ella y aprovechamos en comer algo.

Mientras la madre de ella nos preparaba algo para comer y mi novia se arreglaba para volver a salir conmigo, yo disfrutaba de la comodidad de un rico sofá, que con dulzura me supo arrullar, hasta que me quede dormido por unos minutos; mi cansancio era muy notorio, debido a que la mayor parte del día la pasamos ensayando una danza que teníamos que presentar a la semana siguiente en un Congreso en la ciudad de Quito.

En ese momento pasaban por mi mente el recuerdo de varias discusiones que había tenido con ella y sobre todo una pelea muy fuerte el día anterior, que por poco nos cuesta el fin del romance; luego de esa escena me encontraba en un lugar muy distinto, parecía que los años habían pasado muy rápido, mi apariencia era de una edad mas adulta, el lugar no era feo, al contrario era una habitación muy hermosa, y en la mitad de la misma se encontraba un niño de unos 7 años o tal vez 8, pero lo mas sorprendente del caso es que su rostro me era familiar, era tan real.

Luego escuche su voz y con un tono muy enérgico me exhortaba por mi mal comportamiento con mi novia, me decía cosas de su vida, y me sorprendía escuchar con que seguridad lo decía … cada vez me sentía peor, ya que acusaba a un hombre de no haber podido nacer, debido a muchas discusiones que se presentaban en la relación de sus padres, decía que en el mundo su futuro padre se molestaba fácilmente y eso causaba dolor a la mujer que iba a ser su mamá en el futuro, y que por consiguiente por todas esas peleas, sus futuros padres se separarían y el quedaría sin tener la oportunidad de nacer.

Me asusté por un momento y le preguntaba porqué me decía esas cosas; pero lo curioso del caso es que con su carita de ángel me observó a los ojos y luego de un momento de silencio, se acerco, me abrazo y tiernamente me dijo: “te quiero mucho papito”.

Sabes, cada día pienso en este sueño que tuve, y tenlo por seguro que mi comportamiento es distinto, estamos planificando nuestro matrimonio para el próximo año y estoy ansioso esperando el día en que lo vuelva ver y poder abrazarlo y decirle: “Gracias hijo mío … yo también te quiero mucho”

Esta historia es real, le sucedió a Xavier Ramos Severino, persona que te escribe esta carta. Espero que les guste y sirva de ayuda en algo.

Mientras esperas…

Sermón de un minuto.

El ama. El hizo. Nosotros pecamos. El vino. El murió. El vive. El pagó. Somos perdonados. Es un regalo. Sin ataduras. Háblales a otros para que puedan escoger, muerte o Jesús. Hazlo para mostrar tu gratitud, no para “obtener puntos”. El regresara por los suyos. Mientras lo hace, habla con Él, y mantente cerca de El. Se amable. No discutas. Ríe con otros. Llora con otros. Ayuda a tu prójimo. Trata de no lastimar a los demás. Cuando lastimes a alguien, discúlpate de corazón. Cuando te hieran, perdona a tu ofensor. Mejora día con día en tus relaciones. Busca las cosas buenas, no las malas. Eso ayudara hasta que El venga. Mientras tanto… Trata de ser mas como El. Espera.

Y mientras esperas… Ama.

Mientras haya vida

Aunque Henri Matisse tenía casi veintiocho años menos que Auguste Renoir, los dos grandes artistas eran íntimos amigos y compañeros frecuentes.

Estando Renoir confinado en su casa, en su última década de vida, Matisse lo visitaba a diario. Su amigo, casi paralizado por la artritis, continuaba pintando a pesar de la enfermedad.

Un día, al ver que el anciano pintor trabajaba en su estudio, combatiendo el torturante dolor con cada pincelada, Matisse dijo:

- ¿Por qué sigues pintando si sufres tanto, Auguste?

Renoir respondió con estas simples palabras:

- La belleza perdura, el dolor pasa.

Y así, casi hasta el día de su muerte, Renoir siguió aplicando pintura a sus telas. Las bañistas, una de sus pinturas más famosas, quedó terminada apenas dos años antes de su fallecimiento y cuando llevaba catorce afectado por esa enfermedad incapacitante.

Modales

El libro de la sabiduría dice: “Los modales de la gente buena son agradables, pero los modales de los soberbios son bruscos y antipáticos”

Aquí una lista de modales simpáticos:

- Llevar siempre un rostro agradable y sonriente (saludar antes de que nos saluden).

- Hacer bien a quienes nos hacen mal.

- Aprenderse el nombre de los demás (por su nombre y no apellido).

- Dar siempre las gracias.

- Recordar fechas importantes (cumpleaños, aniversarios, grados, etc).

- Alabar las cualidades y éxitos de los demás.

- Contestar pronto las cartas, llamadas telefónicas y e-mails.

- Escuchar con verdadero interés lo que la otra persona nos dice.

- Hablar bien de los demás.

- Saber negar un favor con toda gentileza.

- Saber decir un SI con verdadero cariño cuando vamos hacer favores.

- No gritar en las reuniones.

Tener modales simpáticos es una de las condiciones de formarse un buen carácter. ¿Tienes un buen carácter?, sino a formarlo.

Momento de inspiración

” La tristeza es un espacio en el alma, esperando ser llenado por algo grato. Nos frustra, nos quita las energías, nos baja el ánimo. Nos tortura, a veces nos roba las ganas de vivir. Nos hace sentir inferiores. Dejamos de apreciar lo bueno de la vida. Nos sentimos realmente perdido y desesperados. Sentimos que nadie nos comprende, y guardamos todo ese dolor dentro de nosotros mismos.

Esa es la tristeza, algo de lo más horrible que nos puede suceder. Pero quiero decirles que descubrí que siempre hay una esperanza para encontrarla debemos con los ojos del corazón. Esa esperanza, es Dios.

La felicidad siempre está en nosotros, nosotros elegimos verla o no verla. Tenemos el poder para destapar la tela que cubre a la felicidad. Los mismos obstáculos de la vida son la felicidad, solo hay que verlo de esa manera. Vive con la esperanza de que ese espacio en tu alma, pronto será llenado por algo bueno.

Lo más importante de todo es que debemos amar a Dios, y saber que él nos ama. Dios nos ama, por lo tanto no quiere que estemos tristes, jamás desearía eso. Si hay algo malo que nos esta pasando, es la voluntad de Dios y la voluntad de Dios siempre es buena, aunque por un momento no lo parezca. Dios quiere que estemos felices porque nos ama.

Existirán adversidades en nuestras vidas pero debemos saber que Dios nunca nos abandonará. Dios nos lleva de la mano en el camino de la vida, de esa manera nunca nos perderemos y siempre estaremos junto a él, llenos de su amor.

La ¡verdadera! felicidad esta a tu puerta, lo único que tienes que hacer es dejarla entrar.

Momento de Reflexión

¡Hola! ¿Cómo estás? Yo me encuentro muy alegre, pues he resucitado, y me gustaría platicar contigo de lo que ha pasado en estos días:

Resulta que el jueves, cuando estaba con mis amigos, entre ellos estaba uno que me traicionó (me vendió); pues sí, horas después, sin razón alguna, vinieron unos representantes de la ley y me tomaron preso. En esos momentos en que me juzgaban y me acusaban, me preguntaba: “¿Dónde están mis amigos?”.

El viernes por la mañana, cuando me azotaban, me escupían y me insultaban, yo me preguntaba: “¿Qué habrá sido de mis amigos?”.

Por la tarde, como a eso de las 1:00, empecé a cargar una cruz en la que yo mismo sería crucificado; tuve que caminar mucho sintiendo el peso de los pecados del mundo; y aunado a esto, los insultos, salivazos y burlas de la gente que sólo me veía como espectáculo. Y seguía preguntándome: “¿Dónde estarán mis amigos?”.

Cuando llegué al Gólgota, los soldados comenzaron a clavar mis manos en la cruz, y mientras la multitud continuaba con las burlas, alcé la mirada y me di cuenta que sólo me acompañaban mi amigo Juan, María, mi madre, y algunas otras mujeres. Después de sufrir durante algunas horas, ofrecí mi dolor por tus pecados y morí.

Desde que fui ENTREGADO por Judas, NEGADO por Pedro, CRUCIFICADO por los soldados y ACOMPAÑADO por Juan y mi Madre, me preguntaba… ¿A cuál de ellos te pareces? Reflexiona un momento en silencio y recuerda en qué acciones me entregas, me niegas, me crucificas o me acompañas.

Pero no te mortifiques. No me importa cuál haya sido tu actitud. No te aflijas, porque hoy quiero que seas feliz, por eso me ofrecí y morí por ti. Porque te amo y te seguiré amando. Porque he resucitado en ti, quiero que sigamos juntos; quiero permanecer siempre en tu corazón. Que seas un vivo reflejo de mi amor; que ames a los demás como yo te he amado. Y que resucites en mí como Yo he resucitado en ti.

Mujer

Siempre ten presente que la piel se arruga, el pelo se vuelve blanco, los días se convierten en años…

Pero lo importante no cambia; tu fuerza y tu convicción no tienen edad.

Tu espíritu es el plumero de cualquier tela de araña.

Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida.

Detrás de cada logro, hay otro desafío.

Mientras estés viva, siéntete viva.

Si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo.

No vivas de fotos amarillas…

Sigue aunque todos esperen que abandones.

No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.

Haz que en vez de lástima, te tengan respeto.

Cuando por los años no puedas correr, trota.

Cuando no puedas trotar, camina.

Cuando no puedas caminar, usa el bastón.

Pero nunca te detengas!

Mujer… un ser divino

Cuando creé los cielos y la tierra les hablé de existir.

Cuando creé al hombre, lo formé y soplé vida en su ser. Pero a ti mujer, te formé después de haber soplado el aliento de vida al hombre porque tu interior es muy delicado.

Permití que un profundo sueño se apoderara de él para poder crearte paciente y perfectamente.

El hombre fue puesto a dormir para que no interfiriera con la creatividad. Te formé de un hueso. Elegí el hueso que protege la vida del hombre. Elegí la costilla que protege su corazón e interior y lo yergue y apoya, como tu debes hacer.

Te formé a partir de este hueso. Te moldeé bella y perfectamente.

Tus características son como las de la costilla, fuerte pero delicada y frágil.

Provees protección para el órgano más delicado del hombre, su corazón.

Su corazón es el centro de su ser, su interior contiene el aliento de vida. La caja formada por la costilla se quebranta antes de permitir que se dañe el corazón. Sostén al hombre como la caja de costillas sostiene al cuerpo.

No vienes de sus pies, para estar por debajo de él, no fuiste tomada de su cabeza, para estar por encima de él. Fuiste tomada de su costado, para estar a su lado y ser mantenida muy cerca de él. Eres mi ángel perfecto. Eres mi pequeña niña preciosa. Has crecido para ser una espléndida mujer y mis ojos se llenan cuando veo las virtudes de tu corazón.

Tus ojos, no los cambies. Tus labios, qué adorables cuando dicen una plegaria. Tus manos, de tacto tan suave. He acariciado tu cara en tu sueño más profundo. He mantenido tu corazón cerca del mío. Adán caminó conmigo en el frío del día y aún estaba solitario. Él no pudo verme o tocarme, sólo pudo sentirme. Así que todo lo que quise que Adán compartiera y experimentara conmigo, lo puse en ti.

Mi bendición, mi fortaleza, mi pureza, mi amor, mi protección y apoyo. Eres especial porque como él, tu también eres una extensión de Mi. El hombre representa mi imagen, la mujer mis emociones. Juntos ustedes representan la totalidad de Dios. Así que Hombre, trata bien a la mujer. Ámala, respétala, ella es frágil. Al herirla me hieres a mí. Al quebrarla a ella sólo dañas tu propio corazón, el corazón de tu padre y de su padre.

Mujer, apoya al hombre. En humildad muéstrale el poder de la emoción que te he dado. En suave quietud muéstrale tu fortaleza. En el AMOR, muéstrale que eres la costilla que protege su interior.

Mujeres divinas

Mujer, sigue siendo así, no cambies.

Te voy a decir porque:

Porque sabes que la libertad no consiste en salir por las noches, tomar y en no darte a respetar. Porque no necesitas ejecutar actos libertinos para llamar la atención. Con tu personalidad, pureza, inocencia y fineza, tumbas a cualquiera.

Porque sabes que no debes de cambiar solo porque el mundo lo esta haciendo; sabes que esos cambios van en contra de la moral y no conducen a nada bueno.

Porque no aceptas los abusos del hombre, te defiendes y exiges respeto.

Porque sabes que la fidelidad no es solo una simple palabra, sino un valor digno de los humanos que si se incumple, rompe el alma y hace caer miles de lágrimas.

Porque eres tierna y cariñosa, femenina y espontánea. Porque tus ojos reflejan pureza, y tu esencia acompaña en los momentos más tristes y más felices. Porque tu inteligencia te hace actuar con prudencia ante la gente.

Porque sabes que la belleza interior importa mas que la exterior. Porque siempre has sido buena hija, hermana y amiga. Porque tus valores morales están por encima de los materiales, y te preocupas por ser tu misma y no por el que dirán.

Porque amas a Dios y lo llevas en ti como principal motivación en todos tus actos. Porque sabes que, en algún lugar del cielo, la Virgen te esta sonriendo. Porque esta en ti esa luz natural que contagia tu alegría.

Porque eres una mujer fuerte … completa. Siéntete segura, va a haber muchas oportunidades para ti, te descubrirán porque el brillo del oro no se puede ocultar y tu brillas como este. Tu serás elegida por todos y cada uno de los hombres, y estos te entregaran con devoción el alma y te van a respetar, proteger y amar toda la vida; porque solo tú puedes ser una gran esposa y una gran madre. Espera tu momento y evita caer en lo vano e inmoral, tu sabes que los actos de libertinaje atraen y divierten al hombre, pero jamás lo retiene.

PS: Estas palabras están inspiradas en aquellas mujeres fuertes y autenticas que han sabido vivir en contra de la corriente teniendo una personalidad propia. Y que, sin aun saberlo, con su sola presencia en cualquier lugar, todo lo embellecen.

Muy aprisa

Cierta vez, un conductor se desplazaba por una de las carreteras de Estados Unidos a una velocidad excesivamente alta, cuando de repente justo después de una curva aparece un hombre parado en medio de la vía haciendo señal de parada con los brazos y de una forma desesperante. El conductor sorprendido y a la vez asustado, toca insistentemente la bocina para ver si el individuo se quitaba del camino, pero fue inútil, el hombre seguía haciendo señales de detenerse con sus brazos.

-“Debe estar loco” – dijo el conductor mientras pisaba el freno provocando un fuerte chirrido y dejando dos largas marcas negras en el pavimento, logrando así detener el auto antes de atropellar a aquel hombre.

Muy enojado, se baja del carro y dando un portazo se dirige hacia el hombre y le dice:

-“¿Acaso no tienes ojos, no ves lo peligrosa que es esta carretera y te atraviesas en ella como si nada, o acaso eres loco para no ver el peligro que corres?”…

-“No señor, no estoy loco- le contestó el individuo- Lo que pasa es que el puente que está en la próxima curva acaba de desplomarse y sabía que si no hacía algo usted en este momento ya estuviera muerto; tuve que arriesgar mi vida para ver si podía salvar la suya”

Quizás en la carretera de tu vida algún “loco” como le llaman, te ha obstaculizado el paso para darte un tratado o decirte: Cristo te ama, Cristo viene, y te has enojado sobremanera porque vas MUY APRISA.

Quizás hoy yo esté obstaculizando tu camino quitándote unos minutos, pero, qué habría pasado si el conductor hace caso omiso al individuo del camino?… ¿Qué crees que pasará a los que oyen la advertencia de la palabra de Dios y no hacen caso?

Nadie

Nadie alcanza la meta con un solo intento, ni perfecciona la vida con una sola rectificación, ni alcanza altura con un solo vuelo.

Nadie camina la vida sin haber pisado en falso muchas veces.

Nadie recoge cosechas sin probar muchos sabores, enterrar muchas semillas y abonar mucha tierra.

Nadie mira la vida sin acobardarse en muchas ocasiones, ni se mete en el barco sin temerle a la tempestad, ni llega al puerto sin remar muchas veces.

Nadie siente el amor sin probar sus lágrimas, ni recoge rosas sin sentir sus espinas.

Nadie hace obras sin martillar sobre su edificio, ni cultiva amistad sin renunciar a sí mismo, ni se hace hombre sin sentir a Dios!

Nadie llega a la otra orilla sin haber ido haciendo puentes para pasar.

Nadie deja el alma lustrosa sin el pulimento diario de Dios.

Nadie puede juzgar sin conocer primero su propia debilidad.

Nadie consigue su ideal sin haber pensado muchas veces que perseguía un imposible.

Nadie reconoce la oportunidad hasta que ésta pasa por su lado y la deja ir.

Nadie encuentra el pozo de DIOS hasta caminar por la sed del desierto. Pero nadie deja de llegar, cuando se tiene la claridad de un don, el crecimiento de su voluntad, la abundancia de la vida, el poder para realizarse y el impulso de DIOS.

Nadie deja de arder con fuego dentro. Nadie deja de llegar cuando de verdad se lo propone. Si sacas todo lo que tienes y estas con DIOS…Vas a llegar!

Navi-DAD

El siguiente texto es duro, pero real. Si tu ya vives tu Navi-DAD, refuérzala, si no, reflexiona…

Andamos igual que la loca del cuento. Lloraba cada vez que en el pueblo había una muerte; pero jamás pregunta quién había sido el muerto. Le interesaba la muerte abstracta, sin nombre ni rostro, la pura neutralidad del hecho.

Así nosotros. Celebramos cada año un nacimiento o más bien, la abstracción de un nacimiento, puesto que poco o nada nos interesa el recién nacido. Hemos llegado los cristianos a la incongruencia de conmemorar la navidad de Cristo pero sin Cristo.

Pusimos tantas envolturas y artificios sobre la cuna, que se nos veló el rostro del que nacía. Nos quedó la cáscara, se perdió la almendra.

La navidad es una y sola. El hecho de que Dios, decidido a hacerse hombre, nació de mujer en la pobreza y en la humillación; el ingreso de Dios en nuestra propia historia, su habitación entre nosotros, la esperanza de salvación para los pecadores. Todos.

Frente a esta Navidad mayúscula, que es la única y la verdadera, han surgido otras navidades con minúscula, caricaturas y sucedáneos, pequeñas trampas con que un mundo materialista hasta el tuétano, sustituye la fe por el placer, la esperanza, por el dinero, la adoración de Dios por la adoración del hombre.

Por ejemplo…

LA NAVIDAD GASTRONÓMICA. El pavo al horno, los turrones y la champaña. Belén es una cena de medianoche, el banquetazo del año, los manteles largos, los estómagos hastiados. Claro que el hambre en el mundo nada tiene que ver con Belén.

LA NAVIDAD POSTAL. El recuerdo de los amigos que olvidamos 364 días del año. Metros y metros cúbicos de correspondencia atascados en las oficinas de correo. La feria de las tarjetas deliciosamente cursis. Y una frase gastada y sin lenguaje: Feliz Navidad.

LA NAVIDAD TURISTICA. No la de convivencia familiar sino el viaje apresurado a donde sea para “divertirnos” al tiempo que nos evadimos de lo cotidiano. Y tener una buena respuesta a la pregunta: ¿Adónde fuiste esta Navidad?, cuando la pregunta debería ser ¿Cómo viviste esta Navidad?

LA NAVIDAD CONSUMISTA. Desde los niños que valoran la celebración religiosa por los juguetes que reciben, hasta los adultos que juegan, también ellos, a obsequiar para que obsequien. Bienvenida la fiesta litúrgica si deja una caja de bombones, una lavanda “Made” donde sea menos en tu país de origen y un cheque al portador.

LA NAVIDAD DE MUCHO MUNDO. El night club para el jet-set. La boitede-nuit para el playboy y sus aprendices. Con motivo de la Navidad de Cristo hemos contratado las mejores orquestas. Baile usted en nuestra pista de cristal. Se obsequian serpentinas, globos y confeti.

LA NAVIDAD FOLKLÓRICA. Adornar por adornar no importando el costo de las cosas, casi en competencia por tener lo más apantallador. Olvidamos que el pino, el nacimiento y los adornos tienen un sentido cristiano profundo, de gran recuerdo y enseñanza que nada tiene que ver con su apariencia y valor económico.

LA NAVIDAD ESPUMOSAMENTE PIADOSA. De cristianismo estilizado, de piedad epidérmica, de religiosidad incomprometida, sin que se lleve a la acción. Demasiado lírica y empalagosa. La historia es más dura y redentora: un Dios nacido voluntariamente pobre, desplazado y sufriente, exigiendo a los hombres la renuncia de toda soberbia, la renovación del hombre y del mundo.

Ayer, como hoy, sigue siendo válido la nostalgia navideña de Juan en su Evangelio: “Vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron».

Sólo hay una Navidad digna del nombre: la que conjuga el verbo dar. Lo conjugó el Padre: nos DIO a su HIJO unigénito. Lo conjugó la Madre: María DIO a luz a su primogénito para que fuera nuestra luz y lo hemos de conjugar nosotros compartiendo con los hermanos el pan y el consuelo, la ayuda y el amor.

Navidad tiene una extraña etimología de irradiación social, procede de la más profunda raíz cristiana: NAVI-DAD : IMPERATIVO DEL VERBO DAR.

Necesitamos

Un borrador, para borrar de nuestra historia todo lo que nos haga daño.

Un detergente, para quitar las manchas de las máscaras que usamos a diario.

Unas tijeras, para cortar todo aquello que nos impide crecer.

Un pájaro, para que nos enseñe a volar alto y cantar con libertad.

Una tinaja, para añejar el cariño y la madurez del amor.

Un frasco transparente, para conservar las sonrisas y sin tapa para escuchar su alegre sonido.

Unos lentes, correctores de la visión de la vida, que nos permitan observar con amor al prójimo y a la naturaleza.

Una ardilla, que nos indique como trepar por las ramas del árbol de la sabiduría.

Unas agujas grandes, para tejer sueños e ilusiones.

Un cofre, para guardar todos los recuerdos que construyen y dan vida.

Un cierre (zipper), que permita abrir la mente cuando se desee encontrar respuestas, otro para cerrar nuestra boca cuando sea necesario, y otro para abrir nuestro corazón.

Un rebobinador de películas, para recordar los momentos más felices en nuestras vidas.

Un reloj, para darle todo el tiempo al amor y al amar.

Los zapatos de la ética y la moral, para pisar firme y seguro por donde quiera que vamos.

Una balanza, para pesar todo lo vivido y todo lo experimentado.

Un espejo, para admirar una de las obras más perfectas de DIOS…

Ni siquiera merezco

Este hombre se llama Juan. Yo lo conozco bien, pues vive en el Potrero. Puedo decir lo que hace cada día. Se levanta cuando no hay luz en el cielo todavía.  Almuerza un macro almuerzo y se va a la labor. Ahí trabaja un a jornada dura, con el sol de plomo o frío que congela. Su huerto es un jardín bien cultivado.

Esta mujer se llama Luisa. Es la esposa de Juan. Se afana hora tras hora en sus quehaceres. No sabe lo que es descanso, pero sus 5 hijos andan limpiecitos, y la pequeña casa albea como una blanca sábana recién lavada.

Juan y Luisa me invitan a comer. La comida es pobre. La comida es rica. Al terminarla ambos se persignan y dicen la sencilla oración aprendida de sus padres:

“Gracias a Dios que nos dio de comer sin haberlo merecido. Amén”.

¿Sin haberlo merecido? ¿Ellos? Entonces ¿qué puedo decir yo? Oro también pero en mis labios la frase de acción de gracias es verdad. Yo sí que no he merecido esta comida. Ni siquiera merezco orar con ellos la oración.

Nidos

¡No me lo vas a cree… pero el tiempo, sin sentirlo, se escapa de nuestras manos, como esos puños de arena, que de la orilla del mar levantamos!.

No se los años que tienes, ni conozco tus costumbres, pero si eres Padre o Madre y tus hijos todavía habitan el mismo nido…

Aprovecha la ocasión y cumpliendo esos deberes de enseñar y corregir, procura muy a menudo darle un abrazo de amor a tu hijo o a tu hija, sin que haya una razón decirle ¡Cómo te quiero!.

Pues te lo debo advertir; de pronto… ellos volarán del nido, mas si en el nido aprendieron de verdad lo que es el AMOR, lo mismo harán en el suyo, y harán algo más hermoso, constantemente vendrán al nido en el que ellos vivieron , por un poquito de AMOR.

No acumules penas

Acostumbro tener un calendario del cual día a día arranco la hoja del día anterior. Algo bastante simple, excepto cuando dejé de hacerlo por un par de meses, y al tratar de arrancar todas las hojas atrasadas no pude hacerlo, pues una a la vez es fácil, pero todas juntas es muy diferente.

Lo mismo sucede con nosotros cuando no nos perdonamos día a día, o cuando guardamos rencores o sufrimientos.

Muchas veces nosotros mismos no nos perdonamos errores y decidimos cargarlos en silencio, haciendo cada vez más difícil la tarea de arrancarlos de nuestras vidas.

Pero no acumules más hojas de tu vida; decide hoy arrancarlas de ti y ser libre, pues para eso fuiste hecho.

No acumules tus penas y dáselas cada día a quien ya pagó por todas y cada una de ellas en una cruz.

No cambies

Fui un neurótico. Por años estaba ansioso, deprimido y era egoísta. Todos me decían que cambiara.

Sentía antipatía por ellos pero al mismo tiempo estaba de acuerdo con ellos, quería cambiar pero no podía hacerlo por más que intentaba.

Lo que más me lastimaba era que, como los otros, mi mejor amigo insistía en que cambiara. Entonces, me sentí débil y atrapado

Pero un día me dijo: “No cambies, te quiero tal y como eres”.

Esas palabras fueron como música para mis oídos:

No cambies, no cambies, no cambies … ¡Te quiero tal y como eres!

Me relajé, reviví y de pronto cambié.

Ahora sé, que no podía cambiar realmente hasta que encontré a alguien que me quisiera, ya sea que cambiara o no.

No cambies nunca

Mi mujer y un grupo de su parroquia habían iniciado un programa de autosuperación. Me pidió que le escribiera en un papel una lista de seis cosas que le gustaría que cambiara para ser mejor esposa.

Lógicamente, se me ocurrían muchas cosas que decir (y seguro que ella también tendría cosas que decir), pero en lugar de lanzarme a por un papel le dije: “Déjame pensarlo y mañana te daré una respuesta.”

Al día siguiente me levanté temprano y llamé a la florería. Encargué seis rosas rojas para mi mujer y una nota que decía: “No se me ocurren seis cosas que querría que cambiaras. Te quiero tal como eres”.

Cuando llegué a casa esa tarde, mi mujer me recibió en la puerta; estaba al borde de las lágrimas. No necesito decir que me alegré de no haberla criticado como me había pedido.

El domingo siguiente en la iglesia, después de que ella hubo informado del resultado de su tarea, varias mujeres del grupo se me acercaron y me dijeron: “Fue lo más bonito que he oído nunca”.

Entonces comprendí el poder de aceptarla y amarla tal como es; y así lo seguiré haciendo, por amor.

No dejar morir al amor

Hubo una vez en la historia del mundo un día terrible en el que el Odio, que es el rey de los malos sentimientos, los defectos y las malas virtudes, convocó a una reunión urgente con todos los sentimientos negros del mundo y los deseos más perversos del corazón humano. Estos llegaron a la reunión con curiosidad de saber cuál era el propósito.

Cuando estuvieron todos habló el Odio y dijo: “Los he reunido aquí a todos porque deseo con todas mis fuerzas matar a alguien”. Los asistentes no se extrañaron mucho pues era el Odio que estaba hablando y él siempre quiere matar a alguien, sin embargo todos se preguntaban entre sí quién sería tan difícil de matar para que el Odio los necesitara a todos. “Quiero que maten al Amor”, dijo. Muchos sonrieron malévolamente pues más de uno quería destruirlo.

El primer voluntario fue el Mal Carácter, quien dijo: “Yo iré, y les aseguro que en un año el Amor habrá muerto; provocaré tal discordia y rabia que no lo soportará”. Al cabo de un año se reunieron otra vez y al escuchar el reporte del Mal Carácter quedaron decepcionados. “Lo siento, lo intenté todo pero cada vez que yo sembraba una discordia, el Amor la superaba y salía adelante”.

Fue entonces cuando, muy diligente, se ofreció la Ambición que haciendo alarde de su poder dijo: “En vista de que el Mal Carácter fracasó, iré yo. Desviaré la atención del Amor hacia el deseo por la riqueza y por el poder. Eso nunca lo ignorará”. Y empezó la Ambición el ataque hacia su víctima quien efectivamente cayó herida pero, después de luchar por salir adelante, renunció a todo deseo desbordado de poder y triunfó de nuevo.

Furioso el Odio por el fracaso de la Ambición envió a los Celos, quienes burlones y perversos inventaban toda clase de artimañas y situaciones para despistar el amor y lastimarlo con dudas y sospechas infundadas. Pero el Amor confundido lloró y pensó que no quería morir, y con valentía y fortaleza se impuso sobre ellos, y los venció.

Año tras año, el Odio siguió en su lucha enviando a sus más hirientes compañeros, envió a la Frialdad, al Egoísmo, a la Cantaleta, la Indiferencia, la Pobreza, la Enfermedad y a muchos otros que fracasaron siempre, porque cuando el Amor se sentía desfallecer tomaba de nuevo fuerza y todo lo superaba. El Odio, convencido de que el Amor era invencible, les dijo a los demás: “Nada hay que hacer.” El Amor ha soportado todo, llevamos muchos años insistiendo y no lo logramos.

De pronto, de un rincón del salón se levantó alguien poco reconocido, que vestía todo de negro y con un sombrero gigante que caía sobre su rostro y no lo dejaba ver, su aspecto era fúnebre como el de la muerte. “Yo mataré el Amor, dijo con seguridad”. Todos se preguntaron quién era ese que pretendía hacer solo, lo que ninguno había podido. El Odio dijo: “Ve y hazlo”.

Tan sólo había pasado algún tiempo cuando el Odio volvió a llamar a todos los malos sentimientos para comunicarles después que, de mucho esperar, por fin el Amor HABÍA MUERTO. Todos estaban felices, pero sorprendidos.

Entonces el sentimiento del sombrero negro habló: “Ahí les entrego el Amor totalmente muerto y destrozado”, y sin decir más se marchó. “Espera”, dijo el Odio, “en tan poco tiempo lo eliminaste por completo, lo desesperaste y no hizo el menor esfuerzo para vivir. ¿Quién eres?”

El sentimiento levantó por primera vez su horrible rostro y dijo: “soy La Rutina.”

No empieces

¡No empieces el día de hoy con las espinas de ayer!

El día de ayer y todos los días y años anteriores han pasado ya, están enterrados en el Tiempo.

Y no puedes cambiar ya nada en ellos.

¿Te han quedado espinas?

¡No las traigas arrastrando!

Porque seguirán pinchándote cada día hasta no dejarte vivir.

Hay espinas que puedes sacudirte echándoselas en las manos a Dios.

Hay heridas de espinas que puedes curar si sabes perdonar de verdad.

Pero hay heridas que no podrás ya curar con todo el amor de este mundo.

¡Olvídate de que existen!

¡Quita el cristal de aumento de encima de tus calamidades!

No es fácil

… pedir disculpas,

… comenzar de nuevo,

… reconocer un error,

… recibir consejos,

… ser considerado,

… soportar el éxito,

… seguir probando,

… abandonar los malos hábitos,

… perdonar y olvidar,

… salir de la rutina,

… sacar provecho de lo poco,

… mantener una norma elevada,

… descubrir el lado bueno de las cosas,

… aceptar una represión merecida,

… amar, aún a tus enemigos,

… tomar tu cruz cada día y seguir a Jesús… pero vale la pena.

No es peso si hay amor

Había una vez un arqueólogo en África. Vino a la India en peregrinaje; a los Himalayas, particularmente a los templos y estructuras antiguas, los cuales son muy difíciles de alcanzar; y en aquellos tiempos mucho mas. Mucha gente simplemente no volvía; se llegaba a través de pequeños senderos al borde de precipicios de 3,000 m. de profundidad, con nieves perpetuas. Tan sólo un pequeño resbalón y todo habría acabado. Ahora las cosas están mejores, pero en el tiempo del que estoy hablando era muy difícil. El hombre iba cansado, aún llevando muy poco equipaje(porque llevar mucho equipaje a esas alturas se hace imposible); según el aire se va volviendo mas fino, se hace mas difícil respirar.

Delante de él, vio a una niña que no tendría mas de diez años, cargando a un niño, muy gordito, sobre sus hombros. Ella iba sudando, respirando pesadamente, y cuando el hombre pasó a su lado le dijo: Niña, debes de estar muy cansada. Llevas mucho peso sobre ti.

La niña le respondió: Tu eres el que lleva peso, esto no es un peso, esto es mi hermanito.

¿Sabes? Muchas veces pensamos que no podemos llegar delante de Dios por miedo a que seamos una carga para Él, pues pensamos que al igual que el nuestro, el amor de Dios es limitado y condicionado. El amor de Dios es tan grande que no lo puedes entender, solamente aceptar. Siempre que el enemigo te haga pensar que Dios no tiene tiempo para ti y que eres una carga para Dios, debes recordar que Dios no lleva “cargas”, te lleva a ti que eres su creación, y en cuanto al tiempo es solamente una limitación de nosotros los humanos.

Hay una historia que dice que si cada dos mil años un pájaro llegaba a la cumbre de la montaña mas alta del mundo, y raspara dos veces su pico en la cima de la misma, se dice que cuando el pájaro gaste por completo la montaña habrá transcurrido un segundo de la eternidad.

Afortunadamente el amor de Dios no se gasta, y esta latente por siempre…

No estas solo

Tú no estás solo, jamás lo has estado y nunca lo estarás. Dios está contigo en cada segundo de tu vida, más cerca que tus propios pensamientos. Sólo es tu idea la que te hace creer que Dios te puede abandonar, pero esto es imposible. Te voy a explicar: Dios está en el aire que estás respirando y te da la vida. Si te pones la mano en el corazón, verás que ese latido de vida es Dios en tu corazón. El sol que nos viene alumbrar cada mañana es una bendición de Dios para ti, para que vivas y seas feliz. ¡Tú no tienes porque estar triste nunca! El estado natural del hombre es la alegría, lo que pasa es que vivimos quejándonos por todo lo malo, en vez de dar gracias por todo lo que tenemos y esto nos pone tristes. Comienza ya a dar gracias por el aire que respiras, por cada objeto de vestir o de adorno que llevas en el cuerpo, por la cama que tienes, por cada pedacito de comida que te llevas a la boca, por cada canción que te sabes. Cada vez que pienses en quejarte, busca algo por lo cual dar gracias a Dios. Acostúmbrate a decir por todo “Gracias Padre”. Tú vas a ver como tu mundo va a cambiar. Comienza a sonreírle a todo, y no importa lo que te diga la gente, es mejor sonreír que estar mal encarado. Sonríele al guardia, al médico, al abogado, al barrendero, al rista, al cajero, a los que cocinan, al chofer, a la enfermera. Sonríele al mundo y verás que el mundo te sonreirá también. El rencor y el odio son la madre de la infelicidad. Comienza a perdonar ya a todo el mundo, no importa lo que te hayan hecho o dicho, eso es problema del que condena; el tuyo es el de perdonarlos. Diles: Te doy mi amor y mi perdón. Si hablan mal de ti, te critican o te condenan, eso no importa, de los más grandes seres se han dicho las peores cosas. Piensa: Si eso lo dicen, ¿dónde está lo que hacen? Yo soy un ser que hago y solo me entiendo con los que hacen y no con los que dicen. Si has perdido algo o te han robado, eso tampoco importa. Acuérdate que lo verdaderamente valioso y eterno en ti nadie te lo puede quitar, es tu Ser y tu derecho soberano de sentir y pensar. “Lo maravilloso de cuando se pierde es que solamente nos queda Dios”. Acostúmbrate a bendecir en vez de maldecir o decir malas palabras y verás que las cosas se transforman. Di constantemente a todas las cosas y a todas las personas, no importa lo que sean, hagan o digan: “Dios te Bendice”. Cada vez que no sepas qué hacer y estés desesperado y no te acuerdes de nada, repite simplemente el nombre de Dios tantas veces te sea necesario y verás milagros.

No hay que temer

Temía estar solo, hasta que aprendí a quererme a mi mismo.

Temía fracasar, hasta que me di cuenta que únicamente fracaso si no lo intento.

Temía lo que la gente opinara de mí, hasta que me di cuenta de  que de todos modos opinarían de mi.

Temía me rechazaran, hasta que entendí que debía tener fe  en mi mismo y en Dios.

Temía al dolor, hasta que aprendí que éste es necesario  para crecer.

Temía a la verdad, hasta que descubrí la fealdad de  las mentiras.

Temía a la muerte, hasta que aprendí que no es el final, sino más bien el comienzo.

Temía al odio, hasta que me di cuenta que no es otra cosa más que ignorancia.

Temía al ridículo, hasta que aprendí a reírme de mi mismo.

Temía hacerme viejo, hasta que comprendí que ganaba sabiduría día a día.

Temía al pasado, hasta que comprendí que no podía herirme más.

Temía a la oscuridad, hasta que vi la belleza de la luz de una estrella.

Temía al cambio, hasta que vi que aún la mariposa más hermosa necesitaba pasar por una metamorfosis antes de volar.

Hagamos que nuestras vidas cada día tengan mas vida y si nos sentimos desfallecer no olvidemos que al final siempre hay algo más.

No importa… vuelve a empezar

Aunque sientas cansancio,

Aunque el triunfo te abandone,

Aunque el error te lastime,

Aunque un negocio se quiebre,

Aunque una traición te hiera,

Aunque el dolor queme tus ojos,

Aunque una ilusión se apague,

Aunque ignoren tus esfuerzos,

Aunque la ingratitud sea la paga,

Aunque la incomprensión corte tus risas,

Aunque todo parezca nada…

No importa, vuelve a empezar!, pues tu eres más grande que tus desaciertos y  eres valioso ante los ojos del más Grande: Dios.

No llores si me amas

Los momentos de la vida del ser humano son muy variados, y desde las más altas cimas de la felicidad se puede descender hasta los más oscuros y tenebrosos abismos de la existencia. Siento el dolor humano de cada día y siento a ese hombre y a esa mujer cuando han perdido a un ser querido. Por eso esta esquina de hoy, no sientas que es la esquina de la plañidera que se une al cortejo fúnebre de tu dolor. ¡Quiero ser esperanza! Que no se basa en la palabra humana, por muy lógica que parezca, ni lúcida o deslucida por la construcción de frases que pueda hacer. Es desde una experiencia de fe en la que te digo: Cristo ha resucitado. Ya lo sé, tú me dirás, y en el fondo…¿no te das cuenta que me estás pidiendo lógica humana nada más, cuando tú sabes que la muerte como pregunta trasciende a toda lógica humana?. Y no es sólo la muerte como pregunta, ya que ésta en conversación normal tiene trascendencia, pero no igual a la muerte, la experiencia de dolor que uno siente cuando arrancan una flor de tu jardín. No te pido ahora que entiendas, no te pido que me escuches. Te pido sólo que escuches a tu corazón, que sientas que el amor no es violencia, que el amor no es fraude o mentira, que el amor que compartiste con el ser que se fue, es eternidad. Se muere cuando se olvida. Se muere cuando se deja de amar y tú no puedes dejar de amar a quien ahora lloras.

Por eso, y porque Dios lo ha resucitado, él, tu amor, te esperará a ti en ese lugar maravilloso que es el cielo.

Quiero que sientas ahora la experiencia de un hombre que encontró a Dios a los 30 años, y unos meses después, en el puerto romano de Ostia, perdió a su madre.

Tú sabes que te hablo de San Agustín. Siente lo que dice: No llores si me amas,

¡Si conocieras el don de Dios y lo que es el Cielo!

¡Si pudieras oír el cántico de los ángeles y verme en medio de ellos!

¡Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos; los horizontes, los campos y los nuevos senderos que atravieso!

¡Si por un instante pudieras contemplar como yo, la belleza ante la cual las bellezas palidecen!

¡Cómo!…¿Tú me has visto, me has amado en el país de las sombras y no te resignas a verme y amarme en el país de las inmutables realidades? Créeme.

Cuando la muerte venga a romper las ligaduras como ha roto las que a mi me encadenaban, cuando llegue un día que Dios ha fijado y conoce, y tu alma venga a este cielo en que te ha precedido la mía, ese día volverás a verme, sentirás que te sigo amando, que te amé, y encontrarás mi corazón con todas sus ternuras purificadas. Volverás a verme en transfiguración, en éxtasis, ¡feliz!, ya no esperando la muerte, sino avanzando contigo, que te llevaré de la mano por senderos nuevos de Luz…y de Vida…¡Enjuga tu llanto y no llores si me amas!.

San Agustín sintió profundamente a Dios y desde Dios amó a los seres que lo rodearon, por eso tiene profundo sentido lo que él nos dice. Y termino con aquellas palabras del ángel a las mujeres que fueron a buscar a Jesús al sepulcro: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?. No está aquí, ha resucitado” (Lc.24, 5-6).

No se venden frutos

Anoche tuve un sueño raro. En la plaza mayor de la ciudad habían abierto una tienda nueva. El rótulo decía: “Regalos de Dios”. Entré: Un ángel atendía a los clientes. Yo, asombrado, le pregunté:

- ¿Qué es lo que vendes, ángel del Señor?

- Vendo cualquier don de Dios.

- ¿Cobras muy caro?

- No, los dones de Dios son gratis.

Miré los grandes estantes; estaban llenos de ánforas de amor, frascos de fe, bultos de esperanza, cajas de salvación y muchas cosas más.

Yo tenía gran necesidad de todas aquellas cosas. Cobré valor y le dije al ángel:

- Dame, por favor, bastante amor a Dios; dame perdón de Dios; un bulto de esperanza, un frasco de fe y una caja de salvación.

Mucho me sorprendí cuando vi que el ángel, de todo lo que yo le había pedido, me había hecho un solo paquete; y el paquete allí estaba en el mostrador, un paquete tan pequeño como el tamaño de mi corazón.

- ¿Será posible? – pregunté – ¿Esto es todo?

El ángel me explicó:

- Es todo, Dios nunca da frutos maduros; El sólo da pequeñas semillas, que cada quien debe cultivar.

No te detengas

No te detengas en lo malo que has hecho; camina en lo bueno que puedes hacer. No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar. No te mires con tus ojos, contémplate con la mirada de Dios. No pienses en lo largo que es el camino de tu transformación, sino en cada paso que puedes dar para ser lo que Dios quiere que seas. No confíes en tus propias fuerzas; pon tu vida en manos de Dios. No trates que otros cambien; sé tú el responsable de tu propia vida y trata de cambiar tú. Deja que el amor te toque y no te defiendas de él. Sólo contempla la meta y no veas que tan difícil es alcanzarla. Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el futuro llegue a su tiempo. No sufras por lo que viene, recuerda que “cada día tiene su propio afán” (Mt. 6,34) Busca alguien con quien compartir tus luchas hacia la libertad; una persona que te entienda, te apoye y te acompañe en ella. No te des por vencido, piensa que si Dios te ha dado la vida, es porque sabe que tú puedes con ella. Si algún día te sientes cansado, busca el descanso en Dios que renovará tus fuerzas. Si algún día te sientes demasiado responsable de otros, recuerda que sólo Jesús es el Mesías. Si te sientes atado a alguien, pídele a Jesús que rompa las ataduras y que su amor vuelva a crear lazos nuevos de amor según su Espíritu. Si reaccionas ante toda provocación, ruega a Dios para que te enseñe a responder en lugar de reaccionar. Si tu felicidad y tu vida dependen de otra persona, despréndete de ella y ámala, sin pedirle nada a cambio. Si necesitas tener todo bajo control, entrega el control de tu vida a Dios y confía en su poder y en su amor por ti. Aprende a mirarte con amor y respeto, piensa en ti como en algo precioso; ¡eres un hijo de Dios! Piensa que Él está más interesado que tú en que te conviertas en esa creación que Él pensó desde toda la eternidad. “Vivir Sirviendo, Vivir Amando. Que este sea el mejor día de tu vida”

No te me vayas

Cuando encuentres cerrada  la puerta de mi corazón, tírala y entra; no te me vayas, Señor.

Cuando las cuerdas de mi guitarra  olviden tu nombre, espera, te ruego; no te me vayas, Señor.

Cuando tu llamada  no alcance a despertar mi torpeza, fulmíname con tu dolor; no te me vayas, Señor.

Cuando yo ponga a otros en tu trono,  oh Rey de mi vida, no te me vayas, Señor.

No te olvides

No te olvides que fuiste niño…

No te olvides que fuiste joven…

No te olvides que serás adulto…

No te olvides que serás anciano..

Porque aquel que olvida su niñez, será un adulto sin alegría.

Aquel que olvida su juventud, será un anciano sin sus recuerdos…

Aquel que pierde su alegría, y no guarda sus recuerdos, por más riqueza que posea, será un pobre hombre envuelto entre las tinieblas de su vida…

No te pude esperar

Una vez un hombre muy afortunado había conseguido la mejor entrevista de su vida: Iba a entrevistar ni más ni menos que a Dios.

Esa tarde el hombre llegó a su casa dos horas antes, se arregló con sus mejores ropas, lavó su automóvil e inmediatamente salió de su hogar. Manejó por la avenida principal rumbo a su cita, pero en el trayecto cayó un chubasco que produjo un embotellamiento de transito y quedó parado. El tiempo transcurría, eran las 7:30 y la cita era a las 8:00 p.m.

Repentinamente le tocaron el cristal de la ventanilla y al voltear vio a un chiquillo de unos nueve años ofreciéndole su cajita llena de chicles (goma de mascar). El hombre sacó algún dinero de su bolsillo y cuando lo iba a entregar al niño ya no lo encontró. Miró hacia el suelo y ahí estaba, en medio de un ataque de epilepsia.

El hombre abrió la portezuela e introdujo al niño como pudo al automóvil.  Inmediatamente buscó como salir del embotellamiento y lo logró, dirigiéndose al hospital de la Cruz Roja más cercano. Ahí entregó al niño, y después de pedir que lo atendiesen de la mejor forma posible, se disculpó con el doctor y salió corriendo para tratar de llegar a su cita con Dios.

Sin embargo, el hombre llegó 10 minutos tarde y Dios ya no estaba. El hombre se ofendió y le reclamó al cielo: “Dios mío, pero tú te diste cuenta, no llegué a tiempo por el niño, no me pudiste esperar. ¿Qué significan 10 minutos para un ser eterno como tú?”

Desconsolado se quedó sentado en su automóvil; de pronto lo deslumbró una luz y vio en ella la carita del niño a quien auxilió. Vestía el mismo suetercito deshilachado, pero ahora tenía el rostro iluminado de bondad.

El hombre, entonces, escuchó en su interior una voz: – Hijo mío, no te pude esperar… y salí a tu encuentro.

No tengas miedo

No tengas miedo de estar solo(a) de mirarte interiormente y de encontrarte en tu silencio.

Ten miedo, eso sí de ser un solitario, aislado de tus hermanos, desconfiado, sin amigos y sin comunicación.

Nunca temas decir la verdad expresar con claridad lo que sientes y afirmar aquello que has visto o has oído.

Teme más bien, engañarte a ti mismo(a), auto convencerte de la mentira o colocar mascaras en tu rostro.

Sé tu mismo(a) en donde estés, aceptando a los otros como son.

Vive con intensidad y dinamismo.

¡Rompe tus murallas y levántate!

Y la vida será para ti un canto.

Y cada día será una fiesta.

Nos acostumbramos…

A vivir en nuestra casa y a no tener otra vista que no sea las ventanas de alrededor. Y como estamos acostumbrados a no tener vista, luego nos acostumbramos a no mirar para afuera. Y como no miramos para afuera luego nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas. Y porque no abrimos completamente las cortinas luego nos acostumbramos a encender más temprano la luz. Y a medida que nos acostumbramos, olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos la amplitud.

Nos acostumbramos…

A despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde.

A tomar café corriendo porque estamos atrasados.

A comer un sándwich porque no da tiempo para comer a gusto.

A salir del trabajo porque ya es la tarde.

A cenar rápido y dormir con el estómago pesado sin haber vivido el día.

Nos acostumbramos…

A esperar el día entero y oír en el teléfono: “hoy no puedo ir”.

A sonreír para las personas sin recibir una sonrisa de vuelta.

A ser ignorados cuando precisábamos tanto ser vistos.

Si el trabajo está duro, nos consolamos pensando en el fin de semana.

Y peor aún, hacemos pesado nuestro trabajo, y a los demás, viviendo en las críticas destructivas y en la siembra de la discordia hablando negatividad y todavía sin argumento alguno.

Y si el fin de semana no hay mucho que hacer vamos a dormir temprano y nos

acostumbramos a quedar satisfechos porque siempre tenemos sueño atrasado.

Nos acostumbramos a ahorrar vida que, de poco a poquito, igual se gasta y que una vez gastada, por estar acostumbrados, nos perdimos de vivir.

Alguien dijo:

“La muerte está tan segura de su victoria que nos da toda una vida de ventaja”

No nos acostumbremos e iniciemos este año viviendo la vida con intensidad !

Nos ama hasta el extremo…

Es la tarde de un viernes típico y estas manejando a tu casa. Sincronizas la radio. El noticiero cuenta una historia de poca importancia, sobre un pueblito de la India donde alguna gente se ha muerto de repente, por motivo desconocido, de alguna gripa que nunca antes se ha visto. No es influenza, pero tres o cuatro gentes murieron. Es algo interesante y algunos doctores van a ir para allá para investigarlo.

No lo piensas mucho, pero el domingo, de regreso a tu casa de la misa, oyes otra noticia en la radio. Ahora dicen que no son tres personas sino 30,000 personas en las colinas remotas de esta área de India, y sale en las noticias en la TV esa noche. Gente del Control de Enfermedades de Estados Unidos van para allá para investigarlo, porque es una enfermedad muy extraña y misteriosa.

El lunes cuando despiertas, ya es la noticia más importante en la primera pagina del periódico. Porque no solo India, sino Pakistán, Afganistán e Irán, y luego la noticia esta saliendo en todos los noticieros. Le están llamando ” la Influenza misteriosa”. Él presidente ha hecho algún comentario que el y todos están rezando y esperando que todo vaya bien por allá. Pero todos se están preguntando, “¿ Cómo vamos a controlarlo?”

Entonces el presidente de Francia hace una declaración que sorprende a toda Europa- el esta cerrando sus fronteras. No habrá mas vuelos a Francia de India, Pakistán o cualquier otro país donde se ha visto la enfermedad. Por lo del cierre de la frontera estas viendo las noticias en la noche antes de acostarte; y no lo puedes creer cuando oyes la traducción de una mujer llorando en Francia diciendo: ” Hay un hombre en un hospital de París muriendo de la influenza misteriosa!.”

Ha llegado a Europa. Hay pánico. La mejor información dice que cuando lo tienes, lo tienes por una semana y ni cuenta te das. Luego tienes cuatro días de síntomas horribles y luego mueres.

Inglaterra ha cerrado sus fronteras, pero es demasiado tarde- ya se ha presentado casos en South Hampton, Liverpool, North Hampton. Y es el martes en la mañana cuando el presidente de Estados Unidos declara: ” Debido al riesgo a la seguridad nacional, todos los vuelos de Europa y Asia han sido cancelados. Si tienen seres queridos en el extranjero, lo siento. No pueden regresar hasta que encontremos una cura para la enfermedad”.

En los siguientes días hay pánico en todo el mundo y todos tienen miedo. Gente esta vendiendo mascaras para tu cara. La gente esta contemplando que harán si llega la enfermedad al país. El miércoles en la noche estas en la Iglesia por una misa especial para rezar por una cura, cuando alguien entra corriendo diciendo, ” Prendan el radio, que prendan el radio.” Y mientras que todos escuchan, se oye la noticia: “Dos mujeres están en el hospital de Nueva York muriendo de la influenza misteriosa”. En horas, se parece, que la cosa invade todo el país. Los científicos están trabajando sin parar para encontrar un antídoto, pero nada esta funcionando. California, Oregon, Arizona, Florida, Texas…

Y de repente, viene la noticia que todos han esperado: se ha descifrado el código DNA del virus. Se puede hacer el antídoto. Va a requerir la sangre de alguien que no ha sido infectado y, de hecho, en todo el centro del país, por los medios de emergencia que han estado trabajando tanto, a todos se les pide una sola cosa: ” Que vayan al hospital central de la ciudad para que se les practique un examen de sangre.” Vas de voluntario con tu familia junto con otros vecinos, preguntándose lo que esta pasando, y que esto es el fin del mundo…

De repente, un doctor sale del hospital gritando un nombre que ha leído de su cuaderno. Dices “¿Qué? y él vuelve a gritar el mismo nombre. Tu hijo chiquito a tu lado te agarra la chaqueta y dice “Papa,¡ese es mi nombre!”. Antes de que puedas reaccionar, han agarrado a tu hijo. Gritas “¡Oigan, esperen!” y ellos contestan, “Todo esta bien, su sangre esta limpia. Su sangre es pura. Queremos asegurarnos que no tenga la enfermedad. Creemos que él tiene el tipo de sangre correcta.”

Cinco largos minutos después, salen los doctores y enfermeras, llorando, abrazándose y hasta algunos riéndose. Es la primera vez que has visto a alguien reír en una semana. Un doctor de mayor de edad se te acerca y te dice, “Gracias, señor, la sangre de su hijo es perfecta. Esta limpia y pura, y podemos hacer un antídoto contra la influenza misteriosa”. La palabra empieza a correr por el estacionamiento y todos están gritando, rezando, riéndose de felicidad, llorando… Pero en eso el doctor se te acerca nuevamente a ti y a tu esposa y dice, ” ¿Podemos platicar en privado un momento? Es que no sabíamos que el donante sería un niño y necesitamos que firmen este formato para darnos el permiso de usar su sangre”.

Empiezas a leer el permiso cuando te das cuenta que no han llenado la cantidad de sangre que necesitan tomar” “Pues, c..c..cuanta sangre?, fue cuando la sonrisa del doctor se desaparece y contesta. ” No pensábamos que iba a ser un niño, No estábamos preparados… ¡La necesitamos toda! No lo puedes creer y tratas de contestar, ” Pero.– pero–…” El doctor te sigue insistiendo, ” Usted no entiende. Estamos hablando de todo el mundo. Por favor firme. Lo necesitamos… todo”. Preguntas, ” Pero, ¿ porque no le pueden dar una transfusión de sangre?” Viene la respuesta, ” Si tuviéramos sangre limpia podríamos. ¿Firmara?. Por favor firme. ” En silencio y sin poder sentir los mismos dedos que tienen la pluma en la mano, lo firmas…

Te preguntan..”¿ Desean un momento con su hijo antes de que empecemos?” Puedes ver a tu hijo. Puedes caminar hacia esa sala de emergencia donde tu hijo esta sentado en la cama diciendo, ” ¿Papa? ¿Mama? ¿Qué esta pasando?! Puedes tomar su mano y decirle, ” Hijo, tu mamá y yo te amamos , y nunca dejaríamos que te pasara algo que no tenia que ser.¿ Comprendes eso?”

Y cuando ese doctor regresa y te dice, ” Lo siento. Necesitamos empezar. Gente en todo el mundo esta muriendo.” ¿¿Te puedes ir?? Puedes darle la espalda a tu hijo y dejarlo ahí mientras el te dice, ” ¿Padre?¿Madre? ¿Porque me han abandonado?

Y la siguiente semana cuando hacen una ceremonia para honrar a tu hijo, alguna gente se queda dormida en la casa, otros no vienen porque prefieren ir a la presa o ver un partido de fútbol, y otros vienen a la ceremonia con una sonrisa falsa y fingen que les importa. Quisieras pararte y gritar ” MI HIJO MURIO POR USTEDES!. ¿QUE NO LES IMPORTA?”

Tal vez eso es lo que EL quiere decir, ” MI HIJO MURIO. ¿¿ QUE NO SABEN CUANTO LOS AMO?? ” Juan 3:16.

Padre Nuestro, viéndolo desde tu punto de vista nos rompe el corazón. Tal vez ahora podemos empezar a comprender que tan grande es tu amor por nosotros.

Nos convencemos

Nos convencemos a nosotros mismos de que la vida será mejor después de casarnos, después de tener un hijo, y entonces después de tener otro.

Entonces nos sentimos frustrados de que los hijos no son lo suficientemente grandes y que seremos más felices cuando lo sean.

Después de eso nos frustramos por que son adolescentes y difíciles de tratar.
Ciertamente seremos más felices cuando salgan de esta etapa.

Nos decimos que nuestra vida estará completa cuando a nuestra pareja le vaya
mejor, cuando tengamos un mejor auto o una mejor casa, cuando nos podamos ir de
vacaciones, cuando estemos retirados. La verdad es que no hay mejor momento para
ser felices que ahora ! Si no es ahora, cuando?

Tu vida siempre estará llena de retos. Es mejor admitirlo y decidir ser felices
de        todas   formas.

Alguien dijo, “Por largo tiempo parecía para mí que la vida estaba a punto de
comenzar. La vida de verdad. Pero siempre había algún obstáculo en el camino,
algo que resolver primero, algún asunto sin terminar, tiempo por pasar, una
deuda que pagar. Entonces la vida comenzaría. Hasta que me di cuenta que estos
obstáculos       eran     Mi       Vida.”

Esta perspectiva me ha ayudado a ver que no hay un camino a la felicidad.

La felicidad “es el camino”. Así que, atesora cada momento que tienes, y
atesóralo más cuando lo compartiste con alguien especial, lo suficientemente
especial para compartir tu tiempo, y recuerda que el tiempo no espera a nadie…

Así que deja de esperar hasta que termines la facultad, hasta que vuelvas de la
facultad, hasta que bajes los kilos extras que tienes, hasta que tengas hijos,
hasta que tus hijos se vayan de casa, hasta que te cases, hasta el viernes por
la noche, hasta el domingo por la mañana, hasta la primavera, el verano, el
otoño o el invierno… o hasta que mueras, para decidir que no hay mejor momento
que éste para ser feliz…

La felicidad es un trayecto, no un destino.

Nuestra alegría

La alegría debe ser uno de los ejes dominantes de nuestra vida. Una religiosa es como el sol en una comunidad. La alegría es el signo de una personalidad generosa. A veces es también un manto que encubre una vida de sacrificio y de generosidad. Una persona que tiene este don alcanza a menudo altas cimas.

Hagamos que quienes sufren hallen en nosotros ángeles de consuelo. Por que el trabajo entre las chabolas ha sido bendecido por Dios? No es ciertamente en consideración de determinadas cualidades personales, sino a causa de la alegría que las hermanas reparten a su paso.

La gente del mundo carece de nuestra alegría. Menos aun la poseen quienes viven en las chabolas. Nuestra alegría es el mejor medio para predicar el cristianismo a los paganos.

Vinieron algunas personas a Calcuta y antes de regresar a sus puntos de origen me pidieron que les dijese algo que pudiera servirles para vivir sus vidas de manera más provechosa. Les conteste: Sonríanse ustedes mismos unos a otros, sonrían a sus esposas, a sus maridos, a sus hijos, a todos, sin mirar de quien se trata. Que en cada uno pueda crecer día a día el amor reciproco hacia los demás. A este punto, uno de los presentes me pregunto: Esta usted casada? Conteste: Si, a veces me cuesta sonreírle a Jesús Es verdad: a veces Jesús puede llegar a pedir mucho, pero es en tales ocasiones cuando Jesús nos pide mas cuando nuestra sonrisa resulta más hermosa. Esto es en realidad lo que Jesús nos pide que hagamos: que nos amemos unos a otros, una y otra vez, como el Padre lo amo a Él. Y como amo el Padre a Cristo? Mediante el sacrificio: entregándolo a la muerte por nuestra salvación.

Si queremos de veras conquistar al mundo, no podremos con bombas ni con armas de destrucción. Conquistemos el mundo con nuestro amor. Entretejamos nuestra vida con eslabones de sacrificio y de amor y nos resultara posible conquistar el mundo.

Nuestra cuota inicial

Un día, una señora falleció y llego al cielo. Ahí junto a las más de cien mil personas que diariamente mueren, estaba haciendo fila para saber cual sería su destino eterno.

De pronto, apareció San Pedro y les dijo: Vénganse conmigo y les mostraré en que barrio está la casa que les corresponde a cada uno.

Ello dependerá de la cantidad de amor que cada cual haya ofrecido en la Tierra a los demás. Aquí, la única cuota inicial que se recibe para su habitación eterna es la caridad y el buen trato que hayan dado en la Tierra.

Y los fue guiando por barrios de lujo, como ella jamás pensó que pudieran existir. Llegaron a un barrio hecho todo de oro. Casas de oro, puertas doradas, paredes y techos de oro, una maravilla. Y San Pedro exclamó…

“Aquí, están todos los que gastaron mucho dinero en ayudar a los necesitados, los que su amor hacia los demás si les costó en vida.”

Y fueron entrando todos los generosos, los que partieron su pan con el hambriento, los que regalaron sus vestidos a los pobres, consolaron a presos y visitaron a enfermos. La señora quiso entrar pero un ángel la detuvo al tiempo que le decía:

” Perdóneme, pero usted en la Tierra no daba sino migajas a los demás, jamás dio nada que en verdad le costara ni en tiempo ni en dinero, ni tampoco en vestidos. Este barrio es solamente para los de corazón generoso” Y no la dejaron entrar.

Pasaron luego a otro barrio de la eternidad. Todas las casas estaban construidas con marfil. Toda blancura y elegancia nunca vista. La señora se apresuró a entrar en tan hermoso barrio. Pero, un ángel guardián la tomó del brazo y le dijo:” Me da pena señora, pero este barrio es solamente para aquellos que tuvieron siempre un trato limpio y sincero hacia los demás. Usted era una persona muy corriente en el hablar, dura, criticona y a veces hasta grosera en su trato “.

Y mientras los demás entraban gozosos a tomar posesión de sus lujosas casas, la pobre mujer se quedaba afuera mirando con envidia a aquellos que habían sido tan afortunados. Ella no pudo entrar, le faltaba la cuota inicial: ¡Haber tratado bien a los demás!

Siguieron luego a un tercer barrio. Todo era del más puro cristal, todo brillante y hermoso. La señora corrió a tomar posesión de una de aquellas maravillas, pero, el ángel portero la detuvo y le dijo muy serio:

” En su pasaporte dice que usted no se interesó ni poco ni mucho por instruir a los demás. Y nunca se preocupó porque las personas con las que vivía se volvieran mejores. Así que no hay casa para usted, le falta la cuota inicial. ¡Haber colaborado para que otros se instruyeran en las cosas del Señor!.

Entristecida, la pobre mujer veía que entraban miles de personas muy alegres a tomar posesión de su casa, mientras que ella con un numeroso grupo de egoístas, era llevada cuesta abajo hacia un barrio verdaderamente feo y asqueroso. Todas las habitaciones estaban construidas con desechos.

El único material que se había utilizado para la construcción de aquellas casas eran objetos de basura. Las lechuzas sobrevolaban por ahí, ratones moraban en aquel lugar. Ella se tapó la nariz porque el olor era insoportable y quiso salir huyendo.

No obstante, el guardián del barrio le dijo muy seriamente:

“Una de estas casas será su habitación, venga a tomar posesión de ella.”

La mujer gritó angustiada que no, que eso era horrible, que jamás sería capaz de vivir en semejante montón de basura. Y el ángel le respondió: Señora, esto es lo único que hemos podido construir con la cuota inicial que usted enviaba desde la tierra. Las habitaciones de la Eternidad, las hacemos con los materiales que las personas mandan desde el mundo.

Usted solamente enviaba cada día egoísmos, malos tratos a los demás, murmuraciones, críticas, palabras hirientes, odios, tacañería y envidia.¿Qué más hubiéramos podido construirle? Usted misma nos mandó el material para construirle su mansión.

La mujer empezó a llorar y a decir que ella no quería vivir ahí…… y de pronto… al hacer un esfuerzo para zafarse de las manos de quien quería hacerle vivir en semejante casa, dio un salto y… Se despertó!

Tenía la almohada empapada de lágrimas; sin embargo, aquella pesadilla le sirvió de examen de conciencia y desde entonces, empezó a cambiar su vida y el material que enviaba como cuota inicial para la construcción de su casa eterna. Te has preguntado: ¿Qué clase de materiales están enviando para que te construyan la casa donde vivirás eternamente? Aún estamos a tiempo de cambiar el tipo de material de nuestra cuota inicial, empecemos por amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos.

Nuestra espera

Primero esperé crecer, quería ser grande, y no pude disfrutar de ser pequeño… después espere el amor de mi vida, y cuando llego no me di cuenta de que ese era…

Me aleje de Dios porque pensé que el me había olvidado, y no supe esperar las señales ,y que el estaba a mi lado enseñándome el camino…

hoy a más de la mitad de mi vida, desperté y me di cuenta, que a pesar de haber esperado sin saber que esperaba , solo Dios supo darme la paz y la tranquilidad y sobre todo hoy mi fe es tan grande que ya no espero porque se que todo llega a su debido momento, cuando Dios lo dispone, porque para El, su tiempo no es nuestro tiempo.

Entonces sé que vivo hoy y disfruto hoy, y cuando lleguen aquellas cosas que mi corazón desea, y solo Dios sabe dar, entonces voy a poder verlas y disfrutarlas

sin dejarlas pasar esta vez…

Nunca es tarde para abrir nuestros ojos…y nuestros oídos a la dulce voz del Señor.

Nuestra mayor necesidad

Si nuestra más grande necesidad hubiera sido de dinero, Dios hubiera mandado a un economista.

Si nuestra más grande necesidad hubiera sido de conocimiento, Dios hubiera mandado a un educador.

Si nuestra más grande necesidad hubiera sido de diversión o entretenimiento, Dios hubiera mandado a un artista.

Pero como nuestra mayor necesidad era de amor y salvación. Dios mando a su Hijo, un Salvador.

Nuestros viejitos

Lo que eres ahora, es el producto de mi esfuerzo y perseverancia por ti.

Cuando en algún tiempo mientras conversamos y me llegue a olvidar del tema del que estamos hablando, dame todo el tiempo que sea necesario, hasta que yo recuerde; y si no puedo hacerlo no te burles de mí. Tal vez no era importante lo que hablaba pero a mí me bastaba con que solo me escucharas ese momento.

Si alguna vez ya no quiero comer, no me insistas. Sé cuánto puedo hacer y cuanto no debo hacer. También comprende que con el tiempo ya no tengo dientes para morder ni gusto para sentir.

Cuando me fallen mis piernas por estar cansadas para andar, dame una mano tierna para apoyarme, como lo hice yo cuando comenzaste a caminar con tus débiles piernitas.

Por último, cuando algún día me oigas decir que ya no quiero vivir y solo desearía morir, no te enfades. Algún día entenderás que esto no tiene nada que ver con tu cariño ni con cuánto TE AMO. Quizá si me expresaras que todavía te soy útil cambiaría de opinión.

Siempre quise lo mejor para ti y he preparado los caminos que has debido recorrer.

Piensa entonces, que con el paso que me adelanto a dar, estaré construyendo para ti otra ruta en otro tiempo, ¡PERO SIEMPRE CONTIGO!

No te sientas triste o impotente por verme como me ves. Dame tu corazón, compréndeme y apóyame como yo lo hice cuando empezaste a vivir.

De la misma manera como te he acompañado en tu sendero, te ruego me acompañes a terminar el mío. Dame amor y paciencia que yo te devolveré gratitud y sonrisas con el inmenso amor que tengo por ti.

Obstáculos

Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca obstaculizando un camino. Luego se escondió para ver si alguien quitaba la tremenda roca.

Algunos de los comerciantes más adinerados del reino y varios cortesanos pasaron por el camino y simplemente le dieron una vuelta; muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la piedra grande del camino.

Entonces llegó un campesino que llevaba una carga de verduras. Al aproximarse a la roca, puso su carga en el piso y trató de mover la roca a un lado del camino. Después de empujar y fatigarse mucho, pudo lograrlo.

Mientras recogía su carga de vegetales, notó una cartera en el piso, justo donde había estado la roca. La cartera contenía muchas monedas de oro y una nota del mismo rey indicando que el oro era para la persona que removiera la piedra del camino.

El campesino sabía lo que los otros nunca entendieron: “Cada obstáculo presenta una oportunidad para mejorar tu condición”.

Ocho regalos

1.- El regalo de Escuchar. Pero realmente escuchar, sin interrumpir, bostezar, o criticar… Sólo escuchar.

2.- El regalo del Cariño. Ser generoso con besos, abrazos, palmadas en la espalda y apretones de manos; estas pequeñas acciones demuestran el cariño por tu familia y amigos.

3.- El regalo de la sonrisa. Llena tu vida de imágenes con sonrisas, dibujos, caricaturas y tu regalo dirá: “me gusta reír contigo”.

4.- El regalo de las notas escritas. Esto puede ser un simple “gracias por ayudarme”, un detalle como estos pueden ser recordados de por vida… y cambiarla tal vez.

5.- El regalo de un cumplido. Un simple y sincero “te ves genial de rojo”, “has hecho un gran trabajo” o “fue una estupenda comida”, puede hacer especial un día.

6.- El regalo del favor. Todos los días procura hacer un favor.

7.- El regalo de la soledad. Hay días que no hay nada mejor que estar solo. Sé sensible a aquellos días y da este regalo o solicítalo a los demás.

8.- El regalo de la disposición a la gratitud. La forma más fácil de hacer sentir bien a la gente es decirle cosas que no son difíciles de decir como “Hola” y “Muchas Gracias”.

Ofrenda lírica

Iba yo por el camino de la aldea, cuando tu carroza de oro apareció a lo lejos, magnífica y resplandeciente. Y al pasar junto a mi se detuvo.

Entonces tú me miraste a los ojos y bajaste sonriendo. Sentí que me invadía la felicidad de la vida y pensé que las penurias de mis días malos habían terminado.

Más luego tú me tendiste tu diestra y me dijiste: ¿Puedes darme alguna cosa? ¡Ah, que ocurrencia la de su realeza, pedirle a un mendigo!

Yo estaba confuso y no sabía que hacer, entonces saque lentamente de mi saco un granito de trigo y te lo di. Pero que tristeza la mía, cuando al caer la tarde y vaciar mi saco en la arena, encontré un granito de oro en la miseria del montón.

Qué amargamente lloré el no haber tenido corazón, para darme todo.

Olvidemos lo que nos hace daño

Dos monjes iban caminando por el campo al atardecer; mientras caminaban, oraban y reflexionaban. Un poco antes de acercarse a un río que tenían que cruzar, el cual no tenía puente para hacerlo, se les acercó una mujer de baja estatura, pidiéndoles que le ayudaran a cruzar el río. Uno de ellos inmediatamente dijo que sí, mientras el otro lo veía con mirada de desaprobación. El que se apuntó para ayudar a la pequeña mujer la subió en sus hombros y terminado el río la bajó de sus hombros, la mujer quedó muy agradecida con ese monje. Los monjes siguieron su camino y el que no aprobó la decisión empezó a reclamarle al monje que ayudó a la mujer a cruzar el río acerca de su comportamiento: ¿Porqué subiste a esa mujer a tus hombros?, ¿no sabes que en el convento nos tienen prohibido mantener contacto con mujeres? El moje que había ayudado a la mujer no respondía a las preguntas del otro monje. Siguieron su camino y el monje insistía en sus preguntas, a lo que el otro monje no respondía. Poco antes de llegar al convento, el monje le volvió a cuestionar acerca de lo que había hecho y por fin el monje respondió: Hace más de cuatro horas que esta mujer ya no está cerca de mi cabeza, pero sigue en la tuya. ¿Qué ganas con hacerte daño al tener en tu mente cosas del pasado?, ¿qué ganas con tener en tu mente cosas que a ti no te afectan?

Oración

Señor, ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes, y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.

Si me das fortuna, no me quites la felicidad.

Si me das fuerza, no me quites la razón.

Si me das éxito, no me quites la humildad.

Si me das humildad, no me quites la dignidad.

Ayúdame siempre a ver el otro lado de la moneda. No me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar como yo.

Enséñame a querer a la gente como a mi mismo y a juzgarme como a los demás. No me dejes caer en el orgullo si triunfo. Ni en la desesperación si fracaso. Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.

Enséñame que perdonar es lo más grande del fuerte, y que la venganza es la señal primitiva del débil.

Si me quitas la fortuna, déjame la esperanza.

Oración

Una vez, un padre de familia acaudalada llevo a su hijo a un viaje por el campo con el firme propósito de que su hijo viera cuan pobres eran las gentes del campo. Estuvieron por espacio de un día y una noche completos en una granja de una familia campesina humilde.

Oh Jesús que sufres, haz que hoy y cada día yo sepa verte en la persona de tus enfermos y que, ofreciéndoles mis cuidados, te sirva a Ti.

Haz que, aun oculto bajo el disfraz poco atrayente de la ira, del crimen o de la demencia, sepa reconocerte y decir:

Jesús que sufres, cuan dulce es servirte.

Dame, Señor, esta visión de fe y mi trabajo no ha de ser jamás monótono. Encontrare alegría acunando las pequeñas veleidades y los deseos de todos los pobres que sufren.

Querido enfermo, me resultas mas querido aun porque representas a Cristo.

¡Que privilegio se me confiere al poderme ocupar de ti!

Oh Dios, pues que Tu eres Jesús que sufre, dígnate ser para mi también un Jesús paciente, indulgente hacia mis faltas, que no mira mas que mis intenciones que son de amarte y servirte en la persona de cada uno de tus hijos que sufren.

Señor, aumenta mi fe.

Bendice mis esfuerzos y mi trabajo, ahora y siempre.

Oración de la mañana

Señor, en el silencio de este nuevo día, vengo a pedirte paz, sabiduría y fuerza.

Hoy quiero mirar al mundo con los ojos llenos de amor; ser paciente, comprensivo, humilde, suave y bueno.

Ver detrás de las apariencias de tus hijos, mis hermanos, como los ves Tú mismo, para así, poder apreciar lo bueno década uno.

Cierra mis oídos de toda murmuración, guarda mi lengua de toda maledicencia, que sólo los pensamientos que bendigan permanezcan en mí.

Quiero ser tan bien intencionado y justo que todos los que se acerquen a mí, sientan tu presencia.

Revísteme de tu bondad, Señor, y haz que durante este día, yo te refleje.

Oscar Omar

El miércoles 18 de agosto de 1999, como a las 5:50 p.m., me encontraba en mi oficina mientras recibí una llamada de mi esposa para decirme que nuestro hijo más pequeño, Oscar Omar, de dos años de edad, se sentía mal. En días pasados había estado con vómito, el cual fue controlado con una inyección que su pediatra le indicó.

Al estar charlando por teléfono con mi esposa, la noté muy intranquila. Terminé unas cosas en la oficina y alrededor de las 6:00 partí para mi casa. Llegué y vi a Oscar Omar en la cama, muy extraño, sólo quería que mi esposa lo cargara en sus brazos y no se consolaba con nada. Al llevarlo con su pediatra, iba con el cuerpo muy duro y no se sostenía ni en los brazos de mi esposa.

Al llegar con su pediatra, notamos que la doctora estaba muy nerviosa, tanto como nosotros. Mientras revisaba al niño, mi esposa intranquila le preguntaba de manera constante:

-¿Qué tiene, doctora, qué tiene mi bebé?

En cosa de 1 minuto nos dice de la manera más seria:

“Su hijo presenta un cuadro de Meningitis o Encefalitis”. La meningitis es una infección de los meninges, es decir, las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal. Sentí que el mundo se me venía encima, y mi esposa estaba llorando desconsoladamente.

La doctora añadió: “Es necesario internarlo urgentemente y que lo valore un Neurólogo Pediatra”.

Al instante nos dirigimos al hospital; antes dejamos a nuestros otros dos hijos (Gerardo y Cynthia) con mi mamá, cuya casa queda rumbo al hospital.

Desde que la Doctora nos comentó lo que tenía, sólo me dediqué a ofrecer este sufrimiento a Dios. Se lo dedicamos y le pedía a Jesús que tuviera misericordia. Me abandoné por completo a Nuestro Señor Jesucristo y le dije que Él sabía lo que hacía, que se apiadara de este Angelito (el menor y más inquieto de los tres que Él me ha entregado para cuidárselos).

Durante el trayecto al Hospital, Oscar Omar se mostraba cada vez peor. Le pedí a mi esposa que hiciera oración y que se pusiera tanto ella como Oscar Omar en manos de Dios, que es un Padre bondadoso y amoroso. Así lo hicimos. Mi mamá se comunicó de inmediato con la familia y todos se pusieron a hacer oración en favor del niño.

Llegamos a Urgencias y la única reacción de Oscar Omar era que no quería apartarse de su mamá. Desde el hospital le hablaron al especialista y éste giró instrucciones de que le fueran practicando unos exámenes mientras él llegaba.

Los minutos se me hicieron eternos. No sé cuánto tardó en llegar el Doctor, pero decidí buscar inmediatamente al MEJOR de los Doctores: el que todo lo puede, para quien no hay imposibles, a quien le pides y te ayuda, con quien te abandonas y Él sabe cuál es tu mejor consuelo. Y me dirigí a su consultorio, “la capilla” del hospital, que estaba muy retirada del área de Urgencias.

En el trayecto entre Urgencias y La capilla me encontré con un Cristo hermoso y me puse a hacerle oración. Le dije con mi corazón desgarrado que mi bebé estaba enfermo, que presentaba un cuadro de Meningitis y que solamente Él lo podía ayudar.

No sé cuánto tiempo estuve allí haciendo Oración, el caso es que llegó el doctor y nos dijo que tenían que hacer un estudio al bebé, para lo cual era necesario sacarle un líquido de la columna vertebral, y que se los teníamos que dejar solo. Nos pidieron que saliéramos del cubículo donde estaba nuestro bebito y fuimos afuera. Como a los veinte minutos sale el doctor y nos informa que el niño estaba muy inquieto, que no le quería aplicar un sedante (por las condiciones en que se encontraba) y que no le habían podido realizar el estudio porque no se dejó. Volvimos a entrar y ahí estaba Oscar Omar, sentadito sin reaccionar. Lo tomé de los hombros y le dije:

“Hijo, ahorita Dios te va a curar…” y las oraciones se empezaron a sentir (las de mi esposa, las de la familia y amigos y mi abandono en Jesús y en la Virgen María).

Y le puse mi mano extendida con la palma hacia arriba (como siempre lo hago con mis tres hijos) y le dije “Chócala compadre, chócala”… Y pasó algo maravilloso: Oscar Omar extiende su mano y la choca conmigo.

DIOS mío, mis ojos y los de mi esposa se llenaron de lágrimas de alegría. Empezó a reaccionar y así fueron sucediendo cosas maravillosas… Nos dio un besito, empezó a sonreír y a manifestar cosas normales en él, a pesar de que no le habían aplicado ningún medicamento, ni sueros ni nada por el estilo.

Al día siguiente siguió evolucionando positivamente. Sonrió, habló, caminó… Y hoy, 20 de agosto de 1999, a las 11:00 a.m., lo dieron de alta.

La conclusión del especialista es que:

1.- Tal vez un medicamento que le pusieron para controlar el vómito fue lo que provocó esta reacción.

2.- Que posiblemente se deba a que como su hermanito había tenido un cuadro viral hacía 15 días de Varicela, pudo haber afectado.

3.- Que fuera una reacción de la vacuna de la Haemophilus Influenzae.

En fin, fueron varios argumentos los que científicamente trataban de explicar el padecimiento de mi bebé.

Sinceramente yo no soy doctor, pero para mí, con toda honestidad, fue Jesús quien lo curó, independientemente de que haya sido o no que tuviera realmente meningitis.

Abandónate en Jesús  y Él obra en tu vida.

Paciencia y esperanza

Un pastor tenía dos ovejas y estaba contento porque las dos habían parido y tenían unos hermosos y juguetones corderitos.

Durante la noche el pastor encerraba sus dos ovejas en un corral que tenía muy cerca de la casa. Así se aseguraba que lobos y zorros no las mataran.

En las horas del día las soltaba para que fueran a pastar por los cerros. Y aquel día las soltó, como siempre y dejó a los corderitos en el corral. Es muy

riesgoso soltarlos tan pequeños.

Las dos ovejas cruzaron el río caminando sobre su firme lecho de piedras. Las aguas del río serrano eran poco profundas y ellas lo cruzaban a diario. Pero al poco tiempo se desató un temporal muy fuerte y la lluvia fue repentina y torrencial. Las aguas descendieron de los cerros, se volcaron torrentosas en los pequeños arroyos y llegar turbias al cauce del río y el río se desbordó.

El pastor salió hasta la orilla, porque sabía que se acercaba la hora en que sus ovejas regresarían, para amamantar a sus críos y pasar la noche en el corral y vio que sería imposible cualquier intento por cruzar aquel torrente de aguas, sin exponerse a ser arrollado y golpeado contra las piedras.

Una oveja se puso a pastar paciente en la orilla, esperando que las aguas bajaran, la otra se impacientó y comenzó a lamentarse: “Esta agua no descenderá y mis hijitos se morirán de hambre, aquí nos sorprenderá el lobo y nos moriremos”. La compañera trató de calmarla: “No te impacientes, recuerda que ya vimos muchas crecientes en el río y siempre vimos las aguas descender, no nos pasará nada grave y mañana amamantaremos a nuestros hijos”…

De nada valieron sus reflexiones, la oveja se arrojó al agua. El pastor la miraba impotente desde la orilla opuesta. La pobre oveja avanzó un par de metros, pero las aguas la vencieron y la arrastraron río abajo, el pastor y la compañera vieron cómo el cuerpo de la desdichada era llevado por la corriente, que lo golpeaba contra todas las rocas salientes.

Al anochecer las aguas ya habían descendido bastante, pastor y oveja se miraban desde las dos orillas, el pastor que conocía bien los pasos menos riesgosos, entró al agua y lenta y cuidadosamente, llegó hasta la otra orilla, ató una cuerda al cuello de su oveja y ambos volvieron a cruzar el río.

Los corderitos balaban en el corral, el pastor hizo que los dos huerfanitos mamaran de la oveja sobreviviente, que se constituyó en su madre adoptiva.

“Sin esperanza es imposible tener paciencia, porque nadie espera lo imposible y la esperanza más hermosa es la que nace en situaciones más desesperantes. La impaciencia, con la que quieren alcanzarlo todo hoy, es la que te hace perder la oportunidad de alcanzarlo mañana.”

Pagado en su totalidad

Cierto pequeño se acercó a su madre en la cocina, una noche, cuando ella preparaba la cena y la entregó un pedazo de papel sobre el que había escrito algo.

Después de que la mamá se secó las manos en el delantal, lo leyó y esto es lo que decía:

Por cortar el pasto $ 5.00

Por limpiar mi habitación esta semana 1.00

Por ir a la tienda cuando me envías 0.50

Por cuidar a mi hermano mientras fuiste de compras 0.25

Por sacar la basura 1.00

Por obtener una buena boleta de calificaciones 5.00

Por limpiar y barrer el patio 2.00

Total que me debes $ 14.75

Les diré que su madre lo miró de pie a la expectativa y pude ver que los recuerdos pasaban por su mente. Toma la pluma, le da vuelta a la hoja de papel que el niño había escrito y anotó lo siguiente:

Por los nueve meses que te llevé mientras crecías en mi interior, SIN CARGO.

Por todas las noches que estuve sentada a tu lado, cuidándote y orando por ti, SIN CARGO.

Por todos los momentos difíciles y todas las lágrimas que causaste a través de los años, SIN CARGO.

Por todas las noches de temor y por las preocupaciones que sabía que tendría, SIN CARGO.

Por los juguetes, la comida, la ropa y por limpiar tu nariz, SIN CARGO, hijo. Cuando sumes todo, el costo total del verdadero amor es SIN CARGO.

Así, cuando el niño terminó de leer lo que su madre había escrito, había grandes lágrimas en sus ojos, miró directamente a su madre y dijo: “Mamá, en verdad te amo”. Después tomó la pluma y con letras grandes escribió: “pagado en su totalidad”

Palabra de Aliento

Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo. Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo.

Cuando vieron cuan hondo era el hoyo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas.

Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas.

Las otras seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles.

Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió.

Ella se desplomó y murió. La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible.

Una vez más, la multitud de ranas le gritaba y le hacían señas para que dejara de sufrir y que simplemente se dispusiera a morir, ya que no tenía caso seguir luchando.

Pero la rana saltaba cada vez con más fuerzas hasta que finalmente logró salir del hoyo.

Cuando salió las otras ranas le dijeron: “Nos da gusto que hayas logrado salir, a pesar de lo que te gritamos”.

La rana les explicó que era medio sorda, y que pensó que las demás la estaban animando a esforzarse más y salir del hoyo.

Moraleja

1. La palabra tiene poder de vida y muerte. Una palabra de aliento compartida a alguien que se siente desanimado puede ayudar a levantarlo.

2. Una palabra destructiva dicha a alguien que se encuentre desanimado puede ser lo que acabe por destruirlo. Tengamos cuidado con lo que decimos.

3. Una persona especial es la que se da tiempo para animar a otros.

Palabras de estimulo

Algunos de los mayores éxitos de la historia se produjeron después de una palabra de estímulo o de un acto de confianza por parte de una persona querida o un amigo fiel. Si no hubiera sido por una esposa confiada, Sophia, tal vez no habríamos tenido entre los grandes nombres de la literatura el de Nathaniel Hawqthorne, Cuando Nathaniel, un hombre acongojado, fue a su casa a decirle a su esposa que era un fracaso y que lo habían echado de su trabajo en la aduana, ella lo sorprendió con una exclamación de alegría.

- ¡Ahora puedes escribir tu libro! – dijo triunfante.

- Sí – repuso el hombre con vacilante aplomo – y de qué vamos a vivir mientras lo escribo?

Para su gran sorpresa, ella abrió un cajón y sacó una cantidad considerable de dinero.

- De dónde sacaste eso? – exclamó él.

- Siempre supe que eras un hombre de talento – le dijo -. Sabía que algún día escribirías una obra maestra. De modo que cada semana, del dinero que me dabas para la casa, ahorraba un poco. Tenemos suficiente para un año entero.

Papa olvida

Escucha, hijo: voy a decirte esto mientras duermes, una manita metida bajo la mejilla y los rubios rizos pegados a tu frente humedecida. He entrado solo a tu cuarto.

Hace unos minutos, mientras leía mi diario en la biblioteca, sentí una ola de remordimiento que me ahogaba. Culpable, vine junto a la cama.

Esto es lo que pensaba, hijo: me enojé contigo. Te regañé porque no te limpiaste los zapatos. Te grité porque dejaste caer algo al suelo.

Durante el desayuno te regañé también. Volcaste las cosas. Tragaste la comida sin cuidado. Pusiste los codos sobre la mesa. Untaste demasiado el pan con mantequilla. Y cuando te ibas a jugar y yo salía a tomar el tren, te volviste y me saludaste con la mano y dijiste: “Adiós, papito!” y yo fruncí el entrecejo y te respondí: “Ten erguido los hombros!”

Al caer la tarde todo empezó de nuevo. Al acercarme a casa te vi, de rodillas, jugando en la calle. Tenías agujeros en las medias. Te humillé ante tus amiguitos al hacerte marchar a casa delante de mí. Las medias son caras, y si tuvieras que comprarlas tú, serías más cuidadoso. Pensar, hijo, que un padre diga eso.

Recuerdas, más tarde, cuando yo leía en la biblioteca y entraste tímidamente, con una mirada de perseguido; cuando levanté la vista del diario, impaciente por la interrupción, vacilaste en la puerta. “¿Qué quieres ahora?” te dije bruscamente. “Nada”, respondiste, pero te lanzaste en tempestuosa carrera y me echaste los brazos al cuello y me besaste, y tus bracitos me apretaron con un cariño que Dios había hecho florecer en tu corazón y que ni aún el descuido ajeno puede agotar. Y luego te fuiste a dormir, con breves pasitos ruidosos por la escalera.

Bien, hijo: poco después fue cuando se me cayó el diario de las manos y entró en mí un terrible temor.

¿Qué estaba haciendo de mí la costumbre? La costumbre de encontrar defectos, de reprender; esta era mi recompensa a ti por ser un niño. No era que yo no te amara; era que esperaba demasiado de ti. Y medía según la vara de mis años maduros.

Y hay tanto de bueno y de bello y de recto en tu carácter. Ese corazoncito tuyo es grande como el sol que nace entre las colinas. Así lo demostraste con tu espontáneo impulso de correr a besarme esta noche, hijo. He llegado hasta tu camita en la oscuridad, y me he arrodillado, lleno de vergüenza.

Es una pobre explicación; sé que no comprenderás estas cosas si te las dijera cuando está despierto. Pero mañana seré un verdadero papito. Seré tu compañero, y sufriré cuando sufras, y reiré cuando rías. Me morderé la lengua cuando esté por pronunciar palabras impaciente. No haré más que decirme, como si fuera ritual: “No es más que un niño, un niño pequeñito”.

Temo haberte imaginado hombre. Pero al verte ahora, hijo, acurrucado, fatigado en tu camita, veo que eres un bebé todavía.

Ayer estabas en los brazos de tu madre, con la cabeza en su hombro. He perdido demasiado, demasiado.

Para arreglar el mundo

Iba un niño con su papá en el tren. El recorrido duraría una hora. El padre se acomoda en el asiento y abre una revista para distraerse.

En eso, el niño lo interrumpe preguntándole: ¿Qué es eso, papá? El hombre se vuelve para ver que es lo que señala su hijo y contesta: “Es una granja, hijo”.

Al recomenzar su lectura, otra vez el niño pregunta: “¿Ya vamos a llegar?” Y el hombre contesta que falta mucho.

No bien había comenzado nuevamente a ver su revista cuando otra pregunta del niño lo interrumpe; y así se siguieron las preguntas, hasta que el padre, ya desperado y buscando cómo distraer al chico, se da cuenta que en la revista aparece un mapa del mundo. Lo corta en pedacitos y se lo da al niño diciéndole que es un rompecabezas y que lo arme.

Feliz se arrellana en su asiento, seguro de que el niño estará entretenido todo el trayecto. No bien ha comenzado a leer la revista de nuevo cuando el niño exclama: “Ya terminé”

-¡Imposible! ¡No lo puedo creer! ¿Cómo tan pronto?”; pero ahí está el mapa perfecto. Entonces le pregunta: “¿Cómo pudiste armar el mundo tan rápido?”

El hijo le contesta: “Yo no me fijé en el mundo. Atrás de la hoja está la figura de un hombre; compuse al hombre y el mundo quedó arreglado”.

Parábola de la educación

Iba un hombre caminando por el desierto cuando oyó una voz que le dijo: Levanta unos puños de piedritas, mételos a tu bolsillo y mañana te sentirás a la vez triste y contento.

Aquel hombre obedeció. Se inclinó, recogió un puñado de piedritas y se los metió en el bolsillo. A la mañana siguiente, vio que las piedritas se habían convertido en diamantes, rubíes y esmeraldas.

Y se sintió feliz y triste. Feliz por haber recogido las piedritas; triste, por no haber recogido más. Lo mismo ocurre con la educación.

Parte del regalo

Una niña en África le dio a su maestra un regalo de cumpleaños. Era un hermoso caracol.

- ¿Dónde lo encontraste?

La niña le dijo que esos caracoles se hallan solamente en cierta playa lejana.

La maestra se conmovió profundamente porque sabía que la niña había caminado muchos kilómetros para buscar el caracol.

- No debiste haber ido tan lejos sólo para buscarme un regalo.

La sabia niña sonrió y contestó:

- Maestra, la larga caminata es parte del regalo.

Pasaje del Sabio

Existió un Rey que tenía un sabio; un hombre anciano de avanzada edad, pasos lentos y larga barba blanca; el Rey para cualquier acción o decisión que tomara siempre se refería primeramente a su sabio, en ningún momento dudaba en consultarle siempre los problemas y las cosas que sucedían en su reino, sintiéndose siempre seguro de que todo le decía salía siempre bien. Hasta que un día el sabio por su avanzada edad enfermo de gravedad… en su lecho de muerte el Rey desesperado le decía: – Sabio y viejo amigo, ¿Qué voy hacer sin ti cuando tú no estés?, ¿Quién me dará sus sabios consejos y me ayudará cuando tenga problemas que no pueda resolver?… ¿Qué haré… qué haré? El sabio al ver su desesperación le entregó un anillo que tenía un compartimiento secreto, pero le dijo que sólo y únicamente cuando tuviera un problema que fuera imposible resolverlo… solo así lo abriera y allí encontraría la respuesta. El sabio murió y pasaron muchos años; al Rey en varias ocasiones se le presentaron múltiples problemas. En varias ocasiones estuvo a punto de romper el sello y abrir el compartimiento de la sortija, sin embargo no lo hizo, posponiéndolo para un problema mayor que no pudiera ser resuelto. Siguió pasando el tiempo y un día al Rey se le presentó un problema tan grande que no podía resolver. Pasaron los días tratando de resolverlo, hasta que no pudo más. Se acordó de lo que le dijo el sabio: ¡solo ábrelo cuando tengas un problema que pienses que no tenga solución! El Rey rompió el sello y abrió el compartimiento secreto. Adentro había un papelito que decía: Esto también pasará.

Eso es lo que siempre ha dijo el Señor: Abandónate en Mí, confía en Mí, todo lo que veas difícil y sin solución. Todo pasará cuando lo pongas en mis manos!

Por más grande que sea tu problema, si te acoges al amor maravilloso de Dios, todo se resolverá, pues Él todo lo puede, y en Él y con Él, todo se puede.

Pensar

Pensar en la vida, no es suficiente.

Pensar en la muerte, no nos da suerte.

Pensar en el amor, ¿sin tener el calor?

Pensar en el futuro, ¿sin sentirnos seguros?

Pensar, pensar, pensar;

es todo lo que hacemos,

y dejamos de obrar

para entender ¿qué queremos?

Y nos quedamos pensando

en lo que estamos pasando,

olvidando el presente …

Pero hablando seriamente,

ya debemos de dejar

el solo hecho de pensar.

Pequeñas lecciones

He aprendido que quiero a mi maestra porque llora cuando cantamos “Noche de Paz”. Edad 6

He aprendido que a nuestro perro tampoco le gusta tomarse mi sopa de brócoli. Edad 7

He aprendido que cuando saludo a la gente en el campo, dejan de hacer lo que están haciendo, para devolverme el saludo. Edad 9

He aprendido que justo cuando mi cuarto está como a mí me gusta, mi mamá me hace que lo vuelva a limpiar. Edad 12

He aprendido que cuando quieres animarte, debes intentar animar a alguien más. Edad 14

He aprendido que aunque es difícil admitirlo, secretamente estoy feliz de que mis padres sean estrictos conmigo. Edad 15

He aprendido que la compañía silenciosa a menudo es más gratificante que las palabras de aliento. Edad 24

He aprendido que cepillarle el cabello a mi hija es uno de los placeres más grandes de la vida. Edad 26

He aprendido que a donde quiera que vaya, hasta allá me seguirán los peores conductores del mundo. Edad 29

He aprendido que cuando alguien dice algo malo de mí, debo vivir de tal forma que nadie lo crea. Edad 39

He aprendido que hay gente que nos ama mucho, pero sencillamente no sabe cómo expresarlo. Edad 42

He aprendido que puedo alegrarle el día a alguien tan solo con enviarle una pequeña nota. Edad 44

He aprendido que mientras más grande es la culpa que sienta una persona, mayor es su necesidad de culpar a otros. Edad 46

He aprendido que los niños y los abuelos son aliados naturales. Edad 47

He aprendido que no importa qué suceda, o qué tan malo parezca el día, la vida continúa, y será mejor mañana. Edad 48

He aprendido que cantando “Maravillosa Gracia”, mi espíritu se eleva durante horas. Edad 49

He aprendido que el mejor lado de la cama es el que está al otro lado del teléfono. Edad 50

He aprendido que se puede decir mucho de un hombre por la forma en que maneja estas tres cosas: un día lluvioso, el equipaje perdido y las enredadas del árbol de navidad. Edad 52

He aprendido que mantener un jardín de vegetales es más valioso que un gabinete lleno de píldoras. Edad 52

He aprendido que no importa cuál sea la relación con tus padres, siempre los extrañas terriblemente cuando mueren. Edad 53

He aprendido que ganarse la vida no es lo mismo que tener una vida. Edad 58

He aprendido que si quieres hacer algo positivo por tus hijos, debes trabajar para mejorar tu matrimonio. Edad 61

He aprendido que a veces, la vida te da una segunda oportunidad. Edad 62

He aprendido que no puedes ir por la vida con un guante de “catcher” en cada mano… También, debes ser capaz de lanzar, algunas veces. Edad 64

He aprendido que cuando persigues la felicidad, a menudo ésta te huye. Pero si te concentras en tu familia, en las necesidades de otros, en tu trabajo, en conocer gente nueva y en hacer lo mejor que puedas cada día, la felicidad finalmente te encuentra. Edad 65

He aprendido que cuando decido algo con gentileza, normalmente tomo la decisión correcta. Edad 66

He aprendido que a cualquiera le cae bien una oración. Edad 72

He aprendido que vale la pena creer en milagros… y a decir verdad, he visto algunos. Edad 75

He aprendido que aun cuando yo tenga dolores, no tengo que convertirme en uno. Edad 82

He aprendido que cada día debemos acercarnos a alguien. A las personas les encanta el contacto humano: un apretón de manos, un abrazo afectuoso o simplemente una palmada en la espalda. Edad 85

He aprendido que aún tengo mucho que aprender.  Edad 92

Pequeños consejos

No te detengas en lo malo que has hecho; camina en lo bueno que puedes hacer.

No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar.

No te mires con tus ojos, contémplate con la mirada de Dios.

No pienses en lo largo que es el camino de tu transformación, sino en cada paso que puedes dar para ser lo que Dios quiere que seas.

No confíes en tus propias fuerzas; pon tu vida en manos de Dios.

No trates que otros cambien; sé tú el responsable de tu propia vida y trata de cambiar tú.

Deja que el amor te toque y no te defiendas de él.

Sólo contempla la meta y no veas que tan difícil es alcanzarla.

Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el futuro llegue a su tiempo.

No sufras por lo que viene, recuerda que “cada día tiene su propio afán” (Mt. 6,34)

Busca alguien con quien compartir tus luchas hacia la libertad; una persona que te entienda, te apoye y te acompañe en ella.

No te des por vencido, piensa que si Dios te ha dado la vida, es porque sabe que tú puedes con ella.

Si algún día te sientes cansado, busca el descanso en Dios que renovará tus fuerzas.

Si algún día te sientes demasiado responsable de otros, recuerda que sólo Jesús es el Mesías.

Si te sientes atado a alguien, pídele a Jesús que rompa las ataduras y que su amor vuelva a crear lazos nuevos de amor según su Espíritu.

Si reaccionas ante toda provocación, ruega a Dios para que te enseñe a responder en lugar de reaccionar.

Si tu felicidad y tu vida dependen de otra persona, despréndete de ella y ámala, sin pedirle nada a cambio.

Si necesitas tener todo bajo control, entrega el control de tu vida a Dios y confía en su poder y en su amor por ti.

Aprende a mirarte con amor y respeto, piensa en ti como en algo precioso; ¡eres un hijo de Dios! Piensa que Él está más interesado que tú en que te conviertas en esa creación que Él pensó desde toda la eternidad.”

“Vivir Sirviendo, Vivir Amando. Que este sea el mejor día de tu vida”

Pesadilla

Tuve un sueño y no puedo olvidarlo.

Un hombre se presentó al juicio de Dios, y le decía:

-Señor, he cumplido tu ley, porque no he cometido ninguna maldad; fíjate, Señor, en mis manos: las tengo perfectamente limpias…

El Señor le respondió:

-Es cierto, las tienes muy limpias… pero VACIAS…

“Apártense de mí; no los reconozco”, dice el Señor (Mateo 7, 21; Sant 2, 14ss; Ap 3,1)

Pide un deseo

” En una ocasión, un Rey de un lejano País -pensando en que era necesario que su pequeño hijo conociera las necesidades de su Pueblo- tomó al pequeño heredero y lo llevó a dar un paseo por el campo.

- Hijo, quiero que conozcas lo que es la pobreza. Algún día serás Rey y te servirá esta experiencia para poder conducir mejor tu Reino.

Tomó entonces al pequeño Príncipe y lo llevó a dar un largo paseo en el carruaje real. En el camino, el pequeño observaba las casas, los otros niños, las parcelas de cultivo. En un punto del camino, pararon en una casa escogida al azar y se acercaron a saludar a los súbditos que ahí moraban, y entre los que se encontraban unos alegres niños que correteaban y jugaban con su perro mascota. Sorpresivamente fueron invitados por los dueños de esa humilde vivienda a compartir con ellos sus precarios alimentos, los cuales degustaron todos con alegría.

Nuevamente emprendieron su camino por aquellas vías del Reino y pronto los sorprendió la noche. Entonces el Rey decidió emprender el regreso a Palacio.

Al llegar a su residencia, el padre preguntó al pequeño:

-Ahora pues has conocido lo que es la pobreza. ¿Qué me puedes decir al respecto?

Lo que el pequeño soberano contestó dejó al padre absorto:

- Padre, gracias por esta gran lección que me has dado. He podido apreciar la paz y felicidad con la que viven nuestros súbditos. He sentido la frescura del campo, la belleza de la libertad, la armonía que se vive en sus hogares. Qué dicha poder admirar el cielo como se ve en los campos, qué alegría ver las aves volar por los cielos, los animales correr por la campiña. Cómo quisiera yo poder tener una mascota con quién jugar. Cuánto desearía tener unos hermanitos como aquellos con los que compartí la comida.

Sería inmensamente feliz si todos los días pudiera admirar la puesta del sol como hoy y como nuestros súbditos la aprecian todos los días…

Qué razón tenías padre, cuánta riqueza hay en el Mundo, y cuánta pobreza nos aqueja a los príncipes… Gracias padre por haberme permitido darme cuenta cuán pobres somos y cuán ricos son nuestros súbditos. Espero que ellos me permitan compartir su riqueza cuando yo sea su Rey.

Ciertamente la visión humilde de los niños nos enseña y descubre riquezas que en los adultos nos es difícil apreciar.

Pintura de la paz perfecta

Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas intentaron.

El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubieron dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura también tenía montañas. Pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico.

Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, el miró tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio de del rugir del la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en el medio de su nido…

Paz perfecta… ¿Cuál crees que fue la pintura ganadora?

El Rey escogió la segunda. ¿Sabes porqué?

“Porque,” explicaba el Rey, “Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz.”

Plan de vida

1.Camina alegre entre el ruido y la prisa, y piensa en la paz que se puede encontrar en el silencio.

2.En cuanto sea posible, y sin renunciar a tus convicciones, mantén buenas relaciones con todos.

3. Escucha con atención a los demás, aún al torpe e ignorante, que también ellos valen mucho.

4. Aléjate de las personas negativas, ruidosas y agresivas, porque te pueden contagiar su mal espíritu.

5.Si te comparas con los demás adquieres orgullo y desánimo, porque siempre habrá quien te supere y quien tenga menos cualidades.

6. Disfruta de tus éxitos y agradécelos a Dios. Mantén el interés por tu profesión, porque ella es un verdadero tesoro. Allí están tus futuros triunfos.

7. Sé prudente en tus negocios. El mundo esta lleno de engaños y peligros. Pero tampoco andes dudando de todo y de todos. Hay más gente buena de la que tu crees.

8. Acepta con respeto al parecer de quienes tienen muchos años, consulta con interés también el parecer de la juventud. Lo viejo y lo nuevo dan sabiduría.

9. Cuidado con demasiada soledad, demasiada fatiga o demasiado afán. Muchas angustias y enfermedades hacen de estos tres excesos.

10. Procura estar en paz con Dios, vivir en paz con tu prójimo y conservar la paz de tu alma. Esto ayudará a ser plenamente feliz. (Placa de una antigua iglesia)

Plantar para los demás

Un señor encontró a su vecino, un anciano de ochenta y seis años, haciendo hoyos en la tierra. ¿Qué estás haciendo, Juan? preguntó. Plantando árboles de mango, replicó el anciano. ¿Esperas comer mangos de esos árboles? dijo burlándose el vecino. No. A mi edad sé que no lo haré, habló el anciano. Pero toda mi vida he comido mangos, y no de un árbol que yo haya plantado. No hubiera yo tenido esos mangos si otros hombres no hubieran hecho lo que yo estoy haciendo ahora. Sólo trato de pagar a mis semejantes que plantaron los árboles de mango para mí.

Tenemos una gran deuda con aquellos que nos precedieron y que sufrieron mucho para proporcionarnos lo que ahora disfrutamos. Cada uno de nosotros paga la deuda en cierta medida, haciendo ahora lo que ellos hicieron en su tiempo: dando todo lo que podamos para asegurar eso mismo, para las futuras generaciones.

Por eso llevo un dinosaurio

Salía de mi casa en el auto para ir a hacer una diligencia cuando vi que mi hijo se me acercaba corriendo: “¡Te tengo un regalo, papá!”. “¿De veras?”, le dije molesto, porque me estaba demorando. Abrió sus deditos para mostrarme lo que, para un niño de cinco años, era un verdadero tesoro. “Los encontré y son para ti”, me dijo.

En aquellas manitas había una canica, un viejo cochecito metálico de carreras, una liga de hule rota y otras cosas que no recuerdo. “Tómalos, papá”, insistió mi hijo, orgullosísimo. “En este momento no puedo, hijo; tengo que irme. ¿Por qué no me los guardas en el garaje?”. Su sonrisa se desvaneció, y desde el momento en que me alejé sentí remordimientos. Más tarde, cuando regresé, le pregunté a mi hijo: “¿Donde están esos regalos tan bonitos que me ibas a dar?”. Él respondió que se los había dado a su amigo Tony porque creyó que yo no los quería.

La decisión de mi hijo me dolió, pero la merecía; no únicamente porque puso de relieve mi desconsiderada reacción, sino porque me hizo recordar a otro niñito. Era el cumpleaños de su hermana mayor, y al chiquillo le habían dado dos dólares para que le comprara un regalo. Recorrió toda la juguetería varias veces, pues el obsequio debía ser algo especial. Por fin lo vio: una máquina de plástico despachadora de goma de mascar, llena de tesoros de vivos colores. Tuvo ganas de mostrársela a su hermana en cuanto llegó a la casa, pero logró valientemente contenerse.

Más tarde, en la fiesta de cumpleaños y frente a sus amigos, la hermana empezó a abrir sus regalos. Con cada uno lanzaba una exclamación de gusto, y con cada exclamación la emoción del niño crecía. Como aquellos chicos de ocho años podían gastar más de dos dólares en un regalo, su paquete empezó a parecerle pequeño e insignificante. Pero no perdió la esperanza de ver brillar los ojos de su hermana en cuanto lo abriera. Cuando ella por fin lo desenvolvió, el chiquillo advirtió su decepción, su vergüenza incluso. Algunas de sus amiguitas trataban en vano de contener la risa. El pequeño se mostró lastimado y confundido. Se fue al porche trasero de su casa y se puso a llorar.

La situación se repetía, pero ya no se trataba de mi hermana y de mí. En esta ocasión era mi hijo.

Al acercarse la Navidad, les dimos dinero a los chicos para que compraran obsequios en una feria escolar de artesanías. Hicieron un gran esfuerzo para no decirme lo que me iban a regalar; sobre todo mi hijo. No pasaba un solo día sin que me pidiera que tratara de adivinar. En la mañana del día de Navidad insistió en que yo abriera primero su regalo. Lo hice y en verdad nunca había recibido nada tan hermoso. Pero ya no lo miraba con los ojos cansados de un hombre de 33 años, sino con los ojos vivaces de un niño de cinco. Era un tiranosaurio verde, de plástico.

Mi hijo, muy emocionado, me explicó que lo mejor del animal era que sus garras delanteras hacían las veces de sujetadores, de manera que yo podía llevarlo prendido siempre a la ropa. Su mirada reflejaba expectación y amor. Me di cuenta de que debió de mortificarse en la feria para encontrar el regalo que mejor pudiera expresar lo que sentía por mí. Así que me prendí el dinosaurio a la solapa, exclamé que era espléndido, y que sí, que él había acertado al elegirlo.

La próxima vez que vea usted a un adulto con una burda corbata de papel, o un fantástico tatuaje (desprendible) de una oruga, de esos que cuestan cualquier cosa, no lo compadezca. Si le dice que se ve ridículo, seguramente le contestará: “Puede ser que sí, pero tengo un hijo de cinco años que piensa que soy lo máximo, y por ningún dinero del mundo voy a quitarme esto”.

Por qué es más fácil hablar del diablo que de Dios

Un día, estaba Juan con algunos de sus amigos en una biblioteca. Estaban reunidos porque buscaban información para un trabajo final. La plática era amena y con muy diversos temas, desde la escuela hasta sus relaciones familiares y sentimentales.

Entonces, uno de ellos al estar hojeando una de los periódicos, encontró una noticia que llamo su atención: Crece el número de libros vendidos de Satanismo y alabanza al mal.

La plática comenzó a tornar alrededor de este tema, diversas opiniones surgieron entre ellos, polémicas y un poco de discusiones fuertes, porque no había un acuerdo entre ellos. Cuando se dieron cuenta, ya habían estado platicando de este tema más de una hora, y no habían llegado a un acuerdo.

Salieron de la biblioteca siendo tan amigos como antes, antes de llegar al metro, cada quien tomó su rumbo. Juan se fue con otro amigo, subieron e iban platicando amenamente. De repente, Juan recuerda que ese día en la tarde, se va a celebrar una misa, porque la abuelita de uno de sus mejores amigos, había fallecido.

Su amigo lo miró con extrañeza, y le preguntó porque iba a misa, si lo obligaban, Juan explicó que no, que él va con gusto. Entonces el amigo cambió el tema repentinamente.

Juan, contrariado, siguió platicando con él. Al llegar a su casa, se puso a reflexionar sobre las dos pláticas que tuvo con sus amigos, la primera en la biblioteca, que duró más de una hora, en donde hablaban de Satanás, y la segunda, en el metro, con su amigo, donde hablaban de Dios, la cual duró menos de 1 minuto.

Y le surgió una pregunta difícil de responder: ¿Por qué hablar de Dios con la demás gente es mucho más complicado, que hablar de cosas contrarias?

Por qué permites estas cosas

Por la calle vi a una niña hambrienta, sucia y tiritando de frío dentro de sus harapos.

Me encolericé y le dije a Dios:

- ¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué no haces nada para ayudar a esa pobre niña?”

Durante un rato, Dios guardó silencio. Pero aquella noche, cuando menos lo esperaba, Dios respondió mis preguntas airadas: “Ciertamente que he hecho algo. Te he hecho a ti.

Por un tiempo

Te prestaré por un tiempo a unos padres para que los ames mientras vivan.  Podrán ser 10, 20, 30 años o más, hasta que los llame.

Te pregunto: ¿podrás cuidarlos?

Quiero que aprendas a vivir con ellos, les he buscado unos hijos y te he elegido a ti. No te ofrezco que se quedarán contigo para siempre, sólo te los presto.  Ellos te darán ternura y te darán alegría por tenerte.

El día que los llame no llorarás ni me odiarás porque los regresé a Mí. Su ausencia corporal quedará compensada por el amor y por los muchos y agradables recuerdos. Ten presente que si algo te entristece, que si el golpe del dolor te hiere algún día, tu pena es mía y así, con todo esto, tu luto será más llevadero y habrán de decir con agradecida humildad: ¡Hágase Señor tu voluntad!

Porque Dios hizo a los amigos

En su sabiduría y amor por nosotros, Dios hizo un amigo…

Alguien en quien podemos confiar, un ser leal, comprensivo y que siempre estará a nuestro lado. Él pensó que necesitábamos a alguien que nada nos exigiera, que no espere que seamos mejores ni peores, sino tal como somos… y nos quiera así… Alguien que comprenda nuestras contradicciones sin juzgarnos mal. …En suma, Dios hizo un amigo para reír y llorar con él, y para desahogar nuestros sentimientos más íntimos. Dios hizo un amigo… alguien con quien podemos ser lo que somos sin fingir.

Y por eso, nos envió al mejor Amigo que pudiéramos tener… a su propio Hijo.

Gracias, Señor, por eso.

Porque es solo una…

Siempre lo digo… la fidelidad hacia nosotros mismos es fundamental en este viaje llamado Vida… el corazón siente un impulso… un instante… un rumbo… hay que seguirlo …

Ve tras tus sueños! Feliz Vida!

Aprovecha el día…

No dejes que termine sin haber alimentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho de expresarte, que es casi un deber.

No abandones tus ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y la poesía sí pueden cambiar el mundo…

Porque pase lo que pase, nuestra esencia está intacta.

Somos seres humanos llenos de caminos.

La vida es desierto y oasis, nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia…

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa.

Tú puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores, el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes. Huye!

Emite tu alarido sano por los techos de este mundo.

Valora la belleza de las cosas simples, y también la simpleza de la belleza.

No traiciones tus creencias, todos necesitamos aceptación, pero no podemos remar en contra de nosotros mismos, eso transformaría la vida en un infierno.

Disfruta el pánico que provoca tener la vida por delante.

Vívela intensamente sin mediocridades.

Piensa que en ti está el futuro y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes pueden enseñarte.

No existe nadie tan sabio que no pueda aprender algo nuevo, como tampoco hombre tan torpe que no tenga algo por enseñar.

!Aprende! pero sobre todo aprende a vivir.

!Enseña!

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas!…

Portero de botiquín

No había en el pueblo peor oficio que el de portero del botiquín. Pero ¿que otra cosa podría hacer aquel hombre? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenia ninguna otra actividad ni oficio.

Un día se hizo cargo del botiquín un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio.

Hizo cambios y después cito al personal para darle nuevas instrucciones. Al portero, le dijo: A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, me va a preparar un reporte semanal donde registrara la cantidad de personas que entran día por día y anotara sus comentarios y recomendaciones sobre el servicio.

El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero…

Me encantaría satisfacerlo, señor – balbuceo – pero yo… yo no se leer ni escribir.

-¡Ah! ¡Cuanto lo siento!- Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabaje en esto toda mi vida. No lo dejo terminar. Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Le vamos a dar una indemnización para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, lo siento. Que tenga suerte. Y sin mas, se dio vuelta y se fue. El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. ¿Qué hacer? Recordó que en el botiquín, cuando se rompía una silla o se arruinaba una mesa, el, con un martillo y clavos lograba hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta conseguir un empleo. El problema es que solo contaba con unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Usaría parte del dinero para comprar una caja de herramientas completa. Como en el pueblo no había una ferretería, debía viajar dos días en mula para ir al pueblo mas cercano a realizar la compra. ¿Que mas da? Pensó, y emprendió la marcha. A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. De inmediato su vecino llamo a la puerta de su casa. Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme. Mire, si, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar… como me quede sin empleo… Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano. Esta bien. A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino toco la puerta. Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por que no me lo vende? No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería esta a dos días de mula. Hagamos un trato -dijo el vecino- Yo le pagare los dos días de ida y los dos de vuelta, mas el precio del martillo, total usted esta sin trabajar. ¿Que le parece?. Realmente, esto le daba trabajo por cuatro días… Acepto. Volvió a montar su mula. Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa. Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo? Si….Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatros días de viaje, mas una pequeña ganancia. Yo no dispongo de tiempo para el viaje. El ex-portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pago y se fue. “…No dispongo de cuatro días para compras”, recordaba. Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que el viajara a traer herramientas. En el siguiente viaje arriesgo un poco mas del dinero trayendo mas herramientas que las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo de viajes. La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje. Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. Alquilo un galpón para almacenar las herramientas y algunas semanas después, con una vidriera, el galpón se transformo en la primer ferretería del pueblo. Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, los fabricantes le enviaban sus pedidos. El era un buen cliente. Con el tiempo, las comunidades cercanas preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha. Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para el las cabezas de los martillos. Y luego, por qué no? Las tenazas… y las pinzas… y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos…. Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformo con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas. Un día decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñaría, además de leer y escribir, las artes y oficios más prácticos de la época. En el acto de inauguración de la escuela, el alcalde le entrego las llaves de la ciudad, lo abrazo y le dijo: Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primer hoja del libro de actas de la nueva escuela.. El honor seria para mi – dijo el hombre -. Creo que nada me gustaría mas que firmar allí, pero yo no se leer ni escribir. Yo soy analfabeto. Usted? – dijo el Alcalde, que no alcanzaba a creerlo -Usted construyo un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, qué hubiera sido de usted si hubiera sabido leer y escribir? Yo se lo puedo contestar – respondió el hombre con calma -. Si yo hubiera sabido leer y escribir… seria portero del botiquín!.

Generalmente los cambios son vistos como adversidades. Las adversidades encierran bendiciones. Las crisis están llenas de oportunidades. Cambiar y adaptarse al cambio siempre será la opción mas segura.

Preparándome para Navidad

* Abandónate en Jesús * Reza * Ten fe * Relájate * Pide ayuda * Haz un favor * Piensa en Dios * Admira el nacimiento * Rompe un hábito * Haz una caminata * Sonríele a tu familia * Ora * Expresa cosas buenas * Termina un proyecto deseado * Permítete brillar * Se tú mismo * Mira fotos viejas * Pinta un cuadro * Sé niño otra vez * Siente la vida * Alégrate * Lee un buen libro * Prepárate para la venida de Jesús * Canta en la ducha * Escucha a un amigo * Acepta un cumplido * Dale gracias a Dios por lo que tienes * Ayuda a un anciano * Admira la naturaleza * Juega con tus hijos * Cumple tus promesas * Háblale a un viejo amigo * Acude a la iglesia * Pide perdón * Ama intensamente * Platica con tus padres * Llama a tus amigos por teléfono * Haz un pequeño cambio en tu vida * Hazte un regalo * Trátate como un amigo * Ríete * Permítete equivocarte * Deja que alguien te ayude * Abre tu corazón * Desarrolla tu mente * Convive con tu familia * Dale un regalo a alguien pobre * Envía mensajes navideños * Rompe la rutina * Reconcíliate con quien hayas peleado * Reflexiona * Entierra tu orgullo * Mira las estrellas * Cierra los ojos e imagina las olas de la playa * Sé feliz * Haz sentir bienvenido a alguien * Pierde un poco de tiempo * Participa * Recuerda a tus familiares difuntos * Sueña * Vive el Adviento * Dale un abrazo a tu familia * Mira una flor con atención * Apaga el televisor y convive * Alaba a Dios * Enaltece tu espíritu * Alégrate * Haz una lista de las cosas que haces bien * Medita * Escucha el silencio * Aprende algo que siempre deseaste * Canta villancicos navideños * Colabora * Conviértete de espectador en protagonista * Dile a las personas amadas cuánto las quieres * Disfruta la naturaleza * Visita un asilo * Escucha tu música preferida * Piensa que no estás solo * Piensa en lo que tienes * Muestra tu felicidad * Vive feliz * Respira profundo * Cultiva el amor * Comparte tus cosas * Perdona * Entrégate * Olvida lo que te hace daño * Trabaja por la paz * Demuestra tu afecto * Ponte metas y ve tras ellas * Recuerda: No hay Navidad sin Cristo. Acércate a EL

*

Reza

Ten fe

Relájate

Pide ayuda

Haz un favor

Piensa en Dios

Rompe un hábito

Haz una caminata

Sonríele a tu familia

Ora. Expresa cosas buenas

Ama. Recuerda el nacimiento

Termina un proyecto deseado

Permítete brillar. Se tú mismo

Ve fotos viejas. Pinta un cuadro

Sé niño otra vez. Siente. Alégrate

Lee un buen libro. Canta en la ducha

Escucha a un amigo. Acepta un cumplido

Ayuda a un anciano. Admira la naturaleza

Juega con tus hijos. Cumple tus promesas

Háblale a un viejo amigo. Acude a la iglesia

Ama intensamente. Llama a un amigo por teléfono

Haz un pequeño cambio en tu vida. Hazte un regalo

Trátate como un amigo. Ríete. Permítete equivocarte

Deja que alguien te ayude. Ora. Convive con la familia

Cierra los ojos, imagina las olas de la playa. Sé feliz

Haz sentir bienvenido a alguien. Pierde un poco de tiempo

Mira una flor con atención. Apaga el televisor y convive

Haz una lista de las cosas que haces bien. Escucha el silencio

Escucha tu música preferida. Aprende algo que siempre deseaste

Dile a las personas amadas cuánto las quieres

Sabes que no estás solo

Piensa en lo que tienes

Muestra tu felicidad

Vive feliz siempre

Respira profundo

Cultiva el amor

Perdona. Entrégate

Recuerda: No hay Navidad sin Cristo. Acércate a EL

Prepare su infarto

Seis normas para preparar su infarto; cúmplanlas al pie de la letra y pronto su corazón dejara de latir…

PRIMERA.

Su trabajo antes que nada. Los asuntos personales son secundarios. Entréguese de lleno a su trabajo, piense solo en producir, esta es su clave. Usted tiene que ser un hombre o mujer de éxito… !aunque lo disfrute en el cementerio!

SEGUNDA:

Vaya a su oficina los sábados por la tarde. Nada de descanso, nada de cine, nada de canas al aire. A lo mejor el trabajo del sábado le reporta algunos dólares que le servirán cuando le de el anhelado infarto.

TERCERA:

Por las noches es peligroso ir a la oficina, lo pueden atracar, y es mejor que lleve el trabajo a su casa. Cuando todos duermen, usted puede trabajar a sus anchas.

CUARTA:

Nunca diga no a lo que piden que haga. Métase en todos los comités, consejos, comisiones, vaya a todas las reuniones. Demuestre que es el mejor! Métase en todas las asociaciones a las que pertenecía su padre.

QUINTA:

Usted es de acero, no tome vacaciones, ya las tomara cuando muera. El cementerio es un buen hotel de reposo. No hacen ruido.

SEXTA:

Si tiene que viajar, por su trabajo claro esta, trabaje noche y día, ponga cara de angustia, no duerma, grite, trate mal a sus subalternos. Usted es el Jefe. Usted Manda. Todos sus empleados Irán a su entierro… ! pero para constatar que haya quedado bien enterrado !

Aquí yace Inocencio Romero

De joven, gasto su salud para conseguir dinero. De viejo, gasto su dinero para conseguir salud. Sin salud y sin Dinero Aquí yace Inocencio Romero

Hagamos conciencia de lo que realmente tiene prioridad en nuestras vidas…

Presente

Los Rogers eran católicos devotos que habían formado una familia fuerte. El padre se interesaba especialmente por el estado espiritual de cada uno de sus hijos y con frecuencia les hacia pruebas para estar seguro de que salvarían.

Un día tocó el turno a Jimmy, de siete años, de expresar cómo sabía que tendría vida eterna.

Jimmy les contó su versión. “Creo que el cielo va a ser algo así: Un día, cuando nos vayamos al cielo, será hora de que el ángel grande lea un enorme libro los nombres de toda la gente que va a estar allí. Vendrá hasta donde esta la familia Rogers y dirá, ¿Papá Rogers? y papá dirá -Presente. Luego el ángel llamará, ¿Mama Rogers? y mamá dirá -Presente. Entonces el ángel bajará para llamar a Susie Rogers y a Marvis Rogers y ambos contestaran -Presente.”

Hizo una pausa, respiró profundamente y continuó: “Por último, ese ángel grande va a leer mi nombre, Jimmy Rogers y como soy pequeño y a lo mejor no alcanza a verme voy a saltar y a decir bien fuerte: ¡Presente!, para asegurarme que sabe que estoy ahí”.

Apenas unos días después, hubo un trágico accidente. Un auto arrolló a Jimmy cuando éste salía a tomar el autobús de la escuela. Fue llevado en ambulancia al hospital a donde acudió toda la familia.

El pequeño grupo familiar se reunió alrededor de la cama, donde Jimmy yacía sin

moverse, inconsciente y ya perdida toda esperanza de que se recuperara. Los

médicos habían hecho todo lo que estaba a su alcance.

La familia oraba y esperaba. Tarde esa noche, el niño pareció moverse un poco.

Todos se acercaron. Vieron que movía los labios; sólo dijo una palabra antes de

pasar a la otra vida.

Pero que palabra tan consoladora y llena de esperanza para la familia apesadumbrada que dejaba atrás. Con su clara voz de niño, nítida y fuerte para que todos pudieran oírla y entenderla, el pequeño Jimmy Rogers dijo una palabra: ¡Presente!. Y luego partió a esa otra vida más allá de este mundo, donde un gran ángel leía los nombres ahí anotados.

Procuraré

Procuraré Señor, en mis momentos de angustia y amargura, recordar tu nombre y alabarlo por ponerme a prueba.

Procuraré Señor, a la hora de pedirte, tener más fe que el día anterior.

Procuraré Señor, al encontrarme en crisis, pedirte de la mejor forma la luz para encontrar la solución.

Procuraré Señor, recordar que en el desaliento, Tú eres el consuelo y el impulso para seguir viviendo en medio de injusticias y sinsabores.

Procuraré Señor, la relación en comunidad con mis semejantes.

Procuraré Señor, dar amor en vez de odio, ayudar y no hundir, tender la mano y no empujar.

Procuraré Señor, perdonar y no juzgar, la caridad y no la avaricia.

Procuraré Señor, la amistad a la enemistad, la unión y no la desunión.

Procuraré Señor, la paz y no la guerra.

Procuraré Señor, en los momentos más controversiales, tener paciencia y esperanza.

Procuraré Señor, alentar a los demás y no desalentarlos.

Procuraré Señor, ser humilde como tu hijo y aceptar con fortaleza tu voluntad.

Primero lo primero

Juan estaba lavando su auto en la acera, frente a su propia casa.

Pasó por ahí como de costumbre, el señor Cura; se detuvo y felicitó a Juan:

- ¡Qué bonito se ve tu automóvil! tiene sus años pero lo veo siempre limpio y brillante.

- ¡Si supiera usted, señor Cura – comentó Juan- cuánto tiempo y trabajo me cuesta! por lo menos una hora diaria.

El señor Cura se puso serio y dijo:

- Y para tener limpia y brillante tu alma, Juan ¿cuánto tiempo gastas diariamente?

Juan no contestó, pues él casi nunca se da momentos para la intimidad con Dios y la reflexión.

Entonces el Cura concluyó:

- Juan, francamente yo no quisiera ser tu alma, sino… tu automóvil.

Pregunta Jesús: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo, si se pierde a sí mismo?” (Mt 16, 26)

Procuraré Señor

Procuraré Señor, en mis momentos de angustia y amargura, recordar tu nombre y alabarlo por ponerme a prueba.

Procuraré Señor, a la hora de pedirte, tener más fe que el día anterior.

Procuraré Señor, al encontrarme en crisis, pedirte de la mejor forma la luz para encontrar la solución.

Procuraré Señor, recordar que en el desaliento, tu eres el consuelo y el impulso para seguir viviendo en medio de injusticias y sinsabores.

Procuraré Señor, la relación en comunidad con mis semejantes.

Procuraré Señor, dar amor en vez de odio, ayudar y no hundir, tender la mano y no empujar.

Procuraré Señor, perdonar y no juzgar, la caridad y no la avaricia.

Procuraré Señor, la amistad a la enemistad, la unión y no la desunión.

Procuraré Señor, la paz y no la guerra.

Procuraré Señor, en los momentos más controversiales, tener paciencia y  esperanza.

Procuraré Señor, alentar a los demás y no desalentarlos.

Procuraré Señor, ser humilde como tu hijo y aceptar con fortaleza tu voluntad.

Propósitos

Cada año hacemos propósitos de año nuevo, unas veces son específicos: dejar de fumar, llevar una dieta, felicitar a familiares y amistades en aniversarios y festejos especiales, etc.; o abstractos: ser mejor, mejorar mi salud, no criticar, acercarse más a Dios, etc. Por lo general los propósitos los llevamos a cabo los primeros días o quizás meses del año, y después caen en el olvido. No podemos decir que caen en la rutina, porque eso sería positivo, pues sería la continuación del propósito hasta largo plazo. Este año leí un comentario editorial de un periódico de la localidad que dice que sería mejor hacer “propósitos de día nuevo”, concepto muy interesante, práctico y más realizable, pues nos invita a renovar el propósito día a día y así llevarlo a cabo hasta su consecución. Lo he puesto en práctica, y aunque van pocos días del año, he visto con agrado que los logros diarios te dan incentivos para continuar y además hacer nuevos propósitos. Te invito a hacer la prueba. Si tienes el propósito de “acercarte más a Dios”, mejor di: “hoy rezaré un misterio del rosario”, u “hoy escucharé misa aunque no es domingo”, u “hoy daré gracias a Dios por mis alimentos”, y te puedo asegurar que en esa forma específica sí sentirás ese acercamiento que te has propuesto y se irá haciendo una práctica común que te mantendrá “conectado” con quien lo es todo, a quien todo le debes y con quien siempre puedes contar.

Próximo a nacer

Refiere una antigua leyenda que un niño próximo a nacer, le dijo a Dios :

- Me vas a enviar mañana a la tierra pero, ¿ Como viviré allá siendo tan pequeño y tan débil ?

Entre los muchos ángeles escogí a dos que te esperan, contesto Dios.

- Pero aquí en el cielo no hago mas que cantar y sonreír y eso basta para mi felicidad ¿Podré hacerlo allá?

Esos ángeles te cantaran y sonreirán todos los días y te sentirás muy feliz con sus canciones y sonrisas.

- ¿Y como entenderé cuando me hablen si no conozco el extraño idioma delos hombres?

Esos ángeles te hablaran y te enseñaran las palabras mas dulces y tiernas que escuchan los humanos.

- ¿ Que haré cuando quiera hablar contigo ?

Esos ángeles juntaran tus pequeñas manos y te enseñaran a orar.

- He oído que en la tierra hay hombres malos ¿ Quien me defenderá ?

Esos ángeles te defenderán, aunque les cueste la vida.

- Pero estaré siempre triste porque no te veré mas señor, sin verte me sentiré muy solo.

Esos ángeles te hablaran de mi y te mostraran el camino para volver a mi presencia, le dijo Dios.

En ese instante una paz inmensa reinaba en el cielo, no se oían voces terrestres el niño decía suavemente:

- Dime sus nombres señor, y Dios le contesto esos ángeles se llaman” mamá y papá “

Ser Padres es un privilegio y una responsabilidad que Dios nos da. Enfrentemos este reto y cumplamos las expectativas de Él.

Puertas abiertas

Si alguien busca tu casa con frío es porque tienes la frazada.

Si alguien busca tu casa con alegría es porque tienes la sonrisa.

Si alguien busca tu casa con lágrimas es porque tienes el pañuelo.

Si alguien busca tu casa con versos es porque tienes la música.

Si alguien busca tu casa con dolor es porque tienes el remedio.

Si alguien busca tu casa con palabras es porque tienes el oído.

Si alguien busca tu casa con hambre es porque tienes el alimento.

Si alguien busca tu casa con besos es porque tienes la miel.

Si alguien busca tu casa con dudas es porque tienes el camino.

Si alguien busca tu casa con orquestas es porque tienes la fiesta.

Si alguien busca tu casa con desánimo es porque tienes el estímulo.

Si alguien busca tu casa con fantasías es porque tienes la realidad.

Si alguien busca tu casa con desesperación es porque tienes la serenidad.

Si alguien busca tu casa con entusiasmo es porque tienes el brillo.

Si alguien busca tu casa con secretos es porque tienes la complicidad.

Si alguien busca tu casa con tumultos es porque tienes la meditación.

Si alguien busca tu casa con confianza es porque tienes el azul.

Si alguien busca tu casa con miedo es porque tienes el amor.

Nadie llega por azar a tu casa.

Por eso jamás cierres las puertas a quien en ellas golpee levemente.

Jamás des la espalda al que llega con ojos límpidos,

de corazón entero, con el alma expuesta.

No des disculpas ni te agarres a mil argumentos racionales.

No inventes motivos para justificar gestos bruscos.

Destraba los portones de tus defensas forjadas.

Destruye las murallas construidas con ladrillos de los empujones.

Todos los que golpean tu puerta merecen pan y vino

Merecen tu abrazo, tu abrigo.

Todos los que viajan en dirección a tu casa,

Y golpean suave la puerta en busca de tu mano,

y merecen entrar…

Que bello es vivir

Estoy cansado de trabajar y de ver a la misma gente, camino a mi trabajo todos los días. Llego a la casa y mi esposa sirvió lo mismo de la comida para cenar. Voy a entrar al baño y mi hija de apenas año y medio no me deja porque quiere jugar conmigo, no entiende que estoy cansado. Mi Padre también me molesta algunas veces y entre clientes, esposa, hija, padre, me vuelven loco, quiero paz. Lo único bueno es el sueño, al cerrar mis ojos siento un gran alivio de olvidarme de todo y de todos.

- Hola, vengo por ti.

- ¿Quién eres tu? ¿Cómo entraste? – Me manda Dios por ti. Dice que escuchó tus quejas y tienes razón, es hora de descansar. – Eso no es posible, para eso tendría que estar… – Así es, si lo estas, ya no te preocuparás por ver a las mismas gentes, ni de aguantar a tu esposa con su guisos, ni a tu pequeña hija que te moleste, ni escucharas los consejos de tu padre. – Pero…que va a pasar con todo ? con mi trabajo ? – No te preocupes, en tu empresa ya contrataron a otra persona para ocupar tu puesto y por cierto, esta muy feliz por que no tenia trabajo. – Y mi esposa y mi bebé ? – A tu esposa le fue dado un buen hombre que la quiere, respeta y admira por sus cualidades y acepta con gusto todos sus guisos sin reclamarle nada. Y además, se preocupa por tu hija y la quiere como si fuera suya y por muy cansado que siempre llegue del trabajo, le dedica tiempo para jugar con ella y son muy felices. – No, no puedo estar muerto. – Lo siento, la decisión ya fue tomada. – Pero…eso significa que jamás volveré a besar la mejillita de mi bebé, ni a decirle te amo a mi esposa, ni darle un abrazo a mi padre. NO, NO QUIERO MORIR, QUIERO VIVIR, envejecer junto a mi esposa, NO QUIERO MORIR TODAVIA… – Pero es lo que querías, descansar, ahora ya tienes tu descanso eterno, duerme para SIEMPRE. – NO, NO QUIERO, NO QUIERO, POR FAVOR DIOS….!!!! – ¿Qué te pasa amor?, ¿tienes una pesadilla?, – dijo mi esposa despertándome. – No, no fue una pesadilla, fue otra oportunidad para disfrutar de ti, de mi bebé, de mi familia, de todo lo que Dios creo. ¿Sabes?, estando muerto ya nada puedes hacer y estando vivo puedes disfrutarlo todo. QUE BELLO ES VIVIR

Que bueno

Cuentan que un rey tenia un consejero que ante circunstancias adversas siempre decía: “que bueno, que bueno, que bueno”. Pasó que un día andando de cacería, el rey se cortó un dedo del pie y el consejero exclamó: “que bueno, que bueno, que bueno” El rey cansado de esta actitud, lo despidió y el consejero respondió: “Que bueno, que bueno, que bueno”. Tiempo después, el rey fue capturado por otra tribu para sacrificarlo ante su dios. Cuando lo preparaban para el ritual, vieron que le faltaba un dedo del pie y decidieron que no era digno para su divinidad al estar incompleto, dejándolo en libertad. El rey ahora entendía las palabras de su consejero y pensó: “que bueno que haya perdido el dedo gordo del pie, de lo contrario ya estaría muerto”. Mandó llamar a palacio al consejero y le agradeció. Pero antes le preguntó por que dijo “que bueno” cuando fue despedido. El consejero respondió: “Si no me hubiese despedido, habría estado contigo y como a ti te habrían rechazado, a mí me hubieran sacrificado”.

Qué elegirías

Una vez, un padre se sentó con sus tres hijos en el jardín y les preguntó: “Supongamos que pudieran tener cualquier cosa que su corazón deseara, ¿qué elegirían?”

“Yo, desearía ser hermosa”, repuso su hija. “A todo el mundo le gusta lo hermoso y a todo el mundo le gustaría yo”.

“Que tonta eres”, agregó su hermano. “¿Recuerdas que bonita era tu amiga Lolita antes de que le diera viruela? La belleza es una cosa pasajera. Mí deseo sería ser rico. El dinero regula al mundo y con él compraría todo lo que quisiera”.

El tercero, entonces dio su opinión. “Yo creo que eres tan ignorante como nuestra hermana. La riqueza se pierde tan fácilmente como la belleza. Mi deseo sería tener sabiduría. Nadie me la podría quitar”.

El padre que había estado escuchando silenciosamente, se levantó y con una varita escribió un gran número de ceros en la tierra y les dijo:

“Todas las cosas que han dicho: belleza, riqueza y sabiduría, no son nada para un hombre inteligente”.

“Son como muchos ceros, pero pónganle un número antes de los ceros y los convertirán en un gran tesoro. La única cosa que realmente importa es la virtud, que es un regalo de Dios. La virtud por sí sola hará a las personas hermosas, ricas y sabias”.

Que es la riqueza

GRUPO 1

Arquitecto: Tener proyectos que me permitan ganar mucho DINERO Ingeniero: Desarrollar sistemas que sean útiles y muy BIEN PAGADOS Abogado: Ganar muchos casos y tener un BMW Gerente: Tener la empresa en niveles de GANANCIA altos y crecientes Atleta: GANAR fama y reconocimiento mundial.

GRUPO 2

Preso de por vida: Caminar LIBRE por las calles Ciego: VER la luz del sol Sordo: ESCUCHAR el sonido del viento Mudo : Poder DECIR a las personas cuanto las amo Invalido: CORRER en una mañana soleada Persona con SIDA: Poder VIVIR un día mas.

Ves la diferencia entre los grupos?

Los del grupo 2 desean cosas que el dinero no puede comprar, los del grupo 1 quieren dinero y fama, teniendo las cosas que no se pueden comprar con dinero. Es increíble que muchos tengan riquezas gigantescas que no aprecian, y ven su “tesoro” en las cosas que tienen un precio y el dinero puede comprar.

¿ Cuál es tu riqueza ?

“Vivir amando, vivir sirviendo”

Qué podemos desear para el próximo Año

¿Qué podemos desear para el próximo Año?

Que las verdaderas amistades continúen eternas y tengan siempre un lugar especial en nuestros corazones.

Que las lágrimas sean pocas, y compartidas.

Que las alegrías estén siempre presentes y sean festejadas por todos.

Que el cariño esté siempre entre nosotros.

Que Dios, esté siempre con su mano extendida apuntándonos el camino correcto.

Que las cosas como la envidia o el desamor, sean sacadas de nuestra vida.

Que aquél que necesite ayuda encuentre siempre en nosotros la reconfortante palabra amiga.

Que la verdad siempre esté por encima de todo.

Que el perdón y la comprensión, superen las amarguras y las desavenencias.

Que todo lo que soñamos se transforme en realidad.

Que el amor por el prójimo sea nuestra meta absoluta.

Que nuestra larga jornada de los próximos 365 días este repleta de flores.

Que tengas

Suficiente:

Felicidad para mantenerte alegre

Suficientes:

Experiencias para mantenerte fuerte

Suficientes:

Pesares para mantenerte humano

Suficiente:

Esperanza para mantenerte feliz

Suficiente:

Entusiasmo para ver siempre adelante

Suficientes:

Fracasos para mantenerte humilde

Suficientes:

Éxitos para que sigas luchando

Suficientes:

Amigos para darte confort

Suficiente:

Riqueza para satisfacer tus necesidades

Suficiente:

Fanatismo para inspirarte a tratar de hacer todo lo posible por alcanzar  tus metas

Suficiente:

Determinación para hacer el día de hoy, mejor que el de ayer.

Suficiente:

Fe para recordar que sin importar lo que hagas tu creador siempre te acompaña.

Suficiente:

Desprendimiento para dar a los demás de la misma forma que Dios te da a ti.

Quien entiende

Quien entiende que la vida lo es todo… entiende todo

Quien entiende que la economía lo es todo… no entiende nada

Quien entiende que el estudio lo es todo… no entiende nada

Quien entiende que el amor lo es todo.. entiende todo

Quien entiende que esta solo… no entiende nada

Quien entiende que Dios va con el … entiende todo

Y si te das cuenta de que estas vivo y piensas que solo eso es necesario para ser feliz… entiendes todo

Mas quien no entiende lo que ha leído… no entiende nada

Para los que no entienden nada : la economía y el estudio son necesarios pero no lo es todo.

Estar con vida basta para ser feliz y hacer feliz, y con Dios se puede estar vivo y pensar así: Quien entiende que la vida es amor entiende todo.

Quién es tu amigo

Tu amigo es:

El que siendo leal y sincero te comprende;

El que te acepta como eres y tiene fe en ti,

El que sin envidia reconoce tus valores, te estimula y elogia sin adularte;

El que te ayuda desinteresadamente y no abusa de tu bondad;

El que con sabios consejos te ayuda a construir y pulir tu personalidad;

El que goza con las alegrías que llegan a tu corazón.

El que sin penetrar en tu intimidad, trata de conocer tu dificultad para ayudarte;

El que sin herirte te aclara lo que entendiste mal o te saca del error;

El que levanta tu ánimo cuando estás caído;

El que con cuidados y atenciones quiere menguar el dolor de tu enfermedad;

El que te perdona con generosidad, olvidando tu ofensa.

El que ve en ti un ser humano con alegrías, esperanzas, debilidades y luchas…

Este es el amigo verdadero. Si lo descubres, consérvalo como un gran tesoro.

El amigo que nunca falla es Dios.

Si aun no lo encuentras, aquí tienes a un amigo.

Quien

Quien se alimenta del odio, arroja fuego al propio corazón.

Quien sustenta el vicio, se encarcela en el.

Quien cultiva la ociosidad, forma nieve en torno de sí.

Quien se encoleriza, lanza piedras sobre sí mismo.

Quien no quiere soportar, es incapaz de servir.

Quien provoca situaciones difíciles, aumenta los obstáculos en que se halla.

Quien se precipita en juzgar, es siempre analizado deprisa.

Quien se especializa en la identificación del mal, difícilmente verá el bien.

Quien vive coleccionando lamentaciones, caminará bajo un lluvia de lagrimas.

Quiero admirarte Señor

Este día ante TI, te quiero pedir Señor:

*La inocencia para que como un niño contemple el amanecer, los pájaros y las mariposas.

*La energía para combatir la pereza y levantarme feliz.

*Las ganas de contemplarte a ti y a San José en el trabajo, compartiendo con mis compañeros tus enseñanzas como así algún día lo hiciste y sigues haciéndolo en quien deja guiarse por TI.

*El tiempo para agradecerte por los alimentos que me das y pedirte que bendigas las manos que los realizaron.

*La fuerza y la certeza para cumplir con dedicación mi trabajo.

*Sentido del humor para ver la vida con alegría y optimismo, que no hay problema sin solución, ni mal que por bien no venga.

*Que tenga la gracia de poder convivir armoniosamente, respetando y admirando las virtudes de las personas con las que mi punto de vista no siempre coincide.

*Y que a lo largo del día y cuando la noche despierta y nos cuide nuestros sueños, tenga siempre la emoción de demostrar mi amor alentando con palabras y fielmente con hechos a las personas que mas quiero, mi familia, amigos y sobre todo a TI SEÑOR, que no falte nunca a lo largo y al fin del día el agradecerte por haberme abierto los ojos y poder contemplarte en las personas con las que conviví y actuando en las situaciones que se me presentaron. El haberme abierto los oídos para escucharte claramente tus mensajes y consejos a pesar del ruido externo que hay en la ciudad y del mundo y sobre todo el haber abierto mi corazón a TI y darle la mano a los hermanos que me necesitaron.

*Y si no te contemple en alguna persona o situación hoy en día, te pido la gracia de que el día de mañana pueda estar libre de vendas en los ojos, oídos y corazón para poder a TI admirarte.

Quiero ser tu pino

Esta Navidad quiero ser tu pino Señor. Un pino sencillo de los que nacen en las sierras, pero con unas ramas verdes y frescas, alimentado por la sabia de tu vida divina.

Como un reflejo tuyo, mi forma será triangular, signo de la Santísima Trinidad y si una rama sobresale demasiado, hazme sensible para cortarla a tiempo antes de que me deforme demasiado.

Empezaré a limpiar mi tronco y mis ramas, de todo musgo o heno que tenga. Y así poco a poco quitaré todo lo que me estorba; mi egoísmo, mis envidias, mis incomprensiones, mi orgullo, mi soberbia, que como “plaga” crecen sin que yo me de cuenta.

Como un recuerdo de todas las estrellas que brillaron esa noche bendita en que tú naciste, me llenaré de foquitos de colores para reflejar a los demás la alegría de tú venida al mundo.

Escogeré unas esferas doradas, las más brillantes para que representen todas mis ALABANZAS, por el sol que sale cada día, por las estrellas, por los atardeceres tan hermosos, y por todas las maravillas del mundo que Tú creaste para nosotros, por ser nuestro Ser Supremo.

Continuare con muchas esferas rojas, que representan mis PETICIONES. Te pido que hagas de mi un instrumento de Tú AMOR. Te pido por mi familia, mis amigos, mi comunidad, mi parroquia. Por mi Patria para que sea un país donde Tú siempre reines. Que jamás el desaliento entre en mi corazón. Te pido Tú Santo Espíritu y con el, la verdadera SABIDURIA QUE VIENE DE TI. Dame Señor lo que Tú sabes me conviene y yo no se pedir. Dame mucha paciencia y humildad. Dame prudencia para nunca herir a nadie y dame caridad para tener un corazón grande que sepa amar.

Pondré también unas esferas azules, para pedirte con ellas PERDON porque yo no siempre he sido fiel, porque no he sabido dar ni perdonar, porque viendo “la luz” he preferido “la oscuridad”, porque conociendo el bien he optado por “el mal”.

Por último me llenaré de esferas plateadas, muy grandes que serán para darte GRACIAS, por todo lo que he recibido de Ti. GRACIAS porque me has otorgado salud, bienestar, alegría y satisfacciones. GRACIAS también por la enfermedad, las penas y los sufrimientos, aunque me cuesta trabajo decírtelo y aceptar tu voluntad. Tú sabes lo que hiciste. GRACIAS Señor por todo aquello que me acercó íntimamente más a Ti. Es tanto lo que tengo que agradecerte.

Y en la punta, con una luz muy intensa, pondré una estrella enorme, que me ilumine siempre, esa será mi Fe. Una Fe madura e inquebrantable, siempre en aumento, que se alimentará de tu Sagrada Eucaristía y de tu palabra. Por eso esa luz brillará para todo aquel que se acerque a mí, porque Tú brillas en mí.

Yo quiero ser esta y todas las próximas Navidades, tu pino Señor. Lléname de alegría para participar a todos mis hermanos el gozo de poseerte Señor.

Recomenzar

Me caí, me levanté, sacudí mi ropa, sonreí y comencé nuevamente.

Pasó el tiempo, tropecé, tambaleé y caí… me levanté, sacudí mi ropa, pero esta vez mis rodillas sangraron, las limpié… y comencé nuevamente.

Siguió pasando el tiempo, otra vez caí, ahora no sólo mis rodillas sangraron, sino que también mis codos y manos estaban heridos.

Sólo ahora, cuando comienzo a levantarme, me doy cuenta que quizás nunca hubiese tambaleado, que quizás nunca hubiese caído y que quizás nunca me hubiese herido si tan solo hubiese visto tu mano siempre extendida para ayudarme… juntos es todo menos amargo,

¡Qué alegría que estés a mi lado!

Recuerda dar gracias

Una alma recién llegada al cielo se encontró con San Pedro. El santo llevó al alma a un recorrido por el cielo. Ambos caminaron paso a paso por unos grandes talleres llenos con ángeles. San Pedro se detuvo frente a la primera sección y dijo: “Esta es la sección de recibo. Aquí, todas las peticiones hechas a Dios mediante la oración son recibidas.” El ángel miró a la sección y estaba terriblemente ocupada con muchos ángeles clasificando peticiones escritas en voluminosas hojas de papel de personas de todo el mundo.

Ellos siguieron caminando hasta que llegaron a la siguiente sección y San Pedro le dijo: “Esta es la sección de empaque y entrega. Aquí, las gracias y bendiciones que la gente pide, son empacadas y enviadas a las personas que las solicitaron.” El ángel vio cuan ocupada estaba. Habían tantos ángeles trabajando en ella como tantas bendiciones estaban siendo empacadas y enviadas a la tierra.

Finalmente, en la esquina más lejana del cuarto, el ángel se detuvo en la última sección. Para su sorpresa, sólo un ángel permanecía en ella ocioso haciendo muy poca cosa. “Esta es la sección del agradecimiento” dijo San Pedro al alma. “¿Cómo es que hay tan poco trabajo aquí?” – preguntó el alma. “Esto es lo peor”- contestó San Pedro. “Después que las personas reciben las bendiciones que pidieron, muy pocas envían su agradecimiento.”

“¿Cómo uno agradece a las bendiciones de Dios ?” “Simple” – contestó San Pedro, “Solo tienes que decir, gracias Señor”

Refinados como la plata

Hace ya tiempo un grupo de señoras se reunieron en cierta ciudad para estudiar  la Biblia.

Mientras que leían el tercer capítulo de Malaquías, encontraron una expresión notable en el tercer versículo que decía:

“Él purificará… y los refinará como se hace con la plata” (Mal. 3,3).

Una de las señoras propuso visitar un platero y reportarles a las demás lo que él dijera sobre el tema.

Ella fue y sin decir el objeto de su diligencia, pidió al platero que le dijera sobre el proceso de refinar la plata.

Después de que el platero describiera el proceso, ella le preguntó: “Señor,  ¿usted se sienta mientras que está en el proceso de la refinación?”

- “Oh, sí señora”, contestó el platero; “debo sentarme con el ojo fijo constantemente en el horno, porque si el tiempo necesario para la refinación se excede en el grado más leve, la plata será dañada”.

La señora inmediatamente vio la belleza y el consuelo de la expresión: “Él purificará… y los refinará como se hace con la plata”

Dios ve necesario poner a sus hijos en un horno, su ojo es constantemente atento en el trabajo de la purificación, y su sabiduría y amor obran juntos en la mejor manera para nosotros. Nuestras pruebas no vienen al azar, y Él no nos dejará ser probados más allá de lo que podemos sobrellevar.

La señora hizo una pregunta final: “¿Cuándo sabe que el proceso está completo?”

- “Pues es muy sencillo”, contestó el platero, “Cuando puedo ver mi propia imagen en la plata, se acaba el proceso de refinación”.

Reflexión de Teresa

En un cartel en el muro de Sishu Bhavan, la casa infantil de Calcuta, la Madre Teresa dejó escrito lo siguiente:

“Las personas son irrazonable, inconsecuentes, ámalas de todos modos.

Si haces el bien, te acusarán de tener obscuros motivos egoístas, haz el bien de todos modos.

Si tienes éxito y te ganas amigos falsos y enemigos verdaderos, lucha de todos modos.

El bien que hagas hoy será olvidado mañana; haz el bien de todos modos.

La sinceridad y la franqueza te hacen vulnerable, sé sincero y franco de todos modos.

Lo que has tardado años en construir puede ser destruido en una noche; construye de todos modos.

Alguien que necesita ayuda de verdad puede enojarse si le ayudas; ayúdale de todos modos.

Da al mundo lo mejor que tienes y te golpearán a pesar de ello; da al mundo lo mejor que tienes de todos modos.

Dios conoce nuestra debilidades, y nos ama de todos modos.

El fruto del silencio es la oración.

El fruto de la oración es la fe.

El fruto de la fe es el amor.

El fruto del amor es el servicio.

El fruto del servicio es la paz”.

Reflexión de una madre sobre la Navidad

Creo que muy pocos o tal vez muchos si tengan presente lo que significa la Navidad, toda esa gente que se preocupa sólo por ver qué regala, qué compra, cómo organizar posadas, pero no las posadas tradicionales, sino las que sólo se piensa en la fiesta, en la diversión, olvidando el significado de lo que es una verdadera posada de Navidad.

Los pequeños esperan la Navidad no por el nacimiento del Niño Jesús, sino por los regalos que esperan de Santa Claus, pues para pocos es el Niño Jesús.

Los jóvenes esperan el día de terminar exámenes para preparar lo que llaman posadas, obteniendo el dinero de los padres para gastarlo en fiestas en sus casas a todo lo que da, diversión, música, bebidas de toda clase, y aparte llenando las discotecas.

Los adultos, padres de familia y hombres de negocios, llega el mes de diciembre y se preparan en grande para hacer sus fiestas de negocios, en donde celebran algo que no saben lo que significa, sólo se juntan y organizan todo para pasar un buen rato agradable y divertido.

Y que puedo decir de nosotras las madres de familia de los jóvenes, nos olvidamos de hacerles ver a nuestros hijos pequeños, adolescentes y jóvenes, lo que es celebrar una verdadera e importante Navidad, por pensar sólo en gastar dinero en la compra de regalos para los ahijados, los padrinos, las comadres y los compadres, y correr todos los días desde que empieza el mes de diciembre o antes, porque no nos alcanza el tiempo para comprar y repartir todos esos regalos.

Yo creo que la tierra sin Jesús sería un verdadero infierno; y que la tierra con Jesús es un Cielo anticipado.

EL es la verdadera y única fuente de alegría, meditemos en el fondo de nuestro corazón de que es lo que realmente debemos celebrar y vivir en el tiempo de NAVIDAD.

¿A que hora nos damos tiempo de reflexionar sobre el NACIMIENTO DE JESUS con nuestros hijos y sobre lo que vamos a regalar a quien en realidad se debe festejar?

¡Jesús de da a nosotros en la medida en que nosotros nos damos a El y a los demás!

Reflexión en una playa

La vida es nada menos que la existencia en Dios.

Caminar, correr, comer, respirar…no significa VIDA con V mayúscula. Cuando escuches a Dios invitándote a vivir, es decir a participar de su vida…sigue su llamada. Sigue esa llamada a vivir plenamente…pero antes quiero que sepas lo que ello implica.

El camino de la verdadera vida es duro y difícil; porque así como hay alegrías y eres feliz y aclamado por todos por un día, así también, por seguir la VIDA, serás crucificado… es ahí, en esa crucifixión, donde tienen sentido las palabras de Cristo: felices los pobres, felices cuando os calumnien, felices cuando os insulten en toda forma, a causa de mi… porque recibirán una gran recompensa en el cielo. (Mt. 5).

El sentido de la vida, que tiene penas y alegrías nunca lo traiciones: es traicionar a la vida buscar sólo la paz y la alegría cuando para ello hay que sacrificar la verdad… entonces te estás engañando…tendrás una vida mediocre: reirás, pero no con toda tu risa… llorarás, pero no con todas tus lágrimas.

Qué hermoso es reír con toda la risa…llorar con todas las lágrimas… qué hermoso es hacer tanto bien…amar tanto… tratando de imitar la entrega total de Cristo… para luego ser crucificado por esa gente…

Y, sin embargo, tal es la vida…ama, busca la verdad, busca a Dios, Él te dará la recompensa…la gente, sólo puede quitarte la vida corporal…

En la vida no puedes ser únicamente materialista…tienes que ser espiritual… El amor es dar. Muchas veces da quien tiene menos. Tienes que ser capaz de transformar simples sueños en deseos, transformar deseos en esperanzas, transformar esperanzas en realidades. Tienes que soñar el sueño imposible…tienes que alcanzar la estrella inalcanzable…tienes que superar la marca insuperable.

Recordemos que es fácil amar en un mundo en el que existe el amor; lo difícil es amar en un mundo malo, lleno de fallas, injusticias, inmoralidades… Pero Dios: “… hace nacer su sol sobre buenos y malos”… y si le amamos a El tenemos que imitarlo.

Sólo en el contexto de una vida que sabe experimentar felicidad y tristeza, que se da a los demás es que el amor cristiano tiene sentido.

Y es por ello, que un grupo de cristianos nos encontramos reunidos en esta casa, en esta playa, para que juntos con Cristo oremos… y que nuestra oración no se limite a simples palabras ahora, sino que también se produzca un cambio real en nuestras vidas… un cambio para vivir la vida verdadera… un cambio para empezar a amar… a Dios… a los seres humanos.

Reflexión sobre el día de nuestra muerte

Imagínense que es el día de su funeral, allí está usted, frío, muerto, metido en un ataúd de madera, su alma todavía no se despega del cuerpo, por lo que tiene oportunidad de ver lo que está sucediendo, puede ver a las personas que están alrededor de su cuerpo inmóvil, puede sentir lo que ellos sienten por usted, puede escuchar hasta la conversación más escondida de aquella habitación. Tomando en cuenta su conducta actual puesto que usted murió ayer, ¿Quién asistió a su funeral? ¿Están presentes las personas que usted hubiera querido? ¿Qué sentimientos descubrió en aquellas personas, admiración, cariño, o solamente están allí por compromiso? ¿Qué se murmura de usted en ese cuarto?

En pocas palabras, ¿Es el funeral que usted hubiera querido?

Si lo que nosotros queremos para nuestro funeral es un salón enorme, abarrotado de gente sin importar la hora que sea, lleno de coronas de flores, todos expresando con lágrimas el enorme cariño que nos tenían, tendremos que trabajar muy duro, dar amor, comprensión y apoyo a todos los que nos rodean, brindar nuestra amistad sincera y desinteresada a los demás, ser justos y generosos sin esperar nada a cambio, esto nos dará una riqueza espiritual inimaginable, que no se puede comparar con la riqueza material.

Reparaciones

Repara el mal que hiciste esparciendo el bien en su propio ambiente.

Da a quien le quitaste.

Complace a quien disgustaste.

Alaba a quien criticaste.

Habla bien de quien levantaste calumnias.

Cura a quien heriste.

Salva a quien destruiste.

Da vida a quien mataste.

Sólo la reparación del mal puede sanarlo.

Sólo la subida puede equilibrar la bajada.

Sólo el amor puede anular el odio.

Sólo el hacer el bien puede reparar el haber hecho el mal.

Subamos, pues, permanentemente a la cumbre asumiendo comportamientos positivos.

Representación Navideña

Era Navidad y en el pueblo iban a hacer la representación del nacimiento de Jesús. Todos estaban muy entusiasmados, querían que la obra fuera un éxito.

Los niños la iban a representar, pero entre ellos había un niño con problemas; quién sabe por qué causa, era más lento en aprender que los demás. El quería estar en la obra, y a la maestra le dio ternura verlo con tanta emoción que le dio un papel pequeño: el del posadero que rechazaba a la Virgen y a José porque la posada estaba llena.

El día de la obra el teatro estaba a reventar, hasta había gente de pie. Y cuando llegaron a la parte en la que llega José y María a la posada, dónde este niño con problemas tenía que hablar, paso algo inesperado.

José toco la puerta y salió el posadero, y cuando ya los iba a rechazar, al ver a la joven pareja y sobre todo a la mujer, embarazada de quien iba a ser nuestra salvación, al niño se le llenaron los ojos de lágrimas y les dijo: “Pasen, pasen, la señora puede dormir en mi cama, que yo dormiré en el suelo.”

Hubo un silencio intenso en la sala y a mucha gente se le salieron las lágrimas. La obra fue un éxito, a pesar de que no fue fiel representación de lo que realmente paso en esa noche de Navidad, pero sentimos que algo había cambiado en nuestras vidas, pues ese niño nos enseñó una lección de amor; en su inocencia nos enseñó que debemos amar y ayudar a otros, no importa quienes sean, porque somos hijos de Dios y estamos aquí para hacer el bien, sin pedir nada a cambio.

Saber orar

Cuentan que un humilde zapatero tenía la costumbre de hacer siempre sus oraciones en la mañana, al mediodía y en la tarde. Se servía de un libro de plegarias porque no se sentía capaz de dirigirse al Creador con sus pobres palabras. Un día, se sintió muy mal porque, estando de viaje, olvidó su libro. Nuestro buen zapatero le dijo entonces a Dios: “Perdóname, Dios mío, porque necesito orar y no sé cómo. Ahora bien, ya que Tú eres un Padre de amor voy a recitar varias veces el alfabeto desde la A hasta la Z, y Tú que eres sabio y bueno podrás juntar las letras y sabrás qué es lo que yo te quiero decir”. Cuenta la historia que ese día Dios reunió a sus ángeles en el cielo y les dijo conmovido que esa era la más sincera y la más bella de las oraciones que le habían hecho en mucho tiempo. Una oración con las cualidades de la plegaria que hace milagros, cierra heridas, ilumina, fortalece y acerca los corazones, es decir, una plegaria humilde, confiada, sincera y amorosa. ¡Cuánta necesidad tenemos de estas oraciones! Todos debemos aprender a orar con el corazón, a alabar, a bendecir, a perdonar, a agradecer. Y, claro, a tener bien presente que la oración se ve en la acción, en los buenos frutos y en un compromiso por la justicia y por la paz. En efecto, actuar sin orar es desgastarse y orar sin actuar es engañarse. Por eso comparto con ustedes este comentario al Padre Nuestro, esperando deje valiosas inquietudes en su espíritu:

– Di Padre. Si cada día te portas como hijo y tratas a los demás como hermanos. — Di Nuestro. Si no te aíslas con tu egoísmo. — Di que estás en los cielos. Cuando seas espiritual y no pienses sólo en lo material. — Di santificado sea tu nombre. Si amas a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas tus fuerzas. — Di venga a nosotros tu reino. Si de verdad Dios es tu rey y trabajas para que Él reine en todas partes. — Di hágase tu voluntad. Si la aceptas y no quieres que sólo se haga la tuya. — Di danos hoy nuestro pan. Si sabes compartir con los pobres y con los que sufren. — Di perdona nuestras ofensas. Si quieres cambiar y perdonar de corazón. — Di no nos dejes caer en tentación. Si de verdad estás decidido a alejarte del mal. — Di líbranos del mal. Si tu compromiso es por el bien. — Y di amén. Si tomas en serio las palabras de esta oración.

Se busca

Gente que saque a pasear sus niños con el mismo entusiasmo que saca a pasear a sus perros.

Gente que le hable a sus vecinos como le habla a sus plantas diariamente.

Gente que le sonría a los demás como le sonríe todas las noches al televisor.

Gente que dispense tanta atención a los que los rodean como igual hace con su computadora.

Gente que esboce una sonrisa cuando pueda mirar.

Gente que salude cuando alguien se aproxima.

Gente que escuche la naturaleza como si intentara escucharse así mismo, o al radio con los audífonos que le mantiene ajeno a lo cotidiano.

Gente que quiera, mime y cuide a su familia como quiere, mima y cuida a su auto, sus aparatos eléctricos o sus mascotas.

Gente que este siempre dispuesta colaborar como siempre está dispuesta a contestar su celular.

Gente que cuando se mire en el espejo mire más allá y se mire el alma, no el armario que lleva encima.

Gente que cuando hable proponga, no que disponga ni sea conflictivo.

En fin gente que huela a… “”SER HUMANO””.

Se cauto por el brillo que ofrece el mundo

Los hombres valiosos llegan a la fama por sus obras. Los necios se hacen famosos por la propaganda.

Nuestra sociedad de consumo también “fabrica” ídolos famosos, porque necesita venderlos.

A Dios le sobran propagandistas y le faltan testigos.

Si el sabio te censura, piénsalo. Si el estúpido te alaba, ¡laméntalo!

El que se sabe merecedor de la aprobación y del aplauso, no hace nada para conseguirlos.

El árbol que sobresale muy pronto con sus ramas, suele ser el que primero cae por falta de raíces.

El hombre seguro de sí mismo goza cuando es apreciado y se duele ante el menosprecio, pero no malgasta su tiempo para cambiar la opinión ajena.

La propaganda es muchas veces como el agua: deja en el fondo el oro y saca a flote el leño seco.

Si eres sensato valoras más el juicio de los pocos que te conocen de verdad, que las alabanzas o los juicios negativos de los que te desconocen.

El necio se irrita con la corrección del amigo y se hincha con la alabanza del adulador.

El orgullo hincha la pobreza del necio y la humildad agranda la riqueza del sabio.

El orgullo es la fachada de la estupidez y la humildad es el cimiento de la sabiduría.

René Trossero, del libro “Pensar y vivir en libertad”.

“Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado”. Lucas 8,14

Sé feliz

Cuenta la leyenda que un hombre oyó decir que la felicidad era un tesoro. A partir de aquel instante comenzó a buscarla. Primero se aventuró por el placer y por todo lo sensual, luego por el poder y la riqueza, después por la fama y la gloria, y así fue recorriendo el mundo del orgullo, del saber, de los viajes, del trabajo, del ocio y de todo cuanto estaba al alcance de su mano.

En un recodo del camino vio un letrero que decía: “Le quedan dos meses de vida”

Aquel hombre, cansado y desgastado por los sinsabores de la vida se dijo: “Estos dos meses los dedicaré a compartir todo lo que tengo de experiencia, de saber y de vida con las personas que me rodean.”

Y aquel buscador infatigable de la felicidad, sólo al final de sus días, encontró que en su interior, en lo que podía compartir, en el tiempo que le dedicaba a los demás, en la renuncia que hacía de sí mismo por servir, estaba el tesoro que tanto había deseado.

Comprendió que para ser feliz se necesita amar; aceptar la vida como viene; disfrutar de lo pequeño y de lo grande; conocerse a sí mismo y aceptarse así como se es; sentirse querido y valorado, pero también querer y valorar; tener razones para vivir y esperar y también razones para morir y descansar.

Entendió que la felicidad brota en el corazón, con el rocío del cariño, la ternura y la comprensión. Que son instantes y momentos de plenitud y bienestar; que está unida y ligada a la forma de ver a la gente y de relacionarse con ella; que siempre está de salida y que para tenerla hay que gozar de paz interior.

Finalmente descubrió que cada edad tiene su propia medida de felicidad y que sólo Dios es la fuente suprema de la alegría, por ser ÉL: amor, bondad, reconciliación, perdón y donación total.

Y en su mente recordó aquella sentencia que dice: “Cuánto gozamos con lo poco que tenemos y cuánto sufrimos por lo mucho que anhelamos.”

Ser Feliz, es una actitud.

Se quema tu choza

El único sobreviviente de un naufragio estaba sobre una pequeña e inhabitada isla.

El estaba orando fervientemente, pidiendo a Dios que lo rescatara, todos los días revisaba el horizonte buscando ayuda, pero ésta nunca llegaba.

Cansado, eventualmente empezó a construir una pequeña cabaña para protegerse, y proteger sus pocas posesiones. Pero entonces un día, después de andar buscando comida, él regresó y encontró la pequeña choza en llamas, el humo subía hacia el cielo. Lo peor que había pasado, es que todas las cosas las había perdido.

El estaba confundido y enojado con Dios y llorando le decía “¿Cómo pudiste hacerme esto?”. Y se quedó dormido sobre la arena.

Temprano de la mañana del siguiente día, él escuchó asombrado el sonido de un barco que se acercaba a la isla. Venían a rescatarlo, y les preguntó:

“¿Cómo sabían que yo estaba aquí?”. Y sus rescatadores le contestaron:

“Vimos las señales de humo que nos hiciste…”

Es fácil enojarse cuando las cosas van mal, pero no debemos de perder el corazón, porque Dios esta trabajando en nuestras vidas en medio de las penas y el sufrimiento.

Recuerda la próxima vez que tu pequeña choza se queme…. puede ser simplemente una señal de humo que surge de la GRACIA de DIOS.

Por todas las cosas negativas que nos pasan, debemos decirnos a nosotros mismos, Dios tiene una respuesta positiva a esto.

Se venden cachorros

Un tendero estaba clavando sobre la puerta de su tienda un letrero que decía: “Se venden cachorros”

Letreros como ese tiene una atracción especial para los niños pequeños y efectivamente, un niño apareció bajo el letrero del tendero.

- ¿Cuánto cuestan los cachorros?- pregunto

- Entre $30 y 50 dólares – Respondió el tendero.

El niño metió la mano en su bolsillo y sacó un poco de cambio,

- tengo $2.37 dólares – dijo – ¿ puedo verlos, por favor?

El tendero sonrió y silbó, y de la caseta de los perros salió “Dama”, que corrió por él pasillo de la tienda seguida de cinco pequeñitas, diminutas bolas de pelo. Un cachorro se estaba demorando considerablemente. El niño inmediatamente distinguió al cachorro rezagado… ¡era cojo!.

- ¿Qué le pasa a ese perrito?- preguntó

El tendero le explicó que el veterinario había examinado al cachorro y había descubierto que le faltaba una cavidad de la cadera y que cojearía por siempre. Estaría lisiado toda su vida. El niño se entusiasmo.

- Ese es el cachorro que quiero comprar – dijo.

-NO, tu no quieres comprar ese perrito. Si realmente lo quieres, te lo voy a regalar- dijo el tendero.

El niño se enfadó mucho. Miro al tendero directo a los ojos, y moviendo el dedo replicó:

- No quiero que me lo regale. Ese perrito vale exactamente tanto como los otros perros y voy a pagar su precio completo. De hecho, ahorita le voy a dar $2.37 dólares y luego 50 centavos al mes hasta terminar de pagarlo. El tendero replicó:

- Realmente no quieres comprar este perrito. Nunca va a poder correr, brincar ni jugar contigo como los otros cachorritos. Al oír esto, el niño se agachó y se enrolló la pierna del pantalón para mostrar una pierna izquierda gravemente torcida, lisiada, sostenida por un gran aparato ortopédico de metal. Miró al tendero y suavemente le respondió.

- Bueno, pues yo tampoco corro tan bien que digamos, y el cachorrito va a necesitar a alguien que lo entienda.

Piensa: ¿Habrá veces que pienso como el tendero? Recuerda que hay que “ser” como niños.

Semillas o balas

Uno puede ofrecerle sus ideas a otro como balas o como semillas.

Puede dispararlas, o sembrarlas; pegarle en la cabeza a la gente con ellas, o plantarlas en sus corazones.

Las ideas usadas como balas matarán la inspiración y neutralizarán la motivación. Usadas como semillas, echarán raíces, crecerán y se volverán realidad en las vidas en las que fueron plantadas.

El único riesgo en usarlas como semillas: una vez que crece y se convierte en parte de aquellos en quienes fueron plantadas, es probable que nunca te reconozcan el mérito de haberlas ideado.

Pero si uno está dispuesto a prescindir del crédito… ¡recogerá una rica cosecha!

Ser humilde

Una rana se preguntaba cómo podía alejarse del clima frío del invierno. Unos gansos le sugirieron que emigrara con ellos. Pero el problema era que la rana no sabía volar.

“Déjenmelo a mí” -dijo la rana-. “Tengo un cerebro espléndido”.

Luego pidió a dos gansos que la ayudaran a recoger una caña fuerte, cada uno sosteniéndola por un extremo. La rana pensaba agarrarse a la caña por la boca.

A su debido tiempo, los gansos y la rana comenzaron su travesía. Al poco rato pasaron por una pequeña ciudad, y los habitantes de allí salieron para ver el inusitado espectáculo.

Alguien preguntó: “¿A quién se le ocurrió tan brillante idea?” Esto hizo que la rana se sintiera tan orgullosa y con tal sentido de importancia, que exclamó: “¡A mí!”

Su orgullo fue su ruina, porque al momento en que abrió la boca, se soltó de la caña, cayó al vacío.

Ser joven

La juventud no es una edad es un clima del corazón.

Es voluntad, es imaginación, es pasión.

Los años marchitan la piel renunciar al ideal marchita el alma.

Joven es aquel que se sorprende y se maravilla, que pregunta como el niño insaciable ¿y después…?

Desafía los acontecimientos y encuentra alegría en el juego de la vida.

Serás tan joven como tu fe

tan viejo como tu duda

tan joven como tu confianza en ti

tan joven como tu esperanza

tan viejo como tu abatimiento…

Permanecerás joven mientras permanezcas receptivo.

Receptivo a cuanto es bello, bueno y grande.

Receptivo a los mensajes de la naturaleza, del hombre y del infinito.

Ser líder

Un valor cristiano y humano es saber ser líder, aunque no tengamos una posición con colaboradores en nuestro negocio o empleo. Podemos ser líderes en nuestra familia, en nuestra comunidad, en nuestra parroquia, en nuestro apostolado. Aquí las diferencias entre Jefe y Líder:

1. Para el Jefe, la autoridad es un privilegio de mando y para el Líder un privilegio de Servicio. El Jefe ordena: ” Aquí mando yo”, el Líder: “Aquí sirvo yo”. El jefe empuja al grupo y el Líder va al frente comprometiéndose con sus acciones.

2. El Jefe existe por la autoridad, el Líder por la buena voluntad. El Jefe necesita imponerse con argumentos extensos, el Líder con ejemplos entrañables.

3. El Jefe inspira miedo, se le teme, se le sonríe de frente y se le critica de espalda. El Líder inspira confianza, da poder a su gente, los entusiasma y cuando está presente, fortalece al grupo. Si temes a tu superior, es Jefe. Si lo amas es un Líder.

4. El Jefe busca al culpable cuando hay un error. El que la hace la paga. Sanciona, castiga, reprende, cree arreglar el mundo con un grito o con una infracción. El Líder jamás apaga una llama encendida, corrige pero comprende, no busca las fallas por placer, sino para rehabilitar al caído.

5. El Jefe asigna los deberes, ordena a cada quien lo que tiene que hacer, mientras contempla desde su lugar cómo se le obedece. El Líder da el ejemplo, trabaja con y como los demás, es congruente con su pensar, decir y actuar.

6. El Jefe hace del trabajo una carga, el Líder un privilegio. Los que tienen un Líder, pueden cansarse más no fastidiarse, porque el Líder transmite la alegría de vivir y de trabajar.

7. El Jefe sabe como se hacen las cosas, el Líder enseña como deben hacerse. Uno se guarda el secreto del éxito, el otro capacita permanentemente, para que la gente pueda hacer las cosas con eficacia.

8. El Jefe maneja a la gente, el Líder la prepara. El Jefe masifica a las personas convirtiéndolas en números o fichas. El Líder conoce a cada uno de sus colaboradores, los trata como personas, no los usa como cosas. Respeta la personalidad, se apoya en el hombre concreto, lo dinamiza y lo impulsa constantemente.

9. El Jefe dice, “vaya”, el Líder “vayamos”. El Líder promueve al grupo a través del trabajo en equipo, forma a otros Líderes, consigue un compromiso real de todos los miembros, formula planes con objetivos claros y concretos, motiva, supervisa y difunde el ideal de una esperanza viva y una alegría contagiosa.

10. El Jefe llega a tiempo, el Líder llega adelantado. “Un pie adelante del grupo, una mirada más allá de los seguidores” el que inspira, el que no se contenta con lo posible sino con lo imposible.

el líder hace de la gente ordinaria, gente extraordinaria . la compromete con una misión que le permita la trascendencia y realización. le da significado a la vida de sus seguidores, un por que vivir, es un arquitecto humano.

Serás un triunfador

Cuando el egoísmo no limite tu capacidad de amar. Cuando confíes en ti mismo aunque todos duden de ti y dejes de preocuparte por el qué dirán. Cuando tus acciones sean tan concisas en duración como largas en resultados. Cuando puedas renunciar a la rutina sin que ello altere el metabolismo de tu vida. Cuando sepas distinguir una sonrisa de una burla, y prefieras la eterna lucha que la compra de la falsa victoria. Cuando actúes por convicción y no por adulación. Cuando puedas ser pobre sin perder tu riqueza y rico sin perder tu humildad. Cuando sepas perdonar tan fácilmente como ahora te disculpas. Cuando puedas caminar junto al pobre sin olvidar que es un hombre, y junto al rico sin pensar que es un dios. Cuando sepas enfrentar tus errores tan fácil y positivamente como tus aciertos. Cuando halles satisfacción compartiendo tu riqueza. Cuando sepas obsequiar tu silencio a quien no te pide palabras, y tu ausencia a quien no te aprecia. Cuando ya no debas sufrir por conocer la felicidad y no seas capaz de cambiar tus sentimientos o tus metas por el placer. Cuando no trates de hallar las respuestas en las cosas que te rodean, sino en Dios y en tu propia persona. Cuando aceptes los errores, cuando no pierdas la calma, entonces y sólo entonces, Serás… ¡UN TRIUNFADOR!

Si el mañana nunca llega

Si supiera que hoy fuera la ultima vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma.

Si supiera que esta fuera la ultima vez que te vería salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y llamaría de nuevo para darte más.

Si supiera que esta fuera la ultima vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente.

Si supiera que estos son los últimos minutos que te veré, diría te quiero y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.

Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero y que nunca te olvidare.

El mañana no le esta asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la ultima vez que veas a los que amas. Por eso no esperes mas, hazlo hoy, ya que si mañana nunca llega, seguramente lamentaras el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso. Y que estuviste muy ocupado para concederle a alguien un ultimo deseo.

Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles lo siento, perdóname, por favor, gracias y todas las palabras de amor que conoces.

Así, si mañana nunca llega, no tendrás remordimientos por hoy. Con mis más sinceros deseos de que tu felicidad crezca día con día, y que Dios nuestro Señor te conceda tus más altos anhelos.

Si el mundo fuese pequeño

Si pudiésemos reducir la población de la Tierra a una pequeña aldea de exactamente 100 habitantes, manteniendo las proporciones existentes en la actualidad, seria algo como esto:

Habría 57 asiáticos, 21 europeos, 14 personas del hemisferio oeste tanto norte como sur) y 8 africanos

52 serian mujeres
48 hombres

70 no serian blancos
30 serian blancos

70 no cristianos
30 cristianos

6 personas poseerían el 59% de la riqueza de toda la aldea

De las 100 personas, 80 vivirían en condiciones infrahumanas
70 serian incapaces de leer
50 sufrirían de mal nutrición
1 persona estaría a punto de morir
1 bebe estaría a punto de nacer
Solo 1 tendría educación universitaria
En esta aldea habría 1 persona con ordenador

Al analizar nuestro mundo desde esta perspectiva tan comprimida es cuando se hace mas aparente la necesidad de aceptación, entendimiento, tolerancia y educación.

Alguien dijo una vez:
Lo que va… vuelve
Trabaja como si no necesitases el dinero
Ama como si nunca te hubiesen herido
Baila como si nadie te estuviese viendo
Canta como si nadie te estuviese escuchando

Si fuéramos como gansos

“El próximo otoño cuando veas a los gansos dirigiéndose hacia el sur para el invierno, fíjate que vuelan formando una V.

Tal vez te interese saber lo que la ciencia ha descubierto acerca del porqué vuelan en esa forma.

Se ha comprobado que cuando cada pájaro bate sus alas, produce un movimiento en el aire que ayuda al pájaro que va detrás de él. Volando en V la bandada aumenta por lo menos un 71% más su poder que si cada pájaro volara sólo.

Las personas comparten una dirección común y tienen sentido de comunidad  pueden llegar a donde deseen más fácil y rápidamente porque van apoyándose mutuamente.

Cada vez que un ganso se sale de la formación siente inmediatamente la resistencia al aire, se da cuenta de la dificultad de hacerlo sólo y rápidamente regresa a su formación para beneficiarse del poder del compañero de adelante.

Si nosotros tuviéramos la inteligencia de un ganso nos mantendríamos con aquellos que se dirigen en nuestra misma dirección.

Cuando el líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los puestos de atrás y otro ganso toma su lugar.

Obtenemos mejores resultados si tomamos turnos haciendo los trabajos más difíciles.

Los gansos que van detrás graznan (producen el sonido propio de ellos) para alentar a los que van adelante a mantener la velocidad.

Una palabra de aliento produce grandes beneficios.

Finalmente, cuando un ganso se enferma o cae herido por un disparo, otros dos gansos se salen de formación y lo siguen para ayudarlo y protegerlo. Se quedan acompañándolo hasta que esté nuevamente en condiciones de volar o hasta que muere, y sólo entonces los dos acompañantes vuelven a su bandada o se unen a otro grupo.

Si nosotros tuviéramos la inteligencia de un ganso nos mantendríamos uno al lado del otro apoyándonos y acompañándonos.

Si muero antes que tú

Si muero antes que tú, hazme un favor. Llora cuanto quieras, pero no te enojes con Dios por haberme llevado. Si no quieres llorar, no llores. Si no logras llorar no te preocupes. Si quieres reír, ríe. Si algunos amigos te cuentan algo de mí, óyelos y cree lo que digan.

Si me elogian demasiado, corrige la exageración. Si me critican demasiado, defiéndeme. Si quieren hacerme un santo, sólo porque he muerto, di que yo tenía algo de santo, pero estaba lejos de ser el santo que pintan. Si quieren hacerme un demonio, muestra que yo tal vez tuve algo de demonio, pero toda la vida procuré ser bueno y buen amigo. Si intentan canonizarme di que yo nunca quise ser incensado en vida. Si hablan más de mí que de Cristo, llámales la atención. Si sientes tristeza y deseas rezar por mí, puedes hacerlo, pues quizás necesite tu ORACION. Si quieres hablar conmigo habla con Jesús y yo lo escucharé. Espero estar con Él lo suficiente para continuar siendo útil para ti donde esté. Y si quieres escribir algo sobre mi, di solo una frase: ¡Fue amigo, creyó en mi y me quiso para Dios! ¡Era una flecha que vivía apuntando en dirección a Dios!.

Ahí, entonces, derrama una lágrima. Yo no estaré presente para enjugarla, pero no hace falta, pues otros amigos lo harán en mi lugar. Y viéndome bien sustituido, iré a atender a mi nueva tarea en el cielo. Pero de vez en cuando, da una escapadita hacia Dios; no me verás, pero yo estaré muy feliz viéndote a ti mirar hacia Él. Y cuando llegue para ti la hora de ir a ver al Padre, ahí donde nadie puede separarnos, viviremos la amistad que aquí nos preparó para El. ¿Crees en estas cosas?. Entonces, reza para que los dos vivamos como quien sabe que va a morir un día y que muramos como quien supo vivir bien. LA AMISTAD SOLO TIENE SENTIDO SI HACE EL CIELO MAS CERCANO Y SI AQUI INAUGURA SU COMIENZO. Pero, si yo muero antes que tú, creo que no voy a extrañar el cielo…

Ser tu amigo, ya era un pedazo de cielo.

Sí puedes

“En tu vida hay dos piezas que no encajan : la cabeza y el sentimiento.

La inteligencia –iluminada por la fe – te muestra claramente no sólo el camino, sino la diferencia entre la manera heroica y la estúpida de recorrerlo. Sobre todo, te pone delante de la grandeza y la hermosura divina de las empresas que la Trinidad deja en nuestras manos.

El sentimiento, en cambio se apega a todo lo que desprecias, incluso mientras lo consideras despreciable. Parece como si mil menudencias estuvieran esperando cualquier oportunidad, y tan pronto como – por cansancio físico o por pérdida de visión sobrenatural – tu pobre voluntad se debilita, esas pequeñeces se agolpan y se agitan en tu imaginación, hasta formar una montaña que te agobia y te desalienta: las asperezas del trabajo; la resistencia a obedecer; la falta de medios; las luces de bengala de una vida regalada; pequeñas y grandes tentaciones repugnantes; ramalazos de sensiblería; la fatiga; el sabor amargo de la mediocridad espiritual … Y , a veces, también el miedo: miedo porque sabes que Dios te quiere santo y no lo eres.

Permíteme que te hable con crudeza. Te sobran “motivos” para volver la cara, y te faltan arrestos para corresponder a la gracia que Él te concede, porque te ha llamado a ser otro Cristo, “ipse Christus” el mismo Cristo. Te has olvidado de la amonestación del Señor al Apóstol :”¡te vasta mi gracia!”, que es una confirmación de que , si quieres, puedes.”

Si supiera…

Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma.

Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más.

Si supiera que esta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente.

Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría te quiero y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.

Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero y que nunca te olvidaré.

El mañana no le esta asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentaras el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso, y que estuviste muy ocupado para concederle a alguien un último deseo.

Mantén a los que amas cerca  de ti, diles al oído lo mucho  que los necesitas, quiérelos  y trátalos bien, toma tiempo para decirles “lo siento”, “perdóname”,”por favor”, “gracias” y todas las palabras de amor que conoces.

“Nadie te recordará por tus pensamientos secretos”. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos.”

Si yo cambiara…

Si yo cambiara mi manera de pensar hacia los otros… los comprendería. Si yo encontrara lo positivo en todos… con qué alegría me comunicaría con ellos! Si yo cambiara mi manera de actuar ante los demás… los haría felices. Si yo aceptara a todos como son… sufriría menos. Si yo deseara siempre el bienestar de los demás… sería feliz. Si yo criticara menos y amara más… cuántos amigos ganaría. Si yo comprendiera plenamente mis errores y defectos y tratara de cambiarlos… cuánto mejoraría mi hogar y mis ambientes! Si yo cambiara el tener más por el ser más… sería mejor persona. Si yo cambiara de ser Yo, a ser Nosotros… comenzaría la civilización del Amor. Si yo cambiara los ídolos: poder, dinero, sexo, ambición, egoísmo y vanidad definitivamente por: Libertad, Bondad, Verdad, Justicia, Compasión, Belleza y Amor… comenzaría a vivir la verdadera felicidad. Si yo cambiara el querer dominar a los demás por el autodominio… aprendería a amar en libertad. Si yo dejara de mirar lo que hacen los demás…tendría más tiempo para hacer más cosas. Si yo cambiara el fijarme cuánto dan los otros para ver cuánto más puedo dar yo… erradicaría de mí la avaricia y conocería la abundancia. Si yo cambiara el creer que sé todo… me daría la posibilidad de aprender más. Si yo cambiara el identificarme con mis posesiones como títulos, dinero, status, posición familiar… me daría cuenta que lo más importante de mí es que Yo Soy un Ser de Amor. Si yo cambiara todos mis miedos por Amor… sería definitivamente libre. Si yo cambiara el competir con los otros por el competir conmigo mismo… sería cada vez mejor. Si yo dejara de envidiar lo ajeno… usaría todas mis energías para lograr lo mío. Si yo cambiara el querer colgarme de lo que hacen otros por el desarrollar mi propia creatividad… haría cosas maravillosas. Si yo cambiara el esperar cosas de los demás… no esperaría nada y recibiría como regalo todo lo que me dan.

Si yo amara el mundo… lo cambiaría.

Si yo cambiara… cambiaría el mundo!

Si yo me olvido de ti…

Señor, ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes

Y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.

Si me das fortuna, no me quites la felicidad.

Si me das fuerza, no me quites la razón.

Si me das éxito, no me quites la humildad.

Si me das humildad, no me quites la dignidad.

Ayúdame siempre a ver el otro lado de la medalla.

No me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar como yo.

Enséñame a querer a la gente como a mi mismo

Y a juzgarme como a los demás.

No me dejes caer en el orgullo si triunfo.

Ni en la desesperación si fracaso.

Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.

Enséñame que perdonar es lo más grande del fuerte

Y que la venganza es la señal primitiva del débil.

Si me quitas la fortuna, déjame la esperanza.

Si me quitas el éxito, déjame la fuerza para triunfar del fracaso.

Si yo faltara a la gente, dame valor para disculparme.

Si la gente faltara conmigo, dame valor para perdonar.

Señor, si yo me olvido de Ti, no te olvides de mí.

Simplemente saludando

Un sacerdote recorría su iglesia en el medio del día para observar el altar y ver quien había venido a rezar.

Entonces la puerta se abrió, un hombre por el pasillo avanzó el sacerdote refunfuñó porque sin afeitarse el hombre se presentó.

Su camisa era gastada su tapado viejo y sucio. El hombre se arrodilló, su cabeza inclinó luego se levantó y enseguida se alejó.

En los días que siguieron el tipo llego al mediodía por un momento se arrodilló, en su mano, la comida del día.

Sospechando el sacerdote un robo se vio venirse decidió a preguntarle ¿qué estas haciendo aquí?

El viejo hombre le dijo que trabajaba al final de la avenida para comer media hora tenía

la hora de almorzar era su hora de rezar para encontrar fortaleza y ganas de trabajar.

“Solo un momento me quedo porque la fabrica esta lejos y cuando me arrodillo para con el Señor hablar esto es mas o menos lo que vengo a susurrar:

- Vine otra vez Señor ha decirte cuan feliz he estado desde que somos amigos y mi pecado te has llevado.

Sobre como rezar con mucha idea no ando pero cada día en vos estoy pensando así que, Jesús, este soy yo simplemente saludando.

- “Incómodo el sacerdote le dijo que bien estaba y el dio la bienvenida para que viniera cada mediodía.

Al irse el hombre agradeció y hacia la puerta se apuró el sacerdote frente al altar se arrodilló pocas veces ahora lo hacia ocupado con las tareas del día. Su corazón se derritió y de amor se enterneció ahí a Jesús encontró y de lagrimas se empapó; en su corazón aquella oración repitió: “Vine otra vez Señor ha decirte cuan feliz he estado desde que somos amigos y mi pecado te has llevado. No he estado hoy mucho rezando pero cada día en vos estoy pensando así que, Jesús, este soy yo simplemente saludando.”

Pasó un mediodía y el sacerdote notó que el viejo hombre no se presentó sin el hombre pasaron varios días y al sacerdote preocupado se lo veía.

En la fabrica por el preguntó enfermo, le dijeron, se reportó la gente en el hospital estaba preocupada pero el viejo hombre por nada se inquietaba.

La semana que ellos lo tuvieron trajo cambios, le dijeron. Su contagiosa alegría, su sonrisa permanente, sin lugar a dudas cambiaron a la gente.

La enfermera no entendía, de donde le venia tal alegría cuando ni flores, ni llamadas, ni tarjetas recibía, ni siquiera un visitante en algún momento venía.

El sacerdote junto a su cama se quedó y las palabras de la enfermera escuchó: no había ni un amigo que interés demostrara no tenía un lugar donde sus cuerpo reposara.

Sorprendido el viejo hombre habló y con una enorme sonrisa explicó: “La enfermera se equivoca, ella no puede saber que todo este tiempo aquí cada mediodía, El esta aquí, un amigo muy querido, que se sienta aquí conmigo, luego que mi mano ha sostenido se inclina y me susurra al oído: “Vine otra vez ha decirte cuan feliz he estado, desde que somos amigos y tu pecado ME he llevado. Siempre me gusta verte rezando y cada día en vos estoy pensando así que YO JESUS simplemente saludando.”

Sin amor

La inteligencia sin amor, te hace perverso.

La justicia sin amor, te hace implacable.

La diplomacia sin amor, te hace hipócrita.

El éxito sin amor, te hace arrogante.

La riqueza sin amor, te hace avaro.

La docilidad sin amor, te hace servil.

La pobreza sin amor, te hace orgulloso.

La verdad sin amor, te hace hiriente.

La autoridad sin amor, te hace tirano.

El trabajo sin amor, te hace esclavo.

La sencillez sin amor, te envilece.

La oración sin amor, te hace introvertido.

La ley sin amor, te esclaviza.

La fe sin amor, te hace fanático.

La cruz sin amor, se convierte en tortura.

La vida sin amor, no tiene sentido…

Sin murmuraciones

Cuatro bueyes, que siempre estaban juntos, se juraron eterna amistad y, cuando el lobo los embestía, se defendían de tal forma que jamás eran vencidos y ninguna perecía. Viendo el lobo que estando los bueyes unidos no podía vencerlos, buscó el medio de indisponerlos diciendo a cada uno que los otros lo aborrecían. De ésta manera logró infundir sospechas entre ellos que al fin rompieron su alianza y se separaron. Entonces el lobo los fue matando uno a uno. Antes de morir el último buey exclamó : “Sólo nosotros tenemos la culpa de nuestra muerte, pues dando crédito a las intrigas del lobo, no permanecíamos unidos y le fue fácil devorarnos”

Reflexión :

Nunca dejemos que la amargura y las intrigas aniden en nuestro corazón.. desechémosla y avivemos sólo hermosos sentimientos

Sobre el trabajo

Debes de trabajar cada día como si tu vida estuviera en juego.

No fuiste creado para una vida de ociosidad. El trabajo no es tu enemigo, sino tu amigo. Si te quedaran prohibidas todas las maneras de esfuerzo, caerías de rodillas y pedirías la muerte.

No necesitas amar las tareas que desempeñas. Hasta los reyes sueñan en otras ocupaciones. Sin embargo, tú debes trabajar y es como lo hagas, no lo que hagas, lo que determinará el curso de tu vida. Ningún hombre que es descuidado con el martillo construirá jamás un palacio.

Puedes trabajar en forma monótona o puedes hacerlo lleno de agradecimiento. No existe un trabajo tan rudo que no puedas exaltarlo, ninguno tan degradante que no puedas infundirle alma, ninguno tan sombrío que no puedas avivarlo.

Lleva a cabo siempre todo lo que se te pida, y más. Tu recompensa llegará. Aprende que sólo existe un método seguro de obtener el éxito y éste es por medio del trabajo arduo. Si no estás dispuesto a pagar ese precio para distinguirte, disponte a llevar una vida de mediocridad y pobreza.

Compadece a los que te ofenden y te preguntan por qué haces tanto a cambio de tan poco. Los que dan menos, reciben menos.

Nunca caigas en la tentación de disminuir tus esfuerzos, aunque estés trabajando para otro. Tu éxito no es menor si alguien te está pagando por trabajar para ti mismo. Haz siempre tu mejor esfuerzo. Lo que plantes ahora lo cosecharás más tarde.

Siéntete agradecido por tus tareas y por lo que éstas te exigen. Si no fuera por tu trabajo, sin que importe cuán desagradable te parezca, no podrías comer, ni gozar tan agradablemente, ni dormir profundo, ni estar saludable, ni gozar de las tranquilas sonrisas de gratitud de los que te aman por lo que eres, no por lo que haces.

Solamente la Cruz era de El

Cuando digas…

Si yo hubiera nacido en cuna de oro…

Si mis padres fuesen más inteligentes…

Si yo ganase la lotería…

Si no hubiera tanta gente acaparando mi vida…

Si yo consiguiera un diploma sin tener que estudiar…

¿Por qué la gente lucha y sufre tanto en este “Valle de Lágrimas”?

¿Otra queja más, todavía?

Entonces, recuerda…

El lugar donde Jesús nació era prestado;

El burrito que Él montó era prestado;

Los panes y peces que Él multiplicó eran prestados;

La sala donde Él instituyó la Eucaristía era prestada;

La barca donde Él viajó era prestada;

El sepulcro donde Él fue sepultado era prestado;

¡ SOLAMENTE LA CRUZ ERA DE EL !

Sólo Dios

Sólo Dios puede dar la fe…

pero tú puedes dar tu testimonio.

Sólo Dios puede dar la esperanza…

pero tú puedes devolverla a tu hermano.

Sólo Dios puede dar el amor…

pero tú puedes enseñar a amar.

Sólo Dios puede dar la paz…

pero tú puedes sembrar la unión.

Sólo Dios puede dar la fuerza…

pero tú puedes animar al desanimado.

Sólo Dios es el camino…

pero tú puedes señalarlo a otros.

Sólo Dios es la luz…

pero tú puedes hacer que brille a los ojos de todos.

Sólo Dios es la vida…

pero tú puedes hacer que florezca el deseo de vivir.

Sólo Dios puede hacer lo que parece imposible…

pero tú puedes hacer lo posible.

Sólo Dios se basta a sí mismo…

pero prefiere contar contigo.

Solo el AMOR

“La vida es un don maravilloso, aprovéchalo”

Debes amar la arcilla que hacen tus manos debes amar su arena hasta la locura y si no, no la emprendas que será en vano solo el amor alumbra lo que perdura solo el amor convierte el milagro en barro.

Debes amar el tiempo de los intentos debes amar la hora que nunca brilla y si no, no pretendas tocar lo cierto solo el amor engendra la maravilla solo el amor consigue encender lo muerto.

Solo intentaré ser Fresia

Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo.

El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino. Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa.

La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble. Entonces encontró una planta, una Fresia, floreciendo y más fresca que nunca.

El rey preguntó:

- ¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?

- No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresias. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: “Intentaré ser Fresia de la mejor manera que pueda”.

Ahora es tu turno.

Estás aquí para contribuir con tu fragancia.

Simplemente mírate a ti mismo.

No hay posibilidad de que seas otra persona.

Puedes disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por ti, o puedes marchitarte en tu propia condena…

Sólo Semillas

Cuentan que un joven paseaba una vez por una ciudad desconocida, cuando, de pronto, se encontró con un comercio sobre cuya marquesina se leía un extraño rótulo: “La Felicidad”.

Al entrar descubrió que, tras los mostradores, quienes despachaban eran ángeles. Y, medio asustado, se acercó a uno de ellos y le preguntó.:

“Por favor, ¿qué venden aquí ustedes?”

“¿Aquí? -respondió el ángel-. Aquí vendemos absolutamente de todo”.

“¡Ah! – dijo asombrado el joven -. Sírvanme entonces el fin de todas las guerras del mundo; muchas toneladas de amor entre los hombres; un gran bidón de comprensión entre las familias; más tiempo de los padres para jugar con sus hijos…”

Y así prosiguió hasta que el ángel, muy respetuoso, le cortó la palabra y le dijo:

“Perdone usted, señor. Creo que no me he explicado bien. Aquí no vendemos frutos, sino semillas.”

Sorpréndete

Abre la ventana de la vida, goza con el sol que te alumbra, sorpréndete por la belleza de las flores, el canto de los pájaros, la risa de un niño…

Admira la creación donde palpita el amor y el poder de Dios.

¡No dejes de sorprenderte!

Por el cielo estrellado, por la ternura de una madre, por el abrazo de un amigo.

Sorpréndete cada mañana y da gracias a Dios por el milagro de seguir viviendo…

Admira y sorpréndete siempre para tener la certeza de que estás VIVO.

Sueño

Una vez en el lugar más hermoso del universo vivía un niño llamado Sueño, el cual anhelaba crecer y conocer otros mundos.

Sueño se la pasaba por allá en lo alto, por las nubes jugando y jugando todo el día. Una vez Sueño se dio cuenta que él no crecía como crecían sus amigos, además empezó a sentirse muy débil y poco a poco perdió sus ganas de jugar.

Un gran día, Dios desde el cielo al ver a su amado hijo Sueño tan débil, envió un mensajero celestial a su ayuda, el mensajero llevaba consigo un maletín muy especial que contenía alimentos Divinos para así fortalecer y hacer crecer a Sueño.

Desde el mismo instante en que aquel mensajero llegó, Sueño empezó a sentirse mejor y mejor, ya que cada día aquel mensajero lo alimentaba con aquellos celestiales manjares.

Muchos caldos de constancia con fuerza, platos muy nutritivos de voluntad y trabajo, postres hechos a base de paciencia, fantásticos jugos hechos con decisión y lo más importante tratándolo con mucha confianza y sobre todo mucho amor a DIOS.

Sueño creció y creció, y llegó a dejar de ser Sueño para convertirse en Meta y, claro que siguió jugando pero ya no por las nubes, sino aquí en la tierra, cada vez más conoció otros mundos, mundos como la felicidad y la satisfacción, y un día no muy lejano, Meta dejó de ser Meta y se transformo en REALIDAD.

También amo a Dios

Si Dios tuviera un escritorio, tu fotografía estaría en el.

Si Dios tuviera cartera, tu foto estaría en ella.

El te envía flores cada primavera, y te manda un amanecer cada día.

Siempre que quieras hablar,

El esta ahí para escucharte.

El puede vivir en cualquier parte del Universo, pero el ha escogido tu corazón.

Acéptalo, EL te ama mas que nadie.

Dios no te prometió días sin dolor, risa sin pena, ni días de sol sin lluvia, sin embargo, el te prometió fuerza para cada día, alivio para tus lagrimas, y luz en tu camino.

No dejes pasar ni un día mas sin decirle cuanto lo amas!

También se ama el silencio

Cuenta una antigua leyenda noruega, acerca de un hombre llamado Haakon, quien cuidaba una ermita. A ella acudía la gente a orar con mucha devoción.

En esta ermita había una cruz muy antigua. Muchos acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro.

Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor. Lo impulsaba un sentimiento generoso. Se arrodilló ante la cruz y dijo:

“Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero remplazarte en la Cruz.” Y se quedó fijo con la mirada puesta en la cruz, como esperando la respuesta.

El Señor abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras:

“Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición.” ¿Cuál Señor? preguntó con acento suplicante Haakon. ¿Es una condición difícil?

¡Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda Señor! respondió el viejo ermitaño.

Escucha: “Suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardarte en silencio siempre.”

Haakon contestó: ¡Os lo prometo, Señor!

Y se efectuó el cambio. Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al ermitaño, colgado con los clavos en la Cruz. El Señor ocupaba el puesto de Haakon. Y este por largo tiempo cumplió el compromiso. A nadie dijo nada, pero un día, llegó un rico, después de haber orado, dejó allí olvidada su cartera. Haakon lo vio y calló. Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas después, se apropió de la cartera del rico. Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él poco después para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje. Pero en ese momento volvió a entrar el rico en busca de la bolsa. Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo iracundo:

¡Dame la bolsa que me has robado! El joven sorprendido replicó: ¡No he robado ninguna bolsa! ¡No mientas, devuélvemela enseguida! Le repito que no he cogido ninguna bolsa.

El rico arremetió furioso contra él. Sonó entonces una voz fuerte:

¡Detente!

El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba.

Haakon, que no pudo permanecer en silencio, gritó, defendió al joven, increpó al rico por la falsa acusación. Este quedó anonadado y salió de la Ermita. El joven salió también porque tenía prisa para emprender su viaje.

Cuándo la ermita quedó a solas, Cristo se dirigió a su siervo y le dijo: “Baja de la Cruz. No sirves para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio”.

Señor, ¿cómo iba a permitir esa injusticia?

Se cambiaron los oficios, Jesús ocupó la Cruz de nuevo y el ermitaño se quedó ante la cruz.

El Señor, siguió hablando: “Tú no sabías que al rico le convenía perder la bolsa, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven mujer. El pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo; en cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él resultaría fatal. Ahora, hace unos minutos acaba de zozobrar el barco y él ha perdido la vida. Tú no sabías nada. Yo sí sé. Por eso callo.

Y el señor nuevamente guardó silencio.

Muchas veces nos preguntamos porque razón Dios no nos contesta. ¿Por qué razón se queda callado Dios? Muchos de nosotros quisiéramos que el nos respondiera lo que deseamos oír, pero Dios no es así. Dios nos responde aun con el silencio. Debemos aprender a escucharlo.

Su Divino Silencio, son palabras destinadas a convencernos de que, él sabe lo que está haciendo.

En su silencio nos dice con amor: ¡CONFIAD EN MI, QUE SÉ BIEN LO QUE DEBO HACER!

Tan cerca de mi…

Una tarde en el parque. Había una vez un pequeño niño quien quería conocer a Dios. El sabia que seria un largo viaje para llegar a donde vivía Dios, entonces el empacó su pequeña maleta con panecillos y un six-pack de jugos y el emprendió su partida. Cuando el ya había recorrido 3 cuadras, el conoció una Viejecita. Ella estaba sentada en el parque observando algunas palomas.

El niño se sentó junto a ella y bario su maletita. El estaba a punto de tomarle a su jugo cuando noto que la viejecita se veía hambrienta, entonces el le ofreció un panecillo. Ella agradecida lo aceptó y se sonrío. Su sonrisa era tan hermosa que el niño quería ver esa sonrisa nuevamente, entonces el le ofreció un jugo. De nuevo ella le había sonreído. ¡El niño estaba encantado!, ellos se quedaron sentados toda la tarde comiendo y sonriendo, pero ellos nunca dijeron ni una sola palabra. Tan pronto como empezó a obscurecer, el niño estaba cansado y se levantó para irse. El se dio la vuelta, corrió hacia la viejecita y le dio un abrazo. Ella le dio una hermosa sonrisa como nunca antes había sonreído. Cuando el niño abrió la puerta de su casa, su madre estaba sorprendida de la felicidad que resplandecía.

Ella le pregunto ” ¿Que hiciste el día de hoy que te ha hecho tan feliz?”

El le contesto, “He comido con Dios. ¿Y sabes que? Ella tiene la sonrisa más bella que he visto!”

Mientras tanto la viejecita, también con mucha felicidad radiante, regreso a su casa. Su hijo estaba anonadado por la paz que mostraba en su cara y pregunto, “Madre, ¿qué hiciste el ida de hoy que te ha hecho muy feliz?”

Ella contestó, “Yo comí panecillos en le parque con Dios. Y sabes que, el es más joven de lo que esperaba.”

Tan real, pero tan difícil

¿Dios, eres real? susurró el joven. “Dios, habla conmigo” Y entonces una alondra del campo cantó pero el joven no escuchó.

Así que el joven gritó! “¡Dios, háblame!”. Y un trueno resonó por todo del cielo, pero el joven no escuchó.

El joven miró alrededor y dijo, “Dios, déjame verte” Y una estrella se iluminó brillantemente, pero el joven no se dio cuenta.

Y el joven gritó, “¡Dios muéstrame un milagro!” Y una vida nació, pero el joven no se dio cuenta.

Así que el joven lloró desesperadamente y dijo:

“¡Tócame Dios, y saber así que te encuentras aquí!” Con lo cual Dios se inclinó y tocó al joven. Pero el joven alejó a la mariposa, y se apartó sin saberlo.

¿Eres como ese joven?… ¡ Abre bien los ojos del alma y date cuenta!

Te amo

Un día cuando desperté no había luz, todo estaba oscuro. Las luces y las estrellas se encontraban lejos. Me vi sola y un par de lágrimas me hicieron compañía. Caminé, camine… mis rodillas y manos sangraban por las caídas, mis ojos no alcanzaban a ver nada, mi llanto era un diluvio de dolores, las cuales la luz no traspasaba. Lloré, lloré… caminé y caí, una… y otra vez; Caí y ya no pude levantarme más. El cansancio y la tristeza actuaron en mí. Y profundamente dormí… ¡LEVÁNTATE¡ Al instante desperté y un viento cálido me acaricio. ¡LEVÁNTATE!. ¡¡YO YA CAI POR TI TRES VECES!! Alcé la cara y busqué con desesperación. Fue inútil, mis ojos estaban cegados y nada distinguían. La voz se oyó con ternura, cargada de amor muy cerca de mí. ” Levántate, dame tu mano, tú no me has buscado con el corazón, no te asustes, yo soy el que ha velado tu sueño, el que ha secado tus lágrimas y tus heridas las he curado, ese corazón tan roto lo he pegado, anda siéntate acércate, ¡Te amo!” No sé como, pero de pie me puse. Nada me dolía, ya no había pesar en mi alma. Mis ojos… mis ojos ¡veían!. Levanté la cara y ahí, cerca de mí estaba él. Era un hombre de mirada más dulce que la miel, y la sonrisa más hermosa que he visto, me extendía los brazos… -” Ya no necesitas caer, ya no necesitas llorar, si estás herido, sólo, búscame, yo estoy cerca de ti siempre…”. Comprendí que nunca estuve sola ,alguien me observaba, me cuidaba, ¡estaba junto a mí!… ¡levántate¡, ¡levántate¡. yo he dado la vida por ti, he vencido a la muerte, vamos, el camino lo he abierto, no temas yo iré junto a ti, ¿sabes?… te amo.

Te amo hijo

Mario era un niño muy malo, desde pequeño hacia las cosas que eran increíbles pudiera hacer un niño de su edad. Le pegaba a los más pequeños, les quitaba la merienda, el dinero y les dañaba los juguetes a los demás niños.

Su madre le decía: “Yo te amo hijo mío, no hagas esas cosas”. Y el sin embargo le decía: “Te odio”.

Y así pasó el tiempo y Mario creció igual, dejó la escuela y se dedicaba a hacer maldades. Pero un día Mario hizo algo muy malo y que no había hecho nunca: Mató a un hombre por dinero.

El pensaba que nadie lo había visto, pero una señora lo vio y se lo dijo a la policía. Mario fue arrestado y fue llevado a juicio en donde el jurado lo declaró culpable. En una semana Mario iba a ser ahorcado. Aún en la cárcel, los demás reos le temían, y allá tampoco respetaba a nadie.

Su madre iba a verlo todos los días y le llevaba galletitas y el se las tiraba en la cara y le decía siempre: “Te odio, por mí pudieras estar muerta”.

La madre siempre lloraba y no tomaba en cuenta todas esas cosas malas que le decía su hijo y le decía todos los días: “Yo te amo hijo mío, aunque me ofendas y me digas lo que quieras nunca voy a dejar de amarte”.

Y así era todos los días. Ya sólo faltaban tres días para que Mario fuera ahorcado. El pidió clemencia y pidió al juez que lo perdonara porque él se dio cuenta que estaba muy joven para morir, pero el perdón le fue negado. Faltando sólo un día para su muerte, por primera vez, Mario miró al cielo y pidió una oportunidad.

Cuando el guardia fue a buscarlo, Mario empezó a llorar y a pedir clemencia, pero mientras caminaba se dio cuenta de que caminaba en dirección opuesta al lugar en donde estaba la horca, y dijo: “¿Qué pasa? La horca esta del otro lado, ¿hacia dónde me llevan?”

El guardia le dijo: “Ya es libre, puede irse a su casa, alguien murió en tu lugar y ya estás perdonado”.

Mario muy feliz y muy extrañado preguntó que quien fue esa persona que se atrevió a morir para que él recibiera el perdón y fuese puesto en libertad. El guardia le dijo: “Su madre se ofreció a morir por usted”.

Mario se quedó pasmado, sus ojos por primera vez se llenaron de lagrimas, sintió que se le abría el corazón y dijo gritando a gran voz: “¡De verdad ella me amaba, de verdad me amaba!”

¿Entiendes tú el sacrificio que hizo Jesús al morir en la cruz por ti?. El pagó tu deuda para que hoy fueras libre y fueras perdonado.

¿Cómo agradeces tú ese sacrificio?

Te entiendo hijo…

Conozco el sufrimiento y por eso quiero acompañarte en tus momentos de dolor… He llorado, como tú, por eso puedo entender tus lágrimas… permíteme consolarte… He padecido – como tú – angustia, desesperación y la impotencia de no saber qué hacer en más de una ocasión, por eso puedo comprenderte y no me es ajena tu aflicción… Lo hice por mi Hijo Jesús, siempre estuve a su lado y hoy también lo hago por ti, mi hijo amado… Permíteme decirte que conozco el dolor en toda su dimensión, que como humana que fui yo también sentí temor, soledad, tristeza, enfermedad… Permíteme decirte que gracias a estos momentos difíciles conozco el amor en toda su magnitud, que la gracia y la virtud se fortalecen si las penas se ofrecen. He gozado, como tú, alegrías; he disfrutado bellos momentos; como tú también he sonreído y vivido en beneplácito por las bondades de Dios Padre… Escucha, hijo mío: yo de ti ni un solo instante me he apartado… estoy en tu alma, en tu espíritu, acompañándote en silencio. Tú quizás no te hayas percatado… Estoy intercediendo desde los tiempos de mi Hijo Jesús que con su cruz le dio a la humanidad un sentido espiritual para enseñarles que la carne y el cuerpo son temporales, y que sólo el espíritu es perdurable. Así que, si hoy estás sufriendo algún dolor, no temas que nunca te he dejado solo; si estás sintiendo tristeza, es para tu fortaleza. Acércate a mí que como madre quiero darte un rayo de luz. Más aún cuando sientas felicidad, plenitud y gozo, mira mi rostro después del calvario y la muerte, ya que por sobre todas las cosas el amor nos ha resucitado. ¡He aquí que soy tu Madre! Porque lo que hice por mi Hijo Jesús lo hago llena de gozo hoy también por ti, mi hijo bien amado.

Te hice a ti

En la calle vi a una niñita temblando de frió con un vestidito ligero, con poca esperanza de encontrar una comida decente.

Me enojé y le dije a Dios:

- “¿Por qué permites esto? ¿Por qué no haces algo para remediar esto? “

Por un rato Dios no dijo nada y esa noche, El respondió de pronto diciendo:

- “Ya hice algo para remediarlo…Te hice a TI”

Muchas veces culpamos a Dios por todas las cosas que pasan, y le recriminamos que permite que pasen, y no pensamos en que realmente Dios confía en nosotros para hacer de este un mundo mejor.

Dios no nos anula, nos permite ser parte de su creación, demostrando al mismo tiempo que tenemos la capacidad para ayudar a los demás.

La próxima vez que veas una injusticia, no digas “Pobre!” o “¿Por qué Dios permite esto?”, sino actúa, pues tu fe se demuestra con tus actos según lo dice Santiago en una de sus cartas…vamos, demuestra a otros que Dios se acuerda de ellos…por medio de ti.

Te prestaré unos padres

Te prestaré por un tiempo unos padres para que los ames mientras vivan, podrán ser 10, 20, 30 años o más, hasta que los llame. Te pregunto: ¿podrás cuidarlos?

Quiero que aprendas a vivir con ellos, les he buscado unos hijos y te he elegido a ti. No te ofrezco que se quedarán contigo para siempre, sólo te los presto.

Ellos te darán ternura y te darán alegría por tenerte. El día que los llame no llorarás ni me odiarás, porque los regresé a Mí.

Su ausencia corporal quedará compensada por el amor y por los muchos y agradables recuerdos.

Ten presente que si algo te entristece, que si el golpe del dolor te hiere algún día, tu pena es mía y así, con todo esto, tu luto será más llevadero y habrás de decir con agradecida humildad:

¡HAGASE, SEÑOR, TU VOLUNTAD!

Ten calma

Ten calma, desacelera el ritmo de tu corazón silenciando tu mente. Afirma tu paso con la visión del futuro. Encuentra la calma de las montañas. Rompe la tensión de tus nervios y músculos con la dulce música de los arroyos que viven en tu memoria. Vive intensamente la paz del sueño. Aprende a tomar vacaciones de un minuto, al detenerte a mirar una flor, al conversar con un amigo, al contemplar un amanecer o al leer algunas líneas de un buen libro. Recuerda cada día la fábula de la liebre y la tortuga, para que sepas que vivir más intenso no quiere decir vivir más rápido y que la vida es más que aumentar la velocidad. Voltea hacia las ramas del roble que florece y comprende que creció grande y fuerte porque creció despacio y bien. Ten calma, desacelera el paso y echa tus raíces en la buena tierra de lo que realmente vale, para así crecer hacia las estrellas.

Hellen Keller (ciega, sorda y muda de nacimiento)

Tener éxito

¿Qué es tener éxito?

· Es comenzar por tener un sueño.

· Es estar comprometido con tus sueños.

· Es tener confianza en ti mismo.

· Es algo que no aparece por casualidad.

· Es aceptar lo que no se puede cambiar.

· Es saber cambiar a tiempo.

· Es saber que lo único permanente es el cambio.

· Es saber y poder delegar en los demás parte de tu tarea.

· Es volver a empezar.

· Es reconocerte en tus logros.

· Es saber disfrutar de tus logros.

· Es reconocer que te equivocaste y pedir perdón.

· Es reconocer que detrás de cada acierto, puede haber varios fracasos.

· Es enamorarte de lo que haces.

· Es no postergar y hacer algo ahora.

· Es darse cuenta que estas eligiendo a cada momento.

· Es reconocer tus propias debilidades y fortalezas.

· Es no parar jamás hasta conseguir tus sueños.

· Es saber con que fin hacemos las cosas.

· Es no mirar hacia atrás.

· Es actuar con entusiasmo.

· Es transitar camino desconocidos.

· Es probar hacer algo que nunca hicimos.

· Es saber que no estamos solos.

· Es no rendirse jamás.

· Es rendirse ante lo que no se puede cambiar.

· Es disfrutar de cada momento.

· Es disfrutar del tiempo libre.

· Es tener tiempo libre.

· Es pensar en positivo.

· Es tener metas claras.

· Es tener perseverancia en la búsqueda de los sueños.

· Es estar preparado para ver la oportunidad.

· Es tener una actitud positiva.

· Es desarrollar la creatividad.

· Es utilizar la imaginación.

· Es volver a comenzar con el mismo entusiasmo.

· Es volver a empezar sin darse por vencido.

· Es hacer las cosas lo mejor posible, pero hacerlas.

· Es actuar como si ya hubieras logrado tus metas.

· Es tener claridad en el propósito.

· Es no hacerse problema por las cosas pequeñas.

· Es dejar una huella para que otro pueda seguir.

· Es jugar a ganar por disfrutar.

· Es tener conciencia de lo que uno quiere.

· Es arriesgar.

Tienes derecho

Tienes derecho, pero no debes …

Tienes derecho a enfadarte, pero no debes pisotear la dignidad del otro.

Tienes derecho a caer, pero no debes quedarte tirado.

Tienes derecho a fracasar, pero no debes sentirte derrotado.

Tienes derecho a equivocarte, pero no debes sentir lástima de ti mismo.

Tienes derecho a reprender a tus hijos, pero no debes romper sus ilusiones.

Tienes derecho a tener un mal día, pero no debes permitir que se convierta en costumbre.

Tienes derecho a tomar una mala decisión, pero no debes quedarte estacionado en ese momento.

Tienes derecho a ser feliz, pero no debes olvidar ser agradecido.

Tienes derecho a pensar en el futuro, pero no debes olvidar el presente.

Tienes derecho a buscar tu superación, pero no debes olvidar tus valores.

Tienes derecho a triunfar, pero no debe ser a costa de otros.

Tienes derecho a inventar, pero no debes olvidar a Dios.

Tienes derecho a vivir en paz, pero no debes confundir ese derecho con ser mediocre o conformista.

Tienes derecho a vivir en la abundancia, pero no debes olvidar compartir con los menos afortunados.

Tienes derecho a desanimarte, pero no debes perder la esperanza.

Tienes derecho a la justicia, pero no debes confundirla con la venganza.

Tienes derecho a frustrarte, pero no debes dejar de ser cortés.

Tienes derecho a un mañana mejor, pero no debes cimentarlo en un hoy fraudulento.

Tienes derecho a soñar y enseñar a otros a soñar.

De ahí en adelante haz comenzado a forjar tu futuro.

Tenia todo y lo perdí

“La conocí en mi oficina, era una muchacha con unos años menos que yo; y sin ser una belleza, no era fea; y además con una bonita figura, simpática, y muy atractiva. También goza de gran inteligencia. Yo la admiraba porque también era muy eficiente en su trabajo. Nunca pasó por mi mente el tener algo que ver con ella. Adicionalmente, nunca había sido infiel a mi esposa, quizá porque siempre he sido del tipo hogareño.

Sin embargo las circunstancias se dieron cuando las cosas del trabajo cambiaron, y lo que pareció un resbalón accidental de ella, que ahora pienso no fue tan accidental, nos obligó a afianzarnos uno al otro. De ahí en adelante se abalanzaron ciertas ideas en mi mente que poco a poco se fueron haciendo realidad, hasta que un día, cegados por la locura, ni yo ni ella nos detuvimos.

Un par de semanas más tarde me informó del posible embarazo, y poco después lo confirmábamos con los contundentes análisis clínicos. Empezó la zozobra para determinar que hacer. Finalmente llegamos a la decisión del aborto.

Me atreví a consultar solamente con dos personas, un amigo, y un sacerdote; el amigo no apoyó esa decisión pero me informó donde había un consultorio que con menos riesgos podría efectuarse. El sacerdote me advirtió de las consecuencias morales de tal medida, sin embargo, nos dimos prisa y la decisión se llevó a la práctica.

Desconozco si anteriormente ella ya había hecho lo mismo, pero lo dudo porque vi y sentí lo tremendamente traumático que le resultó; tardó en reponerse y yo contribuí en lo que pude en su recuperación psíquica. Cuando acudí a confesarme el sacerdote estaba bastante triste por lo sucedido, y claro, me hizo comprometerme a que ya no la seguiría viendo.

De veras que lo intenté haciendo trámites para que alguno de los dos fuese trasladado profesionalmente. En lugar de cambiarnos, por las nuevas condiciones de trabajo, se nos dieron mayores facilidades de estar juntos.

Por entonces investigué un poco, y supe que ella se veía también con otra persona. Hablé con ella para decirle que no nos veríamos más. Para mi sorpresa no lo aceptó, al contrario, prometió dejar al otro y expuso muchas razones; me dejé convencer. No estaba enamorado de ella, ni siquiera sé cómo llamarlo, creo que estaba enredado. De manera que verla y tratarla, era formidablemente disfrutado por mí, pero en mi interior se desgarraba mi mente y mi espíritu.  Después de ella hubo otras mujeres: el tabú se había roto… y parece que era un vicio, igual que otros difíciles de dejar.

Ahora no sé qué decirme ni a mí mismo en mis propias tribulaciones, que no son pocas. Estoy bastante seguro si digo que no pasa un día sin que me acuerde de esa decisión, y me lamente, y me lo recrimine, y pida perdón a Nuestro Señor.  La relación actual con mi esposa nunca fue peor; y aunque mis hijos me siguen respetando y escuchando, sé que ahora lo hacen por lo que les enseñamos antes.  Son escasas las personas que disfrutan de una conversación conmigo, sólo lo ordinario. Y me pregunto ¿Porqué habrá quienes, incluso siendo médicos, ven el engaño como algo perfectamente normal?

Cómo lamento que ya no tenga yo la capacidad de dar consejos. Cómo añoro esa tranquilidad interior que me hacía sentir tan bien aun en las situaciones más difíciles. Cómo me duele haber tenido y perdido esa paz interior que me hacía sentir y gozar la intensidad de la vida y del amor. ¡Creo que estoy describiendo la pérdida de la gracia! Esto equivale a perder una parte del corazón y de la existencia. Y lo peor ¡aún no encuentro como reparar ese daño!  Todo tiene su precio, ¡lo sabía! Y ahora ya lo estoy comprobando. Tenía el Cielo en la tierra y lo perdí”.

Tirando del lado contrario

Un hombre fue a confesarse con un sacerdote y le pidió que intercediera a Dios por él, para ver si así dejaba sus pecados y su mala vida. El sacerdote así se lo prometió y así lo hizo; mas como al cabo de algún tiempo no paraba de quejarse de que seguía pecando y no le eran de provecho algunos aquellas oraciones, el sacerdote le dijo:

-Ven y ayúdame a levantar aquel costal de trigo que se le ha caído a esa mula.

Cogió el hombre por un lado y el sacerdote por otro, y cuanto más tiraba el pecador para arriba, más tiraba el sacerdote para abajo:

-¿Cómo lo vamos a levantar de ésta manera? preguntó el hombre.

-Pues igual haces tú – respondió el sacerdote: cuando pido a Dios te levante de tus pecados, tú sigues tirando hacia abajo.

Nuestra voluntad de querer cambiar es determinante en el proceso de santificación. Tu voluntad se ve robustecida con la oración y los sacramentos. Estas armaduras te protegen mas eficientemente en este medio en que vivimos. Vívelos para poder tener VIDA verdadera!

Toda la vida tras una zanahoria

Pasamos toda nuestra vida siguiendo zanahorias de metas y de propósitos.

Al rebuscar en la memoria encontramos que lo que nos prometía la imaginación no era lo que nos dio la realidad.

Esto lleva a la frustración sobre todo, cuando se pone un ahínco malévolo para alcanzar a cualquier costo el objetivo, el ganar, el beneficio, la meta.

No debe confundirse con las metas nobles, que son la base del desarrollo comunitario y económico de toda la sociedad.

Sin embargo, debe quedar en sus justas proporciones para no buscar las metas “como medios” y perder “el sentido de las proporciones”.

Frustración, drogas, homicidios son la indudable consecuencia.

El alma del hombre es infinita.

Y por lo tanto, en esa dialéctica celestial no pueden satisfacerse con lo limitado, con lo material. Dios es infinito.

Todo por un alfiler

En un pueblo de P. S. Kotwali dos familias pelearon como resultado de una disputa entre dos niños sobre la posesión de un alfiler. Golpes e injurias soportaron ambos bandos.

Todos estamos tentados a ser impacientes a veces; pero cuanto más podamos controlar nuestros sentimientos, más inteligentemente actuaremos como seres humanos.

Antes que evitar perder nuestra compostura, lo cual es siempre un procedimiento negativo, debemos procurar mostrarnos amables, entendiendo y considerando a los demás, aún cuando nos hayan hecho algo que nos irrita.

Esto no significa que seamos “bonachones”, sino prueba que somos capaces de ser agradables sin desagradar.

En nuestro hogar, en nuestra oficina, cuando manejemos en carretera o subamos a un autobús; cuando vayamos de compras al mercado, o en centenares de cotidianas circunstancias, tendremos un sinnúmero de oportunidades de mostrar que somos capaces de sobreponernos a la tentación de ser impacientes, quejarnos o ser sarcásticos.

Recuerda que el día de “Todos los Santos” se nos planteó el reto de nuestra santidad. Tal vez nuestra santidad no sea como la de santa Teresa o san Ignacio de Loyola, pero podemos ser santos, misericordiosos, sencillos, humildes en nuestra vida de todos los días con los ojos muy abiertos para consolar y trabajar por la paz.

Todo tiene razón de ser

Algunas veces, las personas llegan a nuestras vidas y rápidamente nos damos cuenta de que esto pasa porque debe de ser así, para servir un propósito, para enseñar una lección, para descubrir quienes somos en realidad, para enseñarnos lo que deseamos alcanzar.

Tú no sabes quiénes son estas personas, pero cuando fijas tus ojos en ellas, sabes y comprendes que afectarán tu vida de una manera profunda.

Algunas veces te pasan cosas que parecen horribles, dolorosas e injustas, pero en realidad entiendes que si no superas estas cosas nunca habrías realizado tu potencial, tu fuerza, o el poder de tu corazón. Todo pasa por una razón en la vida. Nada sucede por casualidad o por la suerte… Enfermedades, heridas, el amor, momentos perdidos de grandeza o de puras tonterías, todo ocurre para probar los límites de tu alma. Sin estas pequeñas pruebas la vida sería como una carretera recién pavimentada, suave y lisa. Una carretera directa sin rumbo a ningún lugar, plana, cómoda y segura, mas empañada y sin razón.

La gente que conoces afecta tu vida; las caídas y los triunfos que tú experimentas crean la persona que eres. Inclusive se puede aprender de las malas experiencias. Es más, quizás sean las más significativas en nuestras vidas.

Si alguien te hiere, te traiciona o rompe tu corazón, le das las gracias porque te ha enseñado la importancia de perdonar, de dar confianza y de tener más cuidado de a quien le abres tu corazón.

Si alguien te ama, ámalo tu también no porque él o ella te ame, sino porque te han enseñado a amar y a abrir tu corazón y tus ojos a las cosas pequeñas de la vida. Haz que cada día cuente y aprecia cada momento, además de aprender de todo lo que puedas, porque quizás más adelante no tengas la oportunidad de aprender lo que tienes que aprender de este momento. Entabla una conversación con gente con quien no hayas dialogado nunca, escúchalos y presta atención.

Permítete enamorarte, liberarte y poner tu vista en un lugar bien alto. Mantén tu cabeza en alto porque tienes todo el derecho de hacerlo. Repítete a ti mismo que eres un individuo magnífico y créelo; si no crees en ti mismo nadie más lo hará tampoco.

Crea tu propia vida, encuéntrala y luego vívela… No olvides que Dios tiene un plan maravilloso para cada uno de nosotros, y debemos aprender a descubrirlo.

Todo y nada

A Dios le pedí fuerzas para grandes logros; me hizo débil para aprender humildemente a obedecer.

Pedí Salud para hacer cosas grandes; me dio enfermedad para poder hacer cosas buenas.

Pedí riquezas para poder ser feliz; me dio pobreza para poder ser sabio.

Pedí poder para obtener alabanzas; me dio debilidad para poder sentir la necesidad de Dios.

Pedí todo para poder disfrutar de la vida; me concedió vida para poder disfrutar de todo.

No recibí nada de lo que pedí; pero si todo lo que deseaba.

A pesar de mi mismo las peticiones que no hice me fueron concedidas.

Yo, entre los hombres, soy el más afortunado.

Todos somos iguales a los ojos de Dios

En un avión que cubría un vuelo entre Johannesburgo y Londres, a una señora blanca, de unos cincuenta años, le toca sentarse al lado de un hombre de color. Llama a la azafata para quejarse:

-¿Cuál es el problema señora? -pregunta la azafata.

-Pero, ¿no lo ve? -responde la señora. -Me colocó al lado de un negro. No puedo quedarme al lado de estos “inmundos”. Deme otro asiento.

-Por favor, cálmese -dice la azafata. -Casi todos los lugares de este vuelo están tomados. Voy a ver si hay algún lugar en clase ejecutiva o en primera.

La azafata se apura y vuelve unos minutos después.

-Señora -explica la azafata -como yo sospechaba, no hay ningún lugar vacío en clase económica. Conversé con el capitán y me confirmó que tampoco hay lugar en ejecutiva. Pero sí tenemos un lugar en primera clase.

Antes que la señora pudiese responder algo, la azafata continuó:

-Es totalmente inusitado que la compañía conceda un asiento de primera clase a alguien que está en económica, pero dadas las circunstancias, el capitán consideró que sería escandaloso que alguien sea obligado a sentarse al lado de una persona que nos haga sentir mal …

La señora, con cara de satisfacción, se prepara para abandonar su asiento e ir a ocupar el asiento en la clase ejecutiva… en eso, la azafata mira a la persona de color y le dice:

-Si el señor me hiciera el favor de tomar sus pertenencias, el asiento de primera clase ya está preparado.

Y todos los pasajeros alrededor, que acompañaron la escena, se levantaron y aplaudieron por la actitud de la compañía.

Todos somos vasijas agrietadas

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de un palo y que llevaba encima de sus hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, por donde perdía lentamente parte de su contenido, mientras que la otra era perfecta y por ello conservaba toda el agua hasta el final del largo camino a pie desde el arroyo hasta la casa del aguador, pero cuando llegaban, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua.

Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija sana estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.

Entonces, la tinaja quebrada le habló al aguador así diciéndole:

-“Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir”.

El aguador, le dijo compasivamente:

-“Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino”.

Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchísimas flores hermosas a lo largo, pero de todos modos se sentía apenada porque al final, sólo quedaba dentro de si la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces:

-“Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino?

Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello.

Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado; y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Maestro. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.”

“Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas…. Todos somos en algún aspecto como esa vasija agrietada, pero debemos tener presente que siempre existirá la posibilidad de aprovechar nuestras propias “limitaciones” para que, en vez de sufrirlas, logremos sacar de ellas el mejor provecho, y que si allí están…. quizás para algo sean…

Toma tiempo

Toma tiempo para pensar, es el recurso del poder.

Toma tiempo para jugar, es el secreto de la eterna juventud.

Toma tiempo para leer, es la fuente de la sabiduría.

Toma tiempo para orar, es el más grande poder en la Tierra.

Toma tiempo para ser amigable, es el camino de la felicidad.

Toma tiempo para reír, es la música del alma.

Toma tiempo para trabajar, es el precio del éxito.

Toma tiempo para dar amor, es la llave del cielo.

Tómate tiempo

Tómate tiempo para pensar… es la fuente del poder.

Tómate tiempo para la diversión… es el secreto de la juventud.

Tómate tiempo para leer… es el origen de la sabiduría.

Tómate tiempo para ser amistoso… es el camino de la felicidad.

Tómate tiempo para reír… es la música del alma.

Tómate tiempo para meditar… es el alivio del corazón.

Tómate tiempo para orar… es la unión de tu espíritu con Dios.

Tregua

Un sobrino de mi esposa falleció en el mes de diciembre del 2000 y su padre estuvo muy inquieto durante las horas anteriores al accidente; lo llamo por teléfono y éste le comunicó que estaba en camino a su casa y que llegaría en unos minutos, el padre al notar la tardanza acudió a buscarlo y lo encontró sin vida en el lugar del accidente, lo sacó del automóvil y lo tuvo en sus brazos hasta que se lo llevó la ambulancia. Días después en un periódico de la localidad apareció una publicación del periodista Jorge Villegas, la que considero una importante reflexión que dice lo siguiente:

*TREGUA*

De vacaciones por Europa, Andy Iglesias perdió la comunicación con su hogar por cinco días. Sus papás temieron lo peor. Se angustiaron por el silencio inexplicable. El papá de Andy, en su angustia, temió lo peor.

Y formuló una plegaria singular: “Dios mío, por favor no te lleves todavía a Andy. Déjamelo por unos días para decirle cuánto lo amo.”

Nada les había pasado a Andy y sus amigos; simplemente se desconectaron accidentalmente.

Pero el Señor Iglesias no olvidó su promesa a Dios. Cada día, sin faltar uno, le dijo a su hijo cuánto lo amaba.

Andy Iglesias se mató el viernes en un accidente automovilístico. Sus padres lloraron su muerte pero le dieron gracias a Dios por la tregua; “lo tuvimos cinco meses más para decirle cuánto lo amábamos”, dicen.

Por cierto ¿Ya le dijo usted a su hijo que lo quiere?

No esperes pedir una tregua para decirle a tus hijos cuanto los quieres, hazlo ahora.

Tu en potencia

Luego de que Miguel Ángel esculpiese una hermosa figura, se le preguntó cómo había podido hacerlo. El maestro, respondió diciendo que la escultura ya estaba en el bloque de mármol desde un principio. Él simplemente había quitado todo lo demás.

Del mismo modo Víctor Frankl, un famoso psiquiatra austriaco que sobrevivió a los campos de concentración de la Alemania nazi, pensaba que en la vida no inventamos nuestros talentos, sino que más bien los detectamos. En otras palabras, ya nacemos con los talentos… Sólo necesitamos descubrirlos.

Dios puso en nosotros un potencial enorme que estamos por descubrir… depende de ti el hacerlo.

Tú eres maestro

Si tu corazón late más aprisa viendo a tus alumnos, si cada persona es para ti un ser que se debe cultivar, si cada hora de clase se ha escapado aprisa, si quieres más tu trabajo cada año que pasa, si las dificultades inevitables te encuentran sonriente, si los padres y los niños dicen que eres amable, si tu justicia sabe revestirse de amor, si combates al mal pero no al pecador, si sabiendo tantas cosas no te crees sabio, si sabes volver a estudiar lo que creías saber, si en lugar de interrogar sabes sobretodo responder, si sabes ser niño permaneciendo maestro, si ante la belleza sabes sorprenderte, si tu vida es lección y tu palabra silencio, si tus alumnos saben semejarse a ti, entonces…

TU ERES MAESTRO.

¡Todos los Padres somos también maestros de nuestros hijos!

Tu escoges

¿ COMO VA A SER TU DIA HOY ?

Esta mañana desperté emocionado con todas las cosas que tengo que hacer antes de que el reloj marque la medianoche.

Tengo responsabilidades que cumplir hoy. Soy importante. Mi trabajo es escoger qué clase de día voy a tener.

Hoy puedo quejarme porque el día esta lluvioso o puedo dar gracias a Dios porque las plantas están siendo regadas gratis.

Hoy me puedo sentir triste porque no tengo mas dinero o puedo estar contento de que mis finanzas me empujan a planear mis compras con inteligencia.

Hoy puedo quejarme de mi salud o puedo regocijarme de que estoy vivo.

Hoy puedo lamentarme de todo lo que mis padres no me dieron mientras estaba creciendo o puedo sentirme agradecido de que me permitieran haber nacido.

Hoy puedo llorar porque las rosas tienen espinas o puedo celebrar que las espinas tienen rosas.

Hoy puedo autocompadecerme por no tener muchos amigos o puedo emocionarme y embarcarme en la aventura de descubrir nuevas relaciones.

Hoy puedo quejarme porque tengo que ir a trabajar o puedo gritar de alegría porque tengo un trabajo.

Hoy puedo quejarme porque tengo que ir a la escuela o puedo abrir mi mente enérgicamente y llenarla con nuevos y ricos conocimientos.

Hoy puedo murmurar amargamente porque tengo que hacer las labores del hogar o puedo sentirme honrado porque tengo un techo para mi mente, cuerpo y alma.

Hoy el día se presenta ante mi esperando a que yo le de forma y aquí estoy, el escultor que tiene que darle forma. Lo que suceda hoy depende de mi, yo debo escoger qué tipo de día voy a tener.

Tu valor no cambia

Un orador inició su seminario mostrando al auditorio un billete de $20 dólares. Dirigiéndose a los 200 espectadores preguntó:

“¿Quién quiere este billete?”. Muchas manos se levantaron.

Luego dijo: “Se lo voy a dar a alguno de ustedes, pero primero permítanme hacerle esto…”, y lo hizo bolita dejándolo todo arrugado.

Entonces insistió: “¿Quién todavía lo quiere?”. Las manos volvieron a subir. “Bien”, dijo. “¿Y si le hago esto…?”, y lo dejó caer al suelo y lo empezó a hollar contra la tierra con su zapato. Al recogerlo lo mostró al auditorio. Así, todo arrugado y sucio, preguntó: “Y así, ¿todavía lo quieren?”. Las manos se mantuvieron arriba.

“Amigos, han aprendido una lección muy valiosa: No importa todo lo que le haya hecho al billete, ustedes de cualquier manera lo quieren porque su valor no ha disminuido. Sigue valiendo los mismos 20 dólares. Muchas veces en nuestras vidas caemos, nos arrugamos, o nos revolcamos en la tierra por las decisiones que tomamos y por las circunstancias que nos rodean. Llegamos a sentir que no valemos nada. Pero no importa lo que hayamos pasado o cuanto pueda ocurrirnos, nunca perdemos el valor que tenemos ante los ojos de Dios. Sucios o limpios, abatidos o finamente alineados, para El somos invaluables. El Salmo 17, verso 8, dice que Dios nos tiene “como la niña de sus ojos”.

Reflexión: El valor de nuestras vidas no procede de quiénes somos o de lo que hacemos, sino de a QUIÉN pertenecemos.

Un amigo

¿ Que hay más grato que oír la voz de un amigo, mirar su cara sonriente o sentir la calidez de su abrazo?

Una de las bendiciones más bellas de la vida es tener un amigo con el que podamos discutir libremente nuestros temores y compartir entusiastamente nuestros sueños. Alguien que nos acepte tal como somos, a pesar de nuestros defectos.

Un amigo verdadero nos anima, nos conforta, nos acoge como un gran sillón y nos ofrece un refugio a salvo del mundo. Un amigo verdadero permanece a nuestro lado en los buenos y en los malos tiempos. Un amigo verdadero nos escucha cuando necesitamos exponer un problema. Un amigo verdadero contesta el teléfono a medianoche y no se molesta por ello. Un amigo verdadero nos defiende del mundo.

Hablamos de “amigos” y de “conocidos” porque sabemos la diferencia. A los conocidos los encontramos, los disfrutamos y podemos dejarlos atrás fácilmente: pero la amistad echa hondas raíces. Aun cuando estemos separados por el tiempo y la distancia, la amistad continua creciendo y madurando.

Todos hemos vivido la experiencia de encontrar a un viejo amigo después de muchos años y descubrir que somos capaces de renovar nuestra relación como si la separación solo hubiera durado unos minutos.

Un proverbio nigeriano dice: “Sostén con ambas manos a un amigo verdadero”. Los amigos verdaderos y fieles son, no cabe duda, un tesoro: tocan nuestros corazones y fortalecen nuestro espíritu con sus palabras, su toque, y algunas veces solo con el mero hecho de estar ahí, sin decir palabra.

“Un padre es un tesoro; un hermano es un consuelo; un amigo es ambos”

Benjamín Franklin.-

A la pregunta: “¿Que es un amigo?” su respuesta fue: “Un alma que

habita en dos cuerpos”

Aristóteles.-

Un ángel y un amigo

Un ángel no nos escoge, Dios nos lo asigna.

Un amigo nos toma de la mano y nos acerca a Dios.

Un ángel tiene la obligación de cuidarnos.

Un amigo nos cuida por amor.

Un ángel te ayuda evitando que tengas problemas.

Un amigo te ayuda a resolverlos.

Un ángel te ve sufrir, sin poderte abrazar.

Un amigo te abraza, porque no quiere verte sufrir.

Un ángel te ve sonreír y observa tus alegrías.

Un amigo te hace sonreír y te hace parte de sus alegrías.

Un ángel sabe cuando necesitas que alguien te escuche.

Un amigo te escucha, sin decirle que lo necesitas.

Un ángel, en realidad es parte de tus sueños.

Un amigo, comparte y lucha porque tus sueños, sean una realidad.

Un ángel siempre está contigo ahí, no sabe extrañarnos.

Un amigo, cuando no está contigo, no solo te extraña, también piensa en ti.

Un ángel vela tu sueño.

Un amigo sueña contigo.

Un ángel aplaude tus triunfos.

Un amigo te ayuda para que triunfes.

Un ángel se preocupa cuando estas mal.

Un amigo se desvive por que estés bien.

Un ángel recibe una oración tuya.

Un amigo hace una oración por ti.

Un ángel te ayuda a sobrevivir.

Un amigo vive por ti.

Para un ángel, eres una misión que cumplir.

Para un amigo es la oportunidad de conocer lo más hermoso que hay en la vida:

“el amor y la amistad”.

Un ángel quisiera ser tu amigo.

Un amigo, sin proponérselo, también es tu ángel.

Un apoyo vital

No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida, ni tengo respuestas para todas tus dudas o temores, pero puedo escucharte y buscarlas junto contigo.

No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro, pero cuando me necesites estaré junto a ti. No puedo evitar que tropieces, solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas.

Tus alegrías, triunfos y tus logros no son míos. Pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz.

No juzgo las decisiones que tomas en la vida. Me limito a apoyarte, estimularte y ayudarte si me lo pides, y si no me lo pides también.

No puedo trazarte límites dentro de los cuales debes actuar, pero sí te ofrezco el espacio necesario para crecer.

No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te parte el corazón, pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.

No puedo decirte quién eres ni quién deberías ser. Solamente puedo quererte tal y como eres y ser solo un amigo.

Un diez y un cinco

Durante una oferta de sundaes de helados, un niño entro en una cafetería y se sentó a la mesa. Una mesera puso un vaso de agua frente a el.

“¿Cuanto cuesta un sundae de helado?”, pregunto el niño.

“Cincuenta centavos”,respondió la mesera.

El pequeño saco de su bolsillo una serie de monedas y las estudio por un momento.

“Cuanto cuesta un plato de helado corriente?”, pregunto de nuevo.

Algunas personas estaban esperando por una mesa, y la mesera estaba impaciente.

“Treinta y cinco centavos”, le dijo ásperamente.

“Tomare el helado corriente”, dijo el pequeño.

La mesera le trajo el helado, el se lo comió, le pago a la cajera y se marcho. Cuando la mesera regresó, trago saliva con dificultad por lo que vio. Sobre la mesa, junto al plato vacío, había un diez y un cinco, su propina.

El niño pudo decidir comer el rico sundae y no darle lo que le correspondía a la mesera por su servicio a pesar de su mal trato y optó por sacrificarse él

Un error perfecto

Mi abuelo amaba la vida – especialmente cuando podía hacerle una broma a alguien. Hasta que un frío domingo en Chicago, mi abuelo pensó que Dios le había jugado una broma. Entonces no le causó mucha gracia. Él era carpintero. Ese día particularmente él había estado en la Iglesia haciendo unos baúles de madera para la ropa y otros artículos que enviarían a un orfelinato a China. Cuando regresaba a su casa, metió la mano al bolsillo de su camisa para sacar sus lentes, pero no estaban ahí. Él estaba seguro de haberlos puesto ahí esa mañana, así que